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Por Apolinar de León Medrado
Diario Azua / 02 agosto 2026.-
"La grandeza de un pueblo no se mide por los prejuicios que otros puedan expresar sobre él, sino por la fuerza con que su historia desmiente esos prejuicios."
Las recientes y desacertadas declaraciones del doctor Guido Gómez Mazara, al afirmar que "quien tiene una novia en Nueva York, un vehículo cepillo del año 70 y una finca en Azua, no tiene nada", obligan a quienes conocemos y amamos esta tierra a levantar nuestra voz, no desde el resentimiento, sino desde la verdad histórica.
Porque cuando se desconoce la realidad de un pueblo, las palabras dejan de ser simples opiniones y pueden convertirse en injusticias.
Azua no es una caricatura ni un recurso para provocar risas. Azua es una de las provincias fundacionales de la nacionalidad dominicana. Es la tierra donde la historia se escribió con sangre, sacrificio y patriotismo; donde miles de hombres y mujeres enfrentaron con valentía las amenazas contra nuestra soberanía. Aquí se libró la histórica Batalla del 19 de Marzo de 1844, primera gran victoria militar de la República, acontecimiento que consolidó la Independencia Nacional y demostró al mundo la determinación del pueblo dominicano de vivir libre.
Pero Azua no vive únicamente de su glorioso pasado.
La Azua del siglo XXI es una provincia en transformación. Es un territorio que produce riqueza, genera oportunidades y se proyecta con optimismo hacia el futuro. Sus fértiles valles constituyen uno de los principales centros agrícolas de la República Dominicana. La producción de tomates, mangos, plátanos, cebollas, ajíes, melones, sandías y numerosos cultivos convierte a esta provincia en un verdadero granero nacional.
Las industrias procesadoras de tomate, junto con decenas de proyectos agrícolas y agroindustriales, representan fuentes de empleo, innovación y desarrollo económico. Una finca en Azua no simboliza pobreza; simboliza producción, inversión, seguridad alimentaria y esperanza. Cada hectárea cultivada es una muestra del esfuerzo de hombres y mujeres que hacen florecer la tierra con el sudor de su frente.
A ello se suma un inmenso potencial turístico aún por descubrir en toda su dimensión. Sus playas, sus montañas, sus balnearios, sus áreas protegidas, su patrimonio histórico, su riqueza arqueológica y su extraordinaria gastronomía convierten a Azua en un destino con enormes posibilidades para el ecoturismo, el turismo histórico, cultural y de aventura.
Sin embargo, la mayor riqueza de Azua no está únicamente en sus campos ni en sus paisajes.
Está en su gente.
En los maestros que forman generaciones.
En los agricultores que alimentan al país.
En los profesionales, científicos, artistas, empresarios, militares, religiosos, escritores y servidores públicos que, nacidos en esta tierra, han contribuido al desarrollo de la República Dominicana desde los más diversos escenarios.
Está en esa profunda azuanidad, ese sentimiento de pertenencia que no se aprende en los libros, sino que se lleva en el alma. La azuanidad es identidad, memoria, dignidad, solidaridad y compromiso con las generaciones futuras. Es el orgullo de pertenecer a una tierra que nunca ha renunciado a su vocación de progreso.
Quienes reducen a Azua a un estereotipo desconocen que los pueblos evolucionan. Ignoran las inversiones que hoy transforman nuestra provincia, el crecimiento de su infraestructura, el dinamismo de sus sectores productivos y el extraordinario potencial que representa para el desarrollo del sur dominicano.
Las palabras pronunciadas por figuras públicas tienen peso. Contribuyen a construir o a deformar la percepción colectiva de una comunidad. Por ello, quienes ejercen liderazgo político, académico o comunicacional tienen también la responsabilidad ética de hablar con conocimiento y justicia.
No escribo estas líneas para alimentar confrontaciones personales. Al contrario, las escribo con la esperanza de que este episodio sirva para abrir una conversación nacional sobre el verdadero rostro de Azua.
Invito respetuosamente al doctor Guido Gómez Mazara a recorrer nuestra provincia.
A conversar con nuestros agricultores, empresarios, estudiantes, investigadores, emprendedores y líderes comunitarios. A conocer nuestros monumentos, nuestras industrias, nuestros proyectos turísticos y nuestras comunidades. Estoy convencido de que descubrirá una realidad muy distinta a la que reflejan unas palabras pronunciadas al calor de una entrevista.
Porque Azua no pide privilegios.
Pide respeto.
Respeto por su historia.
Respeto por su presente.
Respeto por su gente.
Respeto por una provincia que ha dado a la República héroes, intelectuales, educadores, artistas, militares, científicos y ciudadanos ejemplares.
Quien posee una finca en Azua posee una tierra fértil, productiva y llena de posibilidades. Quien nace en Azua hereda una historia de valentía y dignidad. Y quien conoce verdaderamente a Azua comprende que su mayor riqueza no puede medirse con frases ingeniosas, sino con el inmenso valor de su gente.
Como azuano, seguiré defendiendo esta tierra con la misma convicción con la que otros defendieron nuestra soberanía en 1844. Porque la dignidad de los pueblos no admite burlas ni simplificaciones.
Azua fue grande ayer.
Azua es grande hoy.
Y, con el esfuerzo de sus hijos, será aún más grande mañana.
¡Que viva Azua, cuna de heroísmo, trabajo, cultura y esperanza!

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