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miércoles, 2 de septiembre de 2026


El jefe de Estado, Luis Abinader, suscribe el Decreto 615-26 durante un acto en el Palacio Nacional. Le acompañan el titular de Defensa, Carlos Antonio Fernández Onofre (izq.),y el ministro de Medio Ambiente, Paíno Henríquez (der.). (Foto: DL/SM)


Diario Azua / 2 de septiembre 2026

El Poder Ejecutivo catalogó la prevención, detección y persecución del "terrorismo medioambiental" como un asunto de alto interés nacional y de prioridad estratégica para la seguridad del Estado, tras la promulgación del Decreto 615-26 por parte del presidente Luis Abinader.

La ordenanza busca blindar los ecosistemas clave y las infraestructuras ecológicas del país mediante una articulación interinstitucional de inteligencia y seguridad, sin que esto implique la modificación del catálogo de delitos penales vigentes.

Alcance y definición administrativa

El texto aclara que la norma no crea un nuevo tipo penal ni altera la legislación existente. En su lugar, delimita el "terrorismo medioambiental" dentro del ámbito preventivo e institucional para categorizar aquellas agresiones graves contra ecosistemas o infraestructuras estratégicas que encajen en los criterios sancionados por la Ley 267-08 sobre Terrorismo.

Entre los activos y recursos bajo esta protección especial figuran:

Sistemas de agua e infraestructura: Presas, acueductos, embalses, canales de riego y plantas de tratamiento.

Patrimonio natural prioritario: Áreas protegidas, cuencas hidrográficas, nacimientos de ríos, bosques, manglares, acuíferos y arrecifes de coral.

Plan de seguridad y articulación institucional

El decreto instruye a los ministerios de Defensa, Medio Ambiente, Interior y Policía, y Justicia, en coordinación con la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), la Dirección General de Migración y organismos antiterroristas, a diseñar una Política Nacional de Prevención.

Esta estrategia concentrará sus esfuerzos en frenar los incendios forestales intencionales, proteger los bosques y cuencas, y resguardar la infraestructura de agua potable y las redes de distribución eléctrica. De igual forma, el Comité Nacional Antiterrorista deberá integrar estas amenazas en sus planes de inteligencia operative.

Ruta legal y denuncias confidenciales

El rol de las entidades del Poder Ejecutivo será estrictamente preventivo. Cada vez que se detecte un delito contra el medio ambiente, el caso se remitirá de inmediato al Ministerio Público para el inicio de las investigaciones y el procesamiento penal judicial.

Además, la disposición ordena la creación de plataformas tecnológicas para que la ciudadanía pueda realizar denuncias de forma confidencial, garantizando la protección de la identidad de los colaboradores y denunciantes que actúen de buena fe.

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 02 septiembre 2026.

«Cuando la violencia ya no se ejerce sobre las cosas o sobre las personas, sino sobre los signos y las imágenes, nos adentramos en la era de la simulación absoluta». Jean Baudrillard, Cultura y simulacro (1978/2005, p. 43).

Acaso la mayor ceguera de nuestra época radique en la convicción de que las transiciones civilizatorias se anuncian con trompetas y cataclismos visibles. Nos desvelamos elucubrando de qué manera la IA reescribirá las aulas, cómo los algoritmos reestructurarán el diagnóstico clínico o bajo qué lógicas se reorganizará el empleo global, asumiendo con ingenuidad que el sujeto que habitará ese mañana permanecerá inalterado en su esencia fundamental.

Sin embargo, lo que verdaderamente se desliza bajo nuestros pies no es una simple reconfiguración del entorno instrumental, sino una mutación irreversible del ser humano en su totalidad. Asistimos, tal vez, con una resignación anestesiada, a la última versión de nosotros mismos tal como nos hemos conocido. Frente a los discursos optimistas que, amparados en una falsa perspectiva histórica, murmuran que toda crisis civilizatoria halla siempre su punto de equilibrio y que las aguas siempre regresan a su cauce, emergen síntomas tan perturbadores que resquebrajan cualquier intento de consuelo racional.

Lejos de ser una transformación periférica, esta deriva se manifiesta en la ilusión de estabilidad que rodea nuestro quehacer cotidiano, una ceguera colectiva que evoca la ingeniosa escena cinematográfica de Woody Allen en la que el protagonista, tras escuchar el diagnóstico adverso de su médico, reflexiona con amargura sobre cómo hasta hace apenas cinco minutos era un hombre feliz, y no se había dado cuenta. El mundo contemporáneo parece atrapado en esa mismísima fracción de segundo previa a la conciencia del derrumbe total. Transitábamos un planeta plagado de asimetrías, injusticias y desigualdades dolorosas, pero que aún conservaba latente la promesa de la transformación social, la chispa de la indignación moral genuina y el anhelo de la empatía. Hoy, la irrupción de tecnologías diseñadas para la dispersión sistemática, el confinamiento existencial del deslizamiento infinito en las pantallas y el embrutecimiento lúdico colectivizado nos devuelven una deshumanización de la especia que, al menos para mí, se torna insoportable. No estamos simplemente ante un cambio de época, sino ante el agotamiento de la condición humana como reducto de sensibilidad.

El precitado adormecimiento afectivo encuentra su manifestación más descarnada no en la acumulación de arsenales, sino en la conversión del sufrimiento ajeno en un objeto de especulación financiera. La consagración de plataformas digitales de predicción como Kalshi o Polymarket, donde miles de imberbes arriesgan su capital apostando al minuto exacto en que una potencia extranjera iniciará un bombardeo o al destino de la vida de líderes mundiales, consuma una degradación moral sin precedentes.

La periodista Natalie Sherman (2026), en una profunda investigación para la BBC, expone de qué manera estas dinámicas se revisten de un lenguaje aséptico para eludir el reproche social y legal. En el cuerpo de su crónica, Sherman recoge el revelador testimonio de Stew, un usuario desencantado de estas plataformas que, tras verse inmerso en la vorágine de las apuestas militares, desnuda el engaño conceptual que sostiene el negocio al constatar que la industria insiste en llamarlo “negociación de contratos”, cuando, si somos honestos, sigue siendo una vil apuesta sobre la tragedia humana.

Por medio de este sutil ejercicio de ingeniería lingüística, se intenta desactivar todo cuestionamiento ético, pues al desplazar el vocabulario del dolor y la geopolítica hacia la terminología higienizada de las finanzas y el intercambio de futuros, el sistema neutraliza la repulsión instintiva ante la masacre. El conflicto bélico ya no se padece ni se contempla con pavor, sino que se gestiona como un portafolio de activos. Ganar medio millón de dólares previendo con precisión matemática el instante en que caerá un misil sobre una población desarmada convierte al apostador en un cómplice financiero del verdugo, un espectador absoluto que codicia la violencia porque su cuenta bancaria depende, justamente, de ella.

En este sentido, percibimos que la financiarización (proceso económico mediante el cual los mercados, actores e instituciones financieras ganan un peso desproporcionado en la economía global) total de la existencia humana representa la cúspide de una cultura posmoderna en franco estado de putrefacción, una sociedad que ha decidido que incluso el último aliento de un soldado o el pánico de una madre bajo el fuego de artillería pesada son fenómenos monetizables y reducibles a una fluctuación de probabilidades en tiempo real.

Esta cruel lúdica de la sangre altera por completo las coordenadas clásicas de la maldad, obligándonos a examinar el estrecho vínculo que se teje entre el sadismo y la indiferencia posmoderna. Si históricamente el sadismo se definía por el goce directo del verdugo ante el dolor físico de su víctima, nuestro tiempo inaugura un sadismo desapasionado, abstracto y eminentemente banal. Imagínense, queridos lectores, a los soldados de la Alemania nazi apostando dinero por la cantidad de judíos que se podía incinerar en un solo turno del día, ¿atroz verdad? Pues bien, hoy se hacen apuestas virtuales similares, aparentemente lícitas y permitidas por los Estados.

Al respecto, es fundamental recordar el aporte de Hannah Arendt (2003, p. 368), quien al desentrañar los engranajes de la crueldad totalitaria, observó que el problema con hombres como Adolf Eichmann radicaba en su terrorífica normalidad, en ser burócratas incapaces de reflexionar sobre las consecuencias de sus actos. La contemporaneidad digital ha dado una vuelta de tuerca a esta observación: el sádico de hoy ya no requiere de una maquinaria estatal totalitaria ni de un uniforme militar, sino que se camufla en el ciudadano común que, desde la comodidad de su hogar y de manera estrictamente lúdica, especula financieramente con la devastación de inocentes que viven en otro continente. El sadismo, entonces, se ha vuelto banal no por la ausencia de placer, sino porque ese placer ha sido domesticado bajo la forma de una transacción financiera insignificante, un divertimento aséptico que trivializa la muerte al integrarla en las dinámicas del mercado de consumo diario.

Conviene precisar, no obstante, que la barbarie y la infamia no configuran novedades en la crónica de nuestra especie, en tanto que en casi todas las épocas históricas se ha convivido con la impronta de la guerra y la perfidia sistemática. La diferencia sustancial estriba en que, antaño, el horror se recortaba sobre un trasfondo de absolutos morales o concepciones sagradas que, aun cuando fuesen transgredidos, sostenían un horizonte ético de referencia. Nuestra posmodernidad decadente, en cambio, se distingue por haber disuelto esos contrafuertes metafísicos mediante un proceso extremo de transvaloración. Al vaciar de sentido y respeto la existencia, el nihilismo contemporáneo consuma aquella célebre y desesperada interrogación que Friedrich Nietzsche (1882/2013) plasmó en “La gaya ciencia” al contemplar el derrumbe de los cimientos espirituales de Occidente, preguntándose cómo pudimos vaciar el mar y quién nos dio la esponja para borrar todo el horizonte. Ese borrado absoluto de todo límite es precisamente lo que faculta hoy al sujeto para especular y enriquecerse con las manifestaciones más denigrantes y aberrantes de las que es capaz el ser humano. Sin sol y sin coordenadas, la vida desamparada queda reducida a un mero dígito lúdico.

Asimismo, este acoplamiento entre la frivolidad y el horror se nutre del diagnóstico que Gilles Lipovetsky trazara en “La era del vacío” (1983/2006, p. 112), donde vislumbra una sociedad caracterizada por el proceso de personalización y la disolución de los grandes relatos colectivos. En este ecosistema hipermoderno, la indiferencia pura se disfraza de curiosidad interactiva, y la información pierde su carga de urgencia ética para transformarse en un simple estímulo sensorial. Las apuestas aplicadas a la guerra no son una anomalía del sistema, sino la evolución natural de este sujeto frívolo que Lipovetsky describe con tanta precisión: un ser desprovisto de anclajes morales, para quien la guerra en Medio Oriente o en Europa del Este posee el mismo valor existencial y estético que un partido de fútbol o el desenlace de un reality show.

Es fundamental que entendamos que al desplazar la tragedia hacia el terreno del puro entretenimiento, la contienda bélica entra de lleno en el simulacro absoluto que profetizó acertadamente Jean Baudrillard en su célebre obra “La Guerra del Golfo no ha tenido lugar” (1991/2005, p. 57). Allí, el pensador francés argumentó que los conflictos contemporáneos se consuman ante todo como acontecimientos mediáticos, despojados de su realidad física para el espectador global a través de la mediación técnica. Al apostar por el despliegue de tropas, el usuario no interactúa con cuerpos despedazados o ciudades reducidas a escombros, sino con gráficos dinámicos y curvas de oferta y demanda. La pantalla no sólo crea una fría distancia, sino que desrealiza. El sufrimiento se torna incorpóreo y el casino global devora los últimos vestigios de compasión humana. El horror ya no nos interroga, sino que nos entretiene y nos llena los bolsillos.

Bajo este panorama de vaciamiento ético, la dinámica mercantil que Guy Debord denunciaba en los albores de la sociedad de consumo masivo, cobra una vigencia pavorosa. En su obra fundamental “La sociedad del espectáculo” (1967/2015, p. 38), el pensador sostenía que en un mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso, y que todo lo que antes se vivía directamente ahora se ha alejado en una representación. Si nos venimos a nuestros días, las apuestas de guerra representan la fase superior de este proceso: la representación ya ni siquiera exige contemplación pasiva, sino participación lúdica y lucrativa. El usuario de las redes sociales, alienado por la descarga continua de dopamina que le proporcionan las interfaces digitales, desarrolla una tolerancia patológica a la crueldad que le impide reaccionar ante la brutalidad del mundo real.

En última instancia, el engranaje que hace posible semejante insensibilidad es el que Günther Anders diseccionó con genial lucidez. En el primer volumen de “La obsolescencia del hombre” (1956/2011, p. 245), el filósofo alemán acuñó el concepto de “ceguera ante el Apocalipsis” y teorizó sobre la incapacidad de la psique humana para aprehender los efectos reales de las tecnologías que produce de manera desmesurada. Anders sostenía que nuestra capacidad de fabricación técnica ha desbordado infinitamente nuestra capacidad de imaginación moral y de sentimiento: somos técnicamente omnipotentes pero moralmente ciegos. El individuo que utiliza de esta manera la app de Polymarket mientras toma un café no es un monstruo sadista consciente de su perversión, sino un ser patético y mutilado psicológicamente por la gigantomaquia de los aparatos que maneja, incapaz de correlacionar el incremento de su saldo virtual con el estruendo de un proyectil que despedaza niños a miles de kilómetros de distancia.

Para cerrar, queridos lectores, nos queda invitarlos a reflexionar profundamente sobre la necesidad imperativa de preguntarnos qué nos queda cuando la frontera entre el juego y la carnicería se ha desvanecido por completo en la pantalla de nuestros teléfonos. ¿De qué manera recuperamos el asombro o la indignación moral en una civilización que está premiando con ganancias monetarias la predicción exacta del asesinato en masa? Nos hallamos ante el espejo de nuestra propia decadencia, contemplando la última versión de una humanidad que parece haber entregado su alma al crupier del algoritmo. Tras apagar la pantalla y silenciar el rumor constante de las cotizaciones de la muerte, la pregunta que persiste no es cómo sobreviviremos a la tecnología, sino si nos quedará algo de humanos cuando la tormenta digital finalmente amaine.

Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

Anders, G. (2011). La obsolescencia del hombre (Vol. 1): Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial (J. Alcoriza y A. Lastra, Trad.). Pre-Textos. (Obra original publicada en 1956).

Arendt, H. (2003). Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal (C. Ribalta, Trad.). Lumen. (Obra original publicada en 1963).

Baudrillard, J. (2005). Cultura y simulacro (A. Vicens, Trad.). Kairós. (Obra original publicada en 1978).

Baudrillard, J. (2005). La Guerra del Golfo no ha tenido lugar (J. Arenas, Trad.). Anagrama. (Obra original publicada en 1991).

Debord, G. (2015). La sociedad del espectáculo (J. L. Pardo, Trad.). Pre-Textos. (Obra original publicada en 1967).

Lipovetsky, G. (2006). La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo (J. Vinyoli y M. Antolín, Trads.). Anagrama. (Obra original publicada en 1983).

Nietzsche, F. (2013). La gaya ciencia (J. Jara, Trad.). Gredos. (Obra original publicada en 1882).

Sherman, N. (2026, 23 de marzo). Las "macabras" apuestas sobre la guerra por las que se pide endurecer el millonario negocio de las predicciones. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c7054xn0kx8o
Testigo del tiempo
Por J.C. Malone
Diario Azua / 03 septiembre 2026.-

El mundo vive en un cartucho de dinamita con dos mechas encendidas; pretende que es “normal” y que, de algún modo, se apagarán solas, que nunca estallarán. En Ucrania quema una desde febrero del 2022; sigue confinada entre ese país y Rusia, pero está cambiando.

Desde febrero de 2026, arde otra mecha en Irán.

La de Irán se expandió desde el principio y hoy abarca a muchas de las naciones del Golfo Pérsico. La de Ucrania inicia una escalofriante amenaza de expansión. Rusia advierte a Inglaterra que, si continúa entregándole drones a Ucrania para que ataque poblaciones rusas, Moscú considerará a Londres un “combatiente” y responderá atacando territorio inglés.

Sería un enfrentamiento abierto entre potencias nucleares, porque podría arrastrar a todas las naciones europeas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Washington habla de armas nucleares en Irán; ambas mechas pueden estallar simultáneamente.

La idea que flota en el estamento militar estadounidense es estallar lo que llaman un “arma nuclear táctica”, lo cual significa un arma de poco poder destructivo. O que estalle en el aire para disminuir su potencial destructivo.

Usar armas nucleares en Irán contradiría todos los argumentos hasta ahora esgrimidos para justificar la guerra, cuyo “objetivo principal” siempre fue evitar que “Irán desarrolle armas nucleares”. “Evitar” que Irán desarrolle esas armas significa que no las tiene; usar una contra ella confirmaría esa posición.

Si son premisas falsas, y atacan nuclearmente a Irán, Washington debe prepararse porque Teherán responderá con armas similares. Si repasamos la historia reciente, entenderíamos que las guerras de Ucrania e Irán no son conflictos aislados, no existen en el vacío, responden a un plan maestro.

Hablo de la famosa Agenda 2030, fecha para el “reseteo” de la humanidad. Nosotros sobrevivimos mientras quienes fijaron esa fecha avanzan hacia sus objetivos. Ellos prendieron las dos mechas de la dinamita en la que vivimos; quizá decidieron cuál sería el momento indicado para que, finalmente, todo estallara en llamas. Vivimos entre dos mechas, y el estallido parece absolutamente ineludible.

Por Alfredo Cruz Polanco
Diario Azua / 02 septiembre 2026.

“Cualquier sastre del campo al del pueblo le hace un flux”. Juan Antonio Alix

Este artículo, de la autoría de este humilde servidor, fue publicado hace más o menos ocho años, pero dada la importancia de su contenido y porque aún se mantiene vigente, lo he querido retomar de nuevo, aprovechando el inicio del año escolar en nuestro país y porque las falencias y deficiencias de nuestro sistema escolar aún se mantienen.

Con gran pesar he observado que en los últimos años, varias asignaturas, técnicas y métodos gramaticales de nuestro sistema educativo, que en el pasado aportaron excelentes resultados a la enseñanza pública y privada, han sido eliminados del currículo escolar.

Lo más grave y lamentable ha sido la eliminación del currículo escolar de la asignatura “Moral y Cívica”, una nefasta decisión que ha contribuido, en gran medida, a la gran inversión de valores morales, familiares, humanos, espirituales y de principios éticos que hoy se observan en nuestra sociedad.

Desde que la misma fue eliminada, ha aumentado el irrespeto a las leyes y a la Constitución de la República; a la protección y cuidado del patrimonio público; a los valores y símbolos patrios, al medio ambiente y a los recursos naturales; a la aplicación de una justicia correcta; han aumentado los crímenes y los feminicidios, los actos de corrupción pública y privada, en fin, a la delincuencia en sentido general.

También se han dejado de impartir la lectura comprensiva, la lectura y la expresión oral; la narrativa, la caligrafía, entre otras, como una forma de aprender a retener lo escuchado y a adquirir una buena dicción y ortografía, lo cual queda reflejado en el bajo nivel formativo de una gran parte de nuestros niños, jóvenes y adolescentes, los cuales se comunican entre sí a través de las redes sociales (WhatsApp, Twitter, Instagram, Facebook, etc.).


Estos transmiten sus ideas tal como las expresan en su lenguaje verbal habitual, con lo cual contribuyen a cualquierizar y a disminuir el lenguaje escrito. La mayoría de nuestros estudiantes no pueden interpretar el contenido de un simple texto, porque no dominan la técnica de la lectura comprensiva.

Estas técnicas educativas deben ser retomadas urgentemente por nuestro sistema educativo y cultivadas y dominadas por nuestros estudiantes, pues son indispensables para su buen desarrollo profesional e intelectual.

Parte de estas técnicas las aprendimos en los primeros cursos de la primaria, realizados en una pequeña y rudimentaria escuela de un campo de Santiago de los Caballeros; de piso de tierra, cubierta de madera de palmas y techada de canas. Allí me enseñaron a cantar, además del Himno Nacional (12 estrofas), el de Duarte, Sánchez, Mella, el de la entrada a la escuela, el de las Madres, de la autoría de la insigne vegana Trina de Moya, esposa de Horacio Vásquez, varias veces presidente de la República, y muchos más.

Ahora me entero de que los exámenes finales que se impartían a los estudiantes del 2.º curso del bachillerato, equivalente al 8.º curso, serán también eliminados.

Lamentablemente, esto tiene mucho que ver con las bajas calificaciones obtenidas por nuestro país cuando el Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA), apéndice de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), realiza una prueba aleatoria para evaluar la formación de los alumnos en matemáticas, ciencias y lectura, cuando llegan al final de la etapa de la enseñanza obligatoria.

Con esto se confirma que la verdadera formación escolar, en sanos valores y principios morales, no solo se obtiene en escuelas y colegios con grandes edificaciones, sino, en aquellas que cuentan con buenos y verdaderos maestros, como los que tuvimos en nuestra infancia y también, en cada uno de nuestros hogares.

Ojalá que los responsables de evaluar y velar por el fortalecimiento del sistema educativo de nuestro país tomen conciencia de ello, pues gran parte de nuestros jóvenes estudiantes así lo demuestran en sus comportamientos y desenvolvimiento. Esperamos que estas humildes reflexiones no
caigan en el vacío o en un terreno estéril.

El autor es Contador Público Autorizado
Máster en Relaciones Internacionales
Exdiputado al Congreso Nacional
Exmiembro de la Cámara de Cuentas de
la República 2010-2016
Diario Azua
Santo Domingo, Rep. Dom. / 02 septiembre 2026.-

El senador por San Juan, Félix Bautista, depositó ante el Senado de la República un proyecto de ley que busca eliminar el método D’Hondt para la elección de diputados, regidores y vocales de los distritos municipales.

La iniciativa plantea modificar la forma en que se distribuyen los escaños, bajo el argumento de que el método D’Hondt no garantiza una correspondencia directa entre la cantidad de votos obtenidos individualmente por los candidatos y la asignación de los puestos electivos.

Bautista sostiene que el mecanismo vigente resulta injusto y desproporcionado, debido a que la suma de los votos obtenidos por los candidatos de una organización política puede determinar la asignación de escaños, incluso cuando otros aspirantes hayan obtenido una mayor votación individual.
El proyecto propone que los candidatos sean escogidos mediante el principio de mayoría simple, de manera que resulten electos quienes obtengan la mayor cantidad de votos válidos en sus respectivas demarcaciones.

La propuesta también contempla derogar la Ley 157-13, que establece el sistema de votación preferencial y el método D’Hondt, además de modificar disposiciones de la Ley Orgánica del Régimen Electoral 20-23.

El legislador argumenta que su propuesta procura fortalecer el carácter directo del sufragio y garantizar que la voluntad expresada por los electores se refleje de manera más efectiva en la conformación de la representación política.


Lic. Carlos A. Beira, Miembro del CDP.


Diario Azua / 2 de septiembre 2026

Un llamado a la reflexión al presidente Luis Abinader y al presidente del Colegio Dominicano de Periodistas, Luis Pérez

La remodelación de la Casa del Periodista, con una inversión anunciada de 66 millones de pesos, puede representar una importante mejora para la infraestructura y las actividades del gremio. Sin embargo, ante esta realidad surge una pregunta que merece ser escuchada y respondida: ¿no ha llegado también el momento de mirar hacia aquellos periodistas que, después de dedicar gran parte de sus vidas al ejercicio de esta profesión, hoy enfrentan enfermedades catastróficas, limitaciones económicas y situaciones de extrema vulnerabilidad?

El presidente de la República, Luis Abinader, y el presidente del Colegio Dominicano de Periodistas, Luis Pérez, tienen en sus manos la oportunidad de hacer que esta inversión trascienda las paredes de un edificio y se convierta también en una expresión concreta de solidaridad con cientos de profesionales de la comunicación que hoy necesitan ayuda.

Porque una institución gremial no puede medir su grandeza únicamente por la belleza de su sede. Su verdadera grandeza está en la capacidad de proteger y acompañar a sus miembros cuando más lo necesitan.

Por eso, respetuosamente, hacemos un llamado a ambos presidentes para que recapaciten y contemplen, dentro de las prioridades del gremio, un programa especial de pensiones y asistencia para periodistas afectados por enfermedades catastróficas, así como para aquellos que, por edad, discapacidad o precariedad económica, ya no pueden sostener dignamente sus hogares.

No se trata de oponerse a la remodelación de la Casa del Periodista. Se trata de establecer prioridades humanas. Se trata de preguntarnos si, en medio de una inversión de 66 millones de pesos, no es posible encontrar mecanismos para garantizar que quienes han informado, denunciado, investigado y defendido durante décadas los intereses de la sociedad dominicana puedan recibir un respaldo digno cuando la enfermedad toca sus puertas.

¿De qué vale una casa hermosa si quienes deberían disfrutarla están postrados en una cama, luchando contra el cáncer, insuficiencia renal u otras enfermedades catastróficas, sin recursos para costear sus tratamientos?

Una Casa del Periodista debe ser mucho más que un espacio para celebrar actos, reuniones, encuentros y actividades sociales. Debe ser también una casa que abrace, proteja y tienda la mano a sus miembros.

No podemos esperar que nuestros compañeros mueran para reconocer sus méritos. La solidaridad debe llegar cuando todavía están aquí para recibirla.

Y vale recordar una verdad tan sencilla como dolorosa: desde el más allá no se puede asistir a fiestas, reuniones ni actividades gremiales.

Por eso, este llamado no pretende dividir, sino provocar una reflexión. Que esos 66 millones de pesos no sean recordados únicamente como la inversión que hizo más hermosa una edificación, sino también como el punto de partida de una política que devuelva esperanza y dignidad a los periodistas que hoy enfrentan las circunstancias más difíciles de sus vidas.

La Casa del Periodista puede tener paredes nuevas, salones modernos y una imagen majestuosa. Pero su mayor obra será siempre cuidar a sus periodistas.

Presidente Luis Abinader, presidente Luis Pérez: todavía estamos a tiempo de pensar primero en la gente.


Diario Azua / 2 de septiembre 2026

Educación policial en la mira: inspeccionan infraestructuras y planes de estudio de la Escuela de Cadetes

Las autoridades académicas del IPES buscan garantizar estándares de calidad en la preparación de las nuevas promociones policiales.

Con el objetivo de verificar la calidad operativa del programa de formación para oficiales, el rectorado del Instituto Policial de Educación Superior (IPES) encabezó una jornada de supervisión académica e infraestructura en la principal Escuela para Cadetes del país.

La iniciativa busca adaptar los métodos de enseñanza e instalaciones a las exigencias operativas actuales. Durante la inspección, las autoridades académicas constataron las condiciones de los recintos pedagógicos e identificaron áreas clave para elevar el nivel técnico y normativo de los futuros oficiales.

En el marco de la visita, el general Juan Hilario Guzmán Badía dirigió un mensaje a los alumnos enfocado en la responsabilidad social del ejercicio policial. Destacó que el plan institucional busca graduar profesionales capacitados para poner en práctica una doctrina basada en la protección efectiva a la ciudadanía y el apego irrestricto a los derechos fundamentales.



Diario Azua / 2 de septiembre 2026

 La máxima corte protege el derecho a la intimidad y ordena reclasificar expedientes antiguos que continúen operando como activos.

El Tribunal Constitucional recordó a los cuerpos de seguridad del Estado los límites temporales para el manejo de los datos de los ciudadanos. Mediante una reciente jurisprudencia, el órgano garante de la Carta Magna reiteró que las fichas preventivas o de inteligencia policial deben dejar de figurar como registros activos una vez cumplidos los 10 años de su creación.

La resolución se produjo al acoger una acción de habeas data interpuesta por un ciudadano que, en 2024, comprobó mediante certificación oficial que un registro policial abierto en su contra en enero de 2011 mantenía vigencia operativa, violando lo contemplado en el Decreto 122-07.

El TC remarcó que las autoridades tienen prohibido difundir este tipo de fichas caducadas, ya que su divulgación incurriría en una vulneración a la intimidad y la propia imagen del individuo. Si bien la normativa permite que los órganos de investigación penal conserven fichas permanentes ligadas a condenas judiciales definitivas, los expedientes preventivos o de mero control interno deben ser archivados de forma reservada cumplido el plazo legal.

 

      Vista aérea de la megatienda china Cirasol en Santo Domingo Este. (DL/LT)


Diario Azua / 2 de septiembre 2026

 Ancodomu señala que las megatiendas orientales generan una disparidad en el mercado dominicano y pide auditar los convenios comerciales con Pekín.

Representantes del sector comercial del país alzaron su voz para pedir la intervención directa del Poder Ejecutivo ante lo que consideran un crecimiento desmedido e inequitativo de las inversiones comerciales provenientes de China en el territorio nacional.

A través de un pronunciamiento oficial, la Asociación Nacional de Comerciantes Dominicanos Unidos (Ancodomu) propuso formalmente al presidente Luis Abinader la conformación de una comisión de alto nivel. Este espacio, que integraría a legisladores, autoridades municipales, órganos judiciales, mandos de seguridad y gremios empresariales, tendría la tarea de evaluar las repercusiones de los grandes establecimientos asiáticos en la economía local.

De acuerdo con el gremio, el modelo operativo de estas grandes superficies —algunas con extensiones que alcanzan los 30,000 metros cuadrados— está desplazando a los negocios tradicionales. La entidad sostiene que los comercios dominicanos se enfrentan a un escenario adverso debido a costos de venta con los que resulta imposible competir, presuntas irregularidades tributarias y contrataciones al margen de la legislación laboral vigente.

Asimismo, Ancodomu instó a que esta mesa de trabajo revise de manera exhaustiva el impacto social, legal y económico de los acuerdos bilaterales vigentes entre la República Dominicana y la República Popular China. La meta final, indicaron, debe ser el restablecimiento de condiciones de mercado equilibradas y la salvaguarda de la producción y la fuerza laboral dominicana.

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