Teherán / Washington – La tensión en el Golfo alcanza un punto crítico. A pesar de los recientes acercamientos diplomáticos en Omán, el Gobierno de Irán ha lanzado un mensaje desafiante a la administración de Donald Trump: su programa nuclear no es negociable, incluso si esto implica un enfrentamiento bélico directo.
Líneas rojas en medio de la presión militar
Mientras los portaaviones estadounidenses patrullan el Mar Arábigo, el canciller iraní, Abás Araqchi, fue tajante al asegurar que el enriquecimiento de uranio es un derecho soberano que no sacrificarán bajo intimidación.
"El despliegue militar estadounidense no nos intimida. No cederemos, incluso si se nos impone una guerra", declaró Araqchi en una rueda de prensa que ha encendido las alarmas internacionales.
El factor Israel y la exigencia de Trump
Washington no busca un acuerdo simple. Con el respaldo del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien viajará a la Casa Blanca esta semana, Estados Unidos exige un pacto que vaya mucho más allá de los laboratorios:
Freno total a las capacidades balísticas de Irán.
Cese del apoyo a grupos armados hostiles en la región.
Supervisión estricta de toda actividad nuclear.
¿Diplomacia de fachada?
Aunque la primera ronda de contactos en Omán fue calificada como "positiva", la desconfianza reina en el ambiente. Mientras Steve Witkoff y Jared Kushner supervisan la fuerza militar desde el portaaviones USS Abraham Lincoln, Irán cuestiona la "seriedad" de Washington para entablar un diálogo real que incluya el levantamiento de las sanciones que asfixian su economía.
El mundo observa con cautela: ¿Estamos ante una estrategia de negociación agresiva o en la antesala de un conflicto de gran escala?




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