El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, advirtió que su organismo tuvo que reducir su presencia en varios países de Latinoamérica y de otras regiones del mundo en 2025 por falta de presupuesto. (FUENTE EXTERNA)
Ginebra. – El mapa de la protección internacional se está encogiendo, y Latinoamérica es una de las regiones más golpeadas. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, lanzó una voz de alerta este jueves: la falta de presupuesto ha forzado al organismo a reducir drásticamente su presencia, pasando de 11,000 misiones en 2024 a solo 5,000 en 2025.
El costo humano de un presupuesto vacío
La crisis financiera no son solo números; se traduce en oficinas cerradas y defensores desprotegidos. Türk fue enfático al señalar que, en muchas zonas de conflicto, la presencia de la ONU era "la única razón por la que muchos activistas seguían vivos".
Impacto directo en la región:
Colombia: El cierre de tres oficinas clave debilita el apoyo al proceso de paz y deja en vilo a comunidades indígenas y afrodescendientes frente a grupos armados.
Honduras: Se ha frenado la labor en conflictos territoriales violentos y en la necesaria desmilitarización de los centros penales.
México y Guatemala: Los recortes afectan directamente la defensa de los derechos de los migrantes y la asistencia a comunidades en zonas remotas.
Chile: La vigilancia sobre los derechos de pueblos indígenas frente a proyectos mineros ha perdido fuerza.
Un déficit que asfixia
La oficina de la ONU opera actualmente bajo una presión financiera insostenible. De los 500 millones de dólares necesarios en donaciones voluntarias para 2025, solo se recaudó poco más de la mitad.
"Estamos en modo supervivencia", confesó Türk ante los gobiernos en Ginebra, subrayando que la capacidad de investigar violencia sexual, tráfico de niños y detenciones arbitrarias depende de la voluntad financiera de los Estados miembros.
El llamado para 2026
Para este año, la ONU ha solicitado una inyección urgente de 400 millones de dólares en fondos voluntarios. Con estos recursos, el organismo busca no solo recuperar el terreno perdido en Latinoamérica, sino atender crisis críticas en lugares como Haití, donde el tráfico infantil y la violencia requieren intervención inmediata.
La pregunta que queda en el aire para la comunidad internacional es clara: ¿Cuál es el precio que el mundo está dispuesto a pagar por la ausencia de testigos internacionales en las zonas más peligrosas del planeta?



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