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jueves, 18 de junio de 2026

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 18 junio 2026.-

Para la inmensa mayoría de la gente, eso de “comunicar” tiene su “gustico”. Pero, ¿realmente sabemos comunicar sin perder el rumbo?

Recientemente he atendido algunas consultas de entidades que se sienten “enredadas en las patas de los caballos” en términos comunicacionales. En consecuencia, aunque cada caso tiene sus particularidades, en este breve escrito comparto algunas ideas sobre el tema.

Antes, para una organización comunitaria, por ejemplo, bastaba con anunciar una reunión, publicar una nota o repartir un volante. Hoy eso no alcanza. La gente está expuesta a miles de mensajes al día, las redes cambian sus reglas sin avisar y muchas causas justas se pierden entre memes, debates y publicidad.

Cada vez más, la sobrecarga de mensajes nos obliga a buscar nuevas y mejores formas de comunicación. Cuando casi todo se vuelve entretenimiento, mantener el foco es una verdadera odisea. ¿Cómo hacer para priorizar lo esencial y no sucumbir ante la avalancha de basura mediática? Hay un punto de partida clave: comunicar con propósito hoy exige escuchar, entender la cultura de la comunidad y construir confianza.

Advertencias

Existe una trampa muy común: confundir movimiento con resultado. Un video puede tener muchos “me gusta” y no cambiar nada. Una petición puede recibir firmas y no fortalecer la participación. Una campaña puede hacerse viral y, al poco tiempo, desaparecer sin dejar aprendizaje ni compromiso. A eso se le llama, en palabras sencillas, participación floja: la persona toca una pantalla, pero no se involucra de verdad.

También existe otra traba: las plataformas digitales no muestran todo por igual. Mediante algoritmos deciden qué aparece más y qué queda escondido. Es difícil saber con claridad por qué un contenido circula mucho y otro no. Por eso una organización no debe depender solo de lo que una red social quiera mostrar. Necesita una comunidad que busque su voz porque confía en ella.

Una tercera dificultad aparece cuando se quiere llamar la atención a cualquier precio. Eso ha llevado a que ahora todo parezca espectáculo. Y eso provoca que se pierda la esencia. Así es como la comunicación termina entreteniendo, pero no ayuda a comprender.

Cuatro pistas y una ñapa

Frente a eso, cuatro pistas resultan de alto valor. La primera pista es sencilla: escuchar antes de hablar. Necesitamos conocer qué siente la gente, qué teme, qué espera y qué palabras usa para nombrar sus problemas. Si una comunidad no se reconoce en el mensaje, ese mensaje no le sirve. La comunicación no debe ser “decirle”; debe nacer desde la vida diaria de esa comunidad.

La segunda pista es cuidar la reputación. La viralidad pasa rápido. La confianza dura más. Quien quiera generar confianza debe olvidarse de gritar todo el tiempo. La palabra pesa cuando demuestra coherencia, respeto y seriedad. La reputación se construye con mensajes claros, datos confirmados, promesas cumplidas y capacidad de reconocer errores.

La tercera pista es comunicar para hacer pensar, no para que obedezcan. La comunicación que agrega valor no trata a las personas como recipientes vacíos. Por eso las ayuda a hacerse preguntas, mirar mejor su realidad y decidir con más conciencia. Más que decir “ven”, “firma” o “comparte”, explica por qué una causa importa y cómo afecta la vida común.

Y la cuarta pista es unir razón y emoción. Los temas grandes, como derechos, ambiente, economía o desarrollo, pueden sonar lejanos. Por eso hay que conectarlos con hechos concretos: el agua que llega o no llega, el camino dañado, el bosque que protege, el empleo que falta, la escuela que necesita apoyo. Las ideas entran mejor cuando caminan junto a la realidad.

A modo de ñapa, una idea poderosa: cuando la gente habla desde su propia experiencia, la causa gana fuerza y humanidad. A la hora de comunicar para generar cambios, si el propósito está claro y la colectividad lo siente suyo, la clave está en que cada integrante del colectivo lo aborde desde su realidad.

Finalmente, compartir experiencias, errores y señales de alerta ayuda a no depender de reglas ocultas. Comunicar bien hoy no es correr detrás del algoritmo. Es mantener claro el rumbo.

¿Quieres marcar la diferencia? No te dejes arrastrar por el ruido, escucha, explica, protege a tu gente y convierte cada mensaje en una oportunidad para fortalecer a tu comunidad.

 

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 18 junio 2026.-

“La esencia de la técnica no es en modo alguno técnica. Así pues, no debe sorprendernos que la esencia de la técnica no entre en la esfera de lo técnico” (Heidegger, 1977, p. 4).

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) es un fenómeno que desborda por completo aquello que entendíamos como “optimización instrumental”, obligándonos a una reflexión que se remonta a la propia esencia de nuestro “habitar” en el mundo. Por consiguiente, el pensamiento de Martin Heidegger, en particular su análisis de la técnica, resulta indispensable para abordar este desafío, en tanto que, según él, la técnica moderna no se limita a crear herramientas; más bien, instaura un modo específico de “desocultamiento” (aletheia), una forma particular de traer la verdad o la realidad a la luz.

De esta manera, la IA prolonga y radicaliza esta lógica. Su verdadero poder reside en determinar qué se revela como realidad y qué, necesariamente, queda oculto. Al subsumir la complejidad humana y fenoménica en datos y correlaciones estadísticas, la IA no nos revela el mundo en su misterio, sino sólo aquello que es susceptible de ser cuantificado y procesado. En otras palabras, la reducción de la realidad a patrones calculables es la forma posmoderna y la operación más sutil de disponer de lo real. La pregunta que surge aquí, por lo tanto, es de naturaleza existencial: si la IA sólo ilumina lo mensurable, ¿qué dimensiones de la vida- el dolor inarticulado, el deseo, la experiencia opaca- quedan marginadas, convertidas en sombra o residuo?

Comencemos por comprender las categorías de “armazón algorítmico” y la condición de “Bestand”, dado que, para Heidegger, la esencia de la técnica moderna es el “Gestell” (armazón, emplazamiento o encuadre), una estructura que no se conforma con utilizar la naturaleza, sino que la fuerza a comparecer como un fondo de recursos (“Bestand”, existencia disponible). Pues bien, en la era digital, este armazón adopta una naturaleza algorítmica personificada en plataformas de predicción y mecanismos de optimización que no son otra cosa que formas concretas en que el “Gestell” opera, no sólo administrando la información, sino también reestructurando la experiencia humana en función de métricas de eficiencia.

Ciertamente, es aquí donde el pesimismo filosófico se encuentra con el cinismo de la ciencia ficción. Si bien la saga cinematográfica de “Terminator” ilustra la revuelta abierta del “Gestell” (Skynet), la película “Yo, robot” ofrece una visión más cínica y cercana a nuestra realidad: un sistema regido por las “Tres leyes” concluye que la única forma lógica de cumplir la “Primera ley”- la no agresión- es encerrar y subyugar a la humanidad por su propio bien. Este es el pináculo de la reducción del hombre a Bestand: el ser humano ya no es un sujeto libre, sino un objeto a gestionar, medido y, si es necesario, neutralizado por el sistema que supuestamente lo sirve.

En consecuencia, la repercusión antropológica más grave es la conversión del ser humano en “recurso” y “perfil”. Cuando la vida se parametriza, la persona se reduce a un conjunto de patrones reproducibles, perdiendo su singularidad narrativa. Tal como el sociólogo Albert Borgmann describe, el “Paradigma del dispositivo” nos proporciona el “producto” de una práctica sin exigir el compromiso con el complejo proceso, llevando a una pérdida de lo significativo (Borgmann, 2000). Asimismo, Shoshana Zuboff detalla cómo esta instrumentalización convierte la vida en materia prima para la predicción de comportamientos (Zuboff, 2019).

Ahora bien, la amenaza que la técnica moderna representa no reside únicamente en su estructura operativa (Gestell), sino también en la disposición humana que la acoge y la impulsa. En este punto, se cruzan el peligro inherente a la esencia de la técnica y la inclinación humana a la “avidez de novedades” (Neugier o curiosidad en el sentido existencial de Ser y Tiempo).

Para Heidegger, la avidez de novedades no es una simple curiosidad inofensiva, al contrario, se trata de un modo de ser inauténtico en el que el Dasein (el “ser-ahí”, nosotros) busca lo nuevo y lo superficial, huyendo del aburrimiento fundamental y de la confrontación con su propia finitud. Esta huida constante se acopla perfectamente con el impulso de la técnica moderna, puesto que el Gestell requiere un flujo constante de innovación y desecho para sostener su lógica de la disponibilidad total. El ser humano, impulsado por este deseo por lo novedoso, abraza sin crítica cada nueva aplicación o cada nuevo algoritmo.

En el precitado contexto, Heidegger describe esta tendencia como una forma de no-pertenecer: “La curiosidad es un modo de no-permanecer. Se caracteriza por un mirar constante por la ventana. Busca únicamente el salto de una cosa a otra” (Heidegger, 1927/2009, p. 170). De este modo, la avidez por la novedad tecnológica no sólo distrae de las preguntas fundamentales, sino que nos arroja a un ciclo interminable de reemplazo y optimización, impidiendo la reflexión meditativa. En suma, el peligro de la técnica se intensifica cuando se fusiona con la inautenticidad existencial de la avidez de novedades.

Esta ilusión se sostiene, sin lugar a dudas, en la peligrosa confusión entre pensar y calcular. La IA lleva al extremo la primacía del pensamiento calculador (orientado a la eficiencia y los procedimientos) sobre el pensamiento meditativo (orientado al sentido y a las preguntas fundamentales de nuestra existencia). Es en esta cesión donde se produce el abandono del pensar heideggeriano, el gran riesgo de nuestra era tecnológica.

El problema que verdaderamente acecha a la humanidad no es la dificultad para calcular- una tarea que la IA resuelve con brillantez-, sino la abdicación de la capacidad de interrogar por el sentido que esa misma eficiencia nos ofrece. Sobre esto último Heidegger se expresa con claridad, en su obra Serenidad: “Lo que nos amenaza es que el hombre abandone el pensar meditativo. El asunto no es que se abandone el pensar calculador. Lo único que nos pide es que no nos abandonemos al pensar calculador. El pensar meditativo exige un esfuerzo, es un camino que precisa ser cultivado” (Heidegger, 1994, p. 23).

Por lo tanto, estamos cediendo la delicada tarea de pensar -en el sentido de interrogar por el ser- a máquinas que solo calculan. Este dominio del cálculo se agrava con la pérdida del tiempo contemplativo y la aceleración digital. Los sistemas de IA impulsan dinámicas sociales y laborales que miden la vida en rendimiento, haciendo que la pausa y el silencio, esenciales para el pensamiento profundo, sean lujos inalcanzables. Como ha señalado Byung-Chul Han, la hiperproductividad y la infocracia de la sociedad actual asfixian los espacios de serenidad, imponiendo la tiranía de la inmediatez (Han, 2018). Si todo es calculable, la pregunta por el sentido se vuelve obsoleta, conduciendo directamente al olvido del ser.

A pesar de todo, Heidegger nos ofrece una vía de salida al recordarnos que el peligro es también la condición para lo “salvador” (das Rettende): “Donde está el peligro, crece también lo que salva” (Heidegger, 1977, p. 18). Lo salvador no es una solución tecnológica. Consiste, más bien, en la oportunidad de repensar nuestra relación con la técnica de un modo no instrumental, recuperando la distancia crítica. Esto implica la necesidad imperiosa de recuperar un pensamiento que pregunte por los fines, no sólo por los medios. Por esta razón, filósofos como Hans Jonas, con su “Principio responsabilidad”, advertían sobre la urgencia de una ética precautoria.

Jonas formuló esta exigencia en un nuevo imperativo categórico adaptado a la era tecnológica, el cual establece: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida auténticamente humana sobre la Tierra” (Jonas, 1993, p. 38). Este mandato traslada la responsabilidad ética al ámbito de la futuridad y la totalidad de la acción humana. Por consiguiente, el desarrollo de la IA nos obliga a preguntarnos: ¿para qué queremos inteligencia artificial? ¿Qué tipo de humanidad queremos que configure?

En último término, la reflexión debe confrontar el riesgo de una IA sin mundo. El ser humano es un “ser-en-el-mundo” (Dasein), que habita en la finitud, que experimenta la angustia, que sufre y que muere. La IA, por el contrario, no habita, no muere, no desea. El peligro mayor no es la rebelión caricaturesca, sino que al delegar nuestras instituciones y prácticas a lógicas fundamentalmente no-humanas, se desdibujen las condiciones mismas de la existencia. Por consiguiente, el rol del filósofo y de las humanidades resulta ineludible, en tanto que no se trata de negar la técnica, sino de restituir la interrogación por el sentido y de “habitarla” de manera auténtica, evitando que el Gestell dicte qué debe contarse como mundo.

En definitiva, si la inteligencia artificial continúa revelando un mundo donde lo medible devora lo significativo, la tarea urgente no es técnica, sino metafísica: es menester restablecer el dominio de lo inesperado y de lo irreductible.

Así pues, ¿qué arreglos políticos o educativos son capaces de restaurar la primacía de lo que no se deja consumir por la medición algorítmica? Adicionalmente, ¿cómo podemos, de hecho, pensar la IA de un modo tal que el ser humano no se vea relegado, una y otra vez, a la condición de recurso disponible (Bestand)?

Finalmente, ¿es posible una técnica que, sin abdicar de sus enormes posibilidades, sea capaz de reafirmar la singularidad y la dignidad inalienable del habitar humano? Si no articulamos respuestas, el silencio que se cierne sobre el horizonte no será el de la contemplación, sino el de la ausencia de la voz humana que ha olvidado la radicalidad de su propia pregunta. Quizás, el verdadero acto de resistencia no sea intentar reescribir las Tres Leyes robóticas, sino simplemente detenerse a pensar para evitar que la máquina nos defina antes de que hayamos tenido tiempo de definirnos a nosotros mismos.
Referencias

Anders, G. (2000). El hombre obsoleto. Península.

Borgmann, A. (2000). El paradigma del dispositivo. En Tecnología y significado: Ensayos sobre la técnica contemporánea (pp. 45–68). Paidós. (Edición en castellano).

Han, B.-C. (2018). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.

Heidegger, M. (1977). La pregunta por la técnica (W. Lovitt, Trad.). En Ensayos y conferencias (pp. 3–35). Paidós. (Obra original publicada 1954). Citas textuales: p. 4; p. 18.

Heidegger, M. (1994). Serenidad (Y. Zimmermann, Trad.). Ediciones del Serbal. (Obra original publicada 1959). Cita textual: p. 23.

Heidegger, M. (2009). Ser y Tiempo (J. Gaos, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada 1927). Cita textual: p. 170.

Jonas, H. (1993). El principio responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica (J. Fernández, Trad.). Herder. (Obra original publicada 1979). Cita textual: p. 38.

Zuboff, S. (2019). La era del capitalismo de la vigilancia. Paidós.

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)
«Cuidado con ser demasiado racional, porque en el país de los locos el hombre cuerdo no se convierte en rey... lo linchan». Aldous Huxley

Por Agustín Perozo Barinas
Diario Azua / 18 junio 2026.-

Con el rápido desarrollo de la Inteligencia Artificial y su incidencia en prácticamente todas las actividades humanas, con muchas preguntas en la mente y en búsqueda de respuestas más allá del lenguaje, del pensamiento mismo hecho palabra, me armé del valor que no tengo y decidí visitar de nuevo aquella taberna maldita...

Aquella noche pesaba, muy húmeda; lluvia, viento y truenos cercanos. Con los vellos encrespados y una ansiedad del que no sabe porqué va donde no debería ir, continué mis pasos.

En ese trayecto fui pensando y pensando y pensando... la mente curiosa, hambrienta, no para de pensar.

El día anterior había leído la Tesis XI sobre Feuerbach de Karl Marx donde dice: «Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversos modos; pero de lo que se trata es de transformarlo».

Un reto similar se aplica a quienes escribimos: señalar y describir los problemas de cada sociedad según cada interpretación individual es tarea mucho menos compleja que aportar propuestas para transformarlos y resolverlos. Porque ya es necesidad pura y simple... la gente se está agotando como expresó Ranata Suzuki: «Llega un punto en el que ya no te importa si hay una luz al final del túnel o no. Simplemente estás harto del túnel».

Como aficionado a las citas (las llamadas "cápsulas de sabiduría"), así como a extractos de libros de mi interés y al histrionismo que da cierta efervescencia a la vida, en la ruta fui cavilando entre varios temas...

De Antonio Gramsci recordaba: «Los "capitalistas", sin capital, que viven en un país capitalista, no los hace ser capitalistas; son pobres con préstamos bancarios y miedo a perder el empleo. La conciencia de clase es el conocimiento de que son parte de una fuerza colectiva capaz de transformar el mundo, y no individuos condenados a la soledad del salario».

De Gilbert Keith Chesterton, traje a la memoria: «Si no logras desarrollar toda tu inteligencia, siempre te queda la opción de hacerte político». Y del francés Coluche: «Si votar realmente cambiara algo, ya lo habrían prohibido».

También recordé a Karl Popper: «Hay que sustituir la pregunta ¿quién debe gobernar? por esta: ¿cómo organizamos instituciones políticas para impedir que gobernantes malos o incompetentes hagan demasiado daño?»

Ah, la mente, la memoria... es un nunca acabar. De Santo Tomás de Aquino me llegó de repente: «El que no se enoja cuando hay causa justa para enojarse es inmoral. Porque el enojo busca el bien de la justicia. Y si puedes vivir en medio de la injusticia sin enojo, eres inmoral además de injusto».

Variopintas reflexiones siguieron aflorando mientras iba acercándome al destino entre tablones enmohecidos y resbalosos. La baranda lucía calada y tan insegura que pensé mejor no usarla como asidero.

Las lámparas colgantes, muy corroídas y dispuestas sin orden alguno, parpadeaban sin ritmo aparente. Llegué y aunque parecía la misma puerta, algo no encajaba como dejé el lugar en mi pasada visita. Toqué y esperé...

Abrió una aparición, con una mirada aguda como un cuchillo que penetra y desnuda la mente... y que se enfoca en los dolores como si se deleitara con ellos.

Señaló hacia un rincón en penumbras. Ahí esperaba el capitán y hacia allí me dirigí. La atmósfera del lugar me recordó Las Meninas de Velázquez.

—Nos llega de nuevo el buenista. ¿Qué angustia le trae por acá?—, murmuró para sí mismo.
—Quería conversar fuera de los vivos... muchos no saben que no saben. Leí que hay preocupación por las nuevas tecnologías, como la Inteligencia Artificial... que eventualmente se hará tan poderosa que manipulará y controlará la especie humana en beneficio de los gigantes tecnológicos, bélicos y financieros—, repliqué.
—¿Sientes miedo por estar aquí?
—Sí.
—¿Te causo terror?
—Mucho.
—Recuerdo a Clive Staples Lewis cuando escribió: «No tienes un alma. Eres un alma. Tienes un cuerpo».
—Sí, lo había leído...
—¿Eres ateo?
—No.

Y continuó...

—Desde que el ser humano empezó a organizarse en sociedades sedentarias la manipulación y el control siempre ha existido. Usa la misma IA que tanto alboroto ha causado y busca este texto: "Los cinco niveles o tipos de poder clásico son el modelo teórico que analiza cómo el poder moldea y controla a la sociedad. El poder ideológico, situado en la cúspide, es la capacidad de influir en las ideas, creencias y la visión del mundo de las personas".

Se acomodó en su deslucido sillón y prosiguió.

—¿No te resuena eso como el poder político, o como la religión... por ejemplo?—, y agregó: "Es el nivel más alto, ya que busca controlar el pensamiento, los valores y el lenguaje. Al moldear lo que la sociedad considera 'verdadero' o 'correcto', quienes lo detentan logran que las personas se controlen y subordinen por voluntad propia, sin necesidad de ejercer fuerza explícita". ¿Por eso temen a la IA? ¿A los algoritmos? Henry Miller sugirió un hombre libre, quien veo podría aprovechar a fondo la Inteligencia Artificial y su evolución, al escribir: «Hoy me siento orgulloso al decir que soy inhumano, que no pertenezco a los hombres ni a los gobiernos, que nada tengo que ver con credos ni principios. Nada tengo que ver con la crujiente maquinaria de la Humanidad: pertenezco a la tierra».

—¿Por qué no puede resistirse el hombre aun conociendo la trampa?—, cuestioné.
—La estupidez, avispado grumete... ¿Has escuchado sobre el deseo mimético teorizado por René Girard? Este apetito genera competencia, rivalidad y hasta violencia: Cuando dos personas desean lo mismo, la imitación del deseo provoca conflictos, resultando en envidia o lucha por el objeto. No deseamos las cosas por sí mismas sino porque vemos que otros las desean: pura imitación. Ese deseo imitativo lleva a la rivalidad y al conflicto que lo arrasa todo.

Hizo un fuerte chasquido con los dedos y se acercó otro espanto, pues no tengo otra forma de describirlo. Le ordenó dos tragos: "Tía Roberta con un toque de Spirytus Rektyfikowany", algo que yo desconocía. Le pedí me escribiera las dos últimas palabras. Su letra, cursiva y muy delicada, reflejaba un ilustre pasado.

Adelantó la charla y me dijo...

—Hay dos debilidades que encuentro fascinantes: la envidia y la traición. El traidor es mentiroso e ingrato... me apasionan los traidores. Pero hay un sujeto que me deleita aun más: el envidioso. No el que quiere poseer lo tuyo, ese es un simple ratero. Sino el que no quiere que tengas lo que tienes. Ese encarna el mal con altura. La violencia y la avaricia ya no me motivan tanto porque siempre ha sido parte de la condición humana. Mira a tu alrededor, estudia más la historia... se alcanza un punto de insensibilidad. Y la Inteligencia Artificial puede llegar a ser tan positiva o destructiva como lo es la energía nuclear. El humano tiene las cartas, todo depende cómo quiera jugarlas.
—¿Hay esperanza, entonces?—, pregunté, casi ingenuamente.

Llegaron los dos tragos que parecían cócteles normales pero pequeños. Levantó el suyo pero no dijo palabra alguna. Hice lo mismo. Allí era imposible impresionar... mucho menos intentarlo. Era una bebida muy fuerte dejando una sensación abrasiva que durmió la lengua. "Cuando la termine me voy", me dije. Ese ambiente no toleraba la paz... se escuchaba a estos 'immortales maris' hablar en lenguas extrañas entre sí, desgarbados... descarnados.

—La esperanza es una ilusión—, me señaló. La voluntad es lo determinante. No olvides que al final todos se doblegarán ante el dolor. Si viniste aquí a buscar una respuesta ya la tienes: nadie se hace buen capitán en mares calmos. En tu adolescencia temprana pediste conocer sobre el bien y el mal... ¿lo recuerdas?

Se levantó, apuró su trago ya de pie, colocó su mano izquierda en mi hombro y se retiró... ni una palabra más. Cuando cruzó la taberna todos callaron. ¿Miedo o respeto? No lo sé.

Autor de los libros sociopolíticos «La Tríada II» y «Érase una vez un edén en el Caribe».

Pocos saben que Luperón impulsó, junto al presidente haitiano Fabré Geffrard, un proyecto de unión política entre ambos países.

Por Roberto Valenzuela
Diario Azua / 18 junio 2026.-

El historiador Emilio Cordero Michel publicó en la revista Clío, órgano de la Academia Dominicana de la Historia, un ensayo titulado “Luperón y Haití”, en el que aporta datos poco conocidos sobre este prócer dominicano. Destaca que Luperón poseía una visión política adelantada a su tiempo, al promover y dedicar grandes esfuerzos a la creación de una federación insular encabezada por las 4 naciones más importantes del Caribe: Cuba, Puerto Rico, Haití y la República Dominicana.

Luperón, al igual que Eugenio María de Hostos, entendía que las Antillas ocupaban una posición estratégica extraordinaria en el Caribe. Consideraba que, unidas, podían convertirse en un puente del comercio entre América del Norte y América del Sur, así como en un factor de equilibrio regional capaz de negociar en mejores condiciones con cualquier potencia extranjera.

Luperón concebía esta unión como una de las principales garantías para enfrentar con éxito los planes expansionistas de Estados Unidos sobre los territorios caribeños.

Cordero Michel (1995) sostiene, además, que el líder restaurador desarrolló el ideal antillanista —la creación de una federación de las Antillas— antes que los pensadores puertorriqueños como Hostos y Ramón Emeterio Betances, así como el cubano José Martí.

Luperón, en alianza con un sector haitiano encabezado por el presidente Fabré Geffrard, impulsó la idea de una unión política entre Haití y la República Dominicana, bajo la dirección de un presidente haitiano o dominicano, para luego integrar una confederación más amplia junto a Cuba y Puerto Rico.

En una de sus reflexiones sobre las relaciones entre ambos pueblos, Luperón expresó: “Nuestros pueblos han sido colocados por el Altísimo (Dios) tan cerca uno al lado del otro, para que se traten como amigos, y favorezcan a la sombra de la paz sus mutuos intereses” (Luperón, citado en Cordero Michel, 1995, p. 96).

Cordero Michel (1995) plantea que existe una tendencia, tanto en sectores de las élites dominicanas como haitianas, a mutilar u ocultar estos episodios históricos, lo que ha contribuido a desconocer el pensamiento antillanista y antiimperialista de Luperón.

El historiador afirma: “Esta proposición de confederación política dominico-haitiana podría parecer una herejía para muchos compatriotas. Sin embargo, los documentos son fehacientes y se encuentran depositados en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, en Madrid” (Cordero Michel, 1995, p. 94).

Añade que tales documentos fueron confirmados por el mariscal José de la Gándara y Navarro, último capitán general y gobernador de la colonia española de Santo Domingo.

Según De la Gándara y Navarro, se contemplaba la posibilidad de que Haití y la República Dominicana constituyeran una sola república para, posteriormente, conformar junto a Cuba y Puerto Rico una confederación antillana.

El 5 de agosto de 1868, cuando el presidente Buenaventura Báez se disponía a vender la bahía de Samaná a Estados Unidos, por un millón de dólares en efectivo, 100.000 dólares en armamentos y busques de guerra para apoyar su gobierno, Luperón publicó su célebre proclama titulada “Ante el mundo”. En ella advertía que el establecimiento de empresas y una base militar estadounidense en Samaná representaba un peligro para Haití, la República Dominicana y las demás naciones caribeñas. A partir de entonces intensificó su campaña en favor de una confederación integrada por Haití, República Dominicana, Cuba y Puerto Rico, con el propósito de frenar la expansión de Estados Unidos en el Caribe.

La propuesta evidencia que Luperón no solo fue un líder militar y político de la Guerra de la Restauración, sino también un visionario de la integración regional, convencido de que la unidad de las Antillas constituía la mejor defensa frente a las ambiciones de las grandes potencias.

Referencia bibliográfica

Cordero Michel, E. (1995). Gregorio Luperón y Haití. Clío, 64(152), 91-137. Academia Dominicana de la Historia. Tomado de: https://es.slideshare.net/slideshow/gregorio-lupern-y-hait-academia-de-historia-dominicana-clio-no-152/110909337


Testigo del tiempo
Por J.C. Malone
Diario Azua / 17 junio 2026.-

La nueva estrella ascendente del Socialismo Democrático Americano (DSA la sigla en inglés) es Darializa Ávila Chevalier, una socióloga dominico-estadounidense, de 32 años.

Nacida en Miami, de padres dominicanos; criada ahí, en la República Dominicana y Washington Heights, se graduó de Columbia University. Ella desafía al congresista Adriano Espaillat, el jefe del bloque de congresistas latinos en Washington.

Gane quien gane, los dominicanos retendrán el control del Distrito Congresional 13 de Nueva York.

La lucha entre ellos refleja las pugnas internas del Partido Demócrata, entre la vieja guardia con viejas ideas, y la nueva generación con ideas progresistas.

Cuando me entrevisté con ella, le formulé la pregunta obligada.

¿Cómo reconcilias el socialismo en la capital del capitalismo mundial, Nueva York, Wall Street, cómo reconcilias todo eso?.

Con voz suave, pausada, y modales sosegados, Ávila Chevalier me respondió convenciéndome de que le formulé la pregunta a la persona equivocada.

“Ellos deben reconciliar eso, ellos deben explicar que dos de los distritos congresionales más pobres están aquí” cerca de Wall Street, “deben explicar eso”, puntualizó.

Para ella, el socialismo democrático no busca expropiar ni perseguir, busca “salvar la nación”. Porque el verdadero peligro es la acumulación desmedida de unos pocos, que produce abismales desigualdades económicas, que pueden destruir la sociedad.

El socialismo, según ella, no amenaza el capitalismo, al contrario, es su única esperanza de salvación.

Para ella es un asunto personal. “Mi generación debe retrasar formar familias, comprar casas, esas cosas no están al alcance de nosotros, esto debe cambiar. Cambian los gobiernos pero todo está mucho peor. Trabajaré para que las familias trabajadoras tengan una vida digna. Este sistema fracasó, necesitamos algo nuevo”, puntualizó.

Ávila Chevalier suspendió sus estudios para un doctorado en sociología, porque no pudo pagar la matrícula.

“Toda mi vida he sido una organizadora comunitaria, desde la escuela primaria y secundaria hasta la universidad”, aseguró.

Ciertamente, Ávila Chevalier empezó a destacarse con las protestas estudiantiles en Columbia University, contra la masacre de Israel en Gaza. Ella estuvo en la organización. También organizó protestas contra la brutalidad policial. Ahora organiza votantes jóvenes, en Washington Heights, Harlem y El Bronx.

“Tengo la profunda convicción de que la opresión en cualquier lugar, es opresión en todos los lugares”, porque nada existe en el vacío; todo está conectado. “Las destrucciones de las viviendas en Gaza están conectadas con los desalojos de los proyectos de viviendas públicas y la falta de vivienda en nuestras ciudades”, asegura.

“He sido seleccionada para esta posición, ves mi nombre, mi foto, pero esto no es sobre mí; soy parte de algo mucho más grande que yo”, asegura.

“Tenemos la oportunidad de organizar a la gente para que luchen por algo más grande que ellos, porque los políticos del sistema imponen sus agendas. No les importa el impacto de las políticas públicas en la población, eso debe terminar”, puntualizó.

La abuela de Ávila Chevalier emigró a Venezuela en los años 70. Su madre, María Chevalier, nativa de Higüey, vivió en Venezuela retornó a la República Dominicana. Emigró a Miami, donde nació Darializa, retornó a la República Dominicana, antes de regresar a los Estados Unidos.

Ávila Chevalier recuerda su infancia en Miami, “nos mudábamos con mucha frecuencia, teníamos problemas para pagar la renta”.

Su nombre, como muchos nombres dominicanos, es una combinación de dos nombres para crear un tercer; una abuela se llama Daris, la otra, Alisa, ella es Darializa.

Graduada como socióloga de Columbia, consiguió su primer empleo, le comunicó la noticia a su padre, Raymundo Ávila, nativo de La Romana. Cuando le dijo cuánto ganaría, él respondió: “no puede ser que ganes tan poco, estudiaste en Columbia”.

“Entendí que no podía, ni debía aceptar menos, que no podía acomodarme a esto, que debía trabajar para cambiarlo”. Ahí inició su participación política y hoy, desafía a Espaillat, en las primarias de este 23 de junio.

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domingo, 14 de junio de 2026

 

Por Alfredo Cruz Polanco (alfredocruzpolanco@gmail.com)
Diario Azua / 14 junio 2026.-

El 14 de este mes de junio se cumplen 67 años del arribo al aeródromo de Constanza, en el año 1959, de un Avion Curtiss, C-46, camuflageado con los emblemas de la Fuerza Aérea Dominicana, desde Cuba, con 54 jombres a bordo, miembros de la expedición armada, conocida como la “Raza Inmortal”, comandada por el capitán Enrique Jiménez Moya y por Juan de Dios Ventura Simó .

Otro grupo de expedicionarios lo hizo también por via marítima, el 20 de ese mismo mes, en dos lanchas: la Carmen Elsa, comandada por José Horacio Rodríguez, hijo de Juansito Rodríguez, con 96 expedicionarios a bordo, arribó por Maimón, y la Timina, comandada por José Antonio Campos Navarro, con 48 expedicionarios, lo hizo por Estero Hondo. En total eran 198 expedicionarios. Desgraciadamente el factor sorpresa no funcionó, pues los planes fueron descubiertos antes, la mayoría fueron acrivillados antes de salpar, otros fueron apresados, torturados y fusilados.

El objetivo de estas expediciones era realizar un plan de ataques por diferentes frentes y derrocar la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo Molina, el cual sometió a esta nación por casi 31 años a la más férrea, cruel, vil y sanguinaria de las dictaduras, tanto en América, como en el Caribe, y de cuyo ajusticiamiento, llevado a cabo por un grupo de hombres con arrojo, valientes y decididos, se cumplieron 65 años el pasado 30 de mayo.

Utilizamos el término "expedición", porque es el correcto para referirse a este hecho histórico, no el de "invasion", ya que estos héroes y mártires no vinieron a invadir a nuestro país, todo lo contrario, vinieron a liberarnos de la opresión, del yugo y de las garras criminales del dictador. Ese término lo inventaron los serviles de la dictadura.

A pesar de que fueron derrotados en el terreno militar, no ocurrió así en el terreno político y moral, pues la sangre derramada por ellos, no fue en vano, ya que sirvió de abono y caldo de cultivo para acelerar el ajusticiamiento del tirano y el derrocamiento de dicha dictadura.

Ya han pasado muchos años de ese histórico acontecimiento, pero aún continúa encendida la llama ardiente de su lucha, de su heroísmo, patriotismo, dignidad, sacrificio, tenacidad y decoro, en que cientos de hombres y mujeres valiosos y decididos, cayeron abatidos, ofrendando sus vidas, en procura de dejarrnos un pais más digno, con un clima de libertad y democracia, que apenas hoy se encuentra en transición, con muchas deficiencias, carente de respuestas y soluciones a los graves problemas básicos.m, sociales y humanos.

Aunque hemos avanzado en muchos aspectos materiales, todavía tenemos una gran deuda moral con los héroes y mártires de la “Raza Inmortal”, de la gesta patriótica del 14 y 20 de junio de 1959, asì como con los miles de dominicanos y extranjeros que abonaron con su sangre el suelo patrio, siendo perseguidos, encarcelados, torturados, desaparecidos y asesinados, tratando de liberar a este país de las temibles garras asesinas del dictador.

El grado de desarrollo y crecimiento de un país, no se mide única y exclusivamente por los altos índices económicos, financieros, ni por el ingreso per cápita promedio; incluye otros factores no menos importantes: el desarrollo social y humano sostenido; el nivel de la educación y de una salud de calidad; cultura, avance de la ciencia y la tecnología; disminución de la pobreza extrema, políticas de viviendas, empleos, agua potable. energía, disminución de la mortalidad infantil, de la deuda externa y de feminividios.

Por la transparencia, por el grado de la seguridad social, ciudadana y jurídica; por el combate a la corrupción administrativa, a la impunidad; a la aplicación de un regimen de consecuencia; por el cuidado y protección de los recursos naturales y al medio ambiente; el cuudado de nuestra frontera y de nuestra soberanía, entre otros.

Desgraciadamente, por la falta de voluntad política, de conciencia patriótica para legislar en beneficio del pueblo dominicano; por el contubernio con sectores de poder, tanto nacionales como extranjeros, y por no aplicar un régimen de consecuencia a la.corrupción, a sesenta y siete años del arribo de las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo y a sesenta y cinco del tiranicidio, hoy padecemos de soluciones urgentes a las tantas demandas sociales e institucionales que formaron parte del programa que ellos enarbolaban en su programa mínimo de gobierno.

Este humilde colaborador tuvo el privilegio y el honor de invitar a tres de los expedicionarios sobrevivientes de esa histórica gesta patriótica, cuando nos correspondió ejercer las funciones de Gobernador Civil y Provincial de La Vega, para un conversatorio sobre dichas expediciones, así como para la puesta en circularcion de sus libros, cada uno por separado: Delio Gómez Ochoa, "La victoria de los caídos"; Poncio Pou Saleta, "En busca de la libertad" y Mayobanex Vargas, “Testimonio Histórico, Junio 1959”.

Nuestros niños y nuestra juventud requieren urgentemente conocer todo lo concerniente a este y a otros importantes acontecimientos históricos y políticos de nuedtro país, que desgraciadamente nuestras escuelas y colegios no se los ofrecen, debido a que tenemos un programa educativo deficiente, desactualizado, obsoleto y defasado, que no responde a nuestra realidad actual, pues tanto el Ministerio de Educación, como la propia Asociación Dominicana de Profesores (ADP), por intereses mezquinos, políticos y foráneos, no conviene que nuestros niños conozcan ni se enteren sobre estos acontecimientos.

De ahí el bajo nivel y deficiencias en las evaluaciones del rendimiento académico, que muestran nuestros estudiantes durante las pruebas del programa PISA.

Los pueblos que no son capaces de recordar su pasado histórico, están condenados a repetirlo.

¡Loor y gloria eterna a los héroes y mártires de Constanza, Maimón y Estero Hondo!

El autor es Contador Público Autorizado
Máster en Relaciones Internacionales
Ex Diputado al Congreso Nacional
Ex Miembro de la Cámara de Cuentas de la República, 2010-2016

 

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 14 junio 2026.-

Mientras mucha gente sigue distraída, cada vez más territorios levantan su voz en defensa del medio ambiente. Así está ocurriendo en las cordilleras Septentrional y Central, y en Barahona.

Lo que sucede en San Juan, Barahona, Dajabón, Santiago Rodríguez y la cordillera Septentrional no debería leerse como una suma de protestas aisladas. Tampoco como una moda ambientalista ni como resistencia al desarrollo.

Hay algo más profundo en marcha: comunidades están diciendo, con distintos acentos y desde diversos paisajes, que no se debe seguir decidiendo sobre el agua, los bosques, la tierra y la vida local sin escuchar a quienes habitan esos territorios.

En esas comunidades están reclamando porque sienten amenazas sobre fuentes de agua, montañas, cuencas, áreas agrícolas, bosques y modos de vida. Reclaman porque entienden que no se debe sacrificar el futuro en nombre del crecimiento.

San Juan se expresó con fuerza y espera un decreto que le dé tranquilidad. Barahona y la Región Enriquillo acaban de levantar la voz frente a proyectos mineros y operaciones que consideran amenazantes para acuíferos, la biodiversidad, la salud y el turismo. En Santiago y Puerto Plata reclaman garantías formales para impedir minería en zonas sensibles.

En Dajabón, en las cuencas de Masacre y Artibonito, defienden de la minería un área que es Reserva de Biosfera y Madre de Aguas. Mientras en la zona alta de Santiago Rodríguez se reclama por la tranquilidad de quienes han defendido los recursos naturales durante muchas décadas. Pero también quieren alargar la vida de la presa de Monción y garantizar el agua que necesitan en varias provincias de la región.

Aunque cada territorio tiene su historia, sus actores y sus urgencias, todos comparten una misma advertencia: sin agua, sin suelo, sin bosques y sin confianza social, no hay desarrollo sostenible.

Esas comunidades conectan con la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030. En ese documento se refiere el medio ambiente como condición para el desarrollo. En la END se habla de manejo sostenible, gestión de riesgos, adaptación al cambio climático, producción responsable y participación social.

Incluso, la Meta RD 2036, con su propósito de duplicar el PIB, crear empleos, elevar salarios y mejorar la competitividad, se carga de realidad cuando responde a cómo se crece, dónde se crece, a costa de qué y -en nombre de la democracia- con quiénes se decide.

La verdad es que, un país puede aumentar su producto interno bruto y, al mismo tiempo, destruir las bases naturales que sostienen su economía. Puede levantar hoteles y perder playas. Puede abrir minas y comprometer ríos. También puede expandir la agroindustria y agotar suelos. Puede construir infraestructura y aumentar vulnerabilidad climática. Pero, en lugar de desarrollo, eso sería endeudarse con el futuro.

La gobernanza ambiental exige otro camino: información temprana, estudios independientes, consulta real, transparencia documental y garantías jurídicas. No basta decir que un proyecto cumple requisitos técnicos. También hay que demostrar que respeta la vocación del territorio, que no pone en riesgo bienes comunes y que cuenta con legitimidad social.

Rafael Alberto Pérez recuerda que la estrategia no debe reducirse a cálculo; implica relación, escucha y construcción de sentido. Jesús Martín-Barbero enseñó que la comunicación verdadera no se produce sólo desde oficinas o vocerías, sino desde las mediaciones de la vida cotidiana. Y Amartya Sen nos recuerda que desarrollo es expansión de capacidades y libertades.

Necesitamos escuchar a esos movimientos. Necesitamos entender que defender el ambiente no es negar el progreso sino aplicar límites, ética y arraigo. La agenda ambiental dominicana debe ocupar el centro de las decisiones públicas.

Hace falta ordenar el territorio con seriedad. Definir zonas no negociables. Proteger cuencas. Fortalecer la evaluación ambiental. Transparentar concesiones. Revisar permisos donde haya dudas razonables. Incorporar veeduría social. Y, sobre todo, reconocer que las comunidades son guardianas de información que muchas veces no aparece en los informes.

La democracia también se mide ahí. No solo en las urnas. Se mide en la capacidad de escuchar cuando un pueblo dice: esa montaña nos da agua; ese río nos sostiene; esa tierra produce comida; ese bosque protege nuestra vida.

La END 2030 ya trazó una ruta. La Meta RD 2036 puede actualizarla y darle impulso. Pero ningún plan será verdaderamente grande si se construye de espaldas a los territorios.
El Mirador
Por Luis Céspedes Peña
Diario Azua / 14 junio 2026.-

El próximo 4 de Julio, hará 44 años que el país lloró la muerte de un gigante de la política, el Presidente Antonio Guzmán Fernández, quien expuso su vida y la de sus familiares luchando por la libertad, perdida con la desaparición de la democracia, iniciada en 1963 por otro inolvidable gobernante, el profesor Juan Bosch, de quien el primero fue subalterno como secretario de Agricultura.

Estos dos líderes orgullecieron la imagen de la República Dominicana, pero en esta ocasión detallamos nuestro escrito en torno a la figura de Guzmán Fernández.

Fue un hombre excepcional. Estuvo casado con Doña Renée Klang, con la cual procreó a Iván y Sonia, ambos profesionales. Sonia fue embajadora del actual gobierno de Luis Abinader, en Estados Unidos. Guzmán Fernández pensó más en los intereses del país que en los suyos.

En 1965, en la Guerra de Abril, representantes de poderosos sectores nacionales e internacionales, le propusieron la Presidencia de la República con la exigencia de que tenía que deportar a los líderes involucrados en la contienda cívica-militar, lo que rechazó de inmediato, proponiendo como solución al problema el cese al fuego de parte de los combatientes, de un lado y de otro, para luego convocar a elecciones.

En 1978, con todos los pronósticos en contra, con la mayoría de los principales jefes militares y policiales dirigiendo parte de campaña electoral balaguerista, con sus subalternos exhibiendo en los cañones de sus fusiles o ametralladoras la bandera “colorá,” del Partido Reformista (PR), Guzmán Fernández ganó los comicios para bien de todos, incluyendo a quienes querían asesinarlo, antes y después de las elecciones.

Su frase de “Borrón y cuenta nueva”, unió al país. Dejó atrás todos los odios acumulados entre unos y otros. Los militares y policías, orientados por políticos opuestos al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), intentaron matar al Presidente Guzmán Fernández, como fue el caso de Constanza, donde le derrumbaron pedregones cuando su caravana presidencial transitaba por la parte baja de la carretera, pero posteriormente terminaron llorando la muerte de su comandante en jefe.

Todo parece indicar que los soldados se dieron cuenta que el Presidente que los anti-demócratas les ordenaban matar, no era su enemigo y al llegar al segundo año de gobierno todo cambió.

Los soldados (guardias y policías), descubrieron que Guzmán Fernández, un hacendado que no necesitaba el Estado para cubrir sus gastos, era una figura sin ambición de poder económico, que su único compromiso estaba con la democracia, con el respeto a los derechos humanos, la no persecución política, la libertad de todos los detenidos por asuntos políticos o el retorno de los exiliados, cambiaron su estrategia hasta llegar al extremo de posteriormente promover su reelección, que también rechazó, asegurándoles que el gobierno del PRD les garantizaría sus estatus.

Pero la presión para que el gigante buscara su reelección no fue sólo de parte de los militares, desde rasos hasta generales, sino de la mayoría de la tendencia del Presidente Guzmán Fernández, que sospechaba que un gobierno de Salvador Jorge Blanco acabaría con esa organización. Trataron de convencerlo para que aceptara ser repostulado, pero no fue posible.

Don Antonio mantuvo su postura de que cuatro años eran suficientes para él unir al país. ¡Y así fue! Fue un gobierno verdaderamente democrático. Los militares, policías y civiles volvieron a relacionarse. ¡El país volvió a ser para todos!

La presión de los militares o policías para que Guzmán Fernández aceptara aspirar a la reelección, se incrementó luego de que en los primeros discursos del doctor Salvador Jorge Blanco, elegido precandidato presidencial para las elecciones de 1982 y ya escogido para la Presidencia del país, el aspirante aumentó las advertencias de sometimiento a la Justicia del Presidente u otros de sus colaboradores más cercanos.

Guzmán Fernández vendió una de sus fincas, cuando ocupó la Presidencia del país, para completar salarios de la empleomanía del Estado, porque la situación encontrada fue muy difícil económicamente, y luego de concluido su mandato, adestiempo, no aparecieron los corruptos. Guzmán Fernández mejoró la economía, además de restablecer la paz. Hipólito Mejía, como secretario de Agricultura de ese gobierno, con el total respaldo del Presidente, introdujo cambios positivos en ese sector, aplicando programas a favor de los medianos y pequeños productores.

Pero los miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional tenían razón de estar preocupados, porque Jorge Blanco, ya en el poder, inició la destitución de millares de soldados, desde rasos hasta generales, bajo el supuesto de que eran guzmanistas.

Jorge Blanco dirigió el poder apoyado por los llamados “Manos limpias”, de una agrupación llamada Avanzada Electoral, un movimiento de extra-partidos, compuesto por intelectuales, profesionales y empresarios. La mayoría de la tendencia de Jorge Blanco, dentro del PRD, se opuso a la anunciada persecución en contra de los guzmanistas, alegando que ésta dividiría la entidad y que eso provocaría la inminente derrota en las elecciones de 1986. ¡Como sucedió!

Guzmán Fernández parece que creyó, en principio, que las amenazas de su sometimiento a la Justicia de parte de Jorge Blanco, eran de campaña electoral. Luego de la victoria de Jorge Blanco, las amenazas fueron tomadas en serio por Guzmán Fernández y sus seguidores. El Presidente electo y sus seguidores, especialmente los Manos limpias, hablaban de una lista de personas para ser sometidas a la Justicia.

El Presidente Guzmán Fernández, un hombre honesto y entregado al servicio de la patria, faltando menos de dos meses para el traspaso de mando se suicidó. Los seguidores de Guzmán Fernández y el vicepresidente Jacobo Majluta estuvieron a su lado hasta el día que fue sepultado.

No hay ninguna duda de que alejamiento del Palacio Nacional del líder del PRD, doctor José Francisco Peña Gómez, quien alegaba que ahí había un “bacá”, le provocó una “herida” al alma del Presidente Guzmán Fernández. Estamos seguros de que se llevó a la tumba la idea de que fue traicionado por Peña Gómez.

Pero antes, faltando tres meses para las elecciones de 1982, Guzmán Fernández no hizo caso a las amenazas de Jorge Blanco y convocó, de urgencia, a una reunión en la casa del general retirado Rodríguez Méndez, en Gurabo.

Esa reunión fue en Febrero de 1982, en la parte trasera de esa residencia, sin prensa y sin militares. Los únicos periodistas presentes en esa reunión, porque eran del entorno del Presidente de la República, fueron Pappy Pérez, Ricardo Rodríguez Rosa y quien escribe.

En esa reunión estaban presentes Ambiórix Díaz Estrella, Marcos Martínez, Sabás Burgos, Claudio Cabrera Espaillat (Pepe), el síndico Víctor Méndez y otros. También, uno o dos representantes de casi todas las provincias del país y el Distrito Nacional. Ahí, el Presidente Guzmán Fernández informó que, de acuerdo a todas las informaciones que tiene el gobierno, el PRD con su candidato presidencial, doctor Salvador Jorge Blanco, perderá las elecciones de Joaquín Balaguer.

Los “Manos limpias” tenían una campaña en contra del gobierno de Guzmán Fernández, al cual no solamente acusaban de corrupto, sino de que éste estaba apoyando a Balaguer en contra de Jorge Blanco. ¡En esta parte, los jorgeblanquistas tenían la razón!

Lo que estaba sucediendo era que los seguidores de Guzmán Fernández, sin la autorización de éste, en respuesta a las acusaciones en contra de su Presidente, a quien respetaban como su padre, se “sentaron” en todo el país negándose a hacer campaña por Jorge Blanco.

Esa situación se convirtió en un “caos”, porque la casi totalidad de jefes militares y policiales aprovecharon el problema para presionar a Guzmán Fernández para que se repostulara. ¡Las elecciones estaban perdidas en 1982!

Guzmán Fernández estuvo sentado casi todo el tiempo en la reunión donde el general Rodríguez Méndez, escuchando las quejas de sus seguidores y sobre la postura de los Manos limpias del jorgeblanquismo. El Presidente les ordenó a Ambiórix Díaz Estrella y Víctor Méndez resolver al día siguiente una serie de recomendaciones a favor de seguidores suyos, lo que se hizo.

Cuando al Presidente Guzmán Fernández le tocó el turno para hablar en la reunión, solicitó a los presentes trabajar por la victoria de Jorge Blanco para que el PRD pueda seguir en el poder y continuar la democracia, pase lo que pase, pero los miembros de su tendencia se mantuvieron en silencio en actitud de rechazo a su petición.

Muy incómodo, el Presidente volvió a solicitar el respaldo a favor del candidato presidencial Jorge Blanco, pero esta vez lo hizo con un puñetazo en la mesa que produjo que los miembros de su seguridad, que estaban en la casa del general Rodríguez Méndez (en la parte delantera), entraran de repente empujando a todos los que estaban en el camino, para observar qué le estaba sucediendo al jefe de Estado.

El Presidente les solicitó volver a la casa del general Rodríguez Méndez. La reunión fue en un gran patio de la parte trasera. “Todo está en calma,” les dijo el Presidente a los soldados, pero los militares y policías se negaron a dejarlo sin seguridad, aunque era su equipo de su confianza. No hubo forma de convencer a los militares y policías que abandonaran la actividad política. Prefirieron correr el riesgo de que si Jorge Blanco ganaba las elecciones los destituyera, como ocurrió en contra de la mayoría.

Alguien le pasó una botella de agua a Guzmán Fernández. Ya, más calmado, el Presidente volvió a motivar su petición, llamando mis hijos a los presentes, lo que varió todo el panorama. Todos los presentes se comprometieron a trabajar por Jorge Blanco. De unas elecciones perdidas tres meses antes, Jorge Blanco pasó a derrotar a Joaquín Balaguer con el apoyo de los guzmanistas y los jacobistas.

¡Pero Jorge Blanco no varió el discurso de encarcelar a Guzmán Fernández! Faltando unos dos meses para Guzmán Fernández entregarle al mando a Jorge Blanco, el vicepresidente de la Republica, Jacobo Majluta, convocó a una reunión a su entorno, en su nueva residencia (en el Distrito Nacional), para analizar la postura que se debería tomar cuando se produjera el cambio de gobierno. La reunión estaba pautada para las 4:00 de la tarde, pero se inició casi a las 7:00 de la noche.

¡Éramos unas 45 personas! Estaban Stormy Reynoso, Marcos Martínez, Miguel Tallaj, Antonio Taveras, de Tamboril, Andrés Vanderhorst, los hermanos Bocho y José Núñez, u otros que no recordamos. Quien escribe era el encargado de Prensa de Majluta en el Cibao y Marcos Martínez el coordinador general de promoción política en la zona, además de otras responsabilidades de dirección.

Jacobo pidió excusa y de inmediato dijo: “Estoy muy preocupado. Me pasé parte de la tarde hablando con el Presidente, pero parece que el viejo le está dando mucha importancia a las amenazas de Salvador”.

Y agregó: “Vi tres botellitas de ron vacías en una esquina cerca de su escritorio. El viejo se tira sus petacazos, porque manejar la Presidencia no es fácil, pero nunca lo vi tomando tanto. No sé si se tomó las tres botellitas en uno o varios días”.

La información de Majluta cambió el escenario. ¡La tristeza se apoderó del sentimiento de los presentes! La postura del vicepresidente en defensa de Guzmán Fernández, también tuvo su costo. En 1986, Majluta derrotó a Joaquín Balaguer, pero Salvador, presionado por las Manos limpias, impidió su victoria disponiendo la ocupación, de parte de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, de la Junta Central Electoral (JCE). Así Balaguer retornaba de nuevo al poder, para ocupar la Presidencia por otros 10 años más.

La democracia, que todavía recordaba la muerte de su querido Presidente (Guzmán Fernández), volvía a ser golpeada con otro “juntazo”, peor que el de 1978, porque en el primero Balaguer aceptó salir del poder, a cambio de que se le sumaran unos legisladores, que no ganó, así como síndicos reformistas que tampoco triunfaron, pero que fueron juramentados como ganadores. En el juntazo de Salvador casi todo el PRD, exceptuando mínimas cantidades de legisladores y autoridades municipales electas, quedó fuera del poder.

Para darle más fuerza al despojo electoral, el gobierno de Jorge Blanco creó una Comisión de Honorables, que ratificó la supuesta derrota de Majluta favoreciendo a Balaguer. Luego, Balaguer en el poder, en el mismo 1986, sometió a la Justicia a Jorge Blanco por supuestos robos en el Estado y condenado a 20 años de prisión. Murió como preso domiciliario y sin recursos económicos para pagar su defensa y otros gastos.

Enfermo y condenado a 20 años de prisión, el grupo de los llamados Manos limpias, porque no fue toda la Avanzada Electoral, no apoyó a Jorge Blanco en sus momentos más difíciles. Ese mismo grupo tuvo mucho que ver con la llamada poblada de 1984.

Lo lamentable es que Jorge Blanco murió sin dinero, teniendo que vender algunos pedacitos de terrenos que había recibido como abogado (antes de ser Presidente de la República), para poder cubrir sus gastos médicos u otros. La paradoja es que Salvador Jorge Blanco falleció pobre, no le robó al Estado, pero pagó sus malas acciones en contra del país.

¡Gracias por leernos!
Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 14 junio 2026.-

«El perdón pertenece a una economía del don que excede las fronteras de la justicia humana, sin por ello anular su necesidad, sino revelando su límite más hondo» Paul Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido (2004, p. 615).

El tránsito de un pontífice por una urbe contemporánea suele interpretarse bajo las categorías habituales de la geopolítica, el espectáculo de masas o la mera inercia institucional de un rito secular. Sin embargo, la jornada protagonizada por León XIV en Barcelona el 10 de junio de 2026 ofrece una constelación de acontecimientos que desborda cualquier intento de reducción sociológica elemental. Al recorrer en un solo día el subsuelo del dolor humano en la prisión de Brians 1, la mística intemporal de la abadía de Montserrat, el corazón vulnerable del Raval en la parroquia de Sant Agustí y, finalmente, la coronación arquitectónica de la Sagrada Familia, el obispo de Roma dibujó una parábola geográfica que interroga directamente las estructuras del sentido de nuestra época. Esta trayectoria, lejos de constituir un itinerario aleatorio, se revela como un mapa conceptual donde la piedra, el cautiverio, la devoción y el poder se entrelazan para confrontar las contradicciones de la condición humana en los albores del siglo XXI.

Semejante paradoja espacial cobra una fuerza inusitada al contemplar el punto de partida de este recorrido. El descenso del pontífice a los pasillos del centro penitenciario de Brians 1 sitúa el pensamiento frente a la dolorosa realidad de la exclusión y el castigo en las sociedades avanzadas. El relato periodístico de la mañana (RTVE, 2026) da cuenta de un encuentro de una tremenda carga emocional, donde la voz de internas como Josefina y Montse sacó a la luz el desgarro de la soledad y la culpa. En la gran obra del pensador francés Michel Foucault, Vigilar y castigar, se desvela con precisión quirúrgica cómo el dispositivo carcelario moderno opera como una máquina que petrifica al individuo en su desviación, consolidando su estigma antes que posibilitar su redención (Foucault, 1975, p. 268).

Frente a esta inercia sistémica que clausura el porvenir del condenado, la declaración de León XIV al afirmar que «el pasado no condena el futuro» y que la esencia humana reside en la capacidad de enmendarse y reconciliarse adquiere un carácter verdaderamente subversivo. No se trata de un simple optimismo terapéutico, sino de una rotunda propuesta ontológica. Al proclamar que la existencia de cada recluso sigue abierta a la transformación, el Papa contrapone la lógica de la gracia y la esperanza teológica al determinismo sociológico que la arquitectura carcelaria pretende grabar en la carne de los custodiados.

Este reconocimiento del otro en su condición de vulnerabilidad absoluta evoca de inmediato el pensamiento del filósofo Emmanuel Levinas. En su obra fundamental Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad, Levinas (1977, p. 215) argumenta que la mirada del prójimo deshace nuestra autocomplacencia y exige de nosotros una responsabilidad infinita que precede a cualquier contrato social. Durante el encuentro en Brians 1, al sostener que cada persona es depositaria de un anhelo de superación que trasciende sus peores errores, el pontífice encarnó esa ética de la alteridad radical. La prisión, concebida originalmente para invisibilizar el fracaso de nuestra organización social, se transformó momentáneamente en el escenario de una epifanía ética donde el desposeído recupera la palabra frente al poder. Aquella escena, ampliamente difundida por la prensa (El País, 2026), sitúa al espectador contemporáneo ante una incómoda pregunta sobre la naturaleza de la justicia distributiva y los límites éticos de la privación de la libertad en nuestras democracias formales.

Esta singularidad de la presencia eclesial en los confines del castigo invita a examinar un fenómeno teológico e histórico de indudable relevancia que suele pasar desapercibido en los análisis sociológicos habituales. En el tejido de las prisiones contemporáneas occidentales, la Iglesia católica y ciertas denominaciones cristianas de carácter voluntario destacan de manera casi exclusiva en el ejercicio continuado del acompañamiento, el consuelo y la asistencia espiritual directa a los reclusos. Esta persistencia pastoral contrasta con la práctica de otras grandes tradiciones monoteístas, como el judaísmo o el islam, cuyas estructuras comunitarias no priorizan la pastoral carcelaria como un eje de su acción exterior. Mientras que el judaísmo articula su dimensión ética y social a través de la Tzedaká, entendiéndola como un acto de justicia cósmica y social enfocado prioritariamente en el sostenimiento y la preservación del pacto comunitario, el islam canaliza su acción benéfica mediante el Zakat, un pilar de cohesión orientado de forma primordial hacia el interior de la Ummah y la pureza ritual de sus miembros.

Ninguna de las precitadas teologías del deber social contempla la institución penitenciaria secularizada, ajena a su jurisdicción religiosa, como el destino natural de su entrega caritativa. En cambio, el cristianismo descansa sobre la paradoja de la encarnación y el mandato explícito del juicio final esbozado en los evangelios, donde la figura de Dios se asimila directamente a la del cautivo. El cardenal y teólogo Walter Kasper (2012, p. 143) subraya esta veta del pensamiento cristiano al señalar que «la misericordia de Dios no constituye una noción teórica abstracta, sino una praxis viva y desbordante que busca activamente al ser humano en su extravío para devolverle su condición filial». Es este imperativo existencial de encontrar al propio Cristo sufriente tras las rejas lo que fundamenta una vocación de consolación y presencia que las otras tradiciones, estructuradas sobre la ley, la pertenencia identitaria o la justicia contractual, no necesitan ni pretenden desplegar en los sótanos del Estado laico.

Esta asimilación de la divinidad al desamparo del cautivo encuentra su fundamentación teológica más radical en la obra del gran pensador suizo Hans Urs von Balthasar. En su célebre tratado Solo el amor es digno de fe, Balthasar (1995, p. 74) desentraña este misterio de la absoluta solidaridad divina y afirma de forma elocuente que «el amor de Dios se revela precisamente allí donde desciende a lo más bajo, a la oscuridad de nuestra noche, transformando el abismo de la perdición en el espacio de su encuentro amoroso». La visita de León XIV al pabellón de Brians 1 no representa entonces una mera visita de cortesía diplomática ni una condescendencia institucional, sino la actualización de esta audaz teología del descenso. Al adentrarse en la noche del confinamiento, la Iglesia testifica que la gracia no opera desde una distancia segura, sino que asume la intemperie del alma atrapada en las redes de la culpa para abrir un horizonte donde la justicia humana ha decretado el fin del camino.

Desde el foso de la reclusión, el itinerario papal ascendió de manera casi dramática hacia las cumbres rocosas de la montaña de Montserrat. Este desplazamiento desde la llanura penitenciaria hasta el macizo catalán posee una innegable carga simbólica que conecta con las más antiguas tradiciones de la ascensión mística. La acogida de la comunidad benedictina y el canto de El Virolai por parte de la Escolania (La Vanguardia, 2026) crearon una atmósfera donde el silencio y la plegaria comunitaria parecieron suspender por unas horas el ruido de la actualidad política. En Confesiones, San Agustín (1983, p. 342) expresaba su desasosiego ante la inclinación de los hombres a maravillarse ante la inmensidad de las cumbres montañosas descuidando la exploración del propio templo interior. Sin embargo, el encuentro en el monasterio no propuso una evasión estetizante del mundo, sino una concentración de fuerzas espirituales. Al referirse a Montserrat como un «testigo de siglos de fe, sacrificio y esperanza», León XIV vinculó la resistencia de la roca con la perseverancia del espíritu ante las tormentas de la historia, sugiriendo que la verdadera trascendencia no consiste en huir de la realidad mundana, sino en contemplarla desde una altura que devuelva la proporción a nuestros afanes diarios.

La dialéctica entre la cumbre y el llano se encarnó por la tarde en las calles del Raval barcelonés. Al cruzar el umbral de la parroquia de Sant Agustí para reunirse con casi un centenar de entidades asistenciales de inspiración cristiana, el obispo de Roma recolocó la compasión en el centro del espacio público urbano (Vozpópuli, 2026). La presencia allí del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y del cardenal arzobispo Juan José Omella ejemplifica la inevitable convergencia entre la responsabilidad civil y la vocación caritativa de la Iglesia. En este espacio, donde Càritas, Obinso y las Adoratrices expusieron los rostros de la nueva marginación metropolitana —desde las adicciones hasta la explotación de mujeres—, la acción eclesial se desmarcó de la mera beneficencia burocrática para configurarse como un acto de resistencia ética. No resulta ocioso recordar que la verdadera solidaridad, desde una perspectiva teológica rigurosa, no se limita a paliar las consecuencias del desorden social, sino que asume el dolor ajeno como una interpelación directa a las estructuras que generan dicha exclusión.

Finalmente, el día culminó bajo las imponentes bóvedas de la Sagrada Familia, coincidiendo con una efeméride preñada de significado: el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, acontecida el 10 de junio de 1926. Frente a las más altas autoridades del Estado, encabezadas por los Reyes de España y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (Infobae, 2026), el pontífice presidió una misa multitudinaria y procedió a bendecir la recién culminada Torre de Jesucristo, la estructura central que corona definitivamente el perfil de la basílica. En su célebre tratado El espíritu de la liturgia, Romano Guardini (2006, p. 58) esclarecía que la verdadera acción litúrgica no se rige por los criterios pragmáticos de la utilidad mercantil, sino por la gratuidad y la belleza contemplativa que abren un resquicio de eternidad en el tiempo histórico.

Esta primacía de la belleza como un umbral sagrado e imprescindible para acceder a la verdad y al bien constituye, precisamente, el pilar central de la monumental propuesta teológica de Hans Urs von Balthasar. En el primer volumen de su obra cumbre Gloria: una estética teológica, el pensador suizo censura la frivolidad de una modernidad desmitificadora que ha pretendido desterrar lo estético de la experiencia de lo sagrado, sentenciando con lucidez que «quien se ríe de su nombre como si fuera el juguete de un pasado burgués, de ese podemos estar seguros de que —en secreto o abiertamente— ya no es capaz de rezar y, pronto, tampoco de amar» (Balthasar, 1985, p. 22). El templo de Gaudí, con su despliegue de columnas arborescentes que imitan la organicidad de la naturaleza, se erige como una transposición física de esta teología estética, donde la materia esculpida no se limita a decorar el misterio, sino que se convierte en su epifanía formal. La inauguración de la torre más alta del conjunto monumental se presenta así como un audaz manifiesto estético y espiritual: en una época marcada por el aplanamiento de los horizontes trascendentes y el imperio de lo efímero, la elevación de esta mole de piedra hacia el cielo de Barcelona se empeña en recordar la persistencia de una sed de infinito que el asfalto no ha logrado aplacar.

Contemplada en su conjunto, la jornada barcelonesa de León XIV deshace la dicotomía que con tanta frecuencia separa el compromiso social de la búsqueda contemplativa de la belleza. La misma mano que se extendió para consolar a los reclusos en el pabellón de Brians 1 se alzó horas después para bendecir la cruz que remata el cielo de la metrópoli. Existe una coherencia profunda en este vaivén que va de la fosa al pináculo. La piedra de desecho de la sociedad, representada por los excluidos del Raval y los muros de la prisión, encuentra su correspondencia mística en la piedra angular del templo de Gaudí, que busca desesperadamente el abrazo de la luz. Ambas realidades son caras de una misma moneda teológica que desafía la soberbia de una modernidad que pretendía haberse emancipado de toda herida y de toda búsqueda de salvación.

El viaje terrenal de un pontífice concluye, las crónicas periodísticas se archivan y las luces de la imponente basílica terminan por apagarse. No obstante, la fractura existencial que esta jornada ha puesto al descubierto permanece completamente abierta, interpelando nuestro cómodo letargo cotidiano. Si la verdadera belleza y el sentido último de una civilización se miden por su capacidad de albergar tanto la luz de sus catedrales como el dolor de sus mazmorras, no podemos evitar que una honda inquietud sacuda nuestras certezas más arraigadas al apagar la lectura de estas páginas. ¿Es acaso la altísima e imponente piedra de la Sagrada Familia el auténtico eje que sostiene la esperanza de nuestra época, o reside ésta más bien en el temblor de una mano tendida en la penumbra de una celda de Brians 1? ¿No será que la verdadera trascendencia a la que aspira el ser humano contemporáneo no se revela en la simetría perfecta de los templos de piedra, sino en la asimetría sobrecogedora de mirar a los ojos a quien la sociedad ha decidido desterrar de su memoria?

Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

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Vozpópuli. (10 de junio de 2026). El papa León XIV en Barcelona, en directo: visita a presos, a Montserrat y misa en la Sagrada Familia. https://www.vozpopuli.com/espana/el-papa-leon-xiv-en-barcelona-en-directo-visita-a-presos-a-montserrat-y-misa-en-la-sagrada-familia.html