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lunes, 19 de enero de 2026

 

Por Oscar López Reyes
Diario Azua / 19 enero 2025.-

La presencia de gais, lesbianas, bisexuales, intersexuales, transgéneros, pangéneros, asexuales y otras categorías no binarias (LGBTQIA+) en la imitativa televisión y en su orgullosa caravana anual, columpiando un lenguaje pornográfico y gestos alegres con efectos visuales camaleónicos, ha dimanado en un espectáculo de risas, confirmatorio de que integrantes de esa comunidad no acaban por controlar sus desparpajos.

La inobservancia y los desacatos confusionistas son tan impertinentes en la irreverencia que la lésbica Alicia Anabel Santos Díaz llegó a la osadía de alterar las letras del Himno Nacional con el texto titulado “Pájaros, Lesbianas y Queers ¡A volar!”, que puso en circulación en la Ciudad Colonial. Fue arrestada y el 2 de enero de 2026 condenada con una medida de coerción: presentación periódica, por el Juzgado de Paz de la Primera Circunscripción del Distrito Nacional, en atención a una denuncia elevada por el Instituto Duartiano y la Comisión Permanente de Efemérides Patrias.

Los derechos humanos y sexuales no se reivindican respingando fastidiosamente contra los símbolos de la patria y los analíticos desaprobatorios, ni con la desfachatez de los guiños y pitillos, las lentejuelas, encajes y escotes, pañuelos anudados al cuello, pintalabios, pantalones provocativos y otros looks de la línea masculina.

Esas excentricidades indica que estamos frente a ciudadanos con serios desarreglos emocionales y conductuales, un desencadenamiento de la interacción de predisposiciones genéticas, hormonales y macroambientales, que ameritan un tratamiento profesional; persuasión y consideración de sus semejantes.

Para que sean respetados, como se merecen en virtud de su condición de seres humanos, ellos tienen que moderarse y canalizar sus reclamos por otra pasarela que no provoque burlas; buscar ayudas espirituales del clero y de pastores, y no imitar las inaceptables pruebas del exembajador de Estados Unidos, James “Willy” Brewster (14 de noviembre de 2013 a 20 de enero de 2017), quien junto a “su marido” se ponía a la vista de alumnos de escuelas y en el 2025 tuvo el atrevimiento de “casar” a miembros de su convivencia.

La diferencia olfatea sin sutileza. Médicos, abogados, arquitectos y profesionales de otras áreas son reservados, muestran modales ejemplares, pertenecen a grupos ecuménicos y confiesan que le hubiera gustado tener una familia y no estar sometidos a los vaivenes de la segregación. Un galeno testificó que estudió su carrera luego que se retirara de la casa de formación inicial o etapa propedéutica, disgustado por asuntos nocturnos que no quiso revelar.

Otros hacen ver sus portes y ademanes con finuras. “El profesor no me trata como una dama” y “Hoy no estoy en condiciones de tomar el examen, porque me siento tan indispuesta que creo que estoy embarazada”, expresaron con seriedad dos estudiantes, mientras que otro desafió a su profesor y asistió –arropado con indumentarias de mujer- a una actividad a la cual no fue invitado, porque se resistía a vestir como indica el protocolo de eventos de instituciones oficiales y privadas.

En 1952, el comportamiento de los grupos de minorías sexuales fue definido por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) como un “trastorno sociopático de la personalidad”, y en el siglo XXI varió la patologización de la homosexualidad: no la encaja como una enfermedad psiquiátrica, “sino simplemente como una identidad de género”, rebosante de angustia.

Influenciada ahora por la Asociación de Psiquiatras Gays y Lesbianas (AGLP o LGBTQ) y otros grupos satélites, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) despatologizó la homosexualidad y la recategorizó como normal en la diversidad de variables biológicas, cognitivas y ambientales (crianza en el primer y tercer año de existencia terrenal o traumas, como violaciones), y señaló que el agente primario de riesgo para la disfunción de la salud mental en personas LGBTQ+ radica en el discrimen social, el oprobio y el rechazo.

Al margen de estos factores, tenemos que subrayar que caerle a trompadas o patadas, dar una golpiza, descuartizar o calcinar a homosexuales se patentiza como hechos abominables. Estos tienen derecho a la vida, y a que se les respete y respalde en sus estudios. Varios se han graduado con honores.

Favorece espiritualmente evitar el pánico gay o la homofobia, y cuando marchan lesbianas, afeminados, bisexuales y transgéneros no hacer como el Ángel de los Solteros de Puerto Rico, que hace unos años atacó físicamente y mató a seis estos.

Más que incitar a la violencia, tenemos que promover el amor y la paz, y guiarnos, y a la vez desechar, términos de la Biblia. Existe un número reducido de textos que han sido interpretados –sobre todo en la teología conservadora- como un pecado grave sobre la relación carnal de personas del mismo sexo, porque la palabra homosexual no aparece en la Biblia original. Tampoco figura “Maricón” (adjetivo despectivo) y mucho menos Gay, un anglicismo (inglés) proveniente del francés gai (alegre o vivaz) y castellanizada como adjetivo y sustantivo gái, no géi.

Citemos dos versículos del Antiguo Testamento, que son una prohibición a las prácticas homosexuales: "No te acostarás con un hombre como si te acostaras con una mujer" (Levítico 18:22), y "Si alguien se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenará a muerte a los dos, y serán responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame." (Levítico 20:13).

Y el Nuevo Testamento señala, en génesis 1:27, que Dios creó al ser humano “Varón y Hembra”. “Por eso, Dios los ha abandonado a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza; y, de la misma manera, los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos por los otros. Hombres con hombres cometen actos vergonzosos y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión. Estos serán castigados como Reyes por el resto de la eternidad” (Romanos 1,26-27).

Además de ir contra la naturaleza, es horrible observar a dos hombres llenos de barbas besarse delante de un niño que han adoptado. El derecho se ha ido tan lejos que se está torciendo.

Por consiguiente, no podemos ver con buenos ojos la tendencia que se está imponiendo en distintos países de aceptar los matrimonios gái, y menos que el sospechoso Tribunal Constitucional dominicano emitiera (noviembre de 2025) una sentencia para eliminar la prohibición del sexo gái en las Fuerzas Armadas y la Policía, y que el exembajador estadounidense James “Willy” Brewster no se haya conformado con bañarse -cada sábado en la noche- con su “esposo” y directivos de la asociación dominicana LGBTQ+ en la piscina de la legación diplomática, y que se haya abrogado la ilegal atribución de “casar” a una pareja de “esposos”.

Lastimosamente, crece la población de personas (ronda el 5%), particularmente jóvenes de las hiperconectadas generaciones Z, Millennials y Alfa, que se autoidentifican con la orientación opuesta a su sexo biológico, saliendo del clóset con una espantosa visibilidad y un lenguaje que atropella el idioma español: “elle”. Todas estas distorsiones generacionales, que cada vez gozan de más aceptación, atentan contra los valores tradicionales de la familia y de la sociedad, que con esa tendencia serían destruidas como Sodoma y Gomorra.

El autor: expresidente Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), vicepresidente de Asoc. Escuelas de Comunicación Social (AdecomRD), presidente Asoc. de Profesionales de Relaciones Públicas (Asodoprep) y columnista de decenas de digitales.

domingo, 18 de enero de 2026

 

Por Alfredo Cruz Polanco
Diario Azua / 18 enero 2026.-

Los políticos dominicanos, sobre todo, los que aspiran a la presidencia de la República, en vez de realizar su campaña política a base del clientelismo, canonjías, de la malversación de los recursos y de promesas que nunca van a poder cumplir, debieran preocuparse por conocer de geopolítica y dominar, además de la nacional, la agenda internacional, que cada vez se torna más compleja, por los constantes acontecimientos políticos y económicos que se producen cada día en el nuevo orden mundial.

Deben también, cultivar unas excelentes relaciones internacionales con líderes políticos, con instituciones y organismos de prestigio internacional, tanto económicos, políticos, sociales y culturales, de los diferentes países del mundo, tal como lo hizo durante toda su vida, como líder político y como escritor de fama internacional, el profesor Juan Bosch, el Dr. José Francisco Peña Gómez y como lo ha hecho durante toda su carrera política, el Dr. Leonel Fernández Reyna.

Juan Bosch fue un político actualizado, un estudioso y analista de todos los acontecimientos económicos, políticos y sociales que ocurrían en el mundo y por sus buenas relaciones cultivadas con los grandes líderes políticos, escritores y con personas ligadas a las bellas artes de toda América, el Cribe y del mundo, por ejemplo, Luis Muñoz Marín de Puerto Rico, Don Jose (Pepe) Figueres, Costa Rica; Nicolás Guillén, Cuba; Regie Debray, Francia; Miguel Otero Silfa, Venezuela; Pablo Neruda, Chile; Gabriel García Márquez, Colombia; Ho Chi Minh, Vietnam; Chiang Kaishek, China; Agostinho Neto, África, Pablo Casal, España, entre otros tantos.

Cuando fue electo presidente de la República, el 20 de diciembre de 1962, con casi el 60% de los votos emitidos, inmediatamente, durante la transición, sentó un precedente en el país, al ser el primer presidente electo constitucionalmente, que inicia un periplo por diferentes países del mundo, gestionando con sus respwctivos mandatarios, préstamos y ayudas, relaciones comerciales y diplomáticas para el país.

En ese sentido, visitó al Presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy en la Casa Blanca; al Presidente de México, Adolfo López Mateos, al Presidente de Francia, Charles De Gaulle, al de Italia, Antonio Segni, al Canciller y jefe del gobierno de Alemania, Konrad Adenauer, al de Inglaterra, Harold Mcmillan. La mayoría de ellos lo recibió con todos los honores de un Jefe de Estado.

El Dr. Jose Francisco Peña Gómez, siempre se distinguió por sus excelentes relaciones con los principales líderes políticos, presidentes y cancilleres de Europa y de la Internacional Socialista, como Helmut Schmidt y Willie Brandt, de Alemania; Adolfo Suarez y Felipe Gonzalez, España, François Mitterrand, de Francia, Olod Palme, de Suecia; entre otros.

En cuanto al ex presidente Leonel Fernández, independientemente de cualquier diferencia política, personal o profesional que se tenga con él, despojado y libre de mezquindades y de pasiones políticas, hay que reconocer que ha sido el líder político dominicano que más ha cultivado, aportado y que más ha proyectado a nuestro país en materia de relaciones internacionales y a la diplomacia en el siglo XXI, fruto de su constante mediación en la solución de grandes crisis y conflictos internacionales, que han evitado guerras y derramamientos de sangre entre países hermanos.

Además, por su constante participación, celebración y coirdinacion de importantes eventos, cumbres, foros, conferencias, congresos, asambleas, diálogos entre presidentes de diferentes países y organismos de integración, tanto en nuestro país como en otras latitudes, así como por su capacidad de poder insertar a nuestro país a órganos internacionales de integración, como es el Parlamento Centroamericano, Parlacen.

Entre esas cumbres, podemos citar la del Grupo de Río, celebrada en nuestro país en el año 2008, la cual logró restablecer la paz entre los presidentes de Venezuela Hugo Chávez, Rafael Correa, de Ecuador y el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, los cuales estaban enfrentados en un conflicto Internacional; la cumbre de Presidentes por la Unidad de los Países de América Latina y el Caribe, celebrada en Cancún, México, en la cual el ex Presidente Fernández brilló por la excelente coordinación de la misma, demostrando su liderazgo internacional, ganándose el respeto y la admiración de los mandatarios participantes.

Igual ocurrio, con la crisis generada en honduras, a raíz del golpe de Estado al presidente Manuel Zelaya, con cuya mediación logró traerlo a nuestro país en calidad de asilado político.Todo lo contrario ocurrió con el Presidente Luis Abinader, en cuya gestión fracasó la celebración de la Cumbre de Las Américas, el año.pasado, por carecer del liderazgo internacional.

A raiz de la intervención armada de los Estados Unidos a Venezuela y fruto del secuestro del presidente Nicolás Maduro y sus esposa, el ex presidente Fernández ha sido víctima de una campaña vil de ataques y de acusaciones mal infundadas, llevada a cabo por políticos que desconocen e ignoran, cuál debe ser el papel de un verdadero líder político, sobre el conocimiento y el cultivo de las relaciones internacionales del país que pretende dirigir.

El único pretexto malsano utilizado para criticar y tratar de difamar la prestogiosa figura internacional del Dr. Fernandez, es acusarlo de mantener vínculos políticos con el depuesto Presidente, Nicolás Maduro, por el simple hecho de haber participado como observador de las Elecciones Presidenciales de Venezuela, atendiendo la solicitud que le hiciera la Ong Centro Carter, de prestigio mundial, dedicada a la lucha por los derechos humanos y la salud.

Pero dicha campaña responde, más bien, a la gran preocupación que existe en el partido de gobierno (PRM), al observar que ya el ex Presidente Leonel Fernández se perfila como el seguro próximo presidente de la República Dominicana para el año 2028. Pero, lamentablemente, "difama el que puede, no el que quiere".

Gracias al esfuerzo, participación, mediación e insistencia del ex presidente Fernández, la República Dominicana rompió con el aislamiento internacional en que se encontraba por muchos años, que por todos sus aportes a la diplomacia; a su mediación, contribución a la solución de grandes conflictos y a sus excelentes relaciones internacionales, hoy lo colocan como el mandatario que más ha contribuido al fortalecimiento de las relaciones internacionales y el que más ha proyectado a su país, por lo que la República Dominicana ha sido reconocida como la "Capital de la Paz de Latinoamérica", por propiciar el dialogo y la concertación en los momentos de grandes dificultades entre países amigos.

 

Por Dr. Amín Cruz
Analista internacional y comunicador
Diario Azua / 18 enero 2026.-

La diplomacia, uno de los instrumentos más antiguos y determinantes de la convivencia internacional, atraviesa en la actualidad una transformación profunda que evidencia la pérdida de su liderazgo tradicional y su progresiva adaptación a un escenario global caracterizado por la digitalización acelerada, la multipolaridad del poder y la crisis de los consensos multilaterales.

“La diplomacia es el arte de decir lo más desagradable de la manera más agradable”, afirmaba Sir Isaac Newton. Sin embargo, en pleno siglo XXI, este arte ha abandonado los salones cerrados, los protocolos rígidos y la discreción clásica para trasladarse a plataformas digitales, redes sociales y espacios de opinión pública global. Como advierte el geopolítico Ignacio Ramonet, la diplomacia contemporánea ha perdido parte de su naturalidad, reemplazando el diálogo pausado por la inmediatez comunicacional y la confrontación mediática.

La diplomacia tiene un origen milenario. Desde los primeros intercambios de mensajeros entre Mesopotamia y Egipto, pasando por el histórico Tratado de Paz de Kadesh (c. 1269 a. C.), hasta su consolidación moderna tras el Tratado de Westfalia (1648) y el Congreso de Viena (1815), ha sido un instrumento clave para prevenir conflictos, proteger intereses nacionales y promover la cooperación internacional.

No obstante, ahora tiene un nuevo paradigma, el mundo contemporáneo ha modificado radicalmente este paradigma. La emergencia de nuevas potencias, el debilitamiento del orden liberal internacional y el impacto de la revolución tecnológica han reducido la capacidad de la diplomacia tradicional para liderar procesos de consenso y estabilidad global.
Estamos en una diplomacia en proceso de reinvención; el surgimiento de un orden internacional multipolar, la irrupción de actores no estatales y la influencia determinante de las tecnologías digitales han debilitado los esquemas clásicos de la diplomacia. Hoy, la política exterior ya no se construye exclusivamente desde cancillerías y embajadas, sino también desde plataformas digitales, donde la imagen, la narrativa y la percepción pública influyen de manera directa en las relaciones internacionales.

A nuestro parecer, Estados Unidos inició este proceso tras la Segunda Guerra Mundial y la creación de las Naciones Unidas; sin embargo, quien lo ha llevado a su máxima expresión es el expresidente Donald Trump, al sustituir los canales diplomáticos tradicionales por declaraciones directas, confrontativas y mediáticas. En este contexto, los diplomáticos del presente y del futuro están llamados a ejercer un liderazgo adaptativo, capaz de responder con agilidad a crisis simultáneas, tensiones geopolíticas y desafíos transnacionales.

Las Naciones Unidas, ONU cada día pierde más fuerza y prestigio y lo está absorbiendo el presidente Donald Trump, quien está dirigiendo el mundo con un estilo nunca visto multipolar, diariamente, cambia la ficha y tiene al mundo en un laberinto, por citar a Gabriel García Márquez, en “Cien años de soledad”.

La diplomacia contemporánea exige un perfil profesional renovado que integre competencias estratégicas acordes con la complejidad del mundo actual, entre ellas:Sensibilidad cultural y mentalidad abierta, ante la coexistencia de potencias tradicionales y actores emergentes.
Dominio tecnológico, incluyendo comunicación estratégica digital, análisis de datos, inteligencia artificial y ciberseguridad.
Empatía, integridad y credibilidad, en un entorno marcado por la desinformación, la polarización y la pérdida de confianza institucional.

En esta nueva realidad, la confianza se ha convertido en el principal capital diplomático, especialmente en una era donde la información circula a gran velocidad y sin filtros.

Las redes sociales han transformado la diplomacia pública en un ejercicio permanente de construcción narrativa. A través del llamado poder blando, los Estados buscan proyectar su identidad, gestionar crisis, influir en la opinión pública internacional y legitimar sus acciones.

No obstante, este escenario también implica riesgos significativos: la propagación de noticias falsas, la manipulación algorítmica, diariamente se difunde en el mundo, por periodistas a sueldos, igual personas, mandatarios, funcionarios y la tentación de reducir la diplomacia a propaganda digital, alejándose de sus valores esenciales y de su función mediadora.

La multipolaridad redefine el tablero internacional. Conflictos como los de Ucrania y Gaza evidencian las limitaciones del sistema internacional para alcanzar acuerdos de paz duraderos. A ello se suman la tensión política en Venezuela, los enfrentamientos discursivos de Donald Trump contra los gobiernos de Colombia, Cuba y Nicaragua, así como los focos de conflicto persistentes en Medio Oriente, que involucran a Irán, Siria y Palestina.

Paralelamente, las confrontaciones estratégicas con China y Corea del Norte, junto a las tensiones comerciales y tecnológicas, profundizan la fragmentación global. En Europa, las controversias generadas por las declaraciones de Trump sobre Groenlandia, los conflictos arancelarios y las crisis socioeconómicas e institucionales ponen a prueba la cohesión de la OTAN y la Unión Europea.

Estados Unidos, por su parte, se aproxima a un período de alta tensión política interna marcado por el proceso electoral, mientras India consolida su protagonismo dentro del bloque BRICS, reflejando el surgimiento de nuevos polos de poder global.

A estos escenarios se añaden desafíos transversales como las guerras híbridas, los flujos migratorios, las protestas sociales, las crisis humanitarias, el cambio climático y el alto costo de la vida, que amplían el campo de acción de la diplomacia más allá de la mera defensa de intereses nacionales.
Un llamado a una diplomacia ética, cooperativa y humanista

Como diplomático digo que la diplomacia del siglo XXI no puede limitarse a la representación estatal ni a la confrontación mediática. Debe construir puentes en tiempos de división, proteger el planeta y defender los derechos humanos. La digitalización ofrece oportunidades inéditas, pero exige responsabilidad ética, transparencia y un firme compromiso con los valores universales.

“La paz no puede mantenerse por la fuerza; solo puede lograrse mediante la comprensión”, recordaba Albert Einstein. Hoy más que nunca, la diplomacia está llamada a recuperar su esencia: fortalecer el diálogo, promover la cooperación y sembrar esperanza, contribuyendo a la construcción de un orden internacional más justo, inclusivo y humano.

Dr. Amín Cruz CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador.

Testigo del tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 18 enero 2026.-

Mientras la prensa esta llena de escándalos de corrupción, el presidente dominicano, Luis Abinader, va a “dar clases de Moral, Cívica y Ética” en una escuela pública. También anunció que su esposa, la primera dama Raquel Arbaje, y su vicepresidenta Raquel Peña, irán a “dar clases” a las escuelas.

Para mi esta es la peor de todas las malas ideas que se le han ocurrido en los últimos cinco años. Se me ocurre hacerle una nota muy personal al president Abinader.

Señor presidente, Ud., y yo tenemos algo muy importante en común, nosotros solo tenemos hijas, no tuvimos varones.

Nuestras hijas comparten una sólida educación, aunque viven en ambientes distintos, y estoy seguro de que Ud., está tan orgulloso de las suyas, como yo de las mías.

Nosotros, y nuestras hijas, recibimos formación educativa sin politización. No es casualidad que ni en los Estados Unidos, ni en la República Dominicana, todos los presidentes antes de Ud., siempre se mantuvieron fuera de las aulas.

El presidente es la principal figura política de la nación, todo lo que toca se politiza, es inevitable. Hay cosas sencillamente inevitables, el rey Midas no pudo evitar convertir en oro todo lo que él tocaba.

Por eso le pido que ,por favor, recapacite sobre su idea de dar clases de “Moral, Cívica y Ética” en nuestras escuelas. Lo acepto como una legítima preocupación suya; también es mía y de todos los dominicanos, pero le ruego que la canalice con Ud. fuera de las aulas.

Ningún político, en ninguna nación, da clases de “moral” en las escuelas por razones muy obvias: los políticos no son los mejores referentes morales en ninguna sociedad. Los presidentes que han respetado eso demuestran gran sabiduría, espero que Ud., como todos sus antecesores, lo entienda.

Nuestro deficiente sistema educativo, que no le cumple a los padres que tributan, ni a los estudiantes que reciben las clases, debe mantenerse fuera de la política.

Los estudiantes dominicanos merecen una educación de calidad, sin politización, como la que tuvimos nosotros, su vicepresidenta y todas nuestras hijas e hijos.

Necesitamos profesores dedicados a enseñar “Moral, Cívica y Ética” en nuestras escuelas, pero Ud. no es educador de profesión.

Le ruego respetar la división social del trabajo, a Ud., lo eligieron para gobernar, deje que los educadores eduquen, tan sencillo como “zapatero a su zapato”.

Su familia, señor presidente, está muy ligada a la educación. La vicepresidenta Raquel Peña tiene una extensa trayectoria académica. Escojan su legado: mejorarán o politizarán la educación dominicana.

Por Abril Peña
Diario Azua / 18 de enero 2026.-

Subasta en el hielo: la agonía de una Europa sin alma
Por Abril Peña
Mientras la atención global se concentra en el ruido político que dejó la captura de Nicolás Maduro, en el extremo norte del planeta se ejecuta una jugada mucho más silenciosa y, quizá, más reveladora. Groenlandia no es un capricho inmobiliario de Donald Trump ni una extravagancia retórica: es la confirmación de que, en este 2026, la soberanía ha dejado de ser un principio innegociable para convertirse en un activo transable.

Especialmente cuando quien negocia es la potencia que garantiza —o retira— la seguridad.
El mito del oso ruso: la excusa que ya no convence
Durante décadas, Europa ha vivido bajo la narrativa de una Rusia expansionista dispuesta a avanzar sin freno sobre el continente. Sin embargo, la realidad es menos épica y más incómoda. Vladimir Putin no aspira a conquistar París ni Madrid. Rusia no es una potencia con vocación hegemónica global; es una potencia que busca imponer condiciones en su entorno inmediato.


Sus verdaderas líneas rojas han estado siempre en el espacio postsoviético, allí donde percibe que su seguridad histórica se ve amenazada por una expansión constante de la OTAN hacia sus fronteras.
Esto no convierte a Rusia en un actor inocente ni pacífico. Moscú utiliza coerción, presión energética, desinformación y guerra híbrida cuando le resulta funcional.

Pero reducir su comportamiento a un proyecto de dominación mundial ha sido una simplificación útil para Europa: una excusa cómoda para no asumir su propia debilidad estratégica y para seguir delegando su defensa en Washington.
Europa y la pereza estratégica
El miedo al “oso ruso” permitió a Europa acomodarse durante años bajo el paraguas estadounidense sin pagar el precio político, militar y económico de una autonomía real. La dependencia se volvió costumbre; la costumbre, identidad.

Hoy, esa pereza estratégica se cobra factura.
Mientras varios gobiernos europeos siguen mirando hacia el Este esperando una amenaza que no se materializa en los términos que anuncian, por el Norte su principal aliado cuestiona, sin pudor, los títulos de propiedad de uno de sus miembros. Groenlandia desnuda una verdad incómoda: Europa no carece de recursos ni de población; carece de voluntad política común y de capacidad de disuasión propia.

Conserva voz, pero ya no tiene fuerza para imponer consecuencias.
El caballo de Troya: ciudadanía a cambio de soberanía
La oferta de Trump de facilitar la nacionalidad estadounidense a los groenlandeses no es un gesto humanitario ni una ocurrencia electoral. Es una maniobra de presión económica y psicológica de enorme sofisticación.
Dinamarca administra la isla; Estados Unidos quiere poseerla. Y sabe que el punto débil no es jurídico, sino material.


Al poner sobre la mesa dólares, pasaportes y acceso al “sueño americano”, Trump introduce una lógica de mercado en un asunto que tradicionalmente pertenecía al derecho internacional. Es un plebiscito emocional: transformar a Dinamarca en el tutor distante y a Washington en el socio solvente. La soberanía no se arrebata con tanques, sino con incentivos. Es la ley de la oferta y la demanda aplicada a la geopolítica del siglo XXI.


¿Por qué Groenlandia? El mapa mental de Trump
Groenlandia no es simbólica; es funcional. En el universo mental de Donald Trump, la isla concentra todo lo que define poder real en el siglo XXI.
Desde el punto de vista militar, es una pieza clave para el control del Ártico, del flanco norte de Estados Unidos y de las rutas aéreas y misilísticas que conectan América con Eurasia. Desde el punto de vista económico, alberga minerales críticos —tierras raras, uranio y otros recursos estratégicos— indispensables para la defensa, la tecnología y la competencia directa con China.


A esto se suma un factor decisivo: el deshielo. El calentamiento global está abriendo rutas polares que redefinirán el comercio mundial. Controlar Groenlandia es anticiparse al mapa del futuro, no reaccionar al del pasado.
Trump no piensa en soberanía ni en historia; piensa en inventario, logística y ventaja comparativa. Por eso insiste en la propiedad. En su lógica, solo lo que se posee se defiende. Lo demás se pierde.
OTAN: cuando el enemigo está dentro
Lo más revelador de esta crisis no es la ambición estadounidense, sino la reacción europea. Resulta casi grotesco observar activos de la OTAN patrullando el Ártico para contener, no a Rusia, sino las pretensiones del principal sostén de la alianza.


El Artículo 5 jamás contempló un escenario en el que la amenaza proviniera del mismo actor que financia y lidera el sistema de defensa colectiva.
Europa protesta, emite comunicados y ensaya gestos simbólicos, pero no confronta. No por falta de argumentos legales, sino porque teme que, al hacerlo, el garante de su seguridad decida retirarse. La paradoja es brutal: una Europa que se proclama soberana, pero que no se siente capaz de defenderse sola.
La presión económica como arma abierta
En los días recientes, esa lógica de poder se ha vuelto explícita.

Washington anunció la imposición de aranceles a varios países europeos, con el mensaje implícito de que la protección estadounidense no es gratuita. El relato que se intenta instalar es claro: Estados Unidos ha “subsididado” durante años la seguridad europea, mientras otros actores China y Rusia acechan el Ártico, y Dinamarca carecería de capacidad real para proteger Groenlandia.
La reacción no se hizo esperar. En Dinamarca y en la propia Groenlandia comenzaron a verse protestas masivas bajo una consigna inequívoca: la isla no está en venta. Pero las manifestaciones, por sí solas, no alteran el fondo del problema. El uso de la coerción económica para forzar decisiones soberanas confirma que el conflicto ha salido del terreno diplomático y ha entrado de lleno en la lógica de la presión directa.


El fin de los inquilinos
Trump ha sido lapidario: “No se defiende igual lo que alquilas que lo que es tuyo”. En su lógica, Dinamarca es apenas un inquilino menor sobre un territorio estratégicamente vital, rico en minerales críticos y rutas polares que el deshielo está volviendo accesibles. Y en el mundo que emerge, los inquilinos no deciden.
La tragedia de la Europa de 2026 no es solo la presión externa, sino su vaciamiento interno.

Aferrada a diplomacias de salón y a un orden que ya no existe, se enfrenta a un sistema internacional que habla el lenguaje de la propiedad, la fuerza y el pragmatismo más crudo.
Groenlandia no es una anécdota: es una subasta. Y Europa, por ahora, ni siquiera parece dispuesta a levantar la mano para pujar.
El mapa se está reescribiendo sobre el hielo. Y la tinta no es ideológica ni moral. Es puro interés. Si lo conseguirá o no está por verse, pero que el andamiaje para intentarlo ya está montado, no deja lugar a dudas.

jueves, 15 de enero de 2026

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 15 enero 2026.-

“Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”, Friedrich Nietzsche, El crepúsculo de los ídolos (Nietzsche, 1889/2007, p. 32).


La emergencia de la vida insulsa demanda un análisis riguroso, puesto que trasciende la simple disposición psicológica para erigirse como una configuración antropológica y social que atenta contra las condiciones mismas de la posibilidad del sentido. Entiendo por vida insulsa aquella existencia confinada a la repetición mecánica de conductas funcionales, en la que se confunde la supervivencia con la plenitud y, consecuentemente, se abdica de la proyección de afectos y proyectos que podrían conferir densidad temporal a la biografía. Ahora bien, esta abdicación no es neutra, ya que reestructura la distribución del tiempo y la atención, reduciendo a los sujetos a unidades productivas y consumidores de estímulos efímeros, despojándolos de los nexos que constituyen a la persona como locus de intencionalidad y proyección.

Para desentrañar este fenómeno, es imperativo recuperar la distinción entre el impulso sensitivo y la pasión como categorías normativas y existenciales. Mientras el impulso sensible se limita a la respuesta orgánica e inmediata ante estímulos- el placer y el dolor en su inmediatez-, la pasión, en el sentido que aquí se reivindica, es la orientación duradera de la vida hacia fines que superan lo inmediato y, por ende, reconfiguran la temporalidad del sujeto. De hecho, la pasión se revela no como un arrebato sin fundamento, sino como una estructura de intención que articula proyectos, prácticas y compromisos. Viktor Frankl confirma esta primacía al sostener que “la principal tarea del hombre es darle sentido a su vida” (Frankl, 2006, p. 17). No obstante, esta falta de “porqué” trasciende la neurosis personal. La vida insulsa, en su grado más profundo, no es sólo la ausencia de actividad, sino la manifestación del aburrimiento fundamental(Langeweile heideggeriana), ese estado afectivo que revela la total carencia de un objeto que sea lo suficientemente digno de atención como para arrancar al sujeto de su propia inercia, atestiguando el desarraigo ontológico del ser humano en el mundo.

Ahora bien, puesto que ningún ser humano nace con indistinción o desinterés, es necesario plantear una hipótesis crítica sobre las posibles causas de la vida insulsa: ¿a quién le sirve que las personas vivan desapasionadamente? La respuesta más aguda apunta a las estructuras de control político y económico que requieren un sujeto tonto, maleable y predecible. La pasión, al ser una elección radical y una fuerza centrífuga que busca un sentido más allá de lo inmediato, constituye un riesgo real para el poder.

Un sujeto apasionado es un sujeto que jerarquiza prioridades, que está dispuesto a la renuncia y al conflicto por sus fines, y que, por lo tanto, es difícilmente gobernable desde la lógica del “pan y circo”. Desde esta perspectiva, la vida insulsa no es un fallo individual, sino una estrategia de pacificación social ejecutada por la alianza entre el consumo masivo y la vigilancia algorítmica. Un ciudadano cuya única pasión sea la micro-satisfacción constante es un consumidor ideal y un agente político totalmente inactivo.

Esta hipótesis se conecta con la crítica de la lógica neoliberal, transformada en norma. Martha C. Nussbaum argumenta que una sociedad justa debe posibilitar el desarrollo de las capacidades humanas fundamentales, incluidas las afectivas y creativas, pues “la justicia social exige que las personas tengan oportunidad real para vivir de manera plena” (Nussbaum, 2011, p. 18). Sin embargo, la reducción de la vida a la eficacia económica reduce sujetos incapaces de cultivar pasiones: la precariedad erosiona la planificación a largo plazo, y la cultura de la inmediatez sustituye la profundidad por el estímulo fugaz. La vida insulsa es, por lo tanto, un efecto estructural, una externalidad necesaria para la maximización del beneficio que requiere de un trabajador dócil, reemplazable y con un horizonte de deseo limitado a lo que el mercado, la moda y los medios masivos de comunicación ofrecen.

En este punto de la reflexión, es pertinente adicionar un aspecto muy importante, a saber, la indistinción como fracaso epistemológico, intelectual y moral. El rasgo más corrosivo de la vida insulsa es, precisamente, la distinción. El sujeto insípido es aquel para el cual “todo vale lo mismo” y, por tanto, “nada vale realmente”. Esta falta de distinción es la consecuencia epistemológica directa del colapso de los valores metafísicos que Nietzsche diagnosticó, cuya herencia ha derivado en un nihilismo pasivo que neutraliza toda jerarquía de sentido. En la práctica, si no existe un valor trascendente o comunitario que imponga un criterio de lo “mejor” o lo “pero”, la elección apasionada- el compromiso con algo específico- pierde su fundamento. La indistinción es la niebla moral que disuelve la tensión necesaria para el surgimiento de la pasión, pues la pasión, por definición, es una elección radical que distingue y prioriza una cosa sobre todas las demás.

Esta deriva se cristaliza en la esfera social bajo el manto de la indiferencia generalizada. Al respecto, Jean Baudrillard caracterizó este universo como una economía de signos, afirmando que “la simulación ya no es lo que oculta la realidad- la era de lo virtual- sino que es la cosa que sustituye a la realidad” (Baudrillard, 1981, p. 1). Pero la crítica debe ir más allá: si el simulacro homogeniza la experiencia, el ethos posmoderno lo valida. Recordemos que Gilles Lipovetsky, al describir el “espíritu de la época”, señala que “ya no hay lucha de clases ni enfrentamientos entre ideologías, sino más bien la indiferencia generalizada y el triunfo del individualismo narcisista” (Lipovetsky, 1983/2007, p. 11). En otras palabras, el sujeto narcisista, centrado únicamente en su bienestar emocional inmediato, es incapaz de sostener el esfuerzo ético y temporal que requiere la pasión, porque todo compromiso que suponga una incomodidad o una renuncia al “self” (al “yo”) aparece como intrínsecamente igual e igualmente dispensable.

Este tipo de apatía tiene profundas implicaciones en la relación del sujeto con el mundo. Filosóficamente, definir a una persona despojada de deseo y afecto exige examinar la relación intención, afecto y estructura temporal. Pues bien, la fenomenología, a través de Maurice Merleau-Ponty, nos enseña que “el mundo es siempre ya ahí y nosotros estamos ya en el mundo, implicados en él” (Merleau-Ponty, 1945, p. 149). Por lo tanto, si la pasión orienta el cuerpo hacia proyectos futuros y compromisos presentes, su ausencia comporta una clausura perceptiva donde el mundo aparece decolorado, las posibilidades se tornan invisibles y la capacidad de actuar se atrofia. Por su parte, el existencialismo sartreano, al postular que “la existencia precede a la esencia”, sentencia que el ser humano está condenado a la libertad y compelido a proyectarse, de modo que renunciar a esa proyección equivale a abdicar de la libertad (Sartre, 1946/2000, p. 34).

Agravando aún más este panorama, la indistinción se ve forzada por la conquista algorítmica. La economía de la atención no elimina el deseo, sino que lo coarta mediante la micro-satisfacción constante del “feed” infinito. De esta manera, la insipidez contemporánea se manifiesta como la vida permanentemente distraída, lo que hace imposible sostener la atención suficiente para tejer una trama narrativa coherente. En efecto, cuando la acción se reduce a tareas instrumentales y la indiferencia se extiende al campo de “lo político”, Hannah Arendt advertirá que “la acción humana es capaz de iniciar procesos que pueden continuar en ausencia del que los inició” (Arendt, 1958, p. 198), lo que implica que la vida sin pasión es, también, una vida sin mundo, puesto que se renuncia a la creación de aquello que nos sobrevive.

A pesar de ello, nuestra crítica no debe permanecer en el simple lamento, sino en la búsqueda de una reorientación ética y política. La recuperación de la pasión exige la revalorización de la proyección como una práctica. Sobre este aspecto en particular, Charles Taylor nos dice que las identidades modernas se configuran a través de narrativas que nos interpelan y que el reconocimiento social es clave para la formación del yo, ya que “la identidad personal es, en gran medida, algo que se le concede a uno por los otros y por las instituciones” (Taylor, 1989, p. 27).

No obstante, antes de postular ninguna posible solución, es crucial no omitir la dimensión trágica de la pasión. Recordemos que la “pasión” (pathos) es inherentemente violenta, una forma radical de fijación del sentido que, sin contrapesos, corre el riesgo de la “desmesura” (hybris), la auto-destrucción o el dogmatismo fundamentalista. Por ello, la reivindicación de la pasión debe estar necesariamente acompañada por la exigencia ética de la razón práctica. Por ello, justamente, Immanuel Kant postulaba este contrapeso al requerir que la humanidad sea tratada “como fin y nunca sólo como medio” (Kant, 1785/2005, pp. 52–53). En definitiva, la pasión legitima, pero no instrumentaliza al otro, sino que lo reconoce como un fin en sí mismo.

En este punto es donde emerge la tensión más mordaz: ¿cómo se traduce esta ética en lo político? La recuperación de la pasión implica restituir espacios públicos y privados de compromiso. Esto exige la construcción de instituciones que permitan la atención prolongada a proyectos significativos, desde políticas que protejan el tiempo no como subordinado al capital hasta la esfera ética íntima: la disciplina de la atención. William James ya observó que “la habilidad de centrar la atención, excluyendo lo no esencial, es la raíz del carácter” (James, 1890/2003, p. 23). Sin embargo, si la vida insulsa es un efecto estructural, ¿es lícito proponer la disciplina de la atención como contramedida? La demanda de “cultivar la pasión” puede convertirse, irónicamente, en una nueva forma de auto-explotación para el sujeto precarizado, exigiendo que éste se auto-responsabilice y se “apasione” de manera eficiente con las pocas horas de vida que le deja el sistema. Si la precariedad erosiona el tiempo y la energía, la pasión se convierte en un privilegio de unos pocos (de clase), mientras que al resto se les exige ser su propio coach existencial.

En resumen, la crítica de la vida insulsa debe operar en la dialéctica entre la ontología y la política. Aparece como un estado de des-proyección existencial sostenido por estructuras que valoran la repetición y la eficacia por encima del sentido y del significado.Un atisbo de solución, por tanto, contempla la reconstrucción de instituciones, la formación de hábitos de atención crítica y la afirmación de una ética de la pasión que preserve la dignidad ajena. La pasión entendida como proyección no debería ser un lujo, sino la condición moral de la persona, y negarle esta posibilidad a amplios sectores sociales equivale a amputar su humanidad. Así pues, la crítica de la vida insulsa debe devenir en una demanda filosófica y política por estructuras sociales que devuelvan tiempo, reconocimiento y recursos para que la invención del relato vital sea una posibilidad universal, y no un imperativo frustrante.

Como siempre, queridos lectores, concluyo esta humilde reflexión enfatizando que la crítica a la vida insulsa debe ir más allá de la lamentación, dirigiéndose hacia una activa problematización de las estructuras que la sostienen. Ante el diagnóstico de que la vida insulsa es un efecto estructural y que la indistinción nihilista se suma a la invasión algorítmica para sustituir el proyecto por la micro-satisfacción constante, es necesario cuestionar si la “disciplina de la atención” constituye un remedio viable para el sujeto que se encuentra permanentemente distraído, o si, por el contrario, se convierte en una nueva ética de la autoexplotación, un privilegio reservado a aquellos cuyo tiempo no está ya coaccionado por la supervivencia económica.

Además, la reflexión que hemos realizado se detiene en la naturaleza misma de la “indistinción”: si todo nos da igual, si todo es lo mismo, es síntoma de una degradación de los valores en la posmodernidad, ¿cuáles son los dispositivos filosóficos y políticos concretos que deben mediar la intensidad de la pasión para garantizar que el proyecto apasionado del individuo no se construya a expensas de la dignidad del otro, superando así el nihilismo de la indiferencia? Finalmente, si el aburrimiento se revela como la atrofia del “Dasein” (“ser-en-el-mundo”, o sea, nosotros) o la falta de arraigo ontológico en el mundo, se debe interpelar la responsabilidad del arte, la filosofía y la educación (tanto en casa como en las instituciones educativas) en crear y proteger espacios donde el sujeto pueda enfrentarse a ese aburrimiento profundo, en lugar de buscar la inmediata cura en la distracción algorítmica que lo devuelve a la insipidez.

Referencias (formato APA 7, en español)

Arendt, H. (2001). La condición humana (3.ª ed., traducción de Gustavo Pita). Paidós. (Obra original publicada en 1958).

Baudrillard, J. (2001). Simulacros y simulación (traducción de Agustín García Calvo). Editorial Pre-Textos. (Obra original publicada en 1981).

Frankl, V. E. (2006). El hombre en busca de sentido (traducción de Sergio Molina). Herder. (Obra original: Man's Search for Meaning, 1946). Citausada: p. 17.

James, W. (2003). Principios de psicología (traducción de César Tejada). Ediciones Akal. (Obra original publicada en 1890). Citausada: p. 23.

Kant, I. (2005). Fundamentación de la metafísica de las costumbres (traducción de Fernando R. de la Torre). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1785). Citasusadas: pp. 52–53.

Lipovetsky, G. (2007). La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo (traducción de Juan Varela). Anagrama. (Obra original: L'Ère du vide, 1983). Citausada: p. 11.

Merleau-Ponty, M. (2009). Fenomenología de la percepción (traducción de José Ortega y Gasset). Akal. (Obra original publicadaen 1945). Citausada: p. 149.

Nietzsche, F. (2007). El crepúsculo de los ídolos (traducción de Andrés Sánchez Pascual). Alianza Editorial. (Obra original: Götzen-Dämmerung, 1889). Citausada: p. 32.

Nussbaum, M. C. (2011). Crear capacidades: Propuesta para el desarrollo humano (traducción de Manuel García del Blanco). Paidós. (Obra original: Creating Capabilities, 2011). Citausada: p. 18.

Sartre, J.-P. (2000). El ser y la nada (traducción de Esteban Aragonés). Ediciones Cátedra. (Obra original publicada en 1943). Cita usada: p. 34.

Taylor, C. (1994). Fuentes del yo: La formación de la identidad moderna (traducción de Juan Manuel Navarro). Taurus. (Obra original: Sources of the Self, 1989). Citausada: p. 27.
El autor es docente, escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 15 enero 2026.-


Nos enseñaron que la democracia nació hace veinticinco siglos en Grecia y que su etimología —demos (pueblo) + kratos (gobierno)— explicaba la esencia del sistema. En Gettysburg, Abraham Lincoln completó esa definición con una fórmula que parecía “aterrizar” el concepto: “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Era una forma elegante de recordar que el poder debía responder, en último término, a la ciudadanía.

Lo interesante es que, en aquel mundo antiguo, la democracia era literal. El demos deliberaba y decidía sin intermediarios. Cabe recordar que el modelo excluía mujeres, esclavos y extranjeros, pero tenía una virtud política que hoy suena radical: el poder no se ocultaba. Era visible, en la plaza pública, sometido al escrutinio directo de quienes participaban en él.

Con el paso de los siglos vinieron las mutaciones. La Revolución Francesa instala la arquitectura moderna: derechos, libertades, representación y el célebre tríptico de “libertad, igualdad y fraternidad”. Luego llega la democracia representativa: el pueblo ya no gobierna directamente, sino a través de procedimientos, instituciones y delegaciones. La política gana estabilidad, pero pierde raíz y esencia; la deliberación se vuelve mediada y profesionalizada.

A mediados del siglo XX se añade otro apellido: democracia participativa. Inspirada en Rousseau y en los movimientos por derechos civiles, el nuevo lenguaje pone el foco en la ciudadanía activa: presupuestos participativos, consejos de vecinos, referendos locales y mecanismos que intentan sacar el poder de los despachos para devolverlo a la calle. Algunos países, como Portugal tras su Constitución de 1976, llegaron a inscribir esa participación en la gestión de los asuntos públicos.

Hasta aquí, la historia es una sucesión de capas: cada nueva versión conserva elementos de la anterior y añade otros. Pero el giro más drástico no proviene de un parlamento ni de una revolución, sino de un ecosistema tecnológico: plataformas que ordenan la conversación política mediante sistemas algorítmicos que ni deliberan ni rinden cuentas.

La democracia nació en la plaza, se institucionalizó en el parlamento y hoy se disputa en un tablero donde lo decisivo no es la razón pública, sino la capacidad de generar atención, reacción y polarización. Ya no se persuade, se activa. Ya no se argumenta, se segmenta. La ciudadanía deja de compartir un espacio común de debate y se fragmenta en audiencias emocionalmente administradas.

Esa fragmentación tiene consecuencias visibles. Los gobernantes asumen que ya no necesitan construir consensos normativos para avanzar decisiones que afectan a todos: les basta activar sus propios segmentos. El arbitraje institucional —interno y externo— se debilita. Acuerdos multilaterales, estándares internacionales y reglas compartidas pierden capacidad de freno.

Ahora se impone, con naturalidad preocupante, la autoridad que no negocia; la que actúa antes de explicar; la que interpreta la legitimidad como un repertorio de poder y no como el resultado de una deliberación.

¿Sigue siendo de verdad esto que llamamos democracia? ¿Puede sobrevivir un sistema que necesita una esfera pública común cuando la conversación se ha vuelto una suma de burbujas? ¿O estamos ante otra mutación, todavía sin nombre, en la que la democracia funciona sin deliberación y sin plaza pública?

Quizás la pregunta no sea si la democracia sirve, sino cuáles condiciones culturales, tecnológicas e institucionales hacen posible que sirva. Porque, al final, lo que está en juego no es la etiqueta, sino el modo en que decidimos cómo queremos convivir.

Testigo del Tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 15 enero 2026.-

El presidente Donald Trump parece montar una tablita de surf, con los brazos
extendidos, balanceándose sobre una ola turbulenta. ¿Cuánto tiempo permanecerá montada, cómo y cuándo terminará esa ola?

Lo sabremos llegado el momento, pero por ahora, el viento y el mar están en su favor.
Trump está viviendo el sueño húmedo de todos sus antecesores; terminar los regímenes de Venezuela, Cuba e Irán solo era alucinación en las fantasías políticas del pasado.

Las tres revoluciones, las de Cuba, 1959; Irán, 1979; y Venezuela, 1999, se llevan justo 20 años entre ellas.

Tras capturar al presidente Nicolás Maduro y controlar el petróleo de Venezuela, Trump suspendió todas las exportaciones petroleras a Cuba.

Sin energía, ninguna nación permanece; ningún gobierno sobrevive; en Cuba ya no queda “ideología”. Hay una élite gobernante que somete y oprime a las mayorías; eso puede estallar en cualquier momento.

Durante 66 años, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) intentó infructuosamente asesinar a Fidel Castro 638 veces y gastó cientos de millones de dólares para desestabilizar el régimen cubano. Trump está cerca de lograr lo que sus 10 antecesores soñaron.

México está supliéndole petróleo a Cuba, veamos cuánto durará.

En 1979, la Revolución Islámica de Irán fue la primera “revolución apoyada en
tecnología”.

Desde París, el ayatolá Khomeini grababa sermones, introducidos de contrabando a Irán; su discurso incendiario estimuló un levantamiento popular; tumbaron el gobierno;triunfó la Revolución Islámica.

Hoy, Irán se cuida de los medios, bloqueó las señales de los proveedores de internet y teléfono celular. Las protestas nacionales demandan el fin de la teocracia y libertades públicas. Irán atraviesa una seria crisis económica. Según el gobierno, van 500 muertos, eso hace suponer que pasan de 2.000.

En Teherán, capital iraní, pelea la inteligencia mundial. Compiten la CIA
estadounidense, el Mossad israelí, la KGB rusa, el MI6 británico y casi todos
los servicios de inteligencia del planeta, intentando dirigir las protestas
populares.

Nadie sabe cómo terminarán Venezuela, Cuba ni Irán, solo podemos esperar, pero hasta ahora, Trump sigue montando su ola

El Mirador

Por Luis Céspedes Peña
Diario Azua / 15 enero 2026.-

Con el avance de las tecnologías militares, los gobiernos adversos a otros más poderosos tienen que tener mucho cuidado, especialmente los que combaten a Estados Unidos, porque las amenazas del uso de armas nucleares para enfrentar a esa primera potencia, produjeran resultados negativos si tomamos como ejemplo el apresamiento del Presidente Nicolás Maduro, a quien se le acusa de ser un impostor que se enriqueció a través del narcotráfico.

¿Qué hicieron los mandos militares de Venezuela, cuando Estados Unidos apresó al Presidente Nicolás Maduro, porque siempre decían que tenían armas modernísimas de Rusia y China? ¿Qué pasó con la respuesta de los soldados cubanos que cuidaban a Maduro, los cuales fueron muertos por los guardias de Estados Unidos en el asalto?

¿Cómo se explica que esos soldados no mataron uno de los guardias norteamericanos?

¿Qué hizo Maduro que se mantuvo desafiando al Presidente Donald Trump?

¿Qué hicieron los llamados milicianos con todas las armas de fuegos que recibieron? ¿Qué hicieron los generales, coroneles, mayores y capitanes que se juntaban junto a Maduro para desafiar a Trump?

¿Cómo es posible que los servicios de seguridad no detectaran veintenas de cámaras de las llamadas Ojo de gato, que colocaron los agentes de la CIA, la Agencia Nacional de Inteligencia de Israel (MOSSAD) y otros organismos, en los diferentes trayectos por los cuales andaba el Presidente Maduro, incluyendo sus escondistes?

Éstas se colocaron para reforzar la vigilancia personal contra Maduro, que también se desarrolló a través de cámaras satelitales y drones.

En Iraq, los norteamericanos asaltaron y luego ahorcaron al Presidente Sadam Husein. En Panamá, los norteamericanos apresaron, mediante asalto, igual que a Maduro, al Presidente Manuel Antonio Noriega. Éste se pasó casi 20 años en una prisión de Estados Unidos y luego murió.

A Osama Bin Laden, acusado de ordenar el derribamiento de la Torres gemelas de Estados Unidos, soldados norteamericanos lo asaltaron e inmediatamente lo fusilaron en el mismo acto en Pakistán.

Los gobernantes de Estados Unidos, especialmente los republicanos, les gusta acabar con rapidez las tareas que se proponen.

Esas amenazas a Estados Unidos con el supuesto uso de armas nucleares, quizás sin tenerlas y si las tienen son atrasadas, en comparación a la primera potencia, Rusia, que es la segunda y China, la tercera, tampoco dieron buenos resultados.

El problema es que, como lo escribí antes, Estados Unidos puede durar 50 años peleando y no pierde la guerra por falta de dinero. ¡Para sus dólares no puede haber fondo en la Reserva Federal, pero ningún ciudadano en el mundo deja de comprar cualquier producto por no tener respaldo!

Debemos recordar que los gobiernos de Iraq, Panamá y Venezuela publicaron notas advirtiendo a Estados Unidos, del uso de misiles en contra de la primera potencia.

¡Ni uno de los tres paró las acciones de la gran nación, la cual siempre tiene un motivo para atacar cuando sus intereses peligran!

Ahora tenemos el narcotráfico. En el caso de Venezuela, el apresamiento de Maduro y la asignación de Telcy Rodríguez como encargada de la Presidencia, le abrió el camino a Estados Unidos para controlar el petróleo y otras riquezas.

El ministro de las Fuerzas Armadas, Diosdado Cabello, como otros líderes de los cuarteles, deben entender que por ser militares su tratamiento es “más agresivo”. O más claro, en la mayoría de los casos se les aplica el “código militar”.

En el caso de Ucrania, las potencias extranjeras (Estados Unidos y la Unión Europea), que siguen invirtiendo millones de dólares y euros en la guerra contra Rusia, buscan disfrutar de las riquezas petroleras, de las tierras raras, las exportaciones de cereales y otros rubros.

¡Pero eso va a originar un “tira y jala” entre Estados Unidos y la Unión Europea! El problema de la guerra en Ucrania, es que los europeos saben que los Presidentes Donald Trump y Vladimir Putin son amigos, independientemente a los intereses que ambos representan.

Es lógico que Trump favorece que parte de los territorios ocupados por Rusia a Ucrania, se le agreguen a Rusia para terminar la guerra. Y también Trump se opone a que Ucrania, por ahora, sea afiliada a la poderosa Organización del Atlántico Norte (OTAN), una solicitud de Putin, pero una exigencia del Presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que quiere contar con ese gran poderío militar.

Putin, que favorece que Ucrania se afilie a la Unión Europea, no a la OTAN, no le va a ganar la guerra a Zelenski por cansancio, porque ya pasaron más de tres años sin lograrlo. El apresamiento de Maduro y la victoria en territorios ucranianos de parte de Putin, forma parte del “juego” de las dos primeras potencias del mundo.

En lo que respecta al aumento de la presencia militar de Estados Unidos en el Caribe, como ya lo escribimos antes, es un proceso de las guerras comercial y militar entre las tres principales potencias mundiales. ¡Pero favorece a Estados Unidos!

¡Pero no se asusten por las advertencias y las amenazas que se hacen esas tres potencias! A ninguna de ellas le agrada que le hablen de una tercera guerra mundial.

Estados Unidos, como el líder de América Latina, su América, como la llaman los norteamericanos, está recuperando el territorio que perdieron por causa de los demócratas. ¡Por sus imposiciones!

Los republicanos lo están haciendo a su manera. Es importante que se sepa que los norteamericanos comenzaron los planes para el fin del gobierno de Cuba. El hambre y otros problemas en la Isla, son buenos aliados para Estados Unidos.

Con la eliminación de 32 de los mejores soldados de Cuba que protegían a Maduro en Venezuela, los cuales pertenecían a las fuerzas especiales más calificadas, Estados Unidos se dio cuenta que las autoridades cubanas, no tienen armamentos modernos para enfrentar a la primera potencia militar del mundo.

Ese poderoso gobierno va a aprovechar las inconformidades de la mayoría de cubanos, que mueren paulatinamente por falta de atenciones alimentarias o de salud. El Presidente Trump está observando que Cuba es un buen mercado para su comercio.

¡Hará todo lo posible para recuperarlo, luego de perderlo en 1959! El gobierno de Estados Unidos controlará el comercio del petróleo en Venezuela. Esa potencia está usando su poderío militar, el más grande y moderno del mundo, para afianzar su guerra comercial.

El mensaje del Presidente Trump y que parece seguirá luego de que éste salga del poder, es claro para los gobiernos que siempre fueron aliados tradicionales de Estados Unidos, pero que varios de ellos cambiaron perjudicando sus intereses, pero que sus presidentes están siendo bombardeados con acusaciones de enriquecimiento ilícito, lavado de activos, narcotráfico o de dirigir gobiernos como impostores.

Algunos de éstos son Gustavo Petro, de Colombia, Daniel Ortega, de Nicaragua, Claudia Sheinbaum Pardo, de México, Miguel Díaz-Canel, de Cuba y otros. Estados Unidos no sólo busca disminuir el envío de drogas a su nación, sino volver a posesionarse como el gran poder que fue hace décadas en América u otras partes del mundo.

Pero el actual gobierno republicano no sólo está demostrando que es un gigante incuestionable en la aparatosidad militar y económica para sus adversarios en el mundo, sino a los propios en su mismo terreno, como son los demócratas, a los cuales ese régimen acusa de chantajear a Estados fuera de su área.

A éstos, según los republicanos, el gobierno demócrata no les aprobaba ninguna ayuda si los mismos se negaban a aplicar sus recomendaciones a través de la USAID.

En República Dominicana, los gobiernos de Barack Obama y Joe Biden trataron de imponer la construcción de Centros de refugiados para haitianos y la legalización del aborto, pero no lo lograron.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, declaró en visita al país, que cada nación aplica sus leyes migratorias. El Presidente Trump les retiró todas las ayudas a instituciones que promueven el aborto, el cual era promovido a través de la eliminada USAID.

¡Gracias por leernos!

miércoles, 14 de enero de 2026

Por Mavelin Ramírez
Diario Azua / 14 enero 2026.-

En la política contemporánea se ha instalado una tensión silenciosa pero decisiva: gobernar con base en instituciones o gobernar al ritmo de la popularidad. No se trata de una dicotomía simplista, sino de un dilema profundo que atraviesa democracias de todos los signos y latitudes.

Nunca los líderes habían estado tan cerca de la ciudadanía. Las redes sociales, la comunicación directa y la inmediatez informativa han reducido distancias que durante décadas parecían infranqueables. Sin embargo, esa cercanía, valiosa en términos democráticos, trae consigo un riesgo: que la gestión pública termine subordinada al aplauso instantáneo, a la emocionalidad del momento y a la lógica del “trending”, en detrimento de la institucionalidad y la visión de largo plazo.

La popularidad es un activo político, pero no puede convertirse en el criterio rector de las decisiones de Estado. Gobernar no es agradar permanentemente; es, muchas veces, tomar decisiones impopulares pero necesarias. Cuando el termómetro de las redes sustituye al análisis técnico, cuando la narrativa desplaza al dato, y cuando el cálculo político inmediato pesa más que el impacto estructural, la institucionalidad comienza a erosionarse de manera casi imperceptible.

Este fenómeno no debe leerse como una crítica a la comunicación moderna. Al contrario, comunicar bien es una responsabilidad del liderazgo público. El problema surge cuando la comunicación deja de ser un instrumento para explicar decisiones y se convierte en el motor que las determina. Allí se desdibuja la frontera entre cercanía y populismo, entre liderazgo y complacencia.

Las instituciones existen precisamente para resistir los vaivenes de la emoción colectiva. Son el andamiaje que garantiza continuidad, previsibilidad y equilibrio, incluso cuando el clima social es adverso. Debilitarlas, por acción u omisión, puede resultar rentable en el corto plazo, pero es profundamente costoso para la democracia en el mediano y largo plazo.

En este contexto, el verdadero liderazgo se mide menos por la capacidad de conectar emocionalmente y más por la valentía de sostener decisiones fundamentadas, aunque no generen aplausos inmediatos. Gobernar con perspectiva implica entender que el éxito no siempre coincide con la popularidad y que el legado se construye con resultados, no con métricas de interacción.

La ciudadanía, por su parte, también tiene un rol que asumir. Exigir explicaciones, transparencia y resultados es saludable; demandar soluciones simples a problemas complejos no lo es. Una democracia madura requiere ciudadanos críticos, no solo audiencias reactivas.

La pregunta, entonces, no es si los gobiernos deben escuchar a la gente, o es incuestionable, sino cómo escuchan y desde dónde deciden. Escuchar para comprender es muy distinto a escuchar para complacer.

Al iniciar una nueva semana de debates, vale la pena poner este tema sobre la mesa sin estridencias ni consignas. Porque cuando la popularidad gobierna, las instituciones se debilitan; y cuando las instituciones se debilitan, la democracia entera paga el precio.

La autora es: Project Manager, Especialista en Gestión Humana, Desarrollo Organizacional y Direccionamiento Estratégico en la Gestión Empresarial, Docente Universitaria, Comunicadora.

 

Por Lic. César Amadeo Peralta (Abogado)
Diario Azua / 14 enero 2026.-

Caso de Sudiksha Konanki, la estudiante de la Universidad de Pittsburgh de 20 años, desaparecida en Punta Cana fue el único caso en donde las autoridades no procesaron a la última persona que estuvo con ella y la dejaron escapar, pero en el caso de la niña Brianna Genao González, desaparecida desde el pasado 31 de diciembre en el municipio de Imbert, Puerto Plata y donde su tío y un primo segundo, Reyes Núñez Rosario, de 43 años y Rafael Núñez Rosario, conocido como “Papito”, de 52, quienes habrían confesado su implicación en el crimen, mediante interceptación telefónica, en la cual habían admitido los hechos a un familiar, indicando que el cuerpo de la menor fue desaparecido y que “sin cuerpo no hay delito”, estos si serán procesados.

Entrevistado por periodistas de este medio, sobre la posibilidad que tienen los familiares de una persona desaparecida, con serias evidencias de muerte por homicidio intencional, culposo y aun por un homicidio involuntario, de procesar antes los tribunales a quienes se les impute el hecho, el abogado Cesar Amadeo Peralta nos aclaró diciendo, que “claro que sí”, existen varios precedentes en la justicia dominicana de condenas de hasta 30 años de prisión sin la existencia material del cadáver.

El acto de causarle la muerte a otra persona muchas veces lleva al autor a intentar encubrir el crimen hasta ocultándolo o desapareciéndolo, Peralta recordó que la ley 136-80 de fecha 23 de mayo del año 1980, que declara obligatoria la práctica de la autopsia judicial en la instrucción preparatoria del proceso penal por homicidio, tiene una excepción en su párrafo único, cuando establece que;

Párrafo: Cuando la autopsia no pudiese ser practicada por alguna causa, el funcionario encargado de ordenarla, dictará al efecto Auto motivado dentro de las 72 horas del apoderamiento.

Explicó también que el artículo 9 de la misma ley 136-80, establece que no podrá hacerse la autopsia de un cadáver sin la previa certificación de la muerte expedida por el Médico Legista, luego de este funcionario emplear los procedimientos habituales para asegurar su realidad.

Lo que refuerza nuestro criterio jurídico amparado en la ley, de que no es obligatorio la existencia de una autopsia sobre un cuerpo desaparecido de una víctima, ni tampoco es obligatorio poseer un certificado de muerte expedido por el médico legista, porque ninguno de los dos ha podido ver el cadáver, y por tanto la ley le permite al Ministerio Público dictar un “Auto motivado”, de las causas, circunstancias y hechos que impiden la realización de la autopsia, y del levantamiento del certificado de defunción, lo que legaliza el proceso penal, más aún si está basado y sustentado en otras múltiples pruebas, ya que de no ser así eso les hubiese permitido a los grandes criminales salirse con las suyas desapareciendo en cuerpo.

El abogado Amadeo Peralta aclaró, que la primera condena sin cadáver fue pronunciada por el Tribunal Colegiado de la Cámara Penal de Monseñor Nouel, el 5 de mayo de 2017, donde fueron condenados a 30 años de reclusión mayor cinco acusados por secuestro y desaparición de un ciudadano cuyo cadáver nunca ha podido ser encontrado pero todos los indicios, pruebas y testimonios y declaratorias de culpabilidad llevaron el tribunal a producir esta sentencia.

La segunda condena sin cadáver fue pronunciada contra los acusados Ana Luisa Villanueva, Teodoro Santos y Julio César Herrera, el día 25 de junio de 1991, por la Cuarta Cámara Penal del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional, la cual fue confirmada en su totalidad por la Cámara Penal de la Corte de Apelación de Santo Domingo en fecha 19 de junio de 1997 y ratificada por la Suprema Corte de Justicia, confirmando el criterio sostenido por los tribunales de primer y segundo grado.

Peralta recordó que la tercera condena sin cadáver a 30 años de reclusión mayor fue pronunciada en febrero del año 2020, por el Cuarto Tribunal Colegiado del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional, en contra de Miguel Ángel Jorge Cruz alias (Miguelito el Sicario) por un caso de asesinato en el cual el cadáver de la víctima no pudo ser hallado, sentando de esta manera un importantísimo precedente para el órgano acusador en materia de crimen organizado, aunque posteriormente la Corte de Apelación ordeno la celebración de un nuevo juicio y no se en que paro ese caso.

Dijo que durante este juicio, el Ministerio Público comprobó ante el Cuarto Tribunal Colegiado, que el hoy condenado incurrió en la violación de los artículos 295, 296, 297 y 302 del Código Procesal Penal Dominicano que tipifica el asesinato y el sicariato como un delito muy grave.

El expediente acusatorio narra que el condenado Miguel Ángel Jorge alias (Miguelito El Sicario) y la víctima Ramón Adolfo Rodríguez Castillo acordaron reunirse en una estación de combustible, la tarde del 27 de junio 2017, fecha en que el acusado según el expediente asesinó y desapareció el cuerpo de la víctima y el mismo pudo ser condenado luego de un proceso investigativo que incluyó el análisis de inteligencia electrónica, recolección de pruebas testimoniales, documentales, materiales, referenciales y periciales, a través de las cuales se determinó que la última vez que la víctima se vio con vida fue junto al acusado, además de que el incendio de su vehículo fue provocado y que Miguelito el Sicario estaba en el lugar del hecho, lo que confirma su culpabilidad.

Peralta sostuvo que hay casos en los cuales los imputados confiesan el crimen o los testigos narran los hechos y señalan como fue que los autores cometieron el crimen y la ley no exige de manera obligatoria la presencia del cuerpo del delito, tampoco el dictamen forense de la muerte de la víctima y esos casos son posibles en el ámbito del crimen organizado, puesto que pueden acreditarse a través de otros medios de prueba, como testigos, cámaras de videos y presunciones lógicas de hechos que resulten creíbles, como el hecho de que la víctima y el imputado salieron juntos y solos y pudiera haber sido lanzada a la profundidad del mar o de algún río caudaloso, o lanzada a las fauces de animales carnívoros feroces como es el caso de personas que tienen cocodrilos, leones, hipopótamos y otros que pueden devorar un cuerpo y dejar muy pocos rastros, hay personas que viven en lugares aislados sin vecinos cercanos y existen otras desapariciones en las cuales pudiera haber homicidios y desapariciones en incendios a muy elevadas temperaturas o en alta mar y otras circunstancias incontrolables.

Peralta recordó otro caso emblemático del comerciante Ramón Sánchez (alias Monso), de 85 años desaparecido desde el 27 noviembre del 2013 sin que exista ningún rastro del mismo hasta la fecha, cuando fue raptado en su casa de Villa Trina, Moca, donde cinco hombres fueron condenados a 30 años de reclusión mayor por su muerte y desaparición incluido un hijo del comerciante desaparecido.

También fue condenado a 30 años de reclusión mayor el caso del Panadero Esterlín Francisco Santos, que fue acusado de secuestrar, violar sexualmente, asesinar y desaparecer el cuerpo de la niña Liz María Sánchez, de 9 años de edad, en un hecho que se produjo en el Ensanche Isabelita, en Santo Domingo Este, donde el Ministerio Publico tenía como evidencia los videos de la niña mientras entraba al callejón donde residía el imputado y posteriormente el video donde el panadero salía en su motor con un saco de nylon amarado en la parte trasera de su motor en donde se presumía que llevaba el cadáver de la niña y el mismo al ser arrestado e interrogado por las autoridades competentes, tras su perfil sospechoso, el hoy condenado admitió haber violado sexualmente a la menor edad, a la que luego estranguló y metió su cadáver con piedras dentro de un saco se dirigió al mar Caribe y próximo al Kilómetro 14 de la Autopista Las Américas, se acercó a los arrecifes y lanzó el saco a las aguas del mar. El cadáver de la niña aún no ha podido ser localizado.

Peralta concluyó diciendo que cada caso tiene su particularidad especial pero que en casos similares a estos, en el que se ha desaparecido el cadáver de la víctima, sin que pueda ser hallado, tienen jurisprudencias más notorias y seguidas en otros países como España, Argentina, Chile, Costa Rica y Guatemala, logrando que se dicten sentencias para que los culpables sean condenados.