Titulares
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de julio de 2026

 

Diario Azua / 19 de julio 2026

Por Natanael de los Santos

Ya basta.

El presidente Luis Abinader debe pedirle al gabinete en pleno que redacte sus cartas poniendo los cargos a disposición. Hoy. Sin miedo. Sin contemplaciones.

El país necesita una reestructuración de verdad. No un cambio de sillas. Necesita sacar del gobierno a los popis, a los oportunistas de la "sociedad civil" que solo aparecen en campaña, y a empresarios que se metieron a funcionarios para defender sus negocios.

Nombres hay de sobra.

Tenemos a Celso Marranzini en Edenorte, cuestionado por contratos y por la crisis eléctrica que sigue pagando el pueblo. Tenemos casos de corrupción que huelen mal desde lejos: EDUCACIÓN, JUVENTUD, PLAN SAN JUAN, AGRICULTURA Y SENASA, para solo mencionar algunos. Hay nombres que le dan náusea al pueblo: Bartolomé, Faride, Marranzini, Miyagi. Sin mencionar a los involucrados en narcotráfico y otros muchos más. Funcionarios que entraron hablando de transparencia y salieron salpicados.

Y el disgusto va creciendo. El presidente no ha querido entender que el pueblo está harto de Faride. Harto de verla en todos los escenarios, hablando por el gobierno, mientras en los barrios no se resuelve nada. Pero como ella anda con más de 20 escoltas, ni se da por enterada de lo que está sucediendo en el país: los abusos policiales y las coimas o peajes. A pesar de la comedia repleta de mentiras de cada lunes, mintiendo en la cara del presidente.

La gente pregunta: ¿para qué tantos voceros si nadie da la cara ni resuelve? Exceptuando a Guido y a Yayo, que sabe defender con argumentos y sin ofender. El cansancio es real. No queremos más vocería, queremos soluciones.

Y no es solo corrupción. También es incapacidad.

Tenemos un gabinete de ineptos en chaquetas que, no resuelven. Que no cogen el teléfono. Que le dejan todo al presidente. ¿Para qué están entonces? Los legisladores del PRM deberían poder llamar a un ministro y resolverle a su gente una calle, un hospital, un acueducto, una funeraria, un puente, un financiamiento agricola real, un camino o una promesa de campaña pendiente. Pero nada. Todo se tranca y el pueblo olvidado sigue esperando.

El gobierno no se gobierna solo desde el Palacio. Se gobierna desde cada ministerio, desde cada dirección, con gente que tenga experiencia de Estado y sensibilidad social. Gente que sepa que gobernar es servir, no facturar.

Señor presidente: reestructure. Bote lo que no sirve.

Coloque políticos con calle, con experiencia, con sensibilidad social. Que conozcan el dolor de Los Tres Brazos, de Puñal, de Villa Duarte. Que sepan que Sabaneta, en San Juan, no tiene liceo, acueducto, mercado, cementerio hábil, play de béisbol, ni funeraria. Que les preocupe que el río San Juan está en estado de emergencia, con más del 80% de su cuenca deforestada y la presa sedimentada. Que esa presa le genera al Estado muchos recursos con la venta de energía limpia, pero esa comunidad se cae a pedazos.

Ponga gente que resuelva sin hacer 20 ruedas de prensa. Mientras tanto, la gestión de la Utepda, que supuestamente iba a resolver eso, es un fracaso. Una farsa conformada por corrupción en la zona. Si quiere pruebas y detalles, pregúnteme o revise los informes generados por funcionarios del nivel central.

Porque si seguimos con los mismos incapaces y con los mismos vicios, el 2028 le va a pasar factura. Y muy cara.

¡Que se vayan ya! El que no dio la talla. El que robó. El que no escucha. El que se cree intocable.

El país no aguanta 2 años más de improvisación. Comprenda eso, presidente, y salve su gestión y su legado.

sábado, 18 de julio de 2026


Diario Azua / 18 julio 2026.-

A pesar del aporte a puro esfuerzo de sus pobladores para sultir de alimento el mercado nacional, pero nada cuenta. El Sur sigue atrapado por el atraso y cuando pretende levantar la cabeza son las autoridades que deberían defenderla, son las que hacen todo los posible por ponerle el pie sobre su cabeza para que no se levante.

El Sur no debe ser una zona solo para complacer el apetito de enriquecimiento de empresarios y funcionarios que allanan el camino para justificar maniobras, vestidas de inversión, que dejan más pobreza en la región. Inversiones que dañán el ecosistema.

Una región con un gran potencial agrícola pero donde ha brillado la ausencia de la mano del Estado para acompañar al sector agropecuario a desarrollarse, a través del Banco Agrícola, Ministerio de Agricultura e Indrhi.

El mal ha sido tan grande que en dos supuestas soluciones del tránsito, las cirncunvalaciones de Azua y Baní, son dos zona de muerte, donde más de treinta (30) personas han perdido la vida instantaneamente en esos lugares, porque ambas vía son dos toyos y los sureños no se merecen eso.

El Sur merece que la Carretera Sánchez sea de cuatro carriles en toda su extensión, desde Paya, Peravia hasta Pedernales y Elías Piña, dos aeropuertos, uno en San Juan y otro entre Azua y Baní, construcción del bulevar Francisco Alberto Caamañp Deñó, que vaya desde la entrada de Azua de Compostela hasta Playa Viyeya, bordeando las playas. Tortuguero y Caracoles, por donde desembarcó el Coronel de Abril.

El sur quiere inversiones para vivir, para que su gente pueda desarrollarse con lo que es vital para la existencia del ser humano para que personas de otras zonas puedan venir a disfrutar junto a los lugareños las bondades de esta rica zona, aunque olvidada porque parece que el Estado se ha puesto una venda, para quedar en un amagar y no dar en el punto que quieren los sureños.

viernes, 17 de julio de 2026


Margarita FelicianoPresidenta de FUNDACETI y Miembro de la Dirección Central del Partido Fuerza del Pueblo


Diario Azua / 17 de julio 2026

Por Margarita Feliciano

La democracia necesita una prensa libre, una ciudadanía informada y una comunicación responsable. Lo que no necesita es que el escándalo sustituya la verdad ni que la difamación se disfrace de libertad de expresión.

En los últimos años, el Gobierno ha contribuido a transformar la comunicación dominicana en un negocio altamente rentable mediante cuantiosas inversiones publicitarias. Esto ha fortalecido a un grupo de influencers y comunicadores cuya influencia muchas veces se mide más por el alcance de sus plataformas que por su preparación, ética o compromiso con la verdad. Mientras tanto, periodistas y profesionales con trayectoria, respeto y credibilidad han quedado relegados frente a un modelo que premia el ruido por encima del contenido.

No apoyo una ley mordaza. Nadie debe ser silenciado por pensar diferente o por ejercer una crítica legítima al poder. La libertad de expresión es un derecho irrenunciable y una conquista democrática que debemos proteger.

Sin embargo, tampoco podemos aceptar que, bajo el amparo de esa libertad, algunos conviertan un micrófono o una red social en un tribunal donde se condena moralmente a ciudadanos sin pruebas, con rumores, historias fabricadas o acusaciones irresponsables. Cuando una mentira se repite ante cientos de miles de seguidores, deja de ser un simple comentario y se convierte en un daño real para la honra, la familia, el trabajo y la vida de una persona.

Más preocupante aún es cuando ese modelo de comunicación termina alimentando una cultura donde el morbo, el irrespeto y el descrédito generan beneficios económicos, influencia y poder. En ocasiones, la difamación deja de ser un exceso para convertirse en un mecanismo de presión, chantaje o negociación. Esa realidad no fortalece la democracia; la degrada.

La República Dominicana no necesita una ley para callar voces. Necesita una legislación moderna que establezca responsabilidades claras para quienes, de manera deliberada, difamen, manipulen información o destruyan reputaciones sin pruebas. Poner límites al abuso no es censurar; es proteger derechos fundamentales.

La libertad de expresión y el derecho al honor no son enemigos. Ambos pueden y deben coexistir. Una democracia madura protege la crítica, pero también protege la dignidad de sus ciudadanos. Porque la verdad nunca debe temer al debate, pero la mentira jamás puede convertirse en un negocio amparado por el silencio de las instituciones.

Diario Azua / 17 de julio 2026

Por Natanael de los Santos

Estimado profesor:

Hay seres humanos muy extraños: capaces, indomables, con estándares morales de altísimo valor. Incorregibles. Que no se dejan doblegar por la codicia, ni por las mieles del poder, ni por la dolce vita, ni por el consumismo y la vana apariencia. Usted fue uno de esos.

Su sólida formación y su regia moralidad hicieron que algunos pensaran que le faltó pragmatismo para trascender a niveles sociales o políticos más altos. Pero no. Usted decidió ser moralmente intachable, y profundo en sus principios y valores.

Su gran aporte y su apoyo incondicional a la gestión de Altagracia Paulino durante su paso por Pro Consumidor fue memorable. 

Todavía recuerdo nuestras discusiones. Y recuerdo también el honor que me hizo al presentar un libro que me tocó publicar. Usted se encargó de destacar las fortalezas de ese texto, que defendía la potestad sancionadora del órgano rector de las relaciones de consumo en el país. En momentos en que el sector empresarial se había propuesto quitarle o negarle esa potestad, usted junto a Altagracia Paulino la defendieron a capa y espada. Junto a la opinión de juristas de nivel internacional como Ricardo Rivero. Por eso, profesor, le estaré eternamente agradecido.

La formación de profesionales como Yvelia Batista, Lissette Rivas, Esmerly D'Oleo, Samuel Vargas, entre otros, fue uno de sus mayores aportes a una sociedad que necesita gente comprometida, ante el gran deterioro moral que sufre la sociedad dominicana.

Nos enseñó a leer y a admirar a Chomsky, a Facundo Cabral, a Silvio Rodríguez y a cualquier artista que cantara la canción comprometida. Nos hizo saber que lo importante no es llegar solos ni pronto, sino con todos y a tiempo. 

Gracias, David. 

Fue usted tan valiente como el David bíblico que, con la onda de la verdad, supo derrumbar a gigantes de la mentira y de la avaricia. 

Que la tierra le sea leve y que el Padre lo reciba amorosamente. 

Hasta siempre, amigo.

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 17 julio 2026.-

“Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto más frecuente y constantemente se ocupa de ellas la reflexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí”.

Immanuel Kant, Crítica de la razón práctica, Conclusión (AA V, 161)

Si la “Crítica de la razón pura” estableció los límites de lo que podemos conocer, dejando la metafísica fuera del alcance de la razón teórica, la “Crítica de la razón práctica” (1788) de Immanuel Kant se erige sobre ese vacío para explorar el reino de la acción humana. Tras clausurar la posibilidad de un conocimiento de la libertad, el alma o la inmortalidad, Kant se enfrenta a la pregunta ineludible: ¿cómo podemos, entonces, justificar la moralidad? Pues bien, el filósofo prusiano no busca aquí describir cómo se comportan los seres humanos, sino prescribir cómo deberían comportarse. Se trata de un giro de lo empírico a lo normativo, de la pregunta “¿qué puedo saber?” a la pregunta fundamental “¿qué debo hacer?”.

La grandeza de Kant en esta obra reside en su intento por fundamentar la moralidad no en la felicidad, el deseo o la autoridad religiosa, sino en la razón misma. Su propósito es construir una ética universal, válida para todos los seres racionales, que no dependa de circunstancias contingentes. La moralidad, para Kant, no puede basarse en un bien externo o en una recompensa esperada, pues tales motivos serían egoístas y, por tanto, carecerían de valor moral genuino. El valor de una acción, en esta perspectiva, no reside en sus consecuencias, sino en la intención con la que se lleva a cabo, y esa intención solo tiene valor moral si obedece la ley.

En este punto, es necesario recordar que el concepto central de la ética kantiana es el “imperativo categórico”. A diferencia de los imperativos hipotéticos (“si quieres sacar buenas notas, debes estudiar”), que dependen de un fin particular, el imperativo categórico es un mandato de la razón que se impone de manera incondicionada. Se trata de una ley que nos dicta cómo debemos actuar, independientemente de nuestros deseos o de las consecuencias. Kant lo formula en su obra de diversas maneras, pero la primera y más conocida es la siguiente: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal” (Kant, 1788, AA V, 30).

Esta fórmula nos obliga a pensar si la norma que guía nuestra acción (la “máxima”) podría ser aplicada por todos los seres racionales sin caer en contradicción. Por ejemplo, la máxima de “mentir para salir de un apuro” no puede ser universalizada, pues si todos mintieran, la mentira perdería su eficacia, y la comunicación misma se haría imposible. Siguiendo el silogismo kantiano, la mentira es, por tanto, moralmente prohibida.

La segunda formulación, igualmente crucial, se centra en la dignidad de los seres humanos y versa así: “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio” (Kant, 1788, AA V, 42). Esta máxima nos impide instrumentalizar a las personas, tratándolas como simples objetos para nuestros fines. El ser humano, en tanto que es racional, posee un valor intrínseco e incondicionado, una dignidad que debe ser respetada en todo lugar y en todo momento. Para Kant, esta capacidad de darnos la ley moral a nosotros mismos es la “autonomía de la voluntad”, la fuente de toda moralidad. Así, desde este enfoque, no obedecemos a una ley externa, sino a la ley que nuestra propia razón nos dicta.

Ahora bien, seguramente en este punto del texto usted, caro lector, se preguntará: “¿por qué me estás sugiriendo leer a Kant hoy?” Excelente pregunta, porque si somos conscientes de que en nuestra era, marcada por la “post-verdad”, donde los hechos objetivos son a menudo suplantados por las emociones, los caprichos y las narrativas personales, la urgencia de retornar a Kant se vuelve evidente. Desde nuestra perspectiva, la post-verdad es una enfermedad de la razón, un nihilismo disfrazado que destruye los cimientos de la verdad compartida y, con ella, la posibilidad de una moralidad universal. Al socavar la objetividad, también se socava la idea de que existen derechos y obligaciones (para todos por igual) que nos vinculan más allá de nuestros gustos, intereses o sentimientos.

La “Crítica de la razón práctica” emerge en este contexto como un antídoto contra la estupidez reinante. Kant nos recuerda que la moralidad no es una cuestión de opiniones subjetivas o consensos sociales, sino que es un mandato de la razón misma. Su imperativo categórico nos exige elevarnos por encima del relativismo y el egoísmo, obligándonos a considerar si nuestras acciones podrían ser una ley para todos. La moral posmoderna nos incita a preguntarnos: “¿Qué es la verdad para mí?”, mientras que Kant, por el contrario, nos confronta con una pregunta mucho más exigente, a saber, “¿Qué es lo correcto para todos los seres racionales?”. Al fundamentar la moralidad en la razón autónoma, Kant nos proporciona una brújula en un mar de confusión, una herramienta para distinguir lo correcto de lo conveniente, y un recordatorio de que la dignidad humana y el deber no son conceptos negociables o deconstruibles. La obra de Kant, en definitiva, nos desafía a reconstruir, desde la razón, el terreno ético que la post-verdad ha dinamitado sigilosa y astutamente.

Y ya que estamos en tiempos en los que se habla mucho de libertad, es fundamental recordar que, en la “Crítica de la razón pura”, Kant había demostrado que la libertad no es cognoscible por la razón teórica. La causalidad opera en el mundo de los fenómenos, donde todo evento tiene su correspondiente causa. Sin embargo, en la “Crítica de la razón práctica”, Kant realiza un movimiento audaz: la libertad, que no pudo ser demostrada como un objeto de conocimiento, es postulada como un “hecho de la razón” (FaktumderVernunft). En pocas palabras: no sabemos que somos libres porque tengamos experiencia de ello, sino porque la conciencia de la ley moral nos lo impone. La ley moral nos dice “debes”, y el “debes” implica que “puedes”. Es decir, si estamos obligados a actuar de cierta manera, es porque todos somos capaces de hacerlo. La libertad, en este sentido, es la condición de posibilidad de la moralidad misma.

Al respecto, el filósofo Karl Jaspers, en su obra titulada “Kant”, hace puntual hincapié sobre este asunto al indicar que “la libertad, de la que no tenemos conocimiento, es la condición para que podamos actuar moralmente. La ley moral es el motivo por el cual sabemos que somos libres, aunque no sepamos qué es la libertad misma” (Jaspers, 1957, p. 110). La razón práctica, al postular la libertad, nos ofrece una certeza a la que la razón teórica no podía acceder. La libertad es la bisagra que une el mundo inteligible (el de las ideas de la razón) con el mundo sensible (el de los fenómenos naturales). Kant no resuelve la dicotomía entre esos dos mundos, pero sí traza un camino para que, a pesar de que nuestros cuerpos están sujetos a leyes de la naturaleza, nuestra voluntad pueda ser el origen de acciones libres y morales.

Pero espere, hay más: la ética de Kant no se detiene en la libertad. La razón práctica tiene la capacidad de postular ciertas verdades que, aunque incognoscibles, son necesarias para que la moralidad tenga sentido. Estos son los “postulados” de la razón práctica: la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. La ley moral nos exige una perfección completa y constante (y sí, era prusiano el muchacho). Dado que esta santidad no es alcanzable en una vida finita, Kant postula la inmortalidad del alma como una garantía de que habrá un tiempo infinito para alcanzarla. La existencia de Dios, por su parte, es postulada como garante de que la virtud (la obediencia a la ley moral) se corresponda, en última instancia, con la felicidad. Esta armonía final entre virtud y felicidad es lo que él llama “el sumo bien”.

La noción del “sumo bien” o summumbonum es uno de los conceptos más debatidos, y a menudo, malinterpretados de la filosofía kantiana. No es un detalle secundario, sino un punto culminante de la moralidad, un postulado que une la virtud con la felicidad y, en última instancia, justifica la fe. Kant introduce este concepto en la segunda parte de la “Crítica de la razón práctica”, en la sección titulada “Dialéctica de la razón pura práctica”. Lo define como la síntesis o la unión de dos elementos que la experiencia a menudo muestra separados: la virtud y la felicidad. Para él, la virtud (obediencia a la ley por el deber mismo) es el bien supremo (supremum), es decir, el bien incondicionado y principal. La felicidad, por su parte, es el bien condicionado, la satisfacción de todos nuestros deseos y necesidades, algo que buscamos por naturaleza, pero que por sí misma carece de valor moral.

El problema que Kant identifica es que la moralidad, tal como la conocemos, nos exige que seamos virtuosos, pero no nos garantiza que seamos felices. De hecho, a menudo parece todo lo contrario: la persona que actúa con rectitud suele sufrir, mientras que el injusto parece prosperar. Si la moralidad nos exige una renuncia a la felicidad en aras del deber, ¿no convierte esto a la razón práctica en algo insosteniblemente trágico, injusto o absurdo? Kant rechaza esta conclusión, porque la razón práctica no puede admitir una contradicción tan profunda. Para ello, postula la necesidad de que exista una conexión entre ser digno de la felicidad y la felicidad misma. Esta “armonía final” entre virtud y felicidad es lo que él llama “el sumo bien”.

Esta conexión no puede ser demostrada en el mundo sensible, donde las leyes naturales y la causalidad operan de forma mecánica. Es por ello que el sumo bien se convierte en un postulado de la razón práctica. Para que el proyecto moral tenga sentido, debemos creer en la posibilidad de esta unión. Esta creencia se fundamenta en la necesidad de que la virtud, al ser el bien principal, sea también el fundamento para merecer la felicidad. Kant explica que, si bien la moralidad no nos enseña a cómo ser felices, sí nos enseña cómo ser dignos de la felicidad. El sumo bien, por lo tanto, no es el motor de nuestras acciones, sino el resultado final de una vida moralmente recta. La búsqueda del sumo bien no es la motivación de la acción moral, sino la esperanza que sostiene a la voluntad de cumplir con el deber. Es, en este contexto, que la existencia de Dios y la inmortalidad del alma se convierten en postulados necesarios para hacer posible el sumo bien en tanto que sólo un ser omnipotente y moralmente perfecto, es decir, Dios, podría garantizar que la virtud sea recompensada con la felicidad en una existencia más allá de la vida terrenal.

En definitiva, el sumo bien es el objeto final de la moralidad y la culminación del sistema ético kantiano. Es la idea de un mundo donde la virtud y la felicidad coinciden, una idea que no es un objeto de conocimiento, sino un objeto de fe racional, necesaria para que el cumplimiento del deber no sea un acto de heroísmo sin sentido. Aún así, la premisa de Kant sigue siendo la misma: la moralidad no es una cuestión de gustos o convenciones sociales, sino un mandato de la razón que nos exige trascender el interés propio para vivir en un mundo donde la dignidad de cada persona sea un fin en sí misma.

En conclusión, queridos lectores, queda claro que si bien la ética kantiana es rigurosa, es también objeto de serias críticas. ¿Es posible aplicar el imperativo categórico en todas las situaciones sin caer en dilemas irresolubles? ¿Qué sucede cuando dos deberes kantianos entran en conflicto, como el deber de decir la verdad y el deber de proteger una vida? Y si la moralidad depende de la libertad, ¿cómo podemos afirmar que somos libres si la razón pura nos dice que no podemos conocer tal cosa? Kant abrió un abismo entre el reino de la necesidad natural y el reino de la libertad moral, un abismo que, sin un puente, parece dejar a la razón dividida. Pero no tema, caro amigo, en nuestra próxima entrega exploraremos si la “Crítica del juicio” ofrece alguna solución a esta fractura dicotómica.

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)
Por Rubén Moreta
Diario Azua / 17 julio 2026.-

Los vínculos entre Puerto Rico y la República Dominicana a lo largo de la historia son sobresalientes. El prócer Ramón Emeterio Betances, sembrador de la semilla de la libertad puertorriqueña, recorrió entre 1861 y 1872 los territorios de Santo Domingo, Cuba, Haití y Saint Thomas, gestionando apoyo para concretar las utopías de la independencia de su patria y la construcción de una Confederación de las Antillas Libres.

Exiliado político en 1861, Betances entabló sólidas relaciones de amistad con dominicanos ilustres como el general Gregorio Luperón, Fernando Arturo de Meriño y con muchos otros liberales de la época. Vivió en suelo dominicano donde adquirió propiedades y llegó a formar una familia. En momentos en que peligraba nuestra independencia, el propio Betances se reunió con Luperón en Saint Thomas para respaldar su lucha contra el caudillo Buenaventura Báez, quien planeaba la anexión de nuestra República a los Estados Unidos.

Otro prócer y luchador abolicionista puertorriqueño que precedió la obra pedagógica de Hostos en República Dominicana fue el brillante educador, político y periodista liberal Román Baldorioty de Castro, quien enseñó Ciencias Físicas y Naturales en Santo Domingo entre 1876 y 1878. Fueron discípulos de este notable boricua José Pantaleón Castillo, Francisco Henríquez y Carvajal, entre otros destacados jóvenes dominicanos.

Un boricua singular fue don Eugenio María de Hostos, el más ínclito de los educadores de América. La obra pedagógica y revolucionaria de este prohombre puertorriqueño es icónica. Su existencia estuvo marcada por la adversidad, lo que lo obligó a vivir en un permanente peregrinar por Estados Unidos, España, Chile, Venezuela, Perú, Argentina y la República Dominicana. En estas naciones, el Maestro concretó un fértil ejercicio pedagógico, filosófico, periodístico, político y patriótico, equiparable al de los grandes próceres latinoamericanos.

El insigne Maestro visitó y residió en cuatro ocasiones en la República Dominicana, erigiéndose en el apóstol de la ilustración dominicana: el pedagogo rebelde, el sociólogo impulsor del cambio político y cultural, y el filósofo del compromiso con la libertad e independencia de los pueblos del Caribe y de toda América.

El autor es Profesor UASD.



Analizando el nuevo Código Penal
Por el Lic. Cesar Amadeo Peralta
Diario Azua / 17 julio 2026.-

Contratar o no a una persona, despedirlo, no dejarlo entrar a un lugar público, discotecas, restaurantes, fiestas, actividades sociales, no atenderlo o no venderle o suministrarle un bien o un servicio etc. etc. etc., dispensarles un trato desigual o vejatorio, en razón de su sexo (homofóbico, gay, homosexual, marica, maricón, mariquita y ...) por ser prieto, gordo, viejo, cuero, bandido, deportado, alguna discapacidad, nacionalidad, familia de algún político, pobre, negarse a inscribirlo en un centro educativo, no dejarlo entrar a un lugar público, comercial o a un espectáculo, etc. et. Etc., constituye el delito de discriminación previsto en el artículo 173 del nuevo código penal de la Republica Dominicana.

Quienes violen esta disposición podrían enfrentar penal de 2 a 3 años de prisión y un poco más y multas de 90 mil a 150 mil pesos, daños y perjuicios, pago de las costas legales, cierre temporal y definitivo del negocio en virtud a lo previsto por los artículos 29 y 39 en lo referente a las penas complementarias adicionales a la prisión correccional.

Mientras venimos analizando el nuevo código penal, también advertimos disposiciones que el mismo código también las contradice y llevan a confusión por su mala redacción y aclaración, como por ejemplo el párrafo 3 del artículo 173, descrito más adelante, lo que hace que algunos artículos unas veces se conviertan en letras muertas, otras en inconstitucionales, otras confusas y aquí explicamos una de ellas que debe ser mejor redactada o aclarada.
El nuevo código penal establece lo siguiente;

Artículo 173.- Discriminación. Constituye discriminación el hecho de incurrir en cualquier trato desigual o vejatorio contra una persona física por razones de su sexo, color, edad, discapacidad, nacionalidad, vínculos familiares, lengua, religión, opinión política o filosófica, condición social o personal, y cualquier otra forma de discriminación basada en características o condiciones inherentes a la persona.

La discriminación será sancionada con dos a tres años de prisión menor y multa de nueve a quince salarios mínimos del sector público, si de ella resulta uno o cualquiera de los hechos siguientes:

1) La negativa a suministrar a la víctima un bien o un servicio;

2) El obstaculizar el ejercicio normal de una actividad económica de la víctima, siempre y cuando esta actividad económica esté siendo ejercida de manera legal;

3) El negarse a contratar a la persona, imponerle sanciones o despedirla en vulneración de un mandato legal o constitucional;

4) El subordinar el suministro de un bien, de un servicio o una oferta de empleo a una condición fundamentada en una de las circunstancias enunciadas en la parte capital de este artículo;

5) Negar el acceso a la educación en cualquier nivel, basada en una de las circunstancias enunciadas en la parte capital de este artículo;

6) Negar el acceso o entrada a una persona a un establecimiento público, comercial o a un espectáculo, en razón de las circunstancias enunciadas en la parte capital de este artículo.

Párrafo I.- Asimismo, incurre en la conducta antes descrita el trato discriminatorio dado por una persona jurídica a una persona física en razón de una de las circunstancias antes enunciadas.

Párrafo II.- Las previsiones de este artículo se aplican sin detrimento de la libertad de conciencia y de culto con respeto al orden público y a las buenas costumbres.
Contradicción de este mismo artículo.

Párrafo III.- No habrá discriminación cuando el prestador de servicio o contratante fundamente su negativa por objeción de conciencia o motivos religiosos.

“Aclaración del autor de este artículo; En derecho penal, la objeción de conciencia es el derecho que tiene un ciudadano a negarse a cumplir una obligación legal específica porque su acatamiento choca gravemente con sus convicciones morales, éticas o religiosas y este no las acepta. Es una excepción jurídica diseñada para proteger la libertad de conciencia y pensamiento.”

Articulo 174.- Responsabilidad de las personas jurídicas por discriminación. Las personas jurídicas podrán ser declaradas penalmente responsables de discriminación en las condiciones previstas en los artículos 8 al 11, en cuyo caso serán sancionadas con las penas dispuestas en el artículo 39.

Artículo 175.- Ejercicio de la acción penal. La discriminación será perseguida por acción pública a instancia privada.

Penas complementarias:

1) Decomiso de los bienes, objetos o medios materiales utilizados para la comisión de la infracción;

2) La confiscación o decomiso del producto y de los bienes, objetos y haberes procedentes directa o indirectamente de la infracción, sin perjuicio de los derechos que tengan los terceros de buena fe;

3) Confiscación de bienes para la reparación a la víctima, cuando el bien tenga relación directa con el delito y no se afecten derechos de terceros adquirientes de buena fe debidamente comprobados;

4) El cierre definitivo del establecimiento comercial o de la instalación involucrada directa o indirectamente en la infracción, o su cierre temporal por un periodo no mayor de tres años;

5) La inhabilitación definitiva de la licencia de porte o tenencia de un arma de fuego, o su inhabilitación temporal por un periodo no mayor de tres años;

6) La inhabilitación definitiva para ejercer la función pública, oficio, profesión, actividad social o específica en cuyo ejercicio, o en ocasión del cual, se cometió la infracción que da lugar a la condena, o la inhabilitación temporal para ejercerla por un periodo no mayor de cinco años;

7) La inhabilitación definitiva para participar en concursos y oposiciones públicas, o la Inhabilitación temporal por un periodo no mayor de cinco años, para participar en ellos;

8) La inhabilitación temporal de los derechos de ciudadanía, conforme lo consagra la Constitución de la República respecto de las infracciones graves en ella previstas, o la suspensión, mientras se esté cumpliendo la pena principal de prisión, de los derechos cívicos, civiles y de familia, en particular de los siguientes:

a) El derecho de elegir y ser elegible para los cargos que establece la Constitución; b) El derecho de ejercer la función de perito ante cualquier tribunal; c) El derecho de tutela o cúratela, sin que esto excluya la facultad del condenado de mantener la autoridad parental de sus hijos si obtiene previamente la autorización favorable del Tribunal de Niños, Niñas y Adolescentes competente;

9) La revocación de la licencia o título público habilitante;

10) Inhabilitación definitiva para conducir vehículos de motor o de otro y tipo cuya operación haya estado directamente ligada a la comisión de la infracción, o su inhabilitación temporal por un periodo no mayor de tres años;



11) Obligación de restituir a la víctima los bienes o cosas que constituyan el objeto de la infracción.



Además de las medidas de seguimiento socio judicial que también son muchas:



El autor de este artículo lo hace de manera didáctica, a los fines de que todos estemos enterados de las disposiciones del código penal, Lic. Cesar Amadeo Peralta, de la (Oficina de Abogados Peralta & Peralta y Asociados, Abogados Consultores, S.R.L.); Correo Electrónico amadeoperalta@gmail.com, Teléfono 809-710-2213, Oficina dedicada a la persecución de crímenes y delitos económicos y financieros, todo tipo de falsificaciones, violación a la ley del mercado de valores, estafas, delitos vinculados con las operaciones de compra y venta de Criptomonedas, Cripto-activos, abusos de confianza y lavado de activos y violación e invasión de propiedades y todos los delitos económicos, entre otros tipos penales.

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 17 julio 2026.-

El teléfono celular, móvil o como se le quiera llamar se ha vuelto una especie de “extensión del cuerpo”. Y, claro está, sirve de gran ayuda, pero también complica.

De manera creciente escuchamos sobre países que han decidido reducir la exposición de los adolescentes a los teléfonos móviles. ¿Qué ha pasado con eso? Dicho en pocas palabras, lo encontrado alcanza para ir mucho más allá de las aulas.

Lo que comenzó como una preocupación por el rendimiento escolar y la salud mental de los estudiantes está abriendo una conversación sobre un problema que también alcanza a los adultos: la dificultad creciente para distinguir entre lo importante y lo simplemente llamativo.

Revisemos un poco. Noruega, Francia, Finlandia, Dinamarca, Países Bajos, entre otros, han puesto límites al uso del celular en las escuelas. Cada país lo ha hecho a su manera, y todavía es temprano para medir todos los resultados. Sin embargo, las primeras señales merecen atención.

Noruega ofrece la evidencia más sólida. Allí están observando menos casos de acoso escolar, mejoras académicas, sobre todo entre las niñas, y una gran reducción de problemas de salud mental. Francia también reporta avances en la concentración y en el ambiente escolar.

En Reino Unido están yendo un poco más lejos: recuerdan que prohibir el teléfono durante las clases no basta por sí solo. Dicen que si el resto del día continúa dominado por la sobreexposición a las pantallas, el problema simplemente cambia de horario.

Y con los adultos, ¿qué pasa?

Durante años hemos señalado a los adolescentes como si fueran los únicos expuestos a los riesgos del mundo digital. Es cierto que necesitan protección, están formando hábitos, carácter y maneras de relacionarse. Pero basta mirar cualquier sala de espera, una reunión familiar o incluso un semáforo para descubrir que los adultos estamos afectados por el exceso de pantallas.

Nos gusta pensar que la experiencia nos vuelve inmunes. Pero, atención: no siempre es así. Ocurre que, con los años, acumulamos conocimientos, pero también prejuicios, simpatías y “certezas” que pocas veces ponemos en duda. Y ahí está el problema: esa mezcla puede hacernos vulnerables a la manipulación.

Eso explica que compartamos noticias sin verificarlas porque confirman lo que ya creemos. Reaccionamos antes de comprender. Opinamos antes de leer. Y muchas veces terminamos siendo víctimas del mismo ruido del que advertimos a nuestros hijos. ¿Te resulta familiar? La diferencia es que solemos disimularlo mejor.

Por si acaso, aclaro: no propongo una guerra contra la tecnología. El teléfono celular es una herramienta extraordinaria cuando se utiliza bien. El verdadero desafío consiste en impedir que la herramienta termine utilizándonos a nosotros.

Y entonces, ¿qué podemos hacer?

Sigamos con atención la experiencia de esos países. La propia OCDE insiste en que limitar el uso del celular durante la jornada escolar solo funciona cuando forma parte de una estrategia más amplia. Dice que hace falta enseñar a convivir con el celular, desarrollar competencias digitales y fortalecer la capacidad de pensar críticamente.

Ya lo he planteado en otros escritos: la mejor protección frente a la desinformación no es un reglamento. Tampoco una aplicación capaz de bloquear contenidos. La defensa más sólida sigue siendo cada persona que aprende a preguntar antes de creer, a verificar antes de compartir y a desconfiar de aquello que solo busca provocar reacción inmediata.

Hace algún tiempo proponía la necesidad de aprender a "coger y dejar". Hoy esa idea cobra todavía más valor. Vivimos rodeados de mensajes diseñados para conquistar nuestra atención. Algunos informan. Otros manipulan. Muchos simplemente hacen ruido. Si no desarrollamos filtros propios, alguien terminará decidiendo por nosotros qué merece nuestra atención y qué no.

Tal vez por eso lo iniciado en Europa no deba quedarse únicamente en las aulas. También tendría que llegar a nuestras casas, a nuestras oficinas, a los medios de comunicación y a nuestras familias. Porque formar ciudadanos críticos nunca ha sido una tarea exclusiva de los maestros. Es una responsabilidad compartida.

Reducir el tiempo frente a una pantalla puede ser un buen comienzo. Pero el cambio verdaderamente profundo ocurre cuando aprendemos a gobernar nuestra atención. Usemos la tecnología como medio. Mantengamos el criterio para pensar y actuar con libertad.

martes, 14 de julio de 2026


Janet Báez, Comunicadora Social,  Secretaria de Organizacion del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), Asociacion de Periodistas Culturales (Asopprecultrd)


Diario Azua /14 de julio 2026      

Por Janet Báez 

La democracia dominicana no es un regalo de la fortuna ni una concesión graciosa del poder; es una arquitectura social perfectamente edificada sobre los hombros de hombres y mujeres que pagaron con su sangre el derecho a disentir. Desde las gestas restauradoras hasta los mártires de la tiranía trujillista y las luchas por las libertades públicas de finales del siglo XX, el hilo conductor de nuestra historia ha sido el mismo: la conquista irrenunciable de la palabra libre.

Por eso, ver que en pleno siglo XXI se pretendía colar en el nuevo Código Penal un blindaje legal que resucitaba la rancia figura del “ultraje” a funcionarios públicos no solo era un anacronismo jurídico, sino una bofetada a la memoria histórica de este país.

El reciente paso atrás dado por el Senado, al proponer la modificación de 19 artículos que amenazaban directamente la libertad de prensa y el derecho a la crítica, no debe leerse como un acto de benevolencia legislativa. Es, en realidad, el resultado directo de una sociedad civil y un bloque mediático que se negaron a retroceder las páginas del calendario democrático.

Castigar con hasta cinco años de prisión la difamación, o tipificar como delito cualquier gesto o palabra que un funcionario considerara “contrario a su dignidad personal”, era una invitación abierta a la censura previa y al miedo. En una república sana, el funcionario público debe estar sujeto al escrutinio más estricto, no protegido por un manto de intocabilidad que lo aísle de las quejas de quienes pagan su salario con sus impuestos. El poder debe ser incómodo; de lo contrario, se convierte en dictadura.

Es un alivio que la nueva propuesta reduzca las penas de cárcel por difamación y, sobre todo, que blinde las denuncias de corrupción y las críticas a la gestión pública siempre que estén sustentadas. No obstante, este episodio nos deja una lección urgente: la libertad de expresión es un músculo que se atrofia si no se ejercita, y el poder político sin importar el partido de turno siempre sentirá la tentación de controlar la narrativa.

La comisión bicameral que ahora estudia estas reformas tiene en sus manos una responsabilidad histórica antes del cierre de plazo de vistas públicas. No basta con “suavizar” el golpe; hay que extirpar del Código Penal cualquier resquicio autoritario que pretenda intimidar al ciudadano común, al periodista o al disidente.

Nuestra libertad costó demasiada sangre como para permitir que el miedo se legalice en un artículo de ley. Defender el derecho a hablar, a investigar y a criticar es la única garantía de que los sacrificios del pasado sigan teniendo sentido en el futuro.

                                                                                                                                                                    

 

Rafael Reyes Cabreja Lic. en Derecho por la UASD, una maestría en Ciencias Penales por la Escuela Nacional del Ministerio Público y un máster en Análisis e Investigaciones Criminales por la Universidad a Distancia de Madrid


Diario Azua / 14 de julio 2026

Por Rafael Reyes Cabreja

Una madrugada de enero de 2021, a apenas 22 millas náuticas de Santo Domingo Este, una lancha rápida cargada con 236 paquetes de cocaína fue interceptada por el Ministerio Público, la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) y la Armada dominicana. Horas más tarde, en las costas de Matanza, provincia Peravia, otro operativo simultáneo sumaba 227 paquetes más a la incautación. En total, 463 paquetes de droga y siete detenidos en una sola jornada. La escena, lejos de ser excepcional, ilustra un patrón que se repite con distintos rostros, rutas y embarcaciones a lo largo de todo el litoral dominicano.

Ese patrón es precisamente el hilo que atraviesa la investigación "Análisis del tráfico marítimo de drogas en la República Dominicana": un país que, por su posición geográfica entre el mar Caribe y el océano Atlántico, y a mitad de camino entre los países productores de Suramérica y los grandes mercados de consumo del norte, se ha convertido en pieza clave del engranaje del narcotráfico internacional.

Un negocio que se reinventa constantemente

Lo que hace especialmente difícil de combatir a esta modalidad de tráfico no es solo su volumen, sino su capacidad de mutar. Cada vez que las autoridades logran cerrar una vía, el crimen organizado abre otra. Durante años, la imagen dominante fue la de la lancha rápida o "Go Fast": embarcaciones de fibra de vidrio, propulsadas por dos o tres motores fuera de borda, capaces de transportar hasta tres toneladas de droga a velocidades que las hacen casi indetectables para los radares convencionales. Pero junto a ellas conviven hoy los contenedores "preñados" en los puertos comerciales, las embarcaciones de pesca que sirven de fachada legal, los artefactos semisumergibles construidos de forma artesanal en zonas costeras remotas, la carga que se deja flotando a la deriva para ser recogida después, e incluso los primeros drones acuáticos, de superficie y subacuáticos, que empiezan a aparecer en los informes especializados (Centro Internacional de Investigación y Análisis Contra el Narcotráfico Marítimo, 2019, 2020).

Las cifras del continente americano para 2019 confirman hacia dónde se inclina la balanza: los contenedores concentraron el 27% de los eventos de narcotráfico marítimo registrados, y las lanchas rápidas otro 23%, muy por encima de modalidades más artesanales como las embarcaciones de pesca o los depósitos ilegales (Centro Internacional de Investigación y Análisis Contra el Narcotráfico Marítimo, 2019).

El corredor que conecta Suramérica con el Caribe

Buena parte de esa cocaína nace en Colombia y Venezuela y llega a territorio dominicano recorriendo unas 700 millas náuticas, una distancia que las lanchas rápidas cubren reabasteciéndose de combustible en islas intermedias del Caribe. No es casualidad: el propio Departamento de Estado de Estados Unidos ha identificado a la República Dominicana como uno de los principales países de tránsito de cargamentos de cocaína, tanto hacia el mercado norteamericano como hacia Europa, según el informe InSight Crime (2018). Provincias como San Cristóbal, Barahona, Azua y el Distrito Nacional aparecen una y otra vez en los operativos, convertidas en puntos de entrada recurrentes para este tráfico.

Una ley de 1988 frente a un delito del siglo XXI

Persiguiendo este fenómeno se encuentra un entramado legal que arrancó hace más de tres décadas. La Ley 50-88 sobre Drogas y Sustancias Controladas sigue siendo la columna vertebral de la persecución penal en el país, complementada por la Ley 155-17 contra el Lavado de Activos y el Financiamiento del Terrorismo, que apunta directamente al dinero que deja el negocio (Ley 50-88, 1988; Ley 155-17, 2017). A ellas se suman decretos reglamentarios como el 288-96, el 330-00 y el 408-17, y una red de compromisos internacionales desde la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes hasta la Convención de Viena de 1988 que obligan al Estado dominicano a coordinar esfuerzos con otros países.

En la práctica, esa persecución recae sobre todo en la Dirección Nacional de Control de Drogas y el Consejo Nacional de Drogas, ambos bajo el Poder Ejecutivo, y en el Ministerio Público, que dirige las investigaciones a través de su Procuraduría Especializada Antilavado de Activos.

Los operativos que confirman la tendencia

El caso de enero de 2021 no fue un hecho aislado. Meses después, en las costas de Bayahibe, provincia La Altagracia, cuatro ciudadanos colombianos fueron detenidos junto a 278 paquetes de cocaína transportados en una lancha Go Fast (DNCD, 2021a). Y en un operativo binacional que reunió a la Armada dominicana con la Marina francesa, dentro del programa de cooperación ALCORCA, se incautaron 488 paquetes más en altamar (DNCD, 2021c). Tres episodios, tres rutas distintas, un mismo problema estructural.

Lo que queda por hacer

El diagnóstico que deja la investigación apunta a una conclusión incómoda: la ley que sostiene la persecución de este delito tiene más de treinta años y el fenómeno que busca combatir ha cambiado por completo. Actualizar la Ley 50-88, endurecer las sanciones contra quienes facilitan el tráfico desde los puertos, capacitar de forma especializada al personal dedicado a esta lucha, profundizar la cooperación con los países productores de la región y dotar de mayor tecnología sobre todo radares a las costas del suroeste del país son, según el estudio, los pasos pendientes para que la respuesta del Estado no siga un paso por detrás de las organizaciones criminales.

domingo, 12 de julio de 2026

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 12 julio 2026.-

“Hasta ahora se ha creído que todo nuestro conocimiento debía regirse por los objetos… Hagamos, pues, por una vez, la prueba de si no adelantamos más en los problemas de la metafísica, admitiendo que los objetos deben regirse por nuestro conocimiento”.

Immanuel Kant, Crítica de la razón pura, Prólogo a la segunda edición (B XVI)

Hoy quisiera invitarlos a reflexionar sobre la obra de Immanuel Kant, un proyecto monumental que consta de tres entregas en las que analizaremos las principales contribuciones de su pensamiento crítico. Puntualmente en esta oportunidad, examinaremos su “Crítica de la razón pura” (KritikderreinenVernunft), la piedra angular de su sistema filosófico. Este texto, publicado en 1781, no es un tratado académico entre otros, sino un audaz llamado a la razón para que se someta a su propio tribunal, para que sea ella misma quien determine sus límites y sus posibilidades.

¿Usted sabe quién fue Kant? Le cuento. Immanuel Kant (1724-1804) fue un filósofo prusiano, una de las figuras más influyentes de la Ilustración y el pensamiento occidental. Nació y falleció en Königsberg, Prusia Oriental (actual Kaliningrado, Rusia), lugar del que nunca se alejó más de cien kilómetros. Su vida se caracterizó por una rutina tan rigurosa y metódica que se convirtió en una leyenda. Se levantaba a las cinco de la mañana para ir a trabajar, impartía clases en la Universidad de Königsberg, almorzaba y luego realizaba su famoso paseo vespertino, un ritual tan exacto que, se cuenta, los vecino ponían en hora sus relojes al verlo pasar.

Así, lisa y llanamente, un temático incurable. Su existencia, lejos de ser bohemia, fue la de un académico tan disciplinado como solitario. Nunca se casó ni tuvo hijos, dedicando su vida por completo a la reflexión filosófica. Su carácter era a la vez austero y sociable. Mantuvo un círculo de amigos y colegas con los que se reunía en cenas regulares, en las que se discutían temas de actualidad y filosofía, siempre con un estricto protocolo. Este rigor no era un fin en sí mismo, sino un medio para liberar la mente de las distracciones triviales y concentrarse en los grandes problemas del conocimiento.

La grandeza de Kant como filósofo no radica en una vida aventurera o en un carácter excéntrico, sino en su capacidad para sintetizar y superar las tradiciones filosóficas de su tiempo. Su pensamiento representa una culminación de la filosofía moderna, marcando un punto de inflexión. Fue el primero en establecer los límites de la razón de manera sistemática, demostrando que ciertas preguntas de la metafísica tradicional son irresolubles para la razón teórica. Como bien señaló el filósofo Wilhelm Dilthey, Kant “ha fijado en la historia de la humanidad un nuevo punto de partida”, al llevar a cabo una autocrítica de la razón misma (Dilthey, “La esencia de la filosofía”, 1914, p. 251). Su legado es un sistema filosófico que, a pesar de su complejidad, sigue siendo un modelo de rigor, honestidad intelectual y búsqueda incansable de la verdad. Si me preguntan a mí sobre su importancia, les diré siempre que, a diferencia de Foucault, Kant es uno de los autores que ningún filósofo que se precie de serlo, puede dejar de leer e intentar comprender.

La lectura de Kant, hoy en día, no es un ejercicio de erudición histórica, sino una necesidad para quienes buscan orientarse en un mundo saturado de información, mayoritariamente falsa, y post-verdades confusas. Su obra nos dota de herramientas para discernir entre la certeza del conocimiento científico y la especulación metafísica, mientras que nos enseña a ser críticos con la propia estructura de nuestro pensamiento, reconociendo que el conocimiento es más que un mero reflejo del mundo exterior, sino una compleja construcción en la que participamos activamente. La vigencia de Kant reside en su capacidad para recordarnos que, antes de intentar resolver los grandes enigmas del universo, debemos entender las potencias y limitaciones de nuestra propia mente.

El corazón de su obra es lo que denominó “el giro copernicano”. Sí, al igual que Copérnico, abandonamos la idea de que el sol gira alrededor de la Tierra, y en su lugar, admitimos que es la Tierra la que gira alrededor del sol, ¿qué pasaría si en la filosofía hacemos eso mismo? ¿Qué sucede si, en lugar de que nuestro conocimiento se regule por los objetos, los objetos se regulen por nuestro conocimiento? Éste es el cambio de perspectiva revolucionario que Kant propone.

“Hagamos, pues, por una vez, la prueba de si no adelantamos más en los problemas de la metafísica, admitiendo que los objetos deben regirse por nuestro conocimiento. Ello concuerda ya mejor con la exigida posibilidad de un conocimiento a priori de los objetos, que ha de establecer algo sobre estos antes de que nos sean dados. Es exactamente lo mismo que ocurrió con los primeros pensamientos de Copérnico”. (Kant, 1787, B XVI)

Este cambio radical de enfoque implica que el conocimiento no es una copia pasiva de la realidad, sino una construcción activa de la mente. Nuestra experiencia del mundo no es la cosa en sí (noúmeno), sino el fenómeno, un producto de la interacción entre la materia de la sensación y la forma que nuestra propia mente le impone.

Recordemos que, para Kant, el mundo que percibimos está inevitablemente mediado por dos formas esenciales de nuestra intuición sensible: el espacio y el tiempo. No son conceptos derivados de la experiencia, sino condiciones a priori que hacen posible cualquier tipo de experiencia. Puntualmente, en el apartado de la “Estética trascendental”, argumenta que “El espacio no es un concepto empírico, que se haya derivado de experiencias externas. En efecto, para que ciertas sensaciones se refieran a algo fuera de mí (es decir, a algo en otro lugar del espacio distinto de aquel en el que me hallo), así como para que yo pueda representarlas como estando unas junto a otras, y, por lo tanto, no sólo diferentes, sino en lugares diferentes, es necesaria la representación del espacio” (Kant, 1787, A 23/B 38). Así, espacio y tiempo son, por lo tanto, las “gafas” con las que miramos el mundo y no podemos quitárnoslas para ver la realidad “desnuda”. Toda nuestra percepción, interna y externa, está organizada por estas estructuras innatas.

Una vez que las sensaciones son organizadas por el espacio y el tiempo, el entendimiento entra en acción. En la “Analítica trascendental”, Kant introduce las categorías, que son conceptos puros (a priori) que nuestra mente usa para juzgar y pensar sobre los objetos. No son ideas innatas, en el sentido racionalista, sino funciones lógicas que nos permiten conectar y unificar la diversidad de la experiencia. Las más famosas son la de causalidad y la de sustancia. Ya Hume había demostrado que la causalidad no se puede observar en la experiencia, puesto que sólo vemos una sucesión constante de eventos. Kant, sin embargo, argumenta que la causalidad es una categoría del entendimiento, una ley que nuestra mente impone a la naturaleza para poder tener experiencia coherente y ordenada.

Consecuentemente, el filósofo Ernst Cassirer, en su obra “Kant, vida y doctrina”, subraya la importancia de esta facultad, al indicar que “la filosofía kantiana [...] significa el descubrimiento de que la ciencia no es una reproducción pasiva de los hechos dados, sino una formación activa, una creación espiritual original” (Cassirer, 1921, p. 110). La ciencia, en este sentido, supera la perspectiva de ser una simple descripción de los hechos, sino una actividad creadora que organiza el caos sensorial en un universo comprensible.

En este punto, es necesario detenernos y analizar con claridad el juego existente entre las sensaciones y el entendimiento, es decir, ¿cómo “cocinamos” el conocimiento? Como habrán podido apreciar, la filosofía de Kant puede parecer muy abstracta, pero si la entendemos con una analogía simple, su genialidad se vuelve evidente. Pensemos en nuestra mente como un cocinero que debe preparar un pastel. Los ingredientes brutos, como la harina, los huevos o el azúcar, son las sensaciones: el color de una manzana, el sonido de una campana, el tacto de una superficie. Estos ingredientes nos llegan desordenados, como un caos de percepciones sin sentido.

Aquí es donde entran en el juego las “recetas” de nuestra mente. Antes de que el cocinero pueda hacer algo con los ingredientes, ya tiene una idea de lo que es un pastel, y sabe que la harina, los huevos y el azúcar se combinan de cierta manera. De forma similar, nuestra mente posee una serie de estructuras innatas, de las cuales ya hemos hablado, que Kant llama formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y categorías del entendimiento. Estas son las “recetas con las que organizamos las sensaciones.

El filósofo Robert Paul Wolff, en su obra titulada “La teoría kantiana de la actividad mental”, utiliza una analogía diferente pero igual de esclarecedora, al referirse al entendimiento como un “productor de juicios”. Explica que “el entendimiento no es una facultad para crear ideas, sino una facultad para juzgar. La tarea del entendimiento es tomar los datos de la sensación, que ya están ordenados en el espacio y el tiempo, y unificarlos en juicios que puedan ser verdaderos o falsos” (Wolff, 1963, p. 89). En esta metáfora, el entendimiento sería la facultad que nos permite decir: “esto que veo es un árbol” o “el calor dilata los metales”. Sin las categorías, esas sensaciones serían una “ciega multitud”, incapaces de formar un objeto de conocimiento coherente. Es en la unión de la experiencia (ingredientes) y las formas innatas de la mente (recetas) donde emerge el conocimiento del fenómeno.

Así, cuando percibimos una manzana, las sensaciones de su color rojo, su forma redonda y su sabor dulce son organizadas por el espacio y el tiempo. Pero es el entendimiento, con sus categorías de sustancia y cualidad, el que nos permite juzgar que “esto es una manzana”, una cosa con ciertas propiedades. La manzana que conocemos es una construcción de nuestra mente, y por eso podemos decir que el conocimiento es el resultado de la síntesis entre lo que recibimos y lo que aportamos.

En definitiva, queridos lectores, la “Crítica de la razón pura” establece un territorio seguro para el conocimiento científico, pero a un costo: el de declarar la imposibilidad de la metafísica como ciencia. Al trazar esta frontera, Kant nos deja ante un dilema fundamental: si la razón teórica no puede probar la existencia de la libertad o del alma, ¿cómo podemos justificar la moralidad, la dignidad humana o la posibilidad de un actuar ético? ¿Se reduce la libertad a una ilusión, o existe otra forma de razón, una razón práctica que pueda postular estos conceptos no como objetos de conocimiento, sino como condiciones necesarias para la acción? Esta inquietante pregunta, que la razón pura no pudo resolver, nos servirá de guía para nuestra próxima exploración: la “Crítica de la razón práctica”.

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)



Testigo del tiempo
Por J.C. Malone
Diario Azua / 12 julio 2026.-

Mientras las guerras de Irán y Ucrania, junto al Mundial de Fútbol secuestran nuestra atención, el mundo atraviesa una transición profunda, acelerada, silenciosa con la Inteligencia Artificial (IA). Despertaremos en un mundo raro, donde el gobierno será una figura aún más decorativa que hoy, el control lo tendrán un puñado de ejecutivos de corporaciones tecnológicas.

En esta transformación hay muchos perdedores en la actualidad y otros que hacen filas para ser próximos perdedores. Mucha de la gente que “entrenó” a la IA, está siendo sustituida, curiosamente, por la misma IA.

En los primeros cinco meses de este año, solamente en los Estados Unidos, la IA ha desplazado a mas de 80 mil empleados de altos ingresos. A finales de año, serán 160 mil. Según Goldman Sachs, mensualmente se están perdiendo cerca de 16 mil empleos, 192 mil en 12 meses. Sumados a los 180 mil, cerca de 400 mil empleos perdidos sacarán esos ingresos de la economía.

Cientos de miles de jóvenes siguen endeudándose para estudiar, pero cuando terminen sus carreras la IA hará sus conocimientos “obsoletos”. Ellos cargarán esa deuda toda la vida. Será una situación tan ridícula como aquella crisis inmobiliaria del 2008; muchísima gente perdió sus casas, pero deben seguir pagando la hipoteca.

Las universidades no deben seguir cobrando matrículas por carreras sin futuro ni utilidad, técnicamente, eso es una estafa.

Nos adentramos al mundo que los globalistas de Davos ven como el auténtico “Paraiso Terrenal”, poniéndo en práctica su nuevo evangelio: “no tendrás nada y serás feliz”.

Porque ellos serán dueños de todo, nosotros seremos sujetos inútiles, que solo serviremos como “consumidores”, nos “darán” una Renta Básica Universal (RBU). Nos darán el dinero para consumir, y multiplicar las obesas fortunas de la élite.

Viviremos en “ciudades de 15 minutos”, donde caminando encontrarás lo que necesites, pero necesitarás “permiso” para salir de esa ciudad, con las leyes mordazas vigentes, ni podrás quejarte. “No tendrás nada”, ni libertad de expresión, ni de movimiento, pero “serás “feliz”.

Son cambios silenciosos, muy peligrosos.

sábado, 11 de julio de 2026

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 11 julio 2026.-

Son muchas las voces que agradecen porque mi pueblo ya tiene universidad con casa propia. Entre esas voces me cuento. "El agradecimiento es la memoria del corazón", reza un planteamiento muy citado. Aunque la autoría, por vivir en tiempos en donde cualquiera dice y mucha gente cree, se discute, lo cierto es que la gratitud es valiosísima virtud.

En lo personal, me sobran razones para agradecer. Rememorar la labor de docentes viajeros con pasión por estimular potenciales es gran motivo para ello. Evocar actividades pro-fondos para abrir el primer laboratorio de informática en la extensión universitaria llena mi alma de gozo.

Así podría citar una lista muy amplia de recuerdos. Pero es mucho más enriquecedor centrarnos en lo colectivo, en el presente y en las posibilidades que eso tiene para generar un mejor futuro, que perfectamente puede comenzar ahora.

Según reseñan medios de difusión, después de 47 años de presencia universitaria en Santiago Rodríguez, los jóvenes tendrán mejores aulas, laboratorios, biblioteca, auditorio y espacios dignos para estudiar cerca de su casa.

Eso importa mucho. Para una familia pobre o de clase media, estudiar lejos cuesta dinero, tiempo y sacrificios. Una universidad cercana puede cambiar destinos: evita viajes, reduce gastos y permite que más muchachos y muchachas sigan vinculados a su comunidad. Pero hay una pregunta clave: ¿para qué sirve una universidad?

No basta levantar paredes, comprar butacas o cortar cintas. Una universidad vale cuando ayuda a pensar mejor, vivir mejor y cuidar mejor el territorio. Desde 1538, entre cambios, dolores y esperanzas, la UASD ha vivido cierres, reaperturas, guerras, ocupaciones, dictadura y luchas por su autonomía. Esa trayectoria enseña una lección sencilla y muy valiosa: la universidad tiene el compromiso de marchar junto a la sociedad.

En Santiago Rodríguez, la UASD puede formar profesionales que conozcan la tierra, el agua, la agropecuaria, el comercio, el ecoturismo, la cultura y los problemas reales de la zona.

Edgar Morin, humanista fallecido recientemente, propuso saberes para orientar la educación hacia el desarrollo sostenible. Su mensaje es claro: la humanidad debe aprender a vivir con durabilidad, sin destruir la Tierra que la sostiene. Morin propuso cambiar la forma de enseñar. Explica que la economía no está separada del ambiente, la salud no está separada de la pobreza y la tecnología no está separada de la ética. Por eso, una carretera, una presa o una fábrica no son solo obras; también modifican paisajes, relaciones humanas y formas de vida.

Por eso el conocimiento universitario debe estar conectado. Debe mirar el contexto y no quedarse en pedazos sueltos. Morin habla de identidad terrenal, una idea fácil de entender: todos vivimos en la misma casa grande. Si dañamos los ríos, los suelos y los bosques, terminamos dañando nuestra propia vida.

Desde esa mirada, el nuevo centro no debe limitarse a impartir clases. Sus laboratorios pueden estudiar la producción local y el uso del agua. Su biblioteca puede animar la lectura. Su auditorio puede recibir teatro, música, poesía y debates comunitarios. La universidad debe ser aula, pero también plaza pública.

Retomemos la pregunta clave. ¿Para qué sirve una universidad? Incluyamos otras preguntas. ¿Qué puede aportar la universidad a la ganadería o al ecoturismo en Santiago Rodríguez? ¿Cómo puede la universidad contribuir a la cohesión social y a la articulación con otros territorios? ¿Cómo puede apoyar el mejor aprovechamiento de la cercanía con Haití o con el Puerto de Manzanillo?

Una universidad que sólo forme técnicos puede producir manos hábiles, pero no siempre ciudadanos responsables. La zona y el país necesitan personas capaces de dialogar, cuidar, crear y decidir con ética. Ahí está la diferencia entre educar para un empleo y educar para la vida.

También hace falta enseñar historia. Necesitamos saber de dónde venimos, dónde estamos y cómo avanzar. Eso ayuda a entender que el progreso no cae del cielo. Sirve para entender que se construye con conciencia, solidaridad, trabajo común y apoyo mutuo.

El Centro UASD Santiago Rodríguez será valioso si conecta títulos con territorio, ciencia con sensibilidad y futuro con sostenibilidad. Que sus aulas no fabriquen indiferencia, sino compromiso. Que nuestros jóvenes aprendan a producir sin destruir y a crecer sin olvidar sus raíces. Necesitamos una universidad que, además de entregar diplomas, enseñe a convivir mejor.

viernes, 10 de julio de 2026

 

Diario Azua / 10 de julio 2026

Por Karina Concepción Medina

La firma de prospectos en el béisbol se ha convertido en un ecosistema complejo en el que interactúan el talento, las expectativas económicas de los atletas y una cadena de intermediarios que, sin una congruente gobernanza jurídica, podrían gestar riesgos penales significativos para las organizaciones deportivas, cuya tendencia a la exigencia de responsabilidad penal de las personas jurídicas se vislumbra en aumento con el Código Penal promulgado en el 2025.

Ese sistema constituye el vector económico dominante del deporte profesional dominicano, ya que, se destaca la intervención de las academias, entrenadores independientes y los bonos de firmas que anualmente convierten a cientos de atletas en activos económicos de las organizaciones de Grandes Ligas de Béisbol (MLB, por sus siglas en inglés). De acuerdo con las cifras expuestas por la entidad, decenas de millones de dólares anualmente se emplean solo en los bonos de firmas internacionales.

En el 2026, el MLB Draft asignó US$358,662,500 en bonos distribuidos entre los 30 equipos de la organización (Callis, 2026), siendo la firma más costosa la del atleta venezolano Luis Hernández, con un bono de US$5,000,000 con los Gigantes de San Francisco. En el caso dominicano, el campocorto Wandy Asigen, quien se encuentra en el puesto número 2 de la lista de los 50 mejores prospectos internacionales de la MLB, fue el atleta con la firma más lucrativa, ya que, recibió un bono por US$3.9 millones con los Mets de Nueva York (Borek, 2026), lo que evidencia el alto volumen financiero y la preponderancia de los controles de cumplimiento.

Sin embargo, en la República Dominicana, el sistema opera con una palpable intermediación informal. De hecho, ello ha dado pie a la concepción de iniciativas gubernamentales que proponen regularizar el sistema, ya que, se ha reconocido como un terreno fértil para el fraude de identidad, uso de documentos falsos, estafas, corrupción privada, abuso contra menores, pagos no declarados a intermediarios, entre otros.

Es, en otras palabras, exactamente el perfil de riesgo que los programas de cumplimiento están llamados a identificar: alto valor, opacidad relativa, intermediación intensa y flujo de fondos. Por ello es importante la adopción de sistemas de cumplimiento normativo basados en la integridad, como cultura misional en la organización. En ese programa es indispensable prever, mínimamente, la debida diligencia documentada de los intermediarios, la trazabilidad de los flujos de dinero asociados a los bonos, el establecimiento de canales de reporte accesibles a los jugadores, entre otros.

Definitivamente, el activo de mayor valor y riesgo en el deporte dominicano es el futuro económico de un adolescente, negociado a través de un intermediario informal. Por lo que no se trata de un mero trámite y exige un modelo de gestión de riesgos penales respaldado por la articulación legal existente.

Por lo que hablar de compliance en la industria del beisbol dominicano se trata de proteger sueños, carreras, inversiones, la reputación de la organización y, sobre todo, la integridad del deporte.