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domingo, 8 de marzo de 2026

 

PERIODISMO INFORMATIVO Y CRÍTICO AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

Por Ramón Mercedes
Diario Azua / 08 marzo 2026.-

►Vuelve y vuelve: El autor de esta columna tomó vacaciones prolongadas por recomendación de su cardiólogo en el Westchester Medical Center, el Dr. Radhamés Arturo Rojas. Luego de examinarme (la primera semana de diciembre de 2025), determinó taquicardia (frecuencia excesiva del ritmo de las contracciones cardíacas). Estaba estresado, y el estrés es la reacción física o emocional del cuerpo ante desafíos, demandas o cambios, liberando hormonas como adrenalina y cortisol. De nuevo, “vuelvo y vuelvo” con un periodismo informativo y crítico al servicio de la comunidad. Deseando el doble de lo que me desean. ¡Salud y bendiciones!

► Cambió la hora en EUA: Cambió la hora en EUA a partir de este domingo 8 de marzo. Hay que adelantar una hora en territorio estadounidense. La medida busca optimizar la luz solar y reducir el consumo eléctrico. Ya es la misma que hay en RD. Este horario de verano durará hasta el domingo 1 de noviembre de 2026, cuando se atrasará una hora nuevamente.
►Ydanis Rodríguez: Cumplió sus 4 años como comisionado del Departamento de Transporte de NYC -DOT- (US$190 mil al año × 4 = 7 millones 600 mil). Diiicen que ayudó a algunos que lucharon, a otros un poquito que lucharon, y a otros nada que lucharon. A los taxistas no hay quien les hable de él. ¡Uff! Al terminar sus funciones, tenía en proyecto aspirar al Congreso de EE.UU. por el Distrito 15 en El Bronx (actual incumbente Ritchie Torres). Cambió de idea, nos informó la fuente. Luego, tuvo la intención de aspirar al Senado estatal por el Distrito 31, que cubre los vecindarios de Washington Heights, Inwood y Marble Hill, y también partes de Hamilton Heights, Harlem, Morningside Heights, Hell's Kitchen y Chelsea. El 55 % de sus habitantes son hispanos, 30 %, blancos, 8 %, afroamericanos, 5 %, asiáticos y 2 %, otros. También lo descartó y piensa jubilarse con el último sueldo para salir full $$$ en la pensión, porque, siendo senador (si ganaba), su sueldo sería de US$142 mil y tendría que pensionarse con ese último sueldo con una pensión menor.
► Una empresa asesora de transporte para RD: La misma fuente nos informa que Ydanis Rodríguez se mantiene con un Down, generalmente encerrado en su apartamento en el Alto Manhattan. No se deja ver. Dicen que el nuevo alcalde no lo ha tomado en cuenta para nada. Para salir de NY, se propone crear una “empresa de asesoramiento de transporte” para asesorar las instituciones en RD que tienen que ver con lo mismo (INTRANT, DIGESETT, FITRAM, TRAE y la OMSA). Por eso traía a NYC a muchos de sus directores, para pavonearlo ante la comunidad y las autoridades neoyorquinas. Diiicen que su padrino en RD es el flamante y poderoso senador por Espaillat, Carlos Gómez, quien olvidó totalmente su comunidad en la Gran Manzana. ¡Ah! A propósito de Carlos, nos informan que buscará su reelección, y Andrés Bautista hijo será el presidente en Moca del PRM. Se estaban disputando presidencia provincial de la entidad, pero, diiicen, el presidente Abinader resolvió rápido el problema. A cada quien lo suyo y todo en paz ahora. ¡Wepa!

► Asombro entre dominicanos en NYC: El asalto a un ciudadano estadounidense en La Vega mientras participaba en un entierro ha causado asombro entre dominicanos en NYC. 
►Aplanadora pasó por varios consulados RD: 17 fueron los vicecónsules dominicanos diseminados por el mundo que fueron cancelados “de un viaje” por el presidente Luis Abinader la semana pasada, mediante el decreto 149-26. Figuran dos de NY: Francisco Antonio Báez Maríñez, en el consulado de NY, y Edgar Núñez Agüero, miembro de la seccional del PRM-NY y vicecónsul en Montreal, Canadá. Compañeros del partido están averiguando si la cancelación de Núñez Agüero fue por recomendación del actual cónsul allí, Lucilo de los Santos, presidente de la seccional del partido en Nueva Jersey. Una fuente de entero crédito informó a Entérate NY lo siguiente: ni quito ni pongo. En NY serán sustituidos los vicecónsules Iván Tolentino, Clarelina Sosa e Isaura Nivar, por haber cumplido ya cinco años en sus funciones. Nivar es esposa del expresidente del PRM-NY y asesor del presidente Luis Abinader en el exterior, Neftalí Fuerte, quien estaba cabildeando fuertemente para que la pusieran como cónsul en sustitución de Eligio Jáquez y ahora de Chú Vásquez. Diiicen que Fuerte alega que, si se la quitan, tienen que conseguirle algo igual o superior a vicecónsul. Un compañero vociferó: “El partido en NY debe sustituir esas y otras posiciones con verdaderos dirigentes que han estado en el banco, y se dejen de pensar solo en sus beneficios personales”. ¡Ay, ay, ay!

►¿Por Adriano la quitaron? En la comunidad dominicana en el Alto Manhattan se comenta por doquier sobre el congresista Adriano Espaillat (D-13), que además es el presidente del Caucus Hispano del Congreso (CHC), compuesto por 30 legisladores del Partido Demócrata de ascendencia hispana, para asesorar y dar voz en el proceso legislativo a temas que afectan a hispanos y latinos en EE. UU., que por él, el presidente Donald Trump sustituyó el pasado jueves a Kristi Noem, la poderosa secretaria de Seguridad Nacional (DHS), agencia que tiene bajo su dependencia el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de EE. UU. Dominicanos que se autodefinen como sabiólogos, todólogos y opinólogos en el Alto Manhattan discuten que sí, que fue por él; otros, que no. Dice el refrán pueblerino que "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia".
► Veamos lo del congresista: 1) Espaillat encabezó en el Congreso una ofensiva política para exigir la dimisión de Noem al frente del DHS. 2) Pidió públicamente el mes pasado su renuncia durante una rueda de prensa frente a la sede de la agencia federal en Washington, D.C., y el desmantelamiento del ICE tras la muerte de dos manifestantes en enero en Minnesota. 3) Allí proclamó: “Necesitamos desmantelar el ICE y a la persona que dirige la agencia, bajo cuya supervisión se han cometido atrocidades”. 4) “Debería dimitir o ser destituida, porque ha conducido una agencia corrompida a un mayor caos, confusión, persecución ilegal de familias inmigrantes y al asesinato de estadounidenses”. 5) “Noem es responsable de numerosas atrocidades cometidas bajo su liderazgo, y debería haber renunciado a su cargo hace tiempo; la decisión de reemplazarla refleja el impacto general de nuestra demanda de transparencia y rendición de cuentas”. 6) Diiicen que su llamado contribuyó a elevar la presión política sobre ella y a colocar el tema en el centro del debate nacional sobre las políticas migratorias y la supervisión del DHS.
► Centro de debates ÷ dominicanos NYC: El restaurant “La Mesa del Rey”, ubicado en el 1712 de la avenida University, casi con la calle 176, en El Bronx, de capital quisqueyano, se ha convertido en el nuevo centro de acogida de dirigentes políticos, comunitarios, profesionales, periodistas y ciudadanos comunes dominicanos en NYC para debatir asuntos relacionados con la comunidad. También para celebrar baby showers, actos de reconocimiento a personas, despedidas de soltera y celebraciones de cumpleaños, todo por las finas atenciones, buenos precios y la variedad del almuerzo. La asistencia parece un “arcoíris”; ¿la democracia?, se preguntan muchos. Al establecimiento (cerrado los martes por descanso) acudimos con frecuencia el autor de esta columna, conjuntamente con el colega de Telemicro Internacional, Manuel Ruiz. De momento, el negocio se convierte en un “oráculo” (718) 483-8766/8787). ¡Uff!

►Embajada EUA-RD: Ciudadanos estadounidenses en situación de emergencia, llamar al (809) 567-7775. Fuera del horario regular de oficina: (809) 567-7775. Desde el exterior: (809) 567-7775. Contacto en caso de emergencia. Sustracción internacional de menores. Arresto o detención. Fallecimiento. Víctima de crimen o delito. Asistencia financiera de emergencia. Pasaporte de emergencia. Además, regístrese en el Programa de Inscripción de Viajeros Inteligentes (STEP) = https://mytravel.state.gov/s/step si viaja fuera de EUA. Es un servicio gratuito que le envía actualizaciones y alertas por correo electrónico de las embajadas y consulados estadounidenses en el extranjero sobre disturbios, ciclones, inundaciones severas, entre otras situaciones en el país en que se encuentre.
► Un valor dominicano en NY: La dominicana Doris B. González ha puesto en alto la bandera tricolor en playas extranjeras desde hace tiempo, demostrando su dominicanidad, una excelente labor hacia la comunidad, con disciplina, honradez y capacidad, que debe servir de ejemplo a las nuevas generaciones. Ha ocupado varios cargos ejecutivos en la administración pública de NY. En el sector privado, fue ejecutiva en la empresa tecnológica Kyndryl y, durante 25 años, ocupó cargos de liderazgo en filantropía corporativa en IBM. Además, González forma parte de la junta directiva de varias organizaciones sin ánimo de lucro y es mentora en la Iniciativa de Mentoría Latina. La gobernadora de NY, Kathy Hochul, anunció su nominación como presidenta de la Corporación de Servicios de Educación Superior del estado. Deberá ser confirmada por el Senado Estatal de NY; mientras tanto, ejercerá las funciones de presidenta interina. Si usted la ve caminar por ahí, dígale: “Doris, usted es un valor dominicano en NY”.

►Servicio comunitario: Clases de ciudadanía. El Citizenship Project de la New York Historical ofrece talleres gratuitos de preparación para la ciudadanía. El curso es en inglés y dura 6 semanas. El próximo curso virtual inicia el 30 de marzo y se llevará a cabo los lunes y miércoles, de 8:00 a 9:00 p.m. 

►Cultura General: ¿El que vino al mundo y no bebe vino, a qué vino? El vino sigue siendo un símbolo cultural, gastronómico y social, profundamente arraigado en muchas sociedades. Consumido con moderación, puede integrarse a un estilo de vida saludable para adultos sin condiciones de riesgo. Puede ayudar a reducir el colesterol, prevenir enfermedades cardíacas, mejorar la digestión y reducir el estrés, gracias a sus antioxidantes. Pero la ciencia es clara: no es necesario beber para estar sano, ni beber más aporta beneficios adicionales.

► Salud: Pasar largas horas sentado frente al ordenador puede tener consecuencias visibles y dolorosas. Una de ellas es la llamada “joroba de oficina”, una curvatura excesiva de la parte superior de la espalda que aparece tras mantener, durante mucho tiempo, una postura encorvada, con la columna en forma de “C”. Los especialistas recomiendan ajustes ergonómicos y movimientos simples para evitar el dolor y las curvaturas anómalas de la espalda.

►Frase: Ostracismo = exclusión, voluntaria o forzada, de una persona de un grupo social, comunidad o actividad. Implica aislamiento, rechazo o ignorar a alguien, provocando marginación.

► Dólar y euro hasta este domingo 8: compra del dólar 59.62 y venta 61.60; compra euro 68.50 y venta 73.40

►Combustibles: Del 7 al 13 de marzo: Gasolina premium a $290.10. Regular a $272.50. Gasoil Óptimo: $242.10. Regular a $224.80. Gas licuado a $137.20. Gas natural: $43.97. El Gobierno asume un sacrificio fiscal de RD$544.8 millones para proteger a la población del impacto económico derivado de la inestabilidad generada por la situación militar en Medio Oriente.

► Para comunicarse con nosotros: Escribir a santodomingoaldia@yahoo.com

 


Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 08 marzo 2026.-

“La verdad no teme al diálogo; quien la practica no necesita el insulto para sostenerse” (Cortina, A., 1994, Ética mínima: para la vida cotidiana, p. 27).

La política posmoderna exhibe en nuestros días un fenómeno cuyo significado histórico exige una disección rigurosa, extensa y crítica: la conversión de la comunicación pública en un espectáculo sistemático de la ofensa. No se trata de un exabrupto accidental, un rasgo de personalidad o una simple falta de decoro, sino que esta transformación revela una mutación ontológica en la conducción del Estado y en la percepción de las instituciones públicas. Al sustituir el argumento por la injuria y el debate por la descalificación procaz, se ha instaurado una práctica política que instrumentaliza la vulgaridad como una técnica deliberada de dominación. Este recurso tampoco es azaroso, sino que responde a las demandas de una sociedad totalmente rota que, en su hastío institucional y fatiga democrática, ha dejado de valorar la sensatez para premiar la contestación reactiva. El espacio de lo común se convierte así en un territorio de guerra simbólica donde la verdad es el primer sacrificio en el altar de una eficacia política medida en términos de impacto emocional y mediático.

Observamos la materialización de este diagnóstico en la apertura del 144| período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación Argentina, un evento que funcionó como el escenario predilecto para la exhibición de esta nueva liturgia. Allí, la palabra presidencial no buscó la articulación de un proyecto colectivo ni la convocatoria a la unidad nacional, sino la demolición moral y existencial de un adversario que está bastante flojo de papeles. Al calificar a los representantes legislativos y gobernadores como “ladrones”, “estafadores”, “asesinos” o “golpistas”, y referirse al propio recinto parlamentario como un “nido de ratas”, el orador desplaza la política desde la administración de la complejidad hacia la estética de la crueldad rentable en términos de márketing político. En este escenario, la vulgaridad funciona como un activo político de alta rentabilidad porque en un tejido social fragmentado por el resentimiento y la anomia, el insulto es decodificado- falsamente- como un signo de “coraje”, “transparencia” y “autenticidad”. Se valora la capacidad de infligir daño simbólico al “otro” por sobre la solvencia para gestionar la cosa pública, transformando la violencia retórica en el único combustible de una legitimidad que ya no se construye mediante el consenso deliberativo, sino a través del show de la degradación institucional.

Para comprender la naturaleza hiperreal de este fenómeno patético, Jean Baudrillard ofrece una perspectiva desoladora pero precisa sobre la disolución de “lo político”. Lo que presenciamos en el estrado no es política en el sentido clásico de la gestión de lo común, sino su simulacro, es decir, una puesta en escena donde el grito y el insulto sustituyen a la acción real. Baudrillard sostiene que hemos entrado en una fase donde el signo ya no representa una realidad, sino que la precede y la constituye, en lo que él denomina la “precesión de los simulacros”. En este sentido, el berrinche presidencial es una “obscenidad” en términos baudrillardianos: la exposición total y cruda de lo que debería permanecer en la esfera de lo privado (el odio, el impulso ciego, el exabrupto) para saturar el espacio público hasta volverlo irrespirable. Asimismo, el autor afirma con contundencia que “lo obsceno es lo que pone fin a toda mirada, a toda imagen, a toda representación. No es lo que se oculta, sino lo que se exhibe con demasiada proximidad, lo que no deja lugar a la escena” (Baudrillard, J., 1978, Cultura y simulacro, p. 74). Al llamar “ratas” a los legisladores, se rompe la escena política de la representación- basada en el respeto a la investidura y la alteridad- y se instala la obscenidad de un poder que sólo sabe mostrarse a través del impacto violento, anulando cualquier profundidad deliberativa y dejando al ciudadano en un estado de fascinación hipnótica ante el desastre.

Esta puesta en escena del agravio revela, fundamentalmente, una profunda infantilización de la política. Un presidente que se expresa a través de arrebatos de enojo perpetuo, los gritos y los insultos- gestos propios de la etapa pulsional del desarrollo- no es más que la metáfora de una inmadurez sistémica en la que está embebida una sociedad que ha abandonado el ejercicio del pensar. Neil Postman, en su análisis sobre la degradación del discurso público, advertía que cuando la política se convierte en una extensión del espectáculo, el contenido desaparece en favor del impacto visual y emocional primario. Puntualmente, nos dice que “cuando un pueblo se confunde con una audiencia y sus asuntos públicos en un vodevil, entonces la nación está en peligro; la cultura muere porque la gente no sabe de qué se ríe ni por qué ha dejado de pensar” (Postman, N., 1991, Divertirse hasta morir, p. 161). Pues bien, en la actualidad, el grito presidencial es el aplauso que reclama una sociedad minorizada que prefiere la gratificación inmediata de la ofensa- el “berrinche” que castiga al enemigo- antes que el esfuerzo laborioso, lento y racional de la argumentación crítica. La madurez política, que implica reconocer la complejidad y la legitimidad del disenso, ha sido canjeada por una catarsis adolescente que confunde la agresión con la fortaleza.

A este escenario se suma un abismal quiebre generacional, moral y político que fractura la experiencia compartida de la realidad. Mientras la juventud del siglo XXI, criada en la inmediatez de las redes y la lógica del trolling, parece haber asimilado estas expresiones como formas legítimas de “disrupción” o “rebeldía” contra un sistema percibido caduco, quienes hemos habitado este mundo por más de tres décadas asistimos a esta naturalización con una complejidad que raya la angustia. No se trata de una resistencia conservadora al cambio, sino de una incomprensión de fondo ante la caída de los diques éticos del lenguaje. Para Baudrillard, ésta es la era de la “disolución de lo social”, donde los vínculos se vuelven transparentes, gélidos y puramente operativos e instrumentales. La violencia verbal ya no causa escándalo porque se ha convertido en una “hiperrealidad” mediática donde el dolor del otro no se siente como real. También, según Zygmunt Bauman, esta desconexión produce una fractura política donde “la comunicación electrónica permite que la agresión fluya sin el freno que antes imponía el reconocimiento del rostro del otro” (Bauman, Z., 2005, Ética posmoderna, p. 184). Esta perplejidad ante la violencia naturalizada nos deja inmovilizados: la sensación de no entender nada no es falta de inteligencia, sino la orfandad de no reconocer ya los códigos éticos de la sensatez que sostenían la convivencia mínima.

Complementariamente, para Hannah Arendt, esta degradación es el fin de la política como espacio de aparición y libertad. Si el lenguaje se reduce a insultos y descalificaciones zoológicas, la pluralidad humana desaparece bajo el peso de la etiqueta estigmatizante. Arendt sostuvo que la política es el ámbito donde los sujetos, a través del habla, revelan quiénes son en su singularidad. Cuando el discurso pierde su función persuasiva y se convierte en fusilamiento simbólico, la acción política se empobrece. Como ella misma señala, “dondequiera que la relevancia del discurso se halle en juego, la cuestión se convierte en política por definición, pues es el discurso lo que hace del hombre un ser político” (Arendt, H., 1996, La condición humana, p. 179). Así, el discurso que animaliza al opositor bajo el rótulo de “ratas” o “parásitos” atenta contra la propia posibilidad de la acción humana, reduciendo la pólis en un desierto de odio donde sólo impera el monólogo de un soberano que ha renunciado a la palabra para abrazar el rugido.

Pierre Bourdieu refuerza la precitada lectura al explicar el concepto de “violencia simbólica”, esa forma de dominación que arranca sumisiones a través de creencias socialmente inculcadas y categorías de percepción impuestas desde el poder. La vulgaridad organizada no es un desborde emocional, sino una forma de acumulación de capital simbólico que impone una visión del mundo donde el pensamiento es tildado, inmediatamente de complicidad. El autor explica que “la violencia simbólica es esa violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales apoyándose en unas expectativas colectivas, en unas creencias socialmente inculcadas” (Bourdieu, P., 1996, Sobre la televisión, p. 22). En la Argentina del año 2026, esta técnica se manifiesta como una liturgia de odio que consolida un poder que ya no requiere de la persuasión, sino de la claudicación del interlocutor ante la fuerza del estigma masivo.

A este análisis añadimos también la perspectiva de Byung-Chul Han sobre la “infocracia” y la crisis de la verdad. Han sostiene que el régimen de información digital ha destruido la estabilidad de lo real, permitiendo que el afecto y la indignación sustituyan al juicio reflexivo. En una sociedad rota, la vulgaridad es el vehículo perfecto para la viralización del odio, porque “la crisis de la verdad es ante todo una crisis de la comunidad. La verdad es un lazo social. Se basa en una praxis comunicativa. Hoy, la verdad se desintegra en información, en noticias que se consumen y se desechan” (Han, B-C., 2022, Infocracia, p. 34). Esta desintegración es la que hace que los recursos discursivos decadentes y violentos sean rentables, puesto que ya no importa la veracidad de la acusación (“asesinos”, “golpistas”), importa que impacto emocional sea total y que mantenga a la audiencia en un estado de movilización permanente contra el fantasma del enemigo.

Esta mutación del lenguaje político socava los fundamentos de la democracia deliberativa de Jürgen Habermas. Para él, la legitimidad sólo puede emanar de un proceso de entendimiento mutuo basado en pretensiones de validez compartidas. Cuando la comunicación se rige por la injuria proferida desde la magistratura nacional, se rompe el “mundo de la vida” y se coloniza la palabra mediante el poder instrumental. Habermas nos advierte que “el concepto de acción comunicativa presupone el lenguaje como un medio de entendimiento sin más, en el que los hablantes y oyentes se refieren, desde el horizonte de su mundo de la vida, simultáneamente a algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo” (Habermas, J., 1981, Teoría de la acción comunicativa, p. 45). El rugido del insulto fractura este horizonte común, reemplazando la búsqueda del acuerdo por una imposición que desprecia tanto la investidura de las instituciones como la lógica mínima de la sensatez.

En este contexto de orfandad discursiva y parálisis moral, la ética pública reclama una respuesta que no puede ser un mero decoro burgués o un formalismo vacío. Justamente por ello, Adela Cortina subraya la necesidad de una “razón cordial” que reconozca la dignidad del otro como un sujeto con razones válidas, incluso en el conflicto más enconado. La normalización de la injuria produce un empobrecimiento del lenguaje cívico que imposibilita la construcción de políticas justas, ya que “el insulto desactiva la posibilidad de comprender y, por tanto, de construir políticas justas” (Cortina, A., 1994, Ética mínima, p. 121). La cortesía política es, en rigor, la última salvaguarda de la paz social frente a la barbarie de la descalificación totalizadora.

Finalmente, queridos lectores, nos queda decir que esta decadencia nos sitúa ante una encrucijada que es tanto política como ontológica. Si aceptamos que la esfera pública sea el escenario donde triunfa quien más y mejor humilla porque “dice las cosas de frente”, habremos claudicado ante una forma de barbarie que prefiere el impacto del grito frente a la solidez de la verdad. La perplejidad que nos causa la violencia sistematizada es la señal de que algo fundamental en nuestra civilización se ha roto definitivamente.

A partir de lo precedentemente expuesto, cabe plantearnos las siguientes interrogantes para la reflexión. ¿Es posible sostener un sistema democrático cuando la palabra ha sido despojada de su función comunicativa y reducida a un proyectil de odio? ¿Hasta qué punto la fascinación por el “líder enojado” oculta una renuncia colectiva a la responsabilidad de pensar la complejidad del presente? ¿Cómo vamos a reconstruir el respeto y la sensatez en una sociedad que ha encontrado en la vulgaridad una forma de entretenimiento y en la humillación ajena una forma de justicia? ¿Estamos ante el fin de la política como diálogo para entrar en una era de simulacros de furia que sólo encubren nuestra incapacidad de imaginar un futuro común? ¿Cómo habitamos, en definitiva, la angustia de un mundo donde el respeto ya no es un código compartido, sino el residuo de una civilización que se desvanece ante el grito del berrinche soberano?

Referencias bibliográficas

Arendt, H. (1996). La condición humana (R. Gil Novales, Trad.). Editorial Paidós. (Obra original publicada en 1958).

Baudrillard, J. (1978). Cultura y simulacro (P. del Carril, Trad.). Editorial Kairós.

Bauman, Z. (2005). Ética posmoderna (H. Cardoso, Trad.). Siglo XXI Editores.

Bourdieu, P. (1996). Sobre la televisión (G. Castro, Trad.). Editorial Taurus.

Cortina, A. (1994). Ética mínima: para la vida cotidiana. Alianza Editorial.

Habermas, J. (1981). Teoría de la acción comunicativa (M. Jiménez Redondo, Trad., Vol. 1). Editorial Taurus.

Han, B-C. (2022). Infocracia: La digitalización y la crisis de la democracia (J. Chamorro Mielke, Trad.). Editorial Taurus.

Postman, N. (1991). Divertirse hasta morir: El discurso público en la era del espectáculo (V. Goldstein, Trad.). Editorial de la Tempestad.
El autor, Lisandro Prieto Femenía, es
docente, escritor y  filósofo
San Juan - Argentina (Marzo 2026)

sábado, 7 de marzo de 2026

Por Narciso Isa Conde
Diario Azua / 07 marzo 2026.-

El programa hambre cero es propaganda oficialista y exaltación del asistencialismo clientelista.

Igual las falacias que se dicen sobre la “prosperidad” y el “desarrollo” de la sociedad dominicana.

Mientras más asistencialismo, más empobrecimiento y menos desarrollo y menos prosperidad colectiva…Migajas temporales

Aquí hay mucha gente que no se come las tres calientes.

Mucha hambre de alimentos saludables y agua potable.

Hambre de viviendas habitables, de educación, salud y agua potable.

Abunda la escasez de trabajo digno y bien remunerado.

Tenemos hambre de ambiente sano y justicia ambiental… y en muchas partes la tierra también tiene hambre.

Hambre de soberanía.

Hambre de democracia real.

Tenemos hambre de seguridad ciudadana, de justicia frente al crimen, la corrupción y la impunidad.

Angustia del hambre de justicia que provoca la violencia patriarcal.

Es altísima la desnutrición de menores, de personas anémicas y seres humanos mal alimentados,

Es grande el hambre por salir de la pobreza y la indigencia.

El hambre se ve en las calles, en los semáforos, en las playas, a la orilla de ríos y cañadas en bateyes y barriadas; se contabiliza en enfermedades infecciosas, niños/as famélicos y barrigones.

Se expresa en harturas tóxicas y enfermedades de alta mortalidad.

Impera el hambre por la igualdad en una sociedad brutalmente desigual, donde el hambre mayor es la suma de necesidades vitales, física y espirituales insatisfechas.

Es enorme el hambre por conocer la verdad y vivir con justicia social.

Entonces, vamos a las cifras no maquilladas, a las investigaciones confiables y no rebatidas; más bien irresponsablemente soslayada por un poder experto en mentir y ocultar lo que no le conviene.

El 80 por ciento de los salarios de la clase trabajadora de República Dominicana está por debajo del valor de la canasta familiar.

Casi el 50 por ciento de las personas viven por debajo de la línea de la pobreza, de acuerdo a los ingresos laborales de los hogares.

La masa salarial real en relación con el PIB ha disminuido progresivamente desde 2007, lo que indica que los trabajadores reciben la menor parte de la riqueza producida, aunque la productividad laboral ha aumentado en un 83 %-

Los salarios reales se mantienen por debajo de los niveles del año 2000, existiendo una desconexión entre el crecimiento económico y los ingresos laborales.

La pobreza general medida por los salarios afectó al 49.7% de los hombres y el 56.8 % a las mujeres trabajadoras y sus dependientes.

La pobreza extrema, igual de alarmante, alcanza un 23.3% en hombres y un 28% en mujeres.

El ingresó laboral del sector turismo, una de las principales fuentes de ingresos de los multimillonarios, está por debajo de los niveles del año 2000.

En el año 2023, el salario fue inferior en 35.8, al nivel registrado en el 2000; y en el sector industrial se ha incrementado en solo 15.2 contrastando con la productividad laboral.

Son cifras del estudio realizado por la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FCES) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y la Fundación Juan Bosch, incapaces de mentir como lo hace a diario la vocería oficial y le hace eco la dictadura mediática del gran capital.

                                    


Testigo del Tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 07 marzo 2026.-

Quien alborota las avispas no puede esperar que se tranquilicen cuando él decida. El presidente Donald Trump tiene el principal problema de su carrera política con Irán; alborotó ese avispero, no podrá tranquilizarlo. Irán es el principal rival militar que enfrenta Estados Unidos desde la Segunda Guerra Europea. 

Este país ni quiere guerras, ni tiene dinero para financiarlas, ni armas para pelearlas. 

La mitad de los estadounidenses desprecia a Trump; el ataque a Irán dividió a sus seguidores, reduciendo su capital político. 

Nadie gana en un conflicto externo sin unidad interna. Los estadounidenses, israelíes e iraníes no quieren guerra. Estados Unidos agotó sus arsenales en Afganistán y Ucrania; quedan muy pocos misiles. 

Irán lo sabe; por eso pelearán hasta que Washington huya, como huyó de Vietnam y Afganistán. Económicamente, Washington pierde la guerra; cada misil “Patriot” cuesta 4 millones de dólares y deben disparar hasta tres (12 millones) para interceptar un dron iraní que cuesta menos de 50.000 dólares. 

Irán también tiene miles de pequeñas lanchas rápidas con cuatro tripulantes y muchos armamentos; pueden causarle mucho daño a Washington y a sus aliados regionales. 

Pueden destruir los puertos por donde los aliados de Washington en el Golfo reciben el 80 % de sus alimentos. 

Pueden destruir las plantas de desalinización que potabilizan más del 60 % del agua. 

El inicio de la guerra envió un mensaje que Trump no entendió. 

Aclaremos algo. Trump y Benjamín Netanyahu, el primer ministro de Israel, no “mataron” al ayatolá Ali Jamenei, el venerable y amoroso líder chiita de 86 años, se inmoló. 

Jamenei sabía que lo matarían, escogió convertirse en mártir, enviando una señal: ofreció la vida por el país; los sobrevivientes seguirán su ejemplo. Hay antecedentes. 

En junio de 1963, Tich Quang Duc, un monje budista, se roció gasolina, se sentó en posición de loto en una esquina céntrica de Saigón, Vietnam, y prendió un fósforo. Se inmoló. 

Su antorcha humana iluminó la resistencia vietnamita y los Estados Unidos huyeron 10 años después, en marzo de 1973. Con la región envuelta en llamas, sin armas, y las avispas alborotadas, a Washington solo le quedará huir.

martes, 3 de marzo de 2026

 


Diario Azua / 3 de marzo 2026

La creciente tensión entre Irán, Israel y Estados Unidos no es un conflicto lejano que solo deba preocupar a las grandes potencias. Cuando el tablero geopolítico se mueve en una región estratégica para la producción y el tránsito de petróleo, las ondas expansivas llegan hasta economías pequeñas y abiertas como la nuestra.

La República Dominicana depende en gran medida de la importación de combustibles. Si el conflicto escala y se interrumpen suministros o se disparan los precios internacionales del crudo, el impacto sería casi inmediato: subiría el costo del transporte, de la energía eléctrica y, en consecuencia, de los alimentos y servicios básicos. Es una cadena que termina golpeando directamente el bolsillo de las familias dominicanas y reduciendo su poder adquisitivo.

No se trata de alarmismo, sino de realismo económico. En un contexto global inestable, los mercados reaccionan con rapidez, muchas veces incluso antes de que se materialicen los peores escenarios. Un alza sostenida del petróleo podría traducirse en más inflación y mayor presión sobre el gasto público —por los subsidios a los combustibles y la electricidad— afectando la estabilidad económica.

Por eso, más que reaccionar, el Gobierno debe anticiparse. La prevención es siempre menos costosa que la improvisación. Resulta prudente fortalecer o crear reservas estratégicas de combustibles que permitan amortiguar aumentos bruscos por algunos meses. También es necesario revisar prioridades presupuestarias, reducir gastos no esenciales y enfocar los recursos en proteger la estabilidad interna.

En momentos de posible crisis global, el manejo responsable de las finanzas públicas no es una opción ideológica, sino una necesidad práctica. Mantener disciplina fiscal y promover el ahorro energético son decisiones que pueden marcar la diferencia entre una crisis manejable y un descontrol económico.

El verdadero riesgo no es solo lo que ocurra en Medio Oriente, sino lo que deje de hacer el Gobierno aquí. Si se espera a que los precios se disparen para entonces buscar soluciones, el costo social será mayor. Pero si se actúa con previsión, planificación y sentido de prioridad, se podrá atravesar la crisis con menos daño.

Las crisis internacionales no se pueden controlar desde la República Dominicana, pero sí se puede fortalecer la capacidad de respuesta interna. Gobernar, en tiempos de incertidumbre, significa prepararse hoy para protegernos mañana.

 


domingo, 1 de marzo de 2026

 

Por Alfredo Cruz Polanco 
Diario Azua / 01 marzo 2026.-

Por un mandato constitucional, cada 27 de febrero, fecha en que se conmemora el aniversario de la Independencia Nacional, el presidente de la República debe acudir a la Asamblea Nacional, que es la reunión de todos los legisladores de ambas cámaras legislativas (senadores y diputados) en el Congreso Nacional, a rendirle un informe detallado al país, sobre la ejecución presupuestaria del año anterior, de los fondos públicos ejecutados por cada institución. Es una memoria de las obras ejecutadas, de las que se van a ejecutar próximamente, así como un informe de la situación política, económica y social en que se encuentra el país.

Esta vez, el Presidente de la República, Luis Abinader Corona, en una disertación de casi tres horas, hizo un recuento de todo lo que supuestamente ha ejecutado en los casi 6 años que lleva de gestión, no la del último año, como lo ordena la constitución de la República.

Para los legisladores, adeptos, funcionarios y partidarios del gobierno, presentes, que aplaudían emotivamente hasta la mínima respiración del mandatario, cada obra anunciada por el Presidente de la República en cada provincia, aunque no esté ejecutada en un 50%, aun las que tienen pocos meses de inauguradas y que ya presentan fallas y vicios de construcción; las que fueron realizadas, unas y remozadas, otras, hace varios años; cada promesa efusiva que este hacía, cada anuncio, cada ocurrencia, eran dadas como un hecho, como una realidad.

Pero para los que somos de provincias, para los que conocemos todo el accionar gubernamental y la realidad social de las mismas; los que escuchamos el sentir de los ciudadanos, consideramos que esa alocución parece ser extraída de la célebre novela “Alicia en el País de Las Maravillas”, pues la mayoría de las informaciones dadas a conocer al país por el señor Presidente Abinader en su extensa rendición de cuentas, están muy distantes de la realidad que hoy vive el pueblo dominicano.

Parece ser que, debido al descalabro, al debilitamiento y a la desconfianza que hoy se observa en el gobierno, buscaba con dicha dicertación, impactar a la población, pretendía dar un golpe de efecto publicitario, para así tratar de confundir a la opinión pública. Pero aquí, ya conocemos, como decía el ex presidente Juan Bosch, “al cojo sentado y al ciego durmiendo”.

Por ejemplo, en la provincia de La Vega, de las tantas obras anunciadas, solo se conocen la terminación del Recinto de la UASD, que se encontró en un nivel de un 80% de ejecución. Todavía no se le ha pagado al ingeniero que ejecutó la obra hace más de tres años; el puente sobre el Río Camú, de la comunidad de Sabaneta, más de dos años que se concluyó y el remozamiento, no construcción de la avenida Pedro A. Rivera, que fue anunciada como una obra de la alcaldía de Kelvin Cruz, hace también, más de dos años.

Es importante señalar que el puente de la calle Antonio Guzmán Fernández, ubicado en la principal entrada y arteria comercial de La Vega, hace casi tres años que colapsó, sin que hasta ahora se observe que los trabajos avancen, lo que ha llevado a la quiebra a los comerciantes de esa zona.

Ese no es el sentir de la mayoría del pueblo dominicano, que observa cómo se ha disparado el costo de los productos básicos, el colapso de todos los servicios públicos: la falta de atenciones y de medicamentos en nuestros hospitales, la inseguridad ciudadana, la escasez de agua potable, la deficiencia y carestía de la energía eléctrica, el deterioro de la educación, del medio ambiente y de los recursos naturales, la mayoría de las obras públicas paralizadas, por la corrupción imperante sin la aplicación de un régimen de consecuencia, en fin, todo una odisea.

La propia iglesia católica, en la Carta Pastoral de la Conferencia del Episcopado Dominicano, se ha hecho eco de este clamor popular.

La gestión del Presidente Abinader se ha caracterizado por la ineptitud, la improvisación, el derroche de los recursos públicos, en subsidios a los generadores de eléctricos, sin que se perciban los resultados esperados; para combustibles a los empresarios del transporte.


También, por el desenfreno del endeudamiento externo, que ya se ha disparado a un nivel casi impagable, para cubrir gastos corrientes, para el pago de intereses de la propia deuda; para publicidad improductiva y para subsidios sociales, que terminan en las manos de quienes los distribuyen, en lugar de invertirse en obras de capital, capaces de generar desarrollo y crecimiento económico

Sobre la tan cacareada transparencia y el fortalecimiento institucional que este gobierno supuestamente está implementando, son pocos los que han podido tragarse esa píldora, pues los resultados no se observan. El caso del escándalo de Senasa, el Seguro Nacional de Salud, del que tanto se vanagloriaba el Presidente, lejos de ser una solución, ha agravado la situación económica de cientos de miles de dominicanos que hoy no pueden acceder a sus servicios, debido al desfalco ocurrido en dicho seguro. En este caso el remedio resultó peor que la enfermedad.

También, el del Servicios Nacional de Salud, en los Hospitales, el del Intrant, el de las cárceles La Nueva Victoria y el de otros tantos, nos indican que dicha transparencia y el fortalecimiento institucional no ha sido más que una quimera.

Sobre la reducción de la pobreza extrema, desarrollo económico y generación de empleos formales, resulta incoherente hablar sobre estos temas, cuando el costo de los productos de primera necesidad resulta inalcanzable para la mayoría de población; cuando los servicios públicos han colapsado.

La pobreza extrema se combate creando fuentes de empleos formales, impulsando empresas mediante alianzas público privadas, facilitando financiamiento blando a las micro, pequeñas y medianas empresas, garantizando servicios públicos eficientes y eficaces.

El autor es Contador Público Autorizado y Máster en Relaciones Interrnacionales

Ex diputado al Congreso Nacional
Ex Miembro de la Cámara de Cuentas de la República, 2010- 2016

 

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 01 marzo 2026.-

El Abrazo Sabanetero acaba de cumplir dieciocho años. No es solo un número. En República Dominicana, al menos para las personas, es mayoría de edad. Y la mayoría de edad no es únicamente celebración: es responsabilidad.

En la más reciente versión, como de costumbre, una multitud emocionada y emocionante acudió al Jardín Botánico Nacional. Allí se reafirmó el orgullo por la historia, la ganadería, la vocación para acoger, la música y otras múltiples razones que sostienen la identidad de Santiago Rodríguez.

Desde 2009, en torno al 22 de febrero, Día de la Sublevación de Sabaneta, personas vinculadas al territorio hemos convertido este encuentro en un espacio para reconocernos, fortalecer relaciones y alimentar la unidad necesaria para avanzar. Y algo debe estar claro: dieciocho ediciones consecutivas no se explican por inercia. Se explican por compromiso.

Por eso, antes de cualquier análisis, corresponde agradecer. Agradecer a quienes se caracterizan por su entrega silenciosa. A quienes han aportado tiempo, recursos e ideas. A quienes han asistido año tras año. Corresponde decir gracias a quienes, aun sin poder estar presentes, respaldan la iniciativa. Gracias a quienes se han ido integrando en distintas etapas y han ayudado a sostenerla.

El Abrazo Sabanetero no pertenece a una persona ni a un grupo. Es una construcción colectiva. Y esa es, precisamente, su mayor fortaleza.
Más que un símbolo

Hace algunos años describí a Santiago Rodríguez como “un pueblo que se abraza para avanzar con unidad”. La frase podía quedarse en consigna. Sin embargo, casi dos décadas de continuidad demuestran que no es simple retórica; es real vocación.

En un país donde muchos territorios apenas sobreviven o se diluyen en el tiempo, sostener durante dieciocho años un espacio voluntario de articulación es un logro social y hasta político (en el mejor sentido del término). Porque el desarrollo no depende únicamente de obras o presupuestos. Depende, en gran medida, de la calidad de los vínculos que sostienen la vida colectiva.

Zygmunt Bauman advertía sobre el “derretimiento de los sólidos”. Se refería a instituciones y valores que antes estructuraban la convivencia y que ahora ceden ante lógicas individualizadas. Eso explica que la ayuda mutua ya no parece aprenderse automáticamente; hay que cultivarla. Por eso la organización comunitaria ya no suele surgir como reflejo automático; tiene que ser decisión consciente.

En ese contexto, el Abrazo merece ser mucho más que un evento anual. El Abrazo nació y se ha mantenido como afirmación cultural frente a la fragmentación.
La responsabilidad de crecer

Karl Popper sostenía que el futuro está abierto y depende de nuestras decisiones presentes. Antonio Gramsci hablaba del “optimismo de la voluntad”. Ambos coinciden en algo esencial: el optimismo social no es ingenuidad, es responsabilidad.

Cumplir dieciocho años implica asumir que el entusiasmo debe traducirse en madurez. Que la emoción debe acompañarse de reflexión. Que la identidad debe dialogar con los desafíos actuales.

Santiago Rodríguez —como tantos territorios— enfrenta tensiones propias de nuestro tiempo: migración juvenil, presión económica, transformaciones culturales, individualización creciente. Frente a ese panorama, el Abrazo puede seguir siendo símbolo… o puede convertirse en plataforma renovada de articulación. Pero esa decisión no corresponde a una sola voz.

Si algo ha caracterizado esta iniciativa es su naturaleza participativa. Por eso, antes de entrar en una fase de propuestas estructuradas, resulta coherente abrir un espacio de escucha.
Un llamamiento necesario

Si el Abrazo ha alcanzado la mayoría de edad, ahora le corresponde ampliar su conversación. ¿Qué debe significar esta nueva etapa? ¿Cómo fortalecer lo logrado sin perder la esencia? ¿Qué hacer para integrar más activamente a las nuevas generaciones? ¿Cómo vincular identidad, cultura y desarrollo? ¿Cuáles inquietudes no estamos viendo? ¿Cuáles oportunidades estamos dejando pasar?

Este es el momento para pensar juntos. Invito a quienes han sido parte del Abrazo —y también a quienes aún no se han integrado— a compartir ideas, inquietudes, críticas constructivas y propuestas. La madurez de una iniciativa no se mide solo por los años transcurridos, sino por su capacidad para renovarse a partir de la inteligencia colectiva.

El Abrazo Sabanetero ha demostrado que la unidad es posible. Ahora toca demostrar que también puede evolucionar. Las puertas están abiertas. Las ideas son bienvenidas.


viernes, 27 de febrero de 2026

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 26 febrero 2026.-

“La lucha misma hacia las cumbres basta para llenar un corazón. Hay que imaginarse a Sísifo feliz”, Camus, 1955/1942, p. 78.

Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre la depresión, un fenómeno que no se agota en un diagnóstico clínico ni se limita a la simple suma de neurotransmisores. De hecho, se alza como un problema filosófico que fuerza a repensar la relación intrínseca entre sentido, libertad e identidad. Cuando la vida parece vaciarse de contenido, es decir, cuando el mundo circundante muestra su silencio ante nuestras demandas de coherencia, surge la pregunta por el sentido que ha atravesado toda la reflexión existencialista.

El pensador Albert Camus interrogó frontalmente la condición humana frente al absurdo, señalando que la conciencia de ese choque brutal entre nuestra sed innata de significado y la indiferencia cósmica no debe conducir, sin más, a la rendición. Desde su perspectiva en “El mito de Sísifo”, el absurdo es la consecuencia de un encuentro: “el absurdo nace de esta confrontación entre la llamada humana y el silencio irracional del mundo” (Camus, 1955/1942, p. 30). Si optamos por entender la depresión como una respuesta radical a la experiencia de lo absurdo, encontramos en ella, paradójicamente, una lucidez cargada de dolor, que es el reconocimiento íntimo que los marcos habituales de sentido han colapsado.

Aquella dolorosa lucidez abre, sin embargo, caminos interpretativos notoriamente divergentes. Desde la perspectiva sarteana, la libertad humana se entiende como absoluta y radical, y la consecuente angustia no es otra cosa que la revelación de la nada que subyace a toda elección. Por consiguiente, la depresión podría interpretarse como una forma externa de esa angustia, manifestándose cuando la posibilidad de acción se torna insoportable y la libertad misma se experimenta como una carga sin horizonte. Jean-Paul Sartre sostuvo categóricamente que “el hombre está condenado a ser libre” (Sartre, 2018/1943, p. 627), y que la depresión expone el coste concreto de esta condena: la parálisis de la decisión y la imposibilidad de proyectarse hacia futuros que antes insuflaban motivo a la acción.

Frente a este abismo, Camus propuso una reacción que eludía los consuelos metafísicos y apelaba, en cambio, a la revuelta: afirmar la propia conciencia del absurdo sin por ello renunciar a la vida. De este modo, la tensión entre reconocer la falta de sentido y aún así elegir la permanencia en el mundo constituye uno de los dilemas más punzantes que la depresión impone a la filosofía.

Por su parte, Søren Kierkegaard nos brinda un aporte a esta discusión, sobre todo en los matices cruciales sobre la autenticidad y la desesperanza. Para el danés, la desesperación no es una simple patología, sino una modalidad intrínseca de la relación del yo consigo mismo, a la que definió como “la enfermedad mortal” (Kierkegaard, 2019/1849, p. 12). En su descripción de “La enfermedad mortal”, la desesperación nace de la incapacidad del sujeto de sintetizar las dimensiones constitutivas del yo -lo finito y lo infinito, lo temporal y lo eterno-. Por lo tanto, conlleva una lectura moral y existencial profunda, revelando incoherencias en el modo en que se vive. Vista así, la depresión podría leerse no sólo como un fallo biológico, sino también como una advertencia radical sobre la falta de autenticidad, un llamado perentorio a revisar las propias premisas vitales. No obstante, reducir la desesperación a una mera oportunidad de autenticidad es correr el riesgo de culpabilizar al sujeto que la padece, puesto que la vivencia de vacío es simultáneamente diagnóstico existencial y sufrimiento que desborda cualquier exigencia de realización. Dicha reducción es tan patética e inútil como cuando a un depresivo alguien le dice: “no estés triste” o “échale ganas”.

Este doble filo nos conduce inevitablemente al interrogante sobre el sufrimiento como vía de conocimiento. Existen tradiciones filosóficas que han considerado el padecimiento como una escuela donde se revelan rasgos fundamentales de la condición humana. El abatimiento extremo puede, en ocasiones, destapar verdades incómodas sobre la fragilidad del proyecto, la contingencia de los deseos y la finitud ineludible que subyace a toda esperanza. Empero, afirmar que el sufrimiento depresivo confiere una verdad profunda exige suma cautela. En este punto, es crucial entender que no todo dolor es una epifanía, ya que la agonía puede deformar la percepción, introducir sesgos cognitivos incapacitantes y cerrar todo horizonte de sentido. Por consiguiente, la pregunta filosófica pertinente no es si el sufrimiento ilumina siempre, sino cómo podemos dialogar con él sin caer en la tentación de romantizarlo o de instrumentalizarlo como un acceso privilegiado a la sabiduría.

También la cuestión de la libertad frente a la depresión demanda una respuesta compleja que reconozca las causas biológicas sin neutralizar, por ello, la responsabilidad existencial. Las evidencias científicas sobre predisposiciones genéticas o desequilibrios neuroquímicos no anulan que la experiencia del yo deprimido siga siendo, en su esencia, una situación moral y existencial.

Si bien es cierto que la libertad, entendida como posibilidad de respuesta, se ve gravemente debilitada por condiciones que limitan la capacidad de acción, esta libertad persiste en la medida en que el sujeto logra, con el apoyo adecuado, reconectar con proyecciones significativas.

Existe, además, una lectura crítica que vincula la depresión con formas de resistencia pasiva en el marco social. En sociedades que demandan productividad constante, el colapso anímico puede funcionar como un silencio revelador frente a las exigencias claramente deshumanizadoras. Al respecto, Byung-Chul Han señaló en su obra “La sociedad del cansancio”, cómo la lógica neoliberal produce sujetos agotados, híper-expuestos y auto-explotados. Desde esta óptica, la depresión puede interpretarse como un síntoma social y político más que como un fallo individual, si bien esta interpretación no debe jamás sustituir la atención clínica necesaria con los profesionales pertinentes.

A esta crítica social, se suma la desazón intrínseca a la experiencia de la posmodernidad líquida. El sociólogo ZygmuntBauman, al reflexionar sobre esta nueva configuración, identificó la paradoja de una vida definida por la ausencia de anclajes sólidos: proyectos, vínculos e incluso identidades se vuelven provisorios, flexibles hasta el punto de la fragilidad. En este mundo de opciones ilimitadas, la elección constante se convierte en una condena, pues, como argumenta el autor polaco, “ser moderno significa estar condenado a una elección incesante, a cambiar constantemente, a revisar sin cesar las decisiones tomadas y a estar siempre dispuesto a descartarlas y a tomar otras en su lugar” (Bauman, 2013, p. 88).

Esta saturación de posibilidades conduce a la fatiga de la voluntad donde la satisfacción siempre es fugaz. Por su parte, Gilles Lipovetsky profundizó en esta saturación al describir la era del vacío, donde la hipertrofia del individualismo y el hedonismo conducen a una profunda insatisfacción existencial. El sujeto posmoderno, aunque inmerso en la abundancia material, se siente desarraigado, puesto que “absorto en su culto al bienestar y en la obsesión por sí mismo, se encuentra más sólo y desorientado que nunca” (Lipovetsky, 2008, p. 110). Por lo tanto, el vacío depresivo no es sólo la pérdida de un sentido personal, sino el eco amplificado de una cultura que promete la felicidad a través del consumo y la auto-realización perpetua, pero sólo entrega desazón.

También, el yo en la depresión se fragmenta. La autopercepción moderna se resquebraja y se hacen patentes capas de identidad que la rutina social mantenía ocultas. La drástica disminución de interés, la sensación de extranjería hacia uno mismo y la pérdida de un proyecto vital con sentido son elementos que modifican la conciencia de sí y pueden, paradójicamente, permitir un tipo peculiar de autoconocimiento. Al respeto, Martin Heidegger, en su obra “Ser y tiempo”, habló del “Dasein” (el “ser-ahí”, o sea, nosotros, como seres-en-el-tiempo) como una proyección fundamental hacia el futuro, sosteniendo que perder esa proyección afecta la apertura misma al mundo (Heidegger, 2003/1927). Cuando el proyecto futuro se desvanece, la temporalidad ser contrae y la existencia se centra en un presente paralizante e incapacitante. Desde otro ángulo, la máscara del yo social se ve desenmascarada, de tal forma que lo que emerge en el “yo depresivo” podría ser la revelación de la artimaña de identidades construidas exclusivamente para cumplir roles externos, dejando al descubierto un núcleo doliente que demanda reconocimiento y cuidado.

Paralelamente, la dimensión ética y social impone responsabilidades claras a la colectividad. juzgar moralmente a quien yace en la desesperanza resulta éticamente injusto, por lo que la valoración moral debe distinguir con precisión entre la exigencia de responsabilizar al sujeto y la compasión necesaria que reconoce limitaciones profundas. además, la depresión reclama una respuesta de justicia social ineludible. Si la estructura social vigente produce condiciones que favorecen el sufrimiento psíquico, la ética colectiva debería demandar transformaciones estructurales. En este sentido, Michel Foucault mostró en su “Historia de la locura en la época clásica” cómo las prácticas sociales y los saberes institucionales configuran las posibilidades de subjetivación: así, la patología mental no es únicamente una cuestión médica, sino también política (Foucault, 2012/1961).  El deber ante el sufrimiento del otro, en consecuencia, no consiste sólo en consolar, sino en transformar: reclamar por instituciones, redes de apoyo y modos de vida que mitiguen las causas estructurales del padecimiento.

Otro vínculo que no podemos dejar pasar en esta reflexión es la conexión entre depresión y nihilismo. Si el nihilismo es la vivencia del derrumbe de los valores trascendentes, la depresión puede ser una encarnación palpable de esa vivencia. Sin embargo, Friedrich Nietzsche propuso una respuesta activista: la transvaloración, la creatividad que convierte el sufrimiento en una fuerza propulsora. Su llamado, lejos de trivializar el dolor, invita a imaginar posibilidades de sí que logren transformar ese dolor en un motor vital. Por eso, el arte y la filosofía ofrecen rutas de redención parcial, no como remedios mágicos, tampoco como sustitutos de los tratamientos médicos, sino como prácticas capaces de re-encuadrar la experiencia, alimentar la imaginación y abrir horizontes de sentido nuevos. Ciertamente, no todo en la depresión puede sublimarse, pero la creación simbólica persiste como una de las estrategias más poderosas que permiten resistir la noche del ánimo.

En conclusión, queridos lectores, hemos querido demostrar que la depresión convoca a una filosofía que no se conforma con clasificaciones meramente técnicas sino que exija una reflexión profunda que articule el sentido, la libertad, la identidad, la ética y el lenguaje en su intrincada complejidad. Ante la tiranía del rendimiento y la crisis de sentido de nuestro tiempo, ¿estamos dispuestos realmente a repensar las formas sociales que producen este sufrimiento anímico y a crear prácticas de escucha que restituyan un nombre y una compañía a quienes se ven obligados a callar?

Más allá de la clínica, que es fundamental, ¿cómo podemos sostener la tensión irresoluble entre reconocer las causas biológicas innegables y, al mismo tiempo, asumir las responsabilidades éticas y políticas sin caer en la culpa individualizadora ni en la despolitización facilitas del dolor ajeno? Y, por último, ante el silencio opresivo que la depresión impone en la vida de un ser humano, ¿qué modos de palabra, qué gestos artísticos y qué acciones colectivas pueden, de verdad, abrir una rendija hacia nuevos y urgentes porvenires existenciales? Que estas preguntas resuenen y persistan es la condición mínima para no dejar a la deriva a quienes atraviesan, en la más absoluta soledad, la noche profunda del alma.

Referencias

Bauman, Z. (2013). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.

Camus, A. (1955). El mito de Sísifo (J. O’Brien, Trad.). Gallimard/Hamish Hamilton. (Obra original publicada en 1942).

Foucault, M. (2012). Historia de la locura en la época clásica. Siglo XXI. (Obra original publicada en 1961).

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.

Heidegger, M. (2003). Ser y tiempo. Trotta. (Obra original publicada en 1927).

Kierkegaard, S. (2019). La enfermedad mortal. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1849).

Lipovetsky, G. (2008). La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama.

Sartre, J.-P. (2018). El ser y la nada: Ensayo de ontología fenomenológica. Losada. (Obra original publicada en 1943).

Wittgenstein, L. (2009). Tractatuslogico-philosophicus. Routledge. (Obra original publicada en 1921)

martes, 24 de febrero de 2026




Diario Azua / 24 de febrero 2026

Por Abril Peña 

Ver a Perú cambiar de presidente una y otra vez ya no sorprende; indigna. A febrero de 2026, el país ha sellado un récord sombrío: ocho mandatarios en apenas una década. La asunción de José María Balcázar el pasado 18 de febrero es solo el último capítulo de una presidencia que se ha convertido en un cargo de corta duración. 

¿Por qué ocurre esto?

La respuesta no está en un solo gobernante. La inestabilidad política peruana es el resultado de un diseño institucional que permite elegir autoridades, pero dificulta que ejerzan el poder.

La “incapacidad moral”: El gatillo fácil del Congreso

El punto central de la crisis está en la Constitución. El Congreso puede destituir al presidente por “incapacidad moral permanente”. El problema es que el término es subjetivo: no exige una condena judicial ni un delito comprobado. Basta con que el Parlamento reúna 87 de los 130 votos.

En la práctica, este mecanismo se ha convertido en un instrumento de revancha. El caso de Balcázar es emblemático: llega al poder tras la censura de José Jerí, pero ya enfrenta pedidos de vacancia por sus escandalosas declaraciones defendiendo las relaciones sexuales en menores de 14 años. 

En Perú, un presidente sin mayoría parlamentaria gobierna con una soga al cuello.

Fragmentación y "vientres de alquiler"

Otro factor clave es la ausencia de partidos sólidos. En Perú, los movimientos funcionan como franquicias electorales que desaparecen tras los comicios. Sin estructuras fuertes, los mandatarios llegan al poder con bancadas minúsculas, obligándolos a negociar cada ley con legisladores que suelen responder a intereses particulares o sectores informales. Cuando las negociaciones fracasan, la salida más frecuente no es el consenso, sino la destitución.

Corrupción y el "piloto automático" económico

La crisis se profundizó con el caso Lava Jato, dejando una ciudadanía que desconfía de todo aquel que porte la banda presidencial. Paradójicamente, Perú no ha sufrido un derrumbe económico proporcional a su caos político. La independencia del Banco Central de Reserva permite que el sistema político cambie presidentes con frecuencia sin provocar una crisis monetaria inmediata. Esto, trágicamente, reduce los incentivos de la clase política para reformar el modelo.

Una democracia para votar, pero no para gobernar

El caso peruano demuestra que la democracia requiere gobernabilidad, no solo urnas. Con las elecciones generales del 12 de abril de 2026 a la vuelta de la esquina, el país se encamina a otro proceso fragmentado.

La crisis no depende del nombre de turno. El problema es estructural: un sistema que facilita elegir autoridades, pero imposibilita que permanezcan. Perú enfrenta hoy el mayor de sus retos: dejar de ser una democracia que solo sirve para votar y empezar a ser una que sirva para gobernar.

jueves, 19 de febrero de 2026

 

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 19 febrero 2026.-

Vivimos en la era de las microcelebridades. En este tiempo, la atención se fragmenta, la reputación se mide en seguidores y la visibilidad suele confundirse con valor. Eso ocurre porque la lógica digital premia lo inmediato, lo escandaloso, lo viral.

Por fortuna, mientras eso pasa y el ruido ocupa titulares -por fortuna- efímeros, existen trayectorias silenciosas que sostienen la arquitectura moral de la sociedad.

Una muestra de ello acaba de ocurrir en el “Premio a la trayectoria” otorgado por el Consejo Superior del Ministerio Público de la República Dominicana. Cuando mucha gente tiene como norte convertirse en microcelebridad, resulta profundamente significativo que una institución cuya misión es “garantizar el Estado de Derecho y el acceso a la justicia mediante la persecución penal efectiva y oportuna”, con el foco puesto en “la armonía social y la seguridad ciudadana”, decida reconocer el mérito auténtico.

Es extraordinariamente positivo que se haya dejado de lado lo espectacular, que la esencia sea el mérito construido a pulso, bajo condiciones precarias, en jornadas extendidas y en momentos de alta tensión.

Con este premio, el Ministerio Público exalta a fiscales cuya trayectoria deja muy “fea para la foto y mal puesta para el video” a la superficialidad que tanto abunda. No se trata de figuras mediáticas. Se trata de servidores públicos que han hecho del rigor, la objetividad y la honestidad su marca personal.

Cada persona reconocida merece muchas cuartillas para dar a conocer su obra. Pero -como ahora no se suele leer mucho- con citar una muestra tenemos bastante y hasta para donar. La magistrada Gisela Cueto, con 52 años en la función pública, es dueña de una historia que combina la idea de servicio con vocación y disciplina.

Esa dama inició como secretaria, luego abrazó el magisterio y ascendió hasta ocupar posiciones estratégicas en extradición y delitos electorales. Ella habló en representación del grupo homenajeado. Su discurso fue una radiografía del oficio: estrés permanente, sacrificios familiares, riesgos personales. Pero también integridad inquebrantable. “Nadie pudo retorcer mi brazo”, afirmó. En una época donde tantas voluntades se negocian, esa frase resume su peso moral.

Su estela no es un caso aislado. Cada una de las diez trayectorias reconocidas evidencian que el mérito verdadero no surge del atajo, sino de la constancia. Son biografías que encarnan lo que Karl Popper llamaría el deber del optimismo: creer que el futuro está abierto y que nuestras acciones pueden mejorarlo.

El homenaje celebrado en el Teatro Nacional no fue un acto protocolar más. Allí se lanzó el Himno del Ministerio Público y se rindió tributo a fiscales fallecidos. Memoria e identidad institucional se entrelazaron. En tiempos líquidos —como advertía Bauman— recordar es un acto de resistencia. Honrar a quienes sirvieron es reafirmar que la institucionalidad tiene rostro y tiene historia.

La labor de Rita Durán Imbert en la lucha contra la violencia de género, Somnia Vargas en defensa del medio ambiente, o Jesús María Fernández Vélez en la protección de niños, niñas y adolescentes, demuestra que su función no es abstracta. Tiene impacto social concreto. Construye cohesión. Defiende dignidad. En términos de Amartya Sen, amplía capacidades reales para vivir sin miedo.

En la era de las microcelebridades, estos reconocimientos cumplen una función pedagógica, una enseñanza para toda la sociedad. Nos recuerdan que el verdadero prestigio no nace de la exposición, sino de la coherencia. Que la reputación sólida se construye en silencio. Que el servicio público, cuando se ejerce con pasión, independencia y profesionalismo, es una forma elevada de ciudadanía.

Celebrar el mérito en el Ministerio Público no es un gesto simbólico menor. Es afirmar que todavía creemos en el Estado de Derecho como proyecto colectivo. Es apostar —como sugería Popper— por un optimismo activo, no ingenuo. Y sobre todo es reconocer que el futuro depende de personas capaces de resistir presiones y actuar con rectitud.

En tiempos donde lo efímero compite con lo esencial, exaltar trayectorias como las de estos fiscales es un acto de civilización. Porque mientras el ruido pasa, la integridad permanece.