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viernes, 10 de abril de 2026




Diario Azua / 10 de abril 2026

Por Rafael Pineda

Comunicador, Publicista, Consultor Creativo

“No basta con alcanzar la sabiduría,  es necesario saber utilizarla”. Cicerón.

No ha de pasar desapercibido para nadie, que el próximo rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo reúne en su nombre a los dos más grandes reyes del antiguo Israel: David (1040-970 a. c.) y Salomón, su hijo, (970-931 a. c.). Jorge Salomón Asjana David, que no tiene ínfulas de rey, aunque deba reinar (regir, dirigir, administrar), coincidentemente lleva en sus nombres y apellidos a estos dos icónicos monarcas bíblicos conocidos por ciertos talentos que se me antojan también presentes en el perfil de liderazgo del rector de la UASD para período 2026-2023.  

Salvando las vastas distancias de tiempo, espacio y culturas, abro este ejercicio con el rey David, quien cobró fama siendo solo un joven pastor de ovejas, al vencer al gigante Goliat en uno los relatos bíblicos más memorables. La “onda” de Asjana fue otra, el gigante al que tuvo que enfrentar, siendo también muy joven, fue al peligro de la intrascendencia y todos sus sinónimos. Y como David Rey, Jorge Salomón venció también desde muy joven, al ingresar a la carrera de medicina en nuestra Alma Mater, iniciando un ascenso imparable como estudiante, monitor, docente, director de Escuela, dos veces Decano y dos veces vicerrector, hasta encontrarse hoy a las puertas del puesto más elevado de su carrera como gerente universitario.      

De las cualidades conocidas del rey David, tomaré aquellas que lo definen como un monarca justo y un guerrero audaz. Desde que conozco al Dr. Jorge Asjana David, puedo dar testimonio del gran sentido de justicia que le caracteriza y sin el cual habría sido imposible alcanzar los niveles de liderazgo de que hoy goza. Lo mismo puede decirse de su incansable capacidad de trabajo, es un “guerrero”, en el mejor sentido de la palabra, con energía casi inagotable para asumir las tareas de sus múltiples responsabilidades. Con jornadas que empiezan a muy tempranas horas de la madrugada y finalizan a altas horas de la noche, incluyendo viajes constantes por todo el país.    

El segundo paralelismo se me antoja incluso más pertinente respecto a los desafíos que deberá enfrentar el próximo rector. Pues el rey Salomón no solamente fue un gran monarca unificador del reino bajo su mando, sino que según sus biógrafos, al rezar a su Dios, en lugar de poder le pidió sabiduría para gobernar. Y he aquí los dos rasgos que quiero resaltar: el de gerenciar con gran sentido y vocación de unidad, y el de la sabiduría para resolver con éxito los dilemas y retos que el ejercicio del poder entraña en la vida de todo gobernante.

Creo que el Dr. Asjana David pasará a la historia, entre otros logros, como “el gran unificador de la familia uasdiana”. Ningún candidato en la UASD había hecho confluir tantas voluntades en un propósito común, y este es un factor nodal de su éxito: haber construido una gran alianza mediante el principio de “unidad en la diversidad”, reuniendo a las más variopintas corrientes de pensamiento expresadas en partidos, movimientos y grupos de apoyo. Desde altos dirigentes, funcionarios y sectores del gobierno y del partido gobernante (PRM), hasta los partidos mayoritarios de oposición como Fuerza del Pueblo, PLD y las fuerzas de la izquierda política.

Al nivel interno, la unidad de las fuerzas que activan en la UASD en torno al proyecto Asjana Rector 2026-2030, ha sido el factor dominante en el presente proceso. Como muestra, tres aspirantes a la rectoría: la Dra. Rosalía Sosa, el Ing. Alejandro Ozuna y el Dr. Pablo Valdez, pospusieron sus aspiraciones para asumir el proyecto que encarna el Dr. Asjana. La fuerza cohesiva del proyecto Asjana Rector se expresa, por ejemplo, en casos donde más de un candidato o candidata aspiran a una misma posición electiva cobijados bajo esta misma sombrilla unitaria. En otros, la profundización del clima unitario ha logrado fusionar candidaturas mediante la posposición de aspiraciones o la conformación de fórmulas victoriosas, como en el ejemplo de las candidaturas por el decanato de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura.

En el epicentro de este fenómeno poco común, actúa como un gran imán el carisma, liderazgo, experiencia y visión transformadora del Dr. Asjana sobre el presente y futuro de la Primada de América. Una visión tan pertinente como urgente, tan moderna como incluyente, tan académica como humana, tan social como científica; en la que todos los uasdianos y uasdianas vemos reflejadas nuestras propias visiones y expectativas, porque tiene en su centro a la academia por encima de intereses particulares, consciente de que solo haciendo “más grande y mejor” a la UASD, los uasdianos y uasdianas podremos seguir disfrutando del prestigio de su estatus, y una calidad de vida y laboral cada vez más humana y decente. Pero sobre todo, Asjana David representa la garantía de que la Primada de América siga siendo la “universidad abierta, democrática, popular y autónoma” que definió el Movimiento Renovador, para que los menos favorecidos de la sociedad puedan tener acceso a una educación superior de calidad.

Retomando el paralelismo con el rey Salomón, rescato de éste su don más conocido: sabiduría. Todos recordamos la parábola de las dos madres que vivían juntas y dieron a luz a sendos bebés. Una de ellas mientras dormía, se acostó encima de su bebé asfixiándolo hasta morir. Al despertar y darse cuenta, aprovechó que la otra madre aún dormía y cambió su bebé muerto por el bebé vivo. La disputa entre ambas, alegando cada una ser la madre del bebé vivo, llegó ante el Rey Salomón, quien mandó traer una espada diciendo que cortaría el bebé en dos y daría a cada madre la mitad. Pero una de ellas se opuso resueltamente a esta crueldad, prefiriendo que le dejasen el bebé vivo a la otra. Y así supo el Rey que ésta era la verdadera madre del niño.  

La sabiduría, esa “capacidad de aplicar la inteligencia y la experiencia para comprender la vida profundamente, distinguiendo lo bueno de lo malo y actuando con buen juicio” (RAE), es un don esencial para gobernar con éxito. Con casi medio siglo de experiencia acumulada, con la justicia de David, el rey guerrero, y la grandeza de Salomón, el rey sabio, el Dr. Jorge Salomón Asjana David está más que listo para, desde el 17 de julio próximo, cumplir junto a la familia uasdiana el gran compromiso de… “hacer de la Primada, la primera”.

jueves, 9 de abril de 2026

Por Dr. Amín Cruz
Diario Azua / 09 abril 2026.-

“Las guerras no terminan en el campo de batalla; comienzan allí y se prolongan en la vida cotidiana de quienes nunca empuñaron un arma."

En un mundo saturado de imágenes de destrucción y cifras de víctimas, hay una dimensión de la guerra que rara vez ocupa los titulares principales, pero que afecta silenciosamente a millones de personas: su impacto económico global.

La guerra en Oriente Medio no solo se libra en el terreno militar. También se combate con consecuencias duraderas en los mercados energéticos, en las cadenas de suministro y en la estabilidad financiera internacional. Es ahí donde se configura una crisis menos visible, pero potencialmente más prolongada.

El primer golpe ha sido energético. El estrecho de Ormuz, arteria vital del comercio mundial de petróleo y gas, se ha convertido en un punto de tensión crítica. Cuando una región por la que circula cerca de un tercio del petróleo global se vuelve inestable, el efecto no es regional: es sistémico. Para los países importadores, esto no es solo un aumento de precios, es un castigo económico que erosiona ingresos, frena la producción y deteriora la calidad de vida.
La energía es apenas el inicio, la guerra ha vuelto a exponer la fragilidad de las cadenas de suministro globales. El desvío de rutas marítimas, el encarecimiento de seguros y los retrasos logísticos están alterando el flujo de bienes esenciales. Entre ellos, uno particularmente sensible: los fertilizantes. Su escasez no solo afecta a los agricultores, sino que anticipa un problema mayor: el encarecimiento de los alimentos.

Aquí es donde la crisis deja de ser macroeconómica y se vuelve profundamente humana, en los países de bajos ingresos, donde una parte significativa del ingreso se destina a la alimentación, cualquier aumento de precios se traduce en hambre, en inestabilidad social y en tensiones políticas. La inflación, en este contexto, no es una cifra técnica: es una amenaza cotidiana.

Y, sin embargo, el impacto no es uniforme. Mientras algunas economías exportadoras de petróleo se benefician temporalmente del alza de precios, otras enfrentan déficits crecientes y presiones fiscales insostenibles. Esta asimetría revela una verdad incómoda: las crisis globales no golpean a todos por igual; amplifican las desigualdades existentes.

Los mercados financieros, por su parte, reaccionan con nerviosismo. La volatilidad aumenta, los costos de financiamiento se elevan y las economías más endeudadas ven reducirse su margen de maniobra. En este escenario, el riesgo no es solo una desaceleración económica, sino una posible cadena de crisis fiscales en países vulnerables.

Frente a este panorama, organismos como el Fondo Monetario Internacional intentan contener el impacto mediante asistencia técnica y financiera. Su directora, Kristalina Georgieva, ha advertido sobre el creciente número de países que requieren apoyo. Pero la pregunta persiste: ¿es suficiente?

La realidad es que el mundo enfrenta esta nueva crisis con menos herramientas que en el pasado. Altos niveles de deuda, márgenes fiscales limitados y una creciente fragmentación geopolítica reducen la capacidad de respuesta coordinada.

Lo más preocupante no es solo la magnitud del shock, sino su posible duración. Si el conflicto se prolonga, el mundo podría entrar en una fase de incertidumbre permanente, donde la energía cara, la inflación persistente y la inestabilidad financiera se conviertan en la nueva normalidad.
En ese escenario, la guerra dejaría de ser un evento para convertirse en un contexto. Y tal vez ese sea el mayor riesgo: que el mundo se acostumbre. Porque cuando la crisis se normaliza, también lo hace la desigualdad, la precariedad y la indiferencia. Detrás de todo eso vendrá el abuso de poder, los especuladores, ladrones, corruptos y más…

La guerra en Oriente Medio no sólo redefine fronteras geopolíticas. Está redibujando el mapa económico global. Y en ese mapa, como tantas veces, los más vulnerables aparecen en la zona de mayor riesgo.

"Cuando la inestabilidad se vuelve costumbre, el mayor peligro no es la crisis, sino aprender a vivir con ella."

¡"La humanidad exige coherencia, responsabilidad y liderazgo"!
¡"La paz no puede ser un discurso; debe ser una acción sostenida, verificable y respetada por todos"!

¡PORQUE SIN CUMPLIMIENTO, NO HAY PAZ EN EL MUNDO!

Dr. Amín Cruz CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiad
Por Néstor Estévez
Diario Azua / 09 abril 2026.-

Hay quien afirma que el periodismo ya murió. Para otros, simplemente está en crisis. Del muerto se dice que “con tierra tiene”. Pero si asumimos que solo está en crisis, la pregunta retadora es: ¿qué futuro le estamos construyendo al periodismo?

El periodista español Teodoro León Gross agitó el debate con su libro La muerte del periodismo. No es el primero en anunciar finales simbólicos: Friedrich Nietzsche habló de la muerte de Dios; Roland Barthes, de la muerte del autor; Francis Fukuyama, del fin de la historia. Pero lo que está en juego ahora es, sencillamente, un componente clave de la democracia.

León Gross sostiene que el periodismo ha pasado de ser “cuarto poder” a un actor secundario. Antes vigilaba al poder; hoy muchas veces lo acompaña. Antes ayudaba a entender la realidad; hoy compite por atención en un entorno saturado. Este proceso, que él describe como una “mediamorfosis”, no es solo un cambio tecnológico, sino una transformación profunda que afecta el papel social del periodismo.

Durante décadas, el periodismo se sostuvo sobre un equilibrio clave: era un servicio público que llegó a funcionar muy bien como negocio, sin perder su esencia como soporte democrático. Pero ese modelo se ha debilitado. La publicidad, que financiaba la independencia editorial, migró hacia plataformas digitales, dejando a muchos medios en condiciones precarias. Sin recursos, investigar se vuelve más difícil y la independencia se resiente.

A esto se suma la lógica de la economía de la atención. Hoy, el empeño no es necesariamente informar mejor, sino captar más clics. Por eso la información se ha convertido en entretenimiento. Ahora se apela a emociones intensas —miedo, rabia, indignación— porque eso genera más interacción. El problema es que emocionar no siempre es lo mismo que explicar.

En paralelo, la prensa ha perdido autoridad. Hubo un tiempo en que los medios orientaban la opinión pública. Hoy, esa influencia es más limitada. La confianza ha disminuido, y muchas personas consumen información sin distinguir entre fuentes confiables y contenidos dudosos.

Pero el cambio más profundo tiene que ver con la verdad. Vivimos en la era de la posverdad, donde los hechos pesan menos que las creencias. Las fake news —noticias falsas creadas para manipular— circulan con facilidad, sobre todo en redes sociales. En este escenario, el periodismo ya no es el único filtro: compite con rumores, opiniones y desinformación.

Los algoritmos refuerzan este problema. Están diseñados para mostrar lo que más engancha, no lo que mejor informa. Por eso, los contenidos más extremos o polémicos tienden a viralizarse. Cuando todo parece discutible y no hay acuerdos básicos sobre los hechos, la democracia se debilita.

Este panorama global tiene consecuencias concretas en países como la República Dominicana. En contextos donde existen tantos problemas por resolver, el acceso a información confiable es fundamental. La CEPAL advierte que las inequidades afectan la confianza en las instituciones y la convivencia social.

Cuando faltan medios locales fuertes, aparecen los llamados “desiertos informativos”: lugares donde nadie explica qué hacen las autoridades ni cómo se usan los recursos públicos. En esos espacios, crece la desinformación y se debilita la participación ciudadana.

Por eso, organismos como UNESCO insisten en que el periodismo libre, plural y seguro es esencial para la democracia. No se trata solo de contar noticias, sino de garantizar que las personas puedan entender y participar en las decisiones que afectan su vida.

Como es fácil apreciar, este no es un tema exclusivo para periodistas. Estamos hablando de algo que toca de manera preferencial al pueblo llano, pero también a toda la sociedad. Tiene que ver con cómo se informan las personas, cómo forman su opinión y cómo participan en la sociedad. Ser ciudadano hoy implica saber cuestionar lo que se ve en redes y en plataformas, verificar fuentes y no dejarse llevar solo por emociones.

Frente a todo esto, la pregunta inicial debe retarnos. Tal vez el periodismo no ha muerto. Tal vez lo que está en juego es si como sociedad estamos dispuestos a reconocer su valor, defenderlo y exigirle calidad.

Porque sin información confiable no hay ciudadanía crítica. Y sin ciudadanía crítica, la democracia pierde sentido.

Entonces, la pregunta clave es: ¿quién gana cuando el periodismo pierde? Y una más: ¿qué vamos a hacer al respecto?
Por Ana Inoa
Diario Azua / 09 abril 2026.-

A un año de la tragedia ocurrida en Jet Set, la República Dominicana sigue cargando una herida abierta. No solo por la magnitud del dolor, sino por la sensación colectiva de que la justicia avanza con una lentitud que lastima, desgasta y desilusiona a los familiares de las víctimas y a toda una sociedad que aún exige respuestas.

Ha pasado un año desde aquella madrugada del 8 de abril de 2025, cuando una noche que prometía alegría, música y celebración terminó convertida en una de las tragedias más dolorosas de la historia reciente del país. A las 12:44 de la madrugada, el reloj pareció detenerse entre gritos de auxilio, llanto, polvo, sirenas y un operativo de rescate que marcó para siempre la memoria nacional.

Lo que debió ser una velada inolvidable por razones felices, terminó siendo una escena de horror colectivo. Figuras de renombre, familias enteras, amigos, conocidos y ciudadanos comunes quedaron atrapados en una tragedia que vistió de luto a la nación. Desde entonces, la herida no ha cerrado.

Un año después, el país no solo recuerda a las más de 236 víctimas. También observa con impotencia cómo transcurren los días, los meses y ahora un año completo, sin que el sentimiento de justicia alcanzada logre tocar el corazón de quienes perdieron a sus seres queridos. Para muchos familiares, el tiempo no ha servido de consuelo, sino de confirmación amarga: el dolor permanece, y la respuesta institucional no ha tenido la contundencia que la dimensión del caso reclama.

La tragedia de Jet Set no puede verse solo como un expediente judicial ni como una noticia archivada en la memoria reciente. Es, ante todo, una prueba para el sistema de justicia dominicano y para la credibilidad del país frente a su propia ciudadanía. Porque cuando una nación presencia una tragedia de semejante magnitud, espera consecuencias claras, responsabilidades definidas y una actuación judicial que inspire confianza, no desesperanza.

Sin embargo, lo que se percibe desde amplios sectores de la sociedad es una dolorosa desilusión. Juicios que van y vienen, procesos que parecen extenderse, peritajes, auditorías y tecnicismos que, aunque forman parte del marco legal, terminan alimentando la sensación de que el tiempo corre más rápido que la justicia. Y cuando eso ocurre en medio del duelo de cientos de familias, la herida se profundiza.

La pregunta que hoy se hace el país no es solamente jurídica; es también moral. ¿Existe realmente un régimen de consecuencias cuando la negligencia, la codicia o la irresponsabilidad terminan costando tantas vidas? ¿Puede el poder imponerse sobre el clamor de una nación herida? ¿Qué mensaje recibe la sociedad cuando un caso de tan alto impacto sigue generando más preguntas que respuestas definitivas?

A un año del colapso, familiares y amigos volvieron a reunirse en vigilias cargadas de dolor, memoria y lágrimas. Cada vela encendida recordó una ausencia. Cada nombre pronunciado devolvió a la conciencia nacional la dimensión humana de la tragedia. Porque detrás de cada cifra hubo una vida, una historia, una familia rota y un futuro interrumpido.

Y mientras ese duelo se renueva, la sociedad también se interroga sobre la responsabilidad de quienes, de una u otra forma, estaban llamados a garantizar la seguridad de ese espacio. El país mira, cuestiona y espera. Espera que la verdad no sea desplazada por la influencia. Espera que la justicia no se convierta en un privilegio de interpretación. Espera que la memoria de las víctimas no sea arrastrada por el cansancio ni por el olvido.

Jet Set dejó una enseñanza dolorosa: cuando fallan la prevención, la supervisión y la responsabilidad, las consecuencias no se miden solo en daños materiales, sino en vidas humanas. Por eso este caso no puede diluirse en el tiempo ni reducirse a trámites judiciales. Lo ocurrido debe convertirse en un precedente firme, en una advertencia nacional y en una exigencia ética para el presente y el futuro.

La República Dominicana merece una justicia que no solo exista en los códigos, sino que se sienta en la realidad. Una justicia que responda con firmeza ante el dolor colectivo. Una justicia que no permita que el silencio termine cubriendo lo que aún reclama verdad.

Porque un año después, las víctimas no pueden hablar.
Pero sus familias sí.

Y con ellas, habla también un país entero que sigue esperando que sus lágrimas no hayan sido en vano.

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 09 abril 2026.-

«No se trata de un derecho a la muerte, sino de un derecho a la propia vida, de la cual la muerte es el acto final».Ronald Dworkin, El dominio de la vida (1994, p. 238).

La muerte de Noelia Castillo va más allá de la simple aplicación de un protocolo administrativo o el desenlace de una batalla judicial de 601 días. Se trata de un caso que nos muestra un espejo incómodo donde las democracias decadentes posmodernas ven reflejadas sus propias fisuras éticas. Al examinar el periplo de la protagonista de esta historia, nos enfrentamos a la reunión conflictiva entre la autonomía individual, el sufrimiento crónico y la responsabilidad del Estado como garante de una vida digna. Lejos de arribar a consignas simplistas, este episodio nos obliga a transitar por la delgada línea que separa el respeto por la voluntad individual de la negligencia social disfrazada de libertad.

Desde la perspectiva filosófica moral, la autonomía no puede entenderse como un concepto atómico o aislado. En su “Fundamentación para una metafísica de las costumbres”, Kant sostiene que la autonomía de la voluntad es “el único principio de todas las leyes morales y de los deberes que les corresponden” (2012, p. 114). Sin embargo, en el caso de Noelia, esta autonomía se vio asediada por un contexto de violencia previa y una lesión medular irreversible que transformó su existencia en lo que ella misma describió como un calvario insoportable.

Aquí, surge la primera gran tensión: ¿es la decisión de morir un acto de libertad pura o el síntoma de una red de cuidados que llegó demasiado tarde? No se trata de caer en la falacia de reducir toda petición de eutanasia a un fracaso estatal, pero tampoco de ignorar que, para que el sujeto sea verdaderamente dueño de su destino, la sociedad debe haber agotado previamente las alternativas de alivio y acompañamiento.

Resulta imperativo, entonces, reflexionar sobre la paradoja de un Estado que se muestra eficiente en la gestión de la muerte tras haber sido completamente negligente en la custodia de la vida. Noelia llegó a la instancia de la eutanasia tras haber sobrevivido a violencias que el sistema no pudo prevenir ni reparar a tiempo. Esta “autonomía” final aparece, entonces, teñida por una sombra evidente de abandono previo. Hannah Arendt, en “Responsabilidad y juicio”, nos advierte que la responsabilidad política implica no sólo lo que hacemos, sino aquello que permitimos que ocurra por omisión en el tejido de la comunidad (2007).

Así, cuando las instituciones fallan en el amparo inicial- en la salud mental, en la protección ante la violencia y en el soporte a la discapacidad- y luego facilitan con celeridad administrativa el protocolo de muerte, corremos el riesgo de convertir la eutanasia en una solución técnica para un problema de injusticia estructural. Como señaló Enrique Dussel en su “Ética de la liberación”, el imperativo ético fundamental es la “producción, reproducción y desarrollo de la vida humana en comunidad” (1998, p. 91); cualquier acto que ignore esta deuda histórica del Estado con el sujeto vulnerable desvirtúa el sentido profundo de la compasión.

Esta orfandad institucional se vuelve particularmente peligrosa cuando la ley de eutanasia se implementa en un terreno donde la salud mental carece de leyes sólidas y recursos suficientes. Existe el riesgo de que la muerte asistida se convierta en la respuesta biopolítica a una “psique exhausta” que no encontró la contención que merecía. Al respecto, Michel Foucault, en su “Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber”, describe cómo el poder soberano ya no se manifiesta sólo en el “hacer morir”, sino en el “administrar la vida” (2014, p. 135).

Si la administración de la muerte es más accesible y rápida que el acceso a una terapia intensiva, a una red de apoyo comunitario o a una vivienda digna, la ley deja de ser un instrumento de libertad para transformarse en un mecanismo de descarte encubierto. Justamente por ello es conveniente acudir a Joan Tronto, quien en sus reflexiones sobre la ética del cuidado, insiste en que “ignorar las necesidades de cuidado de los otros es una forma de ejercer poder sobre ellos” (2020, p. 82). En pocas palabras, está claro que una sociedad que ofrece la eutanasia pero escatima en salud mental está enviando un mensaje devastador: que hay sufrimientos que no valen el esfuerzo de ser sostenidos. Sin un blindaje previo de derechos sociales y psíquicos, la eutanasia corre el riesgo de ser aplicada no para liberar al sujeto, sino para alivianar al sistema de la carga de su cronicidad.

A este escenario trágico se suma la compleja relación que la cultura contemporánea mantiene con el dolor. Vivimos en lo que Byung-Chul Han denomina la “sociedad paliativa”, es decir, una época marcada por una algofobia o miedo generalizado al dolor. En su obra “La sociedad paliativa”, Han nos dice que “el dolor es visto como un error del sistema que debe ser eliminado mediante intervenciones técnicas o farmacológicas, despojándolo de toda dimensión narrativa o existencial” (2021, p. 12).

En este contexto, el sufrimiento de Noelia no sólo fue una carga física, sino un escándalo para una cultura que exige el rendimiento y la felicidad obligatoria. David Le Breton, en su “Antropología del dolor” refuerza esta idea al señalar que “el hombre contemporáneo se encuentra desarmado frente al dolor porque ha perdido los marcos culturales y simbólicos que antes le permitían darle un sentido” (1999, p. 94). Cuando el dolor se vuelve mudo y carece de lugar en el tejido social, la muerte asistida aparece como la única salida lógica para una cultura que prefiere ocultar la herida antes que transitar la ardua tarea de sostener al sufriente en su propia fragilidad. El caso que hoy nos convoca nos obliga a preguntarnos si nuestra defensa de la eutanasia nace de un respeto genuino por la autonomía o de una incapacidad colectiva para convivir con lo que Han llama la “negatividad del dolor”.

Por otra parte, nos encontramos con el ámbito de la bioética clínica, donde el caso de Noelia reactiva el debate sobre la jerarquía de los principios fundamentales. La tradición bioética ha intentado equilibrar la autonomía con la beneficencia y la no maleficencia, pero episodios de sufrimiento refractario ponen a prueba estos constructos. Como señala Diego García en “Fundamentos de bioética”, “la medicina ha pasado de un modelo paternalista, basado en el partido de beneficencia, a otro basado en la autonomía del paciente, lo que obliga a una deliberación moral mucho más compleja” (2008, p. 352). En Noelia, la beneficencia -entendida como el actuar en favor del bienestar del paciente- dejó de ser la preservación de la vida biológica para convertirse en la validación de su alivio final. Cuando el daño es irreversible y la percepción subjetiva de la vida es de una indignidad absoluta, la no maleficencia se traduce, paradójicamente, en el cese de una intervención que sólo prolonga la agonía.

Esta discusión adquiere una profundidad metafísica cuando se incorpora la perspectiva de las instituciones eclesiásticas, cuya doctrina subraya la sacralidad de la vida, pero también reconoce la fragilidad humana ante el dolor extremo. La encíclica “Evangelium Vitae” de Juan Pablo II fue taxativa al denunciar la eutanasia, definiéndola como “una grave violación de la Ley de Dios” (1995, p. 119), basándose en la idea de que la vida es un don que el hombre no puede gestionar a su arbitrio. No obstante, la misma doctrina católica establece una distinción ética crucial para casos de sufrimiento terminal: el rechazo al encarnizamiento terapéutico. En la carta “Samaritanus Bonus”, la Congregación para la Doctrina de la Fe precisa que “renunciar a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio o a la eutanasia; expresa más bien la aceptación de la condición humana ante la muerte” (2020, p. 14). En este marco, el drama de Noelia nos sitúa en un intersticio: si bien la Iglesia propone el acompañamiento y los cuidados paliativos como la respuesta moralmente superior, el caso interpela a la comunidad religiosa sobre los límites de la resistencia física y psíquica, obligando a pensar si la prolongación forzada de una existencia totalmente quebrada no atenta también contra la dignidad de la creación.

Por su parte, el largo calvario judicial que sufrió Noelia- alargado, según diversos reportes, por la instrumentalización de grupos externos y oposiciones familiares- pone de manifiesto la fragilidad del testimonio en la esfera pública. Cuando la voluntad de un individuo se convierte en un campo de batalla ideológico, se incurre en lo que Judith Butler denomina una distribución desigual de la “vulnerabilidad”. En su texto titulado “Vida precaria”, Butler argumenta que “la pérdida y la vulnerabilidad parecen ser condiciones para la formación de la esfera pública, ya que ésta se fundamenta en la exposición del cuerpo ante otros” (2006, p. 46). Noelia fue expuesta y su sufrimiento fue diseccionado en medios masivos de comunicación y tribunales, despojándola a menudo de su condición de sujeto para transformarla en un símbolo útil para causas ajenas. La violencia simbólica ejercida sobre ella durante esos 601 días de espera constituye una herida que la ley, por sí sola, no alcanza a reparar.

Por otro lado, la tradición liberal, encabezada por John Stuart Mill, nos recuerda que “sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano” (Sobre la libertad, 2013, p. 65). Bajo este precepto, la oposición de terceros basada en convicciones morales o afectivas carecería de legitimidad frente a un adulto competente. No obstante, el caso de Noelia se complicó bastante al vincularse su petición con un sufrimiento psíquico y antecedentes graves de trauma. Es aquí donde la bioética debe huir del paternalismo sin abandonar la prudencia necesaria para discernir si la competencia para decidir está nublada por factores tratables. La Comisión de Garantía y Evaluación atendió la singularidad del asunto, entendiendo que respetar la voz del afectado no significa autorizarla sin interrogantes, sino verificar que esa elección no sea el resultado de una carencia de recursos evitables. La libertad de elección sería genuina cuando el “no” a la vida es una opción tan asistida como lo fue, en su momento, el intento de preservarla.

Finalmente, la mediatización y la difusión de informaciones falsas sobre el proceso clínico de Noelia revelan una crisis en nuestra capacidad de escucha ética. Se priorizó el ruido del debate político por sobre el silencio necesario para comprender un dolor que Noelia resumió con una crudeza desgarradora: “simplemente es que no puedo más” (Rosas, 2026, párr. 10). Esta claudicación ante el dolor podría no ser un simple capricho, sino la manifestación de un límite ontológico y existencial. Cuando la vida se convierte en una sucesión de instantes dedicados exclusivamente a la gestión del padecimiento, la eutanasia se presenta no como un ataque a la vida, sino como el último gesto de custodia sobre la dignidad que le resta a esa existencia, un acto de “justicia” hacia quien ya no encuentra en la biografía más que la repetición del trauma.

En conclusión, amigos míos, la partida de Noelia Castillo nos deja ante varios interrogantes que sacuden los cimientos de nuestra comunidad moral, bioética, legal y religiosa. No basta con legislar el final de la vida si no somos capaces de garantizar la calidad de la misma en sus momentos de mayor fragilidad. ¿Hasta qué punto la demora judicial de 601 días no constituye en sí misma una forma de maleficencia institucionalizada? ¿Es ético que el Estado ofrezca la muerte como alivio definitivo cuando antes fue incapaz de ofrecer una vida libre de violencia y desamparo? ¿Puede una ley se eutanasia ser verdaderamente liberadora en un contexto de precariedad en salud mental y de cultura que huye del dolor como si fuera una falla técnica? ¿Cómo podemos asegurar que la petición de morir sea un acto genuino de libertad y no el último refugio frente al abandono o la incomprensión de un sistema que sólo sabe medir la vida en latidos y no en sentidos?

La verdadera compasión no reside únicamente en permitir la salida ni en prohibirla, sino en el rigor con el que examinamos las condiciones que hicieron que esa salida sea considerada la única deseable. Queda pendiente la tarea de construir una esfera pública que proteja el testimonio de quien la está pasando realmente mal, evitando que su dolor sea devorado por la maquinaria de la banalización y la polarización. Al final, el caso de Noelia nos susurra al oído una pregunta: ¿estamos preparados para escuchar la palabra del otro con el cuidado que se merece, o preferimos convertir sus heridas en argumentos para nuestras propias certezas?

Referencias bibliográficas

· Arendt, H. (2007). Responsabilidad y juicio. Paidós.

· Butler, J. (2006). Vida precaria: El poder del duelo y la violencia. Paidós.

· Congregación para la Doctrina de la Fe. (2020). Carta Samaritanus Bonus sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida. Libreria Editrice Vaticana.

· Dussel, E. (1998). Ética de la Liberación en la Edad de la Globalización y de la Exclusión. Trotta.

· Dworkin, R. (1994). El dominio de la vida: Una discusión acerca del aborto, la eutanasia y la libertad individual. Ariel.

· El País. (29 de marzo de 2026). Las heridas (y lecciones) que deja la eutanasia de Noelia Castillo. https://elpais.com/sociedad/2026-03-29/las-heridas-y-lecciones-que-deja-la-eutanasia-de-noelia-castillo.html

· Foucault, M. (2014). Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber. Siglo XXI Editores. (Original publicado en 1976).

· Gracia, D. (2008). Fundamentos de Bioética. Eudema.

· Han, B-C. (2021). La sociedad paliativa: El dolor hoy. Herder Editorial.

· Juan Pablo II. (1995). Carta Encíclica Evangelium Vitae sobre el valor e inviolabilidad de la vida humana. Tipografía Políglota Vaticana.

· Kant, I. (2012). Fundamentación para una metafísica de las costumbres (R. R. Aramayo, Trad.). Alianza Editorial. (Original publicado en 1785).

· Le Breton, D. (1999). Antropología del dolor. Seix Barral.

· Mill, J. S. (2013). Sobre la libertad (P. de Azcárate, Trad.). Alianza Editorial. (Original publicado en 1859).

· Rosas, P. (27 de marzo de 2026). Eutanasia de Noelia Castillo: "Ella sufrió un calvario judicial que alargaron para enturbiar la situación y asustar a los médicos". BBC Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/cj408jvkvldo

· Tronto, J. C. (2020). Cuidar: Democracia y ética del cuidado. Fundación Pasqual Maragall / Herder.
El autor es docente, escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

lunes, 6 de abril de 2026

Por Melonia da Gama
Diario Azua / 06 abril 2026.-
 
La ciberseguridad continúa siendo uno de los riesgos de negocio más importante que enfrentan las organizaciones. El Informe Global de Brecha de Habilidades 2025 de Fortinet demuestra que la brecha entre las habilidades que las organizaciones necesitan y los profesionales disponibles para cubrirlas sigue siendo muy amplia, contribuyendo de manera directa a incrementar las tasas de intrusión, las pérdidas financieras y el estrés operativo generalizado.

De acuerdo con el reporte, 86% de las organizaciones experimentó una o más brechas durante 2024, con 28% reportando cinco o más incidentes. Adicionalmente, 67% de las organizaciones asegura que la brecha de habilidades en ciberseguridad ha incrementado el riesgo a nivel general, y más de la mitad atribuye las intrusiones a la falta de habilidades y entrenamiento en seguridad (54%), y la falta de conciencia en ciberseguridad (56%).

Estos hallazgos, dejan una cosa clara: contratar y retener personas con habilidades validadas y conocimiento práctico ya no es opcional. Las certificaciones se han convertido en una de las formas más efectivas para demostrar y escalar esa capacidad.

¿Por qué es tan importante la brecha de habilidades?

El reporte resalta varias dinámicas fundamentales que dan forma a los desafíos laborales actuales, entre ellas:

La mayoría de las organizaciones cita la falta de habilidades y entrenamiento en IT como causas principales de intrusiones.
La escasez a nivel global de profesionales en ciberseguridad continúa dejando roles críticos vacíos, aún cuando los actores de amenazas y ataques impulsados por IA siguen sofisticándose.
Las consecuencias financieras de las brechas de seguridad continúan siendo enormes, con más de la mitad de las organizaciones reportando incidentes cuyo costo ascendió a más de 1 millón de dólares durante 2024.

Estas estadísticas no son abstracciones. Se traducen en detección tardía, tiempos de respuesta más lentos y mayor exposición al riesgo en entornos híbridos de TI, operaciones en la nube e infraestructura digital crítica. En respuesta, los líderes empresariales están priorizando cada vez más la contratación de talento en ciberseguridad, y no solo de herramientas, en sus estrategias de resiliencia.

Certificaciones como prueba de aptitud operacional

Para los responsables de contratación y los líderes de seguridad, las certificaciones cumplen cuatro funciones indispensables:Competencia validada: las certificaciones proporcionan evidencia de que las personas pueden aplicar habilidades en contextos reales, no solo memorizar teoría.
Puntos de referencia estándar: los estándares proporcionan a las organizaciones hitos de habilidades consistentes y comparables en diversos grupos de candidatos.
Trayectorias profesionales: los niveles de certificación estructurados ayudan a los empleados y a los equipos a planificar su progresión desde puestos básicos hasta roles avanzados.
Señales de retención: los empleadores que invierten en apoyo para la certificación comunican valor y oportunidades de desarrollo que mejoran la retención. Uno de los principales problemas de retención mencionados fue la falta de oportunidades de capacitación y perfeccionamiento (48%).

Esto se refleja en las preferencias de los empleadores, según el informe, el 89% de los responsables de la toma de decisiones en el sector de las TI prefieren contratar candidatos con certificaciones profesionales.

Programas de certificación estructurados entregan impacto escalable

No todos los caminos de certificación ofrecen el mismo impacto. Los programas estructurados, alineados a roles y progresivos producen mejores resultados tanto para los individuos como para las organizaciones. El programa de certificación Fortinet Network Security Expert (NSE), está diseñado justo para eso. Abarca desde la concienciación básica (NSE 1–3) hasta la arquitectura avanzada y el diseño estratégico (NSE 7), pasando por el conocimiento y la experiencia a nivel experto (NSE 8), y se centra en áreas de especialización en ciberseguridad para definir roles, como redes seguras, seguridad en la nube, operaciones de seguridad y SASE.

Este proceso estructurado ayuda a las organizaciones a cerrar no solo la brecha de habilidades, sino también la brecha de preparación: la diferencia entre conocer un concepto y poder aplicarlo bajo presión.

Contratación basada en habilidades en un mercado laboral competitivo

Una tendencia destacada del Informe Global de Brecha de Habilidades en Ciberseguridad de 2025 es que la certificación suele tener más peso que las credenciales académicas tradicionales en las decisiones de contratación. El informe refuerza el cambio hacia la contratación basada en habilidades, con un 89 % de los responsables de TI que afirma preferir candidatos con certificaciones profesionales, lo que refleja un énfasis creciente en habilidades validadas y adaptadas al puesto, por encima de las credenciales tradicionales.

Este cambio refleja las realidades prácticas del mercado. Las ciberamenazas evolucionan más rápido que la mayoría de los programas académicos. Las certificaciones que se actualizan periódicamente, incluyendo laboratorios prácticos, evaluaciones basadas en escenarios y resolución de problemas reales, tienden a estar mejor alineadas con las necesidades diarias de las organizaciones.

También abre la puerta a la incorporación de talento no tradicional: profesionales de disciplinas afines, personas que cambian de carrera, veteranos y estudiantes sin títulos universitarios tradicionales pueden desarrollar una sólida experiencia en seguridad a gran escala con el apoyo de programas de certificación claros.

El Informe Global de Brecha de Habilidades en Ciberseguridad de 2025 refuerza la idea de que cerrar esta brecha no es solo un desafío de recursos humanos, sino una prioridad empresarial. Para abordar este reto, las organizaciones deben replantearse sus prácticas de contratación, financiar el desarrollo de capacidades y ampliar el acceso para implementar habilidades donde más se necesitan. Las certificaciones no son la solución definitiva, pero son una de las pocas herramientas que pueden demostrar de forma fiable la capacidad en un mercado donde las amenazas y las tecnologías evolucionan más rápido que muchos modelos educativos tradicionales.

domingo, 5 de abril de 2026

 

Por Alfredo Cruz Polanco
Diario Azua / 05 abril 2026.-

Este título corresponde al libro escrito por Baltasar Gracián. en el año 1647, traducido a casi todos los idiomas, recomendado para todos los que ejercen funciones públicas y políticas; comunicadores sociales; empresarios, comerciantes, banqueros; los miembros del Ministerio Público y demás administradores de justicia; legisladores, militares, transportistas, sindicalistas, profesores, profesionales independientes, etc., pues nos recomienda cómo debemos proceder en cada una de nuestras actuaciones, tanto públicas como privadas.

Traemos a colación el título de dicho libro, porque en estos momentos, nuestro país atraviesa por momentos difícles y serias dificultades, que ameritan que el mismo sea consultado para que, tanto los funcionarios públicos como todos los ciudadanos comunes, actuemos con la prudencia requerida para cada caso.

Por ejemplo, los que dirigen el Estado dominicano, deben administrar los recursos públicos con transparencia, eficiencia, prudencia y honestidad, evitando el despilfarro y el enriquecimiento ilícito, pues
al Estado se va a servir, no a servirse; que nuestros empresarios, comerciantes y banqueros, sean menos voraces e insaciables, por querer ganar cada vez más.

Que nuestros jueces y todos los que conforman el Poder Judicial, sean más racionales al aplicar justicia, pues mayormente condenan al que no tiene arraigo económico, dejando en libertad, aun con pruebas evidentes, a los verdaderos culpables, prevalecuendo en gran medida la permisividad y la impunidad.

Al momento de legislar o de ejercer el magisterio, hacerlo pensando siempre en las presentes y futuras generaciones; que la oposición ejerza su rol y haga los debidos reclamos por las reivindicaciones sociales con objetividad. Ser menos benigno con las exenciones y más diligente con las evasiones de los impuestos, para que siendo justos, tribute más el que más ingresos recibe.

El oficio de comunicador social no otorga derechos para insultar, difamar, injuriar y emitir juicios malsanos en contr de ciudadanos honestos; que el militar está para proteger al ciudadano, no para matar; los que portan armas de fuego deben ser comedidos al utilizarlas; cuando conducimos un vehículo por las vías públicas, hacerlo siempre con el debido cuidado, preservando la vida de los demás, sobre todo, en esta temporada de Semana Santa.

En conclusión, si aplicáramos “el Arte de la Prudencia” en todos nuestros actos, probablemente obtendríamos el país que tanto deseamos y merecemos. ¡Seamos prudentes, pues!

El autor es Contador Público Autorizado y
Máster en Relaciones Internacionales
Ex diputado al Congreso Nacional
Ex miembro de la Cámara de Cuentas de la República, 2010-2017



 

Por Oscar López Reyes
Diario Azua / 05 abril 2026.-

En el escondite de jueces venales, condenas judiciales que escalan hasta los 22 años han sido dictadas en distintas comarcas continentales contra ingenieros, supervisores, funcionarios estatales y propietarios de compañías constructoras implicados en derrumbes de discotecas, edificios, túneles y otras obras de infraestructura, causas directas de homicidios por negligencia e imprudencia. ¿Seguirán libres los hermanos Espaillat, inculpados de la más grande tragedia de su género ocurrida en el país, que fue provocada no obstante las múltiples señales de alerta?

En República Dominicana, la calificación de “homicidio involuntario” del expediente del colapso del techo de la discoteca Jet Set ha sido acomodada en el vademécum del control jurisdiccional, en tanto que los imputados, los poderosos empresarios Antonio y Maribel Espaillat, disfrutan placenteramente en sus linajes hogareños e invierten altas sumas de dinero para evadir sus responsabilidades penales y burlar a los familiares de las víctimas.

El 8 de abril se cumple el primer año de una fatalidad que quiebra el espíritu en la consternación y el abatimiento espiritual. En la madrugada de ese día, en 2025, la debacle del inmueble que albergaba el centro recreativo desgarró la sensibilidad y la conciencia emocional de los miembros del núcleo pilar de la estructura social, con 236 malogrados, 180 heridos y unos 150 niños huérfanos.

El 12 de junio del citado año, los hermanos Espaillat fueron recluidos en la cárcel preventiva del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, y a los 8 días, el 20 de ese mes, fueron despachados a sus santas residencias por la jueza de la Oficina Judicial de Servicios de Atención Permanente del Distrito Nacional, Fátima Veloz, con la argucia de que poseen arraigos o recursos financieros y propiedades.

¡Sálvanos, Hosanna! En su momento, el árbitro y su progenitor fueron relacionados con el Grupo Puntacana, que mantenía nexos comerciales con compañías de los hermanos Espaillat. Y el acto procesal apenas fue defendido por el muy cuestionado Colegio de Abogados - cobijas de presidentes que han usado pelusas visibles al revés- en el silbato de que se ajustó a los cánones legales. ¡Sálvanos, Hosanna!

En las medidas de coerción se excluye la tipificación de la negligencia culposa, avalada por autorizados estudios técnico/científicos, así como por múltiples y fehacientes denuncias que pululan en la prensa escrita y redes audiovisuales. ¿Las han visto u oído, o han leído las exhaustivas exposiciones científicas con hallazgos y pruebas verificables, difundidas en medios escritos?

Estas evidencias son el inadecuado mantenimiento, la sobrecarga del tejado de las agrietadas instalaciones físicas, la transgresión a las normativas de construcción y el desprecio a las constantes advertencias sobre altísimos peligros, hechas por inspectores técnicos y empleados del Jet Set, que desencadenaron la pérdida de capacidad estructural y el derrumbamiento de la edificación.

El incidente/desgracia era palpablemente previsible, y en numerosas ocasiones así fue informado a los hermanos Espaillat por profesionales de la ingeniería y empleados del Jet Set, pero deliberadamente pasaron por alto o ignoraron el aviso, para no gastar los volúmenes monetarios que hoy desembolsan. Están sueltos en virtud del tráfico de la influencia judicial y el "underground" (complacencia subterránea y marginal) de ciertos medios, por ser socios o solidarios con los empresarios procesados.

Ejecutivos y reporteros de esos espacios comunicativos –algunos de los cuales renunciaron por dignidad- no reparan siquiera en el fallecimiento en esa tragedia de dos periodistas: Patricia Acosta López, graduada de Comunicación Social en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), y Nikolái Urraca Matos, titulado de Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). ¡Habrá una ejemplar sentencia privativa de libertad contra esos protegidos por instancias judiciales!

Jueces y abogados defensores de los involucrados tendrán que lidiar en tres escenarios configurados por ellos mismos. Esos tres platós serían:

1.- Pronunciar en un juicio de fondo un dictamen judicial pírrico, el peor escenario para familiares de las víctimas y los victimarios. Timbra como la más pésima y terrible apuesta, que sombrea a “señorías” tribunalicias y togados amparadores, que no siempre conducen a sus clientes por el mejor camino.

2- Sumergirse los imputados –si logran la condescendencia de la libertad- en una oración mística, encerrados en un claustro, como un convento o monasterio, testimoniando la “culpa mórbida o disfuncional” y recitando tres veces el mea remordimiento, igual que el acto penitencial de la Iglesia Católica: “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”. Esta confesión, golpeándose el pecho con la mano derecha y el puño cerrado, busca borrar la abrumadora ideación y tentativa autodestructiva, agobiados por la amplitud de la censura y la indignación socio-colectiva.

Purgar la pena alivia la ansiedad y equilibra la sobrecarga emocional de todas las partes. En la noche del martes 29 de enero de 2013, Elissandro Spoht, uno de los propietarios de la discoteca Kiss, en Río Grande do Sul, Brasil, intentó quitarse la vida con un cable del hospital donde estaba recluido bajo detención policial. Acusado de homicidio por un incendio que empezó en el techo del club nocturno y que dejó 235 muertos, junto a otros socios y músicos, el 27 de enero de 2021 fueron condenados a 18 y 22 años de prisión.

3.- Actuación vengativa. Frisa como alta la posibilidad que, como respuesta psicótica o de honor en el forro de la ausencia de una severa sanción judicial, en el cerebro de uno o más de los cerca de mil dolientes directos (padres, hermanos y huérfanos) de los fallecidos en la tragedia se incube la idea de la venganza violenta. Por más explicaciones que sean ofrecidas, la inmensa mayoría de los dominicanos concibe la prisión como el real y efectivo castigo. ¿Ha medido usted, en las audiencias en tribunales y ceremonias conmemorativas en las ruinas del Jet Set la intensidad de las cicatrices psicológicas patentes, y la irritación vehemente de parientes de los martirizados?

En fin, la justicia real por muertes masivas engendradas por el descuido, como los 236 fallecidos, los 180 heridos y los 150 niños huérfanos del Jet Set, no se circunscribe a la mitigante indemnización financiera. Esta suplica el auxilio de Hosanna, porque esa parcialidad socava la confianza en la judicatura. La justicia verídica se concretiza con el encarcelamiento de sus responsables, que entroniza la sanción más digna.

viernes, 3 de abril de 2026

Por Dr Amín Cruz
Diario Azua / 03 abril 2026.-

“El periodismo mantiene a los ciudadanos vigilantes.” — Al Gore

La Semana Santa 2026 refleja una transformación profunda en las dinámicas sociales de América Latina. Lo que en otro tiempo fue predominantemente un período de recogimiento espiritual, hoy convive con una movilidad masiva, el turismo, el ocio y múltiples expresiones culturales. Playas, carreteras y centros urbanos se convierten en escenarios de alta circulación, evidenciando cambios en los hábitos y prioridades de la sociedad contemporánea.

En contraste, en Jerusalén —ciudad sagrada para el cristianismo— las tradicionales peregrinaciones se han visto limitadas este año debido a tensiones de guerra sobre las decisiones del primer ministro Benjamín Natanyahu (gubernamental). La crisis internacional, marcada por conflictos armados en distintas regiones, ha impactado incluso las celebraciones religiosas más emblemáticas.

Sin embargo, en países como México, Guatemala, España, Colombia, Perú y República Dominicana, persisten comunidades que mantienen viva la esencia espiritual de esta fecha. Procesiones, misas, retiros y peregrinaciones congregan a miles de fieles, integrándose además con actividades culturales y turísticas que enriquecen la experiencia colectiva.
La Semana Santa, celebrada este año del 29 de marzo al 5 de abril, representa un período de pausa social en gran parte de la región. Disminuyen las rutinas laborales, aumentan los desplazamientos y se transforman los hábitos de consumo. Para el periodismo, este contexto plantea un desafío crucial: informar con utilidad y propósito, más allá de la cobertura religiosa tradicional.

Información que salva vidas: Durante estos días, millones de personas se movilizan, lo que incrementa los riesgos en carreteras, playas y espacios públicos. En este escenario, el periodismo asume un rol esencial como brújula social, orientando a la ciudadanía con información clara, útil y oportuna.
La labor periodística debe priorizar:Operativos de tránsito y asistencia vial
Alertas meteorológicas y de seguridad
Medidas de prevención en espacios turísticos
Contactos de emergencia actualizados

Los periodistas, como orientadores sociales y vigilantes del bien común, están llamados a ejercer una comunicación responsable. En ese sentido, destacamos el trabajo del periodista José Peguero (República Dominicana), quien ha difundido rutas seguras, informaciones oficiales y consejos prácticos a través de redes sociales, logrando gran impacto por su utilidad inmediata.

Asimismo, José Armando Toribio, secretario de Organización del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), seccional Santiago, ha exhortado a los comunicadores a asumir un rol de sensatez y orientación responsable, contribuyendo a la reducción de accidentes durante el asueto.

Comunicación para el bienestar y la reflexión: La Semana Santa también abre un espacio para promover el autocuidado y la reflexión personal. Diversos periodistas en la región han desarrollado contenidos sobre manejo del estrés, hábitos saludables y procesos de introspección, conectando con audiencias diversas más allá del discurso religioso.
En países como México, Colombia y República Dominicana, los medios han impulsado campañas sobre alimentación balanceada, salud mental, convivencia familiar y consumo responsable, fortaleciendo así el vínculo entre comunicación y bienestar ciudadano.

Impacto económico y cultural: En naciones como México, Guatemala, España, entre otras la Semana Santa 2026 se proyecta como un motor económico significativo, con millones de turistas movilizándose y generando un impacto de gran alcance. Esta dinámica no solo fortalece el sector turístico, sino que impulsa pequeños negocios y emprendimientos locales.

Los medios de comunicación tienen la responsabilidad de visibilizar este fenómeno desde múltiples dimensiones: la gastronomía como símbolo de identidad cultural, las tradiciones familiares y el desarrollo de iniciativas locales.

Asimismo, resulta fundamental promover un turismo responsable y sostenible, que respete el medio ambiente, ecoturismo y las comunidades anfitrionas.

Educación cívica y ciudadanía activa: La Semana Santa representa también una oportunidad para fortalecer la educación ciudadana. El periodismo puede innovar mediante microcápsulas educativas, trivias interactivas y contenidos digitales que aborden temas como el cuidado ambiental, los derechos del consumidor y la preservación del patrimonio cultural.

Experiencias en países como Guatemala, México y Colombia demuestran que la comunicación puede convertirse en una herramienta poderosa para generar conciencia social y fomentar una ciudadanía participativa.

Conclusión: el periodismo como guía ética: La Semana Santa no debe reducirse a un espectáculo religioso ni a un simple período vacacional. Es una oportunidad para que el periodismo recupere su función más humana: orientar, prevenir y construir sentido colectivo.

En un contexto de sobreinformación y polarización mediática, ejercer un periodismo con rigor, equilibrio y empatía transforma al comunicador en una verdadera brújula ética para la sociedad.
La Semana Santa 2026 confirma que el rol del periodismo va más allá de informar: implica cuidar vidas, fortalecer culturas, promover el bienestar y fomentar una ciudadanía consciente y participativa.

En este escenario, el periodista no solo transmite datos, sino que actúa como mediador social, capaz de conectar realidades diversas, visibilizar riesgos y generar oportunidades. Así, la palabra responsable se convierte en herramienta de transformación social.

“Después
no quiero más que paz.
Un nido
de constructiva paz en cada palma.
Y quizás a propósito del alma
el enjambre de besos
y el olvido”… Pedro Mir.

Paz, Paz y nada más que Paz… ¡NO GUERRA!

“La libertad de prensa es la base de todas las demás libertades.” — Benjamin Constant.

Dr. Amín Cruz CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador.

jueves, 2 de abril de 2026

 

Por Amín Cruz
Diario Azua / 02 abril 2026.-

“El silencio ante la muerte de periodistas erosiona la verdad global”,

En el sur del Líbano, tres periodistas murieron mientras hacían su trabajo: contar lo que ocurre. No portaban armas, una cámara y un micrófono. No representaban una amenaza. Estaban allí para informar. Fueron alcanzados por un ataque con dron atribuido a fuerzas bajo el mando del gobierno de Benjamin Netanyahu, igual han hecho con el cuerpo de paz de la ONU.

El hecho, por sí mismo, es grave. Pero lo verdaderamente inquietante es su previsibilidad. Ali Shoeib, Fátima Ftouni y Mohammed Ftouni no son una excepción. Forman parte de una lista creciente de periodistas que han muerto en zonas de conflicto en los últimos años. Desde Gaza hasta Ucrania, pasando por Afganistán o Irán, el periodismo se ha convertido en una de las profesiones más peligrosas del mundo.
Lo nuevo no es la violencia. Lo nuevo es la costumbre. La muerte de periodistas ha dejado de ser un escándalo para convertirse en un dato. Se reporta, se comenta brevemente y se olvida. Como si informar en medio de una guerra implica, inevitablemente, aceptar la posibilidad de morir. Como si la verdad fuese un daño colateral.

Pero no lo es, cuando se asesina a un periodista, no solo se elimina a una persona. Se interrumpe un relato. Se oscurece una realidad. Se debilita el derecho colectivo a saber. En términos más amplios, se deteriora la arquitectura misma de la democracia.
La Federación Internacional de Periodistas (FIP), tiene cien años y debiera ser más activa y agresiva en la defensa del periodista, aunque lleva años advirtiendo sobre esta tendencia. Las cifras son contundentes, pero el problema no es solo cuantitativo. Es moral.

¿Qué ocurre cuando la comunidad internacional deja de reaccionar ante estos hechos? ¿Qué mensaje se envía cuando la muerte de un periodista no genera consecuencias? La respuesta es incómoda: se normaliza la impunidad.

Y con la impunidad, la repetición. Hay, además, otro silencio más difícil de explicar: el del propio gremio. No en todos los casos, pero sí con demasiada frecuencia, la respuesta de medios, periodistas y comunicadores resulta fragmentada, tibia o efímera. La indignación dura lo que dura el ciclo de noticias.
Ese silencio no siempre es cobardía. A veces es fatiga. O miedo. O cálculo. Pero, cualquiera sea su origen, termina teniendo el mismo efecto: debilita la defensa colectiva del periodismo.

Conviene recordar algo esencial: “el periodismo no es solo una profesión. Es una función pública. Sin información libre, no hay ciudadanía informada. Y sin ciudadanía informada, la democracia se convierte en una formalidad vacía”.

Por eso, lo ocurrido en el Líbano no debería leerse únicamente en clave geopolítica. Es también -y sobre todo- un síntoma de un deterioro más amplio: la pérdida progresiva de protección, respeto y valor hacia quienes narran el mundo.

No se trata de idealizar a los periodistas. Se trata de entender su papel.

Hoy fueron ellos. Mañana pueden ser tu u otros. En otro país. En otro contexto. Bajo otra justificación.
La pregunta, quién es el que invade y persigue

La pregunta, entonces, no es solo quién dispara.

La pregunta es quién responde.

Y, hasta ahora, la respuesta del mundo ha sido insuficiente.

Porque cuando matar al mensajero no tiene consecuencias, el mensaje que prevalece no es la verdad, sino el miedo.

“No puede haber paz, mientras se bombardea la verdad”.

¿Porque matar al mensajero de la verdad?

 

Por José D. Espinosa
Diario Azua / 02 abril 2026.-

Entre colisiones, rebases imprudentes, visibilidad limitada y una concepción de dos carriles, la vía plantea interrogantes sobre planificación, seguridad vial y visión de desarrollo en una región clave del país.

En principio, cuando pensábamos viajar al sur, había tres puntos que ralentizaban el trayecto: San Cristóbal, Baní y Azua. Tres vías largamente anheladas por todos los sureños.

La primera en construirse fue la autopista 6 de noviembre, con una longitud de 19.6 km, que sacó el tránsito del municipio de San Cristóbal, inaugurada a mediados de los años 90. Esta obra tuvo un costo aproximado de RD$1,000,000,000.00 (mil millones de pesos).

Luego, en 2010, se inauguró la carretera San Cristóbal–Baní, de unos 28 km, por un monto de RD$6 mil millones de pesos.

Estas dos vías se enmarcaron en una visión futurista hacia una región en desarrollo turístico; además, la implantación de un trazado técnicamente viable.

Después de largas esperas, se construyeron las otras dos vías, ambas de dos carriles: la circunvalación de Azua (en 2023), de 13.5 km, a un costo de unos RD$6,638.47 millones de pesos —según informaciones aparecidas en los periódicos nacionales—; y la circunvalación de Baní (en 2025), con una longitud de 19.8 km. Según los datos disponibles, su construcción costó unos RD$7,700 millones de pesos, convirtiéndose en una de las carreteras más costosas de la República Dominicana.

En términos relativos, la circunvalación de Azua ocupa el primer lugar en costo por kilómetro, con alrededor de RD$500 millones, superando incluso a circunvalaciones de cuatro carriles como las de Santo Domingo, San Pedro de Macorís, La Romana y Santiago.

Impacto y realidad

Tanto en la circunvalación de Baní como en la de Azua —dos obras necesarias—, si bien el impacto en ahorro de tiempo no es exactamente el proyectado por las autoridades, sí eliminan inconvenientes al evitar el paso por los centros urbanos.

Además, aportan cierta agilidad al trayecto y, por ende, menos estrés y una ligera economía de combustible. Ambas tienen peaje de RD$100.00 en cada dirección.

Sin embargo, en el caso de la circunvalación de Baní, esa aparente ventaja se ve opacada por los constantes accidentes que se han registrado en esta importante vía.

En un artículo anterior, cuando aún estaba en construcción, expresé varias inquietudes, entre ellas, la altura del perfil de la vía, muchas veces condicionada por la elevación de los puentes. Las barandas —presentes en casi todo el trayecto— ayudan a disminuir la sensación de vacío, aunque no resuelven completamente el problema.

Preocupaciones

Un domingo reciente, viajaba hacia Barahona con parte de mi familia y dudé varias veces entre cruzar la ciudad de Baní o tomar la circunvalación. La duda tenía un origen claro: los constantes accidentes en esta vía.

Finalmente, opté por la circunvalación, tomando todas las precauciones posibles. En el trayecto de regreso hice lo mismo, y conté 19 colisiones contra las barandas de protección, en una vía con apenas siete meses de inaugurada.

Mis observaciones, realizadas desde la conducción prudente, indican que el trazado horizontal no presenta mayores inconvenientes: las curvas al parecer están bien diseñadas. Sin embargo, en las curvas verticales se pierde visibilidad en algunos puntos, especialmente en los puentes, donde identifiqué al menos un par de zonas críticas.

Este tramo, comparado con el resto de la carretera hacia Azua, resulta el más estresante. Probablemente influye el hecho de transitar sobre largos terraplenes que, en ciertos puntos, superan los seis metros de altura, flanqueados por defensas de seguridad en ambos lados.

Observaciones necesarias

Dos de los principales problemas de esta circunvalación son la velocidad y la dificultad para realizar rebases seguros debido al tráfico. Pero el mayor error está en su concepción: haber sido diseñada con solo dos carriles, en lugar de cuatro, como la autopista San Cristóbal–Baní.

Es inexplicable que una zona en desarrollo turístico como la región suroeste sea proyectada con una infraestructura de tan limitada capacidad, lo que evidencia no solo una falta de visión, sino también debilidades en el criterio técnico.
Esta vía puede servir de desahogo al mismo municipio de Baní, porque varias calles tienen acceso a la circunvalación.

Como aspecto positivo, pude observar que los puentes han sido preparados para una futura ampliación, lo cual resulta necesario y, ojalá, no muy lejano.

Un llamado urgente a las autoridades

Los accidentes acontecidos en esta vía son un llamado de alerta a las autoridades para que realicen un estudio ponderado de la circunvalación y conocer las reales razones de estos lamentables eventos. Ya van varios muertos, en una obra concebida para mejorar la movilidad; por tanto, es lamentable que se convierta en un punto de riesgo permanente. Si no se toman las medidas pertinentes, cualquier usuario podría ser la próxima víctima.

Está en las manos de las autoridades evitar más accidentes en la circunvalación de Baní, más que nos abocamos a celebrar la Semana Santa, donde miles de familias se desplazan al sur fecundo, una región rica en biodiversidad y con un enorme potencial de desarrollo del llamado Cuarto Polo Turístico.