miércoles, 22 de julio de 2026
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lunes, 20 de julio de 2026
El Mirador
domingo, 19 de julio de 2026
Diario Azua / 19 de julio 2026
Por Natanael de los Santos
sábado, 18 de julio de 2026
viernes, 17 de julio de 2026
Margarita Feliciano, Presidenta de FUNDACETI y Miembro de la Dirección Central del Partido Fuerza del Pueblo
Diario Azua / 17 de julio 2026
Por Margarita Feliciano
La democracia necesita una prensa libre, una ciudadanía informada y una comunicación responsable. Lo que no necesita es que el escándalo sustituya la verdad ni que la difamación se disfrace de libertad de expresión.
En los últimos años, el Gobierno ha contribuido a transformar la comunicación dominicana en un negocio altamente rentable mediante cuantiosas inversiones publicitarias. Esto ha fortalecido a un grupo de influencers y comunicadores cuya influencia muchas veces se mide más por el alcance de sus plataformas que por su preparación, ética o compromiso con la verdad. Mientras tanto, periodistas y profesionales con trayectoria, respeto y credibilidad han quedado relegados frente a un modelo que premia el ruido por encima del contenido.
No apoyo una ley mordaza. Nadie debe ser silenciado por pensar diferente o por ejercer una crítica legítima al poder. La libertad de expresión es un derecho irrenunciable y una conquista democrática que debemos proteger.
Sin embargo, tampoco podemos aceptar que, bajo el amparo de esa libertad, algunos conviertan un micrófono o una red social en un tribunal donde se condena moralmente a ciudadanos sin pruebas, con rumores, historias fabricadas o acusaciones irresponsables. Cuando una mentira se repite ante cientos de miles de seguidores, deja de ser un simple comentario y se convierte en un daño real para la honra, la familia, el trabajo y la vida de una persona.
Más preocupante aún es cuando ese modelo de comunicación termina alimentando una cultura donde el morbo, el irrespeto y el descrédito generan beneficios económicos, influencia y poder. En ocasiones, la difamación deja de ser un exceso para convertirse en un mecanismo de presión, chantaje o negociación. Esa realidad no fortalece la democracia; la degrada.
La República Dominicana no necesita una ley para callar voces. Necesita una legislación moderna que establezca responsabilidades claras para quienes, de manera deliberada, difamen, manipulen información o destruyan reputaciones sin pruebas. Poner límites al abuso no es censurar; es proteger derechos fundamentales.
La libertad de expresión y el derecho al honor no son enemigos. Ambos pueden y deben coexistir. Una democracia madura protege la crítica, pero también protege la dignidad de sus ciudadanos. Porque la verdad nunca debe temer al debate, pero la mentira jamás puede convertirse en un negocio amparado por el silencio de las instituciones.
Diario Azua / 17 de julio 2026
Por Natanael de los Santos
Estimado profesor:
Hay seres humanos muy extraños: capaces, indomables, con estándares morales de altísimo valor. Incorregibles. Que no se dejan doblegar por la codicia, ni por las mieles del poder, ni por la dolce vita, ni por el consumismo y la vana apariencia. Usted fue uno de esos.
Su sólida formación y su regia moralidad hicieron que algunos pensaran que le faltó pragmatismo para trascender a niveles sociales o políticos más altos. Pero no. Usted decidió ser moralmente intachable, y profundo en sus principios y valores.
Su gran aporte y su apoyo incondicional a la gestión de Altagracia Paulino durante su paso por Pro Consumidor fue memorable.
Todavía recuerdo nuestras discusiones. Y recuerdo también el honor que me hizo al presentar un libro que me tocó publicar. Usted se encargó de destacar las fortalezas de ese texto, que defendía la potestad sancionadora del órgano rector de las relaciones de consumo en el país. En momentos en que el sector empresarial se había propuesto quitarle o negarle esa potestad, usted junto a Altagracia Paulino la defendieron a capa y espada. Junto a la opinión de juristas de nivel internacional como Ricardo Rivero. Por eso, profesor, le estaré eternamente agradecido.
La formación de profesionales como Yvelia Batista, Lissette Rivas, Esmerly D'Oleo, Samuel Vargas, entre otros, fue uno de sus mayores aportes a una sociedad que necesita gente comprometida, ante el gran deterioro moral que sufre la sociedad dominicana.
Nos enseñó a leer y a admirar a Chomsky, a Facundo Cabral, a Silvio Rodríguez y a cualquier artista que cantara la canción comprometida. Nos hizo saber que lo importante no es llegar solos ni pronto, sino con todos y a tiempo.
Gracias, David.
Fue usted tan valiente como el David bíblico que, con la onda de la verdad, supo derrumbar a gigantes de la mentira y de la avaricia.
Que la tierra le sea leve y que el Padre lo reciba amorosamente.
Hasta siempre, amigo.
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