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martes, 4 de agosto de 2026

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 04 agosto 2026.-

«La filología es ese arte venerable que exige a su admirador sobre todo una cosa: mantenerse al margen, tomarse tiempo, volverse silencioso, volverse lento... Este arte no consigue nada tan fácilmente cuando no logra una cosa: ¡no leer nada de prisa, leer lentamente, con profundidad, con cuidado, con segundas intenciones, con las puertas abiertas, con dedos y ojos delicados!» Friedrich Nietzsche (Aurora, 1881/2000, p. 36)

Un silencio tenso recorre las aulas universitarias posmodernas, un murmullo que ya no proviene del debate apasionado ni del cruce de ideas, sino del desconcierto docente ante un fenómeno abrumador. En los pasillos de las instituciones de educación superior más prestigiosas del planeta se constata una realidad inquietante: las lecturas asignadas se recortan año tras año porque los estudiantes, sencillamente, se muestran incapaces de terminar un libro completo. Profesores de la universidad de Harvard admiten haber tenido que reducir la extensión de los textos obligatorios ante la imposibilidad manifiesta de sus alumnos para sostener la atención a lo largo de una obra densa. Lo que antes constituía el cimiento básico de la vida académica- la confrontación íntima, pausada y esforzada con la página escrita- se ha convertido en una cumbre inalcanzable para una generación acostumbrada a la inmediatez del fragmento. ¿En qué momento la dificultad textual dejó de ser un desafío intelectual estimulante para transformarse en una barrera insuperable?

Las cifras que retratan este escenario desmantelan cualquier intento de reducir la crisis a una simple queja generacional. Tras examinar las mediciones del “Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de los Adultos” elaborado por la organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, 2024) sobre 160.000 personas en decenas de países, la revista The Economist (2026) reveló que aproximadamente el 8% de los estudiantes matriculados en educación superior en naciones de altos ingresos exhibe una comprensión lectora equivalente a la de niños de 10 años, una proporción que asciende al 14% en Estados Unidos. Semejante desmoronamiento de las capacidades interpretativas básicas se apoya en mutaciones culturales profundas: si en los años 90’ casi el 60% de la infancia estadounidense leía por placer, en la actualidad esa cifra ha caído drásticamente al 37%. Este deterioro no se limita al ámbito lingüístico ni afecta únicamente a instituciones de Nivel Secundario, puesto que, por ejemplo, en la Universidad de California, más de 1800 profesores de áreas científicas y matemáticas firmaron un manifiesto público alertando que sus alumnos de primer año ingresaban sin dominar contenidos esenciales de la secundaria, registrando un 70% de rezago respecto a los aprendizajes esperados para un adolescente de 14 años de edad.

El precitado colapso no remite únicamente a una deficiencia técnica de descodificación, sino al avance desbordante del analfabetismo funcional en sectores sociales escolarizados. Ya en su célebre formulación institucional, la UNESCO (1978) definía a la persona en situación de analfabetismo funcional como aquella incapaz de “emprender todas las actividades en que la alfabetización es necesaria con miras al eficaz funcionamiento de su grupo y de su comunidad y que le permitan seguir valiéndose de la lectura, la escritura y el cálculo para su propio desarrollo y el de la comunidad” (p. 12). La paradoja dolorosa de nuestro tiempo radica en que este déficit ya no habita en los márgenes de la exclusión social o de la falta de escolaridad, sino en los pasillos de las academias ilustradas. De acuerdo con los parámetros del estudio PIAAC publicado por la OCDE (2024), más del 20% de la población adulta en las economías desarrolladas se sitúa en el Nivel 1 o inferior de competencia lectora, lo que implica una capacidad restringida para reconocer palabras o extraer información puntual de textos cortos, quedando completamente inhabilitada para identificar premisas contradictorias, evaluar la validez de un argumento o sintetizar información dispersa. Hallarse alfabetizado en términos normativos pero ser incapaz de comprender la arquitectura argumental de un texto equivale a padecer una ceguera semántica que erosiona la raíz misma de la autonomía ciudadana y del juicio reflexivo.

Frente al abismo que supone la complejidad textual, las herramientas de inteligencia artificial irrumpieron disimulando ser un complemento pedagógico, cuando en realidad son un sustituto del esfuerzo interpretativo. En el Reino Unido, según reporta la precitada publicación de The Economist (2026), el 94% de los estudiantes universitarios admite utilizar sistemas algorítmicos para elaborar sus tareas y trabajos académicos, mientras que las investigaciones de Chirikov (2024) en el Centro de Estudios sobre Educación Superior de UC Berkeley constatan un aumento del 30% en las altas calificaciones dentro de materias susceptibles de ser automatizadas. La delegación del pensamiento en la máquina, entonces, constituye la consecuencia directa de una mente que ha perdido el entrenamiento necesario para habitar la incertidumbre y el espesor del lenguaje. Sobre este último aspecto, es interesante recordar que ante esta aceleración informativa, Byung-Chul Han sostiene en su texto “Infocracia” (2022) que “la información no ilumina al mundo” sino que “lo oscurece bajo una avalancha de datos instantáneos” (p. 19), una saturación que carcome progresivamente la capacidad de demorarse en lo complejo. Esta pérdida de la demora contemplativa condiciona la estructura misma del aparato psíquico, convirtiendo la adaptación a la brevedad en la ratificación de una amputación del discernimiento.

Semejante atrofia se enmascara tras la ilusión de una híper-conectividad eficiente, donde el dominio técnico del soporte digital oculta la indigencia de la lectura profunda. El analfabeto funcional posmoderno no es quien desconoce el alfabeto, sino quien, sabiendo descifrar grafemas, se muestra impotente para sostener el diálogo exigente con el texto, cediendo ante la tentación de obtener resúmenes empaquetados (sobre este último aspecto es crucial indicar que no es casual el avance descomunal de fake news avaladas por legiones de idiotas). Aceptar la síntesis algorítmica como un reemplazo legítimo de la lectura implica olvidar que la comprensión no es un producto consumible que se descarga, sino una travesía íntima que transforma decididamente a quien la recorre. En su obra titulada “Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?”, Nicholas Carr (2011) describió esta mutación cognitiva al advertir cómo “cuanto más utilizamos la pantalla, más entrenamos a nuestro cerebro para la distracción y menos para la interpretación serena y profunda” (p. 19), reconociendo que su propia mente ha terminado por esperar la información “en un flujo veloz de partículas” (p. 19). Cuando el estudiante solicita a un modelo de lenguaje que resuma una obra clásica o redacte un ensayo sintético, no realiza un simple ahorro de tiempo, sino que se priva de la confrontación dialéctica con la alteridad del autor. En la resistencia ejercida por una idea densa reside justamente el espacio germinal de la subjetividad crítica; al eliminar ese roce mediante la mediación técnica, la experiencia del aprendizaje queda degradada a un trámite puramente funcional y despojado de huella existencial.

Al contemplar el devenir histórico de la cohorte generacional que hoy transita entre los 5 y los 24 años de edad, el escenario adquiere los visos de una fractura antropológica de vastas proporciones. Socializada en un entorno donde el estímulo breve ha suplantado a la paciencia hermenéutica y moldeada por sistemas educativos que progresivamente ceden ante el desinterés y la pereza, esta masa de niños y jóvenes enfrenta el riesgo inminente de quedar relegada a una posición de absoluta vulnerabilidad existencial y política. Aquí, es necesario preguntarse: ¿qué lugar social está reservado para una generación a la que se le ha erosionado intencionalmente el hábito de interpretar la complejidad, de articular problemas de manera autónoma y de resistir la tentación de la respuesta inmediata? Cuando la capacidad crítica resulta cercenada en la etapa formativa crucial, las personas no sólo pierden la soltura para aprobar asignaturas, sino también la soberanía psíquica necesaria para discernir la verdad frente a la manipulación. En un presente y un futuro gobernado por interfaces invisibles e inteligencias artificiales capaces de predecir conductas y redactar discursos persuasivos, quien carezca del rigor interpretativo quedará reducido a la condición de simple usuario pasivo, ejecutando instrucciones escritas por algoritmos cuya lógica ni siquiera atina a vislumbrar.

El desmantelamiento de las facultades intelectivas tampoco obedece a un accidente histórico ni a un casual desajuste pedagógico, sino que constituye, en el fondo, la consecuencia lógica de un sistema educativo global subordinado a las exigencias del mercado tardo-capitalista. Bajo el disfraz de la modernización tecnológica y la eficiencia competencial, las instituciones educativas han dimitido de su misión histórica- la emancipación del sujeto a través del conocimiento exigente- para convertirse en administradoras de un adiestramiento superficial. Al respecto, es interesante revisar que, al analizar las mutaciones del poder contemporáneo, Gilles Deleuze profetizó, en sus “Conversaciones” (1995) este tránsito señalando que en las sociedades de control “el hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado” (p. 249), es decir, un sujeto cuya educación se diluye en una instrucción continua y fragmentaria que jamás culmina en madurez intelectual. La promesa ilustrada de que el saber constituye la vía primordial para la movilidad social se desmorona ante la evidencia de aulas convertidas en plataformas de consumo donde los estudiantes adquieren deudas económicas sofocantes para obtener títulos cuya eficacia emancipadora se desvaneció hace tiempo.

Aquella desactivación deliberada del pensamiento crítico encaja con precisión en las dinámicas del consumo híper-individualista y la docilidad política. Al privar a las mayorías del dominio del lenguaje complejo y de la capacidad de sostener argumentos de largo aliento, el sistema produce contingentes de individuos altamente funcionales para la operatividad técnica, pero completamente desarmados frente al chantaje socioeconómico. En su lúcida radiografía “Realismo capitalista”, Mark Fisher (2016) expone cómo la mercantilización de la enseñanza superior engendra un estado de “depresión hedónica” (p. 45) entre los jóvenes, caracterizado por una incapacidad para concentrarse y una búsqueda compulsiva de estimulación inmediata que neutraliza cualquier conato de rebeldía organizada. Quien carece de herramientas hermenéuticas para descifrar las causas estructurales de su malestar tiende a privatizar su frustración, culpándose a sí mismo e integrándose de manera servil en la rueda del consumo paliativo y el endeudamiento perpetuo. La educación deja así de ser un factor de nivelación social para mutar en un dispositivo de reproducción de clases, donde el ejercicio del pensamiento pausado queda reservado como un privilegio aristocrático para las élites que aún se forman en el rigor, mientras que al resto se le administra una pedagogía de la inmediatez y el rendimiento automático.

Semejante degradación sistemática del pensamiento conduce de manera inexorable a una sociedad profundamente dividida, donde la facultad de pensar críticamente corre el riesgo de convertirse en un privilegio de élite reservado a unos pocos, mientras que a las mayorías se les ofrece el paliativo de la inmediatez sin esfuerzo. Al despojar a los sujetos en proceso de formación de las herramientas para lidiar correctamente con el error, la incertidumbre y la argumentación fundamentada, se les condena a habitar un presente chato, privado de profundidad histórica y de densidad afectiva. Esta masa generacional, privada de la vivencia liberadora que entraña la lectura profunda, corre el peligro de transformarse en una fuerza laboral híper-adaptada a la técnica, pero incapaz de cuestionar la dirección de su propio destino. La facilidad algorítmica se nos presenta así como una trampa seductora: nos ofrece soluciones prefabricadas a cada obstáculo de conocimiento mientras que esteriliza la angustia creadora de la duda, esa misma inquietud que a lo largo de los milenios ha alimentado el arte, la ciencia y cualquier sentimiento auténtico de emancipación humana ante cualquier injusticia.

Habiendo intentado exponer los peligros a los que nos enfrentamos hoy, resulta imprescindible preguntarse si nos hallamos ante una reconfiguración inevitable de los saberes o frente a una verdadera atrofia de la razón reflexiva. La ilusión de estar informados gracias a la inmediatez de resúmenes y esquemas automáticos encubre una honda ceguera respecto de los procesos que configuran la verdad. Ya en su célebre tratado titulado “¿Qué significa pensar?”, Martin Heidegger (2005) señalaba con agudeza que “lo que más da que pensar en nuestro tiempo problemático es que todavía no pensamos” (p. 17), una formulación cuya vigencia adquiere hoy una sonoridad perturbadora. Creer que poseemos el conocimiento por el simple hecho de acumular y procesar datos equivale a confundir la agilidad técnica con la sabiduría, puesto que el verdadero pensamiento demanda la disposición de escuchar aquello que se sustrae a la prisa. Delegar la interpretación, la escritura y la resolución de problemas en la inteligencia artificial supone, en definitiva, declinar el riesgo de pensar por cuenta propia y replegarse a la condición de receptores vacíos y pasivos.

No es posible encarar el destino de la cultura académica sin asumir la gravedad de este eclipse. Si la universidad capitula ante la impaciencia generalizada, adaptando sus exigencias a la fragmentación de la atención y naturalizando el analfabetismo funcional de sus aulas, termina por legitimar la conversión del estudiante en un espectador inútil de contenidos envasados. La función primordial de la filosofía en esta encrucijada no pasa por ofrecer consuelos ni por diseñar paliativos técnicos, sino por sostener la incomodidad de la interrogación y reivindicar el valor emancipador de la lentitud en un ecosistema dominado por la inmediatez.

¿Qué clase de comunidad política y humana se prefigura cuando aceptamos que la juventud universitaria no pueda habitar la extensión de un libro ni tolerar el rigor de una idea compleja? Si renunciamos al áspero pero liberador ejercicio de descifrar el mundo por nosotros mismos, entregando la generación de sentido a la eficiencia algorítmica, ¿qué rasgo de lo humano sobrevivirá cuando la máquina redacte, concluya y sienta por nosotros? ¿Seremos capaces de rebelarnos contra la tiranía de la velocidad para reconquistar el silencio reflexivo, o nos resignaremos a contemplar impasibles cómo la inmediatez consume los últimos vestigios de nuestro pensamiento?

Referencias bibliográficas y fuentes consultadasCarr, N. (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (P. Cifuentes, Trad.). Madrid: Taurus.
Chirikov, I. (2024). Artificial intelligence and academic evaluation in higher education. Center for Studies in Higher Education, University of California, Berkeley.
Deleuze, G. (1995). Post-scriptum sobre las sociedades de control. En Conversaciones (1972-1990) (J. L. Pardo, Trad., pp. 247-255). Valencia: Pre-Textos.
Fisher, M. (2016). Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? (C. Iglesias, Trad.). Buenos Aires: Caja Negra Editora.
Han, B.-C. (2022). Infocracia: La digitalización y la crisis de la democracia (J. Chamorro Mielke, Trad.). Madrid: Taurus.
Heidegger, M. (2005). ¿Qué significa pensar? (R. Gabás, Trad.). Madrid: Editorial Trotta.
Nietzsche, F. (2000). Aurora. Pensamientos sobre los prejuicios morales (G. Cano, Trad.). Madrid: Biblioteca Nueva. (Obra original publicada en 1881).
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). (1978). Recomendación sobre la normalización internacional de las estadísticas relativas a la educación. París: UNESCO.
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). (2024). Survey of adult skills (PIAAC). OECD Publishing.
The Economist. (2026, 25 de junio). Students are doing worse than you think [Los estudiantes rinden peor de lo que se piensa]. The Economist. https://www.economist.com/international/2026/06/25/students-are-doing-worse-than

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)



 Documentos diplomáticos secretos revelan que el senador del Partido Liberal y sus seguidores impulsaron el contrabando a Haití, afectando los ingresos de la aduana de Montecristi.

Por Roberto Valenzuela
Diario Azua /  04 agosto 2026.-

"Montecristi es un cementerio de hombres vivos". Nunca he podido olvidar aquella cobertura que realicé como reportero del Palacio Nacional para el diario El Caribe. Acompañaba un Consejo de Gobierno encabezado por el entonces presidente Leonel Fernández cuando varios comunitarios resumieron, con una frase tan dura como desgarradora, la realidad de Montecristi: "Es un cementerio de hombres vivos".

No era una exageración. Era el retrato de una provincia marcada por el abandono, la pobreza y la falta de oportunidades.

Esa misma noche, al llegar al hotel, el legendario fotógrafo de prensa Pedro Canela rompió el silencio con una observación que todavía conservo en la memoria. Dijo que Montecristi parecía sacado de una película del Viejo Oeste: calles cubiertas de polvo, casas deterioradas y una atmósfera que transmitía el peso del olvido.

Aquella conversación nos llevó a una pregunta: ¿cómo una provincia que antes de 1930 figuraba entre las más prósperas del país terminó sumida en semejante decadencia?

Montecristi llegó a ser uno de los principales puertos de la República Dominicana y del Caribe. Por allí transitaban comerciantes nacionales y extranjeros. Su aduana era una importante fuente de ingresos para el Estado.

La tradición popular sostiene que el dictador Rafael L. Trujillo castigó la provincia por su vínculo con su enemigo el general Desiderio Arias, poderoso caudillo de la Línea Noroeste y senador por Montecristi, representante del Partido Liberal. Trujillo conocía muy bien la provincia porque su segunda esposa, Bienvenida Ricardo, pertenecía a una familia acomodada de ese lugar.

El dictador eliminó militarmente al caudillo y, al mismo tiempo, dejó morir la principal fuente económica que lo sostenía: el puerto, la aduana de Montecristi. El objetivo habría sido impedir que surgiera otro líder regional con suficiente poder económico y político para desafiar su régimen.

Existe otro elemento poco conocido que aparece en documentos diplomáticos de Estados Unidos, pero que eran de conocimiento de Trujillo, quien tenía asesoría de militares de Estados Unidos.

El historiador Bernardo Vega, en su libro Desiderio Arias y Trujillo se escriben, recopiló informes confidenciales, cartas diplomáticas y documentos oficiales estadounidenses. En ellos se describe a Desiderio Arias como un caudillo involucrado en actividades de contrabando y comercio ilegal en la frontera dominico-haitiana.

De acuerdo con estos informes, una de las principales preocupaciones de la delegación norteamericana era la caída de las recaudaciones aduaneras en Montecristi. Los diplomáticos atribuían esa disminución al incremento del contrabando hacia Haití.

Los documentos señalan que Desiderio Arias y varios de sus seguidores, aprovechando el control político y militar que ejercían sobre la Línea Noroeste, facilitaban el tráfico ilegal de mercancías con comerciantes y grupos del lado haitiano. Esa situación afectaba directamente los ingresos de las aduanas.

Para los funcionarios estadounidenses, el problema no era solo de seguridad, sino también financiero. Desde la ocupación militar de 1916, Estados Unidos había asumido el control de las aduanas dominicanas para garantizar el cobro de la deuda externa del país. Cada peso que dejaba de ingresar por concepto de impuestos aduaneros representaba una pérdida para la administración militar.

Los informes diplomáticos revelan incluso la frustración de los funcionarios estadounidenses ante la persistencia del contrabando y muestran que consideraban a Desiderio Arias el principal obstáculo para controlar esa actividad ilícita.

Según documentos que recopiló el historiador Bernardo Vega, los diplomáticos norteamericanos estaban tan molestos que sugerían, con insistencia, que la solución era asesinar al general Arias. O sea, parece que ellos decían la frase: “Muerto el perro, se acabó la rabia”. Es decir, muerto Desiderio se iban a acabar sus actividades mafiosas con Haití, las cuales afectaban las recaudaciones aduanales.

Fuente: Vega, B. (2009). Desiderio Arias y Trujillo se escriben. Fundación Cultural Dominicana.

Testigo del tiempo
Por J.C. Malone
Diario Azua / 04 agosto 2026.-

Cuando las explicaciones oficiales no resultan convincentes, los gobiernos siempre intentan descalificar las narrativas alternativas como “teorías conspirativas”.

En 1881, cuando asesinaron al presidente James A. Garfield, el gobierno dijo que fue un “pistolero solitario”, decir algo diferente era propagar “teorías conspirativas”.

En 1963, la CIA definió como “teorías conspirativas” cualquier narrativa contraria a la oficial: un pistolero solitario mató al presidente John F. Kennedy. Después dijo que cuestionar la narrativa de terroristas, aviones y las Torres Gemelas, propagaba “teorías conspirativas”.

En 2020, el doctor Anthony Fauci dijo que el virus del Covid-19 tuvo un “origen natural”, y sugerir que salió del Laboratorio de Virología de Wuhan, propagaba “teorías conspirativas”

En el 2025, la CIA y el FBI concluyeron, que “una fuga accidental del laboratorio de Wuhan es la explicación más probable”,

del origen del Covid-19. Descalificaron a Fauci, validaron las “teorías

conspirativas”. Esto continuará.

El gobierno de China no discrepa del informe de la CIA y del FBI; más bien ofrece otra perspectiva sobre el origen del virus, siempre vinculado al laboratorio de Wuhan. La inteligencia china sugiere que el virus fue “importado a Wuhan en empaques alimenticios congelados

contaminados o vía el correo internacional”.

En conclusión, la inteligencia china y la estadounidense “discrepan” de la teoría de Fauci sobre el “origen natural”.

La historia del doctor Fauci y su relación con el Covid-19 nunca terminará, llegarán los textos de historia.

Los abogados de Fauci le recomendaron no

responderles nada a los senadores, pero quedan preguntas sencillas, legítimas.

¿Por qué Fauci quiso imponer la teoría del

“origen natural” del virus del COVID-19, surgido en Wuhan, China?.

Entre Wuhan, China, y Bethesda, Maryland,

donde vive y trabaja Fauci, hay 11.860 km. ¿Por qué, Fauci, necesitaba

controlar la narrativa de algo tan alejado de él?

Varios estados quieren enjuiciar a Fauci, el perdón federal no cubre delitos estatales. Que la CIA y el FBI, que antes descartaban, ahora validan “teorías conspirativas”, indica que cosas fundamentales cambiaron profundamente, a Fauci, ciertamente, le esperan días bastante difíciles.



Diario Azua / 4 de agosto 2026

Por Elsa Bello, periodista

Hay una realidad que pocas veces se discute con honestidad: no todas las personas celebran el éxito ajeno. A veces, quienes más se resisten a nuestro crecimiento son precisamente aquellos que caminan a nuestro lado.

La educación continua debería ser un motivo de orgullo para cualquier institución y, especialmente, para el sector salud. Cada profesional que decide ampliar sus conocimientos representa una oportunidad para mejorar la atención a los pacientes, fortalecer los servicios y elevar la calidad del sistema sanitario. Sin embargo, la realidad demuestra que, en ocasiones, la superación profesional despierta más resistencia que admiración.

La historia de la licenciada Rossy Bello merece ser contada porque rompe paradigmas. Nacida en el municipio de Cabral, provincia Barahona, hija de la profesora Rosa Lidia Feliz y del señor Freddy Bello, y segunda de cinco hermanas, dedicó casi treinta años de su vida al noble ejercicio de la enfermería. Lo hizo con entrega, responsabilidad y ética, construyendo una trayectoria de servicio que pocos podrían cuestionar.

Pero llegó un momento en que decidió desafiar los límites que la sociedad suele imponer. Cuando muchos entienden que ya no hay edad para comenzar una carrera tan exigente como Medicina, ella hizo exactamente lo contrario. Apostó por sus sueños.

No fue una decisión cómoda. Mientras asistía a clases, estudiaba de madrugada y enfrentaba exámenes, también debía cumplir con la responsabilidad de criar 4 hijos tres pequeños y un adolescente, atender a su esposo, conservar su empleo y sostener su hogar. Cualquier persona que haya vivido una realidad similar sabe que estudiar en esas condiciones no es un privilegio; es un acto de sacrificio extraordinario.

El resultado fue el esperado para quien nunca dejó de esforzarse: obtuvo el título de doctora en Medicina, graduándose con honores Cum Laude y como estudiante meritoria. Como si eso no bastara, pocos meses después inició una maestría en Epidemiología, demostrando que el conocimiento no tiene techo para quien está dispuesto a seguir creciendo.

Entonces surge una pregunta incómoda: ¿por qué el éxito académico de una enfermera habría de convertirse en un problema para algunos de sus propios compañeros?

¿Por qué una profesional que decide prepararse más debería encontrar obstáculos donde debería recibir felicitaciones?

La experiencia de Rossy Bello refleja una realidad que merece ser debatida. En algunos espacios laborales, el crecimiento profesional puede generar tensiones, resistencia o falta de reconocimiento. Si esas actitudes llegan a manifestarse, el mayor perjudicado no es solo quien se esfuerza por avanzar, sino también la cultura institucional, que pierde la oportunidad de promover el mérito, la excelencia y el aprendizaje permanente.

Resulta paradójico que quienes comparten una misma vocación de servicio olviden que ninguna profesión pierde valor porque uno de sus miembros decida seguir estudiando. Una enfermera que se convierte en médica no deja de honrar la enfermería; por el contrario, dignifica el principio de que el conocimiento transforma vidas.

El problema nunca ha sido estudiar. El problema es que todavía existen personas que confunden el crecimiento de otro con una amenaza para sí mismas.

La envidia ha destruido más oportunidades que la falta de talento. La mezquindad ha cerrado más puertas que la escasez de recursos. Y el miedo al brillo ajeno ha frenado más carreras que cualquier examen universitario.

Necesitamos instituciones donde el mérito pese más que los intereses personales; donde el esfuerzo sea reconocido y no castigado; donde la preparación académica sea motivo de orgullo y no de confrontación.

Porque nadie debería pedir permiso para superarse.

Porque ninguna profesión debería convertirse en una cárcel de aspiraciones.

Y porque el verdadero profesional no teme al crecimiento de su colega; lo celebra, porque entiende que cuando uno avanza, todo el sistema tiene la oportunidad de mejorar.

La historia de Rossy Bello no es únicamente la historia de una enfermera que decidió estudiar Medicina. Es la historia de una mujer que se negó a aceptar que la edad, las responsabilidades familiares o los prejuicios definieran el tamaño de sus sueños.

Ojalá algún día comprendamos que el conocimiento nunca debe dividirnos. El conocimiento, cuando nace del esfuerzo y la vocación de servir, siempre será un motivo para aplaudir, jamás para perseguir.

domingo, 2 de agosto de 2026

Por Oscar López Reyes
Diario Azua / 02 agosto 2026.-

Desde la declaratoria de independencia de Inglaterra por 13 colonias enclavadas en la costa Este de América del Norte, el 4 de julio de 1776, Estados Unidos ha experimentado una expansión imparable, vasta y mamut, cobijada en su aventajada ubicación entre los océanos Atlántico y Pacífico, sus crecidos recursos naturales (tierras fértiles, carbón, hierro y petróleo), el ingenio y acometividad industrial de una élite, las guerras y el saqueo de bienes extraterritoriales.

Los aportes de la principal superpotencia a la economía, la educación, la salud, la cultura y la ciencia a través de la investigación, son apreciables. Pongamos de relieve diez de los fundamentales, a propósito de la conmemoración del 250 aniversario de su independencia:

1.- ECONOMÍA Y FINANZAS. Descuella con el Producto Interno Bruto (PIB) más voluminoso del globo terráqueo, que supera los 32 billones de dólares y que acumula más del 25% del patrimonio planetario. Se empinó como la primera economía del universo, inspirada en el modelo de libre mercado, amparada en su riqueza natural, el grueso mercado de consumo interno, sus incesantes transformaciones tecnológicas y su moneda robusta (el dólar), que le otorgan un poder bancario internacional. Por esos atributos cuenta con Wall Street, el centro financiero de más operaciones globales.

2.- NOVEDADES TECNOLÓGICAS. Estados Unidos asienta las más influyentes corporaciones tecnológicas, que van desde la informática, la biotecnología, la farmacéutica, la industria espacial, la ciberseguridad y la inteligencia artificial, que avasallan el panorama informático/digital universal, como Nvidia, Apple, Microsoft, Alphabet (Google), Amazon, Meta Platforms (Facebook, Instagram y WhatsApp), Broadcom, Tesla, Oracle e Intel.

3.- EDUCACIÓN UNIVERSITARIA. Estados Unidos lidera los rankings mundiales de los centros universitarios, principalmente por su excelencia educativa y su impacto en la investigación y producción científica, como Princeton, Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), Harvard, Stanford, Yale y Columbia.

4.- INFLUENCIA SOCIO-CULTURAL. La ascendencia transnacional de Estados Unidos ha sido protagónica, particularmente por la exportación y difusión de la industria cultural y el entretenimiento, como la música, el consumo mediático y el cine (Hollywood), históricamente taquillero y hegemónico en la producción audiovisual y las plataformas digitales.

5.- ASCENDENCIA DEPORTIVA. Las becas universitarias, la calidad de las infraestructuras físicas, la comercialización y la estratégica operatividad de las ligas profesionales estadounidenses, con la contratación de calificados talentos nacionales e internacionales, han colocado las competencias deportivas nacionales en un alto peldaño, con sustanciales beneficios monetarios y un impacto internacional. Por esa causativa, Estados Unidos ha trascendido en los juegos olímpicos y las grandes ligas profesionales de béisbol (MLB), el baloncesto (NBA), el fútbol (NFL) y el fútbol americano (MLB).

6.- INVESTIGACIÓN E INVENCIONES. En Estados Unidos inventaron la iluminación eléctrica, el telégrafo, teléfono, el avión, la penicilina a escala industrial, la vacuna contra el polio, la anestesia, el trasplante de órganos, el láser, el descenso de nave espacial a la Luna, el primer satélite de comunicación, el sistema de pronóstico meteorológico satelital, el primer transbordador espacial, la computadora personal, el microprocesador, la robótica, la Internet y la Web, el proyecto de Genoma Humano, el GPS, la tecnología de células madre, etc., por cuya labor de investigación y desarrollo está en el primer lugar en cantidad de premios Nobel.

7.- CONSERVACIÓN AMBIENTAL GLOBAL Ha sido pionero en la conservación ambiental, con el desarrollo del Parque Nacional Yellowstone, en 1872; la Ley de Aire Limpio (Clean Air Act de 1970), la reducción de la contaminación industrial y más de 30 logros en esta área.

8.- PRODUCCIÓN ENERGÉTICA. Activó, desde 1869, la producción comercial del petróleo, la innovación en el transporte, el tren intercontinental, el descubrimiento de crudo en Pensilvania; la segunda revolución industrial, el desarrollo de plantas de energía nuclear y la reserva de gran cantidad de petróleo y gas natural.

9.- REFORMAS SOCIALES Y POLÍTICAS. Desde su proclamación como República independiente, en Estados Unidos han sido impulsadas transformaciones internas esenciales, como la abolición de la esclavitud, el establecimiento de derechos civiles, como el sufragio para las minorías; el sistema federal con división de poderes, las libertades individuales frente al poder central y los programas de seguridad social Medicare, Medicaid y alimentos para auxiliar a personas de bajos ingresos.

10.- ACOGIDA DE EMIGRANTES. Atracción y recepción de millones de emigrantes, que son recursos humanos para la producción empresarial y estatal y que, a la vez, oportunidades de trabajo para la sostenibilidad financiera y el envío de remesas a sus países de origen.

En pocas palabras, los inventos, emprendimientos y productividad con el sello “Made in the U.S.A.”, desde antes de la Revolución Industrial y en la Era Digital, han salvado millones de vidas y coadyuvado con la transformación de la economía global y los quehaceres cotidianos. Han mecanizado y automatizado transiciones y modificaciones en las interacciones humanas, los procesos sociales y económicos, en hábitos de consumo y la cultura, en transacciones monetarias, en el accionar laboral, leyes y otras normas, así como en estructuras societarias.

El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y comentarista de medios escritos, televisivos y digitales.
Por Apolinar de León Medrado
Diario Azua / 02 agosto 2026.-

"La grandeza de un pueblo no se mide por los prejuicios que otros puedan expresar sobre él, sino por la fuerza con que su historia desmiente esos prejuicios."

Las recientes y desacertadas declaraciones del doctor Guido Gómez Mazara, al afirmar que "quien tiene una novia en Nueva York, un vehículo cepillo del año 70 y una finca en Azua, no tiene nada", obligan a quienes conocemos y amamos esta tierra a levantar nuestra voz, no desde el resentimiento, sino desde la verdad histórica.

Porque cuando se desconoce la realidad de un pueblo, las palabras dejan de ser simples opiniones y pueden convertirse en injusticias.

Azua no es una caricatura ni un recurso para provocar risas. Azua es una de las provincias fundacionales de la nacionalidad dominicana. Es la tierra donde la historia se escribió con sangre, sacrificio y patriotismo; donde miles de hombres y mujeres enfrentaron con valentía las amenazas contra nuestra soberanía. Aquí se libró la histórica Batalla del 19 de Marzo de 1844, primera gran victoria militar de la República, acontecimiento que consolidó la Independencia Nacional y demostró al mundo la determinación del pueblo dominicano de vivir libre.

Pero Azua no vive únicamente de su glorioso pasado.

La Azua del siglo XXI es una provincia en transformación. Es un territorio que produce riqueza, genera oportunidades y se proyecta con optimismo hacia el futuro. Sus fértiles valles constituyen uno de los principales centros agrícolas de la República Dominicana. La producción de tomates, mangos, plátanos, cebollas, ajíes, melones, sandías y numerosos cultivos convierte a esta provincia en un verdadero granero nacional.

Las industrias procesadoras de tomate, junto con decenas de proyectos agrícolas y agroindustriales, representan fuentes de empleo, innovación y desarrollo económico. Una finca en Azua no simboliza pobreza; simboliza producción, inversión, seguridad alimentaria y esperanza. Cada hectárea cultivada es una muestra del esfuerzo de hombres y mujeres que hacen florecer la tierra con el sudor de su frente.

A ello se suma un inmenso potencial turístico aún por descubrir en toda su dimensión. Sus playas, sus montañas, sus balnearios, sus áreas protegidas, su patrimonio histórico, su riqueza arqueológica y su extraordinaria gastronomía convierten a Azua en un destino con enormes posibilidades para el ecoturismo, el turismo histórico, cultural y de aventura.

Sin embargo, la mayor riqueza de Azua no está únicamente en sus campos ni en sus paisajes.

Está en su gente.

En los maestros que forman generaciones.

En los agricultores que alimentan al país.

En los profesionales, científicos, artistas, empresarios, militares, religiosos, escritores y servidores públicos que, nacidos en esta tierra, han contribuido al desarrollo de la República Dominicana desde los más diversos escenarios.

Está en esa profunda azuanidad, ese sentimiento de pertenencia que no se aprende en los libros, sino que se lleva en el alma. La azuanidad es identidad, memoria, dignidad, solidaridad y compromiso con las generaciones futuras. Es el orgullo de pertenecer a una tierra que nunca ha renunciado a su vocación de progreso.

Quienes reducen a Azua a un estereotipo desconocen que los pueblos evolucionan. Ignoran las inversiones que hoy transforman nuestra provincia, el crecimiento de su infraestructura, el dinamismo de sus sectores productivos y el extraordinario potencial que representa para el desarrollo del sur dominicano.

Las palabras pronunciadas por figuras públicas tienen peso. Contribuyen a construir o a deformar la percepción colectiva de una comunidad. Por ello, quienes ejercen liderazgo político, académico o comunicacional tienen también la responsabilidad ética de hablar con conocimiento y justicia.

No escribo estas líneas para alimentar confrontaciones personales. Al contrario, las escribo con la esperanza de que este episodio sirva para abrir una conversación nacional sobre el verdadero rostro de Azua.

Invito respetuosamente al doctor Guido Gómez Mazara a recorrer nuestra provincia.

A conversar con nuestros agricultores, empresarios, estudiantes, investigadores, emprendedores y líderes comunitarios. A conocer nuestros monumentos, nuestras industrias, nuestros proyectos turísticos y nuestras comunidades. Estoy convencido de que descubrirá una realidad muy distinta a la que reflejan unas palabras pronunciadas al calor de una entrevista.

Porque Azua no pide privilegios.
Pide respeto.
Respeto por su historia.
Respeto por su presente.
Respeto por su gente.

Respeto por una provincia que ha dado a la República héroes, intelectuales, educadores, artistas, militares, científicos y ciudadanos ejemplares.

Quien posee una finca en Azua posee una tierra fértil, productiva y llena de posibilidades. Quien nace en Azua hereda una historia de valentía y dignidad. Y quien conoce verdaderamente a Azua comprende que su mayor riqueza no puede medirse con frases ingeniosas, sino con el inmenso valor de su gente.

Como azuano, seguiré defendiendo esta tierra con la misma convicción con la que otros defendieron nuestra soberanía en 1844. Porque la dignidad de los pueblos no admite burlas ni simplificaciones.

Azua fue grande ayer.
Azua es grande hoy.
Y, con el esfuerzo de sus hijos, será aún más grande mañana.
¡Que viva Azua, cuna de heroísmo, trabajo, cultura y esperanza!

Por Víctor Peña
Diario Azua / 02 agosto 2026.-


La política en la República Dominicana en los últimos tiempos ha tomado rumbos 
equivocados que han marcado a la población, no precisamente para bien, el clientelismo, el favoritismo, el transfuguismo más la falta de respuestas a necesidades básicas ancestrales, son parte del desencanto de miles de dominicanos para presentarse antes las urnas a ejercer su derecho al sufragio.

Sin embargo, seguimos viendo los mismos actores incursionando y tratando de influenciar a políticos jóvenes y hasta algunos de trayectoria dentro de los partidos 
políticos tradicionales, buscando algunos tal vez, validarse ante una población que luce cansada y harta de engaños y triquiñuelas baratas de estos personajes.

Por estás actuaciones de algunos de estos políticos hoy se exhiben en la palestra 
pública nuevos actores, algunos sin tener la preparación mínimamente necesaria más que su popularidad en redes y otros que creen que por el simple hecho de andar criticando los gobiernos les genera derecho a ser presidente en nuestro País.

Hasta aquí, todo está bien porque como ciudadanos tienen derechos adquiridos según la Constitución de la República, pero que el sueño de estos ciudadanos se cumpla va a depender de nosotros los hombres y mujeres de a pie, los que de manera responsable cumplimos con el deber de votar en los procesos electorales cada cuatro años.

No nos asombremos, si alguno de estos personajes lo vemos ocupando algún ministerio, dirección general u otro cargo de relevancia dentro de un próximo gobierno, sin importar quien sea el presidente, solo bastaría con que fueran aliados a un partido tradicional con posibilidades reales de ganar la contienda electoral y dependiendo del porcentaje de votos que aporte, según lo que se estila se le entrega una cartera, así de simple.

De manera que es solo cuestión de tiempo quizás para que un funcionario de primer nivel del gobierno, nos insulte con palabras groseras, ofensivas e impublicables o en otro de los casos con un golpe, si en nuestro trabajo cotidiano hacemos cualquier pregunta incomoda. Pero como hemos dicho todo dependerá de múltiples factores para que eso ocurra, falta mucho tramo por recorrer y a decir verdad no creo que los dominicanos estemos preparados para eso.


  

Testigo del tiempo
Por J.C. Malone
Diario Azua / 02 agosto 2026.-

Al iniciarse la pandemia de Covid-19, estábamos asustados, como si fuéramos invadidos por extraterrestres; sintonizábamos el televisor esperando instrucciones del gobierno, nuestro Salvador.

Eran evidentes las tensiones entre el presidente Donald Trump y el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID). Fauci ocultaba un secreto; Trump lo conocía, pero no lo revelaba. Esas tensiones entre ellos, el filósofo francés, Jean Baudrillard, las definió como el “secreto del secreto”.

Este miércoles, durante una audiencia en el Senado en Washington, sabremos cuál era ese “secreto del secreto”, sobre el origen del Covid-19.

El presidente Joe Biden le concedió a Fuaci un extrañísimo perdón, desde el 1 de enero de 2014 hasta, el 20 de enero de 2025, le perdonó “el futuro”.

¿Cuál es el secreto de Fauci sobre el COVID-19?

¿Por qué Biden lo “perdonó” a partir de 2014?

Los científicos definieron el 2014, cuando comenzó el perdón de Fauci, como un "año de pesadilla" en bioseguridad. Hubo más de 12 “accidentes, ineficiencias y descuidos” en laboratorios entre enero y septiembre. “Accidentes y descuidos” con ántrax, gripe aviar, dengue, viruela y experimentos para aumentar la letalidad de virus (Gain of Function en inglés).

Esos accidentes pudieron destruir la presidencia de Barack Obama, quien el 17 de octubre del 2014, suspendió los financiamientos para Gain of Function. Fauci transfirió fondos al laboratorio de virología de Wuhan, China, y continuó con los experimentos de Gain of Function. Después llegó el Covid-19.

Fauci aseguró que el virus salió de un mercado. La CIA y el FBI concluyeron que “una fuga accidental del laboratorio de Wuhan es la explicación más probable”. El Covid-19 destruyó la presidencia de Trump. Biden, quien subiría si hubiesen bajado a Obama, ganó, perdonó a Fauci y a su hijo Hunter.

Ahora Fauci debe enfrentar en el Senado al médico y senador republicano Rand Paul, quien nunca le creyó, pero esperó pacientemente, para interrogarlo nuevamente.

Si Fauci miente, lo trancan, si dice la verdad, confesaría mentiras del pasado, lo van a trancar.

La audiencia senatorial revelará el “secreto del secreto” de Fauci, el Covid-19 y muchas cosas más. ¡Mantenga la sintonía!

jueves, 30 de julio de 2026

Por Emilia Santos Frias
Diario Azua / 30 julio 2026.-

Cuando se vive observando y resguardando el respeto hacia sí mismo y a los demás, sin lugar a dudas se hace un enorme aporte a la vida en sociedad. Hay evidencia de compromiso con el orden y el bienestar generalizado. Algunos pensadores concuerdan con este enunciado, por ejemplo, Confucio, presentó clara demostración en la siguiente premisa: “si no se respeta lo sagrado, no se tiene nada en que fijar la conducta”. Hacen énfasis en que, ante todo, debemos respetarnos a nosotros mismos. Un gran abanderado de esta consigna fue el más excelso matemático, Pitágoras de Samos.

Es que desde siempre, los líderes mundiales, en todos los órdenes, han coincidido en aseverar que la convivencia pacífica, que tiene como base el respeto, un valor y derecho fundamental, nos permite convivir de forma armónica con nuestros semejantes; sin conflictos; unidos para desarrollar acciones que sean de provecho generar y desarrollo holístico en los Estados. Proporciona garantía de libertades y fortalecimiento de la seguridad nacional. De sus espacios; valorar las diferencias; empatía; solidaridad; resolver situaciones mediante alianzas y diálogo efectivo. Al tiempo que se salvaguarda el entorno natural y los derechos medioambientales de la población.

Urge que la República Dominicana, una nación de gente buena, de sin igual y contagiosa alegría, laboriosa, decente, creativa, auténtica, piadosa, solidaria…, reflexione y vuelva a potenciar sus raíces. Que retome esos valores de la dominicanidad, su esencia. Porque ciertamente, no somos un país de antivalores, ni violento. Pero varios flagelos descritos en estas líneas, carcomen la vida en la sociedad actual. Diversos son sus factores, pero, lo que nos compromete hacer hincapié es en crear alianza colectiva para su mitigación. “Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”, decía el padre fundador, Juan Pablo Duarte y Díez.

Múltiples son las manifestaciones diarias de violencia que se observan en nuestra sociedad, dentro y fuera de la familia, en los principales espacios simbólicos..., y estas están resquebrajando la convivencia social, debido además, a la falta de tolerancia, comunicación desde el amor…, y esto asociado a otros delitos, ha creado fisuras a la paz, el sentido de unión, de pertenencia, y a la confraternidad entre las personas.

Las noticias negativas referentes a hechos bochornosos cometidos por coterráneos, dan la vuelta al mundo. Por ejemplo, los desgraciados feminicidios, acciones de corrupción, delitos socioeconómicos, autónomos y de carácter doloso, como el lavado de activos. Igualmente, otros vinculados al tráfico de drogas, que vulneran la salud pública y el bienestar general de la sociedad. Por lo que, políticas públicas actuales, concretas, estrictas, operativas y de desarrollo permanente, son más que necesarias. “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán víctimas de sus maquinaciones”.

No podemos permitir que quienes ejercen violencia de todo tipo, fomenten miedo, desconfianza en nuestras autoridades, mientras continúan cometiendo hechos nefastos. Su persecución y judicialización debe ser ágil y drástica, tal como lo son sus hechos. Entretanto, se refuerza la prevención, y como nación, en este siglo de colosal avance tecnológico, aunque de inmenso abismo en las relaciones interpersonales, desde todos los espacios representativos se vigorizan valores; nuestra estampa, como: hospitalidad, espontaneidad, empatía, comunicación efectiva, alegría…, sin jamás perder ese que tanto nos costó, la resiliencia. “La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría”.

Sé que con la resiliencia que siempre ha tenido el pueblo dominicano, alcanzaremos la paz. Asimismo, con fuerza y la esperanza de siempre, mitigaremos estas dificultades de salud pública, económicas y sociales, que tanto vulneran nuestra seguridad y defensa nacional. “El gobierno debe mostrarse justo y enérgico…, o no tendremos patria y por consiguiente ni libertad...”.

Es momento de hacer desaparecer distintos flagelos que estropean nuestro bien hacer, entre ellos crímenes de odio y la violencia machista que nos arrebata tantas vidas útiles: mujeres en todas las edades, niñas y adolescentes, casi siempre teniendo como verdugos a quienes deben estar para protegerlas. “Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la patria”.

Pese al cansancio social por la tan esperada solución a estos males, no perdemos la esperanza, y aunque no existe una acción mágica, emular a países hermanos en cuanto a bien hacer, podría ser otra puerta para retomar el bien ser. Somos una nación única en esencia, valores, costumbres…, y por eso, procuraremos en lo adelante, reflejar un excelente comportamiento que devele a una auténtica cultura…, siempre de espalda a toda predisposición a actuaciones malsanas, egocéntricas y materialistas. Vivir con libertades públicas garantizadas es nuestro derecho. iEs momento de actuar. ¡Eliminemos el protagonismo a la violencia!.

Hasta pronto.
La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.
Por Mario Antonio Lara Valdez
Diario Azua / 30 julio 2026.-

Esta película, Spider-Man: Un nuevo día, está desde ya en las salas de cines de Caribbean Cinemas en República Dominicana. La recomendaría por varios motivos: porque representa una secuencia del cómic, generando espacios de reflexión por sus diálogos y efectos visuales, logrando disfrutar dos horas y veinte minutos de pura emoción.

La película Spider-Man apuesta a despertar nostalgia, curiosidad y expectativas sobre la participación de diferentes tipos de personajes que logran combinar generaciones de aficionados a este maravilloso mundo de los superhéroes o supervillanos entrelazados con las realidades de los seres humanos.

Como fanático del personaje de Hulk, logré sentir emociones al observar al Dr. Bruce Banner, quien muestra ese logro de vivir como un profesor enseñándole a sus alumnos su experiencia profesional, ya que logró controlar esa transformación de color verde de poderes incontrolables, así como también podemos observar cómo Peter Parker entra en esa lucha interna entre esa araña que busca avanzar en el control y un humano que solo desea vivir.

Uno de los momentos más importantes de la película es las escenas entre Peter y Frank Castle (Jon Bernthal), logrando una complicidad entre ambos, ya que mientras Spider-Man intenta resolver los conflictos sin recurrir a la violencia, Punisher, fiel a sus orígenes para público adulto, apuesta por métodos violentos extremos. Pero además, esa carcajada de Spider-Man al darse cuenta de la preocupación de su amigo en su convalecencia, convirtiendo ese momento en el más divertido de la cinta.

Los diálogos de Spider-Man: Un nuevo día son altamente interesantes porque logran introducir vivencias, sentimientos, traumas del pasado que impactan en su presente, ya que refleja el deseo de compartir su vida cotidiana con una pareja y la soledad de la pérdida de su madre, pero también podemos reconocer que esa realidad de ser superhéroe es vivir en solitario y sin formar familia.
Por Néstor Estévez
Diario Azua / 30 julio 2026.-

Cuentan que el rango “General de cinco estrellas” es una máxima graduación militar histórica. Dicen que fue creado para coordinar operaciones de gran escala en tiempos de guerra y otorgar categoría paritaria con aliados internacionales.

Se me ocurrió pensar sobre el tema al moderar una mesa redonda, en el marco de la Quinta Feria Multisectorial de Santiago Rodríguez. Allí, la figura del general Santiago Rodríguez y su papel en la gesta restauradora fue tema central de una jornada por la identidad y el avance territorial.

Curiosamente, ninguno de los disertantes es de “Ciencias Sociales”, pero su común pasión por la historia y la identidad los convierte en incansables hurgadores. Ellos comenzaron escuchando charlas y leyendo de todo, pero cada vez que uno encuentra una fuente primaria, las ganas de compartir lo hallado se convierten en acontecimiento colectivo.

Desde la informática, la arquitectura, la ingeniería y las letras, Miguel Díaz, Ricardo González, Papo Fernández y Orlando Reyes combinan trayectorias muy diversas, pero con un punto en común: el general Santiago Rodríguez. Y la iniciativa de la Cámara de Comercio y Producción de Santiago Rodríguez propició la ocasión para identificar detalles de ese punto en común.

Vivir esa experiencia me motiva a elevar aún más el orgullo por mi patria chica. Pues con los aportes de esos cuatro dilectos comprovincianos, más los de uno que otro estudioso, podemos enarbolar las estrellas de Santiago Rodríguez. Si seguimos buscando, pueden ser muchas más; pero, con cinco nos basta para otorgar categoría paritaria y hasta para orientar el liderazgo que hoy requiere Santiago Rodríguez.

Cinco estrellas

El punto de mayor coincidencia lo encontramos en que el general Santiago Rodríguez es el Padre de la Restauración de la Independencia Dominicana. Desde el título de un libro de uno de los disertantes hasta planteamientos de prestantes estudiosos así lo sostienen. En esa afirmación, el general que honra con su nombre a Santiago Rodríguez tiene una gran estrella.

Santiago Rodríguez destaca como articulador y estratega. Con el grado de coronel, al final de la campaña por la Independencia, combatió en Sabana Larga. Se deduce que eso le curtió capacidades para armar el único proyecto que logró concretar la Restauración de la Independencia. Dígame si eso no lo hace más que merecedor de otra estrella.

Una característica prominente del General es su persistencia en el objetivo. Ante el revés de una derrota española, el 5 de marzo de 1863, Santiago Rodríguez convocó lo que se conoce como Convención de Los Almácigos. De allí queda su expresión “hombres como nosotros no se arredran”. En Los Almácigos reafirmó la continuación de la lucha. Se fue a Haití, y desde ahí encabezó el Grito de Capotillo. Tercera estrella.

Grandeza humana

Las otras dos estrellas corresponden a condiciones que refieren la calidad humana del general Santiago Rodríguez. Como ha trascendido, procedía de una familia acaudalada y era poseedor de muchos bienes. Sin embargo, su fortuna fue agotada y hasta necesitó pedir ayuda para completar el proceso que posibilitó el renacimiento de la República Dominicana. Aun así, declinó ante la propuesta para que ocupara la presidencia del Gobierno Restaurador. Ante ello adujo que su objetivo estaba cumplido.

Y la otra virtud está relacionada con su apego a la disciplina y el honor militar. Cuentan estudiosos que en diversas ocasiones tuvo roces muy serios con grupos de su entorno porque, ante prisioneros de guerra, quisieron tomar la justicia en sus manos. Dicen que el general Santiago Rodríguez nunca permitió que se desconsiderara a un enemigo, y eso ha de remitirnos a otra estrella, máxime cuando hace tanta falta recordar que las personas necesitamos continuar en el centro de la civilización.

De manera que, en el general Santiago Rodríguez tenemos un referente de general de cinco estrellas. Pero también la provincia que lleva su nombre, como cualquier otro territorio, tiene en él el ideal de lo que debería enarbolar su liderazgo. Y para que sea más sencillo y practicable, ojalá que en cada iniciativa en favor del territorio logremos que coincidan portadores de por lo menos una de esas estrellas -hasta reunir las cinco- que caracterizan al Padre de la Restauración de la Independencia Dominicana.

Testigo del tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 30 julio 2026.-

Recientemente, el presidente Donald Trump, usando una gorra con la leyenda “Trump 2028”, anunció su postulación a un “cuarto período”. Él insiste en que “ganó” en 2020, y le hicieron fraude. Parece un “chiste”; pero según el secretario de Estado, Marco Rubio, cuando Trump habla, no bromea, dice lo que hará.

Su repostulación requiere una enmienda constitucional. Lograrla requiere ganar las 33 elecciones senatoriales, y 2/3 de los escaños en la Cámara de Representantes en noviembre. Que 2/3 de las legislaturas estatales convoquen a una convención estatal para ratificar la enmienda, aprobada por 3/4 de los asistentes.

Si comprueban el fraude, evitarán que se repita.

La reelección parece imposible, pero el Partido Demócrata está dividido, ningún partido dividido gana nada. Además, debemos recordar que las cajas cuadradas traen pizzas redondas, que se cortan en triangulitos; en geometría y en política, cualquier cosa es posible.

Lo que más favorecería la posible reelección es la situación de la oposición; los demócratas no solo están divididos, sino que también están en desbandada.

Andrew Cuomo, el exgobernador neoyorquino, Zohran Mamdani le ganó en la convención; él respondió lanzando una candidatura independiente a la alcaldía y perdió otra vez: dos derrotas.

Otros candidatos demócratas están presentando candidaturas independientes tras perder las primarias. Se habla de que Adriano Espaillat, el congresista que perdió las primarias demócratas en el Distrito 13, está preparando una candidatura independiente.

Del Partido Republicano también salen candidatos independientes, es más común que los partidos se dividan en el poder, no en la oposición, como es el caso de los demócratas.

Ciertamente, los partidos mayoritarios están en crisis, en los Estados Unidos, y en otras naciones que siguen el modelo estadounidense.

Las posibilidades de que Trump pueda lanzar una candidatura exitosa dependen de cómo su partido salga de las elecciones de noviembre próximo, debe barrer para tener posibilidad. Debemos poner atención a las denuncias de los fraudes, si aumentan, las elecciones de noviembre podrán tener más controles. Eso podría ayudar a los republicanos a ganar escaños.

martes, 28 de julio de 2026

 

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 28 julio 2026.-

«Solo en la comunicación se realiza el ser humano. En la comunicación con el otro, la verdad que hay en mí se revela» Jaspers, 1989, p. 50

Asistimos a una época vertiginosa donde la palabra circula con una abundancia sin precedentes, pero donde la auténtica escucha se desvaneció casi por completo. Se habla en todas partes, a toda hora y a través de múltiples pantallas, mas la proliferación masiva de emisiones verbales dista mucho de constituir un espacio de comunión real. Al contemplar la conversación contemporánea, descubrimos que la noción de diálogo ha sido despojada de su densidad histórica y ontológica, quedando reducida a una simulación ruidosa donde los individuos intercambian monólogos paralelos. Se trata de un espectáculo estridente donde prima la necesidad narcisista de autoafirmación antes que el deseo genuino de comprender. Frente a este escenario de saturación mediática, conviene pausar el ritmo e interrogar la naturaleza misma del hablar compartido, pues en el repliegue del pensamiento crítico y la hipertrofia de las opiniones viscerales se incuba el verdadero síntoma de nuestra decadencia cultural.

Desandar los orígenes de este naufragio nos exige remontarnos a las fuentes del pensamiento occidental, donde la etimología griega nos devela que la palabra remite a un tránsito de la razón, a un discurso que atraviesa a los interlocutores para transformarlos en su trayectoria. Platón elevó esta praxis a la categoría de dialéctica, concibiéndola en sus diálogos tempranos como el itinerario imprescindible para ascender desde la opinión infundada (doxa) hacia la comprensión fundamentada (episteme). El método socrático no pretendía acorralar ni humillar al adversario en el terreno oratorio, sino guiarlo pacientemente mediante preguntas inquisitivas hacia el examen de sus propias certidumbres. Semejante tarea presuponía un coraje ético insustituible, caracterizado por la disposición a asumir la propia finitud intelectual. En la Apología de Sócrates, el filósofo formuló esta conciencia de los propios límites al sostener que «este hombre cree que sabe algo sin saberlo, mientras que yo, así como no sé nada, tampoco creo saberlo» (Platón, 2000, p. 21d). Carecer de esta apertura interior para dejarse interpelar desfigura cualquier intercambio, convirtiendo el espacio común en una tribuna donde la palabra se estanca y languidece.

A la luminosidad ética de la búsqueda socrática es preciso añadir la exigencia formal que el genio aristotélico imprimió a la conversación humana. Para que el intercambio no naufrague en el desborde emotivo ni se degenere en mero espectáculo persuasivo, requiere sostenerse sobre la solidez del razonamiento deductivo. En los Primeros analíticos, Aristóteles definió la estructura formal del silogismo como «un discurso en el cual, establecidas ciertas cosas, resulta necesariamente de ellas, por ser lo que son, otra cosa distinta» (Aristóteles, 1988, p. 24b). Asimismo, en el tratado de la Retórica, distinguió entre el logos —el argumento propiamente dicho—, el pathos —la conmoción afectiva del auditorio— y el ethos —la autoridad moral del orador—. Sin embargo, cuando la búsqueda honesta de la verdad se eclipsa por la vanidad, la arquitectura lógica se prostituye en mera sofística. Arthur Schopenhauer expuso con amarga lucidez esta degradación en El arte de tener razón, al diagnosticar que «la dialéctica erística es el arte de disputar, de modo que uno tenga razón tanto justa como injustamente» (Schopenhauer, 2002, p. 23). Esta corrosiva apreciación retrata la miseria de nuestro debate público: no nos importa la validez del razonamiento ni el esclarecimiento de lo real, sino vencer al antagonista a cualquier precio, utilizando la falacia y el agravio como atajos para enmascarar nuestra propia indigencia argumentativa.

Lejos de amedrentarse ante el desacuerdo, el pensamiento medieval entendió que la confrontación teórica era el fuego donde se purificaba el saber. Durante siglos, las universidades ejercitaron la disputatio, una metodología donde la discrepancia se asumía como una herramienta indispensable para depurar el intelecto. Filósofos de la talla de Santo Tomás de Aquino estructuraron sus magnas obras, entre ellas la Summa Theologiae, bajo la dinámica rigurosa de presentar exhaustivamente las objeciones contrarias antes de fundamentar una solución. En esa misma línea de rigor procedimental, Juan Duns Escoto aseveró en su Ordinatio que «la ciencia humana no alcanza un saber perfecto, sino solo por el ejercicio del intelecto» (Duns Escoto, 1950, prol. q. 3). La confrontación entre tesis e hipótesis demostraba que el conocimiento no es un patrimonio estático ni una iluminación pasiva, sino el fruto de un esfuerzo metódico capaz de superar las resistencias del propio sesgo. Cuestionar las ideas preconcebidas no destruía la fe en el saber; al contrario, constituía la única vía honesta para elevar la inteligencia por encima del dogma ciego.

Durante el apogeo ilustrado, la tarea de someter la opinión individual a la prueba del escrutinio colectivo trascendió los claustros académicos y se erigió en el motor emancipador de la sociedad civil. Immanuel Kant, en su célebre opúsculo ¿Qué es la Ilustración?, argumentó que el progreso civilizatorio exige abandonar la minoría de edad mediante el coraje de pensar de manera autónoma. Al plasmar el célebre imperativo «¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!» (Kant, 2004, p. 83), el filósofo germano no defendía una arbitrariedad individualista, sino la obligación cívica de someter los juicios al debate razonado dentro de una comunidad de lectores libres. La esfera pública nacía así como un ideal donde el argumento mejor construido, y no la autoridad dogmática o la coacción, debía guiar las decisiones colectivas.

No obstante, la promesa emancipadora de la razón pública terminaría sofocada por las tramas invisibles del poder y la hipertrofia de los medios masivos. El orden discursivo dejó de ser un terreno neutral para transformarse en un espacio fuertemente disciplinado y mercantilizado. Michel Foucault, en El orden del discurso, desenmascaró los mecanismos de exclusión y control que operan en las sociedades al sostener que «en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos» (Foucault, 1992, p. 14). La conversación social no fluye libremente, sino que responde a límites invisibles impuestos por instituciones y hegemonías que determinan de antemano qué es admisible pensar y quién tiene la legitimidad para hablar. Esta domesticación del discurso halla su expresión más feroz en la sociedad contemporánea, caracterizada por la sustitución de la experiencia viva por la imagen. En La sociedad del espectáculo, Guy Debord vislumbró esta alienación radical al aseverar que «todo lo que antes era vivido directamente se ha alejado en una representación» (Debord, 1999, p. 37). En un mundo donde la realidad cede su lugar a la escenificación, el diálogo auténtico se disuelve; no dialogamos con seres humanos reales, sino con caricaturas mediáticas, consumiendo consignas simplificadas y reduciendo el debate colectivo a una escenografía de simulacros.

A este tamiz político se añade la quiebra ontológica del concepto mismo de verdad, cuya crisis desembocó en un relativismo cómodo y en un atrincheramiento tribal. Cuando la idea de lo verdadero pierde su anclaje en lo real, las convicciones individuales se sacralizan como dogmas inexpugnables. Friedrich Nietzsche, en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, anticipó de forma mordaz la fragilidad de nuestros constructos conceptuales al definir la verdad como «un ejército en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos» (Nietzsche, 2006, p. 25). Al perderse la conciencia de que nuestros conceptos son ficciones útiles que requieren una constante revisión crítica, el ser humano convierte sus metáforas particulares en trincheras ideológicas. Se renuncia al esfuerzo de someter las premisas al contraste con la realidad, prefiriendo la seguridad cobarde de los prejuicios compartidos. La discusión se torna así en un ajuste de cuentas donde la discrepancia ya no representa una invitación a filosofar, sino una amenaza existencial que debe ser fulminada.

Frente a las cenizas del siglo XX, marcadas por la barbarie totalitaria y el adoctrinamiento de masas, la preocupación por rescatar la palabra viva cobró un matiz de urgencia dramática. Hannah Arendt, en La condición humana, situó la palabra y la acción en el centro mismo de la pluralidad política, manifestando que «con la palabra y el acto nos insertamos en el mundo humano» (Arendt, 2005, p. 201). Para Arendt, la renuncia a hablar significativamente con otros equivale a la destrucción del espacio intersubjetivo, atroz antesala del totalitarismo. En una sintonía complementaria, Jürgen Habermas formuló su Teoría de la acción comunicativa, enfatizando la necesidad de una racionalidad procedimental volcada al entendimiento mutuo. De acuerdo con Habermas, «el concepto de acción comunicativa remite a la interacción de al menos dos sujetos capaces de lenguaje y de acción que entablan una relación interpersonal» (Habermas, 1987, p. 124). La validez de cualquier proyecto democrático depende de la calidad deliberativa de sus ciudadanos y de su disposición sincera a dejarse convencer por la fuerza del mejor argumento, libre de toda violencia o manipulación ideológica.

Ahora bien, restablecer la conversación exige traspasar los límites formales de la lógica para adentrarse en la dimensión hermenéutica y ética de la alteridad, puesto que hablar verdaderamente requiere albergara al otro en su radical diferencia. Hans-Georg Gadamer, en Verdad y método, definió la comprensión interpersonal como una experiencia donde los horizontes individuales se expanden, expresando que «comprender es siempre el proceso de fusión de estos horizontes presuntamente aislados entre sí» (Gadamer, 1993, p. 377). Esta fusión resulta irrealizable si el interlocutor es percibido como un rival a instrumentalizar. La filosofía dialógica de Martin Buber ilumina esta exigencia en Yo y Tú, al afirmar rotundamente que «toda vida verdadera es encuentro» (Buber, 1977, p. 15). Cuando las relaciones humanas se degradan en un vínculo cosificador —un intercambio entre un «Yo» y un «Ello»—, la palabra se vuelve fría y utilitaria. A esta advertencia se suma la voz de Emmanuel Levinas, quien desde Totalidad e infinito apela al imperativo ético de la otredad al sostener que «el rostro me habla y por ello me interpela» (Levinas, 1977, p. 211). La sola presencia del rostro ajeno quiebra la autosuficiencia de nuestro ego, prohibiéndonos reducir la complejidad del ser humano a una mera etiqueta conceptual.

Semejante exigencia ética choca frontalmente contra las dinámicas de la era digital contemporánea, donde el diálogo ha sido devorado por la vorágine algorítmica y el imperativo de la visibilidad inmediata. Las plataformas interactivas, diseñadas bajo la utopía irónica de interconectar al planeta, terminaron levantando muros invisibles de aislamiento y tribalismo. Las cámaras de eco y los sistemas de recomendación procesan nuestros sesgos para alimentarnos únicamente con aquello que halaga nuestro ego, expulsando de la pantalla cualquier matiz incómodo. En La expulsión de lo distinto, Byung-Chul Han retrata con precisión esta patología de la atención al subrayar que «la escucha no es un acto pasivo, sino que requiere una atención activa, una acogida al otro en su alteridad» (Han, 2017, p. 125). Sin el silencio interior que permite albergar el pensamiento ajeno, la interacción digital degenera en una estampida de voces frenéticas donde triunfan la indignación efímera, el eslogan agresivo y el aplauso automatizado. Nos hemos convertido en sordos hiperconectados que gritan en la oscuridad de sus propios espejos.

Frente a este desierto de amplificadores y aplausos cautivos, la filosofía no puede actuar como un sedante ni como una simple espectadora complaciente. El verdadero desafío de nuestra época consiste en romper el hechizo de las certezas prefabricadas y tener la osadía de mirar al otro no como un enemigo a batir, sino como el único espejo capaz de rebelarnos nuestra propia humanidad. ¿Nos resignaremos a languidecer en esta orquestación de monólogos estridentes, celebrando el eco de nuestra propia ignorancia mientras la convivencia civilizada se desmorona en el desprecio mutuo? ¿Seremos capaces de desarmar la soberbia del juicio intempestivo y abrazar la humilde sospecha de que la razón, acaso, habita en la palabra del diferente? Si renunciamos a la fragilidad de dejarnos transformar por la verdad ajena, ¿qué nos queda de humanos en esta era de certezas desalmadas?
Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

· Arendt, H. (2005). La condición humana (Trad. R. Gil Novales). Paidós.

· Aristóteles. (1988). Tratados de lógica (Órganon) I: Categorías, Tópicos, Sobre las refutaciones sofísticas, Primeros analíticos (Trad. M. Candel Sanmartín). Gredos.

· Buber, M. (1977). Yo y Tú (Trad. C. Díaz). Nueva Visión.

· Debord, G. (1999). La sociedad del espectáculo (Trad. V. Gómez). Marca de Agua.

· Duns Escoto, J. (1950). Ordinatio: Prologus. Typis Polyglottis Vaticanis.

· Foucault, M. (1992). El orden del discurso (Trad. A. González Troyano). Tusquets.

· Gadamer, H.-G. (1993). Verdad y método (Vol. I; Trad. A. Agud Aparicio y R. de Agapito). Sígueme.

· Habermas, J. (1987). Teoría de la acción comunicativa (Vol. I; Trad. M. Jiménez Redondo). Taurus.

· Han, B.-C. (2017). La expulsión de lo distinto (Trad. A. Ciria). Herder Editorial.

· Jaspers, K. (1989). Filosofía (Vol. 2: Orientación en el mundo; Trad. J. Gaos). Universidad Nacional Autónoma de México.

· Kant, I. (2004). ¿Qué es la Ilustración? (Trad. E. Ímaz). Alianza Editorial.

· Levinas, E. (1977). Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad (Trad. D. E. Guillot). Sígueme.

· Nietzsche, F. (2006). Sobre verdad y mentira en sentido extramoral y otros ensayos (Trad. L. M. Valdés Villanueva). Tecnos.

· Platón. (2000). Apología de Sócrates (Trad. C. García Gual). Gredos.

· Schopenhauer, A. (2002). El arte de tener razón: expuesto en 38 estratagemas (Trad. F. C. Vevia Romero). Edaf.

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)