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domingo, 5 de julio de 2026

Testigo del tiempo
Por J.C. Malone
Diario Azua / 05 julio 2026.-

El colapso del palacio presidencial de Haití, durante el terremoto del 2010, anunció el colapso institucional haitiano. Hoy, 16 años después, está claro, Haití es un estado fallido, las pandillas son las únicas instituciones respetables haitianas.

Venezuela tiene un equilibrio institucional precario como el de Haití antes el terremoto. Muchos venezolanos que perdieron casas y negocios con el terremoto, son incontrolables, nada tienen que perder. Los militares venezolanos, como los funcionarios oficiales haitianos, se roban la ayuda internacional.

Aguda crisis económica, inestabilidad política, y migración masiva, son el futuro de Venezuela. La dictadura colapsará, dejando un vacío político insondable.

Las pandillas haitianas llenaron el vacío de poder que siguió al terremoto, eso puede replicarse en Venezuela. Además de la ayuda humanitaria, los pueblos vecinos deben prepararse para recibir otra ola de refugiados venezolanos. Venezuela inició un proceso acelerado, indetenible de haitianización.

Venezuela puede descender al caos; la dictadura destruyó las instituciones y las sustituyó con la fuerza; ahora le faltará fuerza para retener el control.

Cuando el terremoto de Haití, dijeron que fue provocado, probando una nueva arma de Washington. Aquel movimiento telúrico fue de 7.0 en la escala Ritcher.

Los de Venezuela superaron los 7.0, con fuerza destructora de varias bombas atómicas. Surgirán versiones de que estos también fueron provocados. Mi amigo Leo cree que “todo lo que te imaginas puede ocurrir; mientras más rara y descabellada sea la idea, más probabilidades tiene de que ocurra”.

Ningún gobierno, menos el venezolano, puede contener a cientos de miles de hambrientos desamparados. Esperen levantamientos de sobrevivencia, que tendrán profundas implicaciones políticas.

Venezuela no cuenta con suficiente fuerza de seguridad para controlar las zonas afectadas por desastres y el resto del país.

Esperemos la reorganización de pandillas como el Tren de Aragua, otras menos famosas y las que surgirán para capitalizar la “oportunidad”, intentarán llenar el vacío de poder.

Ojalá los venezolanos logren demostrar que “nunca es más oscura la noche que antes del amanecer”.

El vacío de poder posible, generará caos, hambre y cosas inimaginables, será un indetenible, proceso de “haitianización”.





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Alfredo Cruz Polanco alfredocruzpolanco@gmail.com1
Diario Azua / 05 julio 2026.-

El pasado día 14 de de este mes de junio, le pregunté a varios jóvenes estudiantes del municipio de La Vega, para un "pódcast" que realizo por YouTube todas las,semanas, ¿qué acontecimiento se conmemora en esta fecha en muestro país ? y ninguno de ellos me supo responder.

Lo mismo me ocurrió con otras fechas Patrias, como el 26 de enero de cada año, el 30 de mayo, el 27 de febrero, el 16 de agosto, el 6 de noviembre, entre otras tantas.
Hice una profunda reflexión mientras preparaba dicha grabación y concluí que la culpa de esta ignorancia o desconocimiento, no era de los niños ni de los jóvenes estudiantes, sino, de nuestro sistema educativo, que es el que no permite que ellos lo conozcan, pues este no funciona.

El currículo escolar que se utiliza en nuestras escuelas públicas, es obsoleto y desfasado, debido a que los textos escolares autorizados por el ministerio de educación para ser utilizados en nuestras escuelas y colegios, no recogen los grandes acontecimientos históricos recientes de nuestro país, que los jóvenes y adolescentes deben conocer, narrados por verdaderos historiadores y testigos que todavía tenemos.

Entre esos acontecimientos, podemos citar los siguientes: los gobiernos dictatoriales de Ulises Hereaux (Lilís); Ramón (Mon) Cáceres y su muerte; el gobierno de Horacio Vásquez y su derrocamiento; los 31 años de la dictadura de Trujillo y su ajusticiamiento; la muerte de las Hermanas Mirabal, la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, los gobiernos de Balaguer, el Gobierno de Bosch, la Constitución de 1963, el golpe de Estado contra ese primer gobierno legítimo y democrático; la Revolución de Abril, la invasión de EU a nuestro país en 1916 y en 1965; el gobierno de Antonio Guzmán; la vida,del Dr. Jose Francisco Peña Gómez; el por qué de las elecciones del año 1994, entre otros hechos históricos.

Lamentablemente, los distintos ministros de Educación que han sido nombrados, ni la propia Asociaciacion de Profesores Dominicanos (ADP), nunca se han preocupado para que esto suceda, sobre todo, esta última, pues sólo se ha empeñado en buscar beneficios reivindicativos para su gremio, descuidando la enseñanza de nuestros estudiantes y contribuyendo, con sus constantes paros de labores, a la pésima formación que hoy reciben.

El modelo educativo de la República Dominicana en sus tres niveles: básico (primaria), secundaria y superior, requiere de un cambio urgente de su currículo, ya que se ha vuelto muy obsoleto y ya no responde a las necesidades actuales de nuestro país, el cual se encuentra insertado en un mundo totalmente globalizado y competitivo, pues nos hemos quedado por debajo de la mayoría de los países del área, según los índices de medición de los organismos internacionales, como PISA, los cuales nos dejan muy mal posicionados.

Desde que se aprobó en el año 2013 el tan anhelado 4% del presupuesto nacional para la educación de nuestro país, este solo se ha aplicado para la construcción, rehabilitación y ampliación de algunas escuelas; medianamente para la creación de la jornada de la tanda extendida, para un precario desayuno escolar y para el aumento de la nómina de empleados y profesores.

Nuestros estudiantes en su gran mayoría, emulan y escogen como sus paradigmas a figuras que representan los antivalores morales, a los que lo llevan a la destrucción, a una alienación cultural, fruto de la gran inversión de valores morales a que son arrastrados.

Usted le pregunta a un joven estudiante, ¿qué se conmemora en cualesquiera de esas fechas y de seguro que no sabrían decirle, pero si se le pregunta sobre un bachatero, un reguetonero, o sobre cualquier otro género musical, de seguro que te hablan de todas sus canciones. Si nuestro sistema educativo, los textos escolares y los propios maestros, se encargaran de enseñar y darles a conocer esos acontecimientos históricos recientes, ocurridos en nuestro pais, de seguro que los alumnos pensarán y actuarán de forma diferente.

Ojalá que estas humildes sugerencias sean tomadas en consideración, para bien de nuestros estudiantes, de nuestra educación y de nuestro país. Que así sea.

El autor es Contador Público Autorizado
Máster en Relaciones Internacionales
Ex diputado al Congreso Nacional
Ex miembro de la Cámara de Cuentas de la República 2010-2016

 

Hacemos votos por la paz de Haití, que es también la paz de la República Dominicana, pero mediante la gestión de una embajadora cristiana, dinámica y humana.

Roberto Valenzuela
Diario Azua / 05 julio 2026.-

A las puertas del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, hemos venido analizando el impacto de esa nación en Haití y la República Dominicana. Quien estudia la historia de los pueblos y su diplomacia sabe la importancia estratégica de contar —o no contar— con una embajada activa y con un embajador en funciones. Ha ocurrido en distintos momentos, cuando administraciones demócratas han dejado vacíos diplomáticos en República Dominicana que impactan las relaciones bilaterales.

Los gobiernos republicanos siempre procuran que tengamos una adecuada representación diplomática. Suelen ser más respetuosos y tolerantes con las creencias religiosas y las costumbres del pueblo dominicano. Al contrario, como reportero, recuerdo a dos embajadores demócratas que nos generaron a los dominicanos muchos dolores de cabeza. Crearon conflictos que, desde el punto de vista de la diplomacia, eran innecesarios. La diplomacia, una carrera tan valiosa para la solución de conflictos, era precisamente lo que menos se practicaba en esos casos.

Tanto Haití como la República Dominicana han tenido más problemas con administraciones demócratas que con republicanas. En 1915 invadieron Haití y, en 1916, ocuparon la República Dominicana. Y en 1963 fueron los demócratas quienes fueron señalados como artífices del golpe de Estado a Juan Bosch, uno de los gobernantes más democráticos y más votados en la historia, además de su reconocida honestidad. En 1965 intervinieron durante la guerra civil dominicana.

El caso es que hay que reconocer los parabienes de la señora embajadora, Leah Francis Campos, quien ha logrado acercamiento con todos los sectores, sin discriminar. Se reúne tanto con sectores populares como urbanos, visitando la Catedral Primada de América o Higüey para venerar a la Virgen de la Altagracia, así como compartiendo en espacios como colmados populares, como La Venganza, y también con empresarios y sectores de la élite económica.

Una de las cosas que más nos ha agradado es que ha traído dinamismo a la Embajada, promoviendo su país. Para los 250 años de la independencia de Estados Unidos, organizó un concurso para quienes mejor canten el himno de su país. Y, un gesto que agradecemos, incluyó la interpretación del Himno Nacional de la República Dominicana.

Mi petición, después de estas merecidas consideraciones, es que intervenga en todo lo que esté a su alcance para que Haití logre la paz. Como dice el comunicador Ricardo Nieves, si Estados Unidos quiere, en menos de media hora puede poner fin al conflicto de las pandillas en Haití.

Hago esta petición a la señora embajadora, quien ha dado muestra de amor por nuestro país. Ella sabe, como buena diplomática, que los problemas haitianos repercuten en la República Dominicana, y los de la República Dominicana en Haití.

¡Así que intervenga en lo que pueda!, pues usted, como ferviente cristiana, sabe que un pueblo bueno y trabajador como el haitiano merece vivir en paz. Haití y la República Dominicana son dos grandes aliados entre sí, y ambos son viejos amigos, socios comerciales y políticos de Estados Unidos.
Por Rubén Moreta
Diario Azua / 05 julio 2026.-

En los años setenta llegó a la Escuela Primaria de Varones Francisco del Rosario Sánchez un hombre mulato, de casi seis pies de estatura, de pelo crespo, con un caminar de firmeza marcial, mirada de fiera y habla mandona.

Nombrado como oficinista, en su primer día de trabajo llevaba puesto un pantalón azul oscuro, camisa blanca y una corbata estampada. Rápidamente comenzó a sobrepasar su canon laboral, convirtiéndose en el asistente perfecto de Don Onésimo Medina, Director de la Escuela, quien ya presentaba síntomas de cansancio por la edad.

A los pocos días, imitando al director, este hombre comenzó a quitarse la correa y a repartir correazos a todos los muchachos que se quedaban jugando después de sonado el timbre o la campana de entrada, tras concluir el “recreo” matutino o vespertino. Igualmente castigaba a zurriagazos a los que se quedaban jugando “al pelotazo” en la inservible piscina de dicha escuela y que muchos años después el mismo personaje hizo que la eliminaran.

Una mañana, muy enojados, algunos de los muchachos más altos, quienes se habían quedado jugando el pelotazo, le preguntaron ¿quién era él para estar dándole correazos? secamente le respondió: yo soy LA LEY.

De ahí en adelante nadie se interesó en su nombre, ni nadie quiso o tuvo que preguntárselo. Simplemente le llamaban LA LEY.

Rápidamente eclipsó al Director Onésimo, y pasó a ser el control de la disciplina en la vetusta Escuela Francisco del Rosario Sánchez, espacio donde se han formado gran parte de los más notables jóvenes sanjuaneros/as, que hoy son orgullosos/as profesionales.

En fin, les aseguro que nadie en todo el planeta dio más “pelas y correazos” que este director para imponer orden y disciplina en un centro educativo. Afirmo que La Ley pudo estar en el Libro Guinness de los Récords Mundiales en este renglón.

Algo fundamental, que dista mucho de la sociedad de cristal actual, es que La Ley siempre tuvo el apoyo firme de nuestros padres y madres, porque no se trataba de violencia antojadiza y desbordada, sino de una acción puntual para corregir falta de disciplina en la escuela.

Luego de jubilarse el Profesor Onésimo, a La Ley lo designaron Director de la escuela y ahí fue que este hombre “apretó el chucho” con sus correcciones a los alumnos remisos.

Tras su ascenso a Director, La Ley cambió su forma de vestir y cada día, además de corbata, asistía con chaqueta impecable. Pero siguió siendo el mismo ser implacable con la indisciplina.

Se jactaba de su dureza y seriamente les confieso que en mi niñez a este personaje nunca le vimos sonreír. Mi generación lo odiaba en silencio, pero ya, después que nos hicimos hombres, todos nos dimos cuenta de cuán importante fue que en nuestra escolaridad primaria tuviera guiándonos un personaje con su severidad y rectitud, y comenzamos entonces a valorar y querer a La Ley.

La Ley fue un seguidor fervoroso del prócer Francisco del Rosario Sánchez, y se erigió en el auspiciador de descollantes celebraciones patrióticas en honor a este libertador dominicano que abonó con su sangre estas tierras.

Señores/as: estoy describiendo al Profesor, deportista y Abogado Julio César del Cristo Santiago, hijo de Juan Bautista del Cristo y Mercedes Vílchez Santiago, padre de dos hijas, querido por sus siete hermanos, hombre probo, recto y honrado, gran servidor comunitario, persona de moral intachable, a quien admiré y respeté.

Hoy 29 de junio de 2026 murió el Profesor Julio César del Cristo. Todo San Juan está llorando. Compungidos decimos adiós a un gran educador y mejor ciudadano.

Descanse en paz Julio César del Cristo, gran educador y conspicuo munícipe. Siempre te recordaremos.

El autor es Profesor UASD.
Por  Dr. Amín Cruz
Diario Azua / 05 julio 2026.-

"El periodismo es el mejor oficio del mundo”, Gabriel García Márquez.

Vivimos una de las transformaciones más profundas en la historia de la comunicación humana. Nunca antes la humanidad había tenido acceso a semejante cantidad de información ni a una diversidad tan amplia de voces, plataformas y canales de difusión. Sin embargo, paradójicamente, nunca había sido tan difícil distinguir entre la verdad y la manipulación, entre el hecho comprobado y la falsedad deliberada.

El periodismo no ha desaparecido, pero sí ha perdido el monopolio histórico de ser la principal puerta de entrada a la información. Durante décadas, periódicos, emisoras de radio y canales de televisión desempeñaron la función de intermediarios fundamentales entre los acontecimientos y la ciudadanía. Hoy, esa realidad ha sido sustituida por un ecosistema complejo, dinámico y altamente fragmentado, donde las redes sociales, las plataformas digitales, los creadores independientes de contenido y las inteligencias artificiales compiten por captar la atención de millones de personas.

La denominada plataformización de la información ha modificado radicalmente las reglas del juego. Los ciudadanos ya no consumen noticias exclusivamente a través de medios tradicionales; ahora acceden a ellas mediante algoritmos que seleccionan, priorizan y distribuyen contenidos de acuerdo con criterios comerciales, intereses tecnológicos y patrones de comportamiento digital.

“Esta nueva realidad presenta enormes oportunidades para la democratización de la información, pero también riesgos considerables para la calidad del debate público y la salud de nuestras democracias y de la propia información”. Así lo dijo el científico de la comunicación Dr. Ignacio Ramonet, en una conferencia magistral en el Congreso Hispanoamericano de la Prensa.

Uno de los principales desafíos de nuestro tiempo es la creciente fragmentación de la experiencia informativa. La sociedad contemporánea construye su percepción de la realidad a partir de múltiples piezas dispersas, procedentes de fuentes diversas y, en muchas ocasiones, contradictorias entre sí. Vivimos frente a un inmenso espejo roto, donde cada fragmento refleja una parte de la realidad, pero rara vez su totalidad.

En este escenario, el periodismo enfrenta desafíos sin precedentes, la violencia contra periodistas continúa siendo una dolorosa realidad en numerosos países de América Latina y del mundo. Las amenazas, agresiones, asesinatos, persecuciones judiciales y diversas formas de censura constituyen atentados directos contra la libertad de expresión y contra el derecho de los pueblos a estar debidamente informados.

A esta situación se suma una creciente desconfianza ciudadana hacia los medios de comunicación. Amplios sectores sociales perciben que parte de la prensa responde a intereses políticos, económicos o ideológicos, debilitando así la credibilidad de instituciones fundamentales para la vida democrática.

Asimismo, la dependencia cada vez mayor de las plataformas digitales ha colocado a los medios de comunicación en una posición de vulnerabilidad. La visibilidad de una noticia ya no depende únicamente de su importancia social o de su calidad periodística, sino de algoritmos opacos diseñados por grandes corporaciones tecnológicas que privilegian la viralidad, la emoción inmediata y la interacción constante.

No menos preocupante resulta la crisis económica que afecta al sector. La reducción de los ingresos publicitarios, el cierre de medios tradicionales y la precarización laboral de miles de periodistas amenazan seriamente la sostenibilidad del periodismo independiente y de investigación.

Frente a este panorama, el periodismo debe comprender que su relevancia no está asegurada por tradición ni por historia. El espacio que ocupa en la sociedad debe conquistarse diariamente mediante el rigor de la verdad, la ética y el compromiso responsable con su pueblo, puntualizó el Dr. Ramonet.
Hoy más que nunca, el periodismo no compite por ser la única voz. Su verdadera misión consiste en convertirse en la voz capaz de explicar lo complejo, verificar lo dudoso, contextualizar lo urgente y ofrecer a la ciudadanía herramientas para comprender el mundo en toda su complejidad.

La velocidad ya no constituye el principal valor agregado de la profesión. En una época saturada de datos, el verdadero diferencial del periodismo reside en la profundidad, la contextualización, la investigación y la capacidad de construir sentido en medio del ruido informativo.

Ya lo dijo el padre de la ética en América Dr. Javier Darío Restrepo, “la metáfora del espejo roto no debe interpretarse como una derrota. Por el contrario, representa una oportunidad histórica para reafirmar la esencia del periodismo: reconstruir la verdad mediante la investigación rigurosa, la pluralidad de fuentes y la responsabilidad ética”.

La plataformización no significa el fin del periodismo. Significa, más bien, el inicio de una nueva etapa que exige innovación, adaptación y, sobre todo, una firme defensa de los principios que históricamente han sustentado esta noble profesión.

Concluyó con una expresión del Dr. Ignacio Ramonet, “el futuro del periodismo no dependerá de la tecnología ni de los algoritmos, sino de su capacidad para preservar su esencia ética, defender la verdad y seguir siendo la conciencia crítica de nuestras sociedades. En tiempos de incertidumbre y desinformación, el periodismo continúa siendo, más que un oficio, un servicio indispensable para la libertad y la democracia”.

“Porque las democracias no pueden sobrevivir sin ciudadanos informados, y los ciudadanos informados no pueden existir sin una prensa libre, independiente, plural y responsable”.

Como bien afirmaba Joseph Pulitzer: "Una prensa libre debe ser no sólo un derecho, sino también un deber de la democracia".

El desafío de nuestro tiempo consiste, precisamente, en defender ese deber.

Dr. Amín Cruz, CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador.

miércoles, 1 de julio de 2026


Por Narciso Isa Conde
Diario Azua / 01 julio 2026.-

El presidente de Brasil, Luis Ignacio –Lula- da Silva, “se desmarcó de la izquierda” en la reciente reunión del G7 al declarar que “nunca ha sido de izquierda” … y afirmar que “el mundo no es de izquierda, sino el camino del medio”.

Esas palabras fueron pronunciadas por él en un intercambio con la directora del FMI y el premier alemán, captadas y publicadas por la agencia Reuter.

Lo primero no es verdad y lo segundo un disparate. En su origen, Lula y el PT asumieron posiciones de izquierda y lo cierto hoy es que el mundo unipolar bajo el mando de EEUU se ha desplomado no para convertirse en el “camino del medio”, sino para dar paso a un orden multipolar muy diverso, con variadas opciones de derecha, izquierdas y componentes del llamado progresismo y del centro político; incluidas una alta dosis de neofascismo, derivada de la agresiva decadencia de EEUU y el Occidente capitalista.

Lula es uno de los líderes del progresismo más “guabinoso” y ambiguo, y figura relevante de los BRICS, importante bloque estatal del nuevo orden mundial, en el que Lula ejerce funciones de “puente” con el bloque occidental en declive.

Un poco de historia y del presente:

El liderazgo de Lula surgió de las entrañas combativas de la clase obrera brasileña, del sindicalismo clasista y las heroicas luchas contra la feroz dictadura militar que ensangrentó a Brasil en las décadas de los 60 y 70.

Con el aliento de su fuerza carismática se conformó entonces el Partido de los Trabajadores-PT, que después de ser expresión del movimiento obrero y fuerza articulada a un gran abanico de movimientos sociales en lucha (movimientos sin tierra, sin techo, comunitarios, feministas, negritud, cristianos de la liberación…), se transformó en una fuerza sumamente moderada, subordinando importantes factores de su acumulado original de izquierda.

De espacio de confluencia de una gran diversidad de corrientes políticas socialistas, revolucionarias, transformadoras, reformadoras y reformistas, el PT -condicionado por la integración al sistema institucional dominante de una gran parte de sus funcionarios electos y no electos, de sus profesionales políticos e intelectuales- conformó en su interior un enorme aparato burocrático y tecnocrático distanciado de las luchas sociales y de su ideario original.

La dirección del PT fue resignando progresivamente todo propósito destinado a reemplazar, e incluso a reformar profundamente, el poder constituido. Ella, y el propio Lula, optaron por administrar el Estado y las estructuras económicas y sociales capitalistas tal y como estaban conformada, con una dosis de la independencia propia del emergente imperialismo brasileño y junto al sector de los BRICS con más conexiones con el Norte Global en declive.

· EL PACTO CON LA GRAN BURGUESÍA Y CIERTAS DERECHAS.

Lula pactó de entrada con la gran burguesía paulista.

Pactó con una parte de los partidos del orden para garantizar la gobernabilidad sistémica sin mayores expectativas.

Aceptó de hecho, sin aplicar medidas que pudieran revertirlas, las contrarreformas estructurales de los programas neoliberales anteriores a su gestión; limitándose a contener y contrarrestar una parte de sus efectos más perversos con su programa HAMBRE CERO, reducido luego a un mega-programa asistencialista con espectaculares resultados en lo inmediato, pero con frágiles perspectivas de consolidación y permanencia.

Asumió como política propia la expansión del imperialismo emergente brasileño dentro de una dinámica de competencia y entendimientos parciales con EEUU, y dentro de ese juego ambivalente incurrió en el error histórico de acompañar al PENTÁGONO en la intervención militar a Haití.

En ese contexto, Lula y la alta dirección del su partido se inclinaron por un ejercicio político cada vez más impregnado de métodos propios de las derechas (clientelismo, reparto de cuotas de poder, alianzas al margen de una ética revolucionaria…) y por una mayor dependencia del financiamiento empresarial (estatal y privado)

· LULA, PETROBRAS, ODEBRECHT Y OTRAS.

La poderosa empresa petrolera estatal PETROBRAS –favorecida entonces por los altos precios del petróleo- se convirtió en un pilar de esa política y junto al Banco de Desarrollo Económico y Social-BANDES (fundado por Lula) y las grandes corporaciones transnacionales constructoras (entre ellas ODEBRECHT, ANDRADE GUTIERREZ y VOA SAO PAULO), constituyeron de hecho una gigantesca maquinaria de fondos clientelares, sobornos, sobrevaluaciones, financiamientos políticos, privilegios y tráfico de influencia que trascendió las fronteras de Brasil.

A ese juego endiablado y peligroso fueron incorporadas además las empresas publicitarias y de marketing político de JOAO SANTANA y su esposa MÓNICA MAURO, con la misión de jugar un papel relevante en la promoción de candidaturas, creación de imagen, financiamientos y asesorías de campaña a nivel nacional e internacional.

Ese fenómeno, a la larga, impactó negativamente el FORO DE SAO PAULO, en cuyo primer encuentro de fundación yo participé y posteriormente fui uno de los testigos-opositores de su progresiva derechización.

martes, 30 de junio de 2026

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 30 junio 2026.-

"Lo que hace a la sociedad de masas tan difícil de soportar no es el número de personas implicadas, o al menos no principalmente, sino el hecho de que el mundo entre ellas ha perdido su poder de reunirlas, de relacionarlas y separarlas." Hannah Arendt, La condición humana (Paidós, 1993, p. 509).

La postmodernidad, esta era de la inmediatez y la fragmentación, es testigo de una transformación radical en la naturaleza de los vínculos humanos. Lo que antes eran lazos forjados en la permanencia y el compromiso mutuo, hoy parecen mutar en conexiones efímeras, fácilmente desechables. Esta desintegración no es accidental, sino que se trata del resultado de una sistemática atomización social que busca despojar al individuo de su anclaje comunitario, familiar e incluso de su propia identidad. Es por ello que nos parece justo preguntarnos: ¿A quién le sirve que los vínculos sean cada vez más perecederos y frágiles?

Como hemos citado innumerables veces, la modernidad líquida, concepto acuñado por Zygmunt Bauman, describe con claridad esta realidad patética que hoy vivimos. En su obra “Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”, argumenta que las relaciones contemporáneas se caracterizan por su transitoriedad y la búsqueda constante de la novedad. Aludiendo a la fugacidad de los lazos, Bauman afirma que “el amor es el prisionero del deseo, y el deseo es el prisionero de la instantaneidad” (Op. Cit. p. 10). La promesa de una conexión profunda y duradera se ve reemplazada por la facilidad de la desconexión, donde los otros son percibidos como recursos desechables en una economía del placer y la conveniencia individual. Este fenómeno, lejos de ser una evolución natural, responde a una lógica de control y dominación que se nutre de la debilidad del individuo que se encuentra cada vez más aislado. Ahora bien, ¿somos conscientes de esta economía afectiva que nos deshumaniza, o la aceptamos como una fatalidad?

En su análisis sobre el poder y las instituciones, Michel Foucault nos ofrece una perspectiva interesante para entender la intencionalidad detrás de esta atomización. Aunque no aborda directamente los “vínculos descartables” (dudo seriamente que le interesara este asunto, sino más bien cómo justificarlo), su concepto de biopoder y las tecnologías de normalización nos permiten vislumbrar cómo se configura un sujeto maleable y desvinculado. El poder, para Foucault, no sólo reprime, sino que también produce sujetos, o, como sostiene en “Vigilar y castigar”, “el poder produce; produce realidad; produce ámbitos de objetos y rituales de verdad” (Op. Cit. p. 209). La dispersión de los individuos y la precarización de sus lazos debilitan esta capacidad de resistencia, volviéndolos más susceptibles a las directrices de los poderes hegemónicos que permanentemente te están vendiendo como “bueno” y “necesario” lo que justamente te mantiene aislado e individualizado al extremo. Dicho esto, es justo entonces preguntarse ¿qué tipo de sociedad se construye sobre la base de individuos aislados y desprovistos de arraigo?

La erosión de la comunidad es también una pieza clave en este rompecabezas. Ferdinand Tönnies realizó una distinción entre Gemeinschaft (comunidad) y Gesellschaft (sociedad), advirtiendo sobre el paso de formas de organización social basadas en lazos afectivos y orgánicos a estructuras impersonales y estrictamente contractuales. Tönnies, en su obra “Comunidad y sociedad”, señala que “En la comunidad, la gente permanece esencialmente unida a pesar de todas las separaciones mientras que en la sociedad, están esencialmente separados a pesar de todas las uniones (Op. Cit. p. p. 39). Pues bien, la postmodernidad aceleró esa transición, desdibujando los espacios de pertenencia y diluyendo el sentido de responsabilidad colectiva. Ahora, el sujeto es empujado a una autonomía forzada, donde la solidaridad se desvanece y la competencia se erige como principio rector. Esta desvinculación es totalmente funcional a un sistema que promueve el individualismo extremo, dificultando la acción colectiva y la articulación de resistencias. ¿Acaso hemos confundido la libertad individual con la soledad impuesta?

Esta sistemática separación no se detiene en la comunidad, sino que penetra en el núcleo familiar y, en última instancia, en la relación del individuo consigo mismo. La familia, antaño refugio y fuente de identidad, se ve hoy presionada por las lógicas de la precariedad y la inestabilidad. Los lazos generacionales se han debilitado considerablemente y la memoria colectiva se ha disipado, dejando al individuo sin un arraigo histórico que le diga de dónde viene o que lo trascienda. Al respecto, Byung-Chul Han, en su obra “La sociedad del cansancio”, señala que la sociedad del rendimiento nos lleva a una autoexplotación incesante, donde el sujeto se vuelve su propio verdugo en pos de una ridícula idea de progreso. Han argumenta que “el sujeto del rendimiento se explota a sí mismo voluntariamente, sin amo alguno. Es su propio señor y su propio esclavo” (Op. Cit. p. 31). En este escenario, la conexión consigo mismo se fragmenta, dando paso a una identidad volátil, moldeada por las exigencias de la moda y la búsqueda constante de validación. La soledad, paradójicamente, se convierte en la condición inherente del sujeto hiperconectado de manera virtual, pero profundamente desvinculado en el plano de lo real. Ahora, se lo pregunto con preocupación, ¿qué precio estamos pagando por esta autodeterminación solitaria y desprovista de sentido?

En el seno de este plan sistemático de desintegración de los vínculos, reside una falacia peligrosa, una narrativa que se ha infiltrado sutilmente en el imaginario colectivo: la idea de que el individuo puede prosperar en completa soledad. Sin embargo, la historia de la humanidad y la propia filosofía nos demuestran que nadie llega a ningún lado solo. ¿No es una quimera pensar que podemos construirnos al margen de la red de relaciones que nos precede y nos sostiene? La existencia misma del sujeto está intrínsecamente ligada a un entramado de conexiones preexistentes: el mundo, la comunidad y la familia no son meros telones de fondo, sino los pilares fundamentales que nos forjan y nos preparan para vivir mientras nos dotan de sentido.

Recordemos la postura puntual del filósofo Martin Buber, quien sostenía que la esencia de la existencia humana se revela en la relación, en el “Yo-Tú” y no en el “Yo-Ello”. “Todo verdadero vivir es encuentro”, afirmaba Buber en “Yo y Tú” (2005, p.23). Esta máxima destaca que la persona no se define en el aislamiento, sino en la interacción dialógica, en el reconocimiento mutuo que sólo la comunidad y la familia pueden ofrecer genuinamente. La comunidad es el espacio de acogida, de transmisión de valores y de gestación de la identidad colectiva que nos precede y nos configura. ¿Cómo puede el sujeto posmoderno, despojado de este arraigo comunitario, construir una identidad sólida y un propósito trascendente sin el eco de sus otros?

Asimismo, la familia, en su acepción más amplia, representa esa primera escuela de vida, el laboratorio donde se aprenden los fundamentos del afecto, el cuidado y la pertenencia. Este primer anclaje es crucial para el desarrollo psicosocial, asunto analizado con claridad por la psiquiatra Carol Gilligan, al abordar la ética del cuidado en la cual destaca la interdependencia como un valor central en el desarrollo moral y personal. Su trabajo sugiere que la comprensión de uno mismo y de los otros está profundamente arraigada en las relaciones, en la capacidad de conectar y responder a las necesidades propias y de quienes nos rodean. Desmontar este entramado primario, o empujarlo a la precariedad, es generar individuos sin el capital emocional ni la red de seguridad que sólo los lazos profundos pueden ofrecer de manera auténtica.

El “mundo” en su totalidad, con sus instituciones, su cultura y sus desafíos históricos, es el escenario que nos recibe y nos moldea, proveyéndonos las herramientas y los límites para nuestra existencia. La condición humana, como reflejó Hannah Arent en su obra homónima, es una condición plural. Para ella, la vida humana se despliega en el “espacio de aparición”, un lugar donde los individuos se revelan los unos a los otros a través del discurso y la acción: “La pluralidad es la condición de la acción humana porque somos todos los mismos, es decir, humanos, sin que nadie sea nunca idéntico a ningún otro que haya vivido, viva o vivirá” (Arendt, H. La condición humana. Paidós, 1993, p. 196). Este enfoque implica que nuestra singularidad sólo puede manifestarse y confirmarse en la presencia de los otros, en el reconocimiento que nos ofrecen.

Ignorar esta interdependencia esencial es una clara forma de ceguera intencional y, a menudo, interesada. La narrativa del éxito individual, del “hecho a sí mismo”, es una construcción ideológica que oculta las innumerables manos, saberes, cuidados y afectos que nos han permitido llegar hasta donde estamos. ¿No es esta glorificación de la autonomía absoluta un mecanismo eficaz para des-responsabilizarnos del bienestar colectivo y fomentar una competencia despiadada, relegando al otro a la irrelevancia en un mundo de vínculos desechables? La verdad, amigos míos, es que somos seres inherentemente relacionales; nuestra propia humanidad se define en el encuentro con los demás, en el reconocimiento de nuestra vulnerabilidad compartida y en la necesidad mutua. Desdibujar estos lazos no es un signo de progreso o éxito, sino un asqueroso retroceso civilizatorio que nos empobrece a todos, dejándonos a merced de una soledad impuesta y una fragilidad programada.

Aunque el panorama actual, y el futuro cercano, parezcan desoladores, la reflexión crítica sobre estos fenómenos nos abre la puerta a la esperanza. Reconocer la intencionalidad detrás de la atomización social es el primer paso para desmantelarla. No estamos condenados a una existencia de vínculos efímeros y a la soledad individual naturalizada. Por el contrario, tenemos la capacidad de re-imaginar y reconstruir los lazos que deberían unirnos.

Visualicemos un mundo donde cada persona no es un eslabón reemplazable, sino un pilar insustituible en la compleja arquitectura de la humanidad. Un futuro donde el compromiso y la reciprocidad vuelvan a ser las piedras angulares de nuestras interacciones cotidianas. Esto implica un esfuerzo consciente por reafirmar nuestra pertenencia a comunidades significativas, por nutrir lazos familiares profundos y por cultivar una relación auténtica con nuestro propio ser. No se trata de un retorno nostálgico a un pasado que supuestamente fue mejor, sino de una reivindicación de la comunidad en la era digital, aprovechando sus herramientas para construir conexiones genuinas, no para dispersarlas.

En definitiva, la verdadera resistencia al individualismo imperante radica en la acción colectiva y la solidaridad inquebrantable. Es en el reconocimiento de nuestra interdependencia donde reside nuestra verdadera fuerza. Cada gesto de apoyo, cada espacio de encuentro, cada acto de empatía, por pequeño que parezca, contribuye a tejer una red de relaciones más densa y resiliente. Un futuro mejor no es un destino ineludible, queridos lectores, sino una construcción activa, un compromiso compartido. ¿Estamos dispuestos a asumir este compromiso y construir un futuro donde nadie sea un vínculo descartable, sino una parte fundamental de un todo que vale la pena defender juntos?

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

domingo, 28 de junio de 2026

 

Por Rafael Méndez
Diario Azua / 28 junio 2026.-

“Leonel les dijo que así, en lugar de ganar el 2028, solo contribuyen a echar a perder la esperanza del triunfo electoral” …Omar: “que las renuncias de dirigentes deben ser motivo de preocupación… porque también hay gente que se va de un partido por dignidad”.

“Cuando todos piensan igual, entonces alguien no está pensando.”
George S. Patton

La Fuerza del Pueblo ha logrado colocarse como la principal opción opositora del país en un tiempo relativamente corto, con una fuerte conjunción de liderazgo nacional, implantación territorial, crecimiento organizativo y una expectativa de poder que forma parte del debate político hacia el 2028, pero precisamente por esa condición favorable está obligada a mirarse con mayor rigor, porque el poder no se conquista únicamente con encuestas favorables, juramentaciones o proclamas de victoria, sino con una organización capaz de leer el momento, corregir sus desviaciones y convertir cada advertencia en una oportunidad para fortalecerse.

En términos conceptuales, vocación de poder y triunfalismo suelen confundirse en la lucha política, pero representan fenómenos profundamente distintos. La primera expresa la voluntad organizada de conquistar y ejercer el poder mediante la acumulación de fuerzas, la construcción de liderazgos, la disciplina interna, la capacidad de autocrítica y la lectura correcta de la realidad, mientras el segundo aparece cuando una organización comienza a asumir como inevitable una victoria futura, sustituyendo el análisis por la complacencia y la percepción objetiva por la convicción de que el triunfo está asegurado.

Ambos fenómenos pueden producir efectos positivos en una organización política, porque la vocación de poder moviliza energías, fortalece la planificación estratégica y proyecta confianza hacia la sociedad, al tiempo que una dosis de entusiasmo triunfal puede mantener en alto la moral de la militancia y transmitir imagen de fortaleza ante un electorado que suele observar quién crece y quién parece tener condiciones reales de victoria, pero mientras la primera empuja a trabajar más y mejor, el segundo puede conducir al efecto contrario, debido a que reduce la capacidad de escuchar, debilita la autocrítica y termina confundiendo expectativas con realidades.

Por eso resultan particularmente significativas las recientes advertencias formuladas por Leonel Fernández y Omar Fernández en torno a las renuncias registradas en la Fuerza del Pueblo y a ciertas expresiones de triunfalismo prematuro dentro de la organización, pues aunque emplearon tonos diferentes, ambos colocaron el dedo en una misma llaga: una fuerza política que aspira a dirigir los destinos de la nación debe cuidarse tanto de los adversarios externos como de aquellas prácticas internas que pueden erosionar su propia fortaleza.

Pasar del triunfalismo a la vocación de poder implica sustituir la celebración anticipada por la organización consciente, la arrogancia por la humildad política y la autocomplacencia por el trabajo de campo, de modo que si Leonel y Omar han puesto el dedo en la llaga, ahora corresponde a la Fuerza del Pueblo decidir si asume la señal como una oportunidad de rectificación o si permite que el espejismo de la victoria nuble el camino real hacia el 2028.

Entre la moral de victoria y la ceguera interna

El entusiasmo por la posibilidad de triunfo puede convertirse en un activo político cuando dinamiza estructuras, levanta la moral de la militancia y ayuda a proyectar una imagen de crecimiento ante sectores indecisos, sin embargo, cuando esa energía se transforma en triunfalismo, la organización empieza a confundir simpatía con mayoría, crecimiento con consolidación, posicionamiento con victoria y expectativa de poder con poder ya conquistado.

Ahí comienza el riesgo mayor, porque la organización puede dejar de escuchar señales de inconformidad, minimizar advertencias razonables y convertir cualquier crítica en ruido molesto, al tiempo que algunos sectores de dirección media o territorial pueden comportarse como si el triunfo estuviera garantizado, cerrando espacios, bloqueando incorporaciones y tratando como intrusos a quienes desean trabajar políticamente en condiciones de respeto.

En esa dirección adquiere particular relevancia el “boche” de Leonel Fernández en la Dirección Política de la Fuerza del Pueblo, cuando habría advertido sobre actitudes de triunfalismo adelantado en muchos de los integrantes del máximo organismo de dirección, sin percibir que todavía faltan casi dos años para las elecciones, por lo que más que un simple “boche” interno, ese señalamiento toca un punto sensible de la construcción partidaria, porque una organización que aspira a ganar no puede permitir que algunos de sus propios dirigentes se conviertan en obstáculos para quienes quieren entrar, aportar o permanecer en ella.

Las renuncias como señal de alerta

En esa misma línea se inscriben las declaraciones de Omar Fernández, quien ha planteado que las renuncias recientes en la Fuerza del Pueblo deben mover a una profunda reflexión interna, apartándose de la respuesta fácil de atribuir toda salida a compra, traición o debilidad personal, para colocar el dedo en otra llaga: también hay dirigentes que se van porque no se sienten considerados, porque se cansan de luchar por un espacio o porque entienden que su dignidad ha sido afectada.

Ese planteamiento tiene un valor estratégico, porque en política no todas las renuncias tienen el mismo peso ni responden a las mismas causas, pero ninguna organización con verdadera vocación de poder debería despacharlas con ligereza, porque una cosa es no dramatizar cada salida individual y otra muy distinta es negarse a examinar si detrás de esas decisiones existe una acumulación de inconformidades, desconsideraciones, pugnas internas o métodos de dirección que terminan debilitando la cohesión partidaria.

Entre el llamado de Leonel contra el triunfalismo y la exhortación de Omar a la introspección frente a las renuncias, no hay una contradicción de fondo, sino una coincidencia estratégica, porque ambos mensajes apuntan hacia una misma necesidad: convertir la expectativa de triunfo en trabajo político serio, sumar voluntades, corregir errores, escuchar señales y evitar que quienes tienen la responsabilidad de abrir caminos terminen levantando murallas.

Conclusión (1): Un partido que aspira a dirigir los destinos de la nación tiene que sumar, no espantar, integrar, no excluir, abrir espacios, no cerrar caminos, porque cuando el trato partidario se vuelve humillante, cuando el compañero o compañera siente que lucha y no es tomado en cuenta, y cuando la estructura local o nacional bloquea más de lo que articula, el problema deja de ser simplemente disciplinario para convertirse en una expresión de cultura política.

Conclusión (2): Sugiere que el éxito de la Fuerza del Pueblo hacia el 2028 dependerá de su capacidad para sustituir cualquier asomo de arrogancia por trabajo de campo, humildad política, conexión territorial y vínculo emocional con un electorado cada vez más exigente. Solo una organización que logre sacudirse la embriaguez del optimismo desmedido, corregir a tiempo sus desviaciones internas y concentrar sus energías en acompañar las demandas reales de la población podrá convertir su actual expectativa de poder en una victoria políticamente sostenible.

sábado, 27 de junio de 2026

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 27 junio 2026.-

En un país con tanta incidencia de “pelótica y política”, el trabajo en equipo debería contar con más oportunidades para entrenar. Y aunque mucha gente no caiga en la cuenta, República Dominicana acaba de mostrar que cuenta con enorme potencial para eso.

En tiempos donde casi todo empuja a competir, gritar o encerrarse en uno mismo, ver a más de 2,000 estudiantes reunidos para cantar, bailar, actuar, pintar y crear no es simple “cosa de muchachos”. La Muestra Nacional de Artes 2026 del Minerd, realizada en el Teatro Nacional Eduardo Brito, debe leerse como algo más que una actividad escolar: es una señal de esperanza para el país.

Según el Minerd, bajo el lema “Travesía del arte: origen y viaje de nuestra identidad”, esta versión reunió a estudiantes de las 18 regionales educativas durante cuatro días. Allí hubo música, danza, teatro, artes visuales y expresiones multimedia. Pero, sobre todo, hubo encuentro y muestra de trabajo en equipo. Jóvenes de distintos territorios compartieron escenario, disciplina, emoción y orgullo. Y eso le da sentido de trascendencia a la educación.

Muchas veces se piensa –y eso demuestra una mirada limitada- que el arte es un adorno. Se piensa que es algo bonito, pero secundario. Ante ello, lo presentado en el Teatro Nacional es una muestra de participación artística que ayuda a crear confianza, sentido de pertenencia y apoyo entre las personas.

La explicación es sencilla: cuando un joven ensaya con otros, canta en un coro, participa en una obra o prepara una exposición, aprende algo más que una técnica. Así es como se aprende a escuchar, esperar, colaborar y respetar.

Virtud del trabajo en equipo

Eso se llama cohesión social. En palabras sencillas, eso sirve como muestra de la fuerza que mantiene unida a una comunidad. Una sociedad con cohesión cuenta con una característica clave: en ella, las diferencias no rompen los vínculos. Es que el arte ayuda a construir ese puente porque permite expresar emociones, contar historias y reconocer al otro sin necesidad de imponerle una opinión.

La UNESCO ha insistido en que la educación artística debe ocupar un lugar más importante en las políticas educativas. Su marco global sobre cultura y educación artística plantea que estas áreas ayudan a desarrollar inteligencia emocional, creatividad, pensamiento crítico, bienestar y respeto por la diversidad. También pide valorar las culturas locales y fortalecer la relación entre escuelas e instituciones culturales.

Ese planteamiento tiene mucho sentido para República Dominicana. Somos un país rico en música, baile, oralidad, color, memoria y tradición. Pero también somos una sociedad expuesta a fuertes tensiones: desigualdad, violencia verbal, fanatismo político, presión de las redes sociales, consumo rápido de información y una creciente tendencia a mirar al otro como enemigo. Frente a eso, el arte puede enseñar una forma distinta de convivir.

Un potencial clave

La Modalidad en Artes del Minerd puede ser una herramienta poderosa para formar mejores ciudadanos. No solo artistas profesionales, aunque algunos lo serán. También puede formar jóvenes más seguros, sensibles y capaces de trabajar con otros. En un escenario, nadie brilla solo. Detrás de cada presentación hay docentes, familias, compañeros, disciplina y comunidad. Esa experiencia deja huellas que ninguna prueba escrita puede medir por completo.

Por eso, este esfuerzo debe cuidarse, sostenerse y ampliarse. No debe depender solo del entusiasmo de un año ni de una gestión. Necesita presupuesto, buenos maestros, espacios dignos, alianzas con centros culturales, seguimiento a los estudiantes y presencia en todos los territorios.

Como recuerda la UNESCO, no basta con declarar la importancia del arte: hay que convertirla en política pública real. Y todavía más: hay que articular esas políticas con loables esfuerzos del sector privado en ese ámbito. Ahí también hay oportunidad para operar en equipo.

En una época que premia el individualismo, la educación artística enseña algo urgente: somos mejores cuando creamos juntos. La Muestra Nacional de Artes 2026 nos recuerda que la escuela no solo debe preparar para trabajar, sino también para vivir, sentir, pensar y convivir. Apostar por el arte en la educación dominicana es aportar para una sociedad menos rota, más humana y más capaz de reconocerse y mejorar desde su propia identidad.