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martes, 24 de febrero de 2026




Diario Azua / 24 de febrero 2026

Por Abril Peña 

Ver a Perú cambiar de presidente una y otra vez ya no sorprende; indigna. A febrero de 2026, el país ha sellado un récord sombrío: ocho mandatarios en apenas una década. La asunción de José María Balcázar el pasado 18 de febrero es solo el último capítulo de una presidencia que se ha convertido en un cargo de corta duración. 

¿Por qué ocurre esto?

La respuesta no está en un solo gobernante. La inestabilidad política peruana es el resultado de un diseño institucional que permite elegir autoridades, pero dificulta que ejerzan el poder.

La “incapacidad moral”: El gatillo fácil del Congreso

El punto central de la crisis está en la Constitución. El Congreso puede destituir al presidente por “incapacidad moral permanente”. El problema es que el término es subjetivo: no exige una condena judicial ni un delito comprobado. Basta con que el Parlamento reúna 87 de los 130 votos.

En la práctica, este mecanismo se ha convertido en un instrumento de revancha. El caso de Balcázar es emblemático: llega al poder tras la censura de José Jerí, pero ya enfrenta pedidos de vacancia por sus escandalosas declaraciones defendiendo las relaciones sexuales en menores de 14 años. 

En Perú, un presidente sin mayoría parlamentaria gobierna con una soga al cuello.

Fragmentación y "vientres de alquiler"

Otro factor clave es la ausencia de partidos sólidos. En Perú, los movimientos funcionan como franquicias electorales que desaparecen tras los comicios. Sin estructuras fuertes, los mandatarios llegan al poder con bancadas minúsculas, obligándolos a negociar cada ley con legisladores que suelen responder a intereses particulares o sectores informales. Cuando las negociaciones fracasan, la salida más frecuente no es el consenso, sino la destitución.

Corrupción y el "piloto automático" económico

La crisis se profundizó con el caso Lava Jato, dejando una ciudadanía que desconfía de todo aquel que porte la banda presidencial. Paradójicamente, Perú no ha sufrido un derrumbe económico proporcional a su caos político. La independencia del Banco Central de Reserva permite que el sistema político cambie presidentes con frecuencia sin provocar una crisis monetaria inmediata. Esto, trágicamente, reduce los incentivos de la clase política para reformar el modelo.

Una democracia para votar, pero no para gobernar

El caso peruano demuestra que la democracia requiere gobernabilidad, no solo urnas. Con las elecciones generales del 12 de abril de 2026 a la vuelta de la esquina, el país se encamina a otro proceso fragmentado.

La crisis no depende del nombre de turno. El problema es estructural: un sistema que facilita elegir autoridades, pero imposibilita que permanezcan. Perú enfrenta hoy el mayor de sus retos: dejar de ser una democracia que solo sirve para votar y empezar a ser una que sirva para gobernar.

jueves, 19 de febrero de 2026

 

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 19 febrero 2026.-

Vivimos en la era de las microcelebridades. En este tiempo, la atención se fragmenta, la reputación se mide en seguidores y la visibilidad suele confundirse con valor. Eso ocurre porque la lógica digital premia lo inmediato, lo escandaloso, lo viral.

Por fortuna, mientras eso pasa y el ruido ocupa titulares -por fortuna- efímeros, existen trayectorias silenciosas que sostienen la arquitectura moral de la sociedad.

Una muestra de ello acaba de ocurrir en el “Premio a la trayectoria” otorgado por el Consejo Superior del Ministerio Público de la República Dominicana. Cuando mucha gente tiene como norte convertirse en microcelebridad, resulta profundamente significativo que una institución cuya misión es “garantizar el Estado de Derecho y el acceso a la justicia mediante la persecución penal efectiva y oportuna”, con el foco puesto en “la armonía social y la seguridad ciudadana”, decida reconocer el mérito auténtico.

Es extraordinariamente positivo que se haya dejado de lado lo espectacular, que la esencia sea el mérito construido a pulso, bajo condiciones precarias, en jornadas extendidas y en momentos de alta tensión.

Con este premio, el Ministerio Público exalta a fiscales cuya trayectoria deja muy “fea para la foto y mal puesta para el video” a la superficialidad que tanto abunda. No se trata de figuras mediáticas. Se trata de servidores públicos que han hecho del rigor, la objetividad y la honestidad su marca personal.

Cada persona reconocida merece muchas cuartillas para dar a conocer su obra. Pero -como ahora no se suele leer mucho- con citar una muestra tenemos bastante y hasta para donar. La magistrada Gisela Cueto, con 52 años en la función pública, es dueña de una historia que combina la idea de servicio con vocación y disciplina.

Esa dama inició como secretaria, luego abrazó el magisterio y ascendió hasta ocupar posiciones estratégicas en extradición y delitos electorales. Ella habló en representación del grupo homenajeado. Su discurso fue una radiografía del oficio: estrés permanente, sacrificios familiares, riesgos personales. Pero también integridad inquebrantable. “Nadie pudo retorcer mi brazo”, afirmó. En una época donde tantas voluntades se negocian, esa frase resume su peso moral.

Su estela no es un caso aislado. Cada una de las diez trayectorias reconocidas evidencian que el mérito verdadero no surge del atajo, sino de la constancia. Son biografías que encarnan lo que Karl Popper llamaría el deber del optimismo: creer que el futuro está abierto y que nuestras acciones pueden mejorarlo.

El homenaje celebrado en el Teatro Nacional no fue un acto protocolar más. Allí se lanzó el Himno del Ministerio Público y se rindió tributo a fiscales fallecidos. Memoria e identidad institucional se entrelazaron. En tiempos líquidos —como advertía Bauman— recordar es un acto de resistencia. Honrar a quienes sirvieron es reafirmar que la institucionalidad tiene rostro y tiene historia.

La labor de Rita Durán Imbert en la lucha contra la violencia de género, Somnia Vargas en defensa del medio ambiente, o Jesús María Fernández Vélez en la protección de niños, niñas y adolescentes, demuestra que su función no es abstracta. Tiene impacto social concreto. Construye cohesión. Defiende dignidad. En términos de Amartya Sen, amplía capacidades reales para vivir sin miedo.

En la era de las microcelebridades, estos reconocimientos cumplen una función pedagógica, una enseñanza para toda la sociedad. Nos recuerdan que el verdadero prestigio no nace de la exposición, sino de la coherencia. Que la reputación sólida se construye en silencio. Que el servicio público, cuando se ejerce con pasión, independencia y profesionalismo, es una forma elevada de ciudadanía.

Celebrar el mérito en el Ministerio Público no es un gesto simbólico menor. Es afirmar que todavía creemos en el Estado de Derecho como proyecto colectivo. Es apostar —como sugería Popper— por un optimismo activo, no ingenuo. Y sobre todo es reconocer que el futuro depende de personas capaces de resistir presiones y actuar con rectitud.

En tiempos donde lo efímero compite con lo esencial, exaltar trayectorias como las de estos fiscales es un acto de civilización. Porque mientras el ruido pasa, la integridad permanece.

 



Testigo del tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 19 febrero 2026.-

Cuando presionábamos a Leonel Fernández para que controlara la migración haitiana, él “conceptualizó”, e inmediatamente se le ocurrió una idea brillante: construyó una universidad en Cabo Haitiano.

Ahora la Procuradora General de la República, Yeni Berenice Reynoso, resolviendo el problema judicial, instituyó el Premio a la Trayectoria y el Himno del Ministerio Público.

Estas iniciativas tendrán el mismo impacto sobre la justicia dominicana, que tuvo la universidad de Leonel sobre la migración haitiana.

Después de semejantes hazañas, imagino que la magistrada se retirará a escribir sus memorias para inspirar a futuras generaciones.

Reynoso me recuerda a Kim Kardashian, ambas son famosas por ser famosas, no porque hayan ganado fama haciendo nada. Y siempre confunden la ropa cara con el buen gusto.

Reynosono nunca ha logrado media condena memorable. Sabe desacreditar a políticos opositores al presidente Luis Abinader, tras cuatro años haciendo eso, Abinader la ascendió a Procuradora General de la República.

La magistrada instituyó el premio para sus colaboradores, gente que, como ella, no hace absolutamente nada para que tengamos justicia, pero merece premios.

Premiaron a quienes lograron condenar gente que roba gallinas, cerdos, chivos, becerros, y manos de plátanos. También a quienes excluyeron encumbrados empresarios de los expedientes de corrupción donde crucifican a políticos irrelevantes.

Reynoso presentó su premio y su himno, en una glamorosa ceremonia. Su hermoso vestido le quedó “un poco” ajustado, quizá se equivocó el diseñador. ¿Estará aumentando la familia de la magistrada?, Lo único que puedo asegurar es que ella no es una “barrigona descuidada”.

Echaré de menos sus zapatitos de suelas rojas, como los del Papa, en memoria de la Sangre de los Mártires.

En el futuro, un fiscal ignoto de cualquier pueblucho irrelevante vendrá a la premiación de la “Trayectoria” creada por la magistrada Reynoso.

Cada mañana, en todas las fiscalías cantarán el Himno del Ministerio Público para empezar el día. ¿Recuerdan cuando cantábamos “mi escuelita?, algo así.

Y, quien se refiera al himno como “la pendejada esa”, tendrá que cantarlo diariamente durante “90 días francos”.
Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 19 febrero 2026.-

“La virtud moral es resultado del hábito”, Aristóteles, Ética a Nicómaco

La discusión sobre la educación del ser humano, entendida no sólo como la adquisición de conocimientos, sino como la formación integral de la persona, debe comenzar necesariamente por el análisis de su núcleo fundacional: la familia. Desde una perspectiva filosófica, reducir la familia a un mero agente socializar o un contexto de apoyo es empobrecer drásticamente su realidad. El término familia, proveniente del latín famulus (sirviente o esclavo), originalmente designaba no sólo el linaje sanguíneo, sino el conjunto de personas y bienes que se encontraban bajo la autoridad del pater familias. Este origen, si bien jerárquico, revela su carácter esencial como unidad económica y de convivencia primordial, la estructura ontológica donde se gesta la condición de persona y se inicia la coexistencia.

Por su parte, la escuela proviene del griego skholé, que no significaba trabajo ni instrucción, sino “ocio” o “tiempo libre”, haciendo referencia al tiempo que los ciudadanos dedicaban a la reflexión, al debate y al aprendizaje intelectual, libres de las urgencias productivas. Esta distinción etimológica subraya que mientras la familia se orienta a la existencia y a la subsistencia ética y material, la escuela se reserva el tiempo para la trascendencia y la reflexión sistemática, confirmando que sus propósitos, si bien complementarios, son distintos en su raíz.

Filósofos como Leonardo Polo elevan la institución familiar a una categoría esencial, desvinculándola de un mero hecho sociológico. Polo afirma que “la familia es la primera forma y el primer motor de la coexistencia humana: de la coexistencia con el mundo, de la coexistencia con los otros y de la coexistencia con Dios”. Esta coexistencia, principio mismo de la moralidad y la ética, se aprende en un marco de gratuidad que la escuela, por su naturaleza institucional, jamás podría replicar. En efecto, la familia es el ámbito que acoge lo “radicalmente nuevo: la persona humana” (Polo, citado por Falgueras Salinas, s.f.).

Es allí, en el amor que se prodiga en el hogar, donde los hijos reconocen su relación filial. El término amor, con raíces en el indoeuropeo amma (madre), apunta directamente al vínculo primario, a la incondicionalidad. Este amor es la llave de la donación, del latín donatio, implica un acto de entrega generosa sin esperar reciprocidad. Por tanto, la relación filial se percibe “también donal, gratuita y generosa” (Falgueras Salinas, s.f.). Esta experiencia primaria del don fundamenta la libertad volitiva, pues solo el ser que se sabe incondicionalmente amado posee el soporte emocional y moral para elegir el bien y comprometerse con la comunidad. La educación, en este contexto originario, se revela como el acto de transmitir la herencia cultural, ética y emocional con una fuerza persuasiva que la evidencia empírica cataloga como indeleble. Este es el primer crisol donde se negocia la tensión fundamental entre la pertenencia y la autonomía, el espacio fundacional donde el individuo aprende a ser “yo” sin desvincularse del “nosotros”. Así, el aprendizaje temprano de los códigos esenciales (la distinción entre lo correcto y lo incorrecto, el respeto, el manejo de la autoridad) constituye el fundamento moral que el ciudadano lleva consigo mismo a la vida pública.

La necesidad de este cimiento ya la vislumbraba con claridad el gran Aristóteles, quien en su “Ética a Nicómaco”, establecía que “la virtud moral es resultado del hábito” (Aristóteles, Ética a Nicómaco, II, 1). Para poder lograr la Eudaimonía (felicidad y/o vida buena), el alma requiere que las virtudes no sean meros conocimientos teóricos (diánoia), sino disposiciones prácticas (hexis) adquiridas por la repetición constante. Justamente, la familia, con su ritmo ininterrumpido y sus pequeñas exigencias cotidianas, es la que proporciona este campo de entrenamiento ético (ethos), modelando el carácter a través del hábito antes de que la razón pueda imponerse por completo. Sin esta formación práctica y constante en el seno del hogar, cualquier instrucción moral posterior deviene en mera retórica.

Al incorporar la visión de la pedagogía, la primacía familiar se refuerza notablemente con los aportes de Lev Vygotsky, para quién el desarrollo humano es inseparable del contexto y la cultura en que se produce (Vygotsky, 2000, citado en Biblioteca Clacso, 2016). De este modo, el hogar constituye el primer y más significativo escenario donde se establece la “Zona de Desarrollo Próximo” (ZDP). Es, por lo tanto, a través de la interacción cotidiana, el diálogo y el apoyo emocional de los padres que se proporciona el “andamiaje” necesario, el cual no sólo es intelectual, sino también afectivo y conductual, permitiendo al niño internalizar herramientas de pensamiento y regulación emocional, prerrequisitos indispensables para el éxito en el aprendizaje formal y para el desenvolvimiento en la vida social.

Por su parte, Pierre Bourdieu, desde la sociología de la educación, complementa esta visión obligándonos a reconocer el rol de la familia como transmisora del “capital cultural”. Este activo, encarnado en el lenguaje, los hábitos, las actitudes hacia el conocimiento y el nivel de aspiraciones, se ha demostrado ser un predictor del éxito académico tan sólido que Razeto (2016, citado en SciELO Cuba, 2022) lo califica como un “hecho irrefutable”. Consecuentemente, la familia que fomenta el hábito lector, la disciplina cotidiana y el valor del esfuerzo transfiere un activo intangible que moldea la predisposición del niño ante la escuela. De hecho, la participación familiar en la educación formal, descrita por Grolnick y Slowiaczek (1994) en sus dimensiones “conductual”, “cognitivo-intelectual” y “personal”, es una manifestación directa de la calidad de este capital cultural interno. No se trata, entonces, sólo de asistir a reuniones escolares o a actos intrascendentes con contenido malinterpretado, sino de la “implicación mental voluntaria y responsable” (Pizarro et al., 2013, citado en SciELO Cuba, 2022) que transforma la actitud del niño hacia el aprendizaje.

La severa sentencia, a menudo repetida por los educadores, de que “la escuela no puede dar lo que la familia no da”, no es una excusa pedagógica para esquivar los problemas, sino una profunda y lamentable verdad filosófica y sociológica que delimita el alcance de la instrucción formal. La escuela está diseñada para la transmisión estandarizada de conocimiento y para la socialización cívica, pero no está equipara para suplir el déficit ontológico y afectivo que deja el abandono o la negligencia en el hogar. La escuela no puede enseñar la confianza básica necesaria para asumir riesgos intelectuales, ni puede inculcar la voluntad si ésta no ha sido templada por la disciplina amorosa y la esperanza familiar. Cuando la base del capital cultural y del vínculo afectivo es deficiente, la escuela se enfrenta a un muro infranqueable, pues el alumno carece de los prerrequisitos emocionales y de los códigos éticos esenciales para recibir la instrucción en plenitud. La escuela puede instruir, pero sólo la familia puede formar la conciencia sobre la base del afecto incondicional y el compromiso moral. De ahí, que la educación familiar sea una responsabilidad ética intransferible que dota de alma y sentido a la instrucción académica posterior.

La gravedad de esta responsabilidad intransferible implica que no basta con el mero cumplimiento formal de los deberes educativos. El acto de mandar a los hijos a la escuela y el simple hecho de que estos aprueben las evaluaciones representan solamente una dimensión instrumental de la educación, pero nunca su plenitud formativa. Si la familia se limita a ser una oficina de gestión académica, ignora que el proceso educativo es, por esencia, permanente e inacabado. La formación del ciudadano, tal como lo concebía la tradición griega de la paideia- el proceso de crianza que convierte al niño en un hombre virtuoso y apto para la polis-, demanda mucho más que la certificación de conocimientos. Por lo tanto, la familia debe ser la base y el sustento ininterrumpido sobre el cual el individuo se edifica, proporcionando los marcos de referencia éticos que permiten al futuro ciudadano navegar la complejidad moral del mundo. Como afirma Fernando Savater (1997), educar es “abrir los ojos al otro, para que aprenda a ver por sí mismo” y a convivir. Esta apertura y esta convivencia se entrenan en la vida familiar mucho más allá del horario escolar, haciendo de los padres los primeros garantes de la solidez moral y cívica que la sociedad demanda.

Como habrán podido apreciar, la responsabilidad educativa de la familia trasciende la simple transmisión de hábitos y capital lingüístico, configurándose como un mandato ético de discernimiento cultural. En la sociedad decadente actual, hiperconectada y sobrecargada de información basura, el hogar se erige como la primera y más crítica puerta de entrada del contenido cultural. Los padres asumen la ineludible tarea de ser filtros activos frente a lo que el mundo ofrece, ejerciendo una responsabilidad cívica fundamental. Sobre este aspecto en particular, el sociólogo Neil Postman (1985) ya advertía sobre la degradación del discurso público hacia la “basura cultural” al conceptualizar cómo los medios, obsesionados con la imagen y el entretenimiento, nos llevan a “divertirnos hasta morir” (Amusingourselves to death). Esto, amigos míos, no es una metáfora trágica: hace pocos días se conoció la muerte de unos jóvenes que realizaban surfeo sobre trenes como reto viral de las nefastas redes sociales estupidizadoras. Postman argumenta que cuando toda la información se presenta como un espectáculo, se erosiona la capacidad de la mente para el pensamiento racional y complejo, trivializando la vida pública. En este escenario, la familia debe actuar como un escudo crítico contra esta trivialización, defendiendo la seriedad del discurso y la profundidad de la reflexión frente a aquellas agendas nocivas que degradan la dignidad humana o simplifican la complejidad moral.

Retomando brevemente a Savater (1997), recordemos que desde su enfoque la educación es esencialmente un acto de “valor” y resistencia contra la “tiranía de lo inmediato” y lo superficial. Al seleccionar, debatir y contextualizar los mensajes que acceden a la conciencia de nuestros hijos, como padres no estamos ejerciendo una censura arbitraria, sino un deber de protección que forma la voluntad libre para resistir la seducción de lo fácil y lo banal. En este sentido, la autoridad parental se justifica por la obligación de legar a sus hijos un marco moral robusto para la auténtica libertad.

Aquí, el peligro filosófico y social posmoderno reside en la delegación excesiva de la función educativa por parte de la familia hacia la institución familiar, un fenómeno que algunos han criticado como el intento de la familia de “endilgarle a la escuela responsabilidades que, de suyo, no les pertenecen” (Biblioteca Clacso, 2016). Si la familia abdica de su rol como contra-relato cultural y transmisora de valores éticos complejos, la escuela se queda sola e inevitablemente incapacitada para lograr la formación humana integral.

La primacía educativa de la familia se funda en el “amor-donación” y en el vínculo afectivo, una lógica radicalmente opuesta a la instrumentalización y a la cultura del rendimiento que domina la esfera pública y económica. El desafío ético aquí reside en cómo proteger este espacio de la lógica de la eficiencia que exige resultados, métricas y “éxito” cuantificable, ya que la medición constante de la valía del hijo en función de su rendimiento académico o su capital social destruye el carácter no utilitario del amor incondicional. Si la familia comienza a funcionar como una unidad de producción de “capital humano” en lugar de un ámbito de acogida, se socava la fuente misma de la confianza básica que es vital para la autonomía del ser. Una ética de la educación debe, por lo tanto, defender al hogar como un santuario contra la tiranía de la explotación disfrazada de “productividad”.

Frente a las crisis de la figura familiar y la proliferación de estructuras de parentesco confusas, la filosofía no puede seguir esencializando una única forma social de familia. Si la esencia de la educación se basa en la transmisión de la “coexistencia” (Polo) y la provisión del “andamiaje afectivo” (Vygotsky), el foco del fundamento ontológico debe migrar de la estructura legal o biológica a la función nutricia del vínculo y la intencionalidad ética. La pregunta crucial aquí es: ¿cuál es la configuración mínima ético-afectiva, independientemente de su forma, que puede garantizar la estabilidad, la donación y la calidad relacional necesarias para que se produzca la formación de la conciencia moral y volitiva del individuo? La nueva reflexión sobre la familia debe privilegiar la calidad y la permanencia de la relación sobre la rigidez de las formas.

Finalmente, si la sentencia de que “la escuela no puede hacer lo que la familia no hace” remarca una limitación sistémica y no sólo un defecto moral, entonces el Estado y sus instituciones tienen una obligación de subsidiaridad y apoyo. Es imperativo que las políticas públicas estén diseñadas para habilitar a los padres a cumplir con su responsabilidad ética intransferible. Esto implica mitigar el impacto del desigual capital económico y social en la capacidad de la familia para ejercer su función de transmisión cultural, asegurando que el tiempo, la estabilidad y la conciencia educativa necesarios no sean lujos accesibles sólo para unos pocos. El apoyo estatal no debe ser una injerencia que busque suplantar a la familia, sino un soporte estructural que le permita ejercer su rol sin ser aplastada por las presiones materiales de la vida posmoderna.

El autor es docente, escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)
Por Alfredo Cruz Polanco
(alfredocruzpolanco@gmail. com)
Diario Azua / 19 febrero 2026.-

Los seres humanos deben ser valorados y juzgados al final de sus vidas, no al principio, pues si bien es cierto que durante gran parte de su existencia pudieron haber realizado grandes y buenas acciones para su país, no es menos cierto que en su postrimería, pueden realizar acciones que tiren por la borda todo lo bueno que hicieron durante sus primeros años.

La historia dominicana está llena de casos de personas, líderes políticos, generales, héroes y próceres, que después de haber luchado por nuestra independencia, por nuestra soberanía y por nuestra democracia; de haber librado grandes batallas, de luchar a favor de nuestra libertad y Constitución, terminaron su existencia como villanos, como lacras sociales, pues actuaron como verdaderos traidores a la Patria, entregando nuestra soberanía y vendiéndose al poder extranjero.

Un ejemplo de lo anterior, lo encontramos en el general Pedro Santana, supuestamente, héroe de las Batallas del 19 de Marzo y de Las Carreras, en las luchas por la independencia contra la República de Haití, país que invadió y esclavizó nuestro territorio por 22 años, desde el 1822 hasta el 27 de febrero de 1844, fecha en que logramos nuestra independencia; convirtiéndose en el primer Presidente constitucional de la República Dominicana, en el año 1853, pero luego se convirtió en un déspota y un sanguinario dictador, concluyendo su vida de manera miserable, en la ruina política, al anexar a nuestro país al imperio español, el 18 de marzo de 1861, causándole un gran daño y una gran crisis económica, política y social a nuestra nación.

Algunos historiadores atribuyen esa acción, supuestamente para proteger a nuestro territorio de otra posible invasión haitiana, lo que no tiene ningún sentido político, pues con ese despropósito, estaba entregando de nuevo nuestra soberanía, al convertir nuestra nación en otra provincia española; otros la atribuyen al pago de una gran suma de dinero de la época y por el título, que lo nombraba “Marqués de Las Carreras”.

Antes de esa decisión. Pedro Santana había acusado de traidores a la Patria, a sus verdaderos fundadores, a Juan Pablo Duarte y Diez, a Francisco del Rosario Sánchez y a Ramón Matías Mella, enviado al destierro a Duarte con toda su familia; había fusilado a Francisco del Rosario Sánchez junto a veinte de sus compañeros en El Cercado, San Juan de la Maguana, en 1861, por oponerse a la anexión a España; a María Trinidad Sánchez, tía de Francisco del Rosario, por negarse a delatar a los opositores a la anexión.

También fusiló por celos políticos al general Antonio Duvergé, "El Centinela de la Frontera", héroe de las batallas del 19 de Marzo y de Las Carreras, junto a sus dos hijos; a Ramón Jacinto de la Concha, Pedro Alejandrino Pina, Juan Nepomuceno Ravelo, Juan Evangelista Jiménez, Juan Isidro Perez, Jose María Sierra; en Moca, a José Contreras, Cayetano Germosen, Inocencio Reyes, a Eugenio Perdomo, entre otros tantos, por el simple hecho de oponerse a la anexión a España.

En los últimos días, algunos sectores conservadores, conformados por supuestos intelectuales, escritores, empresarios de la comunicación y "periodistas”, han salido a la palestra pública, de manera absurda, tratando de defender y supuestamente, de reivindicar, la memoria del tirano sanguinario, traidor, anexionista, el que obligó la eliminación del artículo 210 de la Constiucion de la República, para mantenerse en el poder de manera elegítima.

Dichos sectores, están tratando de borrar la verdadera historia de este villano de la patria. Considero que la historia de la República Dominicana debe ser enseñada y estudiada de nuevo profundamente en nuestras escuelas y colegios.

Nuestros verdaderos historiadores, la propia Academia Dominicana de la Historia, la Academia de Ciencias de la República Dominicana, el Archivo General de la Nación, el Instituto Duartiano y la Comisión Nacional de Efemérides Patrias, deben salirle al frente a esta antipatriótica campaña y fijar sus posiciones ante este adefesio.

Estas acciones, obedecen a un plan macabro, que procuran única y exclusivamente, de confundir a la ciudadanía, de distorsionar la verdadera historia dominicana, a un vano intento de disminuir la figura histórica del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte y Diez; tratando de sacar del lodo putrefacto, la miserable y desprestigiada figura de Pedro Santana, en un momento estelar, en que una gran parte de la ciudadanía, está solicitando que las cenizas de este esbirro, del verdadero traidor a la Patria, que desgraciadamente descansan junto a las de los proceres, héroes y mártires y que él mismo ordenó fusilar, sean exhumadas del Panteón Nacional y trasladas al cementerio de El Seibo.

Recientemente, con motivos del mes dedicado a la Patria, llevé a tres de mis nietos a visitar dicho panteón, para que conocieran donde descansan los restos de los que ofrendaron sus vidas y derramaron su sangre, en procura de dejarnos una nación libre y soberana de toda potencia extranjera. El mayor de ellos me expresó: "abuelo, no entiendo, ¿por qué Pedro Santana, que asesinó a los héroes de la patria, hoy está en el mismo lugar destinado para ellos?

De inmediato comprendí que es una necesidad urgente, la exhumación de las cenizas de Pedro Santana, pues esta situación está generando una gran confusión a nuestros jóvenes estudiantes.

El cadáver de Pedro Santana ha sido el más rechazado, el más repudiado, pues no es aceptado en ningún lugar. Primeramente estuvo ubicado en una iglesia de su natal, El Seibo, luego fue trasladado a la Fortaleza Ozama, por el temor de su familia de que su tumba fuera profanada.

Luego, el 24 de octubre del año 1975, el expresidente Joaquín Balaguer, mediante el Decreto No.1383, después de despotricar, de condenarlo y haber pronunciado un discurso demoledor en su contra, ordenó su traslado al Panteón Nacional, el 23 de julio de 1978, dicha decisión ha sido rechazada por la mayoría del pueblo dominicano, pues la misma constituye una afrenta, una ofensa, un irrespeto, insulto y una humillación a las memorias de los héroes, próceres y mártires que murieron por órdenes expresas de Santana, para dejarnos una Patria libre de toda anexión extranjera.

Permitir que este adefesio, que esta supuesta defensa antihistórica a Pedro Santana encuentre algún eco o resonancia en el pueblo dominicano, sería desconocer el fervor patriótico, la lucha, el sacrificio, la entrega y el martirio sufridos por el fundador y Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte y Diez, junto a los demás Trinitarios y mártires, por dejarnos una nación libre y soberana, por lo que no tendría razón de que Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, continúen siendo reconocidos como los Padres de la Patria y que en su lugar se designe a Pedro Santana como el nuevo Padre de la Patria. Que Dios nos tome confesados.

El autor es Contador Público Autorizado y Máster en Relaciones Internacionales
Ex diputado al Congreso Nacional
Ex Miembro de la Cámara de Cuentas de la
República 2010-2016

 



Diario Azua / 19 de febrero 2026

Por David Ruiz

“A mí me nominaron para los Grammy y como quiera los Soberano no me quieren, no me quieren”.

Es el lamento público de Tokischa (Tokischa Altagracia Peralta), quien aún no recibe una nominación a los Premios Soberano, pese a su proyección internacional, sus apariciones en desfiles de moda y su nominación a los Latin Grammy Awards.

La controversial artista expresó su queja durante una entrevista con el comunicador Tony Dandrades. Allí aseguró que el reconocimiento de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) no le quita el sueño, aunque admitió que le gustaría ser tomada en cuenta por el gremio que organiza los premios más importantes del arte dominicano.

Mientras tanto, Univision confirmó su presentación especial en el escenario de Premio Lo Nuestro 2026, donde compite en categorías como Artista Femenina del Año – Urbano, Mejor Canción Dembow por “Celos” y Mejor Combinación Femenina por “De Maravisha”. También figura en Mejor Canción Trap/Hip-Hop Urbano y Canción del Año – Urbano.

“¿Cuál es la dema que me tienen los premios Soberano?”, se preguntó la intérprete.

La respuesta no es tan simple como el reclamo. Las premiaciones internacionales suelen sustentarse en métricas cuantificables: números de reproducciones, impacto digital, posicionamiento global. En cambio, los Soberano se rigen por el criterio de cronistas especializados, con sus luces y sombras, y sí, también con sus inevitables debates sobre coherencia y doble moral.

Pero más allá de la discusión sobre los métodos de evaluación, hay un punto medular que no puede ignorarse: el contenido.

El “sonido” y la viralidad pueden garantizar tendencias, titulares y reproducciones millonarias. Sin embargo, no siempre logran romper el círculo que dio origen a esa misma popularidad. En buena parte de los temas lanzados por Tokischa desde la pandemia, predominan referencias explícitas a sexualidad, consumo de drogas, violencia y provocación constante como eje discursivo. Es una estética, una narrativa y una estrategia clara de mercado.

La pregunta entonces no es si tiene números. Los tiene.

La pregunta es si su propuesta artística trasciende el impacto inmediato para convertirse en una obra musical con valor cultural perdurable.

Los premios nacionales, para bien o para mal, también evalúan o deberían evaluar el aporte al imaginario colectivo, la evolución artística y la construcción de identidad cultural. No se trata de puritanismo ni de censura. Se trata de criterio.

Tokischa representa una generación irreverente, disruptiva y sin filtros. Eso tiene mérito en términos de autenticidad y ruptura de esquemas. Pero el reconocimiento institucional no siempre acompaña la provocación como único discurso.

Quizás el debate de fondo no sea si los Soberano la quieren o no.

Quizás la verdadera pregunta sea: ¿qué tipo de legado quiere construir?

lunes, 16 de febrero de 2026

Diario Azua / 16 de febrero 2026

Por Salvador Holguín.

En la República Dominicana estamos acostumbrados a escuchar discursos grandilocuentes, promesas repetidas y narrativas construidas desde la conveniencia política. Pero hay momentos en que la realidad obliga a hablar claro, sin rodeos y sin cortapisa.

Se puede estar de acuerdo o no con lo planteado por el gobernante de la nación, Luis Rodolfo Abinader, la democracia precisamente permite el disenso. Sin embargo, hay una verdad que no admite manipulación: los hechos hablan por sí solos y los resultados tangibles indican que este gobierno ha hecho en el ejercicio del poder cosas que nunca antes se habían pensado que podían hacerse con esta magnitud y alcance, en beneficio de la mayoría del pueblo dominicano.

El país vive el mayor despliegue de obras públicas y desarrollo de su historia reciente, con más de 2,000 proyectos impactando comunidades, pueblos y provincias de todo el litoral del territorio nacional. No se trata de maquetas ni de promesas de campaña, sino de carreteras que conectan localidades olvidadas, hospitales y planteles educativos que abren oportunidades y dignifican la atención médica y educacional de RD, viviendas que devuelven esperanza y obras que acercan el desarrollo a donde realmente vive la gente. Eso no es propaganda, es realidad palpable.


Y lo más importante: muchas de estas obras han sido ejecutadas bajo criterios de planificación, transparencia y visión de país. En un contexto regional donde la improvisación ha sido la norma, República Dominicana ha apostado por una gestión con metas medibles y los datos están ahí, al alcance de todos.

Hoy el país exhibe avances concretos en reducción de pobreza, mejoras salariales, crecimiento económico y fortalecimiento de la seguridad. ¿Es perfecto? No. Ningún gobierno lo es. ¿Hay desafíos pendientes? Claro que sí. Pero negar los avances sería faltar a la verdad.

Frente a la desinformación y al ruido interesado, la verdad se sostiene con hechos verificables y resultados que la gente puede ver y sentir en su día a día. Decirlo no es hacerle un favor a nadie; es asumir la responsabilidad de reconocer lo que funciona, sin dejar de señalar lo que debe corregirse. Esa es la verdadera independencia del periodismo. Hoy podemos decirlo con serenidad y firmeza: la República Dominicana está de pie, avanzando y transformándose.

La historia juzga con el paso del tiempo, pero el presente se construye con decisiones valientes. Limitar el poder, fortalecer las instituciones y ejecutar obras que impacten a las personas, justo lo que está haciendo el jefe de Estado Abinader; no es un discurso vacío, es una hoja de ruta.

Sigamos construyendo un país con más justicia, igualdad, oportunidades y dignidad para todos. ¡No volvamos atrás!

domingo, 15 de febrero de 2026

“De fortaleza sitiada, Venezuela ha pasado a un status peor: a un país más vulnerable, con un Estado bajo amenaza de destrucción y una presidenta y otros altos funcionarios amenazados de muerte si no obedecen a TRUMP.”

Por Narciso Isa Conde
Diario Azua / 15 febrero 2026.-

Al inicio del siglo XIX el pueblo haitiano protagonizó la primera independencia en Nuestra América colonizada por los imperios europeos y a la vez la primera revolución social antiesclavista de un pueblo negro contra la cruel supremacía blanca.

Derrotó al poderoso ejército napoleónico, sostén de la esclavitud y del saqueo en la parte occidental de esta isla y dio un aporte decisivo a la gesta del libertador Simón Bolívar en Suramérica.

A mediados del Siglo XX el pueblo cubano, con Fidel al frente, se insurreccionó y derrotó la tiranía batistiana, dando inicio al accidentado ciclo de la segunda independencia latino-caribeña contra el dominio del poderoso imperialismo estadounidense, venciendo todas sus conjuras y sembrando socialismo.

Al concluir el siglo XX e iniciarse el XXI, el bravo pueblo venezolano, encabezado por un talentoso coronel de su ejército, el Comandante Hugo Chávez, acompañó y reanimó el ciclo iniciado por Cuba y retomó el ideal socialista; sensiblemente estropeado por el derrumbe de la URSS y la desintegración del euro-socialismo soviético

Esto no lo han perdonado por los siglos de los siglos ninguno de los imperios coloniales ni de los imperialismos modernos, especialmente EEUU con su perversa saña propia y heredada.

El odio, desde la soberbia imperialista transformada en crueles sanciones y castigos interminables, ha sido visceralmente desplegado contra esos procesos liberadores y especialmente contra sus próceres y sus principales dirigentes; quienes, individual y colectivamente, han sido estigmatizados, calumniados. bloqueados, cercados, agredidos y sometidos a toda suerte de guerras inventadas y de terrorismos de todas las calañas.

Por parecido destino manifiesto del mismo imperialismo, esa ha sido el derrotero impuesto a la revolución sandinista y al histórico antiimperialismo de la revolución popular nicaragüense.

Imposición violenta, muy violenta, acompañada del terror sin límites y las horrorosas guerras preventivas de baja y mediana intensidad, ejecutadas por el Pentágono para derrotar la revolución sandinista e impedir el triunfo de las insurgencias populares en Honduras, El Salvador y Guatemala; y para obstruir por la fuerza la cuarta oleada revolucionaria del ciclo estelar que Cuba inició rumbo a la segunda independencia y a la nueva revolución continental.

Al Chile de Allende y a su bondadosa revolución socialista pacífica, le fue peor con el horripilante golpe fascista y la tiranía de Pinochet auspiciada por EEUU en 1973.

En abril de 1965, en República Dominicana, a la hermosa insurrección cívico-militar victoriosa que encabezaron los coroneles Francis Caamaño y Fernández Domínguez para el restablecimiento de la democracia y el rescate de la soberanía, el Coloso del Norte le lanzó cuarenta mil marines y un paquete de porta-aviones, helicópteros, tanques y cañones, para derrotarla esgrimiendo un anticomunismo serval y la consigna “no otra Cuba en el Caribe.

· RESULTADOS DE LA CONTRAOFENSIVA IMPERIAL

Por diferentes razones y múltiples adversidades, en sus respectivas épocas y diversos escenarios regionales y mundiales, uno a la larga y otros a la corta, ni la revolución anti-colonia haitiana, ni los intentos de procesos revolucionarios en República Dominicana, Chile y El Salvador, pudieron sobrevivir

Las revoluciones en Cuba, Nicaragua y Venezuela han perdurado a base de un despliegue de heroísmo y resistencia, sometidas a sacrificios, privaciones y penurias inenarrables.

Sobrevivieron hasta el presente gracias a un “milagro” inseparable de su capacidad de resistencia, del heroísmo y dignidad antiimperialista de sus pueblos; a lo que se han sumado diversos modelos políticos, socio-económico y militares, difíciles de desestabilizar y derrocar; y también diversas formas de la solidaridad regional y mundial, y más recientemente las consecuencias positivas y ventajas del surgimiento de un nuevo orden mundial multipolar

Pero sobrevivieron en el Hemisferio Occidental como “fortalezas sitiadas” por el sistema imperialista mundial y particularmente por la súper potencia EEUU, ahora en franca, agresiva y criminal decadencia.

Contra Venezuela, luego de sitiada y cuasi estrangulada, la cúpula del poder imperialista estadounidense, que instrumenta a Donald Trump, ejecutó una operación militar genocida, que incluyó el secuestro del presidente Maduro y su compañera Cilia Flores.

Desde entonces, a todo lo anterior se le suma la amenaza de Trump y sus halcones de ejecutar agresiones peores, si no se aceptan los designios de subordinación de la Casa Blanca en todas las vertientes de su interés; determinación militar respaldada por el PENTÁGONO y su COMANDO SUR con todo el descaro del mundo.

De fortaleza sitiada, Venezuela ha pasado a un status peor: a un país más vulnerable, con un Estado bajo amenaza de destrucción y una presidenta y otros altos funcionarios amenazados de muerte a muerte, sólo tolerados si aceptan las órdenes de Trump.

No se produjo el cambio de régimen, pero sí el paso forzado a un Estado formalmente chavista, pero realmente frágil, sometido a una inmensa presión terrorista a cargo de una superpotencia canalla.

Es como si la jefa interina de estado, su gabinete y la asamblea nacional, pasaron a gobernar desde una cárcel invisible, con tremendas pistolas en la sien, manipuladas virtualmente desde WASHINGTON y fiscalizadas periódicamente por ministros, jefes de la CIA y generales del Comando Sur.

· DE LA FIRMEZA FRENTE A EEUU A LAS CONCESIONES.

En tal encrucijada, la legitimidad del chavismo, imposible de reemplazar por ultraderechas desacreditas, podría servir de colchón a una tendencia estatal forzada a hacerles concesiones cruciales al imperio agresor.

Aun frescas las graves heridas, los bombardeos y muertes, y el ominoso secuestro presidencial, ya hay acuerdos del gobierno venezolano con EEUU, concesiones y decisiones muy preocupante, junto a evidentes retrocesos en materia de soberanía petrolera y otras vertientes, y a demasiadas simulaciones e hipocresías gringas.

Esto genera dudas y confusiones que debilitan la unidad y la solidaridad necesaria en medio del Caribe invadido y de todo un continente en la vía de ser víctima de un monroísmo más perverso que el original.

· CUBA, VENEZUELA, DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS

Cuba, de fortaleza sitiada, ha pasado a ser fortaleza cercada militarmente, con las venas cortadas, con una economía y un modo de vida gravemente agredido en medio de su inmensa dignidad y firmeza.

A la vez no se siente la reacción necesaria de todo el SUR GLOBAL y sus potencias emergentes, más allá de las declaraciones y los pasos positivos ejecutados, que todavía no logran detener la maldita escalada gringa contra la soberanía de Nuestra América y que en primera línea se concentró contra Venezuela y Cuba.

Es notorio, como en los casos de Venezuela y Cuba y de todo el que no se subordine al tirano global, se esgrime como pretexto la ausencia de democracia y las violaciones a los derechos humanos, mientras a sus gobernantes se les sataniza y deshumaniza.

Como si las dictaduras de las élites capitalistas, cada vez más mafiosas, fueran democracia…

Como si Biden, Trump, Noboa, Milei, Álvaro Uribe, Duque, Bolsonaro, Bukele, Netanyahu, Zelenski… no fueran fascistas y genocidas descarados…

Como si las democracias liberales capitalistas no se han degradado hasta convertirse en partidocracias corruptas y plutocracias opulentas…

Como si Minneapolis fuera un paraíso de libertades y el ICE su fuente luminosa…

Como si EEUU no fuera un súper estado terrorista…

Como si las monarquías capitalistas respetarán derechos humanos…

Como no hubiera diferentes rutas y modelos hacia la democracia y en el capitalismo no proliferan las dictaduras y tiranías...

Como si los procesos de creación de democracia real e integral (económica, social, cultural, política) no estuvieran sujetos a tropiezos, limitaciones y errores.

· TRÁNSITO REVOLUCIONARIO DIFÍCIL Y FORTALEZAS SITIADAS.

A mi entender ninguna revolución sitiada de esa manera, en difícil transición hacia metas superiores, acosada por una contrarrevolución imperialista y oligárquica bestial, ha podido dar en materia de democracia política real y ejercicio de poder popular todo lo que quisiera, ni todo lo que podría ofrecer en otras condiciones.

Pero sería fatal caer bajo presión en la trampa de imitar modelos de las llamadas democracias capitalistas liberales-representativas, alejadas cada vez más de sus características originales, reducidas a votaciones viciadas por el poder del dinero, a competencias de partidos privatizados; partidos que el gran capital privado, la dominación imperialista y la narco-burguesía corrompen y pervierten.

El acoso, las agresiones permanentes, las precariedades provocadas, la condición de fortaleza sitiada, limita procesos revolucionarios, afecta la democracia popular, obliga a centralizaciones, genera tendencias a la militarización y a deformaciones propias del gigantismo de Estado y de las situaciones de guerra.

Incluso esas situaciones tienden a poner en primer plano la soberanía, y la defensa de la patria, y a relegar o postergar reformas necesarias y democratizaciones socializantes.

Cuba, Venezuela, Nicaragua están sometidas a nuevas y viejas modalidades de guerra y EEUU está amenazando hacerle lo mismo a todo aquel que se le independice u opte por vías alternativas, o incluso por modelos políticos diferentes a los que impone su dominación neocolonial.

La guerra mediática es un componente relevante de sus planes de agresión y ella incluye la estigmatización, el descrédito de los procesos soberanos (todos con grandes virtudes y significativos defectos) y la satanización extrema de sus dirigentes.

LA SATANIZACIÓN DE NICOLÁS MADURO.

Es el caso de Nicolás Maduro, secuestrado por unidades militares estadounidenses criminales, prisionero de guerra en el curso de una operación genocida (120 muertos), acusado de todo lo peor, incluso de ser jefe de un cártel de droga inexistente.

Se entiende que eso sea misión de las derechas y ultraderechas, de opresores imperialistas y lacayos, responsables de múltiples delitos.

Pero no de gobernantes y políticos que se asumen progresistas o que aceptan que lo califiquen de izquierda, aún sin serlo.

Es penoso que Lula, Petro, Boric… se hayan sumado a EEUU y a la tendencia que desconoció a Maduro como presidente legítimo de Venezuela.

Pero es aún peor que lo sigan reiterando estando Maduro y Cilia ya secuestrados y en una de las peores prisiones de uno de los imperios más criminales en la historia reciente de la humanidad.

Está muy bien que Lula trabaje para fortalecer los BRICS, pero hizo muy mal en oponerse al ingreso la Venezuela presidida de Maduro a ese espacio multinacional.

Eso le hizo mucho daño a Venezuela y aportó a la satanización del mandatario venezolano, olvidando la solidaridad desplegada por Maduro cuando Lula estuvo preso.

Lula hace unos días declaró que “no era conveniente para la transición democrática en Venezuela que Maduro regrese a su patria”. Parece que prefiere que se hunda en la cárcel tumba del imperio

Petro volvió a recalcar que mantiene la actitud de no reconocer el gobierno de Maduro y lo hizo estando Maduro preso.

Ninguno de los dos se ha sumado a la campaña mundial por la libertad de Maduro y Cilia.

No hay diferencia que justifique esa actitud.

No hay que estar de acuerdo con todo el pensar y el proceder de Maduro y de Cilia para ser solidarios con los dos.

Ellos son víctimas de un poder imperialista genocida y de un gobernante fascista.

Contrasta condenar a Maduro y tratar de entenderse con Trump y otros trumpcitos de la región,

Es un contrasentido tratar a Maduro de esa manera y reconocer a Trump y a otros presidentes malandros.

Hay que respetar y unir todas las diversidades dispuestas a derrotar la supremacía de EEUU.

Es difícil predecir los aciertos o errores que pueda o no cometer Maduro y los que están al frente de su gobierno en Caracas en esta nueva y compleja coyuntura.

Incluso se puede diferir de algunas decisiones adoptadas antes y después de su prisión.

Me parece que no somos pocos a los que nos preocupan algunas decisiones anunciadas por la presidenta interina Delcy Rodríguez sobre las nuevas relaciones y convenios estratégicos con EEUU, que hieren la sensibilidad antiimperialista e implican adoptar una pendiente peligrosa.

Ojalá se logre rectificar ese caminar sobre arena movediza y el ceder bajo presiones de un poder neofascista.

De todas maneras, es de principio ser solidario con el proceso agredido y con su presidente secuestrado y apresado. ¡Es un preso del imperio!

Es de principio, además, no alimentar la guerra cognitiva imperialista y desentrañar las verdades en un mar de mentiras.

¡Condenar al verdugo, no a sus víctimas! Es cuestión de ética y moral revolucionaria-socialista.

Testigo del tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 15 febrero 2026.-

En el último y decisivo juego de la serie final, las Águilas enfrentan a los Tigres, en el Estadio Cibao; en la quinta entrada detienen el partido. Apagan las luces del terreno. Cuando las encienden, hay un escenario montado, está lleno de artistas haitianos, con Martelly, la estrella, cantando en creole y bailando ga-gá. 

Ese caso hipotético explica lo que habrían sentido muchos estadounidenses durante el espectáculo de Bad Bunny, todo en español, durante el Super Bowl. 

Fue fríamente calculado para enfrentar a Bad Bunny con el presidente Donald Trump, y a los latinos con estadounidenses blancos. 

En ciencias políticas le llaman “alineación estratégica”. El objetivo es que Trump destruya a Bad Bunny confirmando lo abusivo y agresivo que es el presidente.

Muchos estadounidenses son ignorantes, creen que la leche y el azúcar salen del supermercado; en sus cosmovisiones no existen vacas ni cañaverales. Y ambos partidos lo mantienen así, para manipularlos con facilidad. 

Bad Bunny es un gran artista, hizo una gran presentación, pero lo manipularon políticamente. 

Los demócratas se quedaron con muchísima plata, sin apoyo popular ni agenda política, y utilizan a Bad Bunny para llenar ese vacío. 

Bad Bunny pronto cumplirá 32 años; 20 de ellos, lo gobernaron los demócratas, nada memorable hicieron por los latinos. 

Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden controlaron el Congreso; pero no hicieron la reforma migratoria. 

Clinton gobernó los primeros siete años de Bad Bunny, inició el muro fronterizo, suspendió la asistencia social a los inmigrantes, persiguió, deportó a muchísimos, y promovió leyes antiinmigrantes. 

Obama, campeón de deportaciones, gobernó entre los 15 y los 23 años de Bad Bunny, Biden gobernó 2020-24. 

Para los demócratas, Bad Bunny es una pieza del gran ajedrez político, él ignora en cuál tablero participa. 

Él es otro instrumento político demócrata, como los “manifestantes” de Minnesota; está tirando y recibiendo puñetazos en un pleito ajeno. 

Bunny no puede pelear con Trump, ese hombre enfrentó y hundió a Hollywood con todos sus actores. 

Poner al artista boricua a pelear contra Trump es tan cobarde, cruel y abusivo como poner a Ucrania a pelear contra Rusia; sencillamente, abusaron de Bad Bunny.

sábado, 14 de febrero de 2026

Por Ramón Ventura Camejo
Diario Azua / 14 febrero 2026.-

Cavilo que el presupuesto público debiera disfrutar de más atención de parte de la opinión pública.

Hay tres momentos que son estelares, el primero cuando se deposita en el congreso , luego cuando es aprobado , y por último en las memorias al congreso .

Deberíamos ser más curiosos por la trascendencia que tiene para la sociedad y la economía, pienso que es una reiteración anual del contrato social (expresado en programa de gobierno, planes nacionales, ODS).

En expresión del científico político Aaron Wildavsky (1992 : 2 ) " En su definición más general , el presupuesto concierne a traducir recursos financieros en propósitos humanos ( ...) . Dado que los fondos son limitados y tienen que ser divididos de una manera u otra; el presupuesto se transforma en un mecanismo para tomar opciones entre gastos alternativos ( ...) ( 2014 : 30 )

Esas decisiones regularmente provocan conflictos entre sus funciones política -institucional, económica y gerencial que pueden ser mitigada " reconociendo el proceso presupuestario como un ciclo , que está estructurado en etapas con finalidades , procesos y productos muy concretos de cuya consistencia interna depende , en buena medida , la calidad de la gestión financiera ( ...) (2014 : 33 )

Académicos , expertos y funcionarios conscientes de la misión transformadora de los Presupuestos han aportados esfuerzos a partir de los sistemas incrementalistas, luego de base cero , pasando por los presupuestos objetivos o programas , arribando a presupuestos en base a desempeño (PBD ) y para el logro de resultados de desarrollo ( PPRD) ; este último es definido como el conjunto de instrumentos , metodología y procesos que permiten utilizar sistemáticamente información sobre el desempeño en el ciclo presupuestario , con el objeto de maximizar el impacto de las políticas públicas sobre el desarrollo económico y social ( 2014 : 152 )

Ahora bien, disponer regularmente de información de desempeño para la toma de decisión hace necesario estructurar los sistemas de monitoreo y evaluación, SME ; con la participación de los organismos responsables de la gestión pública y ejecutores del gasto ( ...) ; se destaca la utilización de las evaluaciones como fuente de aprendizajes y mejoramiento continuo. (2014:197)

En el libro fuente de esta divulgación se propone el modelo de Presupuesto para el logro de Resultados de Desarrollo , PPRD .

En concreto , se articula sobre cuatro pilares : 1) Información sobre el desempeño , estructurada en la forma de Monitoreo y Evaluación capaces de generar información relevante , confiable y oportuna para la toma de decisiones ; 2) Un uso activo de la información en la toma de decisiones Presupuestaria para lo cual puedan adecuarse los procesos de decisión y las clasificaciones y tabulaciones Presupuestaria ; 3) Un sistema de incentivos económicos y no económicos que orientan la gestión de los organismos públicos hacia el logro de resultados y 4) La generación de competencias , condiciones e instrumentos para una gestión orientada al logro de resultados en los organismos y servicios públicos , con el apoyo de proceso de planificación estratégica institucional ( 2014 : 152 )

La modalidad es condicionada por la trayectoria, las experiencias y los contextos particulares. Así, lo confirman dos casos que exponemos a continuación. Dos ejemplos de procesos exitosos, pero considerablemente distintos : los de Chile y México .

El caso chileno se enfoca en el desarrollo de instrumentos técnicos complementarios al presupuesto que permiten aumentar la capacidad de análisis del gasto y desarrollar mecanismos de incentivos para el mejoramiento de la gestión.

El proceso de México en cambio estás enfocado hacia la reforma estructural en el presupuesto en sí que se acompañan por medidas de incentivos de desempeño ( 2014 : 338 )

Presupuestos para el desarrollo en América Latina. (2014 ).

Es el libro que ha servido de base para los comentarios que integran el artículo.

Los autores son: Mario Marcel, Marcela Guzmán y Mario Sanginés.

Fue una investigación realizada para el BID.

Mario Marcel, como subdirector de Gobernanza Pública y Desarrollo Territorial de la OCDE. ; supervisó las propuestas de reforma de la administración pública dominicana para el MAP , financiada por la UNIÓN EUROPEA.

Las investigaciones y recomendaciones de la OCDE para el MAP, fueron publicadas y además comentadas en mi libro EL SABER EXPERTO: Cooperación y Calidad de la Gestión en el MAP.

Los trabajos de la OCDE son:

1) OCDE: Gestión de recursos humanos para la innovación en el gobierno.

2) OCDE: Sobre Gobernanza Pública: Mejores Servicios para un crecimiento inclusivo en la República Dominicana.

Y 3) Hacia una Reforma Exitosa Sostenible de la Administración Pública en República Dominicana.

 

Por Roberto Valenzuela
Diario Azua / 14 febrero 2026.-

La persecución penal en la República Dominicana permanece, sin excepción, bajo el control absoluto del Ministerio Público. El surgimiento del Ministerio de Justicia no altera ese principio, sino que viene a llenar un vacío histórico: la República Dominicana era la única nación de la región que carecía de esta entidad, pese a que desde su primera Constitución se concibió la existencia de un Ministerio de Justicia.

En ese contexto, el Dr. Antoliano Peralta Romero ha señalado —incluso en tono de broma— que no puede atribuirse el mérito de ser el primer ministro de Justicia de la historia nacional. Y tiene razón. El Ministerio de Justicia no es una creación inédita ni una figura novedosa en el ordenamiento institucional dominicano.

Conviene recordarlo con claridad: el Ministerio de Justicia ha existido en el país desde la fundación de la República en 1844, cuando operaba bajo la denominación de “Ministerio de Justicia e Instrucción Pública”. Por tanto, cuando el presidente Luis Abinader somete al Congreso la iniciativa para su restablecimiento, aun reconociendo el valor político de impulsarla, no se trata de un descubrimiento institucional, sino de la recuperación de una figura histórica del Estado dominicano.

El Ministerio de Justicia se mantuvo vigente hasta uno de los gobiernos más progresistas del país, el encabezado por Juan Bosch. El golpe de Estado de 1963 y el posterior gobierno del Triunvirato desmantelaron las reformas impulsadas en ese período, incluyendo la desaparición del Ministerio de Justicia.

En la misma línea, las funciones registrales y administrativas que ahora se transfiere al Ministerio de Justicia no constituyen atribuciones nuevas ni ajenas a su naturaleza. Por el contrario, se trata de competencias que históricamente siempre estuvieron bajo la tutela del Ministerio de Justicia y que, al ser asumidas por el Ministerio Público, terminaron distrayéndolo de sus funciones esenciales.

Desde esta perspectiva, la Ley núm. 80-25, Ley Orgánica del Ministerio de Justicia, no debilita al Ministerio Público, sino que lo fortalece, al tiempo que representa un avance en la independencia del Poder Judicial.

Es importante subrayar que el recién creado Ministerio de Justicia no tendrá atribuciones jurisdiccionales ni funciones de juzgamiento. Es decir, no interviene en las decisiones de jueces y fiscales. Su misión se circunscribe a la formulación y coordinación de políticas públicas orientadas al fortalecimiento y la mejora integral del sistema de justicia, dentro del marco de las competencias que la Constitución y las leyes asignan al Poder Ejecutivo.

Las dependencias que pasarán a su tutela continuarán operando con el mismo presupuesto y personal, garantizando la continuidad y mejora de los servicios ofrecidos tanto a la comunidad jurídica como a la ciudadanía en general. Entre las atribuciones que asumirá se encuentra el sistema penitenciario, anteriormente bajo la dependencia del Ministerio Público.

Asimismo, el Ministerio de Justicia asumirá competencias en materia de derechos humanos y funciones registrales, incluyendo registros y certificaciones de documentos oficiales y notariales, así como la inscripción de organizaciones sin fines de lucro, responsabilidades que también se encontraban bajo la órbita del Ministerio Público.

La nueva entidad tendrá a su cargo la representación y defensa del Estado ante los estamentos judiciales, con la exclusión expresa de la materia penal, que seguirá siendo competencia exclusiva del Ministerio Público. En consecuencia, el Ministerio de Justicia no juzga ni persigue delitos penales, incluyendo los relacionados con la corrupción.

Tras la última reforma constitucional, la figura del “procurador general administrativo” pasó a denominarse “abogado de la administración pública”, quedando adscrita al Ministerio de Justicia. La Oficina de la Abogacía del Estado contará con profesionales competentes y especializados, atendiendo a una debilidad histórica del Estado dominicano en la defensa de sus intereses frente a demandas judiciales.

El Ministerio de Justicia tendrá representación en el Consejo del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) y en el Consejo Nacional contra el Lavado de Activos. En este último caso con representación directa del ministro. También asumirá la defensa del Estado dominicano ante tribunales internacionales, función que hasta ahora estaba bajo la tutela de la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo.


jueves, 12 de febrero de 2026

 

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 12 febrero 2023

“El otro no es un ser del mundo entre otros; es el único ser que me interpela”, Lévinas, Totalidad e infinito (1961/2007, p. 37).

La crisis de la escucha genuina en la posmodernidad trasciende la mera pérdida de una cortesía comunicacional; constituye un movimiento profundo en la configuración de lo humano que erosiona las condiciones mismas de la ética. La exaltación contemporánea del "yo" no es simplemente una preferencia estética o un modo de consumo, sino que nuestra sociedad ha optado por celebrar la autoexpresión, la autenticidad y el éxito personal como fines intrínsecos. Paradójicamente, en esa celebración se configura una nueva norma que legitima el narcisismo al hacerlo productivo de bienestar y capital simbólico.

La ética, en su sentido fundacional y originario, exige que el sujeto se descentre. El pensamiento de la alteridad de Emmanuel Lévinas establece, en este sentido, que la vida moral no es una elección de actos, sino una respuesta que precede y funda al yo, una exigencia impuesta por la presencia del otro. Es en Totalidad e infinito donde Lévinas (1961/2007) afirmó de manera perentoria que, en efecto, "el otro no es un ser del mundo entre otros, sino el único que me interpela" (p. 37), lo cual constituye una indicación normativa de presencia irreductible en el encuentro ético. Desde esta óptica, la ética no es una ciencia del comportamiento, sino la filosofía primera. Si se pierde esa presencia fundacional del rostro, el sujeto pierde la fuente originaria de la responsabilidad.

Esta deriva del yo exhibicionista ha sido diagnosticada como una patología social de amplio alcance, la cual se ha conceptualizado como narcisismo cultural. Lejos de la definición clínica que describe un trastorno de la personalidad individual, este fenómeno, analizado por Christopher Lasch en La cultura del narcisismo, se refiere a un patrón social caracterizado por la pérdida del sentido histórico, el predominio de la imagen, el miedo al compromiso y una intensa, aunque frágil, necesidad de ser admirado. En este contexto, la búsqueda de autenticidad devino en teatralidad y consumo de sí mismo, un fenómeno donde el sujeto confunde la autoestima con la exhibición pública. El diagnóstico de Lasch (1979) resulta demoledor al sostener que "el individuo moderno ha sido infantilizado por las instituciones de la sociedad de las masas" (p. 12), lo que explica cómo la dependencia de la aprobación externa sustituye la relación ética con el otro por una economía de la admiración perpetua y constante, imposibilitando la escucha descentrada.

Por su parte, Byung-Chul Han describe en La sociedad del cansancio un régimen de rendimiento que incentiva la autoexplotación y la transparencia sacrificial, transformando la existencia en una serie de prestaciones visibles. En este contexto de visibilidad forzosa, Han (2013) sostiene que "la positividad narcisista es el resultado de la interiorización de la vigilancia" (p. 27). Ambos análisis convergen en un punto esencial: el yo contemporáneo orienta su mirada exclusivamente hacia sí mismo y hacia la audiencia que valida esa mirada, desplazando así la mirada ética que se dirige al otro por su alteridad y vulnerabilidad irreductible.

La degradación de la escucha en la era del narcisismo se comprende mejor al contrastarla con el significado filosófico radical del diálogo, un ejercicio que, desde sus orígenes, fue concebido como el camino hacia la verdad y la constitución del ser. Para Platón, la dialéctica no era un mero debate de opiniones, sino el método supremo para purificar el pensamiento y ascender al conocimiento de las Ideas. En La República, el proceso dialéctico se define como el único capaz de llevar el alma a "ver las cosas como son" (533b), al obligar a los interlocutores a examinar y refutar sus hipótesis hasta alcanzar una comprensión común del logos. El diálogo, para el pensamiento clásico, implica la necesaria participación activa del otro en la búsqueda de la verdad, una responsabilidad compartida de hacer emerger la razón que se opone frontalmente al monólogo solipsista.

Esta concepción se revisa y radicaliza en el siglo XX con Martin Buber, quien establece la diferencia esencial entre la relación Yo-Tú y la relación Yo-Ello. La primera es la esfera del encuentro auténtico, la presencia total y la responsabilidad mutua, mientras que la segunda es la de la experiencia y la utilidad, donde el otro se reduce a un objeto. Buber (1923/2007) lo explica de manera concisa al expresar que "el mundo como experiencia pertenece al ámbito del Yo-Ello; el mundo como relación pertenece al ámbito del Yo-Tú" (p. 25). La relación Yo-Tú exige, por lo tanto, que el sujeto se dirija al otro en su totalidad, reconociendo su existencia como independiente de la propia percepción, una exigencia de reciprocidad y presencia que la cultura narcisista niega sistemáticamente. El verdadero diálogo es, por consiguiente, el ámbito donde el ser del otro se afirma, un espacio de revelación que la sociedad hiperconectada ha reemplazado por la comunicación individual e instrumental.

Esta hegemonía del Yo-Ello sobre el Yo-Tú produce una profunda melancolía existencial en aquellos que aún aspiran a la construcción dialógica de sentido. La experiencia cotidiana se llena de un ruido comunicacional donde las voces y los relatos se presentan de manera inconexa, superpuestas en una superficialidad perpetua. Se instala la dolorosa sensación de que, a pesar de la hiperconectividad, ya no hay un interlocutor real. Las conversaciones devienen banales, triviales, pues cada participante utiliza el intercambio como un mero eco para su propia voz, negándose a ser afectado por la palabra del otro. La reciprocidad que exige el diálogo —la necesidad de que la propia verdad se quiebre o se refine ante la verdad ajena— es suplantada por monólogos paralelos que jamás se encuentran. Quien valora la relación buberiana siente la ausencia de un verdadero Tú, quedando atrapado en un mundo de Ellos donde la profundidad y el compromiso han sido extirpados.

En este proceso de vaciamiento, la tecnología digital no opera como un instrumento neutro, sino que reafirma y amplifica los mecanismos del egoísmo. Las redes sociales simulan escucha mediante notificaciones y reacciones, pero su diseño favorece monólogos paralelos antes que una apertura genuinamente dialógica. La "comunicación" digital se organiza en circuitos de reconocimiento inmediato que buscan confirmar una imagen ya construida. El interlocutor real, con su rostro y su inquietud, se convierte así en un simple recurso para la propia visibilidad. El resultado es una paradoja ineludible: la hiperconectividad produce una proliferación de voces, pero disminuye la atención genuina. El ruido informativo ocupa el espacio que correspondería al silencio reflexivo, y la sobreabundancia de estímulos fragmenta la capacidad de sostener una conversación profunda y atenta. Esto implica profundos cambios en la formación del carácter moral y en la disponibilidad afectiva hacia el otro.

La ausencia de la escucha auténtica no es una laguna meramente social, sino el síntoma de una reducción ontológica del otro. Cuando el sujeto narcisista se cierra en su propio circuito de visibilidad, el prójimo deja de ser un Tú para convertirse en un Ello funcional, lo que podríamos describir, con una resonancia heideggeriana, como una pieza más del Bestand o "fondo disponible". En este contexto, el otro no es ya interpelante, sino un simple "depósito" de afirmación, información o servicios. Martin Heidegger, al reflexionar sobre la esencia de la técnica en La pregunta por la técnica, ya advertía cómo la modernidad somete todo lo que aparece a la lógica del Emplazamiento (Gestell), donde "el hombre, que es interpelado y requerido para el desocultar en el emplazamiento, no tiene jamás en la mano el control sobre el emplazamiento" (1994, p. 25). Lo crucial es que, bajo este dominio, el ser humano deviene él mismo una reserva, una pieza que debe ser optimizada y administrada, un mero recurso que se instrumentaliza incluso en el diálogo. Esta cosificación, por tanto, no es solo un fracaso ético, sino un quiebre epistemológico: al no escuchar su alteridad, se le niega al otro su posibilidad de revelar una verdad exterior al yo.

Esta instrumentalización tiene un impacto devastador en el ámbito del aprendizaje y la transmisión del conocimiento, revelando su dimensión pedagógica. La dinámica de la no-escucha reproduce la que Paulo Freire identificó como la "concepción bancaria de la educación", donde la asimetría del poder convierte la interacción en una mera transacción de datos. Freire (2005) criticaba en Pedagogía del oprimido cómo en este modelo "el sujeto de la educación es el educador, el cual ‘deposita’ el contenido en los educandos. Estos, a su vez, son meros objetos, ‘recipientes’ o ‘depósitos’ en que se vierte el saber" (p. 77). La escuela, y por extensión toda interacción comunicativa, se transforma así en un espacio de depósito y recepción pasiva, donde la palabra del otro, sea esta la del estudiante o la del interlocutor, carece de peso reflexivo y capacidad de subvertir las certezas del oyente. La auténtica educación, por el contrario, requiere una escucha radical que permita la emergencia de la conciencia crítica y el conocimiento mutuo, demostrando que la pérdida de la atención al otro es, también, una pérdida de la capacidad de aprender.

Ante la cosificación de la presencia ajena, la escucha se revela entonces como un acto ético radical. Es imperativo desplazar la noción de escucha como simple recepción pasiva, puesto que el acto de escuchar es, de hecho, una forma activa de reconocimiento que presupone humildad, renuncia y apertura. Desde la clave fenomenológica, la escucha auténtica exige una desaceleración y la suspensión de la ocupación por el propio proyecto, en tanto que reclama tolerancia al silencio y una disposición a que la palabra del otro altere nuestras certezas. Así, escuchar significa, por lo tanto, dejar de instrumentalizar la presencia ajena y, en cambio, asumir la inquietud que el rostro despierta. Esta escucha constituye una estrategia íntima de la ética, un entrenamiento de la atención que rehúye la confirmación inmediata y abraza la incertidumbre relacional. Es, paradójicamente, una vía hacia la autenticidad, puesto que implica reconocer que la propia identidad no se completa solo con el autorreconocimiento, sino en la respuesta a la alteridad. Quien escucha se expone, se quita del centro de atención y abre la propia trama vital al otro. Ese gesto no es solo amable, sino constitutivo de una vida política y moral viable.

El análisis de la pérdida de la escucha nos confronta con la dificultad de insertar una práctica ética radical en un sistema que la desincentiva activamente, llevándonos a una serie de preguntas críticas sobre la viabilidad de la recomposición moral.

Si la escucha requiere la renuncia al consumo de atención que alimenta la sensación inmediata de plenitud y exige desacelerar la vida del reconocimiento, resulta fundamental preguntarnos, con la mirada puesta en el futuro inmediato, ¿estamos dispuestos, individual y colectivamente, a pagar ese alto costo simbólico para recuperar la exigencia del rostro ético o el vértigo de la hiperconexión nos ha condenado a ser eternos monologuistas en la soledad digital?

Asimismo, si la reconfiguración ética requiere transformaciones en las estructuras que valoran el rendimiento por encima de la responsabilidad y el mercado por encima del encuentro, es imperativo plantear cómo articular una práctica que recompense la responsabilidad silenciosa por encima de la visibilidad inmediata. ¿Podemos siquiera imaginar instituciones o prácticas públicas que incentiven la deliberación sostenida y la atención, sin caer en la ingenuidad de que una mera técnica comunicacional basta mientras las condiciones sociales y económicas premien lo contrario? El desafío es, por tanto, probar la posibilidad de un marco donde el Yo-Tú pueda prevalecer sobre la relación Yo-Ello en la esfera pública sin que colapse el aparato productivo que sustenta nuestra decadente modernidad.

Finalmente, si la ética de Lévinas es concebida como una respuesta que precede al yo, una responsabilidad originaria que el sujeto contemporáneo ha sido tentado a olvidar o a encapsularse mediante el egoísmo como defensa contra el vacío existencial, la pregunta se vuelve visceral: si la respuesta requiere renuncias profundas, ¿qué estamos dispuestos a perder —en términos de seguridades identitarias y de capital simbólico— para no perder lo esencial de la interpelación ética que define nuestra humanidad? El desafío no es académico, sino existencial: probar si en ese experimento de descentramiento, en ese acto de callar para acoger la voz ajena, el yo recupera, no solo su autenticidad, sino su propia y olvidada humanidad.
Referencias

Buber, M. (2007). Yo y Tú (8.ª ed., trad. al español). Ediciones Nueva Visión. (Obra original publicada en 1923)

Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (2.ª ed.). Siglo XXI Editores.

Han, B.-C. (2013). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.

Heidegger, M. (1994). La pregunta por la técnica. Ensayos y conferencias. Ediciones del Serbal.

Lasch, C. (1979). La cultura del narcisismo: la vida en una era de incertidumbre. Paidós.

Lévinas, E. (2007). Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad (6.ª ed., trad. al español). Sígueme. (Obra original publicada en 1961)

Platón. La República. (Referencia en texto: 533b)

 El autor es docente, escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)