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lunes, 17 de agosto de 2026

Por Narciso Isa Conde
Diario Azua / 17 agosto 2026.-

En el centenario de Fidel, damos inicio a nuestro homenaje a su impresionante trayectoria con estas dos líneas de la “Canción a la gesta” del inolvidable Pablo Neruda.

Fidel, Fidel, los pueblos te agradecen palabras en acción y hechos que cantan,

A Fidel y su heroico pueblo les agradecemos el despertar de nuestra generación.

Aquel Cayo Confite apuntando contra una bestia llamada “Chapita”.

El Moncada: una herejía sublime cuando el dogma era ley en las izquierdas continentales.

“La Historia me Absolverá”: expresión de su enorme e indoblegable optimismo de voluntad, como diría Antonio Gramsci, formidable pensador marxista italiano.

La audacia del Granma en hermandad con Raúl y el Che.

Sierra Maestra: aquella hazaña de los 12 combatientes multiplicados en millones.

El compromiso determinante y el oportuno apoyo de Fidel y del mando central de la Revolución Cubana a la gloriosa Expedición Revolucionaria del 14 y 19 junio del 1959 contra la tiranía trujillista, marcando la fructífera ruta clandestina de Manolo, Minerva y el IJ4… hacia libertad.

Playa Girón: la primera gran derrota militar de la CIA y el PENTÁGONO en el escenario de la Patria Grande latino-caribeña: trascendente triunfo de la soberanía cubana y audaz proclama socialista.

La Brigada de Alfabetización Conrado Benítez y su fulminante y promisoria victoria.

La Reforma Agraria, como propuesta de emancipación campesina.

La Reforma Urbana, abrazando el reclamo de casas para todos y todas.

La hermosa siembra de jardines infantiles y escuelas en el campo.

La propuesta de salud para todos y todas.

La ruta hacia la emancipación de la clase trabajadora.

Sí, a Fidel y a su pueblo le agradecemos…

· Su antimperialismo.

· Su firmeza durante la “crisis de octubre-62”.

· Su marxismo latinoamericano.

· Su epopeya anticolonialista cubana en África.

· Su formidable rol en los NO ALINEADOS.

· Sus brigadas médicas.

· Sus Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y sus asambleas del poder popular.

· La persistente unidad revolucionaria, su concreción en el Partido Comunista Cubano (PCC) y la firme defensa de sus ideales.

· Sus inmensas y diversas acciones internacionalistas sin pasar facturas.

· Su acerada dignidad patriótica y su recia moral revolucionaria.

· Su ejemplar y heroica resistencia durante largas décadas de bloqueo criminal y crueles agresiones.

· Su lealtad a los ideales originarios y su inconmovible firmeza, incluso desplegadas heroicamente ahora por su pueblo frente al estrangulamiento energético.

Fidel es Cuba y Cuba es Fidel, patrimonio de la humanidad.

A Fidel y a Cuba es justo agradecerles “palabras en acción y hechos que cantan”.

A él y ella se les quiere con el alma.

Vergüenza ajena sentimos al observar, como desde un despreciable poder neocolonial, con disfraz dominicano, y desde las alturas de este infame Protectorado Yanqui, por órdenes de Washington, se les ofende y se les agrede, expulsando de la Patria de Máximo Gómez a diez de sus hermanos.

De diez hermanos revolucionarios que también son nuestros.

No es casualidad que la aceptación servil de la orden imperial se publicitara el mismo día de este virtuoso y alegre centenario, para que la perversidad se tornara supina.

Tan supina e indignante como la que adorna siempre al Narco Rubio y al sociópata anaranjado que funge de presidente de ese imperio mal oliente.

Ominosa señal invasora.

…Y registrada la señal ominosa y la ofensa espuria, a Fidel le decimos, en voz bien alta, para que nuestras palabras lleguen al más allá:

Y si se atreven a tocar la frente

de Cuba por tus manos libertada

encontrarán los puños de los pueblos,

sacaremos las armas enterradas:

la sangre y el orgullo acudirán

a defender a Cuba bien amada.

Pablo Neruda, A Fidel // Canción a la Gesta, 1960

Comenzamos y concluimos este merecido reconocimiento de la mano con el gran Neruda, agradeciéndole a Fidel “palabras en acción y hechos que cantan” y reconociendo que él es síntesis precursora del lema aquel de la Fragua que nos forjó: “Pensamiento y la acción fundidos en armas contra la injusticia”; tan pertinente en estos tiempos del tránsito convulso y difícil a un nuevo orden multipolar y a un mundo solidario.

domingo, 16 de agosto de 2026

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 16 agosto 2026.-

“El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace” (Sartre, 2009, p. 31)

Resulta curioso, y a la vez alarmante, cómo la modernidad ha transformado la búsqueda de la autenticidad en un salvoconducto para la mediocridad ética. En las interacciones cotidianas, nos topamos con una muralla infranqueable disfrazada de honestidad cruda: la sentencia detestable del “yo soy así”. Esta frase, pronunciada con una mezcla de orgullo y resignación, no es más que una declaración de guerra contra la convivencia y, fundamentalmente, contra la propia libertad. Quien se escuda en su supuesta esencia para justificar la falta de tacto, la impuntualidad crónica o el desprecio por el bienestar ajeno, está asumiendo que es un objeto terminado, un mineral carente de voluntad, y no un sujeto en permanente construcción.

La precitada actitud revela una forma de “hombre masa” que José Ortega y Gasset identificaba con una lucidez casi profética. Se trata de aquel individuo que, sintiéndose perfecto y terminado, no ve razón alguna para salir de sí mismo ni para someterse a ninguna instancia superior, sea esta la razón o la simple consideración por los demás. El filósofo español, en su análisis sobre la decadencia de la excelencia humana, describe con precisión este fenómeno en su “Rebelión de las masas” al expresar que “el hombre masa es el que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente "como todo el mundo" y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás” (Ortega y Gasset, 2010, p. 54).

Ahora bien, cabe preguntarse, ¿desde cuándo la identidad se convirtió en una prisión que nos exime de la responsabilidad para mejorar? Al afirmar que nuestra naturaleza es estática, estamos cometiendo lo que Jean-Paul Sartre denominaba “mala fe”. Se trata del intento desesperado de escapar de la angustia que provoca la libertad, fingiendo que somos cosas con propiedades fijas en lugar de seres que se definen por sus actos. En su obra fundamental sobre el existencialismo, Sartre es tajante al respecto de esta condición humana que precede a cualquier definición previa: si el hombre es lo que él mismo se hace, entonces el argumento de la inmutabilidad del carácter es una mentira metafísica diseñada para que los demás carguen con el peso de nuestras flaquezas.

Esta actitud no sólo es un error filosófico, sino una clara forma de violencia (no siempre sutil) hacia el prójimo. Al exigir que el mundo nos tenga que soportar “tal cual somos”, estamos anulando la alteridad. Estamos ante un egocentrismo que Gilles Lipovetsky asoció con la “era del vacío”, donde la personalización de la existencia ha derivado en un narcisismo que ya no tolera la mínima fricción con lo real. Concretamente, en su estudio sobre el individualismo contemporáneo, Lipovetsky señala cómo la sociedad se ha convertido en un conjunto de mónadas (sustancias indivisibles que componen el universo) que sólo buscan la autoafirmación sin compromiso: “El narcisismo es la otra cara de la desustancialización de la individualidad, la absorción del yo en el espectáculo de sí mismo, donde el otro solo sirve como pantalla de confirmación” (Lipovetsky, 2002, p. 52).



Esta patología de la mirada encuentra su representación sonora y grotesca en la cultura popular, donde la apología del estancamiento se ha elevado a la categoría de un himno decadente. Resulta casi obsceno observar cómo la industria del espectáculo ha canonizado la insolencia mediante estribillos que funcionan como dogmas de una fe narcisista. Pensemos en la vacuidad que destila la célebre pieza “A quién le importa”, interpretada por Thalía, donde se proclama con una alegría casi infantil: “yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré”. Esta letanía de la obstinación es, en realidad, el réquiem de la ética.

La pregunta retórica que da título a la canción- “¿A quién le importa”?- es una bofetada a la convivencia, una declaración de indiferencia ontológica que asume que el propio capricho está por encima del impacto que causamos en los demás. Al entonar un “nunca cambiaré” como si de una virtud se tratase, el sujeto se declara oficialmente un cadáver moral, un fósil que se regocija en su propia incapacidad de evolución. ¿A quién le importa? Pues le importa a la víctima de nuestra falta de respeto, al cercano que tiene que coexistir con nosotros y habitar el desierto que dejamos a nuestro paso. Es el triunfo del solipsismo más ramplón disfrazado de “personalidad”.

Al declarar “yo soy así”, estamos diciendo que nuestra comodidad subjetiva tiene más peso que el derecho del otro a habitar un espacio de respeto mutuo. En este sentido, es fundamental recuperar la noción de que el carácter, o el “ethos” no es un destino biológico, sino una arquitectura que se levanta día tras día mediante los hábitos. Aristóteles ya lo advirtió en su estudio sobre la moral, recordándonos que la virtud no es el don con el que se nace, sino una práctica que debe ser cultivada. En su “Ética a Nicómaco”, el estagirita explica con claridad este proceso de autoconstrucción al expresar que “las virtudes no se producen en nosotros ni por naturaleza ni contra naturaleza, sino que nosotros, que somos naturalmente capaces de recibirlas, las perfeccionamos mediante el hábito” (Aristóteles, 2014, p. 158).

Bajo esta luz, la excusa de la mala costumbre como condición de identidad se revela como una clara pereza del espíritu. No somos impacientes o rudos de la misma manera que somos altos o tenemos ojos marrones; somos personas que han permitido que la repetición de actos hostiles cristalice en una máscara de hostilidad. A esta inercia del espíritu se suma lo que Simone de Beauvoir identificaba como la tentación del “hombre serio”, aquel que se aferra a un rol o a una etiqueta para no tener que decidir por sí mismo. En su obra “Para una moral de la ambigüedad”, la autora nos avisa sobre el peligro de convertirnos en estatuas de nosotros mismos para eludir el vértigo de la elección constante en tanto que “el hombre serio se deshace de su libertad en favor de un fin que él considera absoluto... él no es sino ese fin, como un objeto es su propio peso; él mismo se ha hecho cosa” (Beauvoir, 2017, p. 55).

Cuando alguien se declara inamovible bajo el “yo soy así”, está renunciando a su cualidad de proyecto para degradarse a la categoría de herramienta defectuosa. Esta resistencia al cambio es una agresión frontal a la responsabilidad que tenemos hacia los otros. Emmanuel Levinas, en su análisis sobre la alteridad en “Totalidad e infinito”, sugiere que nuestra identidad no se construye desde el egoísmo, sino desde la respuesta que damos a los demás. Decir “yo soy así, si no te gusta, te jodes” es el portazo en la cara de quien espera de nosotros una mínima consideración. Para Levinas, la responsabilidad por nuestros próximos no es un accidente que le ocurre al sujeto, sino que es la esencia misma de su ser en tanto que “el rostro se me impone sin que yo pueda dejar de ser responsable de su miseria. El yo es, ante el rostro, infinitamente responsable” (Levinas, 2012, p. 220).

Si nuestra propia definición depende de cómo respondemos al rostro ajeno, entonces cerrarnos en una identidad inmutable es despojarnos de nuestra propia subjetividad. Nos estaríamos convirtiendo en lo que Byung-Chul Han llama “el infierno de lo igual”, una sociedad donde la desaparición de lo distinto, del otro que nos cuestiona y nos exige transformación, nos sumerge en una auto-idolatría estéril. En “La expulsión de lo distinto”, Han es prácticamente implacable al describir este aislamiento narcisista al expresar que “la proliferación de lo igual constituye los cambios patológicos de los que está aquejado el cuerpo social. No es la opresión del otro, sino la depresión del yo la que caracteriza nuestra época” (Han, 2017, p. 12).

Resulta necesario, entonces, preguntarnos si esta obstinación inmadura proviene de una genuina creencia en nuestra naturaleza o si es un síntoma de una sociedad que confunde el ser con el tener. Al respecto, Erich Fromm, en su ensayo “¿Tener o ser?”, diseccionó esta patología. Muchas veces, creemos “tener” una forma de ser como si fuera una propiedad privada que debemos defender a toda costa: el individuo se aferra a sus rasgos negativos como si fueran tesoros, temiendo que, si cambia, perderá su esencia. Pues bien, liberarse de esta carga implica pasar del tener al ser, entendiendo que el ser no es algo que se posee, sino algo que se despliega como una actividad. Fromm lo explica mucho mejor que yo al decirnos que “en el modo de tener, nuestra relación con el mundo es de posesión y propiedad, una relación en la que queremos convertir a todo el mundo y a todas las cosas, incluso a nosotros mismos, en propiedad nuestra” (Fromm, 2007, p. 42).

Este proceso de desmantelamiento es doloroso y requiere de una valentía que pocos seres humanos son capaces de ejercer. Por supuesto, es mucho más fácil quedarse en la orilla de lo conocido, aunque de asco, que lanzarse al mar de lo que podríamos llegar a ser. Sobre este último aspecto en particular, Friedrich Nietzsche nos invitaba a este ejercicio de destrucción creadora. No se trata de aceptarse con complacencia, sino de superarse con ferocidad. En “Así habló Zaratustra”, el filósofo bigotudo nos recuerda que la fijeza es la muerte del espíritu y que el hombre es un tránsito permanente, no un fin en sí mismo: “Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de ellos mismos” (Nietzsche, 2011, p. 33).

Dicho esto, está claro que si matamos el caos interior con la sentencia del “yo soy así”, apagamos también la posibilidad de que algo brillante emerja de nosotros. Finalmente, debemos entender que la existencia no es un molde de teflón, sino una materia prima que debemos esculpir. En “La hermenéutica del sujeto”, Foucault recuperaba el concepto del “cuidado de sí” como un trabajo ético y estético sobre la propia vida. No somos víctimas de nuestra psicología, sino artistas de nuestra propia conducta cotidiana. Por ello, Foucault sostiene que la verdad no puede ser alcanzada sin una transformación del sujeto, sin una ascesis o una conversión que nos permita dejar de ser los carceleros de nuestra propia personalidad: “No puede haber verdad sin una conversión del sujeto, sin una transformación de la posición del sujeto, sin que el sujeto mismo se vea modificado por el hecho mismo de su acceso a la verdad” (Foucault, 1994, p. 34).

Para concluir, y como siempre, es momento de inquietarnos ante la comodidad de nuestras certezas circunstanciales. ¿Cuánto de lo que llamamos “mi forma de ser” es en realidad un mecanismo de defensa para no enfrentar el esfuerzo que requiere la empatía? Quizás, al final del día, lo que más tememos no es que los demás no nos acepten, sino descubrir que tenemos el poder absoluto de dejar de ser quienes hemos sido hasta hoy. Si el mundo entero se rindiera a la desidia del carácter inmutable, la convivencia se tornaría un campo de batalla de solipsismos violentos.

Ahora bien, ¿estamos dispuestos a ser los responsables del desierto ético que generamos con nuestra rigidez? La pregunta que debería quedar resonando en el silencio de nuestra conciencia no es si los demás deben soportarnos, sino si nosotros mismos somos capaces de soportar la versión de nosotros que se niega a evolucionar. ¿Quién eres tú, realmente, cuando dejas de usar tu pasado y tu supuesta esencia como excusa para no habitar tu presente con dignidad?

Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

Aristóteles. (2014). Ética Nicomáquea (J. Pallí Bonet, Trad.). Gredos. (Original publicado c. 349 a. C.).

Beauvoir, S. (2017). Para una moral de la ambigüedad (M. Armiño, Trad.). Anthropos. (Original publicado en 1947).

Foucault, M. (1994). La hermenéutica del sujeto (M. Á. Galmarini, Trad.). Akal. (Original publicado en 1982).

Fromm, E. (2007). ¿Tener o ser? (J. Florentino, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Original publicado en 1976).

García, C., & Canut, I. (2002). A quién le importa [Canción]. En Thalía. EMI.

Han, B. C. (2017). La expulsión de lo distinto (A. Saratxaga Arregi, Trad.). Herder.

Levinas, E. (2012). Totalidad e infinito (D. Guillot, Trad.). Sígueme. (Original publicado en 1961).

Lipovetsky, G. (2002). La era del vacío (J. Vinyoli & M. Pendanx, Trad.). Anagrama. (Original publicado en 1983).

Nietzsche, F. (2011). Así habló Zaratustra (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza. (Original publicado en 1883).

Ortega y Gasset, J. (2010). La rebelión de las masas. Biblioteca Nueva. (Original publicado en 1930).

Sartre, J. P. (2009). El existencialismo es un humanismo (P. Pradinas, Trad.). Edhasa. (Original publicado en 1946).

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

 

Con la anexión a España, firmada el 18 de marzo de 1861, Santo Domingo pasó a ser una dependencia española, como lo eran Cuba y Puerto Rico.

Por Roberto Valenzuela
Diario Azua / 16 agosto 2026.-

Hace 163 años, en la Guerra de la Restauración —que conmemoramos este 16 de agosto de 2026—, hasta la valentía tenía una forma de medirse. Quien se apartaba del combate podía recibir un apodo o sobrenombre que un dominicano prefería la muerte antes de que lo llamaran así.

Pues, los combatientes dominicanos de la Guerra de la Restauración eran voluntarios que abandonaban sus conucos y a sus familias para luchar por la República. Cuando marchaban hacia las batallas, los jefes los estimulaban así: «Ni un paso atrás, a morir por la Patria». Enseguida sentenciaban: «Y eso sí, el que sea prieto que hable claro». Era como una especie de ritual, según explicó el historiador Bernardo Vega durante una exposición en la Academia Dominicana de la Historia.

Otros investigadores indican que la expresión era: «El que sea pata prieta, que hable claro», y que se referían al cobarde, al traidor (vendepatria) e indigno de defender el honor de su nación.

En algunas crónicas históricas se utilizan los términos «prieto» y «pata prieta» para referirse al dominicano que no quería combatir, desertaba del combate o colaboraba con los anexionistas, como Pedro Santana, o con los militares españoles.

Pero sí quedó claro que los dominicanos entraban en combate con un feroz grito: «¡Viva la República!». El grito de guerra de los españoles era: «¡Viva la Reina!». Es decir, la reina era la inspiración de la soldadesca española. Los dominicanos, en cambio, trataban de restablecer la República, que había sido convertida en una colonia de España bajo el reinado de Isabel II.

Al ser España una potencia militar, sus tropas estaban bien armadas, con uniformes, zapatos, gorras y corbatas. Superaban en armas, número y logística a las dominicanas, asoladas por la pobreza.

Los restauradores luchaban descalzos, sin camisa, y su arma más común era el machete; algunos llevaban lanzas y viejos rifles. Montaban a caballo al pelo, a diferencia de la caballería española, que utilizaba silla de montar y todos los ajuares para la guerra.

El fallecido director del Archivo General de la Nación (AGN), Emilio Rodríguez Demorizi, recopiló la descripción que hizo Pedro Francisco Bonó del cantón de Bermejo, en Monte Plata, establecido por Gregorio Luperón, donde venció al caudillo anexionista Pedro Santana.

«No había casi nadie vestido. Harapos eran los vestidos; el tambor de la Comandancia estaba con una camisa de mujer por toda vestimenta. Daba gusto verlo redoblar con su túnica. El corneta estaba desnudo de la cintura para arriba. Todos estaban descalzos y con las piernas desnudas», relataba Bonó, ministro de Guerra del Gobierno Restaurador, que tenía su sede en Santiago de los Caballeros.

Demorizi escribió la obra Papeles de Pedro F. Bonó (1964). Demorizi (1906-1986) es considerado el investigador histórico más prolífico de la República Dominicana.

Es importante precisar que este artículo tiene un propósito exclusivamente histórico y documental. La expresión «pata prieta» o «el que sea prieto que hable claro» se cita tal como aparece en las fuentes de la época y no responde a una valoración ni pretende promover ideas racistas o discriminatorias. Su inclusión busca explicar el lenguaje y el contexto histórico en que fue utilizada durante la Guerra de la Restauración.

viernes, 14 de agosto de 2026

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 14 agosto 2026.-

En Santiago acaban de celebrar el Primer Encuentro Nacional Decimero. Aquello fue mucho más que una simple reunión de poetas. Mientras escuchaba nombres, versos, homenajes y recuerdos en el Ateneo Amantes de la Luz, reafirmé una idea: un pueblo avanza cuando reconoce su cultura, conversa sobre ella y encuentra maneras de mostrarla con orgullo.

El encuentro, organizado por el colectivo DeciMás, reunió a 24 decimeros de diversos puntos del país. En la jornada reconocieron a Huchi Lora, Ramón Saba, Jhonny Lama y, de manera póstuma, a José Jáquez. Hubo además un minuto de silencio por Lenia Guzmán, activista cultural cuya memoria estuvo presente en la sala.

Pero lo que más llamó mi atención fue comprobar que la décima sigue viva y que una pléyade de cultores está en la mejor disposición para mantenerla.

Allí, cada poeta llegó con su voz, su forma de apreciar el entorno y su manera particular de combinar palabras. Sin embargo, todos aceptaban una misma regla: diez versos, una métrica y un orden para rimar. Pero esa disciplina, que podría parecer simple exigencia literaria, contiene una enseñanza social importante.

Algunas enseñanzas

Allí reparé en que construir una buena décima requiere mucho más que decir lo primero que llega a la cabeza. Implica escuchar, pensar, ordenar y respetar una estructura. Se me ocurrió que algo parecido necesitamos como sociedad. Podemos tener opiniones distintas, incluso discutir con fuerza, pero necesitamos reglas compartidas que permitan entendernos sin que las diferencias nos separen.

La tradición de la décima demuestra que hasta la confrontación puede transformarse en diálogo. Con cierta frecuencia, versadores se desafían, responden y defienden sus ideas con rima. En esos casos puede haber picardía, crítica y provocación, pero existe un código que respetan: el contrario no tiene que ser enemigo; con él se construye una conversación.

Ahí identifico uno de los mayores aportes del encuentro de Santiago: recordarnos que la cultura popular también enseña ciudadanía.

La décima reúne personas, crea vínculos entre generaciones, da espacio a la memoria y permite que una comunidad se reconozca en sus propias palabras. Cuando alguien recita un verso sobre su barrio, su familia, una injusticia, el amor o la esperanza, otras personas pueden descubrir que también han vivido sentimientos parecidos. Eso crea cohesión social. Nos ayuda a sentir que pertenecemos a algo mayor que nosotros mismos.

También existe una forma de resistencia en conservar la décima. Durante mucho tiempo, algunas manifestaciones populares fueron vistas como inferiores frente a formas culturales consideradas “cultas”. Sin embargo, los poetas populares defendieron sus estructuras, sus maneras de hablar y su derecho a contar el mundo desde su propia experiencia.

Como se puede apreciar, mantener viva la décima significa también defender una parte de nuestra soberanía cultural.

La propuesta de Huchi

Por eso considero muy oportuna la propuesta planteada por Huchi Lora en el encuentro: vincular más la décima con la música. Ahí existe una oportunidad enorme. Si la décima entra con mayor fuerza a escuelas, comunidades, plataformas digitales, festivales y nuevas expresiones musicales, puede acercarse a públicos que hoy apenas la conocen. Entonces, en lugar de exhibir la tradición en una vitrina, lo que necesitamos es mantenerla en movimiento.

Me parece simbólico y muy oportuno que la Ciudad Corazón haya sido punto de reunión para el primer encuentro. Ahora, como torrente por todo el cuerpo, debería ocurrir un movimiento más amplio que conecte poetas, escuelas, gestores culturales, empresas, entidades gubernamentales, universidades, medios de comunicación y organizaciones comunitarias.

Necesitamos más espacios donde jóvenes y adultos aprendan a rimar, pero también a escuchar. Donde puedan defender una idea sin agredir. Donde comprendan que una tradición no pertenece únicamente al pasado, sino que puede ayudarnos a aprovechar el presente para construir futuro.

Esa visita a Santiago me generó una tesis: la décima no es solamente poesía. Creo que la décima es memoria, conversación, disciplina, identidad y encuentro. En una sociedad tan afectada por el ruido, la prisa y la división, sentarnos alrededor de la décima es un gesto trascendente.

Mi más reciente visita a Santiago sirvió para encontrar en la rima una manera de cultivar comunidad. Ojalá que el encuentro decimero organizado por DeciMás sea solo el inicio de una gran cosecha.

Fernando Custodio, director general

Opinión editorial

Hoy, la República Dominicana exhibe un órgano electoral moral y éticamente robustecido, proyectado por la evidencia de su trabajo y reconocido por una población que sabe distinguir entre lo bueno y lo malo, así como entre la crítica responsable y la difamación, especialmente cuando esta última parece estar impulsada, quizás, por intereses económicos.

Es lamentable que, en muchas ocasiones, algunos medios de comunicación intenten ensuciar honras personales y reputaciones construidas a lo largo de los años mediante el buen servicio y el decoro con que sus protagonistas han desarrollado primero sus vidas personales y, posteriormente, sus trayectorias profesionales como servidores de los sectores público y privado.

En este territorio de 48 mil kilómetros cuadrados que conforma la República Dominicana, cualquiera puede intentar ensuciar una reputación, pero no todo el que acusa tiene la razón.

Ese tipo de esfuerzo por informar no hace honor a la verdad ni constituye un buen ejercicio del periodismo cuando se aparta del compromiso de llevar a la población información veraz, equilibrada y responsable.

Hablar del desempeño de Ramón Andrés Jáquez Liranzo, Samir Rafael Chami Isa, Dolores Altagracia Fernández Sánchez, Rafael Armando Vallejo Santelises e Hirayda Fernández Guzmán, como miembros del Pleno de la Junta Central Electoral, debe hacerse con transparencia y responsabilidad, porque se trata de personas forjadas y formadas bajo principios de moralidad, responsabilidad y decoro.

Ellos saben que el organismo que dirigen constituye una de las columnas vertebrales de la institucionalidad dominicana, tanto desde el punto de vista documental de la nacionalidad como desde la perspectiva del sistema democrático del país.

Recientemente, algunos desenfrenos comunicacionales han intentado arrojar sombras sobre la Junta Central Electoral por el simple hecho de que sus integrantes han viajado al exterior en misiones institucionales y de representación. Se trata de una institución que, por su naturaleza y experiencia, desempeña un papel relevante dentro del sistema de administración electoral de América Latina.

Al observar la carta que el Pleno de la JCE envió el 12 de agosto de 2026 al señor Aníbal de Castro, director de Diario Libre, se puede apreciar con claridad la necesidad de colocar determinadas informaciones en su debido contexto. La misiva pone en evidencia aspectos que, en algunas supuestas investigaciones periodísticas, no habían sido suficientemente explicados.

La carta señala que ese medio cuestiona actuaciones institucionales que, en algunos casos, trascienden la legítima fiscalización del gasto público para formular valoraciones que requieren ser debidamente aclaradas.

La JCE explica en su comunicación que respeta irrestrictamente la libertad de prensa y reconoce el derecho de los medios de comunicación a investigar y fiscalizar el uso de los recursos públicos. Sin embargo, esa misma responsabilidad periodística exige que las actuaciones institucionales sean presentadas atendiendo a su contexto, finalidad y alcance real.

La misiva precisa que es necesario determinar qué cubre cada asignación: alojamiento, alimentación, transporte interno, impuestos y demás gastos relacionados con una misión. Comparar únicamente una cifra diaria, sin establecer previamente que se están confrontando conceptos equivalentes, puede conducir a conclusiones incorrectas.

Hay otro dato importante y oportuno que explica el Pleno de la JCE: la institución no tiene inconveniente alguno en explicar sus actuaciones, particularmente cuando aplica un régimen de viáticos establecido desde el año 2005 mediante el Acta 18/2005, y no una disposición creada o modificada específicamente para las misiones cuestionadas.

Pero una cosa es fiscalizar el gasto público y otra muy distinta es intentar vincular una capacitación institucional con compras, restaurantes y consumo de vino, sin establecer de manera clara la relación real entre esos elementos y la misión oficial.

En la actualidad, la JCE cuenta con 25 Oficinas de Servicios en el Exterior (OSE), 12 oficinas satélites y 5 puntos fijos, para un total de 42 oficinas. A estas se suman 24 Oficinas de Coordinación de Logística Electoral en el Exterior (OCLEE), destinadas al montaje y organización de las elecciones con antelación. Además, se coordinan las instalaciones de cuatro oficinas satélites en Europa.

Para este equipo, compuesto por Ramón, Dolores, Samir, Hirayda y Rafael, debe estar claro que cada peso utilizado tiene que poder explicarse; que cada viaje debe responder a una finalidad institucional; que cada viático debe estar debidamente sustentado, y que cada misión debe ser capaz de demostrar sus resultados.

Pero también entendemos que la fiscalización pública debe responder a la naturaleza, las responsabilidades y el contexto particular de cada institución.

La Junta Central Electoral constituye una de las columnas vertebrales de la democracia dominicana y, por esa razón, es una institución que el pueblo debe cuidar con esmero. Esta es una responsabilidad que también conocen muy bien los medios de comunicación del país.

La crítica y la fiscalización son necesarias en toda democracia. El periodismo tiene el legítimo derecho de investigar, cuestionar y exigir transparencia. Sin embargo, ese ejercicio pierde valor cuando se convierte en un instrumento para desacreditar, difamar o afectar moralmente a personas e instituciones sin que existan fundamentos suficientes.

En una sociedad democrática, nadie debe estar por encima de la fiscalización, pero tampoco nadie debería ser condenado públicamente por insinuaciones, interpretaciones sesgadas o informaciones incompletas.

La JCE pertenece al pueblo dominicano. Su patrimonio institucional trasciende a quienes circunstancialmente la dirigen. Por eso, cualquier señalamiento en su contra debe ser tratado con la seriedad que merece una institución fundamental para la vida democrática del país.

Defender la JCE no significa negar el derecho a cuestionarla. Significa exigir que toda crítica esté acompañada de hechos, evidencias, contexto y responsabilidad. Porque fiscalizar es necesario, pero difamar nunca puede ser presentado como periodismo.

La verdad, finalmente, no necesita estiércol para crecer; necesita hechos, transparencia y responsabilidad.



miércoles, 12 de agosto de 2026


Ana Inoa, Periodista y estratega de comunicación


Diario Azua / 12 de agosto 2026

¿Cuántos sueños has guardado bajo llave simplemente por miedo a intentarlo? Las oportunidades pasan frente a nosotros, invisibles, porque estamos demasiado ocupados pensando en lo que podría salir mal. El miedo no siempre se presenta como una fuerza destinada a detenernos; a veces se disfraza de prudencia, de espera o del pensamiento: "Aún no estoy listo". Y mientras aguardamos el momento perfecto, proyectos, decisiones y sueños terminan acumulando polvo en un cajón. A menudo, no perdemos por fracasar, sino por no habernos atrevido nunca a empezar.

¿Sabías que el camino más largo es aquel que contemplas sin saber dónde termina? Podemos pasar años observando una oportunidad desde lejos, preguntándonos qué nos espera, imaginando obstáculos y aguardando garantías que la vida nunca ofrece. Sin embargo, ningún camino revela su destino desde el punto de partida; hay que recorrerlo. El primer paso puede traer miedo, incertidumbre e incluso dudas, pero también puede acercarnos a lugares que jamás descubriríamos si permaneciéramos inmóviles.

Las barreras tampoco significan siempre que debamos detenernos. Algunas surgen para obligarnos a mirar en otra dirección, a descubrir un talento oculto o a hallar una oportunidad escondida tras un desafío. Debemos aprender a ver con los ojos de la verdad reconociendo nuestros miedos sin convertirlos en excusas y a actuar con manos claras, dejando de lado las opiniones, comparaciones y prejuicios que a menudo nos impiden saber qué es lo que realmente queremos.

También existen sueños que parecen marchitos cuando, en realidad, llevan años esperando una decisión. Ese proyecto que nunca iniciaste, la meta que pospusiste, la idea que anotaste y archivaste, el cambio que sabes que debes realizar. La esperanza también reside en volver a esos cajones, revisar lo que dejamos inconcluso y darnos cuenta de que, tal vez, aún hay tiempo. No todas las oportunidades llaman a nuestra puerta; algunas solo aparecen una vez que comenzamos a caminar.

Los comienzos y los finales forman parte de la vida, al igual que el miedo. Lo que sí podemos decidir es si permitiremos que ese miedo defina nuestra historia. Derribar barreras, desafiar estigmas y alcanzar nuevos horizontes no significa vivir sin miedo, sino aprender a avanzar a pesar de él. No necesitas conocer todo el recorrido ni tener todas las respuestas. Quizás hoy solo necesites tomar una decisión sencilla: sacar ese sueño del cajón y ponerte en marcha. Porque, al final, la distancia entre quién eres y quien deseas llegar a ser siempre comienza con un primer paso.

domingo, 9 de agosto de 2026

Por Alfredo Cruz Polanco (alfredocruzpolanco@gmail.com)
Diario Azua / 09 agosto 2026.-

Este artículo fue publicado por este prestigioso periódico hace algo más de un año, pero por coincidir con la aprobación y promulgación de una nueva versión del mismo, he querido publicarlo de nuevo, aunque con algunas actualizaciones.

A las pocas semanas de que el profesor Juan Bosch y Gaviño fuera juramentado como presidente constitucional de la República, el 27 de febrero de 1963, luego de ganar la presidencia con casi el 60 % de los votos emitidos en las primeras elecciones libres y democráticas celebradas en el país, el 20 de diciembre de 1962, ya decapitada la tirania de Trujillo, mostró un gran interés para que la República Dominicana tuviera un nuevo Código Penal, en razón de que el existente en esa épica, respondía al Código Napoleónico, con casi doscientos años, el cual j representaba una retranca y un gran obstáculo para el crecimiento y el desarrollo institucional, político, económico y social que él procuraba para nuestro país.

En tal sentido, envió una comunicación al presidente del Senado, Dr. Juan Casanova Garrido, copia de la misma se encuentra en el Archivo General de la Nación (AGN), en la que solicitaba que sometiera con carácter de urgencia un proyecto de ley para la aprobación de un nuevo Código Penal.

Estas informaciones se encuentran en los discursos del Presidente Bosch desde el Palacio Nacional, recopilados por el laureado cineasta, escritor, investigador e historiador dominicano, René Fortunato.

De esta importante iniciativa del ex Presidente Bosch ya han transcurrido sesenta y tres años. Desgraciadamente este importante proyecto de nación, conjuntamente con otras iniciativas, no pudieron ser sometidas ni aprobadas, pues al igual que la Constitución del 63, con la que estaba gobernando, reconocida como la más avanzada, la más liberal y progresista; la de mayor justicia social y de la que fue su principal protagonista, no convenían a los intereses de los sectores cavernarios de la época en la que tocó gobernar.

Ambos proyectos fueron abortados, satanizados y borrados con el Golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963, gestado y patrocinado por la cúpula militar de la época, la oligarquía empresarial, la jerarquía eclesiástica de la iglesia católica, la Unión Cívica Nacional y otros partidos de la oposición, bajo las órdenes de la Embajada de los Estados Unidos de Norteamérica.

Si dicho Código hubiese sido aprobado y puesto en ejecución desde esa epoca, este país fuera diferente; habria alcanzado un alto nivel de desarrollo económico, político, social e institucional, pues se habría perseguido y castigado el crimen, la corrupción pública y privada, el enriquecimiento ilícito, el narcotráfico, la inseguridad ciudadana, así como otra serie de males, pues, en otras palabras, se hubiese aplicado un régimen de consecuencia a los violadores de las leyes.

Además, los tres poderes del Estado: el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como el poder municipal, serían cada vez más fuertes y funcionales; se hubiese aplicado correctamente el presupuesto nacional en las obras públicas prioritarias y en los servicios básicos, como: educación, salud, energía eléctrica, agua potable, transporte, seguridad social y ciudadana, entre otros.

Después de más de veinte años, corriendo de un lado para otro en ambas cámaras legislativas, ahora se ha querido festinar, cualquierizar y salcochar a la carrera y al vapor, la aprobación de un nuevo Código Penal, correspondiendo a los intereses de los sectores de poder, de los que se benefician del crimen y del saqueo de los recursos públicos, estando conscientes de que este no es el código deseado y el que requiere la nación, cuya aprobación ha sido pura y simplemente para cumplir con los poderes fácticos del sistema político actual.

Los legisladores reconocen que muy pronto habrá que someter otro proyecto de ley para su modificación, bajo el argumento que siempre se ha enarbolado, de que se aprueba “la ley posible, no la deseada”, a pesar de que no fueron escuchadas ni tomadas en consideración las más de doscientas propuestas de los diferentes sectores políticos, económicos y sociales del país.

Lamentablemente, los intereses, los antivalores y los sectores de poder, han permeado al Congreso Nacional. Estos sectores son prácticamente casi los mismos de los que se opusieron y torpedearon al gobierno del Presidente Bosch para derrocarlo e impedir que se aplicara la Constitución del 63 y que se aprobara un nuevo Código Penal.

Con la aplicación del código propuesto por el Presidente Bosch, se habria logrado una sociedad más justa, educada, desarrollada y humana, pues se habría contado con un verdadero Ministerio Publico, que administrara justicia, tal como ocurrió en Costa Rica, con José Figueres y con otros mandatarios de la época, pues Bosch, dada su reconocida honestidad, transparencia y reciedumbre frente la corrupción, no hubiese permitido ni admitído la impunidad y la permisividad imperantes, por lo que de seguro hubiese gestionando la aplicación de un régimen de consecuencia.

Esos funestos acontecimientos le ocasionaron al país un retroceso de más de cincuenta años, en lo económico, en lo político, social e institucional. iQué pena, dominicanas y dominicanos!

El autor es Contador Público Autorizado
Máster en Relaciones Internacionales
Ex diputado al Congreso Nacional
Ex miembro de la Cámara de Cuentas de la República, 2010-2016.

 

Por Oscar López Reyes
Diario Azua / 09 agosto 2026.-

El imaginario colectivo sitúa a Estados Unidos como un país de oportunidades sin tristeza y con nieve cristalina para prosperar en igualdad de todas las clases sociales –con barrios sin pobreza en fiestas multicolores - y conseguir bienes económico-financieros sin utopía y con rostro de felicidad. Y, sin soñar despierto en ese paisaje de paz ciudadana, se acuña El Sueño Americano, como proponente de leyes equilibradas y ascenso social.

Durante mucho tiempo, Estados Unidos ha disfrutado de la reputación de ser poderoso económicamente, atesorado con paisajes majestuosos en calles sin mendigos ni ladrones, y con personas saludables y libres en un estado de derecho, bajo sonrisas a flor de labios, aplaudidas por flacos y gordos con carcajadas de orejas a orejas. ¡Oh!, en mentes humanas merodea su designio de imponer su voluntad hegemónica en la esfera global, sea como imperialismo de garrote o como imperialismo liberal.

Sin temor ni embotellamientos en una geografía fría en exceso apaciguada con café matutino y chocolate vespertino, y en el calor extremo con helados en cumbres de sabor a primavera y verano, prolifera el conocido refrán “cría fama y échate a dormir”. Embaucadas, multitudes dispersas han llegado a proclamar que se trata de un país “comunista”.

¿Es un paraíso o un infierno? Todo lo que brilla no es oro. Describamos diez de sus principales plagas sociales destructivas para la moral, la convivencia comunitaria, la economía y la seguridad tanto nacional como internacional:

1.- ELEVADO CONSUMO DE DROGAS. Estados Unidos se afianza como el primero del globo terráqueo en la compra y dispendio de drogas del mundo: El 24% de su población mayor de 12 años de edad (69.8 millones de personas) ha consumido estupefacientes ilegales, especialmente cannabis o marihuana (planta natural) y opioides sintéticos, como el fentanilo (sustancias químicas), así como el inadecuado uso de medicamentos recetados. Esa epidemia ha desatado una crisis de salud mental y provocado una de las tasas mundiales más altas de muertes –entre 70 mil y 87 mil personas al año- por sobredosis, conforme con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

2.- ALTO RANGO DE VIOLENCIA. Más de 800 mil personas han ido a la tumba desde el año 2000, víctimas de tiroteos masivos, robos y otros delitos violentos (entre el 35% y 40%%), y entre el 55% y 62% son suicidios con armas de fuego, por la escasez de convivencia social, la soledad, la angustia, la inseguridad y el escepticismo. Estos artefactos son una imposición de la influyente industria armamentista, y esa elevada cifra de homicidios y criminalidad es más alta que en otros países desarrollados de Europa y Oceanía.

3.- BAJA CALIDAD DE VIDA. Aunque la calidad de vida promedio clasifica como alta, están acogotando los altos precios de la canasta básica, la vivienda, al unísono de su escasez; la educación, con el endeudamiento de millones de jóvenes y los servicios médicos, con millones de ciudadanos sin seguro médico adecuado, en medio de la creciente obesidad, diabetes, afecciones cardíacas, etc. Son quejas persistentes la pérdida del poder adquisitivo por las presiones inflacionarias y el reclamo de reformas urgentes.

4.- DESIGUALDAD SOCIO-ECONÓMICA. La inequidad en Estados Unidos jerarquiza como más alta que en otros países desarrollados: 37.2 millones de personas moraban en la miseria/indigencia en 2020, porque la fortuna está pésimamente distribuida: El 1% se privilegia con el más gigantesco ingreso, ubicando a esa nación entre las más desiguales de las economías con avanzada industrialización y altos ingresos.

5.- DÉFICIT FISCAL Y DEUDA ESPIGADAS. La deuda pública de Estados Unidos resalta como muy alta, por sus cifras récords superiores a los 30 billones de dólares. Supera el 120% de su Producto Interno Bruto (PIB) o producción económica anual, y el pago de cuyos intereses consume una porción prominente del presupuesto federal, que encoge sustancialmente las inversiones en infraestructuras y servicios públicos.

6.- PÉRDIDA DE VALORES Y VULNERACIONES. El declive de los valores ético-morales y los quebrantamientos a los derechos humanos –persecución y muerte- y los procesos democráticos bajan la credibilidad en el Gobierno; la incertidumbre y el pesimismo por el deterioro de las condiciones de vida y la polarización ideológica erosionan la confianza en las instituciones oficiales e incentivan el disgusto ciudadano.

7.- DISCRIMINACION RACIAL. El racismo histórico y la discriminación sistémica continúan impidiendo el acceso al empleo, la salud, la educación y la justicia a integrantes de clases bajas y emigrantes. Una encuesta del Pew Research Center reveló que uno de cada tres hispanos residentes en Estados Unidos reporta discriminación por ser latino y 29% ha recibido críticas por hablar español. En este contexto, un tercio de los encuestados (33% sostuvo que ser latino “daña un montón o un poco” su habilidad de “salir adelante” en Estados Unidos, aunque un cuarto de ellos (26%) considera que esto le “ayuda un montón o un poco”.

8.- PARAÍSO DE MULTIMILLONARIOS. El modelo capitalista de libre empresa privada facilita acumular riquezas en acciones en compañías, bienes y raíces e inversiones en la bolsa de valores, y propiedad intelectual, patentes y marcas. Resalta como el paraíso de milmillonarios o billonarios (1.000 millones de dólares o un "billón" equivale a un millón de millones (\(1.000.000.000.000\)). El Tío Sam concentra el mayor número de personas con un matrimonio ultra alto y la mayor cantidad de millonarios del mundo.

9.- GASTO MILITAR DESMESURADO. El presupuesto militar de Estados Unidos, ascendente a 900 mil millones de dólares anuales autorizados (alrededor del 2,8% al 3,4% del Producto Interno Bruto –PIB-), destinado a la defensa por sus tantos adversarios y a las guerras en el exterior, representa cerca del 40% del gasto total del planeta y se coloca como el más avanzado tecnológicamente. Esa maquinaria de muerte quita recursos para superar la pobreza, a la salud, la educación y otros servicios públicos.

10.- CONFLICTOS Y FRACASOS EXTERIORES. El triunfo de la Segunda Guerra Mundial por Estados Unidos y sus aliados, con el lanzamiento de bombas atómicas en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y 9 de agosto de 1945, que causaron la muerte de 120 mil civiles, se tradujo en fiascos y resonantes derrotas exteriores posteriores para la potencia de América del Norte, con millones de exterminados.

Fallidas se anotan sus más de 500 intervenciones militares en América Latina, el Medio Oriente y África –porque no alcanzaron los propósitos políticos preestablecidos ni la estabilidad a largo plazo- y han engendrado una extendida animadversión hacia Estados Unidos. Sus más estrepitosos reveses en el extranjero son el golpe de Estado en Irán (1953), la guerra de Vietnam (1955-1975), la invasión de Bahía de Cochinos (1961) en Cuba, y el bloqueo económico-financiero a esa isla, la crisis de los rehenes en Irán (1979-1981), las intervenciones en Somalia (1992-1994), Libia en 1986, Somalia en 1983, Siria en 2014 y Afganistán (2001-2021), así como la confrontación militar en Irán, en 2026.

Fracaso de inteligencia ante los atentados del 11 de septiembre de 2001, las guerras comerciales globales y la pérdida de control unipolar frente a potencias emergentes, fracaso para contener el ascenso de China y Rusia, así como en la competencia Global y Economía, en la Diplomacia y Organismos Multilaterales, Crisis migratoria y seguridad fronteriza: Los desafíos en la gestión de flujos migratorios irregulares y la reforma de las políticas de asilo son temas de intenso debate nacional, quebrantamientos….

Epílogo: Como principal nación capitalista del universo, Estados Unidos detona una disparidad o desproporción social exagerada, por la posesión de la hacienda en una minoría rectora, flor y nada de la aristocracia: 989 multimillonarios concentran más de mil millones de dólares, conforme la revista especializada en negocios y finanzas Forbes, que representan menos del 1% de la población nacional, mientras que subsisten en la pobreza 35.9 millones, que son el 10.6% de sus habitantes, según la Oficina del Centro de esa nación.

Ese acaparamiento ensancha la brecha entre la élite de arriba y los de abajo: Las espaciosas clases media y baja ve restringido el acceso a los bienes esenciales y tanto la calidad como la esperanza de vida. Cientos de miles de humanos sin hogares duermen en tiendas de campaña y campamentos, en calles y automóviles viejos; el acceso a la alimentación, la salud, la educación y viviendas son carísimos, lo que fabrica impotencia colectiva.

En la contrahaz, los superricos inciden protagónicamente en la elaboración y aplicación de las leyes y en los colegios electorales del gobierno federal (nacional), los gobiernos estatales (los 50 estados) y los gobiernos locales (condados, ciudades y pueblos), así como en la toma de decisiones del presidente de la República, el Congreso, la Alcaldía, la Gobernación y otros, que socava la democracia, margina a las nuevas generaciones y sofocaba a la comunidad internacional, con potencialidades de indignación, enojo con cara de rebeldía y cambio social.

El autor es periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y comentarista de medios escritos, televisivos y digitales.

«Traté de escuchar la voz de Dios y trepé al campanario más alto, pero Dios declaró: "Desciende otra vez, habito entre la gente"». John Henry Newman

Por Agustín Perozo Barinas
Diario Azua / 09 agosto 2026.-

Aribaldes se dirigió a una paradisíaca playa solitaria, en una costa apartada del litoral sur dominicano, remolcando un kayak para ejercitar cuerpo, mente y alma, mar adentro.

Mientras preparaba el equipo en la arena sintió la presencia de una aparición, algo como un viento borrascoso que vino, golpeó y se fue... como un Alba María.

Se recuperó de aquella impresión tan extraña y empujó el kayak entre las rompientes olas en la orilla. El cielo y el mar, a lo lejos, borraban el horizonte, eran ambos en uno. Serían las diez de la mañana... pocas nubes de algodón, suspendidas como si estuvieron fijas.

Ya en la mar, dominio de pescadores y poetas, empezó a remar, así como reman los que dominan este movimiento en medio de una soledad que se confundía con otras soledades que las olas le iban trayendo, una tras otra, hasta sentir una nostalgia única, inmensa, infinita, que le dio paz... pero no la paz de los muertos.

Buscaba ese nivel de aislamiento, para reflexionar y meditar, como una misa en salud. Pero no pudo escapar de la realidad. Entre muros de agua remó con vigor hasta un lugar donde el oleaje era suave, apenas un vaivén. Desde allí vio lo que ya conocía, montones de basura plástica entre los acantilados, lo que no se veía desde tierra adentro.

El daño ambiental es más que evidente en todo el mundo. Solo quienes tienen el privilegio de vivir en burbujas no ven el real estado de las cosas. Nuestro planeta, único hogar posible para nuestra supervivencia, tiene límites en la biósfera. Agua, tierra y aire nos gritan y seguimos de oídos sordos.

La carrera del crecimiento ilimitado y la supermasiva deuda (que triplica el tamaño de la economía mundial) que lo sostiene es una trampa. La tecnología es un cuchillo de doble filo, útil y peligroso al mismo tiempo. Estamos ciegos, consumiendo las narrativas de las élites dominantes globales y de los sistemas políticos vasallos con estructuras en las que los gobiernos mantienen una independencia formal pero obedecen a esas potencias, a esas élites.

Los conflictos se intensifican por el control hegemónico sobre las estructuras financieras, las materias primas, las rutas marítimas, los hidrocarburos, las tierras raras, los fertilizantes, el agua dulce, los mercados, la tecnología, incluso el espacio... esto apenas comienza. Las guerras serán cada vez más tecnológicas y mortales. La ley y la justicia están siendo moldeadas como camisas de fuerza. Los medios y el entretenimiento cumpliendo cabalmente su tarea. Hasta la línea entre lo real y lo irreal se está desdibujando. Y seguimos ciegos...

Aribaldes, un ser quijotesco, tenía más de cuatro décadas advirtiendo sobre esta degradación del hombre y de sus entornos naturales... en su lucha, agotado, hasta su Dulcinea lo abandonó y quedó, como Penélope, esperando lo que nunca más regresaría...

Permaneció allí por varias horas bajo un sol inclemente mirando las gaviotas surcar los cielos y junto al kayak bancos de pequeños peces plateados zigzagueando a gran velocidad.

En su mente cruzaba la imagen de su pueblo donde lo más visible siempre fue el campanario, de tonos ocres y paredes de mampostería. No tenía nada de extraordinario que no fuese la importancia que le daba la comunidad. Simbolizaba para la gente del pueblo una identidad, una comunión de todos, entre todos, por todos y para todos. Parte de su cultura, su religión y sus raíces.

Aún no se sabe qué pasó realmente aquella noche tormentosa... muchos ladridos, truenos y lluvia torrencial. Un calor sofocante y aires muy húmedos fueron el único aviso previo, tarde en la tarde, cuando la gente se recoge de sus diarios afanes. Temprano en la mañana siguiente no se escucharon los habituales campanazos, algo que nunca había sucedido. Curiosos, muchos fueron a la plaza en el centro del pueblo.

El campanario estaba casi totalmente destruido, las campanas entre los escombros en la parte superior. En todo el pueblo no había daños excepto ramas caídas y mucha hojarasca sobre las calles adoquinadas. Se comentó que fue un rayo. Los viejos del pueblo lo descartaron. Los jóvenes opinaron que era un armazón viejo y debilitado y cedió ya a los años. Quizás...

Aribaldes regresó de su recorrido y pensó que otros pueblos también podrían ver algún día su campanario destruido... como él también vio su mundo derrumbarse.

Sus compueblanos organizaron un comité con los miembros más respetados de todo el pueblo para una sola tarea: cómo reconstruir el campanario, símbolo de todos. Y así lo hicieron.

En la ruta a su hogar Aribaldes escuchó una canción de raíces isleñas que le traía amargos recuerdos:

Y murmuró para sí mismo: "Un día te prometí que te iba a querer pase lo que pase y aquí estoy sin ti, solo, pero cumpliendo mi promesa". Pero algo lo contentó: el campanario ya no estará en ruinas.

Autor de los libros sociopolíticos «La Tríada II» y «Érase una vez un edén en el Caribe».
Testigo del tiempo
Por J.C. Malone
Diario Azua / 09 agosto 2026.-

Cada dia surgen nuevas formas de estafar al público. Lo peor es que quienes montan las estafas son personas bien conectadas en los altos niveles del poder político, disfrutan de absoluta impunidad.

Inadvertidamente me tropecé con una nueva estafa internacional contra el eslabón más débil de las sociedades: Los inmigrantes.

Debía enviarle $210.00 a mi amigo Jorge Luis Flores Manjarrez, a Ciudad Mexico, pagándole unas camisetas y un juego de póker con caricaturas suyas de estrellas del Rock. Intenté mandarle el dinero por Western Union.

Noté que el software de Western Union ponía montos en el espacio donde yo debía ingresar cuánto enviaría, me puso $650.00. Lo lo corregí, completé la transacción.
Envié el dinero a Ciudad México, pero no a Jorge Luis, salió a nombre de Juan Toribio, quien vive en la República Dominicana. El software de Western Union hizo eso.

Ahora tengo $210.00 dólares “bajo investigación”, Western Union me exige datos como lugar y fecha de nacimiento de Toribio para devolverme mi dinero. Llevo una semana esperando. Ese software me hizo “sospechoso” de “lavado de activos”, me “investigan”.

Se lo conté a Jorge Luis, quien me contó que esperó dos semanas para recibir el dinero que le enviaron, pagándole por un mural que él pintó.

Aquí no hay error, es un negocio paralelo.

Cada día, Western Union procesa casi un millón de envíos, sumando unos $350 millones. Si el 20% tiene el “error” provocado por el software que fue diseñado para eso, son unos $70 millones diarios que nos quitan, para prestarlo, negociarlo, moverlo.

Ganan millones con nuestro dinero, son gente muy poderosa.

Imagínese, hay países donde el representante de Western Union y el presidente de la República, son dueños de una línea aérea, nadie nunca podrá reclamarle nada.

Son “gente honorable”, quienes los asaltan, son “delincuentes vulgares, no reclamables” y la policía los ejecuta sumariamente.

Hay muchos políticos corruptos; y empresarios ladrones. Cuando un empresario ladrón se viste de “político moralista”, ocurren cosas impensables, mientras tanto, mucho cuidado con Western Union.

viernes, 7 de agosto de 2026

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 07 agosto 2026.-

Hace algunos días, entre amigos, conversábamos sobre la democracia. Compartimos un abanico de pareceres: desde quien la considera perdida hasta quien insiste en que debemos preservarla y mejorarla. Entre posiciones tan distintas surgió una pregunta clave: ¿sigue sirviendo la democracia?

La conversación concluyó con un reto: determinar qué condiciones culturales, tecnológicas e institucionales necesitamos para que funcione. Porque la democracia no se sostiene únicamente con elecciones. Requiere ciudadanía informada, liderazgos competentes, instituciones capaces de responder y límites claros frente a quienes pretenden convertir el apoyo popular en poder absoluto.

Vivimos una época en la que cualquiera afirma, muchos creen y otros replican sin comprobar. A ello se suma gente que se ha tomado “muy a pecho” el derecho a elegir y ser elegido. Pero aspirar, aunque es legítimo, no convierte a cualquiera en opción competente.

Por eso, el problema no es que desde cómicos hasta “influencers” entren en política. La procedencia profesional no determina la capacidad para gobernar. El problema aparece cuando la fama sustituye a la preparación, el conocimiento institucional, la integridad y los equipos competentes. Una candidatura se construye con visibilidad, pero gobernar exige mucho más.

La discusión no es nueva. La tradición socrático-platónica plantea una pregunta incómoda: ¿basta con tener derecho a decidir y gobernar, o se necesitan conocimientos, virtudes y capacidades para ejercer responsablemente el poder? Veinticinco siglos después, la interrogante conserva vigencia, especialmente cuando la opinión desinformada encuentra en la estridencia una aliada.

Jugando con fuego

Lo lamentable es que muchos autodenominados demócratas no parecen advertir que estamos jugando con fuego. Cuando la democracia se debilita, la gente se cansa, deja de creer y busca respuestas en quienes prometen rapidez, orden y autoridad, aunque para ofrecerlos desprecien las reglas que protegen a todos.

En República Dominicana, como en gran parte de América Latina y el Caribe, muchas personas prefieren la democracia, pero sienten que no resuelve problemas como inseguridad, empleos precarios, servicios deficientes y miedo al futuro.

El PNUD acaba de informar que el 57% de la población caribeña considera la democracia como la mejor forma de gobierno, pero solo el 32% está satisfecha con su funcionamiento. La ciudadanía espera seguridad, oportunidades, escuelas, hospitales y autoridades que cumplan. Entonces, cuando los resultados no llegan, la confianza se rompe y crece el enojo.

En ese caldo de cultivo aparecen los llamados “outsiders”. Se presentan como ajenos a la política tradicional y prometen arreglarlo todo con voluntad, carácter y mano dura. Y no es que un liderazgo externo a los partidos sea necesariamente negativo; renovar figuras y prácticas puede ser saludable. El peligro surge cuando alguien usa el cansancio ciudadano para despreciar las leyes, silenciar voces críticas o gobernar sin controles.

¿Se montará RD en esa ola?

La posibilidad de que República Dominicana se monte en esa ola encuentra un aliado poderoso en la comunicación algorítmica. Recordemos que las redes no muestran primero lo más cierto ni útil, sino aquello que consigue mantenernos reaccionando y compartiendo. Por eso, el miedo, la rabia y el escándalo viajan con tanta rapidez.

Aunque mucha gente “lo tome a chercha”, se trata de un problema serio. Una mentira repetida puede parecer verdad. Un video recortado puede incendiar una comunidad. Una cuenta falsa se presta para cualquier cosa. Y eso abre las puertas para que gane quien grite más fuerte, no quien presente mejores razones ni soluciones responsables.

El problema tampoco termina ahí. Cuando el crimen organizado se infiltra en los poderes del Estado, distorsiona las prioridades públicas, debilita la persecución del delito y desvía capacidades que deberían proteger a la población. La mala política se convierte en sufrimiento concreto: más violencia, menos oportunidades y serviciospúblicos cada vez peores.

Estamos a tiempo. Mejorar la democracia exige partidos abiertos y rigurosos al escoger candidaturas, educación cívica, alfabetización mediática, instituciones independientes y políticas públicas capaces de producir resultados. Sin una democracia de calidad, los jóvenes tendrán menos oportunidades para estudiar, emprender, participar y construir proyectos de vida. Defender la que tenemos no significa conformarnos con ella; significa mejorarla antes de que la frustración sea utilizada para desmontarla. La pregunta es inevitable: ¿fortaleceremos nuestra democracia o seguiremos jugando con fuego?
Por Emilia Santos Frias
Diario Azua / 07 agosto 2026.-

Calma la mente y el alma hablará, decía la defensora de los derechos humanos Ma Jaya Sati Bhagavati. Ella viene a mi mente al analizar que vivir cada día cultivando el fruto del espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, puede ser una labor difícil, sin embargo, sabemos que el Dador de vida paga y paga bien, su recompensa va más allá de la sanación. Favorece que transitemos con bienestar, sin guardar rencor, aprendiendo y ejercitando el perdón. Siendo misericordiosos con nuestros semejantes, incluso con nosotros mismos, al fortalecer valores universales y ofrecer apoyo desde cada uno de ellos.

Todo esto nos hace mejor personas, comprometidas a actuar con benignidad, cultivar la paciencia y con ella asistir a quien necesita nuestra mano amiga. Es la muestra más sincera de amor, y este es el único camino hacia la anhelada salvación del alma humana, que solo la ofrece el Divino. Una emoción y sentimiento que como bien dice Corintios, siempre es desinteresada "…Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladarse los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve...”.

En ese orden, preciso es repetirnos que para conseguimos la salvación del alma, no basta con expresar benignidad, para obtener esta meta debemos actuar cada día y sin desmayo, en constante limpieza interna y acciones externas que representan nuestro discipulado, es decir, cómo emulamos las enseñanzas de Jesús, quien ofreció muestras palpables de amor en toda su magnitud. Estas líneas no hacen alusión a religiosidad, por el contrario, aluden a la búsqueda personal e interna que propicien convertirnos en mejores seres humanos.

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta…”.

Por eso, luego de agradecer cada mañana al Padre Creador por las bendiciones que entrega a nuestras vidas, y pensar en cuáles acciones ejecutaremos para el bienestar generalizado, entonces enrumbarnos en actividades, conscientes de que será un día a la vez que ejercitaremos hábitos atómicos, siempre basados en los lenguajes del amor que ofrecen tanto bienestar mental, físico, emocional y alivio al dolor.

Cuando tenemos la capacidad de identificar en nuestra mente y corazón el citado fruto del espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, y al mismo tiempo exhibir acciones que lo representen, estamos cercanos a la salvación del alma. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde la vida?, reza Mateo en su capítulo 16, versículo 26. Mientras, Jeremías 29:13, afirma “Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón”. Estoy consecuente de que esta meta puedo iniciarla con acciones tan bellas y a la vez simples, como regalar sonrisas, mostrar respeto a las normas, ser obediente y paciente ante los designios del Creador…

Hasta la próxima entrega.
La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.