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sábado, 10 de octubre de 2026

Diario Azua / 10 octubre 2026.-

«No es verdad que el hombre, como a veces parece pensarse, no pueda organizar la tierra sin Dios. Lo que es verdad es que, sin Dios, no puede a fin de cuentas más que organizarla contra el hombre». Henri de Lubac, El drama del humanismo ateo (1990, p. 11)

Por Lisandro Prieto Femenía

Existe una narrativa sociopolítica ampliamente difundida que da por sentada la muerte del cristianismo en Europa. Bajo la mirada de los medios masivos de comunicación y las lecturas dominantes de la posmodernidad, naciones de profunda prosapia histórica como Francia suelen catalogarse como territorios irrecuperables para la fe, piezas constitutivas de un museo de catedrales monumentales pero vacías, rodeadas por conciencias adormecidas por el progresismo, el consumo e impermeables al misterio. Sin embargo, la reciente visita pastoral del Papa León XIV por suelo francés ha dejado entrever una grieta profunda en ese relato hegemónico. Ante el asombro de los analistas y la perplejidad de las estructuras de poder, más de 1.300.000 fieles desbordaron plazas icónicas como la Place de la Concorde en París, los senderos de Lourdes y el Stade de France, revelando que el anhelo de trascendencia no se extingue mediante decretos culturales ni se disuelve en el cinismo de una época desgastada.

Desestimar la vigencia del aliento espiritual aduciendo la inevitable marcha de la secularización implica caer en un simplismo histórico. Quien examina la cultura contemporánea únicamente desde las métricas de la desacralización olvida que en la mente humana habita una constante tensión dialéctica entre la certeza y la inquietud. En su obra “Introducción al Cristianismo”, Joseph Ratzinger (2013) sintetizó esta dinámica al señalar que “tanto el creyente como el no creyente participan, cada uno a su modo, en la duda y en la fe, siempre y cuando no se oculten a sí mismo y a la verdad de su ser” (p. 18). Aquel que pretende basar su existencia en la autosuficiencia laica o la increencia sistemática no queda blindado contra la pregunta fundamental por la verdad; por el contrario, la sospecha del sentido continúa golpeando su puerta cuando los andamiajes del bienestar material resultan insuficientes para sostener el peso de la propia finitud. Esta especie de sequía de la inmanencia fue explícitamente interpelada durante los encuentros en París, donde se extendió la invitación a una civilización fatigada a “saciar su sed en Cristo y ser fuente de esperanza para el mundo” (Vatican News, 2026b, párr. 2), restituyendo la búsqueda de lo absoluto como el agua capaz de abrevar la aridez existencial contemporánea.

La precitada tensión cobra forma palpable en los diálogos del pontífice con la comunidad eclesial y los líderes de la sociedad civil, donde resurgió con vigor una pregunta formulada durante el consistorio romano: “¿Hay vida en nuestra Iglesia?¿Hay espacio para aquello que nace?” (Celada, 2026, párr. 3). Al examinar el alcance de estas palabras, el cardenal François-Xavier Bustillo (2026) precisó que la comunidad creyente no puede comprenderse a la manera de una maquinaria burocrática articulada para resistir el paso del tiempo, sino como un organismo vivo capaz de engendrar y transmitir vida sin refugiarse en esterilidades ideológicas ni en nostalgias del pasado. La verdadera novedad que conmueve el panorama francés no proviene de estrategias de mercadotecnia o de concesiones a la moda del momento, sino del silencioso y masivo retorno de jóvenes adultos -hijos de padres indiferentes u hostiles al hecho religioso- que solicitan el bautismo tras haber experimentado la indigencia espiritual de una sociedad hiperconectada pero desolada.

Aquella insatisfacción espiritual se manifiesta con especial crudeza cuando irrumpe de manera espontánea en la cotidianeidad del espacio urbano. Escenas insólitas registradas en las avenidas y bulevares parisinos, donde transeúntes y jóvenes detienen su marcha para solicitar el sacramento de la reconciliación a sacerdotes apostados en plena vía pública fracturan el dogma de una laicidad higiénica que pretendía confinar la fe al ámbito de lo estrictamente privado. En el corazón de una metrópoli dominada por la prisa, el consumo y la mirada vigilante de las pantallas, la imagen de un individuo arrodillado en la acera buscando el perdón constituye una verdadera rebelión existencial. Tengamos en cuenta que la cultura contemporánea, al abolir la noción de culpa sin ofrecer redención alguna, ha sumido al sujeto en una tiranía de la auto-exigencia y angustia reprimida. Al desacralizar el espacio público para re-consagrarlo mediante el diálogo del perdón, estos encuentros callejeros demuestran que la conciencia humana no busca una anestesia psicologista ni la absolución impersonal de las redes sociales, sino abrazo de una misericordia que sane la quebrantadura interior y devuelva la dignidad al penitente.

Precisamente en la multitudinaria vigilia que congregó a 80.000 jóvenes en el Estadio de Francia, la mirada papal penetró la coraza del desencanto juvenil para dialogar con las zozobras más íntimas de las nuevas generaciones. Frente a un auditorio marcado por la precarización y la prisa, el pontífice identificó cómo la fragilidad emocional distorsiona la vivencia de la libertad cuando surgen “sentimientos muy difundidos, debido a la precariedad de los planes para el futuro, la naturaleza provisional de los vínculos afectivos y la fragilidad de las relaciones” (citado en EFE, 2026, párr. 3). La respuesta cristiana a esta volatilidad cotidiana no apela a una resignación estoica, sino al descubrimiento del valor sagrado de la propia vida. Por ello, rompiendo con los eslóganes del utilitarismo imperante, resonó la proclamación categórica: “Joven que escuchas esto: fuiste creado para más que sobrevivir; fuiste creado para amar” (citado en Vatican News, 2026a, párr. 4). Al desarmar la consigna del nihilismo posmoderno, el obispo de Roma increpó las posturas que proclaman el fin del horizonte trascendente asegurando que “quien dice ‘Dios ha muerto’ está perdido” (Vatican News, 2026a, párr. 1), e instó a superar la parálisis del egoísmo mediante la entrega a los demás, pues “quien sigue a Jesús en el camino del servicio humilde y gratuito se libera de la angustia y redescubre un nuevo entusiasmo” (citado en EFE, 2026, párr. 4).

Justamente esa misma exigencia de vida e iluminación cobra una dimensión dramática cuando la institución eclesial se atreve a mirar de frente sus propias heridas y contriciones. Durante su estancia en el santuario de Lourdes, el pontífice sostuvo encuentros privados con sobrevivientes de abusos sexuales cometidos por miembros despreciables del clero, enfatizando ante el episcopado la imperiosa necesidad de “mantener la máxima vigilancia” y continuar sin vacilaciones por el camino de la reparación y la transparencia (Late 931, 2026, párr. 2). Desde una perspicacia estrictamente filosófica, la autoridad profética de la fe en la esfera pública no se construye mediante la ocultación del pecado institucional ni sobre la soberbia política de la auto-preservación, sino a través del desgarro de la “aletheia”: la verdad entendida como desvelamiento y asunción doliente de la culpa. Una Iglesia que pretenda anunciar la esperanza al hombre posmoderno sólo resulta creíble cuando abraza el dolor de sus víctimas, reconociendo que la conversión ética interior constituye la condición de posibilidad previa para cualquier renovación colectiva.

Ahora bien, más allá del desgarro institucional, la súplica del Papa en la cueva de Massabielle cobró un cariz de elevada teología política al postular que la regeneración comunitaria exige rescatar la noción de virtud pública. Al arrodillarse en el santuario pirenaico, León XIV encomendó a la Providencia la gracia de conceder a la nación anfitriona “gobernantes sabios y generosos”, empeñados en salvaguardar los derechos fundamentales y promover un clima social libre de violencia y resentimiento (ACI Prensa, 2026, párr. 1). Esta petición descoloca la visión pragmática predominante, la cual tiende a reducir el ejercicio del poder a la simple optimización tecnocrática o al cálculo electoral. Al entrelazar la sabiduría y la magnanimidad con la atención a los enfermos y desvalidos que abordan las fuentes de Lourdes, el discurso pontificio restituye a la política su vocación ética primordial: la autoridad civil sólo alcanza su más alta dignidad cuando se dobla con reverencia ante la fragilidad de los más vulnerables, haciendo de la justicia y la caridad los auténticos cimientos del bien común.

Ciertamente, este llamado a la dignidad cobra un sentido urgente en la tribuna de la UNESCO en París, escenario de alta carga simbólica donde el Santo Padre se convirtió en el segundo Papa en hablar ante dicho organismo supranacional desde 1980. En medio del vertiginoso despliegue de los algoritmos y la IA, el mandatario espiritual remarcó la imperiosa “necesidad urgente de educación en el discernimiento ético” para evitar que el ser humano naufrague en lo que calificó como el “paraíso de las máquinas” (citado en Infobae, 2026, párr. 4). Que quede claro: la fe cristiana interpela la fascinación técnica al señalar que ningún progreso de la cibernética o del cálculo instrumental puede sustituir el juicio moral de la conciencia. Cuando la eficiencia tecnológica se independiza de la orientación hacia el bien supremo, la razón queda expuesta a convertirse en un mecanismo ciego que cosifica la existencia y degrada a la persona a la condición de dato intercambiable.

Paralelamente, el itinerario del pontífice encontró un punto culminante de alta significación sociopolítica en Metz, capital de la Lorena, elección geopolítica y espiritual de profundas implicaciones. Mientras la mayor parte del territorio francés se rige desde 1905 por una ley de separación estricta entre Iglesia y Estado que redujo la vivencia religiosa a un estricto asunto privado, en el departamento de Mosela pervive el régimen concordatario, un marco jurídico donde el Estado reconoce, financia y colabora activamente con los cultos religiosos (RFI, 2026). Al cerrar su viaje precisamente en esta región fronteriza, León XIV puso de manifiesto que el hecho religioso no representa una amenaza para la convivencia ni una regresión oscurantista, sino un pilar fundamental del tejido social. El modelo concordatario de Alsacia y Mosela ofrece una lección filosófica al laicismo militante: demuestra que la verdadera neutralidad del Estado no reside en la expulsión de la fe fuera del espacio público, sino en la apertura institucional al diálogo armónico con las tradiciones espirituales que alimentan el alma de los pueblos.

Por otra parte, y frente a las pretensiones de una autonomía biotecnológica que pretende decidir los límites de la existencia, el mensaje papal pegó con vehemencia durante sus intervenciones al condenar la normalización de la eutanasia y el suicidio asistido. Como lo registró la prensa sobre los discursos del Papa en suelo galo, León XIV alzó la voz para denunciar el peligro de una sociedad que enmascara su abandono bajo la falsa compasión, recordando que “la respuesta a la enfermedad y a la vejez no puede ser el descarte ni la aceleración de la muerte, sino el cuidado, el acompañamiento y la afirmación incondicional de la vida humana hasta su término natural” (Clarín, 2026, párr. 2). Cuando una civilización decide legalizar la eliminación de los más frágiles con el pretexto de aliviar el dolor, manifiesta una profunda quiebra ética: la compasión auténtica no destruye al sufriente, sino que abrazando su dolor, lo sostiene en el seno de la comunidad.

En este punto resulta imprescindible acudir al diagnóstico antropológico formulado por Blaise Pascal en sus “Pensamientos” (2014), donde expone de manera desgarradora la desproporción inherente a la naturaleza humana: “¿Qué es, pues, lo que nos clama esta avidez y esta impotencia, sino que hubo en otro tiempo en el hombre una verdadera felicidad… este abismo infinito sólo puede ser llenado por un objeto infinito e inmutable, es decir, por Dios mismo?” (p. 148). Pues bien, la juventud francesa que hoy llena los templos y busca los sacramentos no aspira a una anestesia emocional ni a un sistema de prescripciones morales, sino que lo que anhela es una brújula capaz de orientar su libertad en medio del naufragio existencial. La posmodernidad prometió emancipar al sujeto de todo vínculo sagrado, pero el resultado de esa autonomía absoluta ha sido una fatiga civilizatoria donde la persona queda reducida a una cifra de rendimiento o a un consumidor solitario.

Esta patética antropología de la precariedad encuentra su sacudón más produndo cuando recuperamos la noción de criatura, tal como Romano Guardini postula en “El ocaso de la Edad Moderna” (2026) al recordar que “la existencia ética descansa en última instancia en el conocimiento de haber sido creado y en la aceptación de este hecho primordial” (p. 806). Cuando una cultura cercena el horizonte de la Creación y sustituye al Creador por la vorágine de la técnica y el dominio estatal, la propia humanidad pierde su fundamento inviolable. La respuesta entusiasta de miles de jóvenes ante la presencia del pontífice no representa un anacronismo ni una evasión romántica, sino la rebelión de la conciencia contra la estrechez de una inmanencia sofocante. Es la manifestación visible de una generación que se niega a habitar en la desesperanza y que reconoce en el mensaje evangélico una fuerza viva capaz de regenerar las estructuras sociales.

Dicho esto, queda claro que desarticular la polarización ideológica que convierte a la fe en una trinchera de disputa política representa el desafío decisivo de nuestro tiempo. La comunidad creyente, tal como remarcaba el cardenal Bustillo (2026) al diagnosticar los retos eclesiales contemporáneos, no está llamada a estructurar tácticas mundanas ni dinámicas de auto-preservación corporativa, sino a encarnar la potencia transformadora del Sermón de la Montaña en lo cotidiano. La resurrección del fervor religioso en las periferias del secularismo francés y el vigor de su modelo concordatario nos recuerdan que la gracia opera mediante canales impenetrables para la lógica de la eficacia técnica. Cuando los diagnósticos del momento vaticinan el eclipse total de Dios, el testimonio renovado de las nuevas generaciones demuestra que la luz de la trascendencia no depende de las modas culturales dominantes, sino de la capacidad inagotable del alma para dejarse interpelar por la verdad.

Frente a la evidencia de una sed de absoluto que desbarata los esquemas del reduccionismo materialista, la paradoja de nuestro tiempo exige una toma de posición impostergable. Si ni la autosuficiencia técnica, ni el blindaje de nuestras fronteras, ni la purga del misterio en las instituciones civiles han logrado extirpar la exigencia de un sentido infinito, ¿persistiremos en la ceguera de edificar nuestro destino común sobre el descarte sistemático de los más frágiles y el olvido de nuestra condición de criaturas? Si la voz que proclama la muerte de Dios no ha hecho más que acentuar el aislamiento del individuo en el laberinto de sus propias ansiedades, ¿tendremos la audacia de reconocer en la fragilidad compartida la hendidura por donde vuelve a filtrarse la esperanza? Quizás esta sacudida del alma francesa no sea el último estertor de una era que agoniza, sino el alboroto decisivo de un despertar que nos emplaza a elegir entre el letargo del consumo o el riesgo sublime de la trascendencia.

Referencias bibliográficas y fuentes consultadasACI Prensa. (2026, 26 de septiembre). El Papa León reza en Lourdes para que la Virgen dé a Francia “gobernantes sabios y generosos”. ACI Prensa. https://www.aciprensa.com/noticias/128783/papa-leon-lourdes-gobernantes-sabios

Ceballos, D. (2026, 27 de septiembre). La escena que sorprende en Paris: personas piden confesiones a sacerdotes en la calle. MDZ Online. https://www.mdzol.com/tendencias/la-escena-que-sorprende-paris-personas-piden-confesiones-sacerdotes-la-calle-n1615533

Celada, J. L. (2026, 16 de enero). Cardenal Bustillo: “Nuestra misión no es buscar tácticas, políticas o estrategias”. Vida Nueva Digital / Vatican News. https://www.vidanuevadigital.com/2026/01/16/cardenal-bustillo-nuestra-mision-no-es-buscar-tacticas-politicas-o-estrategias/

Clarín. (2026, 27 de septiembre). En su visita a Francia, el Papa León XIV dio un contundente mensaje sobre la eutanasia. Diario Clarín. https://www.clarin.com/mundo/visita-francia-papa-leon-xiv-dio-contundente-mensaje-eutanasia_0_I1fXRLl6gO.html

De Lubac, H. (1990). El drama del humanismo ateo. Ediciones Encuentro.
EFE. (2026, 26 de septiembre). El papa anima a 80.000 jóvenes en Francia ante la incertidumbre. Agencia EFE. https://efe.com/mundo/2026-09-26/papa-leon-xiv-francia-jovenes/

Guardini, R. (2026). El ocaso de la Edad Moderna. Un intento de orientación. Ediciones Cristiandad.
Infobae. (2026, 27 de septiembre). 22 fotos de la histórica visita del papa León XIV a Francia. Infobae. https://www.infobae.com/fotos/2026/09/27/22-fotos-de-la-historica-visita-del-papa-leon-xiv-a-francia/

Late 931. (2026, 28 de septiembre). León XIV en Francia: Histórica visita marcada por la paz, los migrantes, los abusos y la multitud en Lourdes. Late FM 931. https://late931.com.ar/contenido/9173/leon-xiv-en-francia-historica-visita-marcada-por-la-paz-los-migrantes-los-abusos

Pascal, B. (2014). Pensamientos. Alianza Editorial.
Radio Francia Internacional RFI. (2026, 28 de septiembre). Unión Europea, Concordato… ¿Por qué León XIV termina su viaje a Francia en Metz?. Radio Francia Internacional. https://www.rfi.fr/es/europa/20260928-uni%C3%B3n-europea-concordato-por-qu%C3%A9-le%C3%B3n-xiv-termina-su-viaje-a-francia-en-metz

Ratzinger, J. (2013). Introducción al cristianismo. Ediciones Sígueme.
Vatican News. (2026a, 25 de septiembre). El Papa a los jóvenes: “Quien dice ‘Dios ha muerto’ está perdido; entablen un diálogo”. Vatican News. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-09/papa-viaje-apostolico-francia-vigilia-con-los-jovenes.html

Vatican News. (2026b, 25 de septiembre). León XIV invita a Francia a saciar su sed en Cristo y ser fuente de esperanza para el mundo. Vatican News. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-09/leon-xiv-invita-francia-saciar-sed-cristo-fuente-esperanza-mundo.html

Diario Azua / 10 octubre 2026.-
Por Néstor Estévez

Muchas veces se ha advertido: hay gente jugando con la democracia, jugando con fuego. Los resultados de Latinobarómetro 2026 obligan a subir el tono de esa alerta. Antes, el problema era la inconformidad de muchas personas con políticos y gobiernos. Pero ahora sigue en aumento la población dispuesta a aceptar salidas que pueden debilitar la propia democracia.

La primera señal viene del Estado: la genera una sensación de aumento del abandono estatal hacia la ciudadanía. Según la reputada publicación, el 73 % de los latinoamericanos considera que, durante los últimos tres años, el Estado ha hecho poco o nada por ellos y sus familias. En 2011 pensaba así el 63 %.

Eso se entiende mejor cuando miramos lo que dice Latinobarómetro sobre los servicios. Solo el 40 % está satisfecho con la educación pública; con los hospitales, apenas el 28 %; con la justicia, el 22 %, y con la policía, el 30 %. Para mucha gente, el Estado aparece cuando cobra impuestos, pero desaparece cuando necesita respuestas.

Aquí comienza un peligro mayor. Si las instituciones no resuelven problemas, la ciudadanía pierde confianza. Y cuando esa pérdida dura demasiado, aparecen personas dispuestas a cambiar derechos por promesas de resultados rápidos.

Latinobarómetro 2026 revela que sólo el 47 % de los dominicanos apoya la democracia como sistema de gobierno. Además de un notable descenso de ocho puntos en los dos últimos años, en República Dominicana, ese respaldo es inferior al promedio de América Latina, que se sitúa en 52 %.

También están en crisis los partidos en la región. Apenas el 15 % confía en ellos y el 76 % dice no sentirse representado por su Congreso o Parlamento. Sin embargo, el 55 % considera que no puede haber democracia sin partidos y el 74 % considera indispensables las elecciones. Aquí hay una contradicción que es muy recomendable estudiar: queremos democracia, pero desconfiamos de quienes están llamados a ejercer un rol de principalía al momento de hacerla funcionar.

Un serio peligro

Aquí hay un serio peligro porque ese vacío abre paso al personalismo. Cuando los partidos dejan de representar ideas, comunidades y sectores sociales, comienzan a convertirse en vehículos para una persona. Entonces importa menos el programa y más el personaje; menos el equipo y más la imagen; menos la institución y más quien promete resolverlo todo, aunque a la hora de la verdad termine haciendo nada.

A eso se suma una nueva batalla: la información. La televisión ha perdido peso y las redes sociales ocupan cada vez más espacio en la conversación política. El problema es que el 76 % de los latinoamericanos percibe información falsa circulando por esas plataformas.

En ese ambiente, distinguir verdad y mentira puede resultar difícil. Un video manipulado, una fotografía creada con inteligencia artificial o una falsedad repetida miles de veces pueden influir en lo que creemos. Y cuando votamos sobre mentiras, nuestra libertad de elegir también queda afectada.

¿Qué hacer entonces?

La primera tarea corresponde al Estado: demostrar que funciona. Eso significa mejores escuelas, hospitales, seguridad, justicia y servicios públicos. Hay que pasar del dicho al hecho porque no basta con simples discursos. La ciudadanía necesita comprobar que sus instituciones sirven para mejorar su vida.

La segunda tarea corresponde a los partidos. Necesitan recuperar su función de representar, formar dirigentes, escuchar comunidades, escoger mejores candidaturas y rendir cuentas. Si solo aparecen para las elecciones, seguirán perdiendo legitimidad y dejando espacio a proyectos construidos alrededor de figuras individuales.

La tercera tarea nos corresponde a todos: aprender a verificar información, desconfiar de aquello que busca provocar reacción inmediata o simplemente entretener para mantenernos desviados de lo esencial. Necesitamos enseñar a niños y jóvenes – y a muchos que ya no lo son, pero se comportan como si lo fueran- a moverse responsablemente en el mundo digital.

La democracia latinoamericana conserva fortalezas. Las elecciones todavía cuentan con amplio respaldo. Pero esa reserva puede agotarse si el Estado continúa fallando y la política sigue alejándose de las personas.

El desafío no consiste únicamente en conservar la democracia. Consiste en lograr que funcione, represente y produzca resultados sin sacrificar libertades. Porque cuando la democracia deja de funcionar, aunque aparezca alguien ofreciendo respuestas fáciles, termina saliendo demasiado caro.

Diario Azua
Por Narciso Isa Conde / 10 octubre 2026.-

El nuevo fascismo se sustenta en una base ideológica racista que ha perdurado a lo largo de la dominación imperialista occidental… apoyada en una supremacía blanca y sustentada en la supuesta superioridad de los conquistadores y dominadores blancos.

En Asia, África y América Latina y el Caribe el racismo ha acompañado al saqueo imperialista, la explotación y sobreexplotación en las etapas precapitalista y capitalista del coloniaje.

En estos tres continentes, el colonialismo y el neocolonialismo europeo y norteamericano han tenido una fuerte tendencia racista.

En esta isla, Haití ha sufrido los peores impactos del racismo a cargo de las grandes potencias colonialistas e imperialistas, específicamente de parte de Francia, EEUU y Canadá.

Pero también Haití y su pueblo han sido sometidos a un intenso y creciente despliegue de racismo anti-haitiano, ejercido en su contra por la clase gobernante-dominante dominicana de mentalidad pro-española.

Las elites sociales y políticas dominicanas han logrado contaminar a una gran parte de la población de una de las variantes de la ideología racista, fomentando el menosprecio a la africanidad y estigmatizando la negritud del pueblo haitiano.

Ese racismo anti-haitiano ha llegado al extremo de tratar de imponer una prohibición fascista al fútbol haitiano en RD.

El autor visible de esa medida despótica y draconiana contra el deporte insular y continental, ha sido el Ministro de Deportes Kelvin Cruz.

El padrino mayor de la misma es Luis Abinader en su condición de administrador del protectorado yanqui en este país.

Es claro que tal decisión fue concertada en el Palacio Nacional, sede de un gobierno cada vez más proclive a asumir viejas y nuevas modalidades de fascismo con una fuerte impronta anti-haitiana.

La decisión de prohibirle a Haití competir en futbol en todos los estadios del país se decidió después de la realización de la competencia del pasado jueves 1 de octubre en el Estadio Félix Sánchez del Centro Olímpico.

La asistencia a esa competencia fue desbordante, al punto de registrarse una asistencia de 50 mil personas, con gran presencia, como es natural, de la inmigración haitiana.

Ambas gradas están diseñadas para 25 mil fanáticos, 12 mil una y 13 mil otra, pero permitieron la entrada de 50 mil.

Ese juego de la denominada LIGA DE NACIONES lo ganó Haití 4 goles a 1.

El ministro alega un desorden y daños a puertas del Estadio, que la reseña del diario Hoy en su sesión de DEPORTES del viernes 2, no recoge.

Tampoco se presentan fotos que muestren los hechos y los daños, cuando el sábado 3, Kelvin Cruz, anunció la prohibición en ese mismo diario.

Pero aun fuera cierto el desorden, no se trata de algo extraño ni de una provocación necesariamente intencional en tales circunstancias de sobrepoblación tolerada y rivalidad histórica agravada.

No ha mediado investigación del desorden, ni precisiones de sus circunstancias, ni establecimiento de responsabilidades en personas físicas en medio de una concurrencia grande y diversa.

Hechos así, se producen en circunstancias parecidas y a nadie se le ocurre prohibir.

Ni Kelvin Cruz, ni Abinader, tienen poder para prohibir competencias deportivas.

Para esos fines existen normas olímpicas, reglas de las Federaciones de Fútbol y de la propia de la Liga de Naciones.

Esto es abuso y arbitrariedad que agrava la rivalidad. En fin, torpe reacción racista y nueva expresión de odio fascistoide.

viernes, 9 de octubre de 2026

 

Diario Azua / 9 de octubre 2026

Por: Radhamés Silverio González, docente e investigador UASD

Los resultados de PISA vuelven a colocar sobre la mesa una pregunta que la República Dominicana no debería formularse únicamente cuando se publica una evaluación internacional: ¿están aprendiendo nuestros estudiantes lo que necesitan para desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja? Más que concentrarnos en posiciones o comparaciones entre países, PISA debe servirnos para mirar hacia dentro, reconocer avances e identificar aquellos aspectos del sistema educativo que todavía requieren transformaciones sostenidas (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos [OCDE], 2026).

La República Dominicana ha venido construyendo una base institucional y programática importante en materia de mejora de los aprendizajes. El Ministerio de Educación ha desarrollado iniciativas como la Política Nacional para la Alfabetización Inicial en la Etapa Oportuna, el programa Construyendo la Base de los Aprendizajes (CON BASE), las evaluaciones diagnósticas y el Plan Decenal de Educación Horizonte 2034. 

Estas acciones evidencian una orientación progresiva hacia la calidad de los aprendizajes y ofrecen una plataforma sobre la cual seguir construyendo.

También debe reconocerse el papel del Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (IDEICE). Su trabajo en investigación, evaluación y análisis de los resultados educativos contribuye a comprender mejor los factores asociados con el aprendizaje y proporciona evidencias para sustentar decisiones de política pública. 

Sus estudios relacionados con PISA resultan particularmente valiosos porque permiten ir más allá de una lectura basada exclusivamente en resultados y explorar condiciones escolares, sociales y educativas que pueden explicar parte del desempeño de los estudiantes (Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa [IDEICE], 2026).

El desafío actual no consiste necesariamente en crear nuevas instituciones o multiplicar programas. La prioridad debería ser conseguir que las iniciativas, evaluaciones, investigaciones y sistemas de información existentes funcionen como componentes de una misma arquitectura nacional orientada al aprendizaje. 

Currículo, formación docente, evaluación, investigación, acompañamiento pedagógico y tecnología deben converger alrededor de un propósito común: lograr que cada estudiante desarrolle oportunamente las competencias correspondientes a su trayectoria educativa.

Esto implica revisar también la manera en que definimos el éxito del sistema. La matrícula, la cobertura, la infraestructura, la inversión y la incorporación de tecnologías continúan siendo indicadores importantes, pero deben acompañarse de una pregunta más exigente:

¿en qué medida estos esfuerzos están produciendo mejores aprendizajes? El país necesita saber si sus estudiantes comprenden lo que leen, razonan matemáticamente, interpretan información, desarrollan pensamiento científico y pueden utilizar lo aprendido para enfrentarse a situaciones nuevas.

Para responder esa pregunta, las evaluaciones diagnósticas y formativas adquieren una importancia fundamental. Su finalidad no debería limitarse a producir calificaciones o informes, sino permitir que docentes, directores, distritos y regionales identifiquen oportunamente las dificultades y actúen sobre ellas. 

Ningún estudiante debería avanzar durante varios años acumulando rezagos significativos sin que el sistema pueda detectarlos y ofrecer una respuesta mediante acompañamiento, reforzamiento, tutorías u otras estrategias pedagógicas.

El país dispone hoy de una cantidad considerable de información educativa. Los sistemas del MINERD, las evaluaciones nacionales e internacionales y las investigaciones del IDEICE constituyen una base valiosa. 

El próximo paso debe ser fortalecer la conexión entre evidencia, decisión, intervención y evaluación de resultados. Producir datos es importante, pero su verdadero valor aparece cuando permiten modificar prácticas, orientar recursos y determinar cuáles políticas están funcionando.

Horizonte 2034 ofrece una oportunidad para organizar estos esfuerzos dentro de una perspectiva de largo plazo. Su impacto dependerá de que las prioridades fundamentales puedan sostenerse más allá de los cambios de autoridades y de que las intervenciones sean revisadas periódicamente a partir de evidencias. 

Las transformaciones educativas profundas requieren continuidad, porque los aprendizajes se construyen acumulativamente durante toda la trayectoria escolar. PISA debe ayudarnos a observar dónde estamos, pero no debe convertirse en nuestro destino. 

La aspiración nacional debe ser que cada generación de estudiantes dominicanos aprenda más y mejor que la anterior. La República Dominicana ya cuenta con muchas de las piezas necesarias; ahora corresponde articularlas, sostenerlas y evaluar rigurosamente sus resultados. 

El gran compromiso educativo de los próximos años debería ser convertir el aprendizaje en el principal criterio para valorar el avance del sistema. 

Esto implica que las políticas, los programas y las inversiones puedan demostrar, con evidencias, su contribución al desarrollo de las capacidades de nuestros estudiantes y que aquello que produzca resultados tenga continuidad. 

Pasar del diagnóstico a la acción, y de la acción a mejoras verificables en el aprendizaje, debe ser el próximo gran paso de la educación dominicana.

miércoles, 7 de octubre de 2026


Diario Azua / 07 octubre 2026.-

"Creer que el crecimiento económico ilimitado es posible en un planeta finito es de locos o de economistas."Kenneth Boulding

Por Araceli Aguilar Salgado

En 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas trazó la hoja de ruta más ambiciosa de la diplomacia moderna: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Entre sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico) y el ODS 9 (Industria, innovación e infraestructura) fijaron metas estructurales decisivas, entre ellas la promesa de duplicar la participación de la industria manufacturera en el Producto Interno Bruto (PIB) de las naciones menos adelantadas y erradicar la pobreza extrema (ODS 1).

Sin embargo, a medida que el horizonte de 2030 se aproxima, esa narrativa de prosperidad compartida choca frontalmente contra la arquitectura real del capitalismo contemporáneo. La irrupción masiva de la Inteligencia Artificial (IA) no se ha alineado con las metas socioambientales de la ONU; por el contrario, se ha convertido en el principal vector de aceleración de una carrera geoestratégica sin frenos, donde la valorización acelerada del capital privado prima sobre la transición ecológica, la equidad laboral y la estabilidad de las profesiones del siglo XXI.


La guerra geopolítica del silicio vs. la meta industrial del desarrollo

El ODS 9 plantea la industrialización inclusiva e industrialmente sostenible como motor para erradicar la pobreza. No obstante, la realidad geopolítica de la IA ha fragmentado el comercio global en una batalla tecno-nacionalista de suma cero, concentrada principalmente entre Estados Unidos y China, con las corporaciones transnacionales actuando como Estados paralelos.

En lugar de transferir tecnología y capacidades de infraestructura al Sur Global para democratizar la industria manufacturera, la competencia por el dominio de la IA ha desencadenado:

Monopolización de la cadena de suministro: El control absoluto del diseño de microchips de vanguardia, la litografía ultravioleta extrema y la capacidad de cómputo en la nube se concentra en un puñado de corporaciones cotizadas en Wall Street.

Profundización del extractivismo: Mientras el Norte global acapara los beneficios financieros del software algorítmico, los países en desarrollo siguen relegados al papel de proveedores de materias primas críticas (litio, cobalto, tierras raras) para la infraestructura de hardware, sufriendo la degradación ambiental y el trabajo precarizado en la base de la cadena.



La paradoja del ODS 13: La IA y la huella ecológica del capital

El ODS 13 exige una "Acción por el clima" urgente y vinculante. Aquí es donde la contradicción entre la retórica corporativa de las empresas de tecnología y la realidad ambiental se vuelve más alarmante. Las mismas empresas que firman compromisos de "emisiones netas cero" despliegan modelos de IA cuyo apetito energético y de recursos naturales destruye cualquier avance en la descarbonización.

Hiperconsumo energético: El entrenamiento y la inferencia constante de grandes modelos de lenguaje (LLM) demandan una cantidad de electricidad equivalente al consumo de países enteros, reabriendo en muchos casos plantas térmicas de carbón o gas para alimentar los centros de datos.

Estrés hídrico severo: La refrigeración de estas megaestructuras informáticas consume miles de millones de litros de agua potable en regiones ya castigadas por la sequía, colisionando directamente con el ODS 6 (Agua limpia y saneamiento).

Obsolescencia programada de hardware: La carrera ininterrumpida por chips más eficientes genera toneladas de basura electrónica altamente tóxica, alejando la meta de producción y consumo responsables (ODS 12).

En la ecuación actual, el ritmo de valorización del capital financiero no puede esperar a la transición energética verde. Para la industria del silicio, la velocidad del mercado es la prioridad absoluta; la estabilidad climática es un costo diferido.

Canibalización del trabajo profesional y la ilusión del "trabajo decente"

El ODS 8 preconiza la creación de empleo digno y la protección de los trabajadores. No obstante, la IA generativa y la automatización avanzada están provocando una reestructuración agresiva en la pirámide laboral global, golpeando con inédita fuerza al trabajo profesional cualificado.

A diferencia de las revoluciones industriales del pasado, la IA no afecta principalmente al trabajo físico rutinario, sino a las capacidades cognitivas:

Cancelación de puestos profesionales: Industrias completas como el derecho, la medicina diagnóstica, la arquitectura, la educación, el periodismo y la programación sufren una compresión de sus plantillas.

Movilidad laboral forzada e inestabilidad: Profesionales con años de formación académica son empujados a una movilidad laboral precarizada, obligados a redefinir sus competencias continuamente en un mercado laboral impredecible.

Nuevos "talleres de miseria" digitales: La IA no elimina la mano de obra humana; la invisibiliza. Para que un algoritmo funcione, se requiere un ejército de trabajadores subpagados en el Sur Global dedicados al etiquetado de datos, la moderación de contenidos traumáticos y la limpieza de código, carentes de sindicación o derechos laborales básicos.

Concentración de la riqueza y agravamiento de la desigualdad global

El ODS 10 busca la reducción de las desigualdades. Sin embargo, la brecha entre el capital financiero y las rentas del trabajo se ha ensanchado a niveles históricos. Mientras el PIB global impulsado por la automatización crece nominalmente en los balances de Wall Street, la participación salarial en el ingreso nacional disminuye de forma sistemática.

La sustitución del trabajo profesional por modelos algorítmicos permite a las corporaciones recortar sus costes operativos y canalizar ganancias extraordinarias hacia los dividendos de sus accionistas. El resultado directo no es la eliminación de la pobreza, sino su exacerbación en las capas medias y trabajadoras, junto con una concentración sin precedentes del poder económico y político en la cúpula tecno-financiera.

¿Alinearemos la máquina a la vida o la vida al capital?

La Inteligencia Artificial no es una fuerza de la naturaleza ni un destino inevitable ante el cual debamos rendir nuestra autonomía. Es una creación humana, financiada con recursos públicos y moldeada por decisiones políticas. Permitir que su desarrollo siga subordinado de manera ciega al apetito de ganancia rápida no solo invalida los compromisos de la Agenda 2030, sino que nos sitúa en un punto de no retorno social y ecológico.

Cada vez que sustituimos el criterio, la dignidad y el trabajo de un ser humano por la promesa de un margen de beneficio un poco más alto, no estamos automatizando el futuro: estamos desmantelando las bases mismas del bienestar colectivo. Si la tecnología del siglo XXI sirve para concentrar la riqueza en un puñado de servidores mientras precariza las profesiones, agota el agua potable y sobrecalienta el planeta, entonces debemos atrevernos a hacer la pregunta más incómoda de todas: ¿Sostenibilidad para quién?

El reloj hacia 2030 no se detiene. La urgencia del presente exige que los Estados recuperen la soberanía normativa, que los profesionales defiendan la ética de su trabajo y que los ciudadanos exijamos que la innovación tecnológica esté al servicio de la preservación del planeta y la dignidad humana, y no a la inversa.

"El mundo tiene suficiente para las necesidades de todos, pero no para la codicia de unos cuantos."Mahatma Gandhi

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

lunes, 5 de octubre de 2026

 

Por Oscar López Reyes
Diario Azua / 05 octubre 2026.-

Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.

Sí, dos estafas. La primera se patentiza en la global automatización planificada de las gigantes tecnológicas, y la segunda, la ciberdelincuencia, que procede de hábiles empíricos y hackers teñidos de mafiosos. Para vulnerar sistemas informáticos y leyes, estos piratas supervillanos se sumergen en dispositivos y navegadores, engendros primigenios de la devastadora revolución transhumanista y posthumanista.

Balanceando la beneficiencia (comunicación, salud, educación, economía, etc.) y la maleficiencia (ciberterrorismo, ciberrrobos, ciberacosos, armas biológicas, reducción laboral, deshumanización, agujero negro, etc.) de las tecnociencias digitales, científicos computacionales cuánticos y cognitivos, programadores, pensadores, filósofos y otros expertos se inclinan en señalar que los ciudadanos están siendo embaucados y colocados en una trampa por el algoritmo y la robótica.

Y con una asombrosa responsabilidad advierten que ese intelecto sintético o cibernético “aterroriza” y se delinea como “la mayor crisis existencial”, por “la pérdida del control de la civilización”, que entraña “un jaque mate a la civilización”, que avizora “un futuro impredecible”, que los ciudadanos no captan por el apabullante “bombo” de los predicadores de la IA.

Una de las personas más influyentes en Inteligencia Artificial, la lingüista de la Universidad de Washington Emily M. Bender, y la antigua investigadora científica de IA ética de Google, la socióloga Alex Hanna, impugnan “la implacable promoción de la IA por parte de las empresas tecnológicas para justificar el robo de datos, motivar la creación de herramientas de vigilancia en el puesto de trabajo y devaluar la creatividad humana”

Y plantean los “riesgos” de la IA, que “amenazan nuestra existencia”, en tanto que “cuanta más gente esté preparada para identificar y resistirse a las nuevas promesas, menor y menos destructiva será la burbuja” (1), mientras que Mo Gawdat, exdirector ejecutivo de Google, señala que “los villanos funcionando con IA es tan inevitable como el desarrollo de la IA” (2), y Adela Cortina, catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, España, resalta “El afán imperialista de las ciencias triunfantes por negar la libertad” (3).

Reforcemos los lineamientos de estas advertencias y petitorios:

Un total de 86 desarrolladores de Inteligencia Artificial han acumulado una fortuna récord, y 45 cofundadores y ejecutivos de primera línea de compañías de esta tecnología se convirtieron en multimillonarios en apenas el último año. Y para 2026 se calcula en más de 11 billones de dólares los perjuicios por los delitos de la ciberdelincuencia, como los usos de la propiedad intelectual, el phishing (notificaciones falsas para sustraer datos), el Ransomware (software que interrumpe o cifra archivos y sistemas para exigir dinero para volver a permitir el acceso), estafas de inversión y fraudes con criptomonedas, impulsadas por IA.

Conforme firmas especializadas, como Cybersecurity Ventures, con su sede en Nueva York y que opera a escala mundial, si la ciberdelincuencia fuera una nación, sería la tercera economía más grande del globo terráqueo, superada apenas por Estados Unidos y China (4).

Corporaciones que implementan la IA apelan a sistemas, dispositivos y procesos de espigadas especializaciones y a la ingeniería civil ((manipulación psicológica), así como los ciberdelincuentes, para defraudar a empresas y consumidores. Las estafas sofisticadas son múltiples, y plasmemos 10 de ellas:

1.- Despojo de propiedad intelectual (Big Tech). Difundir, sin permiso ni remunerar a los autores, contenidos de libros, artículos periodísticos, software, códigos de programación, modelos de lenguaje, imágenes, música y otras obras de arte, así como para entrenar a recursos humanos de compañías tecnológicas. Están en marcha múltiples demandas judiciales por plagios de autores de obras posteadas en internet por empresas, que han tenido que pactar acuerdos millonarios con artífices de proyectos intelectuales y artísticos copiados y explotados.

2.- Afectación de la creación cultural. Redactores, ilustradores, fotógrafos y músicos que viven de sus producciones denuncian que las gigantes computacionales devalúan su trabajo, y que no informan a los autores ni a la sociedad el uso que dan a los contenidos ajenos. Cuando una máquina produce en segundos, y casi gratis, el trabajo humano pierde precio en el mercado.

3.- Exagerar el potencial de productos. Inflan las capacidades y el rendimiento de hardware para elevar el precio de sus acciones, atraer inversores y reclutar a ingenieros y científicos para que laboren en proyectos avanzados. Otras simulan la utilización de algoritmos, cuando en verdad operan con herramientas manuales tradicionales o software básico y, además, monopolizan el mercado.

4.- Estafas artificiales financieras. Esquemas de compañías de inteligencia virtual prometen jugosas rentabilidades, empleando presuntos algoritmos milagrosos y plataformas de Trading automatizadas capaces de predecir el mercado a la perfección, y para lo cual presentan gráficos y ganancias simuladas en pantallas controladas por los estafadores, pero el dinero real nunca se invierte. Asimismo, muestran vídeos y audios hiperrealistas sobre "oportunidades de inversión masivas", que aseguran beneficios sin riesgos y rápidos.

5.- Bloquear el acceso a documentos (Ransomware). Obstaculizan matemáticamente o con software desactualizado ficheros de datos y servidores esenciales -paralizan operaciones comerciales- bajo la amenaza de publicarlos si no se materializa el pago, comúnmente aceptados en criptomonedas.

6.- Clonación de voz y video. Reproducir o imitar con gran precisión, empleando redes neuronales artificiales, la voz y la imagen de un pariente cercano o una persona famosa (deepfakes o ultrafalsos) para simular una emergencia y solicitar dinero. También se usa para destruir reputaciones.

7.- Crear nueva identidad sintética. Concebir perfiles falsos, mezclando informaciones reales e inventadas por IA (incluidas fotografías), para aperturar cuentas bancarias o solicitar créditos ilegítimos. Se construye un historial, obtiene un crédito y un día la deuda desaparece y, aunque el golpe inicial recae en bancos y financieras, termina siendo pagado por todo el sistema con controles más estrictos y créditos más caros para clientes honestos.

8.- Chatbots amables e impostores. Asistentes virtuales o robots conversacionales (chatbots impostores), que imitan a agentes de servicios de atención a clientes de bancos y empresas legítimas, sustraen contraseñas y claves bancarias, para robar dinero. Ningún banco serio pide claves por mensaje ni teléfono.

9.- Acceso telefónico no autorizado. Hackears de centrales telefónicas privadas o sistemas de Voz sobre IP (VoIP) carentes de seguridad efectúan llamadas internacionales para recibir una comisión del operador dueño de los teléfonos. La empresa agraviada se entera de la generación del tráfico cuando recibe costosas facturas de cobros.

10.- Engaños de soportes técnicos. Infractores que simulan ser empleados de compañías tecnológicas o mensajería contactan por ventanas emergentes, chats o redes sociales y números de teléfonos fraudulentos para hacer advertencias o alertas de que dispositivos de la empresa han sido afectados por un virus grave o serán víctimas de un bloqueo inminente. Entonces proponen instalar aplicaciones para controlar computadoras o celulares, con la espuria promesa de repararlos a remoto y hurtar datos y dinero.

Habitualmente, por chats grupales, entrevistas en pódcast, libros e instrumentos mediáticos se encomia y loa apasionadamente a los robots humanoides, a los buscadores de internet y a los que responden preguntas, como Chatbolts, pero no se detienen, ni por un instante, a interpretar informaciones, aprendizajes y el análisis de datos, y sus objetivos ocultos. No se detecta a los villanos y malvados.

La inteligencia artificial no inventó las estafas, aunque lo hizo más barata, más rápida y más creíble. Lo que antes de su aparición requería una banda organizada, hoy lo hace una sola persona con las herramientas adecuadas. La respuesta no es temerle a la tecnología, sino educarnos para usarla a sabiendas de cuándo la usan en contra de los ciudadanos y la sociedad.

Citas bibliográficas:

1.- Bender, Emily M., y Hanna, Alex, en “La Estafa de la IA. Cómo combatir el espejismo de las grandes tecnológicas que amenaza tu trabajo y tu libertad”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2026, págs. 310, 246 y contraportada.

2.- Gawdat, Mo, “La inteligencia que asusta. El futuro de la inteligencia artificial y cómo podemos salvar nuestro mundo”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2024, pág. 104.

3.- Cortina, Adela, “¿Ética o ideología de la inteligencia artificial? El eclipse de la razón comunicativa en una sociedad tecnologizada”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2026, pág. 140.


El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático y escritor.