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lunes, 9 de febrero de 2026

Por Emilia Santos Frias
Diario Azua / 09 febrero 2026.-

“La ignorancia nos lleva a poner etiquetas a todo. Y lo peor de las etiquetas es cuando uno mismo las acepta”. El aforismo hace alusión a los estereotipos, modelos de conducta que definen cómo debe ser, sentir y actuar las mujeres y los hombres en una sociedad. Sus modelos erróneos, indudablemente causan desigualdad y discriminación. Vulneran derechos fundamentales, como la paz, libertad y desarrollo personal, al fomentar roles de división social.

El análisis surge a raíz de las declaraciones de un connotado actor dominicano acerca de que en nuestro país existe dictadura de estereotipos, y como sabemos, esta limita la diversidad, mientras refuerza prejuicios históricos en la sociedad. Por eso, concuerdo con su afirmación. Ella condiciona las oportunidades, y a decir del artista, asocia el éxito, el poder económico y los roles de prestigio con personas de piel clara, cabello lacio y ciertos rasgos físicos. iUna lastimosa verdad!

Lamentablemente, no es solo en el cine; ámbito de su conocimiento, que fuera de ese perfil, a las personas se le relega a papeles negativos o marginales: delincuentes..., es un esquema que se repite en otras áreas del saber humano, en otras industrias y trabajos. En ese sentido, en varios artículos se ha reiterado a la sociedad, su compromiso con fortalecer la capacidad profesional, en vez de engordar el poder de la imagen, hoy tan sobredimensionada.

Que con sus exhibiciones presuntuosas impiden a las personas vivir procesos propios de esta vida. Imagen versus capacidad profesional, ¡cuidado a quién convertimos es icono! “La discriminación es la única arma que tienen los mediocres para sobresalir”, afirma el profesor y jurista Guillermo Gapel. Cuando la atención mediática es bien utilizada; difunde acciones de personas que exhiben valores éticos y democráticos, hace aportes a la memoria colectiva.

Por eso, desde hace años se ha exhortado en cada artículo, crear políticas públicas para erradicar violencia machista, avivar a la acción a todos los espacios simbólicos de nuestra sociedad. Sin embargo, es preciso hacer conciencia de que, de nada vale la creación y desarrollo de estrategias para eliminar los estereotipos, la violencia machista..., si nuestros líderes, familias, académicos, voluntarios, altruistas, clubistas…, no hacen el cambio cognitivo, de conducta y en sus acciones, para proteger oportunamente y de manera efectiva derechos humanos y fundamentales.

Es preciso recordar para accionar, que los estereotipos solo fomentan discriminación, agresión y violencia, pues como ideas preconcebidas, tratan de explicar el comportamiento de los seres humanos. Algo más que vergonzoso, en un siglo XXI, caracterizados por la transformación de la educación y el trabajo. iJusto esto! Una época que habla de fomentar el desarrollo mediante habilidades críticas y creatividad, pensamiento crítico y colaboración, promoción de valores como la libertad y la diversidad. iQué gran paradoja! Bien decía el recordado activista social, Martin Luther King, “la injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes”.

Desafortunadamente, invertimos mucho tiempo en construir demasiados muros y pocos puentes, como bien aseguró el maestro Isaac Asimov. Es momento de dejar atrás la indiferencia para accionar. Contestes de que desde valores como el amor podemos hacer el cambio.

iBasta. frenemos los estereotipos, construyendo educación desde el nacimiento!. Eliminando de nuestro hacer, prejuicios y creencias que nos fueron transmitidos por la costumbre. Para ello, descartar el trato diferenciado entre hombres y mujeres o segmentarle por características x o y. iHagámoslo unidos, todas y todos!. Incluso, desde el lenguajes aportemos respeto y solidaridad!. Construyamos nuevas relaciones de igualdad entre varón y hembra, la transformación social mundial la necesita.

Hasta pronto.
La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.



Fuente externa
Por Narciso Isa Conde
Diario Azua / 09 febrero 2026.-

La embajada de EEUU en Haití informó que tres buques de guerra estadounidenses arribaron a La Bahía de Puerto Príncipe el pasado martes. La operación se llama Southern Spear (Lanza del Sur).

Según el referido comunicado los buques USS Stockdale, USCGC Stone y USCGC Diligence, llegaron a Haití por instrucciones del Secretario de Defensa, Pete Hegseth; el mismo personero que le ordenó a Abinader aceptar la invasión militar estadounidense de la Base Aérea de San Isidro y el Aeropuerto de Las América.

La versión oficial de Gringolandia ha insistido en proclamar que esta presencia de naves del Comando Sur en aguas territoriales de Haití, supuestamente “refleja el compromiso firme e inquebrantable de Estados Unidos con la seguridad, la estabilidad y la construcción de un futuro mejor para Haití, en momentos en que el país enfrenta una profunda crisis institucional y de seguridad”.

En ese contexto, además, el Departamento de Estado declaró que “la Marina y la Guardia Costera de Estados Unidos “reafirmaron su alianza y su apoyo para garantizar un Haití más seguro y próspero", en tanto atribuyen la inseguridad y la desestabilización en Haití, a las bandas terroristas-mafiosas que, paradójicamente fueron creadas por la CIA y por el paramilitarismo colombiano, e incluso armadas por empresas estadounidenses con apoyo de autoridades gubernamentales y oligarcas haitianos.

Esas bandas fueron estructuradas y armadas para sembrar el terror y desmovilizar al pueblo haitiano en su lucha por la democracia y la autodeterminación, y en combate contra el régimen impuesto por anteriores intervenciones militares; auspiciadas por EEUU, que también tuteló los gobiernos criminales de Martelly y Jovenel Moises, repudiados por gran parte de la sociedad haitiana.

Haití ha sido invadido, por decisión de EEUU, 12 veces en los últimos 30 años y actualmente continúan en su territorio tropas de Kenia y fuerzas mercenarias tuteladas por la inteligencia y unidades especiales del Comando Sur.

Recientemente, por iniciativa de Trump, la ONU aprobó un plan para enviar otros 5 mil soldados a Haití.

Nada de esto ha servido para lograr seguridad, estabilidad y prosperidad, sino para agravar la situación e imponer un caos bajo control del Pentágono, destinado a controlar militarmente la isla y sus valiosas riquezas en oro, tierras raras, titanio y otros minerales.

La nueva estrategia de seguridad de EU incluye recuperar por la vía militar el control de esta región latino-caribeña. Los buques de guerra emplazados en la Bahía de Puerto Príncipe, cercana a Cuba, también responden al propósito de estrangular la economía cubana e intentar derribar el poder popular-revolucionario establecido desde 1959.

Testigo del tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 09 febrero 2026.-

Cuando Donald Trump y Elon Musk se “pelearon”, él le gritó al presidente: “estás en los papeles de Epstein”, los demócratas presionaron para que publicaran esos documentos.

“Negándose”, Trump los manipuló, lo presionaron, “se negó otra vez”, al final, “cedió”, hasta ahora, esto ocurre: Los Clinton serán interrogados en el Congreso, el gobierno inglés, los banqueros de Londres y Suiza, las noblezas europeas y el Foro Económico Mundial se tambalean.

Hasta la madre de Zohran Mamdani, el socialista alcalde neoyorquino, estrella ascendente entre los demócratas, como lo fue Barack Obama, está en los fétidos archivos de Jeffrey Epstein.

“Obligaron al pobre Trump” a revelar cosas feas sobre sus enemigos. Si tocan los crímenes financieros, en Occidente no quedará piedra sobre piedra.

Para asegurar derrotas, solo debemos subestimar al contrario; subestimar a Trump lo vuelve invencible.

Los documentos de Epstein desatan un tsunami político y empresarial planetario; ya amenazan la gobernabilidad británica y francesa.

Todo esto ha sido peor que bombas atómicas dirigidas exclusivamente contra Europa y los Estados Unidos.

Como “bateador designado”, la élite resucitó a Christopher Steele, el exagente de la inteligencia inglesa MI6, quien armó el expediente de que Rusia controlaba a Trump. Ahora él dice que Epstein era un agente de Rusia y que todo esto es parte de un plan chino-ruso para destruir a Occidente.

Hasta ahora, el gran logro de publicar esos documentos ha sido alimentar el morbo, multiplicar el odio y la división en la sociedad estadounidense; la gente se concentra en el aspecto sexual, ignorando lo fundamental.

Epstein era un triple agente de inteligencia de Israel, Inglaterra y Estados Unidos, cómplice de la élite mundial en crímenes sexuales, financieros, políticos y cultos satánicos.

Trump sufre menos que sus enemigos con estos escandalosos documentos, queda algo escalofriante por esclarecer, Epstein, como todo el mundo, tenía un “jefe”, quien estará “entrevistando” candidatos para cubrir esa vacante.

Quienes "financializaron" nuestras vidas, controlando los gobiernos, siguen activos. Los delitos financieros, sexuales, políticos, cultos satánicos y otras depravaciones humanas no se detienen, siguen ocurriendo ahora mismo.

sábado, 7 de febrero de 2026

Por Daniel Toribio
Diario Azua / 07 febrero 2026.-

El país no tiene un problema de ideas. Tiene un problema de cierre. Hay ideas buenas que no se inician y obras que se inician y no se terminan. Cada obra anunciada y no concluida se convierte en dinero inmovilizado, servicio negado y más presión sobre la deuda.

La restricción no es discurso. Es caja. Y la caja se ve en la ejecución. Al finalizar 2025, el Gobierno dejó de ejecutar RD$29,000 millones del gasto de capital presupuestado. El gasto de capital fue inferior a 13% del gasto total, pero el gasto en obras terminadas y en proceso representó 7.6% del total devengado.

Ese dato es clave. Si cuesta ejecutar lo aprobado, abrir nuevos frentes empeora la fragmentación, multiplica contratos, eleva costos de supervisión y estira los cronogramas. En infraestructura, el desorden se paga con retrasos y con una factura final más cara.

En ese contexto, el Presidente anunció la licitación de la fase I del Monorriel de Santo Domingo. El debate no es si el transporte masivo conviene. Conviene. El debate es el orden fiscal, la capacidad de ejecución y si esa es la solución que más conviene hoy, dado el inventario de pendientes.

Un proyecto de esa magnitud compromete presupuesto multianual, exige expropiaciones, mueve redes, eleva la complejidad urbana y amarra pagos futuros. La ejecución se llevará mas de 4 años y una inversión estimada de US$900 millones, es decir, decenas de miles de millones de pesos. Si se suma a una cartera de obras inconclusas, el resultado es atraso generalizado, no modernización.

Por eso la recomendación técnica es simple: antes de iniciar el Monorriel, el Gobierno debe concentrarse en terminar lo que ya está en construcción y en lo que se inauguró a medias. Terminar no es un gesto administrativo. Es recuperar inversión y convertir cemento en servicio.

Miremos lo que está sobre la mesa: el Hospital Docente Padre Billini, la carretera Barahona-Pedernales, la entrada de Samaná, el malecón de Nagua, centros históricos en Santiago, Distrito Nacional y San Francisco de Macorís, circunvalaciones de Navarrete, Los Alcarrizos y Moca, y la Autopista Duarte. También están obras por etapas, como la presa de Monte Grande y la verja fronteriza. Cuando el cierre se posterga, el país asume costo adicional, incomodidades y capacidad perdida.

Propongo un “Plan Cero Inconclusas” por 24 meses con cuatro reglas operativas: inventario público obra por obra con costo total, ejecutado, pendiente, contratista y fecha verificable de entrega; prioridad a obras en fase final y de retorno social inmediato; congelar el inicio de nuevos megaproyectos mientras existan hospitales y proyectos hidráulicos clave sin cierre; y tablero mensual con auditoría independiente y consecuencias por incumplimiento.

La política de infraestructura no se mide por primer picazo. Se mide por servicio funcionando.

 

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 07 febrero 2026.-

“La soledad afectiva es un veneno lento: priva a la vida de su sentido y convierte los años en un insomnio prolongado”. Erik H. Erikson, 1982, p. 210.

La aspiración contemporánea de prolongar la vida confronta una tensión ética y existencial cuando las redes de convivencia que sostienen sentido se deshacen. No se trata únicamente de una cuestión de salud pública ni de una estadística inquietante sino que es la articulación misma de una pregunta antropológica: ¿qué valor tiene la duración de la vida si carece de interlocución? La biomedicina nos otorga años adicionales, pero si esos años se despliegan en un paisaje de soledad, la ganancia se transforma en anomalía significativa desde el punto de vista humano. La vida, más allá de su extensión, exige resonancia intersubjetiva para desplegar su plenitud.

La evidencia empírica que vincula las relaciones cálidas con una mejor salud y mayor longevidad obliga a reconsiderar ciertas prioridades. Concretamente, el estudio longitudinal de Harvard sobre el desarrollo adulto, liderado por George Vaillant y continuado por Robert Waldinger, resume décadas de hallazgos que sostienen que “las relaciones cálidas y duraderas protegen contra enfermedades, mejoran el bienestar emocional y alargan la vida” (Waldinger&Schulz, 2010, p. 143). Esta afirmación no es retórica: los mecanismos biológicos asociados al aislamiento social- elevación del cortisol, inflamación sistémica, alteraciones del sueño- se traducen en aumento de mortalidad y morbilidad. Así, la búsqueda de longevidad sin inversión relacional es una forma de progreso tecnocrático que pierde de vista la matriz social donde la vida humana adquiere sentido.

Los informes recientes que hablan de una “recesión de la amistad” profundizan este diagnóstico en clave social. Investigaciones vinculadas a instituciones como Harvard indican que la proporción de adultos que reportan no tener amigos cercano se ha incrementado de manera sostenida y que comportamientos como almorzar y cenar en soledad han crecido rápidamente en pocos años (Fuemmeler&Bruckmann, 2025; MakingCaringCommon, 2024). Estos datos apuntan a transformaciones estructurales bien conocidas, a saber: movilidad geográfica, precariedad laboral, disminución de espacios públicos y una reconfiguración cultural del tiempo libre que prioriza el trabajo y la presencia digital por sobre las interacciones presenciales. La investigación añade matices a esta cuestión, puesto que más allá de la cantidad de contactos, la carencia de relaciones de calidad incrementa la prevalencia de ansiedad, depresión y sensación de falta de propósito, lo que equivale a un deterioro tanto moral como epidemiológico.

La dimensión biológica de la soledad, por su parte, reafirma la urgencia de transformar las prioridades. Estudios en psiconeuroinmunología muestran correlaciones entre el aislamiento social y marcadores inflamatorios, elevación crónica del cortisol y peor pronóstico cardiovascular. En términos comparativos, la soledad puede aumentar los riesgos de mortalidad en magnitudes comparables a factores de salud tradicionales. Si la medicina actúa sobre órganos y células sin considerar el entramado relacional, podrá prolongar la vida pero también aumentar la proporción de años vividos con mala salud. Por ello, la ética del cuidado se vuelve imprescindible: reconocer la interdependencia como constitutiva de la "vida buena" y orientar políticas públicas en consecuencia.

Frente a estos diagnósticos biológicos y sociales, la filosofía ofrece herramientas conceptuales para comprender la gravedad del fenómeno. Por ejemplo Hannah Arendt afirmó que la vida humana alcanza su visibilidad y su mundo compartido en la acción colectiva y en la interacción pública, al sostener que “lo que es humano y digno de ser recordado emerge sólo cuando los hombres aparecen unos ante otros y testimonian sus actos” (Arendt, 1958/2000, p. 52). Si la amistad y la familia se diluyen, se empobrece ese espacio de aparición y se reduce la posibilidad de constituir memorias comunes y juicios compartidos. La tecnología, que promete conexión, con frecuencia entrega sustitutos: comunicaciones instantáneas que no alcanzan la corporalidad ni la reciprocidad profunda necesarias para que la persona aparezca plenamente ante el otro.

Además, la cultura posmoderna tiende a valorar la autonomía y la eficiencia, y a instrumentalizar el afecto. En sociedades que ensalzan la productividad y la flexibilidad, las relaciones suelen medirse por su utilidad material inmediata. Tal perspectiva induce una economía afectiva que devalúa la amistad profunda y la familia extensa cuando estas no aportan rendimiento evidente. Sin embargo, la amistad verdadera no es un insumo, sino una experiencia que transforma deseos, criterios y resistencias. Tal como lo planteó oportunamente C. S. Lewis sobre la amistad, al afirmar que “no es la fruta del intercambio; es un don que se funda en la constancia recíproca y en la aceptación” (Lewis, 1955/1998, p. 78). De este modo, recuperar el sentido de las relaciones implica resistir una cultura que mercantiliza el tiempo íntimo y exige, en cambio, una ética de la presencia que reconozca la amistad y los lazos familiares como bienes finales, no meramente utilitarios.

La pedagogía social también entra en este juego. Si las universidades deben impartir cursos sobre cómo cultivar amistades, ello revela una carencia social que precisa intervención institucional. Sí, lamentablemente es cierto: existen cursos y programas ofrecidos por universidades o instituciones asociadas que se enfocan en desarrollar las habilidades sociales y, específicamente, la capacidad de entablar y mantener amistades. Aunque quizás no sean “cátedras” tradicionales en el sentido de una asignatura troncal dentro de un plan de estudios, muchas instituciones de educación superior han reconocido la importancia del bienestar emocional y la conexión social de sus estudiantes.

Enseñar técnicas de sociabilidad no basta si no se transforman los marcos estructurales que atomizan la existencia: horarios laborales extensos, dispersión geográfica y precariedad económica. Más aún, la formalización académica de la amistad pone de relieve que la adquisición de competencias interpersonales demanda práctica intencional y comunidades que las sostengan. Recuperar la amistad exige, por tanto, tanto praxis social como políticas públicas que favorezcan la convivencia y el tiempo compartido.

Hasta aquí, la argumentación se sostiene sobre evidencia empírica. Sin embargo, la crítica debe volverse más incisiva cuando observamos el estilo de vida posmoderno que potencia y, al mismo tiempo, normaliza el problema. La larga ampliación de la vida humana choca con una cultura que celebra la fragmentación como virtud y presenta la autonomía radical como logro moral.

Bajo esa estética, la identidad se configura estrictamente por el consumo, redes y performances temporales mientras que la profundidad se mercantiliza y la promiscuidad relacional se confunde con libertad. El resultado de este cóctel detestable, es una vida construida sobre superficies brillantes: perfiles que exhiben logros, amistades que funcionan como capital simbólico y tiempos compartidos medidos en “likes” y apariciones efímeras. Esta fachada de vida no es inocua: produce sujetos habituados a la gratificación inmediata, a la relación líquida, al lazo que no exige continuidad ni responsabilidad.

Sobre este último aspecto, ZygmuntBauman diagnosticó con agudeza esa fragilidad cuando describió la modernidad líquida: las conexiones humanas, según él, “se vuelven frágiles porque la sociedad hace de la relación una elección permanente y reemplazable” (Bauman, 2000/2003, p. 76). Su crítica es, por tanto, tanto descriptiva como normativa: describe la volatilidad relacional y advierte sobre sus costes para la cohesión social. Complementariamente, Byung-Chul Han denuncia cómo la sociedad del rendimiento y la exposición permanente erosiona la capacidad de cuidado y de espera necesaria para la amistad: la constante optimización del propio brillo reduce la solidaridad y suprime la lentitud que permite la construcción de la confianza interpersonal real (Han, 2012/2015, p. 34). En conjunto, estos diagnósticos explican por qué las relaciones profundas declinan, no solamente porque la tecnología facilita conexiones superficiales, sino porque una racionalidad productiva convierte los afectos en recursos explotables y desechables.

La crítica posmoderna puede ser incluso más ácida, puesto que la apología del individualismo absoluto sirve a intereses económicos y políticos puntuales. El sujeto desarraigado es más manejable, menos proclive a realizar demandas colectivas y más disponible a formar parte de un mercado que exige la flexibilidad total. La soledad, entonces, no es sólo efecto colateral cultural sino que puede funcionar como técnica de gobierno. Recuperar la amistad es, por tanto, también un gesto de resistencia política, ya que reinstaurar las obligaciones mutuas, reconstruir los espacios de aparición y sostener las narrativas compartidas de sentido refundan el sentido de la existencia humana. No es casual que Robert Putnam nos haya advertido sobre la pérdida del capital social, que erosiona la capacidad comunitaria para sostener los bienes comunes a todos. Hoy, esa erosión se acelera y se inserta en una economía de la atención que premia la visibilidad por sobre la fidelidad (Putnam, 2000/2003, p. 22).

Como mencionamos al pasar recientemente, la ética del cuidado, de Carol Gilligan y sucesores, remarcan que la responsabilidad por el otro no es un rasgo secundario de la moralidad, sino su núcleo potencialmente restaurador. En efecto, valorar la interdependencia no socava la autonomía madura, sino que la constituye. Por ende, políticas de conciliación laboral, diseño urbano que propicie encuentros, inversión en espacios públicos y prestaciones que alivien la carga del cuidado se presentan como medidas complementarias a los avances biomédicos. Enseñar a cultivar amistades en la universidad puede ser útil, pero sin condiciones estructurales que permitan prácticas relacionales sostenidas la lección seguirá siendo un parche.

Asimismo, la dimensión narrativa del yo reclama cierta atención. Erikson enfatiza que la integridad en la tercera edad depende de una biografía reconocida por otros. Es decir, sin testigos, la vejez puede devenir en una soledad narrativa que niega el sentido retrospectivo (Erikson, 1982, p. 210). La medicina puede intervenir sobre el organismo, pero no restituir la memoria testificada por los otros. La celebración de aniversarios, la transmisión intergeneracional de historias y la presencia en los momentos decisivos son prácticas que confieren sentido retrospectivo y que, por ello, deben ser objeto de políticas y prácticas culturales que las sostengan.

No obstante, la recuperación de la amistad y de la familia exige una disposición práctica: la lentitud relacional, la fidelidad y la disposición a la reparación. Estas actitudes contrastan con la dinámica posmoderna de rendimiento y apariencia; por tanto, exigirán cambios tanto personales como institucionales. En lo personal, implican priorizar la presencia sobre la gestión del tiempo instrumental; en lo institucional, demandan reorientar recursos y repensar prioridades públicas para que la vida prolongada sea también vida compartida.

La respuesta política, por tanto, debe ser multidimensional: integrar la medicina con políticas urbanas y laborales, con educación relacional que no instrumentalice la amistad, y con sistemas sanitarios que traten la soledad como un determinante social de la salud. En otras palabras, la ampliación de la vida corporal debe intersectarse con una política del cuidado que haga posible la compañía. De no hacerlo, la promesa de la longevidad se convertirá en una conquista técnica que deja intactos los factores que empobrecen la existencia humana.

En conclusión, queridos lectores, si la modernidad nos alarga la vida pero nos priva de compañía, debemos replantear colectivamente qué significa el bien humano. ¿Qué valor tiene una vida prolongada si no hay manos que sostengan los temblores, voces que recuerden el pasado, risas que celebren los logros, miradas que confirmen nuestra existencia? ¿Aceptaremos la paradoja de la longevidad solitaria como inevitable, o resignificaremos nuestras instituciones para reconstituir redes de cuidado y amistad? La respuesta colectiva implicará decisiones políticas que prioricen la presencia, re-imaginen espacios públicos y educacionales, y traten la soledad como determinante tangible de salud. En lo personal quedará la pregunta inquietante: ¿qué estaré dispuesto a sacrificar en nombre de la longevidad, y a quién buscaré para que mis años cuenten como algo más que tiempo? ¿Podremos aún recuperar la costumbre de acompañar, o habremos naturalizado la soledad como precio inevitable del progreso? Finalmente, si la medicina puede curar el cuerpo, ¿será también capaz de curar la soledad del alma, o ese es un remedio que debemos inventar entre todos antes de llegar a la vejez?

Referencias bibliográficas

Arendt, H. (2000). La condición humana (4.ª ed.). Paidós. (Obra original publicada en 1958).

Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 2000).

Erikson, E. H. (1982). The life cycle completed. W. W. Norton. (Citado: Erikson, 1982, p. 210).

Fuemmeler, B., &Bruckmann, C. (2025). The Friendship Recession: The Lost Art of Connecting. Harvard Kennedy School — EvidenceforAction. Recuperado de https://happiness.hks.harvard.edu (informe, 28 de febrero de 2025).

Gilligan, C. (1982). In a different voice: Psychological theory and women’s development. Harvard UniversityPress.

Han, B.-C. (2015). La sociedad del cansancio. Herder. (Obra original publicada en 2012).

Lewis, C. S. (1998). Los cuatro amores. Ediciones B. (Obra original publicada en 1955).

Making Caring Common (Batanova, M.; Weissbourd, R.; McIntyre, J.)(2024). Loneliness in America.Harvard Graduate School of Education.Recuperado de https://mcc.gse.harvard.edu (informe, 3 de octubre de 2024).

Putnam, R. D. (2003). Bowling alone: The collapse and revival of American community.Simon&Schuster. (Obra original publicada en 2000).

Waldinger, R., &Schulz, M. (2010). El estudio de desarrollo del adulto de Harvard: lecciones sobre salud y relaciones. En R. Waldinger (Ed.), Estudios longitudinales y bienestar: perspectivas sobre la vida adulta (pp. 137-158). Editorial Académica.

El autor es docente, escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

jueves, 5 de febrero de 2026

 

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 05 febrero 2026.-

Acaban de lanzar Peravia 2055. Se trata de un plan que, además de proyectar a una provincia, logra la virtud de orientar la generación de desarrollo desde lo local. Se trata de la evidencia de lo que puede lograr un territorio cuando decide pensarse a sí mismo.

Estamos ante una demostración de que pensar el futuro no debe ser un ejercicio de adivinación, sino un acto de responsabilidad colectiva. En tiempos de incertidumbre climática, reordenamientos geopolíticos y crisis de sentido en lo público, los territorios que se atreven a mirarse a largo plazo dan un paso decisivo: dejan de reaccionar para comenzar a conducir, dejan de sobrevivir para comenzar a construir su destino.

Lo que se acaba de presentar en Baní no es un documento técnico más ni una promesa de coyuntura. Se trata de un plan estratégico construido desde abajo hacia arriba, con la participación de muchísimos líderes locales y actores de la comunidad dominicana en el exterior, articulados desde lugares como Boston, Nueva York y Nueva Jersey, así como en cada municipio y distrito de la provincia. Peravia 2055 fue diseñado para la gente, pero sobre todo con la gente.

Más allá del ciclo electoral

El horizonte temporal también rompe inercias. Treinta años —siete períodos presidenciales, legislativos y municipales— obligan a pensar más allá del calendario electoral y a colocar el interés territorial por encima de las urgencias partidarias.

Por eso este plan dialoga con la Ley 1-12 de Estrategia Nacional de Desarrollo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Meta País 2036. Por eso incorpora además el cambio climático como variable estructural, no como simple nota al pie.

En este plan, las cifras ayudan a dimensionar el reto: 209,372 habitantes, 783.36 km² de superficie, amplias áreas protegidas y más de 223 km² de suelos cultivables. A esto se suma un tejido empresarial en crecimiento y un flujo de remesas que, bien articulado, puede convertirse en palanca productiva.

Pero el verdadero valor del plan no está solo en lo que Peravia es hoy, sino en lo que decidió ser: capital agropecuaria y de negocios del mar Caribe, centro logístico multimodal, polo de inversiones y referencia turística del suroeste.

Gobernanza con rostro humano

La gobernanza del plan es otro de sus pilares. Más de 320 organizaciones comunitarias, autoridades electas, empresariado y sociedad civil participan en comisiones técnicas y foros sociales permanentes.

La juventud, proveniente de todos los municipios y distritos, no fue invitada como adorno, sino como protagonista de una visión que esos mismos jóvenes habitarán en 2055. La herramienta Sueños Alcanzables de Peravia (SAP) sintetiza esa apuesta intergeneracional.

Peravia 2055 es resultado de proceder con apego a lo que indica la CEPAL en su Panorama del desarrollo territorial de América Latina y el Caribe 2022: los procesos sostenibles de transformación territorial requieren alianzas entre gobiernos locales, actores nacionales, sector privado, sociedad civil y comunidad organizada.

Con 54 proyectos estructurantes, más de 100 iniciativas de corto plazo y una estimación inicial de inversiones basada en el sistema nacional de inversión pública, este plan combina ambición con realismo.

Peravia 2055 cuenta con un respaldo institucional inusual: ordenanzas oficiales, cartas compromiso y trabajo voluntario que supera los 15 millones de pesos en aportes ciudadanos. Eso no se improvisa; se construye con confianza.

Pensar el territorio es cambiar su destino

Peravia 2055 es, en el fondo, una decisión política en el mejor sentido del término: la de creer que el desarrollo no llega, se construye; que el territorio no se hereda, se proyecta; y que la sostenibilidad no es un discurso, sino una práctica colectiva sostenida en el tiempo.

Lo que está ocurriendo en torno a Peravia 2055 debe ser cuidado y alimentado con adecuada gestión de la comunicación. No me refiero a simple difusión, que no deja de ser útil. Me refiero a la comunicación que construye símbolos, dota de sentido compartido a los proyectos y convierte el orgullo local en un activo estratégico.

Enhorabuena, Peravia 2055. Si cualquier otro territorio busca ejemplos de planificación con alma, aquí hay uno que merece atención, cuidado y continuidad. Porque cuando un territorio se piensa a sí mismo, empieza a cambiar su destino.

martes, 3 de febrero de 2026

 

Por Amín Cruz
Diario Azua / 03 febrero 2026.-

“La libertad de prensa no es un privilegio, es la garantía de que la verdad nunca será silenciada”

Nueva York — El Congreso Hispanoamericano de Prensa (CHP) y el Congreso Mundial de Prensa (CMP) expresan su profunda preocupación y rechazo ante los arrestos de los periodistas Don Lemon y Georgia Fort, ocurridos mientras realizaban cobertura informativa durante una protesta en St. Paul, Minnesota, hechos que constituyen una seria amenaza contra la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos y contra los principios universales de la libertad de prensa.

La Primera Enmienda es uno de los pilares esenciales de la democracia estadounidense y garantiza la libertad de expresión, de prensa, de reunión pacífica y de religión, sin interferencias del Estado. Este marco constitucional ha servido históricamente como referente global para la protección del periodismo libre y el derecho ciudadano a la información.
En este sentido, el Congreso Hispanoamericano de Prensa y el Congreso Mundial de Prensa hacen un llamado respetuoso, pero firme, al presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, para que cumpla y haga cumplir el mandato constitucional que protege la labor periodística. Ninguna administración, independientemente de su orientación política, puede ni debe criminalizar a la prensa, ya que sin periodismo libre no existe democracia plena.

Los arrestos de Don Lemon y Georgia Fort, así como los cargos federales presentados en su contra, han sido interpretados por la comunidad internacional como un intento de criminalizar el ejercicio legítimo del periodismo. Ambos comunicadores se encontraban realizando labores informativas, utilizando herramientas propias de su profesión: cámaras, libretas y dispositivos móviles, no participando en actos delictivos.
Resulta especialmente preocupante la utilización de marcos legales como la Ley FACE, promulgada en 1994 con el objetivo específico de proteger el acceso a clínicas de salud reproductiva y lugares de culto. La aplicación de esta normativa contra periodistas que cubrían una protesta social representa un uso desviado de la ley y sienta un precedente peligroso para la libertad de prensa en Estados Unidos y en el mundo.

La narrativa oficial que acusa a los periodistas de “intimidación” contrasta con los testimonios y materiales audiovisuales disponibles, donde Lemon y Fort se identifican claramente como periodistas y observadores. La criminalización de su labor constituye un intento de silenciar voces críticas y de enviar un mensaje de advertencia a otros comunicadores que cubren protestas, manifestaciones y hechos de interés público.

Asimismo, preocupa profundamente que funcionarios gubernamentales hayan celebrado públicamente estos arrestos, incluso mediante burlas en redes sociales, trivializando un hecho que representa una grave vulneración a la libertad de prensa y a la institucionalidad democrática.

Estados Unidos ha sido históricamente considerado uno de los principales referentes de la democracia y de la protección de la prensa libre. Sin embargo, estos acontecimientos envían una señal alarmante al mundo, especialmente a países donde la libertad de expresión ya se encuentra en riesgo.

El Congreso Hispanoamericano de Prensa y el Congreso Mundial de Prensa se preguntan: si periodistas de reconocimiento internacional pueden ser arrestados por cumplir su deber informativo, ¿qué garantías tienen los periodistas locales, independientes o comunitarios?

Frente a esta situación, ambas organizaciones hacen un llamado, a la vez, que se suman a las voces de organismos internacionales, asociaciones de prensa y defensores de los derechos humanos, exhortando a la solidaridad internacional y a la defensa activa del periodismo libre.

De conformidad con los principios de las Naciones Unidas, la libertad de expresión es un derecho humano universal que no puede ser objeto de censura previa ni de represalias políticas. La defensa de la prensa trasciende fronteras y constituye un acto de resistencia democrática frente a cualquier intento de control de la verdad mediante el miedo o la represión.
El Congreso Hispanoamericano de Prensa y el Congreso Mundial de Prensa denuncian la criminalización de Don Lemon y Georgia Fort como un acto de intimidación contra el periodismo serio, ético versado en la fuente de los hechos y reiteran que la libertad de expresión no es negociable.

Cualquier ataque contra la prensa es un ataque directo contra la democracia. La comunidad internacional debe mantenerse vigilante y firme ante estos hechos, exigiendo el respeto irrestricto a la Primera Enmienda y a los estándares internacionales de derechos humanos.

“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas, ya sea oralmente, por escrito o a través de las nuevas tecnologías de la información, y no puede estar sujeto a censura previa”, Principios universales de derechos humanos.

“La prensa libre es la voz de los pueblos y el contrapeso del poder. Silenciarla es silenciar la verdad”, Congreso Hispanoamericano de Prensa y Congreso Mundial de Prensa.

“La libertad de expresión es la base de toda democracia; sin ella, la verdad se convierte en rehén del poder”, John F. Kennedy.

Dr. Amín Cruz CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador.

Testigo del tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 03 febrero 2026.-

La estrategia militar rusa discrepa de la Occidental, causando gran confusión. Occidente avanza, mata enemigos y controla territorios; Rusia mata enemigos y destruye sus defensas, cuando termina eso, retrocede y toma posesión de los territorios.

Occidente cree que Rusia pierde la guerra en Ucrania, porque no ha tomado ningún territorio, mientras Moscú está ocupada destruyendo las defensas ucranianas.

La principal arma desplegada contra Rusia, tras su invasion a Ucrania, fue el dólar, sanciones económicas, expulsión de Rusia del sistema financiero internacional dolarizado y mecanismos de pagos.

El presidente ruso, Vladimir Putin, lanzó una ofensiva dual, militar en Ucrania, y económica contra el dólar, expandiendo el grupo de economías emergentes agrupadas en el BRICS. Ese grupo controla más del 40% del petróleo mundial, y entre ellos, comercializan más del 40% del comercio mundial, no usan dólares, debilitan esa moneda.

El dólar, fuente de poder e influencia internacional estadounidense, controlaba el 80% del comercio mundial en el 2000, hoy solo controla poco más del 50.

China, Europa y Japón venden miles de millones de dólares en bonos estadounidenses, debilitando aún más la moneda, mientras ellos se arrancan la piel en Minneapolis, Minnesota.

Rusia destruye el dólar, mientras los estadounidenses no se unen, se autodestruyen en insignificantes discusiones sobre redadas migratorias.

Cuando Putin termine, el dólar no tendrá valor, los estadounidenses despertarán, y los inmigrantes por quienes pelean se “autodeportarán”, porque ahí no habrá nada que buscar.

Sostienen un idiótico conflicto de egos, si el presidente Donald Trump tiene derecho de mandar tropas, si las autoridades de Minnesota pueden rechazarlas, y pierden su poder.

Esto ocurrió en el siglo XV, teólogos e intelectuales bizantinos, en Constantinopla, hoy Estambul, Turquía, se arrancaban la piel debatiendo naderías, como el sexo de los Ángeles. Mientras los turcos otomanos tomaron los muros de Bizancio. Ahí nació la expresión “discusiones bizantinas”, cosas sin importancia.

Mientras la nación pierde su poderío, los políticos están ocupados discutiendo naderías sobre derechos de inmigrantes en Minnesota.

Los historiadores verán claras similitudes entre Bizancio y Minneapolis.

lunes, 26 de enero de 2026

 

Desde esta tribuna sostenemos que las aspiraciones de Ito son legítimas, siempre que respeten la institucionalidad y no confundan la gestión pública con el proselitismo.

Por Roberto Valenzuela
Diario Azua / 26 enero 2026.-

La política dominicana entra en una nueva fase. Por primera vez, y con información confirmada desde distintos sectores de poder político y económico, se coloca sobre la mesa un nombre que hasta ahora se había movido con cautela: Víctor (Ito) Bisonó. Su eventual proyección presidencial ya no es un rumor de pasillos, sino un hecho político en construcción que comienza a alterar el tablero rumbo a las elecciones de 2028.

Dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM), así como en un sector influyente del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), partidos emergentes y un núcleo empresarial de peso, se consolida la percepción de que Bisonó representa hoy la carta más segura para garantizar la continuidad del oficialismo. No se trata de una apuesta emocional ni coyuntural, sino de un cálculo frío sustentado en encuestas, imagen pública y capacidad de articulación política.

Quienes impulsan su nombre coinciden en varios puntos clave: Bisonó aglutina a las fuerzas conservadoras y moderadas del sistema político; posee una imagen sólida, sin desgaste; y, en cinco años de gestión gubernamental, no ha estado vinculado a escándalos de corrupción ni a crisis institucionales. En un país donde la desconfianza ciudadana hacia la clase política crece, ese capital ético adquiere un valor estratégico.

No es casual que antiguos dirigentes reformistas, hoy integrados al PRM o aliados circunstanciales, vuelvan a ver en Bisonó un referente natural. Tampoco sorprende que sectores empresariales —tradicionalmente reacios a la improvisación— comiencen a mencionarlo como una figura confiable para preservar estabilidad, gobernabilidad y reglas claras.

Aunque el propio Bisonó no ha anunciado formalmente aspiraciones presidenciales, sus seguidores en todo el país ya actúan como si el proceso estuviera en marcha. La consigna de que “el 28 es de Ito” empieza a ganar espacio, rompiendo la narrativa de que el relevo presidencial dentro del PRM está limitado a los nombres que tradicionalmente ocupan titulares.

Desde esta tribuna sostenemos una posición clara: las aspiraciones de Ito Bisonó, como las de cualquier funcionario público, son legítimas. Sin embargo, esa legitimidad está condicionada al respeto absoluto de la institucionalidad. No debe interferir con sus funciones, ni utilizar su cargo para promoverse, ni mucho menos emplear recursos del Estado para competir interna o externamente. La línea entre gestión y proselitismo debe mantenerse firme y visible.

Si decide avanzar en una promoción política, esta debe hacerse con prudencia, fuera del horario oficial, sin uso de vehículos, personal o facilidades públicas. El país no puede aceptar —ni normalizar— que la administración del Estado se confunda con la construcción de proyectos personales.

El movimiento que impulsa a Bisonó se fortalece, además, bajo la premisa de que estaría en capacidad de enfrentar con solvencia a cualquiera de las principales figuras de la Fuerza del Pueblo, incluido el expresidente Leonel Fernández o el senador Omar Fernández. Ese dato, más que una especulación, es el que explica la inquietud y el reacomodo temprano dentro del sistema político.

La irrupción de Ito Bisonó en el debate presidencial confirma una verdad ineludible: la sucesión en el PRM ya comenzó. Y cuando los sectores de poder empiezan a moverse antes de tiempo, no es por improvisación, sino porque entienden que el escenario del 2028 se está definiendo desde ahora.

domingo, 25 de enero de 2026

 

Por Margarita Feliciano

Diario Azua / 25 enero 2026.-

La salud mental se ha convertido en uno de los desafíos sociales más urgentes de la República Dominicana, aunque continúa relegada en la agenda pública. El aumento sostenido de la ansiedad, la depresión, los trastornos emocionales, la violencia intrafamiliar y de género, así como las crisis conductuales, evidencia una realidad que el Estado no puede seguir ignorando.

En este contexto, resultan especialmente pertinentes las declaraciones del senador Omar Fernández, quien ha señalado que en el país existen recursos económicos, pero falta voluntad política para garantizar apoyo real y sostenido a las familias con condiciones vinculadas a la salud mental y al neurodesarrollo, como el trastorno del espectro autista (TEA). Sus palabras colocan sobre la mesa una verdad ineludible: la salud mental no puede seguir siendo tratada como un tema secundario ni marginal.

La salud mental no se limita a los casos extremos. Incluye condiciones ampliamente documentadas por la ciencia, como la depresión, la ansiedad, los ataques de pánico y los trastornos del desarrollo neurológico, cuyo impacto social es profundo. En el caso del espectro autista, la falta de diagnóstico temprano, atención especializada y acompañamiento integral mantiene a miles de familias en una situación de abandono institucional, obligándolas a enfrentar altos costos o a prescindir de terapias esenciales.

Frente a esta realidad, el Estado dominicano debe asumir un rol activo mediante políticas públicas integrales, que garanticen tanto la atención como la formación de profesionales especializados. Es necesario establecer incentivos reales para cursar carreras y especialidades como psicología clínica, psiquiatría, neurología, neuropsicología y atención al espectro autista, mediante la subvención estatal de al menos el 50 % del costo académico, acompañada de un compromiso de servicio social obligatorio por un período mínimo de un año en instituciones públicas. De esta manera, se fortalece el sistema sin desvalorizar la formación profesional y se asegura atención accesible para quienes más lo necesitan.

Asimismo, se impone la creación de una institución nacional exclusiva para la salud mental, que concentre la atención especializada. Este centro debería contar con psicólogos, psiquiatras, neurólogos y especialistas del espectro autista, ofreciendo asistencia gratuita a personas de escasos recursos y servicios pagos a quienes puedan costearlos, permitiendo así su sostenibilidad financiera.

Dicha institución debe incluir también un ala especializada para la atención e internamiento de personas con trastornos mentales severos que hoy deambulan por las calles sin protección ni tratamiento. Este ingreso no debe concebirse como castigo, sino como una medida de cuidado, dignidad y seguridad, tanto para ellos como para la sociedad, reconociendo que aun en condiciones de enajenación mental siguen siendo seres humanos y ciudadanos con derechos fundamentales, especialmente el derecho a la salud.

Invertir en salud mental no solo reduce la violencia y la exclusión social; fortalece las familias, mejora la convivencia ciudadana y construye una sociedad más segura y humana. Las advertencias están hechas, las propuestas existen y el debate ha sido abierto. Ahora corresponde al Estado transformar el discurso en acciones concretas. La salud mental no puede seguir esperando.

La autora es miembro de la Dirección Central y vicesecretaria general de la Circunscripción 1 del Distrito Nacional de la Fuerza del Pueblo


Testigo del tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 25 enero 2026.-

La agenda de los globalistas, que planean “reiniciar el mundo” en el 2030, sufrirá una seria derrota este miércoles.

El presidente Donald Trump hablará ante el Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, Suiza, se espera que lea el acta de defunción de las políticas globalistas.

¿Cuáles son esas políticas?

Recordemos al embajador estadounidense gay, y su esposo, visitando escuelas dominicanas promoviendo su “agenda gay” entre los niños. También los afanes de salir del petróleo y el carbón para traer energía removable, autos eléctricos; y aquello de sustituir la carne de res por insectos.

Por favor, recuerden las “fronteras abiertas” o el “Pacto Migratorio” y las campañas masivas de vacunación, todo esto salió del FEM. Ese organismo, fundado en 1971, agrupó a las figuras mas acaudaladas del planeta, que intentaron formar un “gobierno mundial” electo por nadie.

Lo que ellos decidían, era ley en nuestros países. Recuerden aquella infame ley dominicana 1-24 para “combatir las noticias falsas y la desinformación”.

Trump terminará esa “dictadura de los globalistas”.

¿Por qué les llamo “globalistas”?

Sencillo, esta gente usó su dinero, donándoselo a organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) para controlarlos. Bill Gates, por ejémplo, controla la OMS después donar millones. El fabrica vacunas, la OMS las “recomienda” nosotros pagamos.

Europa fue devastada por ellos, está llena de indocumentados succionando sus recursos, y la guerra de Ucrania.

Según los globalistas, “no tendrás posesiones, y serás feliz”. Porque ellos compran todas las casas y apartamentos, seremos sus inquilinos. Trump ya propuso prohibirles competir con nosotros comprando viviendas.

Los globalistas no se rendirán pura y simplemente, Trump enfrentará serios desafíos internos. Ellos financiaron las caravanas que trajeron los indocumentados, ahora financian las manifestaciones contra ICE, “defendiendo sus inversiones”, habrán grandes disturbios y enfrentamientos a gran escala.

Ellos invirtieron mucho dinero para llegar hasta aquí, lucharán defendiendo sus inversiones.

No permanecerán cruzados de brazos mientras Trump los aplaste. El enfrentamiento entre el nacionalismo trumpista y los globalistas traerá días difíciles a los Estados Unidos y al mundo.

sábado, 24 de enero de 2026

Por Lucy Payano
Diario Azua / 24 enero 2026.-

En los caminos de tierra, donde el día comienza antes del amanecer, la noticia del nuevo ministro de Agricultura no se recibió como un titular más. Para muchos productores y comunidades rurales, la llegada de Oliverio Espaillat abre la posibilidad de reencontrarse con una forma de dirigir que entiende el campo no como una estadística, sino como una forma de vida. Surge la esperanza de ser escuchados sin intermediarios y de que las decisiones respondan a lo que realmente ocurre entre la siembra y la cosecha.

El campo dominicano, base silenciosa de la alimentación y del trabajo rural, no pide privilegios ni promesas grandilocuentes. Pide comprensión. Pide que quien decide conozca el peso de una mala temporada, la incertidumbre del clima y la responsabilidad que implica producir alimentos para todo un país. Que entienda que detrás de cada cultivo hay historias de esfuerzo, familias que dependen de una cosecha y comunidades que se sostienen incluso cuando las condiciones no acompañan.

Un ministro con raíces en la tierra

Hablar de Oliverio Espaillat es hablar de alguien que ha vivido el campo desde la experiencia cotidiana. Ingeniero agrónomo y productor, con más de tres décadas de trayectoria, su camino se ha forjado junto a otros agricultores, especialmente en el sector arrocero, donde conoce de primera mano los retos productivos, los costos, las pérdidas y la necesidad de modernizar sin perder el sentido humano. Su recorrido no se define solo por cargos o proyectos, sino por la credibilidad que ha ganado entre quienes trabajan la tierra.

Retos y expectativas del campo

Hoy el campo necesita más que planes bien estructurados. Requiere reglas claras para comercializar, acompañamiento técnico oportuno y una visión capaz de responder, tanto al clima cambiante como a las exigencias del mercado. Pero, sobre todo, necesita que las políticas se piensen desde la producción agrícola. Modernizar es indispensable, sí, pero hacerlo sin romper el vínculo con el pequeño y mediano productor que ha sostenido la producción con esfuerzo constante.

Una gestión cercana al campo.

Gobernar desde el campo es permanecer en la vida cotidiana de quienes producen. Es escuchar con paciencia, entender los tiempos de la agricultura y asumir que cada decisión impacta directamente en miles de familias. Es reconocer que el campo no es solo productividad: es identidad, estabilidad social y futuro.

El sello de su llegada.

El verdadero impacto de Oliverio Espaillat como ministro no estará en los discursos, sino en la confianza que logre construir con el productor y en su capacidad de convertir la experiencia en decisiones sensatas. Su trato cercano, su manera directa y el respeto con que se relaciona con la gente del campo le otorgan una legitimidad que no se improvisa.

Sin dudas, para el sector arrocero, su llegada representa una oportunidad concreta de seguir avanzando con mayor coherencia. Es un productor que conoce el cultivo, entiende los ciclos y sabe lo que implica sostener una cosecha en medio de incertidumbres.

Cuando quien dirige ha sembrado, ha esperado resultados y ha asumido riesgos, sabe que cada decisión nace de la experiencia. Cuando esa vivencia se transforma en gestión, la agricultura dominicana encuentra un respaldo firme para crecer y reafirmarse como motor de esperanza y garantía de seguridad alimentaria para nuestro país.

El camino apenas comienza

Con Oliverio Espaillat al frente, el campo dominicano no solo espera ser administrado: espera ser transformado con visión y cercanía.

La semilla de esta gestión ya ha sido plantada en tierra fértil; ahora, el país observa con atención, anticipando una cosecha histórica donde la prosperidad del productor se convierta en el verdadero indicador del éxito nacional.

La autora es periodista, reside en San Francisco de Macorís, provincia Juan Pablo Duarte, República Dominicana (2026)

Por Araceli Aguilar Salgado
Diario Azua / 24 enero 2026.-

"La libertad es el oxígeno del alma." Moshe Dayan

La libertad es uno de los valores más universales y, al mismo tiempo, más frágiles de la humanidad. El Día Mundial de la Libertad, conmemorado cada 23 de enero, no es solo una fecha simbólica, sino un recordatorio de que este derecho fundamental debe ser defendido constantemente frente a amenazas políticas, sociales y tecnológicas. En un mundo marcado por la globalización, la hiperconectividad y el avance de la inteligencia artificial, la libertad se enfrenta a nuevos dilemas que exigen una reflexión crítica sobre su vigencia y sus límites.
La libertad como derecho y como práctica

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) consagró la libertad como un derecho inherente a toda persona. Sin embargo, la libertad no puede entenderse únicamente como un principio jurídico; es también una práctica cotidiana que se expresa en la libertad de prensa, de expresión, de pensamiento, de asociación y de participación política. El problema radica en que, aunque estos derechos están reconocidos, su ejercicio real se ve condicionado por estructuras de poder, desigualdades económicas y dinámicas culturales que restringen su alcance.
Contradicciones contemporáneas

El Día de la Libertad invita a cuestionar las contradicciones de nuestro tiempo:

· Libertad política: mientras algunos países celebran elecciones libres, otros mantienen regímenes autoritarios que sofocan la disidencia.

· Libertad de prensa: el periodismo enfrenta censura, persecución y violencia, especialmente en contextos donde denunciar la corrupción o el abuso de poder implica riesgo de vida.

· Libertad digital: la era tecnológica ha abierto espacios de expresión, pero también ha generado nuevas formas de control y vigilancia masiva. La inteligencia artificial, por ejemplo, puede ser usada para democratizar la información, pero también para manipularla y restringir la autonomía de los ciudadanos.
La libertad y la responsabilidad social

Un aspecto crítico es que la libertad no puede ejercerse sin responsabilidad. El abuso de la libertad de expresión, como ocurre con la desinformación y los discursos de odio, demuestra que este derecho debe estar acompañado de principios éticos. La libertad sin responsabilidad se convierte en caos; la responsabilidad sin libertad, en opresión. El equilibrio entre ambas es el verdadero desafío de las sociedades democráticas.
El papel del periodismo ético

En este contexto, el Congreso Hispanoamericano de Prensa, bajo la visión del Dr. Amín Cruz, ha insistido en que el periodismo ético es un pilar de la libertad. Sin periodistas libres y responsables, la sociedad pierde su capacidad de cuestionar y de construir memoria. La libertad de prensa no es un privilegio de los comunicadores, sino un derecho colectivo que garantiza que la verdad llegue a los ciudadanos.

El Día de la Libertad no debe ser visto como una celebración estática, sino como un llamado a la acción. La libertad es un derecho que se conquista y se defiende cada día, frente a gobiernos autoritarios, frente a la manipulación digital y frente a la indiferencia social. En la era digital, el reto es doble: proteger la libertad de los individuos y garantizar que la tecnología se use para ampliar, no para restringir, los espacios de autonomía.

La libertad, en definitiva, es la condición indispensable para la dignidad humana. Sin ética y sin responsabilidad, se convierte en un espejismo; sin defensa activa, se transforma en silencio.

"La libertad no se hereda: se conquista y se defiende cada día."

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

jueves, 22 de enero de 2026

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 22 enero 2026.-

“La belleza es el esplendor de la verdad”, Platón, Fedro, 250d.

Hoy quiero invitarlos a reflexionar en torno a un asunto estético fundamental. Desde los albores del pensamiento occidental, la belleza ha sido un tema central de la especulación filosófica. No se ha abordado como una simple cualidad superficial o un capricho sensorial, sino como un concepto fundamental vinculado a la verdad, la moralidad y la estructura misma de la realidad. El camino de la estética, disciplina que estudia la esencia y la percepción de la belleza y el arte, es un viaje a través de la historia del pensamiento humano, revelando cómo cada época ha buscado comprender lo que nos conmueve y eleva.

Bien sabemos que desde la antigua Grecia, la belleza (kalós) no era un mero atributo, sino un ideal. Para Platón, la belleza sensible era un reflejo pálido de la Belleza en sí, una Idea eterna e inmutable que existía en un mundo suprasensible. En el “Banquete”, Platón describe un ascenso gradual, un viaje del alma desde la belleza de un cuerpo individual hasta la belleza de las almas, las leyes y las ciencias, culminando en la visión de la Belleza en sí, que “es siempre y no deviene, ni perece, ni aumenta, ni disminuye” (211a). Este concepto vinculaba la belleza a la perfección, la simetría y la armonía, un eco de un orden cósmico superior.

Por su parte, Aristóteles, aunque más terrenal, no abandonó esta noción de orden. Para él, la belleza residía en la proporción, el orden y la magnitud de los objetos. En la “Poética”, argumentó que “para ser bello, un ser vivo, o cualquier cosa compuesta de partes, debe tener no sólo esas partes en un orden particular, sino también una magnitud particular” (1450b). Esta perspectiva se manifestará en la escultura clásica, donde la perfección de la figura humana, como el Doríforo de Policleto, superaba la noción de realismo en tanto que pretendía encarnar un ideal matemático y armónico supremo.

También, el pensamiento medieval reinterpretó la estética clásica a través del prisma de la teología. La belleza terrenal era considerada una manifestación de la perfección divina. Al respecto, Tomás de Aquino definió la belleza en el contexto de lo trascendental, en tanto que un objeto es bello si cumple tres condiciones: integridad o perfección (integritas), proporción o consonancia (consonantia) y claridad o resplandor (claritas). Este último término, el “esplendor de la forma sobre las partes proporcionales de la materia”, conectaba la belleza a la luz de la revelación de la verdad divina. El arte gótico, por ejemplo, con sus catedrales que se elevaban hacia el cielo y sus vidrieras que filtraban la luz, es la materialización de este ideal.

Posteriormente, el Renacimiento no rompió con este legado, sino que más bien lo humanizó. La belleza seguía siendo un reflejo de un orden superior, pero ahora el ser humano, como medida de todas las cosas, era el protagonista. El arte se convirtió en la búsqueda de la perfección formal y la expresión de la armonía. Puntualmente, en su tratado titulado “De Pictura”, Alberti definía la belleza como “la armonía y la concordia de todas las partes unidas de tal manera que nada puede ser añadido, quitado o cambiado sin empeorar el conjunto”. El “David” de Miguel Ángel, o la “Última Cena” de Leonardo, son ejemplos de esta búsqueda de la perfección ideal, donde la figura humana es el vehículo para expresar la gracia, la fuerza y la belleza del alma.

Consecuentemente, el Iluminismo llevó esta veneración por la forma y el orden al plano de la razón. Autores como Immanuel Kant, en su “Crítica del Juicio”, buscaron una fundamentación racional para el juicio estético. Para él, la belleza no es una cualidad inherente al objeto, sino una experiencia subjetiva. El juicio de lo bello es un “placer desinteresado”, una sensación que produce un libre juego entre nuestra imaginación y nuestro entendimiento. A diferencia de las épocas precitadas, Kant separaba la belleza de lo útil, lo bueno y lo verdadero, defendiendo su autonomía y universalidad, aludiendo a un “sentido común estético”.

Pues bien, queridos lectores, habiendo realizado este pequeñísimo recorrido histórico, tenemos que enfrentarnos a la contraposición entre la grandeza estética de ese pasado glorioso y la vacuidad de ciertas expresiones posmodernas, que se hace palpable al comparar obras maestras de la escultura con las propuestas supuestamente disruptivas de la contemporaneidad. El “David” de Miguel Ángel, una colosal talla en mármol que irradia fuerza, proporción y una idealizada belleza masculina, encarna la aspiración renacentista a la perfección formal y a la representación del espíritu humano en su máxima expresión. Cada músculo tensado, cada curva delicada, contribuye a una armonía visual que trasciende la simple anatomía para alcanzar una cualidad casi divina. Al respecto, Ernst Gombrich explicitó, en su obra “La historia del arte”, que “Miguel Ángel había concebido su David como un gigante, cuyo vigoroso cuerpo albergaba un alma no menos vigorosa” (p. 204).

De manera similar, la gracia melancólica y la complejidad psicológica que Leonardo Da Vinci imbuyó a sus esculturas, aunque menos numerosas que las de Miguel Ángel, reflejan una profunda comprensión de la anatomía y de la emoción humana. Sus estudios preparatorios y los bocetos revelan una búsqueda constante de la belleza ideal a través de la observación meticulosa y la exploración científica del cuerpo. En sus propios cuadernos, Leonardo afirmaba que “la belleza perece en la vida, pero es inmoral en el arte”.

Ante esto, queda preguntarse: ¿Cómo contrastan estas obras, que requirieron años de dedicación, maestría técnica y una profunda inmersión en la tradición artística y filosófica, con una banana pegada a una pared con cinta de construcción? La obra de Cattelan no demanda ninguna habilidad artesanal, ni se inspira en ideales de belleza y proporción. Su valor reside únicamente en la provocación, en la burla hacia el sistema del arte y en la capacidad del artista para generar atención mediática. Esta disparidad no es simplemente una cuestión de gustos subjetivos, sino que señala una fractura en la propia concepción de lo que el arte decidió dejar de ser.

La misma dicotomía se manifiesta en el ámbito de la arquitectura. Las catedrales góticas, con sus elevadas bóvedas, sus intrincados vitrales y la sensación de trascendencia que evocan, son testimonios de una estética que busca la belleza en la proporción divina y la elevación del espíritu. La Catedral de Chartres, por ejemplo, con su perfecta armonía entre estructura y decoración, es un ejemplo paradigmático de cómo la arquitectura medieval aspiraba a ser una representación terrenal del orden terrenal. Como describe Henri Focillon en “La vida de las formas”, “la arquitectura gótica es un organismo de luz y piedra, donde cada elemento, por humilde que sea, concurre a la expresión de una idea dominante” (p. 97).

El Renacimiento y el Iluminismo continuaron esta búsqueda de la belleza, a través de la proporción y la armonía, aunque con una renovada atención a los cánones clásicos y a la racionalidad. Los palacios renacentistas, con sus fachadas equilibradas y sus patios interiores ordenados, o los edificios neoclásicos, con su rigor geométrico y su referencia a los modelos de la antigüedad, buscaban encarnar los ideales de orden, claridad y belleza perdurable. Pensemos simplemente en la Villa Rotonda de Palladio o en el Panteón de París para darnos una idea cabal de lo que estamos enunciando.

En contraste, gran parte de la arquitectura posmoderna parece celebrar la fragmentación, la deconstrucción y la negación de cualquier principio estético trascendente y unificador. Edificios que parecen ensamblajes aleatorios de formas y materiales, que desafían la funcionalidad y la coherencia visual, se erigen como manifestaciones de una estética de la discontinuidad. Si bien la experimentación y la innovación son importantes, la ausencia de una búsqueda de la armonía y la belleza puede conducir a un caos visual que resulta alienante y desprovisto de significado aparente y trascendente. La carencia de una narrativa estética clara en muchos edificios contemporáneos, contrasta fuertemente con la elocuencia pétrea en las construcciones del pasado, que hablaban de la cosmovisión y los valores de su tiempo.

Como habrán podido apreciar, caros lectores, lo que estamos realizando aquí es una crítica a la estética de la desolación y el sinsentido. El declive de la belleza como fin último en el arte posmoderno no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de un profundo cambio en la cosmovisión occidental. El individualismo extremo ha reemplazado el sentido de lo colectivo, y con él, el arte ha dejado de ser un espejo de valores compartidos para convertirse en la expresión de la subjetividad atomizada del artista. Lo que antes buscaba un ideal universal, ahora se limita a la autorreferencia. La distancia con lo divino o lo trascendente es total, significando esto que el arte ha perdido su papel como puente entre lo terrenal y lo espiritual, convirtiéndose en un objeto de consumo más, a menudo efímero y sin arraigo.

Esta estética del bodrio, es decir, del “todo vale”, también revela una profunda pereza en el oficio. La maestría técnica, la dedicación y el conocimiento de la tradición, pilares del arte en el Renacimiento o la Edad Media, han sido devaluados en favor del capricho individual que más que querer expresar algo sublime, sólo quiere llamar la atención. El “genio”, al que le dedicaremos una reflexión aparte en otra oportunidad, ya no se mide por la capacidad de dominar un material o una técnica, sino por la habilidad de generar un concepto que provoque, moleste y venda. Las horas invertidas en perfeccionar una talla, un fresco o una bóveda son sustituidas por la rapidez y el efectismo de una instalación de un mingitorio en una sala del museo.

Finalmente, la cultura se ha volcado de lleno en la obsesión por la novedad absurda como único motor de la creatividad. La originalidad se confunde con excentricidad, y el valor de una obra reside en su capacidad para sorprender, por trivial o burdo que sea el medio. Esta obsesión por “lo nuevo”, sin importar su calidad o significado, ha creado un ciclo de consumo estético que rápidamente desecha lo anterior en favor de lo siguiente, sin dejar tiempo para la reflexión o la apreciación duradera. La banana de Cattelan no es solo un objeto, es el síntoma de una sociedad que ha olvidado que la belleza no es un antojo de la moda, sino una aspiración profunda del espíritu humano.

Por último, amigos míos, los dejo con algunas preguntas para incentivar la reflexión. ¿Es el abandono de la belleza como ideal un síntoma del nihilismo cultural más profundo? ¿Qué significa para una sociedad valorar una banana pegada a una pared más que la proporción perfecta de una escultura renacentista? Si la belleza es un “placer desinteresado”, como propuso Kant, ¿cómo podemos hablar de placer en una obra que se fundamenta en el desprecio por la forma y en la provocación? ¿Es posible que la búsqueda de lo bello no sea un acto de elitismo, sino una necesidad humana fundamental, un anhelo de sentido, orden y buen gusto en un mundo caótico, pintado intencionalmente con fealdad por la moda perezosa y adolescente e inmadura como la postmodernidad?

El autor es docente, escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)