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martes, 28 de julio de 2026

 

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 28 julio 2026.-

«Solo en la comunicación se realiza el ser humano. En la comunicación con el otro, la verdad que hay en mí se revela» Jaspers, 1989, p. 50

Asistimos a una época vertiginosa donde la palabra circula con una abundancia sin precedentes, pero donde la auténtica escucha se desvaneció casi por completo. Se habla en todas partes, a toda hora y a través de múltiples pantallas, mas la proliferación masiva de emisiones verbales dista mucho de constituir un espacio de comunión real. Al contemplar la conversación contemporánea, descubrimos que la noción de diálogo ha sido despojada de su densidad histórica y ontológica, quedando reducida a una simulación ruidosa donde los individuos intercambian monólogos paralelos. Se trata de un espectáculo estridente donde prima la necesidad narcisista de autoafirmación antes que el deseo genuino de comprender. Frente a este escenario de saturación mediática, conviene pausar el ritmo e interrogar la naturaleza misma del hablar compartido, pues en el repliegue del pensamiento crítico y la hipertrofia de las opiniones viscerales se incuba el verdadero síntoma de nuestra decadencia cultural.

Desandar los orígenes de este naufragio nos exige remontarnos a las fuentes del pensamiento occidental, donde la etimología griega nos devela que la palabra remite a un tránsito de la razón, a un discurso que atraviesa a los interlocutores para transformarlos en su trayectoria. Platón elevó esta praxis a la categoría de dialéctica, concibiéndola en sus diálogos tempranos como el itinerario imprescindible para ascender desde la opinión infundada (doxa) hacia la comprensión fundamentada (episteme). El método socrático no pretendía acorralar ni humillar al adversario en el terreno oratorio, sino guiarlo pacientemente mediante preguntas inquisitivas hacia el examen de sus propias certidumbres. Semejante tarea presuponía un coraje ético insustituible, caracterizado por la disposición a asumir la propia finitud intelectual. En la Apología de Sócrates, el filósofo formuló esta conciencia de los propios límites al sostener que «este hombre cree que sabe algo sin saberlo, mientras que yo, así como no sé nada, tampoco creo saberlo» (Platón, 2000, p. 21d). Carecer de esta apertura interior para dejarse interpelar desfigura cualquier intercambio, convirtiendo el espacio común en una tribuna donde la palabra se estanca y languidece.

A la luminosidad ética de la búsqueda socrática es preciso añadir la exigencia formal que el genio aristotélico imprimió a la conversación humana. Para que el intercambio no naufrague en el desborde emotivo ni se degenere en mero espectáculo persuasivo, requiere sostenerse sobre la solidez del razonamiento deductivo. En los Primeros analíticos, Aristóteles definió la estructura formal del silogismo como «un discurso en el cual, establecidas ciertas cosas, resulta necesariamente de ellas, por ser lo que son, otra cosa distinta» (Aristóteles, 1988, p. 24b). Asimismo, en el tratado de la Retórica, distinguió entre el logos —el argumento propiamente dicho—, el pathos —la conmoción afectiva del auditorio— y el ethos —la autoridad moral del orador—. Sin embargo, cuando la búsqueda honesta de la verdad se eclipsa por la vanidad, la arquitectura lógica se prostituye en mera sofística. Arthur Schopenhauer expuso con amarga lucidez esta degradación en El arte de tener razón, al diagnosticar que «la dialéctica erística es el arte de disputar, de modo que uno tenga razón tanto justa como injustamente» (Schopenhauer, 2002, p. 23). Esta corrosiva apreciación retrata la miseria de nuestro debate público: no nos importa la validez del razonamiento ni el esclarecimiento de lo real, sino vencer al antagonista a cualquier precio, utilizando la falacia y el agravio como atajos para enmascarar nuestra propia indigencia argumentativa.

Lejos de amedrentarse ante el desacuerdo, el pensamiento medieval entendió que la confrontación teórica era el fuego donde se purificaba el saber. Durante siglos, las universidades ejercitaron la disputatio, una metodología donde la discrepancia se asumía como una herramienta indispensable para depurar el intelecto. Filósofos de la talla de Santo Tomás de Aquino estructuraron sus magnas obras, entre ellas la Summa Theologiae, bajo la dinámica rigurosa de presentar exhaustivamente las objeciones contrarias antes de fundamentar una solución. En esa misma línea de rigor procedimental, Juan Duns Escoto aseveró en su Ordinatio que «la ciencia humana no alcanza un saber perfecto, sino solo por el ejercicio del intelecto» (Duns Escoto, 1950, prol. q. 3). La confrontación entre tesis e hipótesis demostraba que el conocimiento no es un patrimonio estático ni una iluminación pasiva, sino el fruto de un esfuerzo metódico capaz de superar las resistencias del propio sesgo. Cuestionar las ideas preconcebidas no destruía la fe en el saber; al contrario, constituía la única vía honesta para elevar la inteligencia por encima del dogma ciego.

Durante el apogeo ilustrado, la tarea de someter la opinión individual a la prueba del escrutinio colectivo trascendió los claustros académicos y se erigió en el motor emancipador de la sociedad civil. Immanuel Kant, en su célebre opúsculo ¿Qué es la Ilustración?, argumentó que el progreso civilizatorio exige abandonar la minoría de edad mediante el coraje de pensar de manera autónoma. Al plasmar el célebre imperativo «¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!» (Kant, 2004, p. 83), el filósofo germano no defendía una arbitrariedad individualista, sino la obligación cívica de someter los juicios al debate razonado dentro de una comunidad de lectores libres. La esfera pública nacía así como un ideal donde el argumento mejor construido, y no la autoridad dogmática o la coacción, debía guiar las decisiones colectivas.

No obstante, la promesa emancipadora de la razón pública terminaría sofocada por las tramas invisibles del poder y la hipertrofia de los medios masivos. El orden discursivo dejó de ser un terreno neutral para transformarse en un espacio fuertemente disciplinado y mercantilizado. Michel Foucault, en El orden del discurso, desenmascaró los mecanismos de exclusión y control que operan en las sociedades al sostener que «en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos» (Foucault, 1992, p. 14). La conversación social no fluye libremente, sino que responde a límites invisibles impuestos por instituciones y hegemonías que determinan de antemano qué es admisible pensar y quién tiene la legitimidad para hablar. Esta domesticación del discurso halla su expresión más feroz en la sociedad contemporánea, caracterizada por la sustitución de la experiencia viva por la imagen. En La sociedad del espectáculo, Guy Debord vislumbró esta alienación radical al aseverar que «todo lo que antes era vivido directamente se ha alejado en una representación» (Debord, 1999, p. 37). En un mundo donde la realidad cede su lugar a la escenificación, el diálogo auténtico se disuelve; no dialogamos con seres humanos reales, sino con caricaturas mediáticas, consumiendo consignas simplificadas y reduciendo el debate colectivo a una escenografía de simulacros.

A este tamiz político se añade la quiebra ontológica del concepto mismo de verdad, cuya crisis desembocó en un relativismo cómodo y en un atrincheramiento tribal. Cuando la idea de lo verdadero pierde su anclaje en lo real, las convicciones individuales se sacralizan como dogmas inexpugnables. Friedrich Nietzsche, en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, anticipó de forma mordaz la fragilidad de nuestros constructos conceptuales al definir la verdad como «un ejército en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos» (Nietzsche, 2006, p. 25). Al perderse la conciencia de que nuestros conceptos son ficciones útiles que requieren una constante revisión crítica, el ser humano convierte sus metáforas particulares en trincheras ideológicas. Se renuncia al esfuerzo de someter las premisas al contraste con la realidad, prefiriendo la seguridad cobarde de los prejuicios compartidos. La discusión se torna así en un ajuste de cuentas donde la discrepancia ya no representa una invitación a filosofar, sino una amenaza existencial que debe ser fulminada.

Frente a las cenizas del siglo XX, marcadas por la barbarie totalitaria y el adoctrinamiento de masas, la preocupación por rescatar la palabra viva cobró un matiz de urgencia dramática. Hannah Arendt, en La condición humana, situó la palabra y la acción en el centro mismo de la pluralidad política, manifestando que «con la palabra y el acto nos insertamos en el mundo humano» (Arendt, 2005, p. 201). Para Arendt, la renuncia a hablar significativamente con otros equivale a la destrucción del espacio intersubjetivo, atroz antesala del totalitarismo. En una sintonía complementaria, Jürgen Habermas formuló su Teoría de la acción comunicativa, enfatizando la necesidad de una racionalidad procedimental volcada al entendimiento mutuo. De acuerdo con Habermas, «el concepto de acción comunicativa remite a la interacción de al menos dos sujetos capaces de lenguaje y de acción que entablan una relación interpersonal» (Habermas, 1987, p. 124). La validez de cualquier proyecto democrático depende de la calidad deliberativa de sus ciudadanos y de su disposición sincera a dejarse convencer por la fuerza del mejor argumento, libre de toda violencia o manipulación ideológica.

Ahora bien, restablecer la conversación exige traspasar los límites formales de la lógica para adentrarse en la dimensión hermenéutica y ética de la alteridad, puesto que hablar verdaderamente requiere albergara al otro en su radical diferencia. Hans-Georg Gadamer, en Verdad y método, definió la comprensión interpersonal como una experiencia donde los horizontes individuales se expanden, expresando que «comprender es siempre el proceso de fusión de estos horizontes presuntamente aislados entre sí» (Gadamer, 1993, p. 377). Esta fusión resulta irrealizable si el interlocutor es percibido como un rival a instrumentalizar. La filosofía dialógica de Martin Buber ilumina esta exigencia en Yo y Tú, al afirmar rotundamente que «toda vida verdadera es encuentro» (Buber, 1977, p. 15). Cuando las relaciones humanas se degradan en un vínculo cosificador —un intercambio entre un «Yo» y un «Ello»—, la palabra se vuelve fría y utilitaria. A esta advertencia se suma la voz de Emmanuel Levinas, quien desde Totalidad e infinito apela al imperativo ético de la otredad al sostener que «el rostro me habla y por ello me interpela» (Levinas, 1977, p. 211). La sola presencia del rostro ajeno quiebra la autosuficiencia de nuestro ego, prohibiéndonos reducir la complejidad del ser humano a una mera etiqueta conceptual.

Semejante exigencia ética choca frontalmente contra las dinámicas de la era digital contemporánea, donde el diálogo ha sido devorado por la vorágine algorítmica y el imperativo de la visibilidad inmediata. Las plataformas interactivas, diseñadas bajo la utopía irónica de interconectar al planeta, terminaron levantando muros invisibles de aislamiento y tribalismo. Las cámaras de eco y los sistemas de recomendación procesan nuestros sesgos para alimentarnos únicamente con aquello que halaga nuestro ego, expulsando de la pantalla cualquier matiz incómodo. En La expulsión de lo distinto, Byung-Chul Han retrata con precisión esta patología de la atención al subrayar que «la escucha no es un acto pasivo, sino que requiere una atención activa, una acogida al otro en su alteridad» (Han, 2017, p. 125). Sin el silencio interior que permite albergar el pensamiento ajeno, la interacción digital degenera en una estampida de voces frenéticas donde triunfan la indignación efímera, el eslogan agresivo y el aplauso automatizado. Nos hemos convertido en sordos hiperconectados que gritan en la oscuridad de sus propios espejos.

Frente a este desierto de amplificadores y aplausos cautivos, la filosofía no puede actuar como un sedante ni como una simple espectadora complaciente. El verdadero desafío de nuestra época consiste en romper el hechizo de las certezas prefabricadas y tener la osadía de mirar al otro no como un enemigo a batir, sino como el único espejo capaz de rebelarnos nuestra propia humanidad. ¿Nos resignaremos a languidecer en esta orquestación de monólogos estridentes, celebrando el eco de nuestra propia ignorancia mientras la convivencia civilizada se desmorona en el desprecio mutuo? ¿Seremos capaces de desarmar la soberbia del juicio intempestivo y abrazar la humilde sospecha de que la razón, acaso, habita en la palabra del diferente? Si renunciamos a la fragilidad de dejarnos transformar por la verdad ajena, ¿qué nos queda de humanos en esta era de certezas desalmadas?
Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

· Arendt, H. (2005). La condición humana (Trad. R. Gil Novales). Paidós.

· Aristóteles. (1988). Tratados de lógica (Órganon) I: Categorías, Tópicos, Sobre las refutaciones sofísticas, Primeros analíticos (Trad. M. Candel Sanmartín). Gredos.

· Buber, M. (1977). Yo y Tú (Trad. C. Díaz). Nueva Visión.

· Debord, G. (1999). La sociedad del espectáculo (Trad. V. Gómez). Marca de Agua.

· Duns Escoto, J. (1950). Ordinatio: Prologus. Typis Polyglottis Vaticanis.

· Foucault, M. (1992). El orden del discurso (Trad. A. González Troyano). Tusquets.

· Gadamer, H.-G. (1993). Verdad y método (Vol. I; Trad. A. Agud Aparicio y R. de Agapito). Sígueme.

· Habermas, J. (1987). Teoría de la acción comunicativa (Vol. I; Trad. M. Jiménez Redondo). Taurus.

· Han, B.-C. (2017). La expulsión de lo distinto (Trad. A. Ciria). Herder Editorial.

· Jaspers, K. (1989). Filosofía (Vol. 2: Orientación en el mundo; Trad. J. Gaos). Universidad Nacional Autónoma de México.

· Kant, I. (2004). ¿Qué es la Ilustración? (Trad. E. Ímaz). Alianza Editorial.

· Levinas, E. (1977). Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad (Trad. D. E. Guillot). Sígueme.

· Nietzsche, F. (2006). Sobre verdad y mentira en sentido extramoral y otros ensayos (Trad. L. M. Valdés Villanueva). Tecnos.

· Platón. (2000). Apología de Sócrates (Trad. C. García Gual). Gredos.

· Schopenhauer, A. (2002). El arte de tener razón: expuesto en 38 estratagemas (Trad. F. C. Vevia Romero). Edaf.

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

EE.UU. tiene la tradición republicana que privilegia la institucionalidad, limita el culto a la personalidad y coloca al ciudadano por encima de los títulos honoríficos.

Por Roberto Valenzuela
Diario Azua / 28 julio 2026.-

Al llegar a sus 250 años de fundación, no podemos regatear méritos a la grandeza de Estados Unidos. Debemos quitarnos el sombrero ante tantas cosas positivas, como su sistema de justicia, el cual, una vez nacieron las 13 colonias, supo desarrollar un derecho moderno, más orientado al comercio, a partir del sistema judicial tradicional inglés llamado common law (derecho común). Denominado así porque seguía los mismos principios y normas jurídicas en todos los territorios controlados por la monarquía inglesa.

Existía —todavía existe— uniformidad, incluso en la forma de vestir de los jueces ingleses. Suelen usar una larga toga negra y, en muchas ceremonias o tribunales tradicionales, una peluca blanca elaborada con cabello artificial. Esta indumentaria conserva un estilo antiguo y solemne que simboliza la autoridad, la imparcialidad y el respeto por la justicia.

La grandeza de aquellas 13 colonias inglesas radica en que supieron tomar elementos tradicionales y adaptarlos a un sistema jurídico más dinámico, capaz de impulsar el comercio de una nueva nación que se expandía por el mundo, pasando de 13 colonias a 50 estados.

No fue solamente el sistema de justicia lo que cambió desde la proclamación de su independencia, el 4 de julio de 1776. Allí se consolidó el primer sistema democrático presidencialista o republicano del mundo. Los ciudadanos votan en elecciones para escoger a un presidente, legisladores y otras autoridades encargadas de gobernar y administrar el patrimonio público. Hasta entonces, la humanidad había conocido principalmente las monarquías, donde los reyes afirmaban recibir su poder de Dios y lo transmitían por herencia familiar.

Aunque son eminentemente cristianos, en su mayoría protestantes, el poder de decisión recae en los votantes. Es el país donde más elecciones se celebran, en muchos estados, incluso los jueces son escogidos mediante votación popular.

Antes de construir una carretera, una escuela, un hospital o cualquier otra obra costosa que implique endeudarse o cobrar más impuestos, se consulta a la población. Son los contribuyentes quienes tienen la última palabra y deciden con su voto si autorizan o rechazan el proyecto.

Para romper con la idea del poder sustentado en Dios y el rey, la nueva nación decidió apartarse de los títulos de nobleza como “Su Majestad”, “Su Excelencia” o “Excelentísimo”, con el propósito de evitar el culto a la personalidad, una práctica que equipara al gobernante con una figura casi divina. Este fenómeno ocurre cuando se presenta a un rey, dictador o líder político como una persona extraordinaria que nunca se equivoca y a quien todo se le debe. Para ello se utilizan retratos, estatuas, discursos y propaganda que exaltan constantemente su figura y desalientan las críticas.

Al presidente estadounidense, a los legisladores, embajadores y demás funcionarios simplemente se les llama “señor”. El principal impulsor de que los gobernantes y servidores públicos fueran tratados únicamente como “señor”, seguido de su nombre o cargo, fue el general George Washington, padre de la patria y primer presidente de la nación. Washington discrepaba en este aspecto con el vicepresidente y también padre fundador John Adams, quien consideraba apropiado utilizar algunos títulos honoríficos.

En Estados Unidos no es necesario acompañar el nombre de los funcionarios o ciudadanos con títulos profesionales como doctor, licenciado o ingeniero.
Por Alfredo Cruz Polanco (alfredocruzpolano@gmail.com
Diario Azua / 28 julio 2026.-

El director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), señor Qu Dongyu, de la República de China, acaba de afirmar que la República Dominicana logró reducir la prevalencia de la subalimentación por debajo del umbral internacional que define la condición de hambre. Según el informe, la República Dominicana se ha movido por debajo del 2.5% del umbral de desnutrición y fuera del mapa del hambre

De inmediato el señor presidente de la República, Luis Abinader Corona y el ministro de la presidencia, José Ignacio Paliza, quien también preside el Consejo Nacional para la Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Conasan), anunciaron con bombos y platillos, el logro alcanzado por el país durante su gestión de gobierno, lo que según ellos, se debe al apoyo técnico y de recursos brindados por dicha organización y a las atenciones otorgadas por el gobierno a los hombres y mujeres del campo, así como a los diferentes subsidios otorgados a los sectores sociales marginados, como el Bono Gas, el Bono Luz, Aliméntate, a los Comedores Económicos, al Programa de Alimentación Escolar, entre otros. El ministro Paliza también se refirió al aumento del salario promedio del país, como un índice del crecimiento y el desarrollo económico.

Conociendo la realidad económica, política y social que aún prevalece en la República Dominicana, esta dista mucho de lo afirmado por el señor Dongyu, por el presidente Abinader, así como por el ministro Paliza, pues aunque en el país ha habido un aumento en la producción agrícola, pecuaria y ganadera, no toda la producción arrocera, de pollos, huevos, guineos, entre otros rubros, está destinada para el consumo local. Una gran parte va para los países cercanos, como Haití y para el sector turístico. Muchos de estos productos no están al alcance de los más desposeídos.

Esta infornacion es importante conocerla porque muchos consideran que todo lo que aquí se produce es consumido por todos los sectores sociales.
Tampoco se puede considerar el sueldo promedio como un índice de desarrollo y de crecimiento, pues en un país donde una minoría devenga sueldos de lujo, una gran mayoría obtienen ingresos irrisorios y otros no tienen empleos fijos, el sueldo promedio no responde a la realidad. Esto no es más que un simple sofisma.

La FAO, es una agencia internacional que lidera esfuerzos para erradicar el hambre, para mejorar la nutrición, promover una agricultura y un desarrollo rural sostenible en los países en vías de desarrollo. Fue creada luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial en el año 1945 y entre sus objetivos fundamentales, procura el uso eficiente de los recursos en la agricultura; poner fin al hambre, con acceso a dietas sanas y alimentos seguros; la lucha contra el cambio climático; la reducción de la pobreza y el crecimiento económico de los países pobres.

En un país, con regiones con una gran tradición en la producción agrícola, ganadera y pecuaria, una unidad de plátano cuesta en estos momentos 25 pesos, una libra de guineos verdes, 18; la de batata y de yuca 30 y 40 pesos; la de carne de pollos 90 pesos, una libra de arroz 40, la de carne de res 150 y un huevo 10 pesos;
con un alto costo de los productos de primera necesidad; que la canasta familiar ronda los 52 mil pesos.

Además, con los servicios públicos a punto de colapsar. en el que existe un gran desempleo; en el que millones de personas salen a las calles a buscar su sustento diario con muchas dificultades; que muchas familias solo pueden ingerir dos comidas en el dia, otras una sola, en estas condiciones tan precarias, les resulta casi imposible de obtener los alimentos necesarios que le proporcionen una nutrición adecuada, por lo que se nos hace muy cuesta arriba, aceptar la afirmación, de que ya hemos alcanzado la meta de hambre cero, como se acaba de dar a conocer.

Es posible que las informaciones y las estadísticas reunidas y suministradas a la FAO y a su director, no estén bien fundamentadas, que no correspondan a nuestra realidad. También, es muy probable que el señor Dongyu no conozca la verdadera realidad socio económica de nuestro país, o que se haya confundido por la gran cantidad de vehículos de lujos que posee un sector de la clase alta del país, o por las grandes cadenas de supermercados y plazas establecidas, donde solo adquieren sus productos los de clase media alta. De toda manera, nos alegramos, porque con ello aumenta el crédito y el prestigio de nuestro país.

Ya hemos expresado en otros momentos, que los subsidios sociales otorgados por el gobierno, no reducen la pobreza extrema ni contribuyen a lograr la soberanía alimentaria, por el contrario, la recrudecen, pues con este proceder, se contribuye a crear un sistema clientelar y paternalista.

Por todo lo ante expresado, con el respeto que nos merecen el director de la FAO, señor Dongyu, el señor presidente de la República, Luis Abinader y el ministro de la presidencia, Jose Ignacio Palliza, nos resulta muy difícil aceptar como buena y válida la afirmación de declarar a la República Dominicana en estos momentos, de hambre cero, aunque siendo justo, debemos reconocer que ha habido una mejoría.

El autor es Contador Público Autorizado
Máster en Relaciones Internacionales
Ex diputado al Congreso Nacional

Por Oscar López Reyes
Diario Azua / 28 julio 2026.-

Como durante los primeros 26 años del siglo XXI, entre el 72% y el 86% del Presupuesto General del Estado ha sido destinado a gastos operativos o corrientes (sueldos, compras, subsidios, pago de intereses de la deuda externa, etc.), por lo que para construir obras de infraestructuras para los servicios públicos y el escalamiento del desarrollo, los gobiernos han tenido que acudir a préstamos. Entre ellos, el de Danilo Medina espiga como el que más ha aumentado el endeudamiento, y el de Luis Rodolfo Abinader el que menos.

El que más y el que menos ha comprometido a la Nación consta en una presentación infográfica de la firma CSN Network. Exceptúa el gobierno de Hipólito Mejía, creemos porque la deuda subió mínimamente: de 4,447 millones a 11,099 millones de dólares, fundamentada en la crisis bancaria de 2003, y en que la consolidada creció notablemente a partir de la recesión de 2008.

El ranking señala que cuando Leonel Fernández (2004-2012) llegó a la Presidencia de la República el país tenía 47 centavos de deuda de cada 100 del Producto Interno Bruto (PIB) y cuando terminó bajó a 41, para un cambio relativo (no absoluto) de 12%; el de Danilo Medina (2012-2020) ascendió de 41% a 69%, para una variación de 68% y el de Luis Abinader (2020-2026) de 68% la ha bajado a 58%, para un cambio de 17%, siendo “el presidente que menos ha endeudado al país e incluso el que más ha reducido la deuda”, conforme con CSN Network.

La deuda externa figura como el capítulo más robusto de los compromisos estatales. En el período estudiado, la proporción de los créditos relacionados con el Producto Interno Bruto (PIB) rondó en 61.1%, y en el gobierno de Abinader se ha estabilizado en un 60%.

Para evaluar la salud fiscal de un Estado comúnmente se utilizan 10 indicadores clave, y el primero es el que utiliza la CSN Network: La deuda como porcentaje del PIB, que comparativamente analiza las obligaciones del gobierno con el tamaño de la economía. Los otros medidores son, según la literatura económica: 2) el servicio de la deuda vs. ingresos corrientes, 3) pasivos contingentes, 4) presión o presión fiscal, 5) elasticidad tributaria, 6) diversificación de ingresos, 7) balance primario (o déficit/superávit primario), 8) balance general (déficit/superávit fiscal), 9) rigidez del gasto, y 10) ratio de liquidez inmediata.

La deuda pública consolidada creció asombrosamente a partir del 2008, por los gastos del Covid-19 en el 2020, los impactos de la crisis internacionales, como las guerras en Ucrania e irán; las inversiones para la fluidez del tránsito vehicular, como el Metro, teleféricos, túneles, elevados, autopistas y puentes; obras de desarrollo, como recursos hidráulicos y energéticos, el turismo, la industria, las viviendas, los deportes, las reformas gubernamentales y la expansión del número de empleados públicos, en virtud del crecimiento del Estado y del populismo.

Como se evidencia, el gasto de capital o inversión pública ha sido reducido en los primeros 26 años del siglo XXI, conforme las estadísticas del Ministerio de Hacienda y Economía y la Dirección General de Presupuesto (Digepres), mientras que pobladores reclaman persistentemente más capacidad productiva del país y mejoras en los servicios de hospitales, centros educativos, seguridad, energía eléctrica, abastecimiento de agua potable, tecnología, empleos y otros.

La temática del endeudamiento externo transita por los senderos de la sofisticación e intrincación, por lo que en esa encrucijada caben las expresiones inglesas e italianas “Between a rock and a hard place” (entre una roca y un lugar duro) y “Tra l'incudine e il martello” (entre el yunque y el martillo), que en dominicana se traduce entre la espada y la pared, y estamos obligados a carabina.

En la primera pirámide de la deuda interna y externa interactúan, vertical y horizontalmente, tres factores:

1.- Las presiones sociales para el emprendimiento de acciones gubernamentales favorables a las comunidades;

2.- Los déficits fiscales estatales con las exigencias de aumentos en los ingresos tributarios o impuestos para atender las necesidades planteadas, y

3.- La emisión de bonos soberanos en mercados de capitales, préstamos con organismos multilaterales y con otros gobiernos, cuyos pagos para la República Dominicana representan actualmente el 26% de sus ingresos fiscales y el 48% del PIB.

La política de financiamiento estatal se ha impuesto como alternativa no deseable, porque el Estado no posee la capacidad para generar los ingresos requeridos para atender emergencias, como desastres naturales; estimular el consumo interno y edificar obras sociales. Ante este dilema, los últimos gobiernos dominicanos han optado por la repudiada alternativa de los empréstitos, como también la gran mayoría de los países, y basta citar a Estados Unidos, por lo que la deuda global ha subido a un máximo histórico sin precedentes.

El endeudamiento atrae ingresos frescos, por lo que se constituye en oxígeno para la economía, lo que permite financiar proyectos de desarrollo en el presente, y ¿qué situación generaría en el futuro? El presidente Luis Abinader se vanagloria porque durante su gobierno gestiona adecuadamente y con transparencia esta área de la economía, además, en virtud de que en este terreno abate a Danilo Medina, quien fulgura como el líder del incremento de los créditos exteriores, y también a Leonel Fernández, quien está por debajo de su archirrival político morado, espiga como el que más ha aumentado el endeudamiento.

Ahora, en perspectiva del mañana, ¿seguirá o ampliará esta postura el próximo gobierno, para asegurar la línea de desembolsos a los acreedores y la sostenibilidad de las finanzas públicas?

El autor es periodista y mercadólogo especializado en economía; catedrático, escritor y productor de los programas y segmentos televisivos Economía y Marketing.


Testigo del tiempo


Diario Azua / 28 julio 2026.-

Por J.C. Malone

En noviembre de 2006, llegamos al “hambre cero”, porque el presidente George W. Bush sustituyó la palabra “hambre” por “muy baja seguridad alimentaria”, en los informes oficiales. Cuando el presidente Luis Abinader y un burócrata de la FAO declararon que el país estaba en etapa de “hambre cero”, dijeron la verdad, 20 años después.

Acto seguido, la misma FAO dice que el 41 por ciento de los dominicanos sufre “muy baja seguridad alimentaria”, que es el nuevo maquillaje verbal del hambre. Reflexionemos sobre lo siguiente: cuando un gobernante no tiene otra salida que contar historias tan falsas, es porque su gobierno está mucho peor de lo que parece.

Lo que Abinader diga sobre el hambre es irrelevante, importante es que haya escogido decirlo en este momento. El mundo sufre escasez alimentaria, de fertilizantes, e inflación por la crisis de los combustibles, lo que Abinader dice, demuestra que no tiene nada coherente que decir.

Claramente asistimos al inicio de tiempos bastante difíciles, faltan dos años para que termine el mandato de Abinader. Un país sin agua potable ni energía eléctrica, que de manera regular el gobierno lo endeuda con préstamos para todo, incluyendo el esotérico “combate” del cambio climático. Nadie tiene hambre, habitamos la Utopía de Tomas Moro.

Desde que sacaron la palabra “hambre” de los informes oficiales, eso no existe, y lo único que Abinader ofrece es decirnos algo que sabíamos hace 20 años. El gobierno tiene tan pocos recursos que su fábrica de mentiras, eso siempre abunda entre políticos, se agotó. Un politico en el poder, sin mentiras ni creatividad para producir nuevas historias, es un serio peligro público.

En lo adelante, me refiero a los dos años de gobierno que restan; podemos ver cosas sencillamente inimaginables. Como está: el gobierno hace un presupuesto para 12 meses y en seis meses debe hacer otro porque lo gastaron todo, eso desnuda su falta de planificación. Todo esto tendrá serias consecuencias, pero no pagarán “los de arriba”. Gracias a dios, Abinader venció el hambre.

sábado, 25 de julio de 2026

 

Por Luis-Chito Naut
Diario Azua / 25 julio 2026.-

Hay hombres cuya vida no se mide únicamente en los años transitados, sino en la solidez de las huellas que dejan a su paso.

La partida en la ciudad de Santo Domingo del ingeniero civil Juan Cristian Ciccone Comas sumerge en el luto no solo a la comunidad de la ingeniería nacional, sino de manera entrañable a su amada Azua de Compostela, esa tierra que llevó con orgullo en la piel, en el pensamiento y en cada una de sus obras humanas.

Nacido bajo el sol noble de Azua el 15 de diciembre de 1939, Cristian Ciccone fue retoño de una estirpe distinguida: hijo de don Atilio (Tilito) Ciccone y doña Mencía Comas.

De ellos heredó la rectitud, el amor por el trabajo bien hecho y un arraigado sentido de pertenencia comunitaria que ni el tiempo ni la distancia lograron minar jamás.

Amor patrio transformado en servicio

A pesar de proyectar su carrera hacia las más altas esferas del desarrollo nacional, el Ing. Ciccone nunca desató su corazón del terruño sureño.

Presidió con devoción la Asociación de Azuanos Residentes en Santo Domingo, trinchera de afecto desde donde impulsó iniciativas imperecederas como la creación del Museo Arqueológico e Histórico “Dr. Arístides Estrada Torres” en 1993.

Asimismo, desde la Fundación para el Desarrollo de Azua, San Juan y Elías Piña (FUNDASEP), encauzó luchas e inquietudes orientadas al bienestar colectivo de la región Sur´.

Escribió sobre la historia, costumbres y vivencias de Azua con la finura de un poeta y la rigurosidad de un historiador, porque entendía que antes de edificar estructuras de hormigón, había que edificar la memoria del alma de su pueblo.

Forjador de normas y constructor de nación

Graduado con honores en 1964 en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde le fue otorgado el prestigioso premio Fábrica Dominicana de Cemento a la mejor tesis del año, el joven ingeniero inició una fulgurante trayectoria.

Ocupó el carné de miembro No. 690 del Colegio Dominicano de Ingenieros y Arquitectos (CODIA) y desempeñó roles clave en la entonces Secretaría de Estado de Obras Públicas.

Fue el alma principal de la comisión que elaboró el proyecto de ley y reglamento sobre Urbanización, Ornato Público y Construcciones, normativas históricas que sentaron las bases que aún hoy rigen el ordenamiento urbano y la edificación estructural en la República Dominicana.

Entre las obras icónicas que ejecutó o supervisó se destacan:

Grandes Obras Deportivas y Viales: El Velódromo Olímpico, el Palacio de los Deportes de Barahona, el Polideportivo de Hato Mayor y la Avenida de Circunvalación de San Juan de la Maguana.

Infraestructura Turística y Comercial: El Hotel Sheraton (hoy Meliá), el edificio principal de la APAP, el proyecto La Ensenada y parqueos del Hotel Hilton.

Proyectos de Béisbol Profesional: Las academias de Grandes Ligas para los Padres de San Diego, Rockies de Colorado y Gigantes de San Francisco.

Desarrollo Social: La supervisión del Plan de Obras y Viviendas Gubernamentales (1987-1992) en la región del Valle Sureño y el desarrollo urbano Prados de San Luis para más de 25,000 personas.

Docencia, gremialismo y la difusión del conocimiento

Su compromiso profesional trascendió las obras físicas. Durante más de 12 años orientó al país como coproductor del programa televisivo "Así es la Construcción" y sirvió como profesor en el INTEC impartiendo la asignatura de Administración y Métodos de Construcción.

Presidió la Cámara Dominicana de la Construcción (CADOCON) entre 2014 y 2017, representando dignamente a la República Dominicana ante la Federación Interamericana de la Industria de la Construcción (FIIC) y la ORDECACCC, organismo internacional que lo galardonó con el Premio ORDECACCC 2010 por su ejemplar labor en favor de la industria nacional.

El hogar como la mayor de sus obras

Si sólida fue su impronta profesional, su más sublime edificación fue la familia. Con orgullo vio a sus hijos trabajar hombro a hombro junto a él en la firma Ing. Cristian Ciccone & Asociados, compartiendo la vocación profesional junto a Lena, Igor, Juan Cristian y Filipo Ciccone Estrada, así como junto a Pamela y Pedro Ciccone Abreu.

Hoy, la República Dominicana pierde a un maestro de la construcción, y Azua despide a uno de sus hijos más esclarecidos.

Pero cuando una vida se entrega con tanto amor y utilidad a los demás, la muerte no es ausencia: es la consolidación de un recuerdo venerable que vivirá para siempre en cada obra levantada y en el corazón agradecido de su gente.

Paz al alma del inolvidable Ing. Juan Cristian Ciccone Comas.

 

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 25 julio 2026.-

Mientras seguía las incidencias del Mundial, un jugador comenzó a llamar grandemente mi atención. No fue únicamente por sus movimientos, por su manera de interactuar ni por esa seguridad impropia de su edad. Algo en Lamine Yamal, más allá del fútbol, me despertó curiosidad. Quise saber quién era aquel muchacho capaz de jugar como si no sintiera el ruido del estadio.

Buscando información encontré una expresión suya: “Sé que el camino es muy largo y que tengo muchas cosas que mejorar”. La leí dos veces. Tal vez porque uno espera de una estrella joven una declaración más grandilocuente, más ostentosa, más cercana a la vanidad. Pero él hablaba del camino. No de la cima. Y creo que ahí tenemos una primera gran lección.

Aunque todavía me considero muy lejos de ser hincha, mi interés por el muchacho de 19 años y por el fútbol está aumentando. Por eso hurgué en sus ancestros en Marruecos y Guinea Ecuatorial. Pero también he buscado en su entorno, en el deporte.

Más lecciones

He observado talento, pero también jugadores corriendo para cubrir al compañero, suplentes celebrando desde el banco, defensas aceptando hacer el trabajo odioso. Por eso debe ser que el dirigente español Luis de la Fuente dice: cuando se comparte un objetivo, cada futbolista lo deja todo por el otro. Lección: el camino nunca se recorre solo.

Una noche pensé en nuestros pueblos. Aquí también abundan las personas hábiles, pero muchas veces falta el equipo. Cada quien empuja por su lado, cuida su pequeño espacio y sospecha del vecino. Nos mueven a competir antes que a colaborar. Por eso cuesta tanto reparar una carretera, defender una escuela o ponerse de acuerdo para escoger una prioridad. Lección: sobran talentos; faltan caminos compartidos.

El seleccionador de Cabo Verde, Bubista, dio otra pista. Explicó que su equipo había terminado la primera fase sin perder gracias a la organización y al espíritu colectivo. No habló de suerte. Habló de orden. Pensé entonces que no es suficiente con que nuestra gente sea sana. También necesitamos horarios, responsabilidades, reuniones, tareas y la disciplina de cumplir lo prometido.

Anthony Gordon, del equipo inglés, dijo lo siguiente como si hablara para nosotros: estar juntos significa impulsarnos, ayudar al compañero y avanzar por el mismo camino hacia un objetivo. Me imaginé a un equipo deteniéndose para levantar a quien cae. Después imaginé un barrio haciendo lo mismo con el joven que abandona la escuela, la familia que pierde su casa o el anciano que vive solo.

Fue entonces cuando entendí por qué el fútbol despierta emociones que la política, la escuela y hasta la iglesia a veces no consiguen reunir. Un partido crea, durante un rato, un “nosotros”. El desafío está en evitar que ese “nosotros” termine junto con el juego. Lección: si se llena un estadio de camisetas distintas, también se puede unir manos para mejorar el lugar donde vivimos.

Ejemplos de integración

Retomo a Lamine Yamal, con su expresión legendaria sobre Francia y España como ejemplos de integración. “De eso se trata el fútbol”, dijo. Miré las alineaciones y comprendí que el equipo no pedía a nadie borrar su origen. Cada jugador llevaba su historia, su acento familiar y su color de piel. La unidad no nacía de parecerse, sino de aprender a jugar juntos.

Al final, de España y Argentina hay lecciones clave: Ferran Torres dijo que el gol ganador pertenecía a millones de personas. Messi habló del apoyo de todo un país. Las dos voces parecían responder a la misma pregunta: ¿de quién es una victoria? De quien anota, sí, pero también de quien entrena, acompaña, cura, escucha, organiza y cree. El triunfo es una casa construida por muchas manos.

Cuando terminó el Mundial, volví a la primera frase de Lamine Yamal. El camino era largo. Lo era para él y también para nosotros. Aprender a convivir, confiar y trabajar juntos no ocurre de repente. Se practica, como un pase, hasta que sale bien.

Ahora miro el fútbol de otra manera. Ya no veo solamente goles y trofeos. Veo un ensayo de sociedad. Y pienso que, si somos capaces de cuidarnos dentro de una cancha, todavía podemos aprender a cuidarnos fuera de ella, a cuidarnos como comunidad.
Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 25 julio 2026.-

“El gusto es la facultad de juzgar un objeto o una representación mediante una satisfacción o insatisfacción desinteresada. El objeto de una satisfacción tal se llama bello” Immanuel Kant, Crítica del juicio, §5 (AA V, 211)

Si la “Crítica de la razón pura” estableció la necesidad y los límites del conocimiento científico y la “Crítica de la razón práctica” fundamentó la moralidad en la autonomía de la voluntad, ambas obras dejaron una profunda fractura en la filosofía de Kant. Por un lado, el mundo de la naturaleza se presenta como un reino de necesidad mecánica, regido por leyes causales inalterables. Por otro lado, el mundo de la moralidad es un reino de libertad, donde la voluntad actúa de forma autónoma. La pregunta crucial que surge es: ¿cómo se relacionan estos dos mundos? Pues bien, la “Crítica del juicio” (1790) es la respuesta de Kant a esta dicotomía. No busca establecer nuevas leyes de conocimiento o moralidad, sino encontrar un principio mediador que salve el abismo entre la naturaleza y la libertad. Es en el juicio, y más concretamente en el juicio estético y teleológico, donde Kant encuentra el puente para unir el universo de “lo que es” con el universo de “lo que debe ser”.

En la filosofía de Kant, el término “juicio” no se refiere simplemente a una opinión o a la capacidad de tomar una decisión moral, como lo usamos en el lenguaje cotidiano. Para él, es una facultad mental crucial, una mediadora entre el entendimiento y la razón. El entendimiento se encarga de aplicar las reglas o conceptos universales (las categorías) a los objetos particulares que percibimos. Por ejemplo, el juicio “el calor dilata el metal” es un acto del entendimiento que aplica la categoría de causalidad a un fenómeno. La razón, por otro lado, busca principios aún más elevados y universales, como los ideales de la moralidad y la libertad. El juicio, sin embargo, ocupa un lugar intermedio, porque su función es la de subsumir lo particular bajo lo universal. Es, en definitiva, la capacidad de determinar si un caso particular se ajusta a una regla general.

En la “Crítica del juicio”, Kant se enfoca en un tipo especial de juicio: el “juicio reflexionante”. A diferencia del “juicio determinante”, que ya tiene una regla y solo necesita aplicarla, el juicio reflexionante no tiene una regla preexistente y debe buscarla. Es la facultad de encontrar un principio universal para lo particular que se nos presenta. Es precisamente esta capacidad de la mente para encontrar coherencia y sentido en la diversidad de la experiencia lo que nos permite experimentar la belleza y percibir la finalidad en la naturaleza. El juicio, por lo tanto, es la bisagra que conecta el mundo de la necesidad, ordenado por las reglas del entendimiento, con el mundo de la libertad, guiado por los ideales de la razón.

La obra se centra en el concepto de la “finalidad sin fin”, una idea que permite a la razón encontrar un principio organizador en la naturaleza sin tener que recurrir a la metafísica o a la divinidad. Este concepto es la clave de la bóveda del sistema kantiano, un principio que permite que la razón actúe como unificadora de las dos legislaciones previas: la naturaleza y la libertad.

El papel de Kant en la estética es fundamental, ya que la elevó a una disciplina filosófica independiente y la dotó de un rigor conceptual sin precedentes. Su análisis del “juicio estético” se adentra en el misterioso terreno de la belleza y es considerado el punto de partida de la filosofía moderna del arte. Kant pregunta: ¿por qué decimos que algo es bello? La respuesta no reside en el objeto, sino en una facultad de nuestro espíritu que es capaz de juzgar sin la mediación de un concepto. Un juicio de gusto, a diferencia de uno cognitivo o moral, no busca decir qué es el objeto, sino expresar una “satisfacción desinteresada”.

El placer que sentimos al contemplar una flor no se debe a que queramos poseerla o a que nos sea útil, sino que proviene de la pura contemplación de su forma. Esta falta de interés es lo que dota al juicio estético de su peculiar universalidad: al no estar atado a un deseo personal, sentimos que cualquier otro ser racional debería compartir nuestra misma apreciación. Es una universalidad sin concepto, una pretensión de validez que no puede ser demostrada lógicamente, pero que se siente como necesaria. La belleza, en este sentido, nos produce la sensación de una “finalidad sin fin”, de que el objeto fue creado con un propósito, de que sus partes encajan de forma armoniosa y perfecta, pero no podemos atribuirle un fin real o empírico. Es la razón la que encuentra en la naturaleza una armonía que, aunque no podamos probar, nos hace percibir una profunda concordancia entre el mundo y nuestra facultad de juzgar.

Junto a la belleza, Kant explora la experiencia de lo “sublime”. Lo sublime no nos produce un placer sereno y confortable, sino una mezcla de placer y dolor, de admiración y terror. A diferencia de lo bello, que se encuentra en la forma finita, lo sublime se manifiesta en la inmensidad y el poder de la naturaleza, como una tormenta en el mar o una montaña imponente. El juicio sobre lo sublime no está en el objeto mismo, sino en el observador. La imaginación, al enfrentarse a la inconmensurable magnitud de la naturaleza, se siente abrumada y desbordada. Sin embargo, en este mismo fracaso, nuestra razón emerge victoriosa, recordándonos nuestra superioridad como seres morales y racionales, que pueden pensar más allá de la fuerza bruta de la naturaleza. Lo sublime, por tanto, conecta el mundo natural con el mundo moral, recordándonos nuestra dignidad como seres racionales capaces de postular la libertad.

También, Kant introduce aquí el concepto de “genio” para explicar la creación de la belleza artística. El genio no es un artesano que sigue ciertas reglas, sino que es la facultad innata de crear aquello para lo que no puede haber una regla fija. Es el talento de producir lo que, sin ser imitado, sirve de modelo para los demás. El genio nos ofrece un “ejemplo” que otros pueden seguir, no mediante la imitación de su técnica, sino de su espíritu. Por otro lado, el buen gusto es la facultad para juzgar la obra de arte, una cualidad que no crea, sino que evalúa. Sin el buen gusto, el genio sería una fuerza caótica, porque es el principio que permite que la obra sea universalmente apreciada, una cualidad que Kant consideraba esencial para la cultura.

En este contexto, la lectura profunda de la “Crítica del juicio” puede representar una crítica certera a la estética decadente de la posmodernidad. En una época donde el arte se reduce a la provocación caprichosa, la autorreferencialidad o el kitsch, la noción kantiana de una belleza que exige universalidad y que se fundamenta en un juicio desinteresado parece un faro en la oscuridad. El arte posmo-progre, como hemos dicho en reiteradas oportunidades, cae en la trampa de la pura particularidad, apelando a los intereses egoístas o a sentimientos meramente subjetivos, en lugar de intentar trascenderlos. Al desdibujar la línea entre el buen gusto y la mera opinión, la estética contemporánea ha perdido la capacidad de juicio y con ella, la posibilidad de un debate serio sobre lo bello. El retorno a la reflexión kantiana también nos invita a restaurar el valor de la belleza como un universal que, sin ser un concepto, nos permite comunicarnos y reconocer nuestra humanidad compartida.

Profundizando aún más en la obra, podemos notar que en la segunda parte de la “Crítica del juicio”, Kant se adentra en el “juicio teleológico”, abordando la pregunta de si podemos ver en la naturaleza una finalidad o un propósito. Al observar un organismo vivo, como un árbol, vemos que sus partes (raíces, tronco, hojas) se relacionan entre sí de tal manera que cada una es, a la vez, causa y efecto de la otra. El árbol parece estar organizado “con un fin”. Sin embargo, Kant insiste en que no podemos afirmar, a nivel de conocimiento objetivo, que la naturaleza tenga un propósito final, puesto que esto sería una violación de los límites de la razón pura.

La finalidad, por lo tanto, no es una propiedad de la naturaleza, sino un principio regulador de nuestro juicio. Es una herramienta metodológica que usamos para ordenar el caos de las leyes naturales y entender fenómenos complejos. La finalidad de la naturaleza no es un hecho que conocemos, sino una suposición necesaria para que la ciencia biológica sea posible. Así, el juicio teleológico nos permite pensar en la naturaleza “como sí” estuviera organizada por una inteligencia, sin tener que afirmar la existencia de esa inteligencia de forma dogmática.

Como podréis apreciar, caros lectores, la “Crítica del juicio” no es un apéndice menor del sistema kantiano, sino la pieza que lo unifica. Su lectura hoy es esencial porque nos ofrece una perspectiva para reconciliar las dicotomías de nuestro tiempo. En una era de especialización extrema, donde la ciencia y la moral parecen hablar de lenguajes distintos, la obra de Kant nos recuerda la importancia de buscar un principio de unidad en la diversidad. Como señaló el filósofo Ernst Cassirer en su obra “Kant, vida y doctrina” (1921), esta obra “no es una simple adición al sistema. Es, por el contrario, la clave para la arquitectura de todo sistema”. La belleza y la finalidad de la naturaleza no nos dan conocimiento de la divinidad, pero sí nos ofrecen una analogía sensible de la moralidad, permitiendo a la razón habitar un universo que no es ni completamente mecánico ni completamente caótico. El juicio, para Kant, es esa facultad que nos permite percibir que, más allá de la necesidad y la libertad, hay una armonía que hace habitable el mundo para el ser humano.

Para cerrar, insistimos en la necesidad filosófica de no endiosar a nadie, ni siquiera a los más importantes pensadores que sentaron las bases del pensamiento occidental. Así, es imprescindible cuestionar que si bien la “Crítica del juicio” intenta resolver la fractura del sistema kantiano, ¿lo logra realmente? ¿Es suficiente una “analogía” o una “finalidad subjetiva” para conciliar la necesidad del mundo natural con la libertad moral? ¿Qué significa que un juicio estético sea universalizable sin un concepto que lo justifique? ¿Acaso no es esto una contradicción inmanente? Y, en última instancia, ¿puede una ética fundada en la razón pura ser verdaderamente autónoma si su sentido último depende de la postulación de una armonía que sólo es posible en el mundo del idealismo?

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)


Testigo del tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 25 julio 2026.-

Todas las guerras son guerras de banqueros, cuando ellos cuadran sus hojas de balances, siempre llega la paz. Las guerras son cortinas de humo para distraernos de lo que ellos buscan, nos ponen a reclamar paz y, cuando la conseguimos, ellos tienen lo que buscan.

Revisando dos importantes guerras recientes, esto se entiende mejor.

La Segunda guerra europea terminó en 1945, pero el año antes, 1944, la conferencia de Bretton Woods, en New Hampshire, rediseñó la arquitectura financiera mundial. Después de la guerra, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, fundados en Bretton Woods, controlaron la economía mundial; primero el acuerdo financiero, después la paz.

Desde 1974, el petrodollar sustituyó al oro, como reserva monetaria mundial, al año siguiente, 1975, ¡terminó la guerra de Vietnam!

Cuando empezamos la segunda guerra europea, Inglaterra controlaba el planeta, al final, los Estados Unidos controlaban. La guerra de Vietnam empezó con el oro como reserva monetaria, al final el dólar lo sustituyó, ambas guerras fueron grandes distracciones.

¿Qué ocurrirá al final de la guerra de Irán? Lo único seguro es que el mundo será muy diferente al que conociamos antes.

Esa guerra, hasta ahora, lleva unos 10 mil muertos, entre iraníes, libaneses y de otras naciones del área. Washington ha gastado más de 150 mil millones de dólares.

El barril de petróleo costaba cerca de 70 dólares al inicio del conflicto, subió a 120, bajó, subió, hoy ronda los 80 dólares. Iniciando el conflicto, un galón de gasolina costaba unos $3.00 dólares en Estados Unidos, ahora ronda los $4.00.

El aumento de los combustibles dispara el costo de la vida en todo el planeta. Todos los acuerdos de paz fueron violados, la credibilidad de las partes fue asesinada.

Lo único verdadero de esta guerra, lo sentimos siempre en las registradoras de gasolineras y supermercados.

Al final de esta guerra, cambiará nuestra relación con el dinero.

Aunque no se vea ni se entienda, hay una gran transformación en proceso. Toda gran transformación, demanda una gran distracción.

miércoles, 22 de julio de 2026

Por Emilia Santos Frias
Diario Azua / 22 julio 2026.-

Con sobrado buen juicio, un refrán popular reza que la lengua no tiene huesos pero es lo suficientemente fuerte como para romper corazones. Lo que nos lleva a reflexionar acerca de una de las tantas paradojas del saber humano: la naturaleza desbocada de nuestras palabras, con las cuales, al tiempo de alabar a Dios, en la generalidad, también maldecimos al prójimo. Todo con la misma boca. Por eso, se afirma que aunque las personas podemos domesticar a los animales, incluso a las fieras más bravías, no logramos con la misma facilidad, dominar nuestra lengua.

Con ella podemos esparcir benevolencia o veneno. Esta clara evidencia de la falta de control humano y sus secuelas destructivas, son resaltadas en la Biblia, justo en el libro de Santiago, capítulo tres, versículo ocho. “Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal”. De allí se infiere que lengua aunque pequeñas pero poderosas: un freno para los caballos, el timón de un barco o una pequeña chispa que incendia un bosque. Destaca que, aunque es un miembro pequeño, tiene el poder de controlar toda nuestra vida, dirigir el rumbo de nuestras acciones y causar un daño tremendo si no se controla. “Les digo que en el día del juicio, cada quien dará cuenta de su palabra ociosa, porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.

Vemos el ejemplo de la lengua como medio de comunicación; vehículo de vital importancia; esencial en la construcción de realidades; transmisión de conocimientos. Esas experiencias del alma, de las que hablaba el polímata, Aristóteles. De igual forma, el pensador Nietzsche, alabó este órgano, por ser capaz de contribuir a mantener el orden y la supervivencia, gracias al lenguaje. Para la clase médica, la lengua humana es el órgano que da forma al sabor, al habla y a la vida. “…, además, es un espejo del estado general del cuerpo: infecciones, deficiencias nutricionales, alteraciones hormonales o enfermedades…, no solo nos permite saborear la vida, sino también expresarla. Cada palabra, cada sabor, cada respiración pasa por ella… silenciosa, incansable y esencial”.

Entonces, surge la siguiente interrogante: ¿por qué en este Siglo XXI, que tiene como carta de presentación avances agigantados en tecnología, ciencia y cultura digital, procuramos hacer desde la redes sociales, mal uso de la lengua?, ¿será verdad que es el castigo del cuerpo?, entonces, ¿tenemos una lengua larga, y manos escasas?, “…Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre”, afirma el manual de instrucción de toda persona cristiana: la Biblia en su libro Mateo, capítulo 15, versículos del 18 al 20.

No se en otros países pero en el mío, con el prolifero uso de audiograma o pódcast, como medio digital difundido por las principales plataformas de escucha: YouTube, Spotify, Apple, iOS.iVoox…, pulula la vulneración a derechos inherentes. Algunos talentos, en la generalidad, hacen caso omiso al respeto a derechos humanos, fundamentales. Entre ellos, garantizar la buena reputación y el buen nombre: intimidad y honor. Constantes injurias, con las que se ofende; marcadas humillaciones y menosprecio.

La injuria es el delito preferido utilizado para lesionar el honor, y cada día lo comenten en las redes sociales quienes dan más importancia a obtener visualizaciones, views, y gran cantidad de recursos económicos, que ha generar contenido que oriente, informe, eduque y sea multiplicado por ser parte de las acciones de bien hacer. Los nuevos programas referentes al mundo del espectáculo están incurriendo en ello.

“… la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno…, pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?...”.

Por consiguiente, ¿cómo usar nuestra lengua para que sea el medio principal que transmita palabras que fomenten acciones, comportamientos positivos en todo nuestro entorno?. Se insiste, no hay nada fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina…, si alguno tiene oídos para oír, oiga…

Todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y es desechado en el inodoro…, pero, lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, es decir, el hábito de difamar, murmurar o hablar mal de otras personas, generalmente a sus espaldas, para dañar su reputación o buena imagen.

También, la soberbia; altivez y superioridad en la que una persona sobrevalora sus cualidades y menosprecia a los demás, la insensatez o falta de sentido común, que lleva a una persona a pensar o actuar de manera imprudente, irreflexiva, irresponsable. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. Reitera en Marcos 7, del sus versículos 15 al 23.

Si bien es cierto que tenemos la bendición como ser humano de tener libre albedrío; libertad para tomar decisiones, jamás debemos olvidar que asimismo, somos agentes morales. Por tanto, tenemos que soportar las consecuencias de nuestros actos. Si mentimos, difamamos, injuriamos, discriminamos…, sufriremos el resultado de esas acciones. No controlar la lengua forma parte de los pecados capitales.

De acuerdo al libro de Proverbios en su capítulo seis, versículos del 16 al 19, Dios aborrece seis acciones humanas, incluso siete: los ojos altivos, es decir, el orgullo y la arrogancia; la lengua mentirosa; las manos derramadoras de sangre inocente; el corazón que maquina pensamientos inicuos o intenciones malvadas; los pies presurosos para correr al mal; el testigo falso que habla mentiras; y el que siembra discordia entre hermanos.

Repito, iel que tenga oídos que oiga!. Desde las redes sociales estamos propiciando enfermedades y aniquilando vidas. Por el uso y abuso que hacemos del lenguaje, yendo más allá de la vida pública a la privada. Mediante chismes y noticias falsas, manipulación emocional, formato engañoso, viralidad…

En ese aspecto, la Biblia también enseña, hace énfasis en que el lenguaje obsceno o vulgar no es correcto. “El apóstol Pablo exhorta a los creyentes a evitar las palabras corrompidas, el lenguaje soez y las bromas necias, recomendando en su lugar el uso de palabras que edifiquen, traigan gracia a quienes escuchan y den gracias a Dios”, se puede confirmar las afirmaciones previstas en Efesios 4:29 y 5:4, que con claridad meridiana prohíben explícitamente las malas palabras, tonterías y las vulgaridades, que tanto abundan hoy, e insta a cambiarlas por una actitud de gratitud.

De igual forma, nuestro libro sagrado en Colosenses 3:8, nos exhorta abandonar toda clase de lenguaje ofensivo o insultos; la ira, enojo, malicia..., así que, como vemos, proferir malas palabras es pecado, y refleja la contaminación del corazón. Por tanto, es preciso utilizar la lengua, nuestro lenguaje para pronunciar palabras que edifiquen a la sociedad, que sean de bienestar a las naciones.

En ese orden, mis amables lectores, concluyo desde el amor, recordándonos una cita fundamental sacada de Santiago 4: 17: “al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado. Que nuestra lengua sea hoy, mañana y siempre, instrumento de edificación y gracia. De ninguna forma usada para herir, más bien, para hablar con sabiduría, bendecir y comunicar vida, porque en ella no existe más la raíz de amargura, sino, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.

Hasta pronto.
La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.

Haití debe resolver su propia crisis. EE.UU. recuerda que ha invertido millones sin resultados y descarta una intervención militar contra las pandillas.

Roberto Valenzuela
Diario Azua / 22 julio 2026.-

Arrastrando la "Z", como quien aprendió el español bajo una marcada influencia española, la embajadora de Estados Unidos, Leah Francis Campos, habló con una franqueza poco habitual entre los diplomáticos. Con piernas cruzadas, moviendo las manos, mirando las cámaras, su tono pausado reforzó un mensaje sobre Haití tan claro como inquietante.

No reveló ningún secreto. Confirmó, desde la voz de la principal potencia mundial, lo que muchos se negaban a aceptar: Estados Unidos no tiene intención de encabezar una intervención militar para pacificar Haití.

Cuando terminé de ver la entrevista concedida a CDN, comprendí que la crisis haitiana es más profunda de lo que imaginábamos. Y, aunque suene a sarcasmo, pensé que quizá sea tiempo de buscar una academia para aprender creole. No se trata de una exageración. Es la consecuencia lógica de una realidad geográfica que nadie puede cambiar. Mientras Haití siga hundido en la violencia, el hambre y la ausencia de un Estado funcional, el flujo de personas hacia la República Dominicana continuará creciendo.

La embajadora no dejó espacio para interpretaciones. Reconoció que Estados Unidos y la comunidad internacional han destinado enormes recursos económicos para ayudar a Haití durante décadas, pero admitió, con evidente frustración, que los resultados han sido nulos.

Tampoco ocultó otro hecho incómodo: la corrupción ha devorado buena parte de esos esfuerzos. No señala culpables con nombres y apellidos, porque una embajadora no puede hacerlo a la ligera. Pero el mensaje fue claro para quien quisiera entenderlo.

La frase que más me preocupó fue otra. Dijo, en esencia, que los haitianos tendrán que resolver sus propios problemas. Que la comunidad internacional podrá acompañarlos, sí, pero sólo hasta cierto punto. Es decir, el mundo no piensa cargar indefinidamente con Haití.

La embajadora recordó el viejo proverbio: no basta con regalar el pescado; hay que enseñar a pescar.

El problema es que, mientras gran parte de la dirigencia haitiana siga atrapada entre la corrupción, la improvisación y la incapacidad para construir instituciones sólidas, la presión continuará desplazándose hacia el único país con el que comparte frontera terrestre: la República Dominicana.

Nos guste o no, la historia, la geografía y la realidad nos obligan a mirar hacia Haití todos los días.

Por eso digo que quizá debamos empezar a aprender creole. Los haitianos hacen el esfuerzo por aprender español para desenvolverse en nuestro país. Nosotros, en cambio, desconocemos casi por completo su idioma.

Ojalá esta reflexión resulte exagerada y Haití encuentre el camino hacia la estabilidad. Pero, si la realidad sigue siendo la descrita por la embajadora de Estados Unidos, el mayor desafío de la República Dominicana en las próximas décadas no será económico ni político, sino demográfico.

Y ojalá nunca tengamos que confirmar las advertencias que, durante años, formularon Joaquín Balaguer y Euclides Gutiérrez Félix, quienes sostenían que la inacción de la comunidad internacional frente a la crisis haitiana respondía, de manera deliberada o solapada, al propósito de propiciar una integración de hecho entre Haití y la República Dominicana.

Testigo del tiempo
Por J.C. Malone
Diario Azua / 22 julio 2026.-

En julio del 1944 la conferencia de Bretton Woods, diseñó una nueva arquitectura financiera mundial, centralizadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En septiembre del 1945, terminó la segunda guerra europea, el fondo y el banco salieron de los acuerdos a la realidad controlando la economía mundial.

En 1971, Washington abandonó el oro como reserva monetaria mundial, en 1974 el petrodollar sustituyó al oro, al año siguiente, 1975, ¡terminó la guerra de Vietnam!

Empezamos la segunda guerra europea con Inglaterra como jefa del planeta, al final surgieron los Estados Unidos. La guerra de Vietnam empezó con el dólar como reserva monetaria mundial, al final era el dólar, claramente esas guerras fueron grandes cortinas de humo para distraernos.

¿Qué ocurrirá al final de la guerra de Irán? Debemos esperar, pero sabemos que el mundo en el que empezó, será muy diferente al que habitaremos cuando termine.

Esa guerra de Irán, hasta ahora, lleva unos 10 mil muertos, entre iraníes, libaneses y de otras naciones del área. Estiman que han muerto menos de 20 estadounidenses. Washington ha gastado más de 150 mil millones de dólares.

El barril de petróleo saltó de cerca de 70 dólares al inicio del conflicto, a 120, esos precios subieron y bajaron, ahora andan por los 80 dólares. Iniciando el conflicto, un galón de gasolina costaba unos $3.00 dólares en Estados Unidos, ahora ronda los $4.00.

El aumento de los combustibles dispara la inflación en todo el mundo, el costo de la vida aumentó en el planeta. Todos los acuerdos de paz fueron violados, pero está confirmado, asesinaron la credibilidad de las partes en conflicto.

Lo único verdadero de esta guerra, está en las registradoras de gasolineras y supermercados, esta gran guerra, es una gran distracción.

Cuando declaren “terminada” esta guerra, muchas cosas cambiarán en nuestras vidas, incluyendo nuestra relación con el dinero.

Esta guerra nada tiene que ver con “armas nucleares”, el verano pasado, el presidente Donald Trump nos aseguró que destruyó el programa nuclear iraní.

Aunque no se vea ni se entienda, hay una gran transformación en proceso. Mientras mayor sea la distracción, mayor será la transformación.
Por Mario Antonio Lara Valdez
Diario Azua / 22 julio 2026.-

La reciente entrega en San Isidro revela una visión de defensa que integra movilidad, tecnología, producción nacional y bienestar del soldado.

En materia de defensa, la modernización no puede medirse únicamente por la cantidad de equipos que llegan a una base militar. Su verdadero valor está en la capacidad de anticipar riesgos, proteger el territorio, responder con rapidez y ofrecer a cada soldado mejores condiciones para cumplir su misión. Bajo esa perspectiva debe interpretarse la reciente entrega encabezada por el presidente Luis Abinader en la Base Aérea de San Isidro: no como una exhibición aislada de vehículos y tecnología, sino como una señal clara de que la defensa nacional avanza hacia una etapa más integrada, moderna y apoyada en talento dominicano.


La incorporación del blindado FURIA VBD-2, 179 vehículos, cinco aeronaves no tripuladas de despegue y aterrizaje vertical, una unidad móvil para sistemas no tripulados, diez unidades tácticas Centauro y siete infraestructuras completamente remozadas configura un conjunto de capacidades que se complementan entre sí. Vigilancia, movilidad, protección, logística y bienestar del personal aparecen aquí como partes de una misma política.

Esa es, quizás, la lectura más importante. Las amenazas contemporáneas no se enfrentan con soluciones aisladas. Una aeronave no tripulada puede detectar una situación, pero se necesita movilidad para llegar al terreno, protección para operar con seguridad, comunicaciones para coordinar la respuesta y personal entrenado para convertir la información en una decisión oportuna. La defensa del siglo XXI depende de la interoperabilidad y de la capacidad de unir cada recurso dentro de un sistema común.
En ese proceso, el FURIA VBD-2 ocupa un lugar simbólico y operativo. Desarrollado y ensamblado por la Industria Militar Dominicana, cuenta con protección balística, torreta de 360 grados y capacidades concebidas para escenarios de alta exigencia. La primera unidad forma parte de un programa de dieciocho vehículos destinados a fortalecer las brigadas desplegadas en la segunda línea de defensa de la frontera terrestre. Su valor no reside solamente en el blindaje: también representa la posibilidad de diseñar respuestas adaptadas a las necesidades reales del país.

Producir y ensamblar en territorio nacional agrega una dimensión estratégica. Cada avance de la industria militar reduce dependencias, desarrolla capacidades técnicas, genera conocimiento y permite utilizar con mayor eficiencia los recursos públicos. El interés internacional que han despertado modelos como el FURIA y la aeronave Dulus sugiere, además, que la República Dominicana puede trascender la condición de compradora de tecnología y convertirse gradualmente en creadora de soluciones para la seguridad y la defensa.

Las diez unidades Centauro refuerzan esa misma idea. Modificadas por la Industria Militar Dominicana sobre la plataforma Chevrolet Silverado, tienen capacidad para transportar hasta doce soldados y cuentan con una torreta blindada de giro completo. Su incorporación al Batallón de Comandos del Ejército fortalece la movilidad, la protección y la capacidad de reacción de las fuerzas especiales. No se trata de sofisticación por sí misma, sino de ofrecer mejores medios a quienes deben actuar en los escenarios de mayor riesgo.

Lo mismo ocurre con las cinco aeronaves no tripuladas de despegue y aterrizaje vertical y con la unidad móvil instalada sobre un vehículo todo terreno. Estas plataformas amplían la vigilancia, el reconocimiento y el monitoreo, incluso en zonas remotas o de difícil acceso, y pueden apoyar operaciones de seguridad y respuesta ante emergencias. En un entorno donde la información temprana puede evitar una crisis, observar mejor también significa proteger mejor.

La renovación de la movilidad militar completa el panorama. Las 76 camionetas de patrullaje, 25 camiones, siete minibuses, cuatro minivanes y 67 motocicletas elevan a 1,206 los vehículos recibidos por las Fuerzas Armadas desde agosto de 2020. Es una cifra relevante, pero su significado va más allá del inventario: una institución con capacidad de desplazamiento puede sostener mejor sus operaciones, asistir a la población ante una emergencia y mantener presencia donde el Estado la necesita.

Hay también un componente humano que no debe pasar inadvertido. Los cuarteles y habitaciones, el dispensario médico, las áreas de transportación y otros espacios de servicio remozados en San Isidro recuerdan que ninguna modernización está completa si solo transforma las máquinas y deja atrás a las personas. El soldado que descansa en condiciones dignas, recibe atención adecuada y trabaja en una instalación funcional está en mejores condiciones de servir. El bienestar no es un beneficio accesorio; es parte de la preparación operacional.

La República Dominicana tampoco puede ignorar la complejidad de su entorno. La persistente crisis del vecino Haití convierte la frontera en un espacio que exige vigilancia permanente, presencia responsable y capacidad de reacción. Prepararse no significa promover el conflicto; significa reducir la posibilidad de que ocurra. Una frontera respaldada por inteligencia, movilidad y unidades protegidas es, ante todo, una frontera con mejores condiciones para preservar la paz.

El presidente Abinader recordó durante el acto que sin seguridad no puede sostenerse plenamente la vida económica ni social. La afirmación resume una responsabilidad básica del Estado: crear un entorno donde la ciudadanía pueda trabajar, invertir, estudiar y desarrollarse con confianza. En esa tarea, unas Fuerzas Armadas modernas no sustituyen las políticas sociales ni el fortalecimiento institucional, pero sí ofrecen el soporte de estabilidad que permite que ambas cosas prosperen.

El ministro de Defensa, teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre, definió estas incorporaciones como un nuevo punto de partida. La expresión es acertada. Recibir equipos e inaugurar instalaciones no agota la transformación; obliga a profundizarla. El desafío que sigue será asegurar mantenimiento, entrenamiento continuo, doctrina actualizada, transparencia en el uso de los recursos y una evaluación permanente de los resultados. La inversión adquiere verdadero sentido cuando se convierte en capacidad sostenible.

Lo ocurrido en San Isidro deja, por tanto, una imagen que va más allá de los blindados, los drones y los vehículos alineados durante una ceremonia. Habla de una política de defensa que comienza a combinar tecnología, industria nacional, logística y dignidad para el personal militar. La fortaleza de un país no está en exhibir equipos, sino en convertir sus capacidades en protección, estabilidad y confianza. Ese es el verdadero significado del FURIA VBD-2: no solo un nuevo blindado, sino la señal de una República Dominicana que ha decidido prepararse, innovar y defenderse cada vez más con talento propio.

El autor es Secretario General del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Prensa SNTP filial Distrito Nacional y Directivo de la Sociedad Dominicana de Medios Digitales Sodomedi