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lunes, 24 de agosto de 2026

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 24 agosto 2026.-

Entre otros temas, agosto incluye el regreso a las aulas en República Dominicana. Pero se me ocurre pensar que con ese regreso no es suficiente. Como dicen en misa, “es justo y necesario”, además de urgente, que también aprovechemos otros espacios para aprender.

Para este año escolar 2026-2027, el gobierno dominicano ha manifestado su empeño de cara a asegurar que las escuelas estén listas y que los maestros reciban capacitación. Sin embargo, el inicio de clases llega con preocupaciones. Mientras la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) advierte sobre las grietas físicas en planteles, y Acción Empresarial por la Educación (Educa) valora la creación de un "banco de tiempo" para recuperar días de docencia perdidos, una amenaza invisible debería ocuparnos con alto empeño: la falta de pensamiento crítico en nuestra vida diaria.

Este año escolar no será uno cualquiera porque nos acercamos a otro proceso electoral. Y para quien lo considera lejano, desde ya nos tienen entre aspirantes y hasta con discusiones en torno a encuestas y otros temas de campaña. De todos modos, con o sin campaña, vivimos bombardeados por una inmensa avalancha de muchos miles de mensajes diarios en redes sociales y plataformas.

En este complejo mar de información, aprender a pensar por nosotros mismos ya no es solo una tarea para sacar buena nota en el aula; es una herramienta de supervivencia para defender nuestra mente, nuestra libertad y nuestra democracia.

Convergencia mediática

Hoy en día, con un celular en la mano, todos vivimos en "convergencia mediática". Recibimos mensajes simultáneos por WhatsApp, TikTok, Facebook y una larga lista de medios. El gran peligro es que muchos de estos mensajes son falsos.

La investigación científica nos enseña que es vital aprender a distinguir entre dos tipos de mentiras. Por un lado, información errónea, que ocurre cuando alguien comparte un dato equivocado de manera inocente o por simple confusión. Por otro lado, la desinformación, que consiste en mentiras creadas a propósito para engañar a la población o para ganar dinero.

En cualquier tiempo, pero principalmente en el que se avecina, estas formas de desinformación correrán como pólvora por nuestros celulares. Nos llegarán videos manipulados con inteligencia artificial, textos escandalosos y promesas exageradas diseñadas para despertarnos rabia o miedo. Si no estamos atentos, podemos caer en la "publicidad híbrida", un truco donde nos presentan un mensaje pagado o con intenciones ocultas bajo la apariencia de una noticia real, una recomendación desinteresada o la opinión de cualquier “influencer”.

¿Cómo podemos protegernos frente a esta embestida? En el pasado, se confiaba en medios que se habían ganado la confianza. Pero en nuestro mundo digital moderno, ese modelo ha cambiado. Ahora no hay Chapulín para defendernos. Ahora, la verdadera clave reside en la corresponsabilidad ciudadana. Esto significa que cada uno de nosotros tiene el deber de convertirse en el primer filtro de la información que consume y comparte. No debemos creer algo solo porque lo envió alguien conocido por WhatsApp o porque la publicación tiene miles de vistas.

La verdadera educación

La verdadera educación no consiste solo en aprender cómo usar un celular o cómo buscar información rápida en internet. Como señalan especialistas, muchas veces nuestros sistemas escolares se enfocan demasiado en enseñarnos la parte técnica (el "cómo" usar la tecnología), pero olvidan enseñarnos lo más importante: el "para qué".

Por eso necesitamos desarrollar un sentido crítico profundo, una actitud activa que nos impulse a hacernos preguntas sencillas ante cualquier publicación llamativa: ¿Quién realmente manda a decir esto? ¿De dónde obtuvo la información? ¿Qué interés oculto puede tener esa persona?

En este tema tenemos dos tipos de grietas que no deben esperar más. Arreglar a tiempo las grietas físicas de nuestras escuelas es una tarea urgente de las autoridades. Sin embargo, arreglar las grietas de nuestra atención y juicio crítico frente a las pantallas es una responsabilidad compartida de toda la sociedad.

Mi propuesta es que para este año escolar 2026-2027 decidamos educarnos no solo para pasar de curso, sino para ser ciudadanos libres que nadie pueda manipular con mentiras. Tenemos dos tareas: regresar a las aulas con la mente bien despierta y aprender a pensar con cabeza propia.

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 24 agosto 2026.-

“Estoy sólo en medio de estas voces velices y razonables. Todas estas criaturas pasan su tiempo explicando, comprendiendo felizmente que están de acuerdo entre ellas”. Jean-Paul Sartre (La náusea, 2011, p. 24)

Existe una forma silenciosa de extrañamiento que no nace del abandono ni del aislamiento físico, sino de una inadecuación tonal. Aparece a menudo en medio de la abundancia afectiva, en la mesa compartida con seres amados, inteligentes y bienintencionados, cuya generosidad humana resulta innegable. Sin embargo, en el instante preciso en que el espíritu intenta volcar aquello que ha madurado a lo largo de años de contemplación, lecturas o grietas existenciales, la palabra cae en una superficie blanda que absorbe el impacto sin devolver resonancia. Nadie rechaza la enunciación; sencillamente falta el tejido simbólico para sostenerla. Distinta de la marginación social y ajena a la carencia afectiva, la soledad intelectual se nos presenta como una grieta invisible que se abre cuando el nivel de conciencia y la elaboración subjetiva de un individuo desbordan el horizonte de interpretación de su entorno inmediato.

Frente a esta distancia insular, resulta casi inevitable tropezar con una trampa psicológica que suele ser devastadora: transformar la falta de sintonía en un defecto personal. Dado que las personas queridas poseen lucidez, bondad y el deseo sincero de acompañar, la mente concluye apresuradamente que el desacople responde a una incapacidad propia para amar o vincularse. Así, se germina una mezcla turbia de culpa, vergüenza y frustración. Por temor a sonar arrogante, o por el pánico soterrado a que esa brecha sea la prueba de una rareza patológica, el sujeto opta por amputar su propio discurso y forma de vida. Al respecto, Donald Winnicott (1993, p. 183) conceptualizó con precisión la respuesta defensiva ante esta exigencia de adaptación al señalar que “sólo el sí-mismo verdadero –el True Self- puede ser creativo y sólo el sí-mismo verdadero puede sentirse real”, añadiendo que la construcción de un “falso sí-mismo” (False-Self) responde a la necesidad de proteger la intimidad frente a un medio que no puede alojarla. Apagar la voz singular para no incomodar al grupo constituye una maniobra de supervivencia afectiva, aunque esa diplomacia forzada termine funcionando como una lenta sofocación del deseo.

Si queremos intentar desentrañar la raíz ontológica de este distanciamiento, es conveniente desmantelar la fantasía de que el pensamiento es un espacio transparente de acceso comunitario. En “El hombre y la gente”, José Ortega y Gasset (1983, p. 151) enfatizó que “la vida humana es en su radicalidad sólo la mía”, recordando que el entramado de las costumbres sociales representa una construcción secundaria edificada sobre la soledad originaria del individuo. Al profundizar en la comprensión de sí y del mundo, la persona abandona las certezas heredadas de la tribu y acepta el riesgo de habitar esa soledad primaria. No se produce allí un repliegue soberbio ni un desprecio resentido hacia los allegados, sino un desplazamiento en la frecuencia perceptiva. Cambiar de canal no significa juzgar la música de los demás, del mismo modo que adentrarse en alta mar no implica despreciar la seguridad de la orilla.

Asimismo, desde la corriente existencialista cobra un sentido fundacional respecto a la autenticidad del ser. Lejos de constituir un accidente desafortunado, la soledad intelectual se revela como la prueba irrefutable de que el individuo ha despertado de la somnolencia colectiva. Albert Camus (2012, p. 15) describe magistralmente este instante de fractura al plasmar en “El mito de Sísifo” que “comenzar a pensar es comenzar a estar minado”, indicando con ello que el ejercicio de la lucidez resquebraja las certezas automáticas y coloca al sujeto frente al espesor desconocido de la existencia. Cuando las explicaciones convencionales dejan de satisfacer, la persona experimenta un vértigo ante el cual la masa suele permanecer anestesiada. Justamente en “La náusea”, Jean-Paul Sartre (2011, p. 24) retrató magistralmente esta disonancia al confesar la extrañeza del sujeto reflexivo ante la masa acomodada en el consenso: “Estoy sólo en medio de estas voces velices y razonables. Todas estas criaturas pasan su tiempo explicando, comprendiendo felizmente que están de acuerdo entre ellas”. Esa soledad no es un vacío estéril, sino el territorio ontológico donde la libertad asume el peso de su propia marcha.

Paralelamente, la analítica existencial desarrollada por Martin Heidegger permite comprender la estructura social que promueve la incomprensión de lo singular. En “Ser y tiempo”, el filósofo alemán (2009, p. 148) analiza cómo la cotidianeidad tiende a disolver la responsabilidad individual en el dominio impersonal del “se”- aquello que se dice, se piensa o se hace-, afirmando que en ese modo de estar “cada cual es el otro y ninguno es él mismo”. La soledad intelectual irrumpe precisamente cuando el “Dasein” reniega de esa dictadura del murmullo homogéneo y recupera su posibilidad más propia. Desmarcarse del discurso automatizado produce incomodidad en el entorno porque expone la fragilidad de las certezas compartidas: no hay nada más incómodo que expresar un desacuerdo fundamentado y argumentado ante una muchedumbre que parlotea estupideces sin cesar. De este modo, la soledad deja de ser una condena para convertirse en la condición de posibilidad de una existencia auténtica, en el peaje ineludible que paga quien decide no diluir su ser en la masa.

En este punto resulta indispensable tender un puente hacia una dimensión indivisible del intelecto: la conciencia ética. Agudizar la mirada intelectual implica, de manera ineludible, refinarse para el discernimiento moral. Quien ha cultivado la facultad de pensar en profundidad queda trágicamente desprotegido frente a la ceguera de una época regida por la utilidad inmediata, la ambición desmedida, el individualismo feroz y la corrupción normalizada. Surge así la soledad moral, ese desgarro de no sentirse parte de un entramado social donde el pragmatismo justifica la mezquindad y la soberbia se disfraza de éxito. Theodor W. Adorno (2004, p. 43) inmortalizó esta herida en su obra titulada “Mínima moralia”, al sentenciar que “no hay vida verdadera en la falsa”, explicitando que la integridad subjetiva entra en colisión frontal con las exigencias de un entorno degradado. La soledad intelectual se convierte entonces en soledad ética: no se trata sólo de que los demás no comprendan nuestras ideas, sino de que sus escalas de valores toleran o celebran dinámicas que al sujeto consciente le resultan asfixiantes.

Lejos de constituir un signo de misantropía o elitismo moral, mantenerse al margen de la complicidad colectiva es el acto supremo de responsabilidad de quien conserva la capacidad de juzgar. En “Responsabilidad y juicio”, Hannah Arendt (2007, p. 138) indaga en las razones por las cuales ciertas personas se niegan a participar en la corrupción sistémica de su tiempo, concluyendo que “es preferible sufrir el mal que hacerlo, porque si lo haces estás condenado a vivir junto con un malhechor”. Sostener el examen crítico frente a la codicia y la manipulación engendra una intemperie profunda, pero esa soledad de la conciencia guarda el último reducto de la dignidad humana. Quien se niega a aplaudir la injusticia disfrazada de astucia o el egoísmo camuflado de inteligencia financiera descubre que el pensamiento y la moral son dos nombres para la misma negativa a ser cómplice de un mundo cruel al cual uno no quiere pertenecer.

Desde el campo del psicoanálisis, esta incomunicación estructural cobra un sentido aún más profundo al revisar la noción del lenguaje y la alteridad. Jacques Lacan (1987, p. 243) afirmó en “El seminario. Libro 11” que “el deseo del hombre es el deseo del Otro”, evidenciando que el sujeto se constituye en la trama del discurso social, pero al mismo tiempo descubre que dicho discurso es constitutivamente incompleto. En otras palabras, queridos amigos, no existe una traducción perfecta entre las mentas ni una garantía simbólica que elimine el malentendido. Por su parte, Sigmund Freud (1986, p. 76) ya había ubicado en “El malestar en la cultura” los vínculos humanos como una de las tres grandes fuentes del sufrimiento inevitable, junto a la decadencia del propio cuerpo y las fuerzas destructivas de la naturaleza. Pretender que los seres queridos satisfagan todas las demandas de resonancia intelectual y moral es desconocer la falla estructural que atraviesa a todos los lazos. La soledad intelectual se revela así como el encuentro frontal con la falta en el Otro, ese punto donde el lenguaje familiar no alcanza para cifrar la verdad singular del sujeto.

Ahora bien, es necesario aclarar que reflexionar sobre la expansión de la lucidez exige reconocer cómo la agudeza del comprender altera el volumen de la propia subjetividad. Søren Kierkegaard (2006, p. 34) formuló en el “Tratado de la desesperación” una ley proporcional de la vida interior: “cuanto más conciencia hay, mayor es el yo”, lo que implica que toda amplificación del saber expande inevitablemente los contornos de la individualidad. Esta especie de dilatación del ser demanda marcos teóricos más complejos y espacios más amplios para desplegarse. Por ello, Arthur Schopenhauer (2009, p. 112) apuntaba en sus “Aforismos sobre la sabiduría de la vida” que “bastarse a sí mismo es el destino de todos los espíritus egregios” , una afirmación que no deberíamos leer como un elogio del aislamiento pretendidamente autosuficiente, sino como la constatación de una servidumbre inevitable: el rigor del pensamiento impone un ritmo interior que la conversación de compromiso no puede abastecer jamás.

A lo largo de la historia de la filosofía, este desacople entre el pensamiento singular y la masa se manifiesta como una constante dramática. Tomemos solamente el caso de “Así habló Zaratustra”, obra en la que Friedrich Nietzsche (2003, p. 45) retrata la incomprensión trágica del pensador que regresa a la comunidad con el enigma: “¿qué harás en la tierra de los durmientes?”, poniendo al descubierto la distancia abismal que separa distintos estados de vigilia. También, en la perspectiva freudiana desarrollada en “Inhibición, síntoma y angustia” (Freud, 1979, p. 84), la angustia actúa como una señal de alarma del yo ante la amenaza de castración o pérdida de amor. Cargar la soledad intelectual como una culpa reprimida convierte una condición objetiva en un síntoma neurótico. El desafío, entonces, radica en retirar la carga de vergüenza y entender que el aire enrarecido de la cumbre no es una condena moral, sino la consecuencia física de la altitud alcanzada.

Sin embargo, al comprender que esta distancia no representa una patología individual, acecha otro peligro que es simétrico y destructivo: ceder a la tentación del resentimiento. Cuando el sujeto constata la sordera de su época o la incomprensión de sus allegados, resulta tentador permitir que la grieta se envenene con desprecio, agriando la lucidez hasta transformarla en una fortaleza de soberbia misantrópica. En su “Genealogía de la moral”, Nietzsche (1996, p. 48) remarcó con severidad cómo el resentimiento convierte la herida en una fuerza reactiva que se nutre de la negación, engendrando valores mezquinos que terminan asfixiando el dinamismo vital. Convertir la soledad en una trinchera de amargura y desdén significa entregarle el control de la propia existencia a aquello mismo de lo que se reniega. El exilio voluntario y el aislamiento resentido no son muestras de fortaleza, sino síntomas de una derrota disfrazada de superioridad, una forma sutil de ahogarse en el veneno que pretendía denunciarse.

Por el contrario, la verdadera madurez filosófica y existencial exige aprender a habitar esa soledad, convertirla en una fragua luminosa y no en un calabozo. Por ello, en “Los ensayos”, Michel de Montaigne (2007, p. 293) aconsejaba la necesidad de “reservarnos una trastienda del todo nuestra, del todo libre, donde fijar nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro”, enseñando que la independencia del espíritu no exige romper los lazos afectivos ni despreciar lo público o común. Aprender de la soledad significa transformar el silencio en un maestro que refina la sensibilidad, permitiendo regresar a la conversación humana con una paciencia renovada y una ternura indulgente. Se trata de habitar el propio abismo sin exigirle a los demás que se arrojen a él, reconociendo que se puede amar profundamente a quienes no comparten nuestra misma frecuencia sin por ello traicionar la escala de valores que hemos conquistado. Así, la soledad deja de ser un destino de reclusión para convertirse en una forma generosa de estar en el mundo: una lucidez que ampara sin juzgar, que sostiene sin someter y que transforma la distancia en un puente de verdadera compasión.

Nombrar con exactitud esta vivencia transforma de forma radical su naturaleza operativa. Designar la soledad intelectual y moral disipa la tentación de la queja y la restituye a la dignidad de un dato objetivo. No se trata de un fallo de fabricación, ni de un narcisismo disfrazado, ni de una carencia de afecto hacia quienes nos rodean. Es, en rigor, el costo ineludible de haber construido una estructura interior sólida, el precio de haber osado pensar y sentir a contramano de la inercia del entorno masificado. Reconocer este plano de existencia libera de la urgencia de esconder la propia luz por miedo a deslumbrar o desentonar, permitiendo habitar el aislamiento no como un castigo social, sino como el testimonio incuestionable de haber asumido la propia historia con autenticidad.

Ahora les pregunto, caros lectores: ¿qué conducta nos queda, entonces, cuando la comprensión intelectual y la rectitud moral se convierten en una frontera insular frente a un mundo seducido por la ambición y el cinismo? ¿Continuaremos mutilando nuestro deseo e inventando un personaje dócil para no alterar la quietud de la muchedumbre que prefiere la ilusión a la verdad? ¿O seremos capaces de resistir en esa intemperie de la conciencia, asumiendo el peso de nuestra propia luz sin claudicar ante la corrupción del entorno ni agriarse en el resentimiento? ¿Acaso la verdadera madurez filosófica, existencial y humana no consista en dejar de exigirle a la tribu la aprobación que sólo puede dar la verdad interior, aprendiendo a amar los vínculos cotidianos desde esa trastienda íntima sin traicionar jamás la inmensidad ética de nuestro propio abismo?

Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

Adorno, T. W. (2004). Mínima moralia: reflexiones desde la vida dañada (J. Chamorro Mielke, Trad.). Editorial Akal. (Obra original publicada en 1951).

Arendt, H. (2007). Responsabilidad y juicio (M. Candel, Trad.). Ediciones Paidós. (Obra original publicada en 2003).

Camus, A. (2012). El mito de Sísifo (L. Echávarri, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1942).

Freud, S. (1979). Inhibición, síntoma y angustia. En Obras completas (J. L. Etcheverry, Trad., Vol. 20, pp. 71-164). Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1926).

Freud, S. (1986). El malestar en la cultura. En Obras completas (J. L. Etcheverry, Trad., Vol. 21, pp. 57-140). Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1930).

Heidegger, M. (2009). Ser y tiempo (J. E. Rivera, Trad.). Editorial Trotta. (Obra original publicada en 1927).

Kierkegaard, S. (2006). Tratado de la desesperación (A. Sánchez Barbudo, Trad.). Editorial Losada. (Obra original publicada en 1849).

Lacan, J. (1987). El Seminario. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (J. L. Delmont-Mauri y J. Sucre, Trads.). Editorial Paidós. (Obra original publicada en 1964).

Montaigne, M. de. (2007). Los ensayos (J. Bayona, Trad.). Ediciones Acantilado. (Obra original publicada en 1580).

Nietzsche, F. (1996). La genealogía de la moral (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1887).

Nietzsche, F. (2003). Así habló Zaratustra (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1883).

Ortega y Gasset, J. (1983). El hombre y la gente. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1957).

Sartre, J.-P. (2011). La náusea (A. Bernárdez, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1938).

Schopenhauer, A. (2009). Aforismos sobre la sabiduría de la vida (E. Íñiguez, Trad.). Valdemar. (Obra original publicada en 1851).

Winnicott, D. W. (1993). El proceso de maduración en el niño: estudios sobre la teoría del desarrollo emocional (J. Piatigorsky, Trad.). Editorial Laia. (Obra original publicada en 1965).
El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

Por Alfredo Cruz Polanco
Diario Azua / 24 agosto 2026.-

Son muchos los dominicanos y dominicanas que desconocen qué se conmemora un día como hoy. En esta ocasión conmemoramos el 163 aniversario del inicio de la guerra restauradora de nuestra Independencia, la cual empezó con el Grito de Capotillo, mediante la cual nuestra nación se liberó del yugo del imperio español, volviendo a ser libre, soberana e independiente, tal como lo soñó, ideó, luchó y se sacrificó el fundador de nuestra nación, el Patricio Juan Pablo Duarte y Diez.

En esta fecha la República Dominicana recuperó su independencia del imperio español, luego de haber sido anexada por intereses particulares del dictador y traidor a la Patria, Pedro Santana, en el año 1861.

Como hubo una gran representación de unos cuarenta veganos y veganas, que participaron activamente en la guerra restauradora, hemos querido aprovechar la oportunidad para dar a conocer algunos de los que más se destacaron en la misma, 0 al lado del general Gregorio Luperón, la primera espada de dicha guerra restauradora; de Gaspar Polanco, Fernando Valerio, Santiago Rodríguez, José María Imbert, Cayetano Germosén, Pedro Antonio (Pepillo) Salcedo, José Contreras, Antonio Pimentel, Olegario Tenares, entre otros héroes nacionales.

Entre los héroes y mártires veganos que más se destacaron y que ofrendaron sus vidas por nuestra Restauración, se encuentran: Basilio Gil, el primer vegano en caer, abrazado a un cañón español; Benito Monción, José Concepción Taveras, Manuel Lora, Marcos Trinidad, Pedro Blanco, Juana Saltitopa, Manuel Custodio Abreu, Antonio Caba, Esteban Viloria, Casimiro de Moya, Toribio Ramírez, Carlos María Sánchez Manuel Mejía, José Cabrera, el General José Durán, de Jarabacoa; Juan Álvarez Cartagena, Pablo Germosén, José Gómez, Pro. Dionicio Moya, Cristóbal José Moya, entre otros y otras.

Gracias a su entrega y sacrificios pudimos recobrar y mantener nuestra independencia, que siempre fue el sueño del fundador de nuestra nacionalidad, el patricio Juan Pablo Duarte y Diez, que aunque con algunas amenazas, hoy podemos expresar a viva voz que la República Dominicana es libre y soberana de toda potencia extranjera.
La mayoría de ellos han sido honrados con el nombre de una de nuestras calles en los barrios y centro de la ciudad de La Vega.

Hemos considerado como oportuna y atinada la idea de traer a colación un día como hoy, algunos de los nombres de los veganos y veganas más destacados, a los héroes, heroínas y mártires que ofrendaron sus vidas para que volviéramos a ser libres y soberanos de toda potencia extranjera, a los que emularon el gesto y el ejemplo del Padre de la Patria.

Este acontecimiento ha sido considerado como una de las epopeyas más dignas y patrióticas; como uno de los acontecimientos de mayor trascendencia, arrojo, valentía, sacrificios y entrega de los dominicanos del siglo XIX y de nuestra historia reciente, el cual culminó en el año 1865, con el retiro y la derrota del ejército español.

Desgraciadamente, este hecho histórico al igual que otros acontecimientos importantes de nuestra historia, ocurridos recientemente, no han sido dados a conocer en su justa dimensión a los jóvenes estudiantes de nuestras escuelas y colegios. La mayoría de ellos los desconocen, ya que por la incompetencia e intereses particulares de los funcionarios del Ministerio de Educación de los distintos gobiernos, nuestro sistema educativo actual no lo recoge en los libros de textos.

Si nuestro sistema educativo los incluyera en los textos escolares y los propios maestros se encargaran de enseñar y dar a conocer esos acontecimientos históricos recientes ocurridos en nuestro país, de seguro que los alumnos pensaran y actuaran de forma diferente.

¡Loor y Gloria Eterna a todos los héroes y mártires que ofrendaron sus vidas por la Restauración de la independencia de la República Dominicana!

El autor es Contador Público Autorizado
Máster en Relaciones Internacionales
exdiputado al Congreso Nacional
exmiembro de la Cámara de Cuentas 2010-2016

 

Por Oscar López Reyes
Diario Azua / 24 agosto 2026.-

A seis años -18 de agosto de 2020- del cese irremisible de las funciones biológicas vitales de Jimmy Sierra, su voz y su alma perviven en la conciencia colectiva y su legado repercute desde lenguajes audiovisuales y escritos en una legión de discípulos que, espontáneamente, reconocen el provecho de sus enseñanzas, su solemne compromiso con la cultura popular y su coherente e irrenunciable empeño por el cambio democrático de la sociedad dominicana.

Orientador sin avaricia, desprendido, solidario y altruista en su extendida calidad humana. Abogado en el talento de su humildad, sólo ejerció su profesión para defender a presos políticos y sindicatos en la era de Balaguer, y no aceptó administrar ningún organismo gubernamental por su temor a cometer iniquidades y ser pasto del escarnio público. Haciendo acopio del renombrado verso de Antonio Machado, prefirió "hacer camino al andar" como cineasta, catedrático universitario, productor mediático y escritor.

Genuino en la inspiración filosófica, potencializada en los corredizos de su inteligencia superior, Julio Samuel (Jimmy) Sierra -16 de diciembre de 1944, Najayo, San Cristóbal- desarrolló, en la búsqueda de la verdad y la libertad, el pensamiento lógico y crítico. Se sumergió en la reflexión intelectual trascendente, sin acoger a prima facie argumentos fuera de contexto, explicaciones simplistas ni trastadas dogmáticas.

Sus planteamientos y opiniones se articularon en el conocimiento, la ciencia y el arte, precedidos de indagatorias curiosas y evaluaciones racionales y rigurosas. Y, por sus enfoques analíticos conceptuales, sus allegados lo bautizaron con la categoría socio-lingüística de El Teórico.

Los mencionados atributos y su estructura relacional se fundaron y agigantaron en el eje giratorio del tiempo cronológico, desde la infancia (a los 14 años), cuando constituyó un grupo de mozalbetes para rechazar la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo, y en la adolescencia (en 1960) en el liceo Eugenio María de Hostos imprimió el periódico “El crítico del Primero E”. Y, dos años después (1962) en Villa Juana, Santo Domingo, formalizó el Club Estudiantil de Jóvenes Amantes de la Cultura (Cejac), la primera entidad de esta naturaleza de República Dominicana.

En su juventud (1965), en la Zona Constitucionalista de la capital instaló una escuela para alfabetizar a combatientes en armas contra la segunda intervención norteamericana a la República Dominicana. En 1966 condujo el Movimiento Cultural Universitario (MCU), que auspició el Primer Festival de la Cultura Popular y la Primera Exposición de Artes Plásticas en Plena Calle.

1.- EL ABOGADO. Titulado de doctor en derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en 1970, fungió como asesor del Sindicato de Trabajadores de la Fábrica de Clavos y de los Astilleros Navales de Santo Domingo, anclado en su militancia de izquierda. También, como relacionista público de la Asociación de Dominicana de Abogados (ADOMA).

2.- PRENSA ESCRITA. En 1966 insertó en El Caribe el cuento “El Niño”, y más tarde en El Nacional y la revista Ahora. En 1979 publicó los reportajes "Los que no pudieron ver al Papa" y luego, en el Sol "Arenga", la serie de 22 artículos sobre los mensajes televisivos en la R.D., con el seudónimo de Sebastián De Lorena. Igualmente, en 1986 publicó, en El Sol, "La guerra de la propaganda”, con el seudónimo de Esmeraldo Paz, y "Yo estaba allí”, una serie de 235 artículos.

3.- LA RADIO. Entre 1970 y 1975 produjo los programas radiales “La Nueva Voz”, vocero del Movimiento Cultural Universitario (MCU), por Radio Comercial; “Contacto en FA” y “Contacto en Re”.

4.- EL CINE Y EL TEATRO. En 1973 fundó el Instituto Nacional de Estudios Cinematográficos (CENEC) y en 1975 redactó el primer proyecto de Ley de Cine del país, implementado mediante la Ley No. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica, que creó la Dirección General de Cine. Con la aprobación y ejecución de esta iniciativa, el entonces presidente de la República Leonel Fernández escuchó a Sierra, su amigo de infancia y mentor, a quien mostró fidelidad y solidaridad, que se traduce en un modelo de sincera y respetada amistad. El Teórico produjo y difundió diez obras de cine, seis de teatro y nueve videos.


5.- LA TELEVISIÓN. Desde 1979 hasta 2015 difundió los espacios “Contacto-Imagen”, por Color Visión; “La historia se escribió así”, cápsulas sobre efemérides, durante 12 años por RTVD y Color Visión; "Santo Domingo Vive", por Supercanal, "Dominican View, en Estados Unidos, y “Memorias del padre José Miguel”.



6.- DOCUMENTALES Y PELÍCULAS. Desarrolló una extensa variedad de documentales, películas y cápsulas televisivas, conjuntamente con su didáctico curso audiovisual “Viaje al centro de la historia”. En el 2002 en unos 50 pueblos produjo igual número de documentales de un minuto de duración, los cuales subió a la página “Arribasantodomingo.com”.

7.- HISTORIA AUDIOVISUAL. Entre 1982 y 2013 realizó una decena de documentales sobre “Pintura y Escultura en Santo Domingo”, “Historia del Teatro Dominicano”, “Los medios de comunicación la R.D.”, “Historia de la Literatura Dominicana” (cinco partes), “Hostos el Sembrador”, "Un actor en busca de un personaje", "Los árabes en la Hispaniola", "Ulises Hereaux (Lilis): sangre, papeletas y cartas de amor”; “Cuando llegaron los americanos” y “Ahora que vuelvo, Ton”.

8.- MAESTRO Y CATEDRÁTICO. En 1964 fue cofundador de la Academia La Trinitaria, en el ensanche La Fe, y en la adultez primaria -1976- se desempeñó como profesor de los departamentos de Ciencias Políticas y Artes de la UASD y la Universidad Dominicana OyM.

9.- OBRAS LITERARIAS: Publicó 11 obras sobre cuentos, novelas y ensayos: Bordeando el río, Estudio sobre la incidencia de la publicidad en los mass media en la R.D, Mester de la ironía, Cine 011, Trujillo y las Mirabal, El Paquito de la Revolución, Ciudad de los Fantasmas de Chocolate, Cuentos de Papá Leche, Cuentos de Papá Leche Dos, Yo Estaba Allí, Diccionario Cultural Dominicano e Idolatría.



10.- CANCIONES DE SU AUTORÍA: Grabadas por Julio Sabala, Elenita Santos, Adalgisa Pantaleón, Claudio Cohén, José Antonio Rodríguez, Luis (Terror) Díaz, Ramón Orlando, E. Suazo, Shire, Eduardo Ramos (Sandino), Bonnie Baher, Lucy Méndez y Hendry Zarzuela.



11.- DIPLOMÁTICO INVESTIGADOR. En 1999 fue nombrado ministro consejero de la embajada dominicana en Francia, y en el 2000 se trasladó a Barcelona, España, para realizar la película La Joya del Inmigrante.

12.- LOS RECONOCIMIENTOS. Decenas fueron sus premios y reconocimientos, desde el Primer Festival de Teatro de la secretaría de Estado de Educación, El Dorado y Casandra, hasta México, Panamá y Suiza.



13.- LA TERTULIA. En la adultez secundaria, la Tertulia del Teórico congregó, cada sábado, a periodistas, intelectuales y amigos de distintos litorales políticos y creencias, en la que improvisadamente abordaban temas de la realidad nacional e internacional. Después del Covid-19, se efectúa por Zoom y difunde por YouTube.

Redondeando, el más efusivo y revelador tributo a su memoria, en acreditación a sus méritos por su interminable obra, aprecio y gratitud, las huellas que legó se redimensionaron el miércoles 18 de agosto de 2021, en la Biblioteca Nacional, en el primer aniversario de su partida física, con la puesta en circulación del libro de 158 páginas "¡Jimmy Sierra, inolvidable!". Rebosante de asistentes estaba la Sala Aida Cartagena Portalatín. ¡Fantástico!

El libro compila artículos, testimonios, reflexiones, poesías y otros textos difundidos en diarios, televisión, redes sociales e Internet por unos 40 intelectuales de vanguardia, profesionales y periodistas que conocieron su desvelo por la democracia y la cultura nacional durante más de 60 años. Yo estuve en ese acto –junto a su viuda Albania Gómez y su hijo Samuel- de enaltecimiento a las virtudes de este aclamado intelectual, como la integridad y el coraje en la sencillez. Jimmy, un abrazo, con respeto y admiración, por tu grandeza humana.

El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y comentarista de medios escritos, televisivos y digitales.
Testigo del tiempo
Por J.C. Malone
Diario Azua / 24 agosto 2026.-

Andamos como un perro que se persigue la cola. Dando vueltas en círculos sin llegar a ningún lugar. Cada año tenemos un déficit de aulas, cada año hay reparaciones pendientes, cada año reciben el presupuesto, y cada año desciende más la calidad de la enseñanza.

Si revisamos los periódicos de cada año en esta misma fecha, los problemas son similares a los del año anterior. Estamos ganando la carrera al fondo de la ineficiencia.

Y la ineficiencia gubernamental tiene una o dos explicaciones, descarto la “ineficiencia” pura y simple, orgánica. Creo que esta “ineficiencia” es una política de Estado planificada, ejecutada.

Nuestro gobierno cambió mucho en los últimos años, empezó con el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y esos cambios fueron “eficientizados” por el actual gobierno del “cambio”.

El PLD comenzó el gobierno mediático que le puso precio a la opinión, no debían hacer nada, solo necesitaban “buenos titulares, buena prensa”. Ahora, el “cambio” convirtió una nación depauperada, en un “paraíso terrenal”, nada mejoró, excepto que aumentó el precio de la opinión, aniquilando toda disensión.

Los únicos que denuncian son los educadores de la oposición, los del PLD, que dilapidaron miles de millones sin presentar logros, ahora critican los “errores” del gobierno.

Es la misma historia.

Los gobiernos llegan y saquean el erario, “legalmente”, porque no tocan dinero de los “contratistas tradicionales”.

Para resolver el problema de la educación, debemos legislar para obligar a los funcionarios a enviar a sus hijos a las escuelas y hospitales públicos. Así mejorarán los servicios de educación y salud.

Eso nunca ocurrirá, ningún legislador lo aprobará, ellos no se obligarán a cumplir con sus deberes.

Sin cambios fundamentales, nada cambiará. Faltan muchísimos años de “ineficiencia planificada”, para beneficiar a los funcionarios. Hay una forma sencilla de comprobarlo. Si ciertamente son “ineficientes”, ¿por qué el presidente no los despide? Porque no es ineficiencia, sino un modelo de políticas públicas rentable.

Los funcionarios entran pobres, no resuelven nada, administran miles de millones, y salen multimillonarios; su “ineficiencia” es bastante lucrativa.

jueves, 20 de agosto de 2026

El Mirador
Por Luis Céspedes Peña
Diario Azua / 20 agosto 2026.-

El nuevo presidente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y jefe de Estado, Luis Abinader Corona, está obligado a rescatar parte de la popularidad perdida por esa organización política, la mitad de su militancia, según el padrón presentado por la entidad a la Junta Central Electoral (JCE), que fue un gravísimo error estratégico, con miras a mantenerse en el primer lugar que todavía conserva.

Hace más de un año, escribimos que los tres principales problemas que le causarían la pérdida de apoyo al PRM, son el abandonado de su liderazgo a la base, el mal uso de la publicidad pagada en contra de la mayoría de medios de comunicaciones o comunicadores individuales, y el déficit en la producción agropecuaria.

En lo que respecta al alejamiento de los principales líderes del PRM de los dirigentes de la base, exceptuando a Abinader y algunos más, que son los que mueven a los militantes, sostenemos que sin la incorporación de éstos al trabajo organizativo, esa entidad sigue cavando la tumba para su sepultura. Para evitar eso, hay que tomar en cuenta a muchos de los dirigentes de la base para el servicio del Estado!

Las principales organizaciones políticas del país, como los Partidos Revolucionario Dominicano (PRD), Reformista Social Cristiano (PRSC), de la Liberación Dominicana (PLD) y Revolucionario Independiente (PRI), mantuvieron hasta hace poco la estrategia de resolver los pequeños problemas de los militantes a través de los secretarios generales de base u otros dirigentes de esos organismos.

Esa cultura política, que le dio tantos buenos resultados a esas entidades, hoy escasamente funciona. Los gobiernos del PLD y el PRM renunciaron a la entrega de canastas navideñas, una tradición ancestral del pueblo dominicano, que incluso se tradujo negativamente a los sectores empresariales o comerciales. El PRM tendría que comenzar a aplicarla.

En la Navidad, los gobiernos y los empresarios “vestían” de colores las calles de los pueblos del país, con sus atractivas canastas, pero eso cambió. ¡La alegría de los pobres en Navidad está desapareciendo, dejando un costo político negativo!

Las únicas entidades que mantienen la tradición de entrega de canastas navideñas a los pobres, son el PRSC, el PRD que preside Miguel Vargas Maldoado y la Fuerza del Pueblo, que dirige Leonel Fernández. Los demás, muy tímidamente a seleccionadas personas.

Antes, cuando en la base de esos partidos se presentaban problemas entre los militantes, como la falta de pequeños empleos, la entrega de medicinas, las canastas u artículos para el hogar, eran los secretarios generales los que hacían esas gestiones ante los altos dirigentes. Si el PRM quiere sumar votos para el 2028, el Presidente de la República y líder de los perremeístas, Luis Abinaderr Corona, tiene ese gran reto de bajar a la base, donde lo esperan.

El segundo gravísimo problema que tiene el gobierno del PRM, es su distanciamiento de la mayoría de medios de comunicaciones. ¡Son los medianos y los pequeños los que hacen la mayoría! Hay recursos presupuestados en todas las instituciones del Estado, el problema que hay es que están mal repartidos. ¡Una buena política de comunicación estatal los abarca a todos!

Las informaciones que manejamos nos indican que hay un gran plan para acabar con el PRM a partir del venidero proceso electoral, no porque la mayoría de comunicadores está con el PLD o la Fuerza del Pueblo, sino en contra de una parte de influyentes funcionarios del gobierno. ¡Eso debe evitarse con una correcta distribución de los recursos publicitarios del Estado!

Se pensó que con la designación de Alberto Caminero a la Dirección de Prensa de la Presidencia, esos problemas desaparecerían, pero todo parece indicar que ese sector es manejado por un determinado grupo de poder. ¡Son muchos los comunicadores que están en malas condiciones sociales!

Los alcaldes de los grandes Ayuntamientos del país, como son los del Distrito Nacional, los demás del Gran Santo Domingo, Santiago y otros, especialmente dirigidos por el PRM, deben cambiar en este aspecto, porque hay funcionarios, que son dirigentes oficialistas, que están cavando sus propias tumbas políticas.

La mayoría de periodistas y otros comunicadores se encargarán con destruirlos, con todas las razones. Lo lamentable es que cuando abandonan sus funciones, hacen constar gastos de grandes cantidades de millones de pesos en publicidad. Entonces vendrá el cuestionamiento: ¿Quiénes recibieron esos millones?

En materia de producción agropecuaria, siempre le sugerimos al Presidente Luis Abinader que designe como ministro de Agricultura a un político, no a empresarios del sector, como viene sucediendo en los gobiernos del PRM.

Los funcionarios, que son empresarios, no van a poner al país a producir lo necesario, porque compite con sus intereses.

En los sectores medio y bajo del PRM hay técnicos calificados que pueden ser ministros de Agricultura, Educación u otras posiciones del Estado, ¡pero nunca son tomados en cuenta! Ellos se merecen buenas posiciones en el Estado, para resolver problemas de la base de su organización.

Con el aumento de la producción de alimentos del campo, unido a la actividad industrial, es que se puede lograr un mejoramiento en los precios de los productos para el consumidor. El Estado debe tener una doble visión, como son la de producir para el consumo nacional y la exportación. Los pequeños y medianos productores solucionan la falta de productos o los altos precios para esos sectores consumidores. O sea, para los que no compran en los supermercados.

La versión del gobierno de que en el país hay un aumento del Producto Interno Bruto (PIB) es real. El problema está en que el PIB sólo se mida en la mega producción y no la economía en general, como es el caso de la informal, que involucra a los pequeños negocios.

Esa política de facilitar semillas de hortalizas, plátano, esquejes de yuca, hábana de batata, becerras, cerdas, pollitas, bueyes u otros soportes a favor de los pequeños o medianos agricultores, que fue exitosa en los gobiernos de Joaquín Balaguer, Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Hipólito Mejía y en menor grado, en el de Danilo Medina, ya está descartada.

Si el gobierno asume esas políticas, sumándole préstamos a los innovadores de la producción y un mayor respaldo a los Ayuntamientos del país, sin importar que sean o no de su simpatía, como lo hizo Danilo Medina, con mucho éxito, el PRM, aún con los problemas que hay en la nación, seguirá en el poder. Los ciudadanos de cada pueblo saben quién los ayuda con la solución de sus problemas o quiénes no.

Con la oposición política dividida, le corresponde al PRM decidir su futuro, como seguir en el poder o entregarlo. Si hace las cosas que le estamos recomendando, se puede “sentar” a esperar la victoria. El voto mayoritario está en las clases media y baja. “Esa debe ser la visión del nuevo presidente del PRM”.

¡Gracias por leernos!
Testigo del tiempo
Por J.C. Malone
Diario Azua / 20 agosto 2026.-


De camino a las elecciones de noviembre, el Partido Demócrata está radicalmente dividido entre dos bandos: socialistas y conservadores.

Los partidos divididos casi nunca han sido ganadores de elecciones, porque esa división les impide tener un líder que articule un discurso coherente para aglutinar las masas.

Los demócratas hacen lo único que saben hacer, no están haciendo lo que deben hacer para ganar las elecciones.

Siguen obsesionados con antagonizar y criticar al presidente Donald Trump, no logran articular una propuesta concreta sobre nada. Criticando a Trump, perdieron en 2016 y en 2024; resulta difícil suponer que, repitiendo estrategias fallidas, ganarán.

Un partido dividido, sin líderes ni propuestas concretas que inspiren y aglutinen a las masas, no gana elecciones.

Sólo faltan 78 días para las elecciones. Sin tiempo para cambiar su rumbo, los demócratas avanzan, como sonámbulos, hacia otra derrota ante Trump el tres de noviembre.

Quizá quieren, pero no saben cómo actuar de manera diferente. “Uno no es lo que quiera, sino lo que pueda ser” dice José José.

En el 2016, Hillary Clinton no aportó media idea inteligente, mucho menos propuestas, su campaña se basó en ataques personales contra Trump, así perdieron los demócratas.

A Joe Biden, su partido lo sacó de la boleta en 2024; esa campaña no tenía nada que ofrecer. Montaron la misma campaña de ataques contra Trump, perdieron.

El congresista Adriano Espaillat, con unos 30 años entre legislaturas estatales y federales, sin logros que mostrar, montó una campaña de calumnias contra Darializa Ávila Chevalier, perdió.

Todavía Espaillat no ha felicitado a la ganadora y está como en campaña, preocupándose por todo lo que nunca le quitó el sueño durante las últimas tres décadas.

Algunos dicen que Espaillat presentará una candidatura independiente al Congreso; el ex gobernador Andrew Cuomo fracasó como candidato independiente contra su partido por la alcaldía neoyorquina.

Camino al 2028, siguen con la misma estrategia: ataques personales contra Trump, que quizá ni sea el candidato. El Partido Demócrata no sabe adónde va, parece un auténtico club de sonámbulos.

lunes, 17 de agosto de 2026

Por Narciso Isa Conde
Diario Azua / 17 agosto 2026.-

En el centenario de Fidel, damos inicio a nuestro homenaje a su impresionante trayectoria con estas dos líneas de la “Canción a la gesta” del inolvidable Pablo Neruda.

Fidel, Fidel, los pueblos te agradecen palabras en acción y hechos que cantan,

A Fidel y su heroico pueblo les agradecemos el despertar de nuestra generación.

Aquel Cayo Confite apuntando contra una bestia llamada “Chapita”.

El Moncada: una herejía sublime cuando el dogma era ley en las izquierdas continentales.

“La Historia me Absolverá”: expresión de su enorme e indoblegable optimismo de voluntad, como diría Antonio Gramsci, formidable pensador marxista italiano.

La audacia del Granma en hermandad con Raúl y el Che.

Sierra Maestra: aquella hazaña de los 12 combatientes multiplicados en millones.

El compromiso determinante y el oportuno apoyo de Fidel y del mando central de la Revolución Cubana a la gloriosa Expedición Revolucionaria del 14 y 19 junio del 1959 contra la tiranía trujillista, marcando la fructífera ruta clandestina de Manolo, Minerva y el IJ4… hacia libertad.

Playa Girón: la primera gran derrota militar de la CIA y el PENTÁGONO en el escenario de la Patria Grande latino-caribeña: trascendente triunfo de la soberanía cubana y audaz proclama socialista.

La Brigada de Alfabetización Conrado Benítez y su fulminante y promisoria victoria.

La Reforma Agraria, como propuesta de emancipación campesina.

La Reforma Urbana, abrazando el reclamo de casas para todos y todas.

La hermosa siembra de jardines infantiles y escuelas en el campo.

La propuesta de salud para todos y todas.

La ruta hacia la emancipación de la clase trabajadora.

Sí, a Fidel y a su pueblo le agradecemos…

· Su antimperialismo.

· Su firmeza durante la “crisis de octubre-62”.

· Su marxismo latinoamericano.

· Su epopeya anticolonialista cubana en África.

· Su formidable rol en los NO ALINEADOS.

· Sus brigadas médicas.

· Sus Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y sus asambleas del poder popular.

· La persistente unidad revolucionaria, su concreción en el Partido Comunista Cubano (PCC) y la firme defensa de sus ideales.

· Sus inmensas y diversas acciones internacionalistas sin pasar facturas.

· Su acerada dignidad patriótica y su recia moral revolucionaria.

· Su ejemplar y heroica resistencia durante largas décadas de bloqueo criminal y crueles agresiones.

· Su lealtad a los ideales originarios y su inconmovible firmeza, incluso desplegadas heroicamente ahora por su pueblo frente al estrangulamiento energético.

Fidel es Cuba y Cuba es Fidel, patrimonio de la humanidad.

A Fidel y a Cuba es justo agradecerles “palabras en acción y hechos que cantan”.

A él y ella se les quiere con el alma.

Vergüenza ajena sentimos al observar, como desde un despreciable poder neocolonial, con disfraz dominicano, y desde las alturas de este infame Protectorado Yanqui, por órdenes de Washington, se les ofende y se les agrede, expulsando de la Patria de Máximo Gómez a diez de sus hermanos.

De diez hermanos revolucionarios que también son nuestros.

No es casualidad que la aceptación servil de la orden imperial se publicitara el mismo día de este virtuoso y alegre centenario, para que la perversidad se tornara supina.

Tan supina e indignante como la que adorna siempre al Narco Rubio y al sociópata anaranjado que funge de presidente de ese imperio mal oliente.

Ominosa señal invasora.

…Y registrada la señal ominosa y la ofensa espuria, a Fidel le decimos, en voz bien alta, para que nuestras palabras lleguen al más allá:

Y si se atreven a tocar la frente

de Cuba por tus manos libertada

encontrarán los puños de los pueblos,

sacaremos las armas enterradas:

la sangre y el orgullo acudirán

a defender a Cuba bien amada.

Pablo Neruda, A Fidel // Canción a la Gesta, 1960

Comenzamos y concluimos este merecido reconocimiento de la mano con el gran Neruda, agradeciéndole a Fidel “palabras en acción y hechos que cantan” y reconociendo que él es síntesis precursora del lema aquel de la Fragua que nos forjó: “Pensamiento y la acción fundidos en armas contra la injusticia”; tan pertinente en estos tiempos del tránsito convulso y difícil a un nuevo orden multipolar y a un mundo solidario.

domingo, 16 de agosto de 2026

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 16 agosto 2026.-

“El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace” (Sartre, 2009, p. 31)

Resulta curioso, y a la vez alarmante, cómo la modernidad ha transformado la búsqueda de la autenticidad en un salvoconducto para la mediocridad ética. En las interacciones cotidianas, nos topamos con una muralla infranqueable disfrazada de honestidad cruda: la sentencia detestable del “yo soy así”. Esta frase, pronunciada con una mezcla de orgullo y resignación, no es más que una declaración de guerra contra la convivencia y, fundamentalmente, contra la propia libertad. Quien se escuda en su supuesta esencia para justificar la falta de tacto, la impuntualidad crónica o el desprecio por el bienestar ajeno, está asumiendo que es un objeto terminado, un mineral carente de voluntad, y no un sujeto en permanente construcción.

La precitada actitud revela una forma de “hombre masa” que José Ortega y Gasset identificaba con una lucidez casi profética. Se trata de aquel individuo que, sintiéndose perfecto y terminado, no ve razón alguna para salir de sí mismo ni para someterse a ninguna instancia superior, sea esta la razón o la simple consideración por los demás. El filósofo español, en su análisis sobre la decadencia de la excelencia humana, describe con precisión este fenómeno en su “Rebelión de las masas” al expresar que “el hombre masa es el que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente "como todo el mundo" y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás” (Ortega y Gasset, 2010, p. 54).

Ahora bien, cabe preguntarse, ¿desde cuándo la identidad se convirtió en una prisión que nos exime de la responsabilidad para mejorar? Al afirmar que nuestra naturaleza es estática, estamos cometiendo lo que Jean-Paul Sartre denominaba “mala fe”. Se trata del intento desesperado de escapar de la angustia que provoca la libertad, fingiendo que somos cosas con propiedades fijas en lugar de seres que se definen por sus actos. En su obra fundamental sobre el existencialismo, Sartre es tajante al respecto de esta condición humana que precede a cualquier definición previa: si el hombre es lo que él mismo se hace, entonces el argumento de la inmutabilidad del carácter es una mentira metafísica diseñada para que los demás carguen con el peso de nuestras flaquezas.

Esta actitud no sólo es un error filosófico, sino una clara forma de violencia (no siempre sutil) hacia el prójimo. Al exigir que el mundo nos tenga que soportar “tal cual somos”, estamos anulando la alteridad. Estamos ante un egocentrismo que Gilles Lipovetsky asoció con la “era del vacío”, donde la personalización de la existencia ha derivado en un narcisismo que ya no tolera la mínima fricción con lo real. Concretamente, en su estudio sobre el individualismo contemporáneo, Lipovetsky señala cómo la sociedad se ha convertido en un conjunto de mónadas (sustancias indivisibles que componen el universo) que sólo buscan la autoafirmación sin compromiso: “El narcisismo es la otra cara de la desustancialización de la individualidad, la absorción del yo en el espectáculo de sí mismo, donde el otro solo sirve como pantalla de confirmación” (Lipovetsky, 2002, p. 52).



Esta patología de la mirada encuentra su representación sonora y grotesca en la cultura popular, donde la apología del estancamiento se ha elevado a la categoría de un himno decadente. Resulta casi obsceno observar cómo la industria del espectáculo ha canonizado la insolencia mediante estribillos que funcionan como dogmas de una fe narcisista. Pensemos en la vacuidad que destila la célebre pieza “A quién le importa”, interpretada por Thalía, donde se proclama con una alegría casi infantil: “yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré”. Esta letanía de la obstinación es, en realidad, el réquiem de la ética.

La pregunta retórica que da título a la canción- “¿A quién le importa”?- es una bofetada a la convivencia, una declaración de indiferencia ontológica que asume que el propio capricho está por encima del impacto que causamos en los demás. Al entonar un “nunca cambiaré” como si de una virtud se tratase, el sujeto se declara oficialmente un cadáver moral, un fósil que se regocija en su propia incapacidad de evolución. ¿A quién le importa? Pues le importa a la víctima de nuestra falta de respeto, al cercano que tiene que coexistir con nosotros y habitar el desierto que dejamos a nuestro paso. Es el triunfo del solipsismo más ramplón disfrazado de “personalidad”.

Al declarar “yo soy así”, estamos diciendo que nuestra comodidad subjetiva tiene más peso que el derecho del otro a habitar un espacio de respeto mutuo. En este sentido, es fundamental recuperar la noción de que el carácter, o el “ethos” no es un destino biológico, sino una arquitectura que se levanta día tras día mediante los hábitos. Aristóteles ya lo advirtió en su estudio sobre la moral, recordándonos que la virtud no es el don con el que se nace, sino una práctica que debe ser cultivada. En su “Ética a Nicómaco”, el estagirita explica con claridad este proceso de autoconstrucción al expresar que “las virtudes no se producen en nosotros ni por naturaleza ni contra naturaleza, sino que nosotros, que somos naturalmente capaces de recibirlas, las perfeccionamos mediante el hábito” (Aristóteles, 2014, p. 158).

Bajo esta luz, la excusa de la mala costumbre como condición de identidad se revela como una clara pereza del espíritu. No somos impacientes o rudos de la misma manera que somos altos o tenemos ojos marrones; somos personas que han permitido que la repetición de actos hostiles cristalice en una máscara de hostilidad. A esta inercia del espíritu se suma lo que Simone de Beauvoir identificaba como la tentación del “hombre serio”, aquel que se aferra a un rol o a una etiqueta para no tener que decidir por sí mismo. En su obra “Para una moral de la ambigüedad”, la autora nos avisa sobre el peligro de convertirnos en estatuas de nosotros mismos para eludir el vértigo de la elección constante en tanto que “el hombre serio se deshace de su libertad en favor de un fin que él considera absoluto... él no es sino ese fin, como un objeto es su propio peso; él mismo se ha hecho cosa” (Beauvoir, 2017, p. 55).

Cuando alguien se declara inamovible bajo el “yo soy así”, está renunciando a su cualidad de proyecto para degradarse a la categoría de herramienta defectuosa. Esta resistencia al cambio es una agresión frontal a la responsabilidad que tenemos hacia los otros. Emmanuel Levinas, en su análisis sobre la alteridad en “Totalidad e infinito”, sugiere que nuestra identidad no se construye desde el egoísmo, sino desde la respuesta que damos a los demás. Decir “yo soy así, si no te gusta, te jodes” es el portazo en la cara de quien espera de nosotros una mínima consideración. Para Levinas, la responsabilidad por nuestros próximos no es un accidente que le ocurre al sujeto, sino que es la esencia misma de su ser en tanto que “el rostro se me impone sin que yo pueda dejar de ser responsable de su miseria. El yo es, ante el rostro, infinitamente responsable” (Levinas, 2012, p. 220).

Si nuestra propia definición depende de cómo respondemos al rostro ajeno, entonces cerrarnos en una identidad inmutable es despojarnos de nuestra propia subjetividad. Nos estaríamos convirtiendo en lo que Byung-Chul Han llama “el infierno de lo igual”, una sociedad donde la desaparición de lo distinto, del otro que nos cuestiona y nos exige transformación, nos sumerge en una auto-idolatría estéril. En “La expulsión de lo distinto”, Han es prácticamente implacable al describir este aislamiento narcisista al expresar que “la proliferación de lo igual constituye los cambios patológicos de los que está aquejado el cuerpo social. No es la opresión del otro, sino la depresión del yo la que caracteriza nuestra época” (Han, 2017, p. 12).

Resulta necesario, entonces, preguntarnos si esta obstinación inmadura proviene de una genuina creencia en nuestra naturaleza o si es un síntoma de una sociedad que confunde el ser con el tener. Al respecto, Erich Fromm, en su ensayo “¿Tener o ser?”, diseccionó esta patología. Muchas veces, creemos “tener” una forma de ser como si fuera una propiedad privada que debemos defender a toda costa: el individuo se aferra a sus rasgos negativos como si fueran tesoros, temiendo que, si cambia, perderá su esencia. Pues bien, liberarse de esta carga implica pasar del tener al ser, entendiendo que el ser no es algo que se posee, sino algo que se despliega como una actividad. Fromm lo explica mucho mejor que yo al decirnos que “en el modo de tener, nuestra relación con el mundo es de posesión y propiedad, una relación en la que queremos convertir a todo el mundo y a todas las cosas, incluso a nosotros mismos, en propiedad nuestra” (Fromm, 2007, p. 42).

Este proceso de desmantelamiento es doloroso y requiere de una valentía que pocos seres humanos son capaces de ejercer. Por supuesto, es mucho más fácil quedarse en la orilla de lo conocido, aunque de asco, que lanzarse al mar de lo que podríamos llegar a ser. Sobre este último aspecto en particular, Friedrich Nietzsche nos invitaba a este ejercicio de destrucción creadora. No se trata de aceptarse con complacencia, sino de superarse con ferocidad. En “Así habló Zaratustra”, el filósofo bigotudo nos recuerda que la fijeza es la muerte del espíritu y que el hombre es un tránsito permanente, no un fin en sí mismo: “Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de ellos mismos” (Nietzsche, 2011, p. 33).

Dicho esto, está claro que si matamos el caos interior con la sentencia del “yo soy así”, apagamos también la posibilidad de que algo brillante emerja de nosotros. Finalmente, debemos entender que la existencia no es un molde de teflón, sino una materia prima que debemos esculpir. En “La hermenéutica del sujeto”, Foucault recuperaba el concepto del “cuidado de sí” como un trabajo ético y estético sobre la propia vida. No somos víctimas de nuestra psicología, sino artistas de nuestra propia conducta cotidiana. Por ello, Foucault sostiene que la verdad no puede ser alcanzada sin una transformación del sujeto, sin una ascesis o una conversión que nos permita dejar de ser los carceleros de nuestra propia personalidad: “No puede haber verdad sin una conversión del sujeto, sin una transformación de la posición del sujeto, sin que el sujeto mismo se vea modificado por el hecho mismo de su acceso a la verdad” (Foucault, 1994, p. 34).

Para concluir, y como siempre, es momento de inquietarnos ante la comodidad de nuestras certezas circunstanciales. ¿Cuánto de lo que llamamos “mi forma de ser” es en realidad un mecanismo de defensa para no enfrentar el esfuerzo que requiere la empatía? Quizás, al final del día, lo que más tememos no es que los demás no nos acepten, sino descubrir que tenemos el poder absoluto de dejar de ser quienes hemos sido hasta hoy. Si el mundo entero se rindiera a la desidia del carácter inmutable, la convivencia se tornaría un campo de batalla de solipsismos violentos.

Ahora bien, ¿estamos dispuestos a ser los responsables del desierto ético que generamos con nuestra rigidez? La pregunta que debería quedar resonando en el silencio de nuestra conciencia no es si los demás deben soportarnos, sino si nosotros mismos somos capaces de soportar la versión de nosotros que se niega a evolucionar. ¿Quién eres tú, realmente, cuando dejas de usar tu pasado y tu supuesta esencia como excusa para no habitar tu presente con dignidad?

Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

Aristóteles. (2014). Ética Nicomáquea (J. Pallí Bonet, Trad.). Gredos. (Original publicado c. 349 a. C.).

Beauvoir, S. (2017). Para una moral de la ambigüedad (M. Armiño, Trad.). Anthropos. (Original publicado en 1947).

Foucault, M. (1994). La hermenéutica del sujeto (M. Á. Galmarini, Trad.). Akal. (Original publicado en 1982).

Fromm, E. (2007). ¿Tener o ser? (J. Florentino, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Original publicado en 1976).

García, C., & Canut, I. (2002). A quién le importa [Canción]. En Thalía. EMI.

Han, B. C. (2017). La expulsión de lo distinto (A. Saratxaga Arregi, Trad.). Herder.

Levinas, E. (2012). Totalidad e infinito (D. Guillot, Trad.). Sígueme. (Original publicado en 1961).

Lipovetsky, G. (2002). La era del vacío (J. Vinyoli & M. Pendanx, Trad.). Anagrama. (Original publicado en 1983).

Nietzsche, F. (2011). Así habló Zaratustra (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza. (Original publicado en 1883).

Ortega y Gasset, J. (2010). La rebelión de las masas. Biblioteca Nueva. (Original publicado en 1930).

Sartre, J. P. (2009). El existencialismo es un humanismo (P. Pradinas, Trad.). Edhasa. (Original publicado en 1946).

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

 

Con la anexión a España, firmada el 18 de marzo de 1861, Santo Domingo pasó a ser una dependencia española, como lo eran Cuba y Puerto Rico.

Por Roberto Valenzuela
Diario Azua / 16 agosto 2026.-

Hace 163 años, en la Guerra de la Restauración —que conmemoramos este 16 de agosto de 2026—, hasta la valentía tenía una forma de medirse. Quien se apartaba del combate podía recibir un apodo o sobrenombre que un dominicano prefería la muerte antes de que lo llamaran así.

Pues, los combatientes dominicanos de la Guerra de la Restauración eran voluntarios que abandonaban sus conucos y a sus familias para luchar por la República. Cuando marchaban hacia las batallas, los jefes los estimulaban así: «Ni un paso atrás, a morir por la Patria». Enseguida sentenciaban: «Y eso sí, el que sea prieto que hable claro». Era como una especie de ritual, según explicó el historiador Bernardo Vega durante una exposición en la Academia Dominicana de la Historia.

Otros investigadores indican que la expresión era: «El que sea pata prieta, que hable claro», y que se referían al cobarde, al traidor (vendepatria) e indigno de defender el honor de su nación.

En algunas crónicas históricas se utilizan los términos «prieto» y «pata prieta» para referirse al dominicano que no quería combatir, desertaba del combate o colaboraba con los anexionistas, como Pedro Santana, o con los militares españoles.

Pero sí quedó claro que los dominicanos entraban en combate con un feroz grito: «¡Viva la República!». El grito de guerra de los españoles era: «¡Viva la Reina!». Es decir, la reina era la inspiración de la soldadesca española. Los dominicanos, en cambio, trataban de restablecer la República, que había sido convertida en una colonia de España bajo el reinado de Isabel II.

Al ser España una potencia militar, sus tropas estaban bien armadas, con uniformes, zapatos, gorras y corbatas. Superaban en armas, número y logística a las dominicanas, asoladas por la pobreza.

Los restauradores luchaban descalzos, sin camisa, y su arma más común era el machete; algunos llevaban lanzas y viejos rifles. Montaban a caballo al pelo, a diferencia de la caballería española, que utilizaba silla de montar y todos los ajuares para la guerra.

El fallecido director del Archivo General de la Nación (AGN), Emilio Rodríguez Demorizi, recopiló la descripción que hizo Pedro Francisco Bonó del cantón de Bermejo, en Monte Plata, establecido por Gregorio Luperón, donde venció al caudillo anexionista Pedro Santana.

«No había casi nadie vestido. Harapos eran los vestidos; el tambor de la Comandancia estaba con una camisa de mujer por toda vestimenta. Daba gusto verlo redoblar con su túnica. El corneta estaba desnudo de la cintura para arriba. Todos estaban descalzos y con las piernas desnudas», relataba Bonó, ministro de Guerra del Gobierno Restaurador, que tenía su sede en Santiago de los Caballeros.

Demorizi escribió la obra Papeles de Pedro F. Bonó (1964). Demorizi (1906-1986) es considerado el investigador histórico más prolífico de la República Dominicana.

Es importante precisar que este artículo tiene un propósito exclusivamente histórico y documental. La expresión «pata prieta» o «el que sea prieto que hable claro» se cita tal como aparece en las fuentes de la época y no responde a una valoración ni pretende promover ideas racistas o discriminatorias. Su inclusión busca explicar el lenguaje y el contexto histórico en que fue utilizada durante la Guerra de la Restauración.