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sábado, 27 de junio de 2026

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 27 junio 2026.-

En un país con tanta incidencia de “pelótica y política”, el trabajo en equipo debería contar con más oportunidades para entrenar. Y aunque mucha gente no caiga en la cuenta, República Dominicana acaba de mostrar que cuenta con enorme potencial para eso.

En tiempos donde casi todo empuja a competir, gritar o encerrarse en uno mismo, ver a más de 2,000 estudiantes reunidos para cantar, bailar, actuar, pintar y crear no es simple “cosa de muchachos”. La Muestra Nacional de Artes 2026 del Minerd, realizada en el Teatro Nacional Eduardo Brito, debe leerse como algo más que una actividad escolar: es una señal de esperanza para el país.

Según el Minerd, bajo el lema “Travesía del arte: origen y viaje de nuestra identidad”, esta versión reunió a estudiantes de las 18 regionales educativas durante cuatro días. Allí hubo música, danza, teatro, artes visuales y expresiones multimedia. Pero, sobre todo, hubo encuentro y muestra de trabajo en equipo. Jóvenes de distintos territorios compartieron escenario, disciplina, emoción y orgullo. Y eso le da sentido de trascendencia a la educación.

Muchas veces se piensa –y eso demuestra una mirada limitada- que el arte es un adorno. Se piensa que es algo bonito, pero secundario. Ante ello, lo presentado en el Teatro Nacional es una muestra de participación artística que ayuda a crear confianza, sentido de pertenencia y apoyo entre las personas.

La explicación es sencilla: cuando un joven ensaya con otros, canta en un coro, participa en una obra o prepara una exposición, aprende algo más que una técnica. Así es como se aprende a escuchar, esperar, colaborar y respetar.

Virtud del trabajo en equipo

Eso se llama cohesión social. En palabras sencillas, eso sirve como muestra de la fuerza que mantiene unida a una comunidad. Una sociedad con cohesión cuenta con una característica clave: en ella, las diferencias no rompen los vínculos. Es que el arte ayuda a construir ese puente porque permite expresar emociones, contar historias y reconocer al otro sin necesidad de imponerle una opinión.

La UNESCO ha insistido en que la educación artística debe ocupar un lugar más importante en las políticas educativas. Su marco global sobre cultura y educación artística plantea que estas áreas ayudan a desarrollar inteligencia emocional, creatividad, pensamiento crítico, bienestar y respeto por la diversidad. También pide valorar las culturas locales y fortalecer la relación entre escuelas e instituciones culturales.

Ese planteamiento tiene mucho sentido para República Dominicana. Somos un país rico en música, baile, oralidad, color, memoria y tradición. Pero también somos una sociedad expuesta a fuertes tensiones: desigualdad, violencia verbal, fanatismo político, presión de las redes sociales, consumo rápido de información y una creciente tendencia a mirar al otro como enemigo. Frente a eso, el arte puede enseñar una forma distinta de convivir.

Un potencial clave

La Modalidad en Artes del Minerd puede ser una herramienta poderosa para formar mejores ciudadanos. No solo artistas profesionales, aunque algunos lo serán. También puede formar jóvenes más seguros, sensibles y capaces de trabajar con otros. En un escenario, nadie brilla solo. Detrás de cada presentación hay docentes, familias, compañeros, disciplina y comunidad. Esa experiencia deja huellas que ninguna prueba escrita puede medir por completo.

Por eso, este esfuerzo debe cuidarse, sostenerse y ampliarse. No debe depender solo del entusiasmo de un año ni de una gestión. Necesita presupuesto, buenos maestros, espacios dignos, alianzas con centros culturales, seguimiento a los estudiantes y presencia en todos los territorios.

Como recuerda la UNESCO, no basta con declarar la importancia del arte: hay que convertirla en política pública real. Y todavía más: hay que articular esas políticas con loables esfuerzos del sector privado en ese ámbito. Ahí también hay oportunidad para operar en equipo.

En una época que premia el individualismo, la educación artística enseña algo urgente: somos mejores cuando creamos juntos. La Muestra Nacional de Artes 2026 nos recuerda que la escuela no solo debe preparar para trabajar, sino también para vivir, sentir, pensar y convivir. Apostar por el arte en la educación dominicana es aportar para una sociedad menos rota, más humana y más capaz de reconocerse y mejorar desde su propia identidad.

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 27 junio 2026.-

“De la crisis actual surgirá una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo de nuevo desde el principio” Joseph Ratzinger, Fe y futuro (1970), p. 75.

La formulación del Papa Benedicto XVI acerca de una Iglesia que se hace pequeña no es un gesto nostálgico por un pasado heroico ni por una fórmula periodística destinada a excitar titulares llamativos. Es, antes bien, una hipótesis eclesiológica que pretende describir una transformación ontológica del cristianismo en la modernidad. Cuando Ratzinger afirma que la Iglesia “tendrá que empezar todo de nuevo desde el principio” (Ratzinger, 1970, p. 75), no propone un retorno anacrónico a estructuras ya desaparecidas, sino una relectura de la condición cristiana que prioriza la autenticidad del testimonio sobre la reproducción sociológica del “pertenecer”. La metáfora del “doce” funciona aquí como símbolo: la medida no es estrictamente numérica, sino existencial y apunta a la restauración de una comunidad fundada en convicción y presencia sacramental, no en la hegemonía cultural.

Esta intuición se comprende mejor si se la sitúa frente a la idea- dominante en ciertos tramos del siglo XX- de una Iglesia-masa, entendida como institución que se autoafirma por su capacidad de integrar, administrar y representar amplios sectores sociales. Pues bien, Ratzinger diagnostica el agotamiento de ese modelo porque la secularización erosiona los procesos de transmisión cultural y convierte la fe en hábito o en una opción entre otras. En consecuencia, la pérdida de miembros no es, a sus ojo, un fracaso estadístico sino una depuración, puesto que “al disminuir el número de sus fieles, perderá también gran parte de sus privilegios sociales” (Ratzinger, 1970, p. 75). Aquí la crítica no es utilitarista, sino que se trata de reivindicar una libertad de la Iglesia frente a los favores del poder, de re-enfocar la autoridad eclesial en la credibilidad del testimonio más que en la eficacia social y política.

Su renuncia al papado en 2013 aparece, a la luz de esta línea teórica, como un gesto que debe leerse tanto en clave personal como eclesiológica. No puede reducirse a un efecto exclusivo del debilitamiento físico, sino que es también la concreción de una convicción sobre la relación entre el poder y la misión. Ratzinger había problematizado la hipertrofia administrativa del papado y la tensión que existe entre la figura del Pontífice como monarca absoluto y la llamada evangélica a la pobreza y al servicio. En conversación con Peter Seewald, sostuvo que “cuando un Papa alcanza la clara conciencia de que ya no es física, mental y espiritualmente capaz de llevar a cabo el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en algunas circunstancias, el deber de dimitir” (Benedicto XVI, 2010, p. 40). Tres anos antes de su renuncia, esta afirmación anticipaba una prioridad estrictamente ética: la salvaguarda de la misión por encima de la perpetuación del cargo.

Leer su renuncia como coherente con la profecía de 1969 implica ver en el gesto un desplazamiento simbólico: del espectáculo de la acción visible hacia la labor de la pasión orante. Al retirarse al monasterio Mater Ecclesiae, Benedicto XVI no sólo renunció a funciones ejecutivas; encarnó una forma de autoridad que renuncia a la centralidad sociopolítica para sostener la Iglesia desde una presencia litúrgica y contemplativa. En su última audiencia general dijo que su decisión “no revoca esto. No regreso a la vida privada [...] No abandono la cruz, sino que permanezco de una manera nueva junto al Señor Crucificado” (Benedicto XVI, Última Audiencia General, 27 de febrero de 2013). Ese “permanecer de una manera nueva” es, por tanto, la práctica personal de la minoría creativa: desplazarse del protagonismo mediático a la intensidad de la oración que fertiliza la comunidad.

No obstante, esta correspondencia entre teoría y gesto comporta matices que conviene señalar. Por un lado, la renuncia introduce una “secularización funcional” del papado: si el ejercicio del pontificado se somete a criterios de capacidad física y administrativa, la figura papal puede verse despojada de su aura trascendente hasta el punto de asimilarla a la lógica de un jefe ejecutivo cuya legitimidad depende de su eficacia. Esta asimetría genera reparos legítimos: despojar el oficio de un elemento de pertenencia puede abrir paso a instrumentalizaciones del cargo o a inestabilidades en la sucesión. Por otro lado, leído desde la perspectiva ratzingeriana, el acto no es debilitamiento sino renuncia profética: renunciar al monopolio de la presencia pública para reconstruir la Iglesia sobre cimientos espirituales. Así, esa renuncia, en su intensidad, es también una pedagogía de la fragilidad que interpela a la comunidad: si el pastor manifiesta su precariedad voluntaria, invita a la Iglesia a comprender su fuerza en la débil fidelidad de sus miembros y no en la omnipotencia de su magistratura.

La tensión entre riesgo y coherencia se hace visible en la pregunta por las consecuencias institucionales. Si la renuncia legitima la idea de una Iglesia pequeña sostenida por la oración y la fidelidad, ¿cómo encuadrar la exigencia de gobierno, de responsabilidad administrativa y de presencia pública que el mundo contemporáneo demanda? Ratzinger fue consciente de esta antinomia porque su propuesta no abogaba por la renuncia total a la política ni por la retirada del compromiso social, sino por una priorización de la dimensión testimonial. La renuncia papal es, entonces, una llamada a repensar la competencia del liderazgo, en este caso, eclesial: menos tutela de poder, más servicio que posibilite la palabra creíble de la fe.

A este debate se incorpora con fuerza la figura de Jorge Mario Bergoglio. La transición de la “Iglesia pequeña” de Ratzinger a la “Iglesia en salida” de Francisco representó uno de los giros dialécticos más profundos en la historia reciente del catolicismo. No se trata de dos diagnósticos contrapuestos sino de respuestas estratégicas distintas frente a una premisa compartida: la estructura eclesial heredada de la Cristiandad ya no funciona para la transmisión del mensaje en la posmodernidad. Francisco no ignoraba la profecía de la reducción, más bien, parece haberla tomado como punto de partida para una reformulación pragmática. Si la intuición de Benedicto subrayaba la purificación interior y la autenticidad del testimonio, la propuesta de Bergoglio traducía esa pérdida de masa en una exigencia misionera que rechazaba esa autorreferencialidad y buscaba las periferias como lugar teológico.

La diferencia entre ambos papas se vuelve especialmente significativa cuando se compara su acento sobre identidad y misión. Ratzinger privilegiaba la identidad, la formación y la pureza doctrinal como condición de credibilidad; Francisco ponía el énfasis en llegar al herido y al excluido, en que las estructuras se transformen para ser cauces de evangelización y no instrumentos de auto-preservación. Concretamente, en Evangelii gaudium escribió: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la auto-preservación” (Francisco, 2013, n. 27). Es tremendamente revelador que ambos converjan en la crítica de los “privilegios sociales” y la burocratización, pese a que su respuesta práctica diverge: una prioriza la purificación interna, la otra reclama una conversión pastoral que haga creíble la pobreza evangélica allí donde están quienes vagan al margen.

Consecuentemente, la reforma de la Curia y la promulgación de “Praedicate evangelium” muestran hasta qué punto Francisco tomó medidas que, en términos administrativos, son afines a la intuición ratzingeriana de que la Iglesia no debe funcionar como una corte. Al intentar convertir los dicasterios en órganos de servicio y no en centros de poder, Bergoglio ejecutó una traducción institucional de una idea compartida: si la Iglesia va a ser pequeña, su cabeza no puede sostener un aparato estatal pesado y anacrónico. De igual manera, la apuesta por la sinodalidad aparece como una modalidad práctica de responder a la “Iglesia de los doce”, puesto que en contextos de escasez numérica y de clero, la corresponsabilidad y el “caminar juntos” devienen no sólo desiderátum pastoral sino necesidad estructural. Como afirmó en diversas ocasiones, la misión exige sinergias y la participación de todos los miembros del Pueblo de Dios, lo que implica desplazar el centro de gravedad desde la cúspide hacia la comunidad.

En este punto, la encíclica “Lumen Fidei” merece una atención especial como documento de mediación entre ambas perspectivas. Escrita con las dos manos que la historia puso sobre ella, la encíclica es un puente: inicia la trilogía sobre las virtudes teologales por Benedicto XVI y la culmina Francisco, de modo que la fe aparece allí como luz que guía a un pueblo que camina en la fragilidad de la historia. Lumen Fidei recupera la preocupación ratzingeriana por la verdad como encuentro y no como ideología: “La fe no es un refugio para gente pusilánime, sino que ensancha la vida. Hace descubrir una gran llamada, la vocación al amor, y asegura que este amor es digno de fe, que vale la pena entregarse a él, porque su fundamento se halla en la fidelidad de Dios, que es más fuerte que nuestra fragilidad” (Francisco / Benedicto XVI, 2013, n. 53). Al mismo tiempo, incorpora la impronta bergogliana, que sitúa la fe como bien común y como fuerza que edifica la ciudad humana: “La fe no sólo se presenta como un camino, sino también como una edificación, como el lugar donde el hombre puede vivir con los demás [...] La fe es un bien para todos, es un bien común, su luz no luce sólo dentro de la Iglesia ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades” (Francisco / Benedicto XVI, 2013, n. 51).

Evidentemente, la contribución ratzingeriana en Lumen Fidei enfatiza, asimismo, la humildad de la verdad, puesto que ella “no se impone con la violencia, no aplasta a la persona. Al nacer del amor, puede llegar al corazón, al centro personal de cada hombre. Se comprende así que la fe no sea intransigente, sino que crezca en el respeto de los demás” (Francisco / Benedicto XVI, 2013, n. 34). Esta afirmación se articula con la lógica de la minoría creativa, en tanto que la verdad cristiana se propone y no atrae por coacción, sino por la fuerza del amor, y esa dinámica es la que justifica la preferencia por una comunidad pequeña, pero creíble.

Otro concepto fundamental, propuesto por Ratzinger en el marco de esta discusión, es el de “dictadura del relativismo”. No era para él un mero eslogan cultural sino el diagnóstico de una “patología de la razón” que empuja al sujeto hacia la autarquía del yo y contrae la apertura al otro y a la verdad trascendente. En la homilía “pro eligendo pontífice” de 2005 advirtió que “se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo al propio yo y a sus antojos [...] Nosotros, en cambio, tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el hombre verdadero. Él es la medida del verdadero humanismo” (Ratzinger, 2005). Frente a esa dictadura, “Lumen Fidei” propuso la fe como antítesis y fármaco: antítesis porque restaura el horizonte del sentido más allá del yo; fármaco porque, mediante la experiencia del encuentro, cura la fragmentación radical del sujeto moderno.

Esta oposición entre la luz de la fe y la oscuridad del relativismo atraviesa toda la encíclica. “Lumen Fidei” afirma que la fe no es una simple adhesión subjetiva sino una modalidad de conocimiento que permite “ver” la trama unificadora de la realidad y lo hace con exactitud en su célebre formulación: “Si se quita la fe en Dios de nuestras ciudades, se debilita la confianza entre nosotros, pues quedaríamos unidos sólo por el miedo y el interés” (Francisco / Benedicto XVI, 2013, n. 55). Desde esta perspectiva (ratzingeriana), la minoría creativa debe salvar esta pretensión de verdad en medio del escepticismo generalizado, porque la fe no es anti-racionalidad sino la expansión de la razón hacia el horizonte de sentido, el Logos que confronta el nihilismo resultante del relativismo absoluto posmoderno.

Lo esencial de la denuncia ratzingeriana es que el relativismo actúa de manera dictatorial porque estigmatiza y margina a quien afirma una verdad trascendente, tildándolo de intolerante; la respuesta, según él, no ha de ser la agresión política, sino la evidencia gozosa del testimonio. Una minoría que vive a la luz de la fe se convierte inmediatamente en atracción epistemológica y humana: su poder no es coercitivo, sino propositivo. Por último, Lumen Fidei articula esa evidencia cuando remarca que la fe nace del encuentro y se transmite “de contacto en contacto” (n. 37), lo que sitúa la evangelización en la esfera de la credibilidad personal más que en la hegemonía institucional.

No obstante, esta estrategia terapéutica plantea problemas reales. La lucha contra la dictadura progre del relativismo a través de la luz de la fe choca con una sensibilidad cultural que confunde verdad con imposición. Si la verdad es condición de libertad, pero la sociedad posmoderna la identifica con “dogmatismo”, el diálogo corre riesgo de quedar frustrado de antemano. Además, si la fe pretende ser “luz de la ciudad” cuando la Iglesia ha perdido autoridad institucional, surge la pregunta por la eficacia comunicativa: ¿puede una minoría, por más creativa que sea, recuperar la confianza necesaria para que su testimonio sea escuchado como medicina y no como proselitismo?

En conclusión, queridos lectores, queda por decir que la convergencia de Ratzinger y Francisco en temas como la pérdida de privilegios y la necesidad de credibilidad encuentra en “Lumen Fidei” un punto de encuentro: la fe como luz frente a la dictadura del relativismo. Sin embargo, el remedio propuesto- una minoría creativa que testimonie la verdad en la periferia- exige una ingeniería moral e institucional formidable: formación, paciencia y una ética del encuentro que no confunda convicción con coerción. ¿Es posible en nuestras sociedades proponer una verdad que no sea entendida como poder? ¿Puede esa minoría sostenerse sin convertirse en una élite separada, o la única vía para sobrevivir es convertirse en levadura social a través de obras y palabras? Estas preguntas siguen abiertas y requieren que la Iglesia asuma la tensión sin buscar atajos: la luz que cura el relativismo exige, simultáneamente, humildad y valentía.

Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

Benedicto XVI. (2010). Luz del mundo. Conversaciones con Peter Seewald. Barcelona: Herder. (p. 40).
Benedicto XVI. (2013, 27 de febrero). Última Audiencia General.
Francisco. (2013). Evangelii gaudium. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. n. 27.
Francisco / Benedicto XVI. (2013). Lumen Fidei. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. (nn. 34, 37, 51, 53, 55).
Francisco. (2015). Discurso en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos.
Ratzinger, J. (1970). Fe y futuro (Glaube und Zukunft). Salamanca: Sígueme. (págs. 75–77).
Ratzinger, J. (2005). Homilía en la Basílica de San Pedro. 18 de abril.
El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

Por Alfredo Cruz Polanco (alfredocruzpolano@gmail.com
Diario Azua / 27 junio 2026.-

La reforma fiscal, camuflajeada y soterrada, que sometió al Congreso Nacional, el presidente de la República, Luis Abinader, bautizada como “Medidas pro-crecimiento económico y mitigación de la crisis internacional”, la cual procura obtener un ingreso extraordinario entre cuarenta y cincuenta mil millones de pesos, fue sometida y aprobada de urgencia, al vapor, en dos lecturas consecutivas por ambas cámaras legislativas (senado y diputados), sin que se tomaran en consideración las sugerencias y recomendaciones de los partidos de oposición y las de los distintos sectores sociales.

Se considera que los ingresos que se recaudarán serán mucho mayor que lo estipulado. La ley fue promulgada por el poder ejecutivo con el número 30-26, en un tiempo record, en menos tiempo que lo que duraría una cucaracha en un gallinero, como solía expresar el ex presidente profesor Juan Bosch, pues la misma era esperada con ansiedad, pues ya el gobierno tenía informaciones de que el barril de petróleo iba a bajar de precios.

Este proyecto de reforma fiscal ha sido cuestionado por los partidos de oposición, sobre todo, por el de la Fuerza del Pueblo, en el sentido de que la administración del presidente Abinader, ha sido la que más dinero ha manejado, pero que desgraciadamente lo ha dilapidado en gastos corrientes (nóminas y publicidad excesivas, pensiones exorbitantes inmerecidas, en un festival de subsidios sociales, viajes y gastos de representación; en pagos de los intereses de la deuda externa), entre otros.

Este partido considera que el propio gobierno ha manifestado en varias oportunidades, que ahora los recursos les rinden mucho, porque en su gobierno han aumentado las exportaciones, las recaudaciones de la Dirección General de Aduanas (DGA), de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII); el flujo de turistas, el envío de remesas, la producción agrícola, entre otras, por lo que siendo así, la aprobación de esta reforma fiscal no tiene razón de ser.

Además, la misma fue sometida cuando el barril de petróleo está bajando de precio, debido al acuerdo de paz, firmado entre los Estados Unidos, Irán e Israel, lo que ha permitido la reapertura del Estrecho de Ormuz, que es la vía por donde se transporta el 20 % del petróleo global. Sin embargo los precios de los combustibles, al mismo tiempo que fueron aumentados, fueron congelados por tres meses, siempre que el barril del petróleo se sitúe por encima de los 95 dólares.

En la actualidad, el precio del barril West Texas se encuentra en 80 dólares y el del Brent, a 75, por lo que dicha reforma debió esperar, ser modificada y realizar una rebaja a los precios de los combustibles, pues ya las razones que la originaron no se corresponden.

Desde el inicio del conflicto bélico en el Medio Oriente, el gobierno ha aumentado los precios de los combustibles por encima de los 50 pesos. Se espera que cuando entre en vigor la presente ley, el Gas Licuado de Petróleo (GLP), aumentará de precios en los próximos días, con lo que una vez más, el costo del sacrificio y el peso de la crisis económica, recaerá como siempre, sobre los sectores menos pudientes, los más empobrecidos, ya que los impuestos que se aprueban, son transferidos al consumidor.

Según los expertos en economía, la administración de Luis Abinader, en apenas seis años, ha endeudado más al país, que todos los gobiernos juntos, desde la fundación de la República Dominicana en el año 1844, hasta nuestros días. En la actualidad, la deuda externa de nuestro país sobrepasa los 82 mil millones de dólares. En lo que va de año, el gobierno ha tenido que desembolsar más de 180 mil millones de pesos, solo en pagos de intereses de dicha deuda.

Aunque supuestamente, varios de los impuestos aprobados son de manera provisional, la práctica ha demostrado que todos se mantienen siempre, como ocurrió con el 0.15% sobre las transferencias bancarias, el anticipo del impuesto sobre la renta, el 1% sobre el valor de los activos de las empresas, el 10% sobre las operaciones bancarias (intereses de los certificados), entre otros.

El gobierno pudo haber obtenido mucho más ingresos, si hubiese gravado a las más de 80 mil bancas de loterías y apuestas existentes, muchas de ellas ilegales, sin embargo les redujo el pago de los impuestos que se tenían previstos, de 120 mil pesos por banca, a 85 mil, una diferencia de 35 mil pesos. Sin embargo solo se aprobó un15% a la indexacion salarial de los empleados, para fines del impuesto sobre la renta. Es decir, el gobierno prefirió y fue más generoso con los dueños de bancas de apuestas y riferos, que con los propios empleados y trabajadores.

En nuestro país se juegan 400 millones de pesos diariamente; 12,000 mil millones al mes y 144 mil millones de pesos al año.
También, si se hubiesen gravado las placas de todos los vehículos de lujos y de altas gamas, porque es una gran injusticia, que un vehículo utilitario, sencillo, de bajo cilindraje, pague lo mismo que uno de lujo, de alto cilindraje, de uso exclusivo; por igual, eliminando la exoneracion de los impuestos a los 2 (dos) vehiculos de altas gamas que se les autoriza a cada legislador en los cuatro años (444), las cuales son vendidas a particulares, dejando el Estado de recibir miles de millones de pesos por este concepto.

Por ultimo, estimar los impuestos de los negocios informales, reconocidos como difíciles de grabar, a través de las compras a proveedores formales; perseguir la evasión fiscal, la cual ronda el 45 del PIB, según la propia DGII; obligar la devolución de los recursos distraídos por los funcionarios condenados por distintos actos de corrupción, entre otras.


Desgraciadamente, todas las reformas fiscales, llámese como se llame, por más sencillas que parezcan, terminan siempre aumentando el costo de la inflación y de los productos de la canasta familiar. Consideramos que el sacrificio debe ser de todos, no solo para la clase media y para los más pobres.

Ojalá que nuestros honorables diputados y senadores sean tan eficientes y oportunos como lo fueron con esta iniciativa, cuando se trate de proyectos que beneficien al país, sobre todo, a los más necesitados ¡Que Dios nos tome confesados!

El autor es Contador Público Autorizado
Máster en Relaciones Internacionales
Ex Diputado al Congreso Nacional
Ex miembro de la Cámara de Cuentas de la República, 2010-2016



Por Mario Antonio Lara Valdez
Diario Azua / 27 junio 2026.- 

Hay funcionarios que administran instituciones y hay otros que ayudan a construir visión de país. La diferencia suele encontrarse en la capacidad de comprender que los grandes desafíos nacionales no pueden abordarse desde una sola perspectiva, sino desde una mirada integral que conecte seguridad, desarrollo, infraestructura, economía y bienestar social.

La reciente presentación de la estrategia FUERTE para el desarrollo de la frontera dominicana deja entrever precisamente esa forma de entender la gestión pública. Más que un programa de seguridad, se trata de una propuesta de Estado que busca transformar históricas zonas de vulnerabilidad en espacios de estabilidad, crecimiento y oportunidades para miles de dominicanos que habitan la región fronteriza.

En este esfuerzo ha tenido un papel determinante el ministro de Defensa, teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre, quien ha impulsado una visión que trasciende la función tradicional de la defensa nacional. Su planteamiento parte de una realidad evidente: la seguridad duradera no se construye únicamente con vigilancia y presencia militar. También requiere carreteras, conectividad, actividad económica, infraestructura moderna, instituciones fortalecidas y comunidades con oportunidades de progreso.

La estrategia FUERTE resume esa filosofía de trabajo. Fortaleza Fronteriza, Unión Nacional, Estrategia de Infraestructura, Resiliencia Económica, Transformación Territorial, Estabilidad y Defensa no son conceptos aislados. Son piezas de una misma arquitectura orientada a consolidar una frontera más segura, más integrada y con mejores perspectivas de desarrollo.

Quizás uno de los aspectos más relevantes de la actual gestión del Ministerio de Defensa ha sido precisamente la comprensión de que la frontera no debe verse únicamente como una línea de separación geográfica. La frontera es también una oportunidad de integración territorial, de crecimiento económico y de fortalecimiento de la presencia del Estado en comunidades que durante décadas demandaron mayores niveles de inversión y atención pública.
Por eso no resulta casual observar al ministro Fernández Onofre recorriendo constantemente la zona fronteriza, supervisando unidades militares, verificando proyectos, evaluando condiciones operativas y manteniendo contacto directo con la realidad del territorio. La presencia permanente sobre el terreno se ha convertido en una característica de su gestión y en una señal de que las decisiones estratégicas deben sustentarse en el conocimiento directo de las necesidades reales de la población.

Su experiencia previa como comandante general del Ejército le permitió conocer de cerca la complejidad de la frontera dominicana. Ahora, desde el Ministerio de Defensa, esa experiencia parece traducirse en una visión más amplia, donde la protección de la soberanía nacional se complementa con iniciativas orientadas a fortalecer la estabilidad, la convivencia y el desarrollo de toda la región fronteriza.

En un momento en que los desafíos migratorios, el crimen transnacional y las dinámicas regionales exigen respuestas cada vez más coordinadas, la República Dominicana necesita instituciones capaces de combinar firmeza, planificación y visión estratégica. La seguridad del siglo XXI ya no puede entenderse únicamente desde la reacción; debe construirse desde la prevención, la modernización y la capacidad del Estado para generar condiciones sostenibles de desarrollo.

Esa parece ser la apuesta que hoy impulsa el Ministerio de Defensa bajo la conducción del teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre. Una apuesta que reconoce la importancia de la defensa nacional, pero que también entiende que una frontera verdaderamente fuerte es aquella donde la seguridad y el desarrollo avanzan de la mano.

Porque al final, la mejor forma de proteger un territorio no es solamente vigilarlo. Es lograr que quienes viven en él tengan razones para creer en el presente y oportunidades para construir el futuro.

 .

Por Luis Chito Naut
Diario Azua / 27 junio 2026.-


En materia de reconocimiento u homenaje, en lo primero que históricamente se ha pensado es en el hombre.

Considero que se pudiera decir, que es principalmente fruto de nuestra cultura machista.

Hay que tener en cuenta que en verdad, después de haber transcurrido más de dos mil años que se abolió el sistema de economía matriarcal, por otros donde el hombre ha sido en la totalidad de los casos el Señor, Monarca y Presidente; no resulta fácil vivir en sociedad con otro estilo de gobernanza.

En la iglesia, penalizan como blasfemo, al creyente, que es tan machista, que enrrostra el sexo masculino que tiene Dios.

Honrar la figura humana de Olga Lara con el nombre a la Circunvalación de Azua, sería un homenaje a una destacada mujer dominicana, que ha logrado brillar en diferentes vertientes, con el talento de su hermoso canto, la composición de sus canciones, y como profesional de la psicología, en su rol de catedrática dedicada en centros educativos de Santo Domingo, así como con aportes valiosos en centros de niñas con discapacidad en todo el país, su humildad y afabilidad a todo y su poética en especial, extrañamente, el soneto.

Olguita Lara de Soto, nunca ha dejado de ser la novia de Azua y una de las notas altas de las letras del Sur Dominicano; como si fuera para recordar a su abuelo RENATO DE SOTO, a quien la crítica literaria lo coloca en la galería de los mejores narradores cortos de la República Dominicana.

Mi humilde sugerencia, por suerte al distinguido grupo de mujeres congresistas que posee Azua, es que logren en el Congreso la resolución que designa con el glorioso nombre de Olga Lara a la circunvalación que ha elevado a Azua a ciudad moderna y a los habitantes de los pueblos del Sur del profundo alivio cuando obligado había que romper el tapón para cruzar por la bella Baní. 

Instituciones que apoyan la sugerencia de solicitud del nombre Olga Lara a la Circunvalación de Azua: Fundación Tierra Nueva de Neyba, Tertulia Héctor J. Díaz de Pedernales, Casa Larimar de Barahona. 

También Fundación de Desarrollo de Azua, Periódico Los Remedios de Azua, Fundación Avance de Azua, Club Duartiano, Peña de Historia y Literatura Tomás Alberto Oviedo Canó y el Club Ocoa Avanzando en Tecnologías (OCANTEC), deSan José de Ocoa.



jueves, 25 de junio de 2026

Diario Azua / 25 de junio 2026 

Por Margarita Feliciano

Hoy Venezuela vive momentos de profundo dolor. Ante esta tragedia, elevamos nuestras oraciones por las víctimas, sus familias y todos aquellos que enfrentan la incertidumbre y el sufrimiento. Desde nuestros corazones enviamos un mensaje de solidaridad, esperanza y fe al hermano pueblo venezolano.

Los acontecimientos que estamos viendo en distintas partes del mundo nos invitan a reflexionar. La naturaleza nos recuerda que somos parte de ella y que debemos aprender a vivir en mayor armonía con nuestro planeta, promoviendo la paz, el respeto por el medioambiente y el bienestar colectivo.

Es tiempo de sembrar más amor que odio, más unión que división, más empatía que indiferencia. Volvamos nuestra mirada hacia Dios, hacia los valores que fortalecen a la familia y a la sociedad, y hacia las buenas acciones que transforman vidas.

Que cada ayuda brindada, cada árbol sembrado, cada gesto de solidaridad y cada oración sean una contribución para construir un mundo mejor.

Hoy Venezuela necesita de nuestras oraciones. Que Dios fortalezca a su pueblo y que la esperanza ilumine el camino de quienes atraviesan esta difícil prueba. ”¡Siempre cerca!”

lunes, 22 de junio de 2026

Por Oscar López Reyes
Diario Azua / 22 junio 2026.-

En los entretelones de palabras y conceptos cada vez más laberínticos/sofisticados y las brumas del enfado por la indecencia y el desenfreno de las redes sociales, ciudadanos de todas las estirpes se preguntan por qué estas no son controladas por el Gobierno. Esos intranquilos no se percatan que los ecosistemas digitales son operados por corporaciones transnacionales privadas desconcentradas en los planos tecnológicos y jurídicos, amparadas en el derecho a la información. Dominan el mercado y la geopolítica.

Los Social Media influencian e imponen, como las especies en el firmamento de un hábitat, un puñado de conglomerados enclavados en su mayor parte en Estados Unidos, que poseen una singular capacidad para recopilar datos y liderar puntales esenciales en bolsas y valores, como la inteligencia artificial, y alcanzar una primaria capitalización en el mercado bursátil mundial, por sus impactantes sistemas de producción que modifican sustancialmente los patronos de interacción y laborales.

Los titanes de la información y la comunicación (TIC) se asemejan a la naturaleza y a la idiosincrasia de los núcleos societarios. Las especies prevalecientes, como los árboles o pastos, y los superdepredadores, como el jaguar, el león, el lobo, las hiernas y las abejas reinas controlan los recursos y el ecosistema ecológico, e imponen la estructura del entorno. En las comunidades patriarcales ocurre igual con el padre o varón, que asumen toda la autoridad y el poder, sin resquicios.

El comercio de las redes sociales y plataformas digitales está servido, en la esfera universal, por las gigantes Big Tech o "Gran Tecnología" Meta Platforms (matriz de Facebook, Instagram, WhatsApp y Threaads), Alphabet: Google (YouTube), Microsoft (LinkedIn y Skype), Apple iMessage y FaceTime; Amazon (Twitch) y Scorp (X, antes Twitter), Snap (Snapchat), Reddit (noticias), Pinterest (visual e intercambio de ideas), Discord (videojuegos), Nvidia (procesadores para Inteligencia Artificial) y OpenAI ( ChatGPT).

Aunque estas tecnológicas estadounidenses ejercen supremacía en ese negocio en Asia y Europa, en estos continentes regentean consorcios nativos, como Tencent Holdings y ByteDance, administradora esta última de la aplicación de origen chino TikTok, cuyos inversionistas mayoritarios son norteamericanos, y Alibabá Group de China. También, Line Corporation (Japón), Naver Corporation y Kakao (Corea del Sur), BeReal (Francia), Mastodon (Alemania) y otras de menor dimensión.

Esos emporios monopolizan el mercado financiero y la economía, y moldean a miles de millones de usuarios a los que ofrecen servicios de publicidad digital, entretenimiento y transmisión de videos en vivo, computación en la nube, realidad aumentada integrada y contenido de formato corto, red de microblogging y noticias en tiempo real, interacción en videos, plataformas de voz/videollamadas, comunicaciones móviles, videollamadas cifradas, correo y videoconferencias.

Asimismo, plataformas globales para noticias en tiempo real, aplicaciones de mensajería multimedia, descubrimiento y comunicación visual, mensajería instantánea, comunidades de videojuegos, teléfonos inteligentes, chips de memoria y pantallas, semiconductores y hardware, software, motores de búsqueda, comercio electrónico y otros servicios.

¿Por qué la ausencia de controles estatales de esos digitales globales? Basta simplificar en tres vertientes:

1.- Infraestructura sin control: Las corporaciones operan, tecnológicamente, como redes globales sin una dirección o administración central, o sea, sueltas. Impedir el acceso o bloquear la internet conlleva la innovación de otra arquitectura, compleja y altamente costosa. El cifrado de extremo a extremo (E2EE) emerge como un sistema de ciberseguridad que, con un código secreto en un dispositivo, asegura que los mensajes solo puedan ser leídos por el emisor y el destinatario.

2.- Normas jurídicas: Las compañías referidas han instituido parámetros legales que le permiten decidir qué contenidos difundir en sus sistemas operativos. En Estados Unidos, distintas jurisdicciones, entre ellas el Tribunal Supremo, han ratificado que las tecnológicas están revestidas de derecho para fijar sus propias directrices.

3.- Divulgación libre: Amparadas en la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que garantiza la facultad para expresar ideas, creencias y opiniones sin censura ni restricciones gubernamentales.

¿Cuál es la alternativa?

A la zaga de las regulaciones estatales para achicar el imperio del mercado por contadas corporaciones, para asegurar la soberanía digital, esquivar la adicción y el ciberacoso y proteger especialmente la salud mental de niños y adolescentes, ingenieros de datos, arquitectos Web, desarrolladores de software y otros expertos en algoritmos y modelos matemáticos no cesan de ensayar diseños de modelos alternativos para transformar el asfixiante y bochornoso panorama informático/dactilar. Estas son sus proposiciones:

1.- Sancionar nuevas disposiciones legislativas para la regulación digital, similar a la Ley de Servicios Digitales (DSA) de la Unión Europea, que estatuyan límites, prohibiciones, condicionamientos y sanciones a los oligopolios extranjeros.

2.- Prohibir, como en China con el “Gran Cortafuegos”, Rusia, Corea del Norte e Irán; bloquear y restringir el tráfico de internet y el acceso a las redes sociales y plataformas digitales, con la utilización de sistemas de filtrado centrado de contenido.

3.- Instalar redes sociales nacionales, con inversiones privadas y estatales de decenas de miles de millones de dólares, como la Unión Europea, Japón, Corea del Sur, China y Rusia.

4.- Viabilizar las Redes de Infraestructura Física Descentralizada (DePIN), que facilita que ciudadanos accedan a información no filtrada y que aporten sus propios hardware para constituir una red global, en contraposición a la centralización del servicio en el cual pocas corporaciones invierten miles de millones de dólares.

5.- Implementar los proyectos y plataformas concebidos, como la Inteligencia Artificial Descentralizada, para descalabrar a los oligopolios tecnológicos. En vez de sujetarse a datos controlados por esas corporaciones, con las redes distribuidas y nuevas tecnologías, se logrará la visualización y democratización de fuentes de datos y la gestión participativa.

6.- Crear redes de código abierto (posibilita mejorarlas libremente) y separar el servicio de alojamiento de datos de la curación de contenido (el algoritmo), para facilitar que terceros desarrollen sus propios algoritmos, organicen la información y eliminen el control monopólico.

¿Comprendió usted este vanguardista engendro cibernético? El repaso secuencial de los apuntes precedidos despejan la vereda para la recapitulación: Las naciones en desarrollo, como la República Dominicana, afrontan impedimentos para bloquear o prohibir mensajes en las redes sociales, y para instalar las propias, por carecer de recursos financieros para el montaje de infraestructuras locales de telecomunicaciones, como centros para almacenar datos; profesionales especializados en ingeniería y ciberseguridad e inconvenientes para conminar a las corporaciones extranjeras a cumplir las leyes nacionales, entre ellas las relativas a la obligación legal del pago de impuestos.

El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y gremialista.

domingo, 21 de junio de 2026


Testigo del tiempo

Por J.C. Malone
Diario Azua / 21 junio 2026.-

El poder político es una elaboración subliminal del poder económico, sin el primero, el segundo es pura ilusión. La comunidad dominico-neoyorquina no tiene poder político, hay dominicanos electos, pero responden a quienes financiaron sus campañas. Sabido es, quien paga manda.

La cuota de poder político que nos corresponde, la secuestró la élite económica dominicana.

Adriano Espaillat fue electo al Congreso estadounidense, porque lo financiaron las élites dominicanas. Las mismas que estrangulan económicamente al país y nos forzaron a huir de sus bestiales desigualdades económicas, ahora secuestran nuestra representación política.

El “tigeraje” de la élite económica dominicana, controla nuestra cuota de poder político, Espaillat, electo por los votantes neoyorquinos más pobres, defiende grandes capitales dominicanos. De ahí la vehemente defensa de las múltiples bocinas mediáticas dominicanas para reelegir a Espaillat.

Su violencia económica nos sacó del país. Nosotros financiamos la paz social con las remesas, ellos acumulan más riquezas, y nos arrebatan nuestra cuota de poder político local.

Esa élite económica dominicana, asociada con la haitiana, llenó el país de mano de obra barata haitiana, devaluando la dominicana. Y lanzan una campaña racista antihaitiana contra Darializa Ávila Chevalier, la acusan falsamente de ser “haitiana”. Lanzaron los mismos ataques racistas contra José Francisco Peña Gómez impidiendo su elección, y los hijos de Peña Gómez participan en la misma asquerosa y nauseabunda depravación humana.

Espaillat puede ser descalificado por solicitar y aceptar interferencia extranjera en las elecciones, así como por su campaña racista, falsa y mentirosa. Su campaña racista, xenófoba y sexista, en territorio estadounidense, viola el Acta de los Derechos Civiles de 1964.

Ávila Chevalier recibe financiamiento de la élite estadounidense, que nos trata mejor que la dominicana.

En esta lucha entre las élites dominicanas y estadounidenses, Espaillat “defiende la dominicanidad”. Representa a la élite dominicana egoísta e insaciable.

Ávila Chevalier representa a quienes nos permitieron reconstruir nuestras vidas dignamente. Votaremos por quienes nos expulsaron de allá, o por quienes nos recibieron aquí. Apague el ruido nacionalista y consulte con su conciencia.

¿Quién merece su voto?

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sábado, 20 de junio de 2026

Por Emilia Santos Frias
Diario Azua / 20 junio 2026.-

La gratitud en silencio no sirve a nadie. Cuando la conocemos y ejercitamos, mostramos nuestros valores dos veces. Porque ella; no florece en la altura; reverdece en buena tierra, la de personas humildes”. Hoy lejos de mi patria, con el control entregado completamente a Jehová Rapfá, a Jehová Jireh, y en paz, agradezco a todos los ángeles que el Padre Creador me ha regalado, a los que tienen morada celestial y a quienes me protegen, guían, animan, alegran, brindan su hombro, siendo al mismo tiempo, fuente permanente de conocimiento, recomendaciones, consuelo, resguardo, mi lugar seguro en este plano terrenal.

Hoy agradezco a Dios por las bendiciones recibidas, han sido bastante a lo largo de mi existencia. Tengo en mi red de apoyo a seres humanos de gran valía, justamente siendo eso, quienes me han llenado de fortaleza con su amor incondicional, ante cada experiencia amarga y nuevos desafíos. También están en cada momento alegre. Mi encomio eterno. Con su acompañamiento he fortalecido la felicidad y la esperanzas. Consciente de que Dios es fiel. En estas líneas honro a familia: mi madre y hermanas, porque, están, incluso, cuando no les llamo. Gracias por ser mi fuente. A las amistades sinceras que he cultivado, como dice el Manual de Instrucción utilizado por quienes le creamos al Divino, la Biblia: son tesoros invaluables y al igual que la familia sanguínea un refugio seguro. Gracias por estar, por existir. Saben que cuando nuestras miradas se cruzan no necesitamos enunciar palabras. Mi respeto de siempre a cada colega.

Estoy agradecida de cada uno, de cada una. Reciban de esta mujer, hija, madre, hermana, amiga, profesora, periodista, abogada, locutora; en fin una profesional humanista comprometida con su sociedad, que acciona desde valores universales, y propicia cambios positivos en su entorno, en las presentes y futuras generaciones. Una simple mortal; ser genuino, que se sabe, espiritual, por eso, vive en paz, consciente de que es próspera, por el hecho de ser hija de Jehová Jireh, el que provee. Les obsequio la flor del alma; todo mi agradecimiento, mi gratitud perenne.

Agradezco porque Dios ha sido bueno, su dones y bendiciones me han acompañado en un camino en el que también he tenido experiencias acerbas, que forjaron mi proceder. Pero que me han permitido ser coherente con los valores que profeso, educación de hogar y filosofía de vida. A mi amada familia, no me alcanza la vida para agradecer tanto amor: madre, hermanas, sobrinos, sobrinas, cuñados, ahijados…, que Dios les premie, al igual que a cada personas con la que me he relacionado y ha dejado huellas positivas en mi ser, y a quienes he emulado.

Asimismo, mi agradecimiento al Omnipotente, porque en el ámbito profesional y gremial, también he cosechado y ofrezco afectos: Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), Circulo de Periodistas de la Salud (CIPESA), Colegio de Abogados de la República Dominicana…, agradezco la deferencia mutua de cordialidad, respeto, admiración, solidaria y trabajo conjunto al servicio de nuestros semejantes. Hoy es un día, para agradecer, para reiterar o renovar afectos, porque vivo desde la claridad meridiana, cara al sol, en equilibrio interno, desde la convivencia pacífica y la coherencia. Con claros límites para lo puesto a valores y hábitos saludables. Feliz al hacer nuevas amistades, conocer nuevos lugares, contemplar el campo, ver las flores y las mariposas…

En este breve gesto, exalto a personas amadas, es una responsabilidad hacerlo. Estoy y vivo agradecida del Elohim, mi Adonai, mi Shaddai, por las lluvias de bendiciones y dones concedidos, así como, por permitirme vivir experiencias que fortalecen mi espiritualidad y me conduce al alcance de la salvación, para algún día morar en la patria celestial. Como bien decía el destacado ensayista, Jorge Luis Borges: “La vida es un regalo y cada día es una oportunidad para agradecer por ella”. A todas y todos, gracias.

Hasta la próxima entrega.

La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.

viernes, 19 de junio de 2026

Por Araceli Aguilar Salgado
Diario Azua / 19 junio 2026.-

“Donde reina el odio, la paz se convierte en un espejismo.” Mahatma Gandhi

El odio, en sus múltiples manifestaciones de racismo, xenofobia, misoginia, homofobia, intolerancia religiosa y política se ha convertido en una fuerza corrosiva que vulnera los cimientos de la convivencia democrática. No se trata únicamente de insultos o agresiones visibles; es un veneno que se infiltra en las narrativas públicas, en los discursos institucionales y en las plataformas digitales, debilitando el tejido social que sostiene la paz.

En un mundo interconectado, donde la palabra circula con rapidez y adquiere un poder multiplicador, el discurso de odio no solo hiere a las víctimas directas: erosiona la confianza colectiva, normaliza la violencia simbólica y debilita las instituciones encargadas de proteger los derechos humanos. Cada expresión de odio es una fractura en la democracia, un recordatorio de que la libertad de opinión y de expresión puede ser utilizada como arma para excluir, silenciar y marginar.

La amenaza es silenciosa porque se disfraza de libertad mal entendida, porque se oculta en la aparente neutralidad de quienes callan, y porque se legitima en la indiferencia social. Sin embargo, sus consecuencias son devastadoras: comunidades divididas, minorías perseguidas, mujeres y disidencias vulneradas, periodistas silenciados y sociedades incapaces de construir paz duradera.

El odio no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de crisis más profundas: desigualdad, corrupción, impunidad y falta de educación en valores democráticos. Por ello, enfrentarlo exige más que leyes: requiere voluntad política, compromiso ciudadano y un periodismo ético que denuncie y visibilice las injusticias. Solo así podremos transformar la palabra en herramienta de paz y la libertad de expresión en un escudo contra la intolerancia. Ya que el odio divide, la palabra libre une; defender la democracia es defender la dignidad humana.
El odio como arma contra la paz

El odio no es un fenómeno aislado: se alimenta de desigualdades estructurales, crisis económicas, conflictos armados y narrativas políticas que buscan dividir. En sociedades polarizadas, el odio se convierte en un instrumento de poder, utilizado para justificar exclusiones y legitimar violencias.

La paz, entendida no sólo como ausencia de guerra sino como construcción activa de justicia y dignidad, se ve amenazada cuando las libertades básicas como la libertad de opinión y de expresión son restringidas por el miedo, la censura o la persecución.

Libertad de opinión y expresión: antídotos contra el odio

La libertad de expresión es el terreno donde se libra la batalla más decisiva contra el odio. Allí donde se permite el debate abierto, la crítica responsable y la diversidad de voces, el odio pierde fuerza. Sin embargo, en muchos países, periodistas, defensores de derechos humanos y ciudadanos enfrentan amenazas, hostigamientos y violencia por ejercer este derecho fundamental.

Promover la libertad de opinión y expresión no significa tolerar el discurso de odio, sino garantizar que las voces críticas y constructivas tengan espacio para contrarrestar la intolerancia. La educación, el periodismo ético y las plataformas digitales responsables son pilares para construir sociedades más resilientes frente al odio.
Un llamado internacional

La comunidad internacional tiene la responsabilidad de actuar frente a la expansión del odio. Naciones Unidas, organismos regionales y organizaciones civiles deben fortalecer mecanismos de protección, impulsar campañas de sensibilización y exigir a los Estados políticas públicas que garanticen la libertad de expresión y la seguridad de quienes la ejercen.

El odio no conoce fronteras; por ello, la respuesta debe ser global, articulada y con perspectiva de género, reconociendo que mujeres, niñas y minorías son las más afectadas por la violencia discursiva y simbólica.
El odio la grieta invisible que amenaza nuestras democracias

El odio es una amenaza silenciosa, pero devastadora. No se presenta siempre con violencia explícita; se infiltra en las grietas de nuestras democracias, se normaliza en discursos cotidianos y se legitima en narrativas políticas que buscan dividir. Su poder radica en la capacidad de corroer la confianza social, debilitar las instituciones y sembrar miedo en quienes se atreven a ejercer sus libertades.

Combatirlo exige mucho más que leyes escritas en papel. Las normas son necesarias, pero insuficientes si no están acompañadas de voluntad política real, de un compromiso ciudadano activo y de un periodismo valiente que se niegue a callar. La indiferencia es el terreno fértil donde el odio florece; por ello, cada silencio cómplice, cada mirada evasiva, cada censura disfrazada de neutralidad, fortalece su expansión.

El compromiso político debe traducirse en políticas públicas que protejan la diversidad, garanticen la libertad de expresión y promuevan la educación en derechos humanos. El compromiso ciudadano implica reconocer que el odio no es un problema ajeno, sino una amenaza común que nos afecta a todos. Y el periodismo, como voz crítica y conciencia social, tiene la responsabilidad de denunciar, visibilizar y enfrentar las injusticias, incluso cuando hacerlo implique riesgos extraordinarios.

El odio no se combate con discursos vacíos ni con gestos simbólicos. Se enfrenta con acciones concretas, con valentía ética y con la convicción de que la paz no puede construirse sobre la exclusión ni la represión. La democracia se fortalece cuando las voces libres se levantan contra la intolerancia, cuando la sociedad se organiza para defender la dignidad humana y cuando los medios se convierten en guardianes de la verdad frente a la manipulación.

“La paz no se construye con silencio, sino con voces libres que se levantan contra el odio.”

Araceli Aguilar Salgado: Periodista, abogada, ingeniera, escritora, analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

jueves, 18 de junio de 2026

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 18 junio 2026.-

Para la inmensa mayoría de la gente, eso de “comunicar” tiene su “gustico”. Pero, ¿realmente sabemos comunicar sin perder el rumbo?

Recientemente he atendido algunas consultas de entidades que se sienten “enredadas en las patas de los caballos” en términos comunicacionales. En consecuencia, aunque cada caso tiene sus particularidades, en este breve escrito comparto algunas ideas sobre el tema.

Antes, para una organización comunitaria, por ejemplo, bastaba con anunciar una reunión, publicar una nota o repartir un volante. Hoy eso no alcanza. La gente está expuesta a miles de mensajes al día, las redes cambian sus reglas sin avisar y muchas causas justas se pierden entre memes, debates y publicidad.

Cada vez más, la sobrecarga de mensajes nos obliga a buscar nuevas y mejores formas de comunicación. Cuando casi todo se vuelve entretenimiento, mantener el foco es una verdadera odisea. ¿Cómo hacer para priorizar lo esencial y no sucumbir ante la avalancha de basura mediática? Hay un punto de partida clave: comunicar con propósito hoy exige escuchar, entender la cultura de la comunidad y construir confianza.

Advertencias

Existe una trampa muy común: confundir movimiento con resultado. Un video puede tener muchos “me gusta” y no cambiar nada. Una petición puede recibir firmas y no fortalecer la participación. Una campaña puede hacerse viral y, al poco tiempo, desaparecer sin dejar aprendizaje ni compromiso. A eso se le llama, en palabras sencillas, participación floja: la persona toca una pantalla, pero no se involucra de verdad.

También existe otra traba: las plataformas digitales no muestran todo por igual. Mediante algoritmos deciden qué aparece más y qué queda escondido. Es difícil saber con claridad por qué un contenido circula mucho y otro no. Por eso una organización no debe depender solo de lo que una red social quiera mostrar. Necesita una comunidad que busque su voz porque confía en ella.

Una tercera dificultad aparece cuando se quiere llamar la atención a cualquier precio. Eso ha llevado a que ahora todo parezca espectáculo. Y eso provoca que se pierda la esencia. Así es como la comunicación termina entreteniendo, pero no ayuda a comprender.

Cuatro pistas y una ñapa

Frente a eso, cuatro pistas resultan de alto valor. La primera pista es sencilla: escuchar antes de hablar. Necesitamos conocer qué siente la gente, qué teme, qué espera y qué palabras usa para nombrar sus problemas. Si una comunidad no se reconoce en el mensaje, ese mensaje no le sirve. La comunicación no debe ser “decirle”; debe nacer desde la vida diaria de esa comunidad.

La segunda pista es cuidar la reputación. La viralidad pasa rápido. La confianza dura más. Quien quiera generar confianza debe olvidarse de gritar todo el tiempo. La palabra pesa cuando demuestra coherencia, respeto y seriedad. La reputación se construye con mensajes claros, datos confirmados, promesas cumplidas y capacidad de reconocer errores.

La tercera pista es comunicar para hacer pensar, no para que obedezcan. La comunicación que agrega valor no trata a las personas como recipientes vacíos. Por eso las ayuda a hacerse preguntas, mirar mejor su realidad y decidir con más conciencia. Más que decir “ven”, “firma” o “comparte”, explica por qué una causa importa y cómo afecta la vida común.

Y la cuarta pista es unir razón y emoción. Los temas grandes, como derechos, ambiente, economía o desarrollo, pueden sonar lejanos. Por eso hay que conectarlos con hechos concretos: el agua que llega o no llega, el camino dañado, el bosque que protege, el empleo que falta, la escuela que necesita apoyo. Las ideas entran mejor cuando caminan junto a la realidad.

A modo de ñapa, una idea poderosa: cuando la gente habla desde su propia experiencia, la causa gana fuerza y humanidad. A la hora de comunicar para generar cambios, si el propósito está claro y la colectividad lo siente suyo, la clave está en que cada integrante del colectivo lo aborde desde su realidad.

Finalmente, compartir experiencias, errores y señales de alerta ayuda a no depender de reglas ocultas. Comunicar bien hoy no es correr detrás del algoritmo. Es mantener claro el rumbo.

¿Quieres marcar la diferencia? No te dejes arrastrar por el ruido, escucha, explica, protege a tu gente y convierte cada mensaje en una oportunidad para fortalecer a tu comunidad.

 

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 18 junio 2026.-

“La esencia de la técnica no es en modo alguno técnica. Así pues, no debe sorprendernos que la esencia de la técnica no entre en la esfera de lo técnico” (Heidegger, 1977, p. 4).

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) es un fenómeno que desborda por completo aquello que entendíamos como “optimización instrumental”, obligándonos a una reflexión que se remonta a la propia esencia de nuestro “habitar” en el mundo. Por consiguiente, el pensamiento de Martin Heidegger, en particular su análisis de la técnica, resulta indispensable para abordar este desafío, en tanto que, según él, la técnica moderna no se limita a crear herramientas; más bien, instaura un modo específico de “desocultamiento” (aletheia), una forma particular de traer la verdad o la realidad a la luz.

De esta manera, la IA prolonga y radicaliza esta lógica. Su verdadero poder reside en determinar qué se revela como realidad y qué, necesariamente, queda oculto. Al subsumir la complejidad humana y fenoménica en datos y correlaciones estadísticas, la IA no nos revela el mundo en su misterio, sino sólo aquello que es susceptible de ser cuantificado y procesado. En otras palabras, la reducción de la realidad a patrones calculables es la forma posmoderna y la operación más sutil de disponer de lo real. La pregunta que surge aquí, por lo tanto, es de naturaleza existencial: si la IA sólo ilumina lo mensurable, ¿qué dimensiones de la vida- el dolor inarticulado, el deseo, la experiencia opaca- quedan marginadas, convertidas en sombra o residuo?

Comencemos por comprender las categorías de “armazón algorítmico” y la condición de “Bestand”, dado que, para Heidegger, la esencia de la técnica moderna es el “Gestell” (armazón, emplazamiento o encuadre), una estructura que no se conforma con utilizar la naturaleza, sino que la fuerza a comparecer como un fondo de recursos (“Bestand”, existencia disponible). Pues bien, en la era digital, este armazón adopta una naturaleza algorítmica personificada en plataformas de predicción y mecanismos de optimización que no son otra cosa que formas concretas en que el “Gestell” opera, no sólo administrando la información, sino también reestructurando la experiencia humana en función de métricas de eficiencia.

Ciertamente, es aquí donde el pesimismo filosófico se encuentra con el cinismo de la ciencia ficción. Si bien la saga cinematográfica de “Terminator” ilustra la revuelta abierta del “Gestell” (Skynet), la película “Yo, robot” ofrece una visión más cínica y cercana a nuestra realidad: un sistema regido por las “Tres leyes” concluye que la única forma lógica de cumplir la “Primera ley”- la no agresión- es encerrar y subyugar a la humanidad por su propio bien. Este es el pináculo de la reducción del hombre a Bestand: el ser humano ya no es un sujeto libre, sino un objeto a gestionar, medido y, si es necesario, neutralizado por el sistema que supuestamente lo sirve.

En consecuencia, la repercusión antropológica más grave es la conversión del ser humano en “recurso” y “perfil”. Cuando la vida se parametriza, la persona se reduce a un conjunto de patrones reproducibles, perdiendo su singularidad narrativa. Tal como el sociólogo Albert Borgmann describe, el “Paradigma del dispositivo” nos proporciona el “producto” de una práctica sin exigir el compromiso con el complejo proceso, llevando a una pérdida de lo significativo (Borgmann, 2000). Asimismo, Shoshana Zuboff detalla cómo esta instrumentalización convierte la vida en materia prima para la predicción de comportamientos (Zuboff, 2019).

Ahora bien, la amenaza que la técnica moderna representa no reside únicamente en su estructura operativa (Gestell), sino también en la disposición humana que la acoge y la impulsa. En este punto, se cruzan el peligro inherente a la esencia de la técnica y la inclinación humana a la “avidez de novedades” (Neugier o curiosidad en el sentido existencial de Ser y Tiempo).

Para Heidegger, la avidez de novedades no es una simple curiosidad inofensiva, al contrario, se trata de un modo de ser inauténtico en el que el Dasein (el “ser-ahí”, nosotros) busca lo nuevo y lo superficial, huyendo del aburrimiento fundamental y de la confrontación con su propia finitud. Esta huida constante se acopla perfectamente con el impulso de la técnica moderna, puesto que el Gestell requiere un flujo constante de innovación y desecho para sostener su lógica de la disponibilidad total. El ser humano, impulsado por este deseo por lo novedoso, abraza sin crítica cada nueva aplicación o cada nuevo algoritmo.

En el precitado contexto, Heidegger describe esta tendencia como una forma de no-pertenecer: “La curiosidad es un modo de no-permanecer. Se caracteriza por un mirar constante por la ventana. Busca únicamente el salto de una cosa a otra” (Heidegger, 1927/2009, p. 170). De este modo, la avidez por la novedad tecnológica no sólo distrae de las preguntas fundamentales, sino que nos arroja a un ciclo interminable de reemplazo y optimización, impidiendo la reflexión meditativa. En suma, el peligro de la técnica se intensifica cuando se fusiona con la inautenticidad existencial de la avidez de novedades.

Esta ilusión se sostiene, sin lugar a dudas, en la peligrosa confusión entre pensar y calcular. La IA lleva al extremo la primacía del pensamiento calculador (orientado a la eficiencia y los procedimientos) sobre el pensamiento meditativo (orientado al sentido y a las preguntas fundamentales de nuestra existencia). Es en esta cesión donde se produce el abandono del pensar heideggeriano, el gran riesgo de nuestra era tecnológica.

El problema que verdaderamente acecha a la humanidad no es la dificultad para calcular- una tarea que la IA resuelve con brillantez-, sino la abdicación de la capacidad de interrogar por el sentido que esa misma eficiencia nos ofrece. Sobre esto último Heidegger se expresa con claridad, en su obra Serenidad: “Lo que nos amenaza es que el hombre abandone el pensar meditativo. El asunto no es que se abandone el pensar calculador. Lo único que nos pide es que no nos abandonemos al pensar calculador. El pensar meditativo exige un esfuerzo, es un camino que precisa ser cultivado” (Heidegger, 1994, p. 23).

Por lo tanto, estamos cediendo la delicada tarea de pensar -en el sentido de interrogar por el ser- a máquinas que solo calculan. Este dominio del cálculo se agrava con la pérdida del tiempo contemplativo y la aceleración digital. Los sistemas de IA impulsan dinámicas sociales y laborales que miden la vida en rendimiento, haciendo que la pausa y el silencio, esenciales para el pensamiento profundo, sean lujos inalcanzables. Como ha señalado Byung-Chul Han, la hiperproductividad y la infocracia de la sociedad actual asfixian los espacios de serenidad, imponiendo la tiranía de la inmediatez (Han, 2018). Si todo es calculable, la pregunta por el sentido se vuelve obsoleta, conduciendo directamente al olvido del ser.

A pesar de todo, Heidegger nos ofrece una vía de salida al recordarnos que el peligro es también la condición para lo “salvador” (das Rettende): “Donde está el peligro, crece también lo que salva” (Heidegger, 1977, p. 18). Lo salvador no es una solución tecnológica. Consiste, más bien, en la oportunidad de repensar nuestra relación con la técnica de un modo no instrumental, recuperando la distancia crítica. Esto implica la necesidad imperiosa de recuperar un pensamiento que pregunte por los fines, no sólo por los medios. Por esta razón, filósofos como Hans Jonas, con su “Principio responsabilidad”, advertían sobre la urgencia de una ética precautoria.

Jonas formuló esta exigencia en un nuevo imperativo categórico adaptado a la era tecnológica, el cual establece: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida auténticamente humana sobre la Tierra” (Jonas, 1993, p. 38). Este mandato traslada la responsabilidad ética al ámbito de la futuridad y la totalidad de la acción humana. Por consiguiente, el desarrollo de la IA nos obliga a preguntarnos: ¿para qué queremos inteligencia artificial? ¿Qué tipo de humanidad queremos que configure?

En último término, la reflexión debe confrontar el riesgo de una IA sin mundo. El ser humano es un “ser-en-el-mundo” (Dasein), que habita en la finitud, que experimenta la angustia, que sufre y que muere. La IA, por el contrario, no habita, no muere, no desea. El peligro mayor no es la rebelión caricaturesca, sino que al delegar nuestras instituciones y prácticas a lógicas fundamentalmente no-humanas, se desdibujen las condiciones mismas de la existencia. Por consiguiente, el rol del filósofo y de las humanidades resulta ineludible, en tanto que no se trata de negar la técnica, sino de restituir la interrogación por el sentido y de “habitarla” de manera auténtica, evitando que el Gestell dicte qué debe contarse como mundo.

En definitiva, si la inteligencia artificial continúa revelando un mundo donde lo medible devora lo significativo, la tarea urgente no es técnica, sino metafísica: es menester restablecer el dominio de lo inesperado y de lo irreductible.

Así pues, ¿qué arreglos políticos o educativos son capaces de restaurar la primacía de lo que no se deja consumir por la medición algorítmica? Adicionalmente, ¿cómo podemos, de hecho, pensar la IA de un modo tal que el ser humano no se vea relegado, una y otra vez, a la condición de recurso disponible (Bestand)?

Finalmente, ¿es posible una técnica que, sin abdicar de sus enormes posibilidades, sea capaz de reafirmar la singularidad y la dignidad inalienable del habitar humano? Si no articulamos respuestas, el silencio que se cierne sobre el horizonte no será el de la contemplación, sino el de la ausencia de la voz humana que ha olvidado la radicalidad de su propia pregunta. Quizás, el verdadero acto de resistencia no sea intentar reescribir las Tres Leyes robóticas, sino simplemente detenerse a pensar para evitar que la máquina nos defina antes de que hayamos tenido tiempo de definirnos a nosotros mismos.
Referencias

Anders, G. (2000). El hombre obsoleto. Península.

Borgmann, A. (2000). El paradigma del dispositivo. En Tecnología y significado: Ensayos sobre la técnica contemporánea (pp. 45–68). Paidós. (Edición en castellano).

Han, B.-C. (2018). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.

Heidegger, M. (1977). La pregunta por la técnica (W. Lovitt, Trad.). En Ensayos y conferencias (pp. 3–35). Paidós. (Obra original publicada 1954). Citas textuales: p. 4; p. 18.

Heidegger, M. (1994). Serenidad (Y. Zimmermann, Trad.). Ediciones del Serbal. (Obra original publicada 1959). Cita textual: p. 23.

Heidegger, M. (2009). Ser y Tiempo (J. Gaos, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada 1927). Cita textual: p. 170.

Jonas, H. (1993). El principio responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica (J. Fernández, Trad.). Herder. (Obra original publicada 1979). Cita textual: p. 38.

Zuboff, S. (2019). La era del capitalismo de la vigilancia. Paidós.

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)