Por José D. Espinosa
Diario Azua / 02 abril 2026.-
Entre colisiones, rebases imprudentes, visibilidad limitada y una concepción de dos carriles, la vía plantea interrogantes sobre planificación, seguridad vial y visión de desarrollo en una región clave del país.
En principio, cuando pensábamos viajar al sur, había tres puntos que ralentizaban el trayecto: San Cristóbal, Baní y Azua. Tres vías largamente anheladas por todos los sureños.
La primera en construirse fue la autopista 6 de noviembre, con una longitud de 19.6 km, que sacó el tránsito del municipio de San Cristóbal, inaugurada a mediados de los años 90. Esta obra tuvo un costo aproximado de RD$1,000,000,000.00 (mil millones de pesos).
Luego, en 2010, se inauguró la carretera San Cristóbal–Baní, de unos 28 km, por un monto de RD$6 mil millones de pesos.
Estas dos vías se enmarcaron en una visión futurista hacia una región en desarrollo turístico; además, la implantación de un trazado técnicamente viable.
Después de largas esperas, se construyeron las otras dos vías, ambas de dos carriles: la circunvalación de Azua (en 2023), de 13.5 km, a un costo de unos RD$6,638.47 millones de pesos —según informaciones aparecidas en los periódicos nacionales—; y la circunvalación de Baní (en 2025), con una longitud de 19.8 km. Según los datos disponibles, su construcción costó unos RD$7,700 millones de pesos, convirtiéndose en una de las carreteras más costosas de la República Dominicana.
En términos relativos, la circunvalación de Azua ocupa el primer lugar en costo por kilómetro, con alrededor de RD$500 millones, superando incluso a circunvalaciones de cuatro carriles como las de Santo Domingo, San Pedro de Macorís, La Romana y Santiago.
Impacto y realidad
Tanto en la circunvalación de Baní como en la de Azua —dos obras necesarias—, si bien el impacto en ahorro de tiempo no es exactamente el proyectado por las autoridades, sí eliminan inconvenientes al evitar el paso por los centros urbanos.
Además, aportan cierta agilidad al trayecto y, por ende, menos estrés y una ligera economía de combustible. Ambas tienen peaje de RD$100.00 en cada dirección.
Sin embargo, en el caso de la circunvalación de Baní, esa aparente ventaja se ve opacada por los constantes accidentes que se han registrado en esta importante vía.
En un artículo anterior, cuando aún estaba en construcción, expresé varias inquietudes, entre ellas, la altura del perfil de la vía, muchas veces condicionada por la elevación de los puentes. Las barandas —presentes en casi todo el trayecto— ayudan a disminuir la sensación de vacío, aunque no resuelven completamente el problema.
Preocupaciones
Un domingo reciente, viajaba hacia Barahona con parte de mi familia y dudé varias veces entre cruzar la ciudad de Baní o tomar la circunvalación. La duda tenía un origen claro: los constantes accidentes en esta vía.
Finalmente, opté por la circunvalación, tomando todas las precauciones posibles. En el trayecto de regreso hice lo mismo, y conté 19 colisiones contra las barandas de protección, en una vía con apenas siete meses de inaugurada.
Mis observaciones, realizadas desde la conducción prudente, indican que el trazado horizontal no presenta mayores inconvenientes: las curvas al parecer están bien diseñadas. Sin embargo, en las curvas verticales se pierde visibilidad en algunos puntos, especialmente en los puentes, donde identifiqué al menos un par de zonas críticas.
Este tramo, comparado con el resto de la carretera hacia Azua, resulta el más estresante. Probablemente influye el hecho de transitar sobre largos terraplenes que, en ciertos puntos, superan los seis metros de altura, flanqueados por defensas de seguridad en ambos lados.
Observaciones necesarias
Dos de los principales problemas de esta circunvalación son la velocidad y la dificultad para realizar rebases seguros debido al tráfico. Pero el mayor error está en su concepción: haber sido diseñada con solo dos carriles, en lugar de cuatro, como la autopista San Cristóbal–Baní.
Es inexplicable que una zona en desarrollo turístico como la región suroeste sea proyectada con una infraestructura de tan limitada capacidad, lo que evidencia no solo una falta de visión, sino también debilidades en el criterio técnico.
Esta vía puede servir de desahogo al mismo municipio de Baní, porque varias calles tienen acceso a la circunvalación.
Como aspecto positivo, pude observar que los puentes han sido preparados para una futura ampliación, lo cual resulta necesario y, ojalá, no muy lejano.
Un llamado urgente a las autoridades
Los accidentes acontecidos en esta vía son un llamado de alerta a las autoridades para que realicen un estudio ponderado de la circunvalación y conocer las reales razones de estos lamentables eventos. Ya van varios muertos, en una obra concebida para mejorar la movilidad; por tanto, es lamentable que se convierta en un punto de riesgo permanente. Si no se toman las medidas pertinentes, cualquier usuario podría ser la próxima víctima.
Está en las manos de las autoridades evitar más accidentes en la circunvalación de Baní, más que nos abocamos a celebrar la Semana Santa, donde miles de familias se desplazan al sur fecundo, una región rica en biodiversidad y con un enorme potencial de desarrollo del llamado Cuarto Polo Turístico.
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