Titulares
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de mayo de 2026

 

Por Emilia Santos Frias
Diario Azua / 11 mayo 2026.-

La generosidad es por definición, desinteresada. Aristóteles, recordado e influyente filósofo y polímata de la antigua Grecia, la catalogó como la virtud más estimada. Ella ha sido la plataforma utilizada por distinguidos profesionales integrantes del Círculo de Periodistas de la Salud (CIPESA) de la República Dominicana, que durante un poco más de tres décadas, desde su ejercicio amparado en valores y de servicio, promocionan la cultura de estilos de vidas saludables en la población.

Sean nuestras felicitaciones al CIPESA en el 30 aniversario de su fundación, tiempo en que ha desarrollado una labor informativa tesonera e ininterrumpida, con la que ha ejecutado acciones de éxitos, que incluyen reducción de problemáticas sociales en el ámbito de la seguridad y la defensa nacional. Propiciando la garantía de derechos fundamentales y humanos de la población.

Parabienes al CIPESA por su labor encomiable en la sociedad dominicana, a pesar de no poseer apoyo económico estatal, vía el presupuesto nacional. En ese sentido, desde su génesis, ha tenido que asumir su compromiso social, con énfasis en la resolución de necesidades de los grupos vulnerables, con recursos financieros propios y la solidaridad de manos amigas.

30 años integrado por una membresía especializada académicamente, con formación universitaria en Comunicación Social, Mención: Periodismo; Relaciones Públicas…, así como, en otras áreas, generalmente, Derecho, Educación; Relaciones Internacionales, Derechos Humanos e Internacional Humanitario; Bioética, Comunicación y Salud; Medicina, Gerencia en Salud, entre otras.

Que abrazan la misión de aportar al bienestar de la población dominicana, desde su rol. Compromiso que honran al educarse de forma sistemática y en valores, para seguir sirviendo información con calidad; oportuna; preventiva; capaz de reducir enfermedades. Su compromiso es honrado por nuestra sociedad, mediante respeto y credibilidad.

Es que, CIPESA se mantiene develando problemas que afectan a la generalidad, al tiempo que visibiliza derechos desde una visión de justicia social. Gracias al enfoque compartido con su membresía; diseminada en 29 provincias, y la diáspora, específicamente, Nueva York, Miami, España.

Por eso, estas líneas solo pueden esbozar exiguas actividades de la gran cantidad de logros alcanzados por un equipo de periodistas que actúa desde el decoroso. Estos, incluyen acuerdo de colaboración interinstitucional con asociaciones sin fines de lucro o ASFL, agencias internacionales, universidades, ministerios, y otras instituciones de la administración pública; empresas, sociedades médicas; academias; clubes, centros de salud como la Clínica Cruz Jiminián, sociedades médicas, gremios, personal técnico y de salud, sector seguridad social…

El propósito de las alianzas es desarrollar capacitaciones oportunas, dirigidas a periodistas de la salud y fortalecerse entre sí. Estos, de la misma manera, han reconocido su labor altruista. Igualmente, realiza actividades de sensibilización con decisores de opinión pública y testigos claves.

Del mismo modo, colaboración con organizaciones homólogas a nivel nacional e internacional, intercambio de experiencias con periodistas de Francia y Haití. Esa formación continua se realiza a nivel nacional e internacional. CIPESA ha sido presidido por los periodistas Luis Moreno Cárdenas, cuidador del gremio y guía de las futuras directivas. Cándida Figuereo, Doris Pantaleón, Rafael Amor, Berkys Féliz, Mayra Pichardo, Altagracia Moreta, Dashira Martínez, Franklin Castillo, por quien suscribe, Emilia Santos Frias, Yris Neida Cuevas Amador, Descorides de la Rosa Tejeda, Victoriano Núñez Germán y Carol G. Martínez Medina. Cada uno, una con una gestión de notables grandes aportes.

Posee un Consejo de Asesores y Asesoras, compuesto por pasados presidentes y pasadas presidentas. Hace abogacía mediante encuentros con otros representantes de la sociedad civil, para que se garantice la justicia, el cumplimiento de las leyes y el orden social. La participación en charlas, talleres, jornadas de vacunación y campañas de prevención, es permanente.

Entre ellas, el dengue, gripe AH1N1 o influenza; Covid-19, violencia contra la mujer o de género, y violencia Intrafamiliar, cáncer de mama, Listón Blanco, Tuberculosis, Chikungunya, Zika, VIH como problema de salud pública al 2030, disponibilidad de Insumos y anticonceptivos para la salud sexual y reproductiva…, actividades que involucra a periodistas y a sus familias.

En ese sentido, CIPESA gestionó la instalación, abastecimiento y funcionamiento de seis Farmacias del Pueblo o boticas populares, en diferentes locales del Colegio Dominicano de Periodistas a nivel nacional, para beneficiarlos con medicamentos de calidad a bajo costo.

Colaboró en la jornada de alfabetización que desarrolló el Ministerio de Educación, y cada dos años presenta informe de los aportes que ofrece a la sociedad. Entre otras acciones de éxitos está el Premio Nacional de Periodismo en Salud, Raphy Durán, que ha abordado temas como la humanización y calidad de los servicios de salud. Violencia intrafamiliar, salud en la niñez y la responsabilidad social de las y los periodistas. Además, el primer foro para la entrada de la Atención Primaria en RD.

Asimismo, las jornadas de salud educativa y preventiva, denominadas: un día con la comunidad, donde se reúnen con un barrio, llevando charlas, medicamentos, materiales educativos…, el trabajo filantrópico, voluntario, ha sido largo, permanente, en ocasiones a manos peladas, otras con apoyo de alianzas nacionales e internacionales, casi siempre de ASFL y gremios amigos, pero la satisfacción del deber cumplido nos ha llenado el alma.

Se recuerda que el CIPESA fue creado en agosto del 1995, siendo sus primeros coordinadores fueron: Luis Moreno Cárdenas, Doris Pantaleón, Mery Rijo, Fausto Rosario, Pedro Castro, Rafael Menoscal Reynoso, Teófilo Abreu (EPD), Ramón Reyes…, asesorados por el representante a la sazón de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el país, para ese entonces, el doctor Merlín Fernández. Para el año 1996, se creó el Primer Comité Ejecutivo. Tiene como rector al Colegio Dominicano de Periodistas.

Mediante el Decreto 331 del 27 de julio de 1997, le adquirió personería jurídica, para sustentar y fortalece su objetivo general, como ASFL, que es: promover la profesionalización de sus integrantes y apoyarles en la búsqueda de un buen tratamiento de las informaciones de salud, con apego a la ética profesional. Es decir, su propósito es garantizar la formación de las y los periodistas que cubren la fuente de salud.

Por añadidura como se ha expresado con anterioridad, CIPESA agrupa a profesionales de la comunicación social, que cubren la fuente salud, medioambiente…, en los medios de comunicación, y que laboran en instituciones y empresas del área de la salud. Honrar honra. Congratulaciones CIPESA, te abrazo y deseo muchas, pero muchas décadas más de ejercicio de periodismo responsable que favorece contenido de alto valor.

Hasta pronto.

La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.

 

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 11 mayo 2026.-

«Lo que cura y lo que mata, aquello que salva a la comunidad y a la vez es sacrificado por ella, no son opuestos sino la misma cosa tomada desde dos caras de la misma operación» (Derrida, 1995, p. 82).

La historia del pensamiento occidental puede leerse como un intento persistente de trazar fronteras nítidas donde la realidad sólo ofrece matices. En el centro de esta pugna, se halla la figura del “phármakon”, un término que en la Grecia clásica designaba un objeto que porta en su raíz la incertidumbre: es el remedio que restaura la salud y, simultáneamente, el veneno, la droga o el hechizo que la socava. Esta polisemia no es un error semántico, sino la condición de posibilidad de un sentido trágico que encarna una ambivalencia constitutiva. Algo similar ocurre con el rito del “azazel” o “chivo expiatorio”, donde se desplaza sobre un animal la totalidad de las culpas colectivas para expulsarlas y así gestionar la crisis comunitaria por medio de la transferencia. Ambas figuras comparten una funcionalidad estructural, puesto que curar y envenenar son operaciones que se articulan mutuamente en la vida simbólica de las sociedades.

En el “Fedro”, Platón presenta el mito de la invención de la escritura como un phármakon que se ofrece como remedio para la memoria, pero que actúa como causa de su debilitamiento al volverla dependiente de una exterioridad que disuelve la dinámica del logos vivo. Como señala Platón en la precitada obra, “es un olvido lo que producirán en las almas de quienes aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose a lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, mediante caracteres ajenos” (Platón, 1999, p. 402). En este sentido, la escritura funciona también como un chivo expiatorio: es señalada como la responsable del deterioro intelectual y moral del saber auténtico. Esta tensión sitúa a Platón en diálogo con las críticas contemporáneas a la técnica y a la automatización de la experiencia- desde Heidegger hasta Bernard Stiegler- donde se reconoce que toda mediación técnica introduce una reconfiguración de la experiencia y de las relaciones de responsabilidad.

Para Bernard Stiegler, la técnica es intrínsecamente farmacológica. Al delegar nuestras capacidades en dispositivos, sufrimos una “proletarización” del espíritu donde el remedio que expande nuestro alcance envenena nuestra autonomía. Él mismo advierte en su obra que “si todo objeto técnico es un phármakon, el diseño y la puesta en marcha de una nueva organización social deben ser pensados como una práctica farmacológica, es decir, como una terapéutica” (Stiegler, 2015, p. 82). Pues bien, el capitalismo de la atención, en la actualidad, explota esta naturaleza, utilizando plataformas que prometen conectar pero que, simultáneamente, fragmentan los lazos públicos y destruyen la consistencia del deseo. La técnica posmoderna, desde los psicofármacos hasta las inteligencias artificiales, opera hoy como un phármakon cultural que, al intentar resolver carencias, introduce nuevas dependencias y modos de alienación.

Esta lógica farmacológica tiene implicaciones profundas en la salud mental contemporánea. El remedio psicofarmacológico puede restituir funcionalidad, pero simultáneamente domestica la pluralidad emocional. Al medicar la angustia sin interrogar sus causas sociales, se utiliza el fármaco como un chivo expiatorio que suprime el síntoma para restaurar la productividad, silenciando la pregunta por el sentido de una cultura que enferma a sus miembros. La medicalización funciona como una estrategia de control que desplaza el conflicto al terreno de la patología privada, reduciendo al sujeto a una “nuda vida” bajo estados de excepción, tal como describe Giorgio Agamben.

Para comprender lo precedentemente señalado, es necesario desentrañar cómo la psiquiatrización de la existencia no es sólo un acto clínico, sino un dispositivo biopolítico que despoja al individuo de su dimensión ciudadana. En la arquitectura del pensamiento de Agamben, la “nuda vida” representa aquella vida biológica elemental que ha sido separada de su forma política y jurídica, quedando expuesta a una violencia soberana sin mediaciones. Como él mismo explica, “el protagonista de este libro es la nuda vida, es decir, la vida matable e insacrificable del ‘homo sacer’, cuya función esencial en la política moderna hemos intentado reivindicar”.

Bajo esta luz, la precitada medicalización posmoderna opera al transformar el malestar- a menudo derivado de fracturas sociales o existenciales- en un mero desajuste neuroquímico individual. Al etiquetar la ansiedad como una patología privada, el sistema declara un “estado de excepción” sobre el cuerpo del sujeto: se suspende su capacidad de acción y se lo reduce a una existencia puramente biológica que debe ser administrada. El resultado de esto es la producción de una subjetividad dócil, donde la salud se define por la funcionalidad orgánica y no por la libertad, confirmando la tesis de Agamben de que “la producción de un cuerpo biopolítico es la aportación original del poder soberano”. De este modo, el fármaco actúa como el instrumento que garantiza la reclusión del conflicto en el silencio del organismo

El resultado es la producción de una subjetividad dócil, donde la salud se define por la funcionalidad orgánica y no por la libertad, confirmando la tesis de Agamben de que «la producción de un cuerpo biopolítico es la aportación original del poder soberano». De este modo, el fármaco actúa como el instrumento que garantiza la reclusión del conflicto en el silencio del organismo, impidiendo que el síntoma se convierta en una pregunta política abierta. Complementariamente, no debemos olvidar el señalamiento de Freud cuando describía el malestar de la cultura al expresar que “la sustitución del poder del individuo por el de la comunidad es el paso decisivo de la cultura” (Freud, 1930/1992, p. 94), es decir, una transición que impone límites y represiones cuyas tensiones demandan permanentemente una salida sacrificial.

Por su parte, Jacques Derrida sostenía que el “phármakon” constituye una unidad de sentido que se sitúa antes de la oposición entre el bien y el mal, la salud y la enfermedad. Al calificarlo como “indecidible”, el autor se refiere a aquellos términos o procesos que, aunque habitan el sistema de oposiciones (como remedio/veneno), no pueden ser comprendidos bajo ninguno de sus polos. En su obra fundamental sobre este tema, Derrida afirma que “el phármakon es el movimiento, el lugar y la reserva de la diferencia. Es la diferencia la que, antes de ser la distinción entre el bien y el mal, la libertad y el imperativo, la presencia y la ausencia, permite que se articulen entre sí” (Derrida, 1995, p. 82).

Bajo el precitado marco, “habitar la ambivalencia” significa renunciar a la pulsión racionalista de decidir si algo es ‘exclusivamente’ curativo o ‘exclusivamente’ dañino. Resolver esta tensión mediante la ‘violencia simbólica’ implicaría forzar una definición unívoca, lo cual suele derivar en la lógica del chivo expiatorio: expulsar una parte del concepto (el “veneno”) para purificar la otra (el “remedio”). Pues bien, Derrida agudiza la reflexión al demostrar que el phármakon es precisamente aquello que “no se deja dominar por ninguna de las oposiciones de la metafísica, pues las comprende a todas, las desborda y las trabaja desde dentro” (Derrida, 1995, p. 91). Por tanto, la ética de lo indecidible nos obliga a sostener la mirada en la contradicción, reconociendo que la suplementariedad- el hecho de que todo remedio añade algo que altera lo original- es una condición ineludible de la cultura y la técnica.

Complementariamente, René Girard aporta la trama antropológica a este fenómeno: la violencia mimética genera crisis que precipitan la selección de una víctima para cristalizar las tensiones y restaurar el orden mediante su eliminación ritual. La eficacia del sacrificio reside en su función simbólica de permitir la catarsis colectiva, convirtiendo al chivo expiatorio en la versión social del phármakon: cura a la comunidad en la medida en que envenena a uno. Como afirma Girard en “El chivo expiatorio”, “la víctima es el pharmakós, que es, a la vez, despreciable y preciosa, porque se la debe expulsar con horror pero se la debe conservar con el mayor cuidado, ya que es la portadora de la salvación comunitaria” (Girard, 1986, p. 54).

En la modernidad, estas funciones sacrificiales toman formas tecnológicas y políticas muy puntuales. Migrantes, pobres y disidentes cumplen hoy la función de chivos expiatorios en discursos políticos que buscan ordenar la incertidumbre. Los discursos de odio posmodernos no son exabruptos irracionales, sino operaciones de ingeniería sacrificial. El odio funciona como un phármakon identitario que ofrece la cura inmediata a la angustia mediante la designación de un culpable. Según Freud, “el odio no es un afecto primario, sino el resultado de una desilusión del narcisismo que busca en el otro el receptáculo de todo lo que el yo no puede tolerar de sí mismo” (Freud, 1915/1991, p. 124). Esta proyección busca exteriorizar en un “otro” los aspectos repudiados del grupo, lo que Jung denomina la “sombra colectiva”, la cual interpretamos como el estrato de la psique social que agrupa los impulsos, tendencias y verdades que una cultura rechaza por considerarlos inferiores o inmorales.

Según Carl G. Jung, el peligro de esta estructura radica en que lo no reconocido no desaparece, sino que se proyecta hacia el exterior con una fuerza compensatoria. En su obra fundamental, Jung afirma que “el individuo no se da cuenta de que proyecta en el otro su propia sombra; la consecuencia de ello es que este “otro” se convierte en un objeto de odio y desprecio, y el individuo se siente a sí mismo como alguien superior y limpio de toda falta” (Jung, 1959, p. 145). Esta proyección busca exteriorizar en un “otro” los aspectos repudiados del grupo, permitiendo que la comunidad recupere una coherencia ilusoria a través del sacrificio simbólico de su víctima.

Frente a esta dinámica, una “clínica de la cultura” debe proponer una ética de la integración en lugar de una de la expulsión. En lugar de tratar el malestar como algo que debe ser extraído mediante la farmacología o el chivo expiatorio, debe ser abordado como un síntoma que revela las fallas de la estructura simbólica de la sociedad. Integrar la sombra implica reconocer, como sostiene Jung, que “la sombra es una parte viva de la personalidad y, por lo tanto, no puede ser eliminada mediante ningún tipo de exclusión, sino que debe ser aceptada y asimilada para que la personalidad pueda alcanzar la totalidad” (Jung, 1959, p. 152). Así, la tarea clínica no consiste en “curar” al grupo mediante la eliminación del síntoma, sino en obligar a la comunidad a hacerse cargo de su propia oscuridad constitutiva, evitando que esta se convierta en la hoguera de un tercero.

La redención de este ciclo se encuentra en la posibilidad del perdón y el papel que juega el arte en nuestra cultura. Para Hannah Arendt, el perdón es la única reacción que actúa de nuevo y de forma inesperada, liberando a la comunidad de las consecuencias irreversibles del acto y desactivando la necesidad sacrificial de la venganza. En sus palabras, “el perdón es la única reacción que no simplemente "reacciona", sino que actúa de nuevo y de forma inesperada, no condicionada por el acto que la provocó y, por lo tanto, librando de las consecuencias del acto tanto a quien perdona como a quien es perdonado” (Arendt, 2009, p. 258). Por su parte el arte opera como un phármakon capaz de sublimar la violencia social en una nueva forma de verdad. A diferencia del sacrificio, el arte no destruye la vida, sino que utiliza la herida de la experiencia para revelar la profundidad humana, permitiendo una catarsis simbólica que no requiere de víctimas reales. Pero éste último, es un tema para abordar extensivamente en otra ocasión.

Para ir cerrando, es necesario indicar que la posibilidad de una clínica de la cultura nos sitúa ante la responsabilidad ética de renunciar al alivio moral que proporciona el señalar a un culpable. Si el chivo expiatorio ha sido el cimiento invisible de todo orden colectivo, ¿estamos preparados para construir una comunidad que reconozca sus heridas sin buscar siempre una víctima que las absorbe? Aceptar el síntoma en lugar de medicarlo implica abrazar un malestar que nos mantiene alertas frente a las injusticias, pero ¿qué ocurriría si dirigiéramos esa energía hacia la co-responsabilidad por los daños en lugar de hacia la expulsión del diferente?

Sin dudas, debemos cuestionar si la estructura de nuestras detonadas democracias técnicas no está diseñada para producir chivos expiatorios industriales que sostengan su inercia. Si el orden social actual necesita generar enemigos internos para evitar mirar su propio vacío, la única salida es una transformación radical de nuestra relación con el phármakon del poder. ¿Es posible una política que admita la ambigüedad de las soluciones y que no delegue la responsabilidad última en los dispositivos tecnológicos?

Finalmente, cabe preguntarse si estamos dispuestos a soportar la incertidumbre de una cura que no promete una seguridad total. La madurez ética consiste en negarse a delegar la compra propia en otro sacrificial y en inventar maneras de procesar la culpa que no requieran la violencia. ¿Podremos transformar la necesidad de expulsión en prácticas de reparación que no oculten la economía del alivio moral, sino que la desarticulen definitivamente a través de la responsabilidad compartida?

Referencias Bibliográficas

Agamben, G. (1998). Homo sacer: el poder soberano y la nuda vida. Barcelona: Paidós.

Arendt, H. (2009). La condición humana. Buenos Aires: Paidós.

Biblia de Jerusalén (2009). Levítico 16. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Derrida, J. (1995). La farmacia de Platón. Buenos Aires: Editorial Tormenta.

Freud, S. (1915/1991). Pulsiones y destinos de pulsión. En Obras Completas (Vol. XIV). Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1930/1992). El malestar en la cultura. En Obras Completas (Vol. XXI). Buenos Aires: Amorrortu.

Girard, R. (1986). El chivo expiatorio. Barcelona: Anagrama.

Jung, C. G. (1959). El hombre y sus símbolos. Barcelona: Paidós.

Platón. (1999). Fedro. En Diálogos III. Madrid: Gredos.

Stiegler, B. (2015). Lo que hace que la vida valga la pena: de una farmacología positiva. Madrid: Alianza Editorial.

viernes, 8 de mayo de 2026



Diario Azua / 8 de mayo 2026

Por: Patria Heredia

La República Dominicana atraviesa una crisis silenciosa y dolorosa: la pérdida de valores, de orientación y de protección hacia nuestra niñez y adolescencia. 

Cada día vemos cómo menores crecen rodeados de violencia, abandono emocional, falta de supervisión, pobreza espiritual y una peligrosa normalización de la agresividad.

El reciente caso del niño Raudiel Martínez Corporán, encontrado sin vida en una cañada en Hato Damas, San Cristóbal, ha estremecido el corazón de todo un país. 

Según las informaciones preliminares, el menor habría sido asesinado por otros adolescentes tras una discusión relacionada con unos peces “beta”, un hecho que evidencia hasta dónde está llegando la descomposición social y emocional entre nuestros jóvenes. 

Duele profundamente pensar que niños estén perdiendo la vida a manos de otros menores. 

Esto obliga a la sociedad a hacerse preguntas serias: ¿Qué estamos enseñando en nuestros hogares? ¿Qué consumen nuestros hijos en redes sociales? ¿Dónde está el acompañamiento emocional, espiritual y psicológico? ¿Qué papel están jugando las autoridades, las escuelas y la comunidad?

No podemos seguir viendo estos hechos como casos aislados. 

La violencia juvenil está creciendo, y detrás de ella existe una generación marcada por la falta de atención, la ausencia de oportunidades, la pérdida del respeto por la vida y la influencia negativa de contenidos violentos.

La niñez Dominicana necesita ser rescatada. Necesita padres presentes, escuelas más humanas, iglesias activas, comunidades vigilantes y un Estado que priorice la salud mental y la protección infantil.

Un niño no nace siendo violento; muchas veces la sociedad lo empuja al abandono, al resentimiento y a la oscuridad.

Hoy lloramos por Raudiel, pero también por una República Dominicana que parece perder poco a poco la sensibilidad ante el dolor ajeno. 

Si no actuamos ahora, mañana podrían ser más las familias destruidas, más los sueños enterrados y más las lágrimas derramadas sobre una tierra que clama paz, orientación y valores.

La niñez no puede seguir creciendo entre violencia, indiferencia y desesperanza. 

Proteger a nuestros niños debe convertirse en una misión Nacional.



jueves, 7 de mayo de 2026

Por Néstor Estévez
Diario Azua / 07 mayo 2026.-

La decisión del presidente Abinader de suspender las actividades mineras vinculadas al proyecto Romero no debería leerse como reacción ante una protesta. Habrá quien quiera reducir el tema a una disputa con ganadores y perdedores, pero eso sería un desperdicio.

Este caso tiene una riqueza que muy bien vale aprovechar a modo de gran lección pública: cuando una comunidad sostiene con claridad su causa, se organiza y defiende bienes comunes, puede hacerse escuchar.

San Juan comenzó a tiempo su reclamo. No salió a la calle por impulso. Desde las marchas de 2022, la Caravana Ecológica por el Agua y la Vida y las movilizaciones hacia la presa de Sabaneta, el Movimiento Suroeste Unido por el Agua y la Vida llevó el debate a su terreno. La pregunta no era cuánto podía rendir una concesión. La pregunta era quién tiene derecho a decidir sobre las fuentes de agua de un territorio que vive de sembrar.

Los discursos

GoldQuest ha sostenido que el proyecto cuenta con evaluación ambiental y criterios técnicos. La comunidad plantea algo que ningún expediente resuelve por sí mismo: cuando se toca la cabecera de un río, la decisión no cabe entera en un permiso. La técnica ayuda. Pero también hay que mirar quién firma la autorización y quién se queda con el daño que pueda llegar.

En este caso, las redes hicieron su parte. Ayudaron a mostrar caminatas y a subir videos que rompieron el cerco de silencio que muchas veces pesa sobre la gente sencilla. También pudieron servir para lo contrario: inflar versiones y volver confuso lo que ya era delicado. Pero en San Juan cuidaron que la defensa del agua fuera más que simple indignación. Procuraron acciones revisables y una palabra capaz de sostenerse cuando bajara la emoción.

Otra lección clave, además de muy útil para la democracia, la aporta el movimiento sanjuanero: la transparencia. El Movimiento Suroeste Unido por el Agua y la Vida celebra y agradece al presidente, pero también quiere pasar de la consigna bonita a la prueba. Por eso pide un decreto y reclama la salida de los equipos instalados en Hondo Valle. La confianza no nace de un discurso. Nace cuando se pasa del dicho al hecho.

El caso también advierte contra dos salidas fáciles. Una es convertir todo desacuerdo en guerra y pintar al otro como enemigo absoluto. La otra es esconder los conflictos públicos detrás de informes y permisos, como si la gente molestara. San Juan enseña un camino más serio: diálogo desde el territorio y garantías concretas.

Aquí resuena Popper. Una sociedad abierta no se cuida con gente callada, sino con personas capaces de defender sus razones. También cabe recordar a Sartre: cada elección nos compromete. San Juan eligió defender el agua. El Gobierno eligió atender una presión que ya no podía tratar como ruido. Ahora falta que el anuncio se convierta en garantía y que la cohesión social se mantenga.

Comunicación para el cambio

Desde la comunicación para el cambio social, esta experiencia deja otra lección. Las comunidades no son simples receptoras de mensajes. También producen saber público. Jesús Martín-Barbero insistía en mirar las mediaciones, esos lugares donde la comunicación se mezcla con la vida real. En San Juan, el mensaje no salió de una oficina de imagen. Salió del campo y de entender el valor del agua.

Todavía más: el anuncio presidencial agrega valor si se aprovecha para actualizar nuestra democracia. No basta suspender; hay que explicar, documentar y dejar constancia jurídica. Lo ocurrido en San Juan muy bien puede aprovecharse para crear canales permanentes para que los territorios participen antes de que el conflicto estalle. La gobernanza ambiental exige anticipación, acceso a información y respeto por el arraigo local.

La lección de fondo es ética. La tecnología ayuda a visibilizar causas, pero no sustituye la organización. La información combate rumores cuando termina en documentos. La democracia corrige rumbo cuando la ciudadanía insiste y el gobierno acepta rectificar.

San Juan tiene alto valor agrícola. Dicen que también guarda riqueza bajo la tierra. Pero acaba de mostrar su principal riqueza: un valiosísimo capital social decidido a defender su camino. Y también recuerda algo elemental: la democracia vive mientras los mandantes hablan y los mandatarios escuchan.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Diario Azua / 6 de mayo 2026

Por Román Jáquez Liranzo

Salió apresurada de su casa. La estudiante nunca imaginó que encontraría la muerte ese mismo día, que se convertiría en víctima por resistir a su agresor. “Debió dejarse atracar”, gritaba su madre en las honras fúnebres pagadas por un “político”. Un disparo anuló su vida. Las cámaras de un “colmadón” grabaron los hechos. El vídeo, de unos 15 segundos, se hizo viral en las redes sociales, pero la “viralidad” duró poco porque unos memes faranduleros la opacaron. El poder de los medios de comunicación estaba agobiado por unos asuntos empresariales y estatales,  y la víctima pasó a ser una estadística criminal.

Pero la madre, una de esas madres solteras, insistió. El  presunto victimario fue identificado y apresado, era un joven de unos 19 años que había cumplido, en su adolescencia, una condena de 2 años por un conflicto con la ley penal. Parece que el tiempo de la condena por aquel hecho fue poco para poder reinsertarlo, positivamente, a la sociedad. La prisión preventiva como medida de coerción para el presunto agresor es el mandato de la política criminal, pero todo se desvaneció, repentinamente,  porque no tenía un abogado que lo defendiera.

Entonces, el sistema, imbuido en el respeto de los derechos fundamentales (como debe ser), le brindó un defensor público como garantía de la tutela judicial efectiva y del debido proceso. Por cierto, unos defensores públicos con altísimos niveles de preparación y compromiso institucional, modelos a seguir en su entrega. Un año de prisión preventiva fue la decisión. La noticia no fue noticia, sólo algunos twitters solidarios de compañeros de la de la universidad de la occisa.

En el otro extremo, la madre rogaba a uno de los abogados del barrio que asumiera su representación en el caso porque el fiscal le había dicho, con orgullo,  que en realidad él no era su abogado sino el representante de toda la sociedad, que era un  funcionario del Ministerio Público y que debía dirigir la investigación con objetividad. La madre, quien recibía el apoyo económico de su única hija (quien era cajera en una empresa de promoción al vicio de la apuesta),  recurrió al empeño de sus enseres para pagar los honorarios profesionales, los “gastos del proceso” y unos “benditos sellos” que el abogado le dijo que tenía que cubrir porque si no “soltaban al muchacho”.

Durante dos años la madre asistió a todos los vaivenes del proceso penal. Para esa época,  ya vivía con una hermana que la auxilió moral y económicamente luego de aquella tragedia que le había agravado su enfermedad. Hasta que, por fin, una mañana lluviosa de octubre y con una sala de audiencias inundada de agua por unas filtraciones de la vetusta edificación judicial, se dictó sentencia: 20 años de cárcel y una indemnización en daños y perjuicios de 5 millones de pesos a la madre de la víctima. “Dios es justo” se escuchó en el tribunal.

El condenado pasó a cumplir los 20 años en uno de los recintos carcelarios del nuevo modelo penitenciario (referencia internacional de cómo se deben hacer las cosas bien), además,  con el recelo defensor de un juez de ejecución de la pena que vela, como guardián,  por sus derechos constitucionales. Ese sistema penitenciario, como debe ser, le permitió al  condenado aprender varios oficios técnicos, obtener varios reconocimientos deportivos y graduarse de una profesión. Habían pasado 12 años.

Para la madre el tiempo se detuvo con el último respiro de su procreación, nunca transcurrió un segundo desde su muerte. Nada paliaba su dolor, ni siquiera la sentencia.  No obstante, algún familiar se había frotado las manos con la cuantiosa suma de dinero como reparación a los daños materiales y morales que otorgaba la decisión del juez. “Hay que pelear eso, prima. Ese dinero no se puede perder”, le exigían familiares en una reunión con representantes legales. Ella siempre argumentaba que su hija no tenía precio, que lo mercurial no le devolverá su sonrisa.

Olvidaban los ambiciosos e ilusos la insolvencia del condenado. “La indemnización civil simplemente no puede ser materializada porque no tendría como pagarla”, les dijo un abogado que le habían recomendado en la Parroquia. “Pues que pague con cárcel, que se pudra en esas cuatro paredes”, expresó uno de los consanguíneos. El togado, de vocación católica, les aclaró que, lamentablemente, la Constitución establece que no hay apremio corporal, o sea, prisión, por deuda civil como es la condena de los 5 millones de pesos. Y que en ocho años, aunque no pague, saldría libre.

“Pues que pague el Estado”, se escuchó decir. El jurista advirtió que en este país no existe la indemnización estatal, lo que algunos países llaman los fondos de compensación estatales, como parte de la seguridad social,  para paliar las necesidades económicas de las víctimas de delitos violentos cuando no aparece el victimario o cuando el mismo es insolvente. “Así es el sistema”, sentenció.

5 años después murió la madre. En sus últimos 17 años le quedó el desaliento de una tortuosa e incompleta justicia penal que le impuso un castigo moral y social aún mayor que el establecido al que mató a su hija.  Cuentan que 15 años después, un defensor de los derechos de las víctimas, publicó una obra titulada “¿Y la víctima? Muy bien, gracias”,  que se convertía en una referencia obligada para los estudiosos de la victimología, y que el autor, irónicamente, en un país caribeño, había cumplido dos sentencias penales de 2 y 20 años, respectivamente.

El autor publicó, hace 10 años, este artículo en acento.com, el 15 de junio del 2016.



martes, 5 de mayo de 2026


Testigo del tiempo


Por J. C. Malone
Diario Azua / 05 mayo 2026.-

El mundo construido en 1949, al final de la Segunda Guerra Europea, colapsa ante nosotros. La “relación especial” entre Estados Unidos e Inglaterra terminó.

El rey Carlos III de Inglaterra vino a Washington, elogió al presidente Donald Trump, su “primo”. Le regaló una campana dorada que pertenecía a la familia Trump. Intentó salvar aquella “relación especial”.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, explica el asunto con claridad. “Este es un momento único en el que el presidente de los Estados Unidos, el presidente de Rusia y el presidente de China están categóricamente opuestos a los europeos”, dijo.

Trump decidió dejar de gastar 400 mil millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses en la seguridad de 500 europeos que disfrutan de la “economía del bienestar”. Como decidió invertir ese dinero en la seguridad estadounidense, Trump es un “villano malo”. Ciertamente, hemos llegado al fin de una era.

Macrón tiene razón, los tres países más poderosos del mundo están unidos contra Europa y su historia colonial; hoy, los países ricos, como las personas, se protegen mutuamente.

Hace poco, Trump conversó por teléfono con el presidente ruso, Vladimir Putin, sobre la guerra en Ucrania. Ambos coinciden en que Volodímir Zelensky, presidente de Ucrania, prolonga la guerra con Rusia, financiada por Europa.

Trump no solo dejó de financiar la defensa europea, sino que también ordenó retirar 5.000 soldados estadounidenses de Alemania, un país sin ejército, que ahora decidió armar uno. Y de los 400 mil millones de dólares que se economizarán en la defensa europea, crearon un fondo de 210 mil millones para la defensa estadounidense. El Pentágono otorgará préstamos a empresas que fabriquen las armas que el país pueda necesitar.

Independientemente de cómo termine la guerra en Irán, hasta ahora Europa enfrenta serios desafíos con Estados Unidos, China y Rusia, y su ruptura con Washington parece definitiva.

“Lo que un día fue, no será”, dice José José. Al llegar al fin de esta era, estamos iniciando una nueva, con nuevos desafíos y oportunidades.

domingo, 3 de mayo de 2026

Periodistas, contables, auditores, médicos, psiquiatras, abogados, bioanalistas y laboratorios y demás profesiones, tendrán que cuidarse.

Por el Lic. Cesar Amadeo Peralta.
Analizando el nuevo Código Penal

Diario Azua / 03 mayo 2026.-

El seis (6) de agosto del año 2026, entrará en vigencia en nuevo Código Penal en la República, por un lado con grandes avances, retrocesos, aumentos de penas, la configuración de delitos nuevos, la figura del cúmulo de penas, una nueva modalidad de cumplimiento de las penas, entre otras novedades que el país aún desconoce y que deberían saber porque este código le va a dar muy duro a las personas que se dedican a cometer delitos y que antes se podían salir con las suyas, ya que trae penas bastante severas y será necesario construir varias cárceles nuevas porque las que hay no van a dar abasto.

Una de las figuras nuevas lo constituye el hecho de que el artículo 195 del nuevo código penal, (ley 74-25), contempla penas de 15 días hasta un año de prisión y multas de 1 a 2 salarios, para todos los profesionales, más aún los médicos, abogados, bioanalistas, enfermeras, psicólogos, psiquiatras, farmacéuticos, nutricionistas, laboratorios, contables, auditores y cualquier tipo de profesión vinculadas con la medicina, que sepan, tengan consigo y tenga acceso a secretos de sus clientes y pacientes, exonerando de responsabilidad al profesional, siempre y cuando este secreto se lo revele al Ministerio Público en el curso de una investigación o para evitar la comisión o la continuación de un crimen o delito.

“Artículo 195.- Divulgación de información secreta. Quien divulgue una información secreta sin el consentimiento de la persona afectada, siendo depositario de ella en razón de su estado, profesión, función o cargo será sancionado con 15 días a 1 año de prisión menor y multa de uno a dos salarios mínimos del sector público.”

Artículo 196.- Eximentes de divulgación de información secreta. La infracción establecida en el artículo 195 no se tipifica en los casos siguientes: 1) Si la ley impone o autoriza la divulgación del secreto; 2) Si el secreto es divulgado al Ministerio Público u otra autoridad judicial o administrativa competente por una persona con el deber de guardar secretos en razón de su profesión u oficio, pero que cuenta con el consentimiento de la víctima, y que se trate de sevicias comprobadas en el ejercicio de la profesión u oficio, que hacen presumir la comisión de violencias sexuales o físicas contra la víctima, o que se trate de cualquier otra infracción grave; 3) Cuando una persona, en razón de su profesión u oficio y en el deber de guardar secretos, informa al Ministerio Público u otra autoridad judicial o administrativa competente acerca de la comisión de atentados sexuales u otras sevicias, así como de cualquier otra infracción grave infligidas a un niño, niña o adolescente o contra una persona que no esté en condiciones de protegerse en razón de su edad o estado de salud o condición de discapacidad o vulnerabilidad.

De este artículo podemos interpretar muchas contradicciones, ya que si el profesional no cuenta con la autorización escrita de la víctima de la ocurrencia del delito, entonces tampoco podrá revelar lo que sabe, pero más adelante lo autoriza.

No debemos dejar de resaltar que los nuevos artículos 195 y 196 del nuevo Código Penal entran en contradicción con los derechos fundamentales establecidos en la Constitución de la República, específicamente en su Artículo 49, acápite 3-cuando establece que la Libertad de expresión e información, en su acápite 3 dispone que “El secreto profesional y la cláusula de conciencia del periodista están protegidos por la Constitución y la ley”.

Esperemos que los periodistas se motiven a promover varios recursos de inconstitucionalidad de este artículo, ya que las disposiciones legales hechas ley, no hacen ninguna diferencia entre periodistas y las demás profesiones y los incluye a todos.

Con esta nueva disposición el Ministerio Público podrá lograr la revocación definitiva del exequátur de cualquier profesional acusado a cometer delitos graves y muy graves, etc. etc. etc.

Ya que los artículos 30, 34, 39 y 41 del nuevo Código Penal (ley 74-25), establecen lo siguiente;

“Penas complementarias por infracciones leves, graves y muy graves. Las penas complementarias aplicables a las personas físicas imputables de infracciones muy graves son las siguientes”:

2) El cierre definitivo del establecimiento comercial o de la instalación involucrada directa o indirectamente en la infracción, o su cierre temporal por un periodo no mayor de tres años;

4) La inhabilitación definitiva para ejercer la función pública o actividad profesional o social en cuyo ejercicio se cometió la infracción que da lugar a la condena, o la inhabilitación temporal para ejercerla por un periodo no mayor de cinco años;

7) La revocación de la licencia o título público habilitante.

PD. lean el Código que viene fuerte!!!

El autor de este artículo es el Lic. Cesar Amadeo Peralta, de la (Oficina de Abogados Peralta & Peralta y Asociados, Abogados Consultores, S.R.L.); Correo Electrónico amadeoperalta@gmail.com, Teléfono 809-710-2213, Oficina dedicada a la persecución de todo tipo de crímenes y delitos económicos y financieros, todo tipo de falsificaciones, violación a la ley del mercado de valores, estafas, delitos vinculados con las operaciones de compra y venta de Bitcoin, Criptomonedas, Cripto-activos, violación a la ley de cheques, abusos de confianza y lavado de activos y violación e invasión de propiedades, entre otros tipos penales.
Por Oscar López Reyes (Primera entrega)
Diario Azua / 03 mayo 2026.-

Más que una noticia fugaz sin costo sobre turbulencias sociales, la publicidad planificada estratégicamente espolea para empujar la venta de bienes y servicios e informar sobre la gestión gubernamental. Por la ausencia de esa disciplina híbrida (arte y ciencia) en el borde de un súbito aluvión inflacionario, en 1984 sorprendió una poblada espeluznante: más de 100 muertos, cerca de 500 heridos y unos 6 mil fueron apresados y, en contraposición, actualmente los informes semanales pagados del Banco Central sobre la economía mundial y nacional han edificado a los ciudadanos y apaciguado los ánimos en la banqueta de la comprensión.

La publicidad toca el andén comercial o mercantilista de la comunicación, en el árbol de afirmaciones y repeticiones. Se adentra en la producción estética y el expresionismo, con juegos de imágenes visuales y la interacción textual en los mass-media. Políticos saltimbanqui y titiriteros y otros controversiales demagogos y sin discernimiento que alegremente proponen su eliminación: ¿Acaso protegen así la democracia? ¿O, sin casualidad, laboralmente atentan o no contra los periodistas, productores, locutores, camarógrafos, fotógrafos, publicistas, diseñadores gráficos, gestores de redes sociales y otros trabajadores de la comunicación?

Sea empresarial o estatal, la tradicional (“El Fin de la Publicidad como la Conocemos”, Sergio Zyman) o digital (con fundamento en el marketing interactivo) procuran robustecer la imagen de marca, persuadir y conquistar a segmentos objetivos o blanco de público. Para operativizar, apremia que productores radiotelevisivos, digitales e impresos capten audiencias, imprescindibles para lograr anuncios, ingresos y la apreciada rentabilidad.

En ese pórtico, durante una conferencia sobre memorias y desafíos del periodismo en la Era Digital presentamos Los 10 Sinsines Genéticos de la Publicidad (los Sin o los Sinsín). El evento, auspiciado por el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), tuvo como plató el hotel Costa Larimar de Barahona la noche del sábado 25 de abril de 2026, con la asistencia de más de 80 miembros del gremio y otros comunicadores de esa comunidad, Pedernales, Jimaní y Neyba.

1.- Sin publicidad existirán contados medios comunicativos.

Los avisos comerciales aseguran la supervivencia de la inmensa mayoría de los medios, por lo que su inexistencia acorta o impide el acceso a la información y la libertad de expresión. Sobreviven los subvencionados por el Estado o entidades privadas, o los que se encarrilan por el esquema de suscripción.

Advertising, Marketing, & Media: “El sector de la publicidad, el marketing y los medios de comunicación, que mueve miles de millones de dólares, es un mercado en rápida evolución. Ese crecimiento histórico es el resultado del fuerte crecimiento económico, mercados emergentes y tecnologías en desarrollo” (Informe 7 de agosto de 2025).

2.- Sin plataformas masivas no habrá democracia.

La falta mediática independiente priva a la sociedad de instrumentos para la democracia, la vigilancia y la fiscalización de la gestión pública; el cuestionamiento y la denuncia sobre el autoritarismo y el abuso de poder. Restringe la pluralidad de voces.

Springer Nature Link: “Desempeñan un papel indispensable en las sociedades democráticas: Informar al público, exigir responsabilidades al poder y proporcionar un foro para el debate público. El sistema de medios debe ser independiente, fiable, accesible y rendir cuentas de forma transparente al público” (Informe de uso Counter 2026).

3.-Sin publicidad habrá menos empleos directos e indirectos.

Como la publicidad actúa como el impulsor económico primario de la mayoría mediática, su extinción acarrea una merma notable de estos y de empleos en la comunicación y el marketing. Los ingresos publicitarios viabilizan la gratuidad de sus servicios.

Alec Benn: “La publicidad es parte esencial del sistema comercial. Le muestra a la gente cómo la vida puede ser mejor y fija metas y normas. Hace que la gente necesite más dinero y que se esfuerce más por conseguirlo” (Los 27 Errores más Comunes en Publicidad).

4.- Sin publicidad estatal habrá menos información y conocimientos sobre los servicios públicos.

La estatal posibilita la interacción entre el gobierno y la sociedad: informa sobre salud, educación, derechos y obligaciones ciudadanas, la transparencia y orienta y educa en torno a normas de convivencia y prevención de riesgos; a emergencias y gestión de crisis (terremotos, ciclones, disturbios sociales, etc.), y aminora malentendidos, incertidumbres, conflictos y tensiones sociales.

Otto Kleppr’s: “Está diseñada para convencer a una persona de que compre un producto, para apoyar una causa o incluso para alentar menor consumo (desmercadotecnia); puede usarse para elegir a un candidato, reunir fondos de caridad o para anunciar las posiciones del sindicato o de la administración durante una huelga” (Texto: Publicidad).

5.- Sin publicidad habrá menos comprensión y menos persuasión para la estabilidad social.

La gubernamental amplifica mensajes para generar confianza y proporcionar la comprensión ciudadana sobre los planes de desarrollo para el cambio social. Concientiza sobre deberes y derechos, así como los programas sociales.

Alfonso Durán: “El proceso publicitario, visto desde la teoría de la disonancia cognoscitiva, trata de transformar no compradores en compradores. En vez de estados de consonancia de una persona (equilibrio, orden, congruencia y consistencia interna), la mayoría de las decisiones provocan disonancia (desorden, incongruencia, etc.)” (Psicología de la Publicidad y de la Venta).

6.- Sin amplia o mediana difusión, la inversión en publicidad será un botarate.

La inversión monetaria con un texto comercial sin investigación, target o nicho específico de mercado, mensaje sin calidad ni impacto, con escaso reconocimiento de marca y bajísima difusión, eleva la factibilidad de que genere una venta pírrica. Por esas causales, será una fuga de capital o un desperdicio financiero.

Biblioteca de Manuales Prácticos de Marketing: “La publicidad no es un gasto, sino una inversión necesaria y su función eficaz: lograr el más alto rendimiento y potenciar la rentabilidad de la inversión” (Cómo Evaluar su Publicidad).

7.- Sin publicidad habrá menos consumo y menos dinámica económica.

No sólo concibe y engendra necesidades, sino que incentiva el acto de adquisición de bienes y servicios a gran escala, con lo cual acelera el crecimiento económico.

Oscar Malfitano Cayuela y otros: “Es el ser humano en su rol de cliente, sujeto del deseo, al que se intenta comprender y complacer. Cuando se conocen sus percepciones, inteligencias múltiples, modelos mentales y representacionales, es decir sus formas de pensar y actuar, es posible satisfacer mejor, en forma permanente y sostenible, esa relación de intercambio de valores” (Obra Neuromarketing. Celebrando negocios y servicios).

8.-Sin publicidad, los bienes y servicios tendrán menos transacciones.

Facilita que los usuarios perciban y sepan de la existencia de bienes y servicios, y contribuyan con el incremento de las ventas de esos productos y la libre competencia. Funciona como el componente central en la comercialización masiva, para el consiguiente aumento de la demanda y la producción.

Luciano M. Metzinger: “La publicidad procura vender, vender siempre más… se convierte en una formidable empresa para transformar los patrones de consumo a nivel mundial y crear un nuevo estilo de vida” (Libro Publicidad: La otra Cultura).

9.-Sin mensajes cautivadores y conectantes, la publicidad será nula.

Crea, con imágenes y palabras que impacten para la conexión retórica triangular: emoción, logos y credibilidad, narrativas creativas de los productos, a fin de cautivar a las audiencias para cambiar actitudes, recurriendo a sus necesidades, deseos y aspiraciones.

J.A.C. Brown: “Existe en el cerebro un mecanismo capaz de responder a cierto tipo de estímulos de posible importancia para el individuo, y aunque este no se dé cuenta de su naturaleza precisa, su sistema nervioso autónomo puede reaccionar ante ellos como ante una alarma o una amenaza emocional” (Libro Técnicas de Persuasión).

10.- Sin amarres ni castigo, la publicidad será más confiable y efectiva.

Un anuncio sin promesas exageradas ni engañosas, y sin presión ni coerción, es más confiable y efectivo. La autenticidad construye credibilidad y seguridad, potencializa la lealtad y esquiva el castigo de un consumidor contemporáneo cada vez más crítico y valorativo.

Reginald Watts: “El industrial o el comerciante compra publicidad cuando la necesita. Y nada más. Porque hablar del comportamiento del anunciante como si formase parte de nuestro mundo es tan absurdo como si los médicos organizasen congresos para decir cómo, cuándo y dónde deben enfermar los pacientes” (Libro La Nueva Publicidad).

El sector de la comunicación ha sido un catalizador de oportunidades de trabajo y del desarrollo de la economía nacional, con efecto multiplicador. ¿Perjudica o no a la democracia y a la paz social que se complazca a acróbatas y manipuladores que presionan para que se haga añicos a la publicidad, como la informativa y educativa, que aporte un valor útil, en audiencias reales?

El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y gremialista.


Diario Azua / 2 de mayo 2026

Por Mildred Sena Vittini

Los eventos climáticos recientes en la República Dominicana no solo han sido intensos. Han sido reiterativos. Y lo más relevante no es su magnitud, sino su patrón: ocurren en distintos puntos del territorio, afectan ciudades grandes, medianas y pequeñas, y exponen una misma debilidad.

No es un problema local. Es un problema sistémico.

La evidencia es clara. Independientemente del tamaño de la ciudad o de su ubicación, los impactos tienden a repetirse: inundaciones urbanas, interrupción de servicios, afectación a comunidades vulnerables y respuestas centradas en la emergencia. Cambian los lugares. No cambia la lógica.

Esto no es casualidad.

Es el resultado de una forma de gestionar el riesgo climático que sigue anclada en la reacción, en lugar de la anticipación.

El cambio climático ha modificado profundamente el contexto en el que operan los territorios.

Sin embargo, la planificación y la toma de decisiones continúan basándose, en gran medida, en condiciones históricas. Se asume estabilidad donde ya hay incertidumbre. Se proyecta continuidad donde ya hay transformaciones.

Ese desfase tiene consecuencias.

Desde la perspectiva técnica, el problema no radica únicamente en la exposición climática, que en el caso dominicano es elevada, sino en la limitada capacidad de adaptación para gestionar riesgos de manera anticipada. Esto se traduce en decisiones que no incorporan escenarios futuros, en planes que no se implementan o no se actualizan, y en una débil articulación entre niveles de gobierno.

El resultado es un sistema que responde, pero no previene.

Este patrón plantea una implicación directa: si los impactos se repiten en distintos territorios y bajo condiciones similares, entonces el problema no está en el evento, sino en la forma en que se está gestionando el riesgo.

Y si el problema es estructural, la respuesta no puede seguir siendo reactiva.

Mejorar la capacidad de respuesta es necesario, pero no suficiente. Mientras las decisiones continúen tomándose después del evento, el riesgo permanecerá intacto. La reducción real del riesgo exige intervenir antes de que este se materialice.

Es en este punto donde la anticipación deja de ser una opción y se convierte en una condición para la gestión efectiva del cambio climático.

Aquí es donde la prospectiva adquiere sentido como herramienta de política pública. No se trata de predecir el futuro, sino de incorporar escenarios posibles para gestionar la incertidumbre en la toma de decisiones, permitiendo actuar hoy frente a riesgos que ya son conocidos.

Organismos como el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC por sus siglas en inglés) han señalado de manera consistente que los riesgos climáticos futuros estarán marcados por la acumulación de impactos y por la interacción entre múltiples factores. Esto implica que los eventos no solo serán más frecuentes, sino también más complejos.

En ese contexto, anticipar no es solo una capacidad técnica, sino también institucional y política.

Sin esa capacidad, la información sobre el futuro existe, pero no logra traducirse en decisiones con capacidad de incidir.

La anticipación, por sí sola, no transforma la realidad. Su valor depende de que exista un sistema institucional capaz de utilizar esa información para orientar decisiones, coordinar actores y actuar antes de que los riesgos se materialicen.

La anticipación permite reducir pérdidas, optimizar recursos y fortalecer la capacidad de los territorios para enfrentar lo que viene. Porque lo que viene no es incierto en su totalidad. Sabemos que habrá más eventos, mayor variabilidad y mayores presiones sobre los sistemas urbanos y naturales.

Lo que sí está en juego es la forma en que decidimos enfrentarlo.

Seguir reaccionando implica aceptar la repetición del daño. Anticipar implica intervenir sobre sus causas.

En un contexto de cambio climático, la diferencia entre ambos no es técnica. Es política.

Y hoy, más que nunca, gobernar bien ya no significa responder rápido. Significa decidir a tiempo.



sábado, 2 de mayo de 2026

Dr. Javier D. Restrepo,  Mons. Ramon de la Rosa y Dr. Amin Cruz

 

Por Dr. Amín Cruz
Diario Azua / 02 mayo 2026.-

“La libertad es el derecho de todo ser humano a ser honesto consigo mismo”, Friedrich Nietzsche.

En un mundo hiperconectado, donde la información circula a velocidades sin precedentes y las plataformas digitales se han consolidado como el principal ecosistema comunicacional, la ética periodística digital se erige como uno de los mayores desafíos del siglo XXI. Más que una disciplina, constituye un compromiso ineludible con la verdad, la responsabilidad social y la dignidad humana.

La revolución tecnológica ha democratizado la producción y difusión de contenidos, permitiendo que tanto periodistas como ciudadanos participen activamente en la construcción del discurso público. Sin embargo, esta apertura también ha generado un entorno complejo y vulnerable, marcado por la proliferación de noticias falsas, la manipulación informativa, la descontextualización de los hechos y la erosión de la confianza en los medios.
Dr. Ignacio Ramonet y Dr. Amin Cruz, Pg.107
En este contexto, pensadores como el Dr. Ignacio Ramonet han advertido que el periodismo digital debe sostenerse sobre tres pilares fundamentales: veracidad, transparencia y responsabilidad social. Sin estos principios, la información deja de ser un bien público para convertirse en un instrumento de confusión y poder.

Desde el año 2005 hasta el 2019 de manera consecutiva venía reflexionando en el Congreso Hispanoamericano de Prensa y Congreso Mundial de Prensa la voz autorizada el maestro de maestros, el padre de la ética periodística en América Latina, Javier Darío Restrepo, quien afirmó con claridad visionaria: “El desafío no es únicamente técnico, sino profundamente ético. La inmediatez no puede sustituir la verificación, ni la viralidad justificar la ausencia de contexto. La ética digital no es un accesorio del periodismo; es su columna vertebral en el siglo XXI”.

Sus palabras adquieren hoy una vigencia indiscutible en una era dominada por algoritmos, tendencias virales y la presión constante de la inmediatez.

Organismos internacionales como la UNESCO han reiterado la necesidad de establecer marcos regulatorios y protocolos claros que orienten el ejercicio del periodismo en entornos digitales. Entre sus principales recomendaciones destacan: la verificación rigurosa de la información, la protección de la privacidad de las audiencias, la alfabetización mediática y el uso ético de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial, en particular, representa un punto de inflexión. Su capacidad para generar contenidos, segmentar audiencias y amplificar mensajes plantea interrogantes éticos fundamentales: ¿quién controla la información?, ¿cómo garantizar la transparencia de los algoritmos?, ¿de qué manera evitar la manipulación masiva? Estas preguntas obligan a repensar el rol del periodista no solo como informador, sino como garante de la verdad y mediador responsable entre la tecnología y la sociedad.

Voces contemporáneas como el Dr. Ignacio Ramonet, Mons. Ramon de la Rosa y Carpio y el Dr. Ricardo Nieves coinciden en que la ética periodística digital debe asumirse como un compromiso global e inquebrantable: proteger la verdad, salvaguardar la dignidad humana y garantizar que la información continúe siendo un bien público universal.

No se trata únicamente de adaptarse a la tecnología, sino de humanizarla. El periodismo no puede renunciar a su esencia en nombre de la rapidez ni del espectáculo. La credibilidad, construida durante décadas, puede perderse en segundos si se sacrifica el rigor por la viralidad.
El futuro del periodismo digital dependerá, en gran medida, de su capacidad para preservar la confianza ciudadana. Esto implica equilibrar innovación tecnológica con principios éticos universales, fortalecer la formación de los profesionales de la comunicación y promover una cultura informativa basada en la responsabilidad, la honestidad y el respeto.

“En este escenario, la ética deja de ser una opción para convertirse en una necesidad estructural. No hay periodismo sin verdad, ni verdad sin ética”.

“La ética está por encima de la inmediatez, de la improvisación y del ‘figureo’ de las redes digitales.”

Dr. Amín Cruz, CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador.

 Por Lisandro Prieto Femenía

Diario Azua / 02 mayo 2026.-

“No es la vida, es el tiempo lo que resulta insoportable. Por eso no es el deseo de morir, sino el deseo de no haber sido nunca lo que constituye la esencia del hastío” (Cioran, 1973/1981, p. 54).

La pregunta por la permanencia en el mundo no es una cuestión que deba abordarse desde la frialdad de los conceptos, sino desde el respeto sagrado por el misterio de la fragilidad humana. Cuando nos enfrentamos a la trágica decisión de un ser querido de interrumpir su existencia, nos hallamos en un territorio donde las palabras resultan insuficientes y el alma se siente desguarnecida ante un interrogante que parece no tener respuesta. No es posible, ni humano, reducir este acto a una condena moral o a un diagnóstico clínico despojado de sensibilidad. El suicidio, en su penosa realidad, es un grito de auxilio que se apaga, una interpelación que nos convoca no al juicio ético, sino a la presencia y al acompañamiento de quienes quedan en la orilla del duelo. En estas líneas, nos proponemos reflexionar sobre esta herida abierta mediante una fenomenología de la compasión que dialogue con la ternura y la esperanza que emanan de la espiritualidad y la filosofía del cuidado.

Para quienes atraviesan la oscuridad de haber perdido a alguien de esta manera, es vital comprender que el ser humano habita a veces paisajes de una soledad tan profunda que el horizonte se torna invisible. La evolución de las actitudes hacia este acto revela una trayectoria bastante sinuosa: desde el estoicismo antiguo, que veía en la retirada voluntaria una garantía de dignidad frente a la tiranía, hasta la rigidez de la modernidad que, en su afán por el control biopolítico, terminó por estigmatizar al sufriente. No obstante, hoy habitamos una época marcada por cambios sociales vertiginosos que han configurado lo que Byung-Chul Han denomina “sociedad del cansancio”. En su obra homónima, Han advierte que el sujeto posmoderno se encuentra bajo la presión de un imperativo de rendimiento que termina por desgastar la mismidad hasta el colapso, puesto que “el exceso de trabajo y rendimiento se agudiza en autoexplotación. Esta es mucho más eficaz que la explotación ajena, pues está acompañada de un sentimiento de libertad” (Han, 2010/2012, p. 30).

Esta autoexplotación y la tecnificación de la vida reducen la existencia a una cifra de rendimiento, dejando al individuo alienado de sus propios vínculos. Resulta necesario preguntarnos si, en medio de esta cultura de la inmediatez, hemos olvidado el arte de sosos los unos a los otros en la debilidad, reconociendo que la autonomía no es autosuficiencia absoluta, sino una capacidad que sólo puede florecer cuando nos sentimos amparados por los demás en nuestra mutua vulnerabilidad.

En la posmodernidad, esta vulnerabilidad adquiere una forma particularmente gélida y cruel. Ya no se trata sólo de la “noche oscura” del alma en un sentido espiritual, sino de lo que podríamos llamar un “apagón sistémico”. En un mundo donde la identidad se ha digitalizado y la psique se ve bombardeada por el flujo ininterrumpido de estímulos, la persona comienza a experimentar su propia vida como un procesamiento de datos que, llegado a un punto de saturación, simplemente “se apaga”. Al respecto, Franco “Bifo” Berardi, en su análisis sobre la precariedad y la infonósfera, sugiere que el colapso mental contemporáneo es una respuesta a la aceleración de la infoestimulación. En su obra Fenomenología del fin, Berardi plantea que el alma ya no puede procesar el exceso de realidad virtual, produciendo una desconexión que se asemeja a un error crítico del sistema: “El ciberespacio es ilimitado, pero el ciber-tiempo, que es la capacidad orgánica de atención y elaboración emocional, es limitado. La aceleración produce una parálisis del juicio y una desensibilización” (Berardi, 2011/2017, p. 84).

Esta metáfora de la computadora que se apaga no es sólo una figura retórica, sino que describe la deshumanización de quien se siente como una terminal agotada. Por su parte, Jean Baudrillard, en sus reflexiones sobre el simulacro, nos advertía que la pérdida de contacto con lo real conduce a una indiferencia radical, donde el sentido se desvanece en favor de la pura exposición. En su obra Cultura y simulacro, el precitado autor señala con crudeza que “la información devora sus propios contenidos; devora la comunicación y lo social. [...] Allí donde pensábamos que la información producía sentido, ocurre lo contrari” (Baudrillard, 1978/2005, p. 116).

Cuando la vida se convierte en un bucle de imágenes sin peso y el sentido es devorado por la sobreinformación, la decisión de salir del juego aparece como un último intento de recuperar una soberanía perdida, aunque sea a través de la propia desaparición. Para las familias, este “apagón” es incomprensible porque sucede en medio de una hiperconectividad aparente, revelando que nunca estuvimos tan solos como cuando estuvimos perpetuamente expuestos a la mirada digital pero ausentes de la caricia humana.

Como podrán apreciar, esta desconexión suele percibirse como una tentativa de “huida”, una escapatoria frente a un sufrimiento que se ha vuelto insoportable. Sobre este último aspecto en particular, Arthur Schopenhauer, aunque crítico con la noción de que el suicidio fuera un ejercicio de libertad real, entendía perfectamente el impulso de evasión ante el dolor. Para él, el individuo no busca la nada por odio a la vida, sino por el deseo vehemente de dejar de sufrir. Concretamente, en sus escritos afirma que “el suicida quiere la vida, y sólo está mal satisfecho con las condiciones en que se le ofrece” (Schopenhauer, 1819/2009, p. 415).

Desde esta perspectiva, la “fuga” no es una renuncia a la existencia per se, sino un intento desesperado de detener el tiempo de la angustia. Esto lo explica muy bien el gran Albert Camus, en El mito de Sísifo, donde profundizaba en esta dialéctica al cuestionar si la huida es una respuesta legítima al absurdo o si constituye un “suicidio filosófico” que niega la propia capacidad de rebelión. “Escapar” aparece así como un refugio ante lo insoportable, pero nos obliga a reflexionar sobre la naturaleza del peso que el sujeto intenta soltar. En definitiva, sitúa este problema en el centro de la labor filosófica, entendiendo que la evasión o la permanencia constituyen la respuesta definitiva ante el absurdo, porque para Camus, el interrogante no admite ambigüedades: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía” (Camus, 1942/2012, p. 15).

Por su parte, Erich Fromm, en su estudio sobre el miedo a la libertad, sugería que el hombre moderno busca a menudo mecanismos de evasión para escapar de la carga de su propia soledad e insignificancia. Es inevitable que aquí nos preguntemos: ¿es acaso la partida voluntaria el escalón final de una serie de pequeñas huidas cotidianas impuestas por un mundo que no ofrece cobijo al espíritu? En concreto, Fromm describe esta pulsión de fuga en El miedo a la libertad indicando que “el hombre se siente solo y aislado. Se asusta. Ante este aislamiento puede elegir entre dos caminos: uno lo lleva a la "libertad positiva", [...] el otro camino es el de retroceder, renunciar a su libertad y tratar de superar su soledad eliminando la brecha que se ha abierto entre su yo individual y el mundo” (Fromm, 1941/2006, p. 165).

En este punto de la reflexión, es indispensable expresar que este “escape”, sin embargo, deja tras de sí una estela de desolación marcada por el sentimiento de culpa de quienes permanecen. El pensamiento pernicioso que susurra “pude haber hecho algo más” se convierte literalmente en una tortura silenciosa para los sobrevivientes. Karl Jaspers, en su análisis sobre la situación espiritual de nuestro tiempo, hablaba de la “culpa metafísica” como esa corresponsabilidad que sentimos por el dolor del otro simplemente por el hecho de ser humanos. No obstante, Jaspers recalca que esta culpa no debe ser un juicio punitivo, sino un reconocimiento de nuestra finitud. En su obra La cuestión de la culpa, señala que “existe una solidaridad entre los hombres que hace que cada uno sea corresponsable de todo el mal y de toda la injusticia del mundo [...] pero donde cesa la posibilidad de actuar, cesa también la responsabilidad jurídica y moral, mas no la metafísica” (Jaspers, 1946/1966, p. 54).

Esta distinción es vital para el doliente, puesto que reconocer que hubo un límite en su capacidad de acción no es indiferencia, sino aceptación cruda de nuestra condición propiamente humana. La culpa tóxica nace de la ilusión de omnipotencia, de creer que podíamos controlar el abismo interior de otro ser. Por ello, es muy importante recuperar lecturas como las de Joan-Carles Mèlich, quien desde una filosofía de la finitud, propone que la respuesta no es la búsqueda de una solución lógica a la culpa, sino la construcción de una ética de la compasión que nos permita perdonarnos a nosotros mismos por ser, sencillamente, limitados. En su obra titulada La fragilidad del mundo, Mèlich reflexiona sobre esta imposibilidad de control absoluto y nos explica que “nuestra condición es la de un ser que no se ha dado a sí mismo el ser, un ser que es desde el principio un ser-con, un ser que depende de los demás, que es vulnerable, que está expuesto. [...] No podemos evitar que el mundo sea un lugar precario” (Mèlich, 2021, p. 48). Aceptar que no pudimos evitar lo inevitable es el primer paso para que el duelo no se convierta en una celda, sino en una herida que, aunque duela, permita el paso de la luz de la misericordia.

Esta perspectiva también nos obliga a revisar profundamente la mirada que tenemos sobre la responsabilidad. A menudo, las familias cargan con el peso de no haber “visto”, ignorando que la libertad humana es una potencia que se despliega en vasos frágiles de barro. La teología católica nos ofrece aquí un bálsamo de paz al reconocer los límites de la voluntad ante el sufrimiento extremo. Al afirmar la dignidad ontológica de la persona por ser imagen de Dios, se reafirma que cada vida posee un valor incondicional, no por lo que produce ni por su capacidad de procesamiento, sino por su mero ser. San Juan de la Cruz (Juan de Yepes Álvarez), en su texto Noche oscura, describe ese estado del alma donde el sentido parece extraviarse y sólo queda la espera en la tiniebla. Para el místico, incluso en ese silencio absoluto de Dios, hay una presencia que sostiene, aunque no se sienta (2010, p. 142). Traigo esta referencia a colación porque me parece fundamental remarcar que esta dignidad nunca se pierde en la crisis, al contrario, es allí donde reclama mayor amparo ante un sistema que descarta lo que deja de ser productivo o funcional.

Es urgente, además, alejarnos de la fría medicalización que despoja al sufrimiento de su dimensión social. Si bien la ciencia aporta herramientas, el consuelo nace de la comprensión del sentido. En este contexto, Emmanuel Levinas, en su ética de la alteridad, nos recuerda que el rostro del otro es una exigencia de responsabilidad infinita. En su obra Totalidad e infinito, sostiene que el encuentro con el otro es, en esencia, un mandato de cuidado: “El rostro se me presenta no como un objeto de percepción, sino como una vulnerabilidad que me interpela. El Rostro me dice: No matarás” (Levinas, 1961/1977, p. 211).

Cuando fallamos en responder a esa vulnerabilidad, la responsabilidad es colectiva. No podemos ignorar que la precariedad y el aislamiento son factores que asfixian el deseo de vivir. Por ello, Viktor Frankl nos enseña que incluso en condiciones extremas, la búsqueda de significado sostiene la existencia (2015, p. 121). Para las familias, la tarea es ahora reconstruir un sentido que incluya la memoria del ser amado no por el acto de su muerte, sino por la luz de su vida entera. La teología pastoral debería encarnar una ética de la ternura (no del juicio moral), recordándonos que el amor de Dios desciende a las profundidades de la desesperación para ofrecer un horizonte de redención que ninguna tecnología puede emular.

Está claro que las estrategias de prevención del suicidio y el consuelo de los que sufren debe entenderse como una responsabilidad comunitaria y política. Se requiere de una praxis de la esperanza que se traduzca en políticas públicas que privilegien el cuidado y la salud mental por sobre la eficiencia y la productividad. En un mundo que valora la utilidad, nos queda la tarea de afirmar que la vida es un don sagrado que se custodia en la mirada y el cuidado del hermano. La caridad social no es sólo asistencia, sino compromiso de transformar nuestras comunidades en refugios donde el dolor sea siempre compartido. Cabe reflexionar, entonces, si nuestras instituciones están preparadas para acoger la sombra sin pretender iluminarla prematuramente con dogmas, permitiendo que el llanto tenga su lugar en el altar del lugar común.

En el diálogo sobre el final de la vida, debemos ser cautelosos con las narrativas de representación. Cuando la sociedad normaliza la muerte autoinfligida como una solución eficiente, corremos el riesgo de desatender el deber de acompañar. La alternativa es el fortalecimiento de la comunidad ritual. Tengamos en cuenta que los ritos de duelo permiten que la pérdida sea integrada en la historia familiar, no como un estigma silencioso, sino como una herida bañada por la luz de la esperanza escatológica que se aferra con sabor agridulce al deseo de “volvernos a ver”. Tampoco se trata de olvidar la tragedia, sino de envolverla en un tejido de solidaridad que impida que el dolor se convierta en una condena eterna para los que permanecen.

Para finalizar, queridos lectores, debemos reconocer que el suicidio nos deja ante un silencio que no debe ser llenado con explicaciones vacías, sino con una presencia amorosa que sostenga la pregunta sin clausurarla. La reflexión filosófica y teológica encuentra su sentido último cuando se vuelve gesto de consuelo para quien llora. El lector no debe cerrar estas líneas con una síntesis intelectual, sino con el deseo de ser, para los otros, un signo de que la esperanza es posible incluso cuando las luces se apagan. ¿Cómo podemos ser hoy ese puerto seguro para quien siente que su barca ya no resiste la tormenta? ¿Es posible que nuestra mayor contribución a la vida sea aprender a escuchar el gemido del corazón ajeno con la misma reverencia con la que entramos en un templo? ¿Podremos, al fin, comprender que nadie se va del todo mientras haya una comunidad dispuesta a custodiar su memoria con la delicadeza de quien sostiene una llama en medio del viento? ¿Y si la verdadera medida de nuestra humanidad no fuera nuestro éxito, sino nuestra capacidad de permanecer al pie de la cruz del otro, en ese instante donde el sistema colapsa, ofreciendo nada más que nuestra propia presencia como prueba de que aún existe lo humano? ¿Es la huida un acto de desamor o la última forma de buscar un descanso que la sociedad le negó en vida al sufriente? ¿Hasta qué punto somos responsables del abismo ajeno y hasta dónde debemos aceptar nuestra bendita incapacidad de salvarlo todo? ¿Podremos perdonarnos, finalmente, por no ser dioses, sino simplemente hermanos vulnerables en busca de un poco de luz?
Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

· Baudrillard, J. (2005). Cultura y simulacro. (A. Vicens y P. Rovira, Trads.). Editorial Kairós. (Obra original publicada en 1978).

· Berardi, F. (2017). Fenomenología del fin: Sensibilidad y mutación ciberespacial. (T. L. Crespo, Trad.). Caja Negra. (Obra original publicada en 2011).

· Camus, A. (2012). El mito de Sísifo. (E. J. Podetti, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1942).

· Cioran, E. M. (1981). Del inconveniente de haber nacido. (T. de la Carrera, Trad.). Taurus. (Obra original publicada en 1973).

· Frankl, V. E. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder. (Obra original publicada en 1946).

· Fromm, E. (2006). El miedo a la libertad. (G. Germani, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1941).

· Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. (A. S. Pascual, Trad.). Herder. (Obra original publicada en 2010).

· Jaspers, K. (1966). La cuestión de la culpa. (M. de la Iglesia, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1946).

· Juan de la Cruz, S. (2010). Noche oscura. (M. de San José, Ed.). Editorial Monte Carmelo.

· Juan Pablo II (1995). Carta Encíclica Evangelium Vitae sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana. Libreria Editrice Vaticana.

· Levinas, E. (1977). Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad. (D. E. Guillot, Trad.). Sígueme. (Obra original publicada en 1961).

· Mèlich, J. C. (2021). La fragilidad del mundo: Ensayo sobre un tiempo precario. Tusquets Editores.

· Schopenhauer, A. (2004). Sobre el suicidio. (M. de Unamuno, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1851).

· Schopenhauer, A. (2009). El mundo como voluntad y representación. (R. R. Aramayo, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1819).