Titulares

martes, 28 de julio de 2026

Por Ramón Mercedes / Diario Azua
Nueva York / 28 julio 2026.-

La actitud asumida por el alcalde de esta ciudad, Zohran Mamdani, de no compactir una misma tarima con líderes de la comunidad dominicana durante la Gran Parada Dominicana en El Bronx, el pasado domingo, ha dejado más interrogantes que respuestas entre los oficiales electos criollos y la propia comunidad.

Y es que por tradición el alcalde de turno sube a tarima y junto a líderes dominicanos se dirige a los asistentes, resaltando la cultura, identidad y orgullo de la comunidad.

Exalcaldes como Bill de Blasio y Eric Adams mantuvieron esa tradición, al igual que anteriores incumbentes.

Consultados por separado, el congresista Adriano Espaillat y la exsenadora estatal por el distrito 72 (Alto Manhattan), Marisol Alcántara, ambos dijeron desconocer las razones.

“Eso tendrá que explicarlo él; son decisiones suyas. Nosotros desfilamos con la comunidad. Cada comunidad merece respeto y debe ser tratada con dignidad. Cualquier alcalde en Gracie Mansion debe extender esa cortesía y respeto a la comunidad dominicana”, dijo el congresista Espaillat.

La respuesta de Alcántara: “no le puedo comentar porque no soy parte de su equipo, no sé lo que pasó, no sé si fue cuestión de logística o qué ocurrió”.

Momentos antes de la presentación de Mamdani habían hablado en tarima el congresista Espaillat, el cónsul Jesús «Chu» Vásquez, el Gran Mariscal Roberto Rojas, el artista Camboy Estévez y el presidente de la Asociación de Bodegueros Unidos de América (UBA), Radhames Rodríguez, entre otros tantos.

Veinte minutos después, cuando se había despejado la tarima y entre abucheos y aplausos, subió el alcalde Mamdani y ofreció un breve mensaje en el que resaltó los aportes de la diáspora dominicana a la ciudad, sin referirse a controversias políticas.

Luego, iniciado el desfile, los líderes dominicanos y las carrozas marcharon por el centro de la ancha avenida Grand Cocourse. El alcalde prefirió hacerlo inicialmente por la estrecha vía lateral o vía de servicio.

Avanzó rápidamente para luego colocarse en la vía central, frente a la primera carroza que dirigía el Consulado Dominicano, la cual tuvo que continuar detrás Mamdani.

Fue notoria la ausencia de Darializa Ávila Chevalier, quien venció recientemente al congresista Espaillat en las primarias demócratas.



Diario Azua / 28 de julio 2026

SANTO DOMINGO.El presidente de la República, Luis Abinader, designó al ministro Víctor -Ito- Bisonó como jefe de la misión especial que representará al Gobierno dominicano en las ceremonias oficiales de transmisión de mando presidencial en la ciudad de Lima, Perú.

En su calidad de jefe de la delegación, Bisonó liderará la representación dominicana en el acto central de toma de posesión y en la agenda protocolar organizada por las autoridades peruanas para los días 27 y 28 de julio.

La designación de Bisonó responde a su trayectoria en la gestión de asuntos internacionales y la representación del Estado dominicano en el exterior. Su nombramiento busca además consolidar los canales de diálogo y cooperación bilateral entre ambas naciones, sustentados en intercambios institucionales y diplomáticos previos.

La delegación oficial dominicana está integrada, además del ministro Bisonó, por el embajador extraordinario y plenipotenciario de la República Dominicana en el Perú, César Herrera Díaz, así como por los empresarios Frank Rainieri y Haydée Kuret de Rainieri. La participación del país en estas actividades protocolares reafirma la política exterior dominicana orientada a consolidar las relaciones con América Latina y promover el entendimiento regional.


 

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 28 julio 2026.-

«Solo en la comunicación se realiza el ser humano. En la comunicación con el otro, la verdad que hay en mí se revela» Jaspers, 1989, p. 50

Asistimos a una época vertiginosa donde la palabra circula con una abundancia sin precedentes, pero donde la auténtica escucha se desvaneció casi por completo. Se habla en todas partes, a toda hora y a través de múltiples pantallas, mas la proliferación masiva de emisiones verbales dista mucho de constituir un espacio de comunión real. Al contemplar la conversación contemporánea, descubrimos que la noción de diálogo ha sido despojada de su densidad histórica y ontológica, quedando reducida a una simulación ruidosa donde los individuos intercambian monólogos paralelos. Se trata de un espectáculo estridente donde prima la necesidad narcisista de autoafirmación antes que el deseo genuino de comprender. Frente a este escenario de saturación mediática, conviene pausar el ritmo e interrogar la naturaleza misma del hablar compartido, pues en el repliegue del pensamiento crítico y la hipertrofia de las opiniones viscerales se incuba el verdadero síntoma de nuestra decadencia cultural.

Desandar los orígenes de este naufragio nos exige remontarnos a las fuentes del pensamiento occidental, donde la etimología griega nos devela que la palabra remite a un tránsito de la razón, a un discurso que atraviesa a los interlocutores para transformarlos en su trayectoria. Platón elevó esta praxis a la categoría de dialéctica, concibiéndola en sus diálogos tempranos como el itinerario imprescindible para ascender desde la opinión infundada (doxa) hacia la comprensión fundamentada (episteme). El método socrático no pretendía acorralar ni humillar al adversario en el terreno oratorio, sino guiarlo pacientemente mediante preguntas inquisitivas hacia el examen de sus propias certidumbres. Semejante tarea presuponía un coraje ético insustituible, caracterizado por la disposición a asumir la propia finitud intelectual. En la Apología de Sócrates, el filósofo formuló esta conciencia de los propios límites al sostener que «este hombre cree que sabe algo sin saberlo, mientras que yo, así como no sé nada, tampoco creo saberlo» (Platón, 2000, p. 21d). Carecer de esta apertura interior para dejarse interpelar desfigura cualquier intercambio, convirtiendo el espacio común en una tribuna donde la palabra se estanca y languidece.

A la luminosidad ética de la búsqueda socrática es preciso añadir la exigencia formal que el genio aristotélico imprimió a la conversación humana. Para que el intercambio no naufrague en el desborde emotivo ni se degenere en mero espectáculo persuasivo, requiere sostenerse sobre la solidez del razonamiento deductivo. En los Primeros analíticos, Aristóteles definió la estructura formal del silogismo como «un discurso en el cual, establecidas ciertas cosas, resulta necesariamente de ellas, por ser lo que son, otra cosa distinta» (Aristóteles, 1988, p. 24b). Asimismo, en el tratado de la Retórica, distinguió entre el logos —el argumento propiamente dicho—, el pathos —la conmoción afectiva del auditorio— y el ethos —la autoridad moral del orador—. Sin embargo, cuando la búsqueda honesta de la verdad se eclipsa por la vanidad, la arquitectura lógica se prostituye en mera sofística. Arthur Schopenhauer expuso con amarga lucidez esta degradación en El arte de tener razón, al diagnosticar que «la dialéctica erística es el arte de disputar, de modo que uno tenga razón tanto justa como injustamente» (Schopenhauer, 2002, p. 23). Esta corrosiva apreciación retrata la miseria de nuestro debate público: no nos importa la validez del razonamiento ni el esclarecimiento de lo real, sino vencer al antagonista a cualquier precio, utilizando la falacia y el agravio como atajos para enmascarar nuestra propia indigencia argumentativa.

Lejos de amedrentarse ante el desacuerdo, el pensamiento medieval entendió que la confrontación teórica era el fuego donde se purificaba el saber. Durante siglos, las universidades ejercitaron la disputatio, una metodología donde la discrepancia se asumía como una herramienta indispensable para depurar el intelecto. Filósofos de la talla de Santo Tomás de Aquino estructuraron sus magnas obras, entre ellas la Summa Theologiae, bajo la dinámica rigurosa de presentar exhaustivamente las objeciones contrarias antes de fundamentar una solución. En esa misma línea de rigor procedimental, Juan Duns Escoto aseveró en su Ordinatio que «la ciencia humana no alcanza un saber perfecto, sino solo por el ejercicio del intelecto» (Duns Escoto, 1950, prol. q. 3). La confrontación entre tesis e hipótesis demostraba que el conocimiento no es un patrimonio estático ni una iluminación pasiva, sino el fruto de un esfuerzo metódico capaz de superar las resistencias del propio sesgo. Cuestionar las ideas preconcebidas no destruía la fe en el saber; al contrario, constituía la única vía honesta para elevar la inteligencia por encima del dogma ciego.

Durante el apogeo ilustrado, la tarea de someter la opinión individual a la prueba del escrutinio colectivo trascendió los claustros académicos y se erigió en el motor emancipador de la sociedad civil. Immanuel Kant, en su célebre opúsculo ¿Qué es la Ilustración?, argumentó que el progreso civilizatorio exige abandonar la minoría de edad mediante el coraje de pensar de manera autónoma. Al plasmar el célebre imperativo «¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!» (Kant, 2004, p. 83), el filósofo germano no defendía una arbitrariedad individualista, sino la obligación cívica de someter los juicios al debate razonado dentro de una comunidad de lectores libres. La esfera pública nacía así como un ideal donde el argumento mejor construido, y no la autoridad dogmática o la coacción, debía guiar las decisiones colectivas.

No obstante, la promesa emancipadora de la razón pública terminaría sofocada por las tramas invisibles del poder y la hipertrofia de los medios masivos. El orden discursivo dejó de ser un terreno neutral para transformarse en un espacio fuertemente disciplinado y mercantilizado. Michel Foucault, en El orden del discurso, desenmascaró los mecanismos de exclusión y control que operan en las sociedades al sostener que «en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos» (Foucault, 1992, p. 14). La conversación social no fluye libremente, sino que responde a límites invisibles impuestos por instituciones y hegemonías que determinan de antemano qué es admisible pensar y quién tiene la legitimidad para hablar. Esta domesticación del discurso halla su expresión más feroz en la sociedad contemporánea, caracterizada por la sustitución de la experiencia viva por la imagen. En La sociedad del espectáculo, Guy Debord vislumbró esta alienación radical al aseverar que «todo lo que antes era vivido directamente se ha alejado en una representación» (Debord, 1999, p. 37). En un mundo donde la realidad cede su lugar a la escenificación, el diálogo auténtico se disuelve; no dialogamos con seres humanos reales, sino con caricaturas mediáticas, consumiendo consignas simplificadas y reduciendo el debate colectivo a una escenografía de simulacros.

A este tamiz político se añade la quiebra ontológica del concepto mismo de verdad, cuya crisis desembocó en un relativismo cómodo y en un atrincheramiento tribal. Cuando la idea de lo verdadero pierde su anclaje en lo real, las convicciones individuales se sacralizan como dogmas inexpugnables. Friedrich Nietzsche, en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, anticipó de forma mordaz la fragilidad de nuestros constructos conceptuales al definir la verdad como «un ejército en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos» (Nietzsche, 2006, p. 25). Al perderse la conciencia de que nuestros conceptos son ficciones útiles que requieren una constante revisión crítica, el ser humano convierte sus metáforas particulares en trincheras ideológicas. Se renuncia al esfuerzo de someter las premisas al contraste con la realidad, prefiriendo la seguridad cobarde de los prejuicios compartidos. La discusión se torna así en un ajuste de cuentas donde la discrepancia ya no representa una invitación a filosofar, sino una amenaza existencial que debe ser fulminada.

Frente a las cenizas del siglo XX, marcadas por la barbarie totalitaria y el adoctrinamiento de masas, la preocupación por rescatar la palabra viva cobró un matiz de urgencia dramática. Hannah Arendt, en La condición humana, situó la palabra y la acción en el centro mismo de la pluralidad política, manifestando que «con la palabra y el acto nos insertamos en el mundo humano» (Arendt, 2005, p. 201). Para Arendt, la renuncia a hablar significativamente con otros equivale a la destrucción del espacio intersubjetivo, atroz antesala del totalitarismo. En una sintonía complementaria, Jürgen Habermas formuló su Teoría de la acción comunicativa, enfatizando la necesidad de una racionalidad procedimental volcada al entendimiento mutuo. De acuerdo con Habermas, «el concepto de acción comunicativa remite a la interacción de al menos dos sujetos capaces de lenguaje y de acción que entablan una relación interpersonal» (Habermas, 1987, p. 124). La validez de cualquier proyecto democrático depende de la calidad deliberativa de sus ciudadanos y de su disposición sincera a dejarse convencer por la fuerza del mejor argumento, libre de toda violencia o manipulación ideológica.

Ahora bien, restablecer la conversación exige traspasar los límites formales de la lógica para adentrarse en la dimensión hermenéutica y ética de la alteridad, puesto que hablar verdaderamente requiere albergara al otro en su radical diferencia. Hans-Georg Gadamer, en Verdad y método, definió la comprensión interpersonal como una experiencia donde los horizontes individuales se expanden, expresando que «comprender es siempre el proceso de fusión de estos horizontes presuntamente aislados entre sí» (Gadamer, 1993, p. 377). Esta fusión resulta irrealizable si el interlocutor es percibido como un rival a instrumentalizar. La filosofía dialógica de Martin Buber ilumina esta exigencia en Yo y Tú, al afirmar rotundamente que «toda vida verdadera es encuentro» (Buber, 1977, p. 15). Cuando las relaciones humanas se degradan en un vínculo cosificador —un intercambio entre un «Yo» y un «Ello»—, la palabra se vuelve fría y utilitaria. A esta advertencia se suma la voz de Emmanuel Levinas, quien desde Totalidad e infinito apela al imperativo ético de la otredad al sostener que «el rostro me habla y por ello me interpela» (Levinas, 1977, p. 211). La sola presencia del rostro ajeno quiebra la autosuficiencia de nuestro ego, prohibiéndonos reducir la complejidad del ser humano a una mera etiqueta conceptual.

Semejante exigencia ética choca frontalmente contra las dinámicas de la era digital contemporánea, donde el diálogo ha sido devorado por la vorágine algorítmica y el imperativo de la visibilidad inmediata. Las plataformas interactivas, diseñadas bajo la utopía irónica de interconectar al planeta, terminaron levantando muros invisibles de aislamiento y tribalismo. Las cámaras de eco y los sistemas de recomendación procesan nuestros sesgos para alimentarnos únicamente con aquello que halaga nuestro ego, expulsando de la pantalla cualquier matiz incómodo. En La expulsión de lo distinto, Byung-Chul Han retrata con precisión esta patología de la atención al subrayar que «la escucha no es un acto pasivo, sino que requiere una atención activa, una acogida al otro en su alteridad» (Han, 2017, p. 125). Sin el silencio interior que permite albergar el pensamiento ajeno, la interacción digital degenera en una estampida de voces frenéticas donde triunfan la indignación efímera, el eslogan agresivo y el aplauso automatizado. Nos hemos convertido en sordos hiperconectados que gritan en la oscuridad de sus propios espejos.

Frente a este desierto de amplificadores y aplausos cautivos, la filosofía no puede actuar como un sedante ni como una simple espectadora complaciente. El verdadero desafío de nuestra época consiste en romper el hechizo de las certezas prefabricadas y tener la osadía de mirar al otro no como un enemigo a batir, sino como el único espejo capaz de rebelarnos nuestra propia humanidad. ¿Nos resignaremos a languidecer en esta orquestación de monólogos estridentes, celebrando el eco de nuestra propia ignorancia mientras la convivencia civilizada se desmorona en el desprecio mutuo? ¿Seremos capaces de desarmar la soberbia del juicio intempestivo y abrazar la humilde sospecha de que la razón, acaso, habita en la palabra del diferente? Si renunciamos a la fragilidad de dejarnos transformar por la verdad ajena, ¿qué nos queda de humanos en esta era de certezas desalmadas?
Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

· Arendt, H. (2005). La condición humana (Trad. R. Gil Novales). Paidós.

· Aristóteles. (1988). Tratados de lógica (Órganon) I: Categorías, Tópicos, Sobre las refutaciones sofísticas, Primeros analíticos (Trad. M. Candel Sanmartín). Gredos.

· Buber, M. (1977). Yo y Tú (Trad. C. Díaz). Nueva Visión.

· Debord, G. (1999). La sociedad del espectáculo (Trad. V. Gómez). Marca de Agua.

· Duns Escoto, J. (1950). Ordinatio: Prologus. Typis Polyglottis Vaticanis.

· Foucault, M. (1992). El orden del discurso (Trad. A. González Troyano). Tusquets.

· Gadamer, H.-G. (1993). Verdad y método (Vol. I; Trad. A. Agud Aparicio y R. de Agapito). Sígueme.

· Habermas, J. (1987). Teoría de la acción comunicativa (Vol. I; Trad. M. Jiménez Redondo). Taurus.

· Han, B.-C. (2017). La expulsión de lo distinto (Trad. A. Ciria). Herder Editorial.

· Jaspers, K. (1989). Filosofía (Vol. 2: Orientación en el mundo; Trad. J. Gaos). Universidad Nacional Autónoma de México.

· Kant, I. (2004). ¿Qué es la Ilustración? (Trad. E. Ímaz). Alianza Editorial.

· Levinas, E. (1977). Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad (Trad. D. E. Guillot). Sígueme.

· Nietzsche, F. (2006). Sobre verdad y mentira en sentido extramoral y otros ensayos (Trad. L. M. Valdés Villanueva). Tecnos.

· Platón. (2000). Apología de Sócrates (Trad. C. García Gual). Gredos.

· Schopenhauer, A. (2002). El arte de tener razón: expuesto en 38 estratagemas (Trad. F. C. Vevia Romero). Edaf.

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

EE.UU. tiene la tradición republicana que privilegia la institucionalidad, limita el culto a la personalidad y coloca al ciudadano por encima de los títulos honoríficos.

Por Roberto Valenzuela
Diario Azua / 28 julio 2026.-

Al llegar a sus 250 años de fundación, no podemos regatear méritos a la grandeza de Estados Unidos. Debemos quitarnos el sombrero ante tantas cosas positivas, como su sistema de justicia, el cual, una vez nacieron las 13 colonias, supo desarrollar un derecho moderno, más orientado al comercio, a partir del sistema judicial tradicional inglés llamado common law (derecho común). Denominado así porque seguía los mismos principios y normas jurídicas en todos los territorios controlados por la monarquía inglesa.

Existía —todavía existe— uniformidad, incluso en la forma de vestir de los jueces ingleses. Suelen usar una larga toga negra y, en muchas ceremonias o tribunales tradicionales, una peluca blanca elaborada con cabello artificial. Esta indumentaria conserva un estilo antiguo y solemne que simboliza la autoridad, la imparcialidad y el respeto por la justicia.

La grandeza de aquellas 13 colonias inglesas radica en que supieron tomar elementos tradicionales y adaptarlos a un sistema jurídico más dinámico, capaz de impulsar el comercio de una nueva nación que se expandía por el mundo, pasando de 13 colonias a 50 estados.

No fue solamente el sistema de justicia lo que cambió desde la proclamación de su independencia, el 4 de julio de 1776. Allí se consolidó el primer sistema democrático presidencialista o republicano del mundo. Los ciudadanos votan en elecciones para escoger a un presidente, legisladores y otras autoridades encargadas de gobernar y administrar el patrimonio público. Hasta entonces, la humanidad había conocido principalmente las monarquías, donde los reyes afirmaban recibir su poder de Dios y lo transmitían por herencia familiar.

Aunque son eminentemente cristianos, en su mayoría protestantes, el poder de decisión recae en los votantes. Es el país donde más elecciones se celebran, en muchos estados, incluso los jueces son escogidos mediante votación popular.

Antes de construir una carretera, una escuela, un hospital o cualquier otra obra costosa que implique endeudarse o cobrar más impuestos, se consulta a la población. Son los contribuyentes quienes tienen la última palabra y deciden con su voto si autorizan o rechazan el proyecto.

Para romper con la idea del poder sustentado en Dios y el rey, la nueva nación decidió apartarse de los títulos de nobleza como “Su Majestad”, “Su Excelencia” o “Excelentísimo”, con el propósito de evitar el culto a la personalidad, una práctica que equipara al gobernante con una figura casi divina. Este fenómeno ocurre cuando se presenta a un rey, dictador o líder político como una persona extraordinaria que nunca se equivoca y a quien todo se le debe. Para ello se utilizan retratos, estatuas, discursos y propaganda que exaltan constantemente su figura y desalientan las críticas.

Al presidente estadounidense, a los legisladores, embajadores y demás funcionarios simplemente se les llama “señor”. El principal impulsor de que los gobernantes y servidores públicos fueran tratados únicamente como “señor”, seguido de su nombre o cargo, fue el general George Washington, padre de la patria y primer presidente de la nación. Washington discrepaba en este aspecto con el vicepresidente y también padre fundador John Adams, quien consideraba apropiado utilizar algunos títulos honoríficos.

En Estados Unidos no es necesario acompañar el nombre de los funcionarios o ciudadanos con títulos profesionales como doctor, licenciado o ingeniero.
Por Alfredo Cruz Polanco (alfredocruzpolano@gmail.com
Diario Azua / 28 julio 2026.-

El director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), señor Qu Dongyu, de la República de China, acaba de afirmar que la República Dominicana logró reducir la prevalencia de la subalimentación por debajo del umbral internacional que define la condición de hambre. Según el informe, la República Dominicana se ha movido por debajo del 2.5% del umbral de desnutrición y fuera del mapa del hambre

De inmediato el señor presidente de la República, Luis Abinader Corona y el ministro de la presidencia, José Ignacio Paliza, quien también preside el Consejo Nacional para la Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Conasan), anunciaron con bombos y platillos, el logro alcanzado por el país durante su gestión de gobierno, lo que según ellos, se debe al apoyo técnico y de recursos brindados por dicha organización y a las atenciones otorgadas por el gobierno a los hombres y mujeres del campo, así como a los diferentes subsidios otorgados a los sectores sociales marginados, como el Bono Gas, el Bono Luz, Aliméntate, a los Comedores Económicos, al Programa de Alimentación Escolar, entre otros. El ministro Paliza también se refirió al aumento del salario promedio del país, como un índice del crecimiento y el desarrollo económico.

Conociendo la realidad económica, política y social que aún prevalece en la República Dominicana, esta dista mucho de lo afirmado por el señor Dongyu, por el presidente Abinader, así como por el ministro Paliza, pues aunque en el país ha habido un aumento en la producción agrícola, pecuaria y ganadera, no toda la producción arrocera, de pollos, huevos, guineos, entre otros rubros, está destinada para el consumo local. Una gran parte va para los países cercanos, como Haití y para el sector turístico. Muchos de estos productos no están al alcance de los más desposeídos.

Esta infornacion es importante conocerla porque muchos consideran que todo lo que aquí se produce es consumido por todos los sectores sociales.
Tampoco se puede considerar el sueldo promedio como un índice de desarrollo y de crecimiento, pues en un país donde una minoría devenga sueldos de lujo, una gran mayoría obtienen ingresos irrisorios y otros no tienen empleos fijos, el sueldo promedio no responde a la realidad. Esto no es más que un simple sofisma.

La FAO, es una agencia internacional que lidera esfuerzos para erradicar el hambre, para mejorar la nutrición, promover una agricultura y un desarrollo rural sostenible en los países en vías de desarrollo. Fue creada luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial en el año 1945 y entre sus objetivos fundamentales, procura el uso eficiente de los recursos en la agricultura; poner fin al hambre, con acceso a dietas sanas y alimentos seguros; la lucha contra el cambio climático; la reducción de la pobreza y el crecimiento económico de los países pobres.

En un país, con regiones con una gran tradición en la producción agrícola, ganadera y pecuaria, una unidad de plátano cuesta en estos momentos 25 pesos, una libra de guineos verdes, 18; la de batata y de yuca 30 y 40 pesos; la de carne de pollos 90 pesos, una libra de arroz 40, la de carne de res 150 y un huevo 10 pesos;
con un alto costo de los productos de primera necesidad; que la canasta familiar ronda los 52 mil pesos.

Además, con los servicios públicos a punto de colapsar. en el que existe un gran desempleo; en el que millones de personas salen a las calles a buscar su sustento diario con muchas dificultades; que muchas familias solo pueden ingerir dos comidas en el dia, otras una sola, en estas condiciones tan precarias, les resulta casi imposible de obtener los alimentos necesarios que le proporcionen una nutrición adecuada, por lo que se nos hace muy cuesta arriba, aceptar la afirmación, de que ya hemos alcanzado la meta de hambre cero, como se acaba de dar a conocer.

Es posible que las informaciones y las estadísticas reunidas y suministradas a la FAO y a su director, no estén bien fundamentadas, que no correspondan a nuestra realidad. También, es muy probable que el señor Dongyu no conozca la verdadera realidad socio económica de nuestro país, o que se haya confundido por la gran cantidad de vehículos de lujos que posee un sector de la clase alta del país, o por las grandes cadenas de supermercados y plazas establecidas, donde solo adquieren sus productos los de clase media alta. De toda manera, nos alegramos, porque con ello aumenta el crédito y el prestigio de nuestro país.

Ya hemos expresado en otros momentos, que los subsidios sociales otorgados por el gobierno, no reducen la pobreza extrema ni contribuyen a lograr la soberanía alimentaria, por el contrario, la recrudecen, pues con este proceder, se contribuye a crear un sistema clientelar y paternalista.

Por todo lo ante expresado, con el respeto que nos merecen el director de la FAO, señor Dongyu, el señor presidente de la República, Luis Abinader y el ministro de la presidencia, Jose Ignacio Palliza, nos resulta muy difícil aceptar como buena y válida la afirmación de declarar a la República Dominicana en estos momentos, de hambre cero, aunque siendo justo, debemos reconocer que ha habido una mejoría.

El autor es Contador Público Autorizado
Máster en Relaciones Internacionales
Ex diputado al Congreso Nacional

Por Oscar López Reyes
Diario Azua / 28 julio 2026.-

Como durante los primeros 26 años del siglo XXI, entre el 72% y el 86% del Presupuesto General del Estado ha sido destinado a gastos operativos o corrientes (sueldos, compras, subsidios, pago de intereses de la deuda externa, etc.), por lo que para construir obras de infraestructuras para los servicios públicos y el escalamiento del desarrollo, los gobiernos han tenido que acudir a préstamos. Entre ellos, el de Danilo Medina espiga como el que más ha aumentado el endeudamiento, y el de Luis Rodolfo Abinader el que menos.

El que más y el que menos ha comprometido a la Nación consta en una presentación infográfica de la firma CSN Network. Exceptúa el gobierno de Hipólito Mejía, creemos porque la deuda subió mínimamente: de 4,447 millones a 11,099 millones de dólares, fundamentada en la crisis bancaria de 2003, y en que la consolidada creció notablemente a partir de la recesión de 2008.

El ranking señala que cuando Leonel Fernández (2004-2012) llegó a la Presidencia de la República el país tenía 47 centavos de deuda de cada 100 del Producto Interno Bruto (PIB) y cuando terminó bajó a 41, para un cambio relativo (no absoluto) de 12%; el de Danilo Medina (2012-2020) ascendió de 41% a 69%, para una variación de 68% y el de Luis Abinader (2020-2026) de 68% la ha bajado a 58%, para un cambio de 17%, siendo “el presidente que menos ha endeudado al país e incluso el que más ha reducido la deuda”, conforme con CSN Network.

La deuda externa figura como el capítulo más robusto de los compromisos estatales. En el período estudiado, la proporción de los créditos relacionados con el Producto Interno Bruto (PIB) rondó en 61.1%, y en el gobierno de Abinader se ha estabilizado en un 60%.

Para evaluar la salud fiscal de un Estado comúnmente se utilizan 10 indicadores clave, y el primero es el que utiliza la CSN Network: La deuda como porcentaje del PIB, que comparativamente analiza las obligaciones del gobierno con el tamaño de la economía. Los otros medidores son, según la literatura económica: 2) el servicio de la deuda vs. ingresos corrientes, 3) pasivos contingentes, 4) presión o presión fiscal, 5) elasticidad tributaria, 6) diversificación de ingresos, 7) balance primario (o déficit/superávit primario), 8) balance general (déficit/superávit fiscal), 9) rigidez del gasto, y 10) ratio de liquidez inmediata.

La deuda pública consolidada creció asombrosamente a partir del 2008, por los gastos del Covid-19 en el 2020, los impactos de la crisis internacionales, como las guerras en Ucrania e irán; las inversiones para la fluidez del tránsito vehicular, como el Metro, teleféricos, túneles, elevados, autopistas y puentes; obras de desarrollo, como recursos hidráulicos y energéticos, el turismo, la industria, las viviendas, los deportes, las reformas gubernamentales y la expansión del número de empleados públicos, en virtud del crecimiento del Estado y del populismo.

Como se evidencia, el gasto de capital o inversión pública ha sido reducido en los primeros 26 años del siglo XXI, conforme las estadísticas del Ministerio de Hacienda y Economía y la Dirección General de Presupuesto (Digepres), mientras que pobladores reclaman persistentemente más capacidad productiva del país y mejoras en los servicios de hospitales, centros educativos, seguridad, energía eléctrica, abastecimiento de agua potable, tecnología, empleos y otros.

La temática del endeudamiento externo transita por los senderos de la sofisticación e intrincación, por lo que en esa encrucijada caben las expresiones inglesas e italianas “Between a rock and a hard place” (entre una roca y un lugar duro) y “Tra l'incudine e il martello” (entre el yunque y el martillo), que en dominicana se traduce entre la espada y la pared, y estamos obligados a carabina.

En la primera pirámide de la deuda interna y externa interactúan, vertical y horizontalmente, tres factores:

1.- Las presiones sociales para el emprendimiento de acciones gubernamentales favorables a las comunidades;

2.- Los déficits fiscales estatales con las exigencias de aumentos en los ingresos tributarios o impuestos para atender las necesidades planteadas, y

3.- La emisión de bonos soberanos en mercados de capitales, préstamos con organismos multilaterales y con otros gobiernos, cuyos pagos para la República Dominicana representan actualmente el 26% de sus ingresos fiscales y el 48% del PIB.

La política de financiamiento estatal se ha impuesto como alternativa no deseable, porque el Estado no posee la capacidad para generar los ingresos requeridos para atender emergencias, como desastres naturales; estimular el consumo interno y edificar obras sociales. Ante este dilema, los últimos gobiernos dominicanos han optado por la repudiada alternativa de los empréstitos, como también la gran mayoría de los países, y basta citar a Estados Unidos, por lo que la deuda global ha subido a un máximo histórico sin precedentes.

El endeudamiento atrae ingresos frescos, por lo que se constituye en oxígeno para la economía, lo que permite financiar proyectos de desarrollo en el presente, y ¿qué situación generaría en el futuro? El presidente Luis Abinader se vanagloria porque durante su gobierno gestiona adecuadamente y con transparencia esta área de la economía, además, en virtud de que en este terreno abate a Danilo Medina, quien fulgura como el líder del incremento de los créditos exteriores, y también a Leonel Fernández, quien está por debajo de su archirrival político morado, espiga como el que más ha aumentado el endeudamiento.

Ahora, en perspectiva del mañana, ¿seguirá o ampliará esta postura el próximo gobierno, para asegurar la línea de desembolsos a los acreedores y la sostenibilidad de las finanzas públicas?

El autor es periodista y mercadólogo especializado en economía; catedrático, escritor y productor de los programas y segmentos televisivos Economía y Marketing.


Una docente y estudiantes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). ( D/ L/ Fuente Externa)


Diario Azua / 28 de julio 2026

SANTO DOMINGO. – Las investigaciones de grado en la República Dominicana se han convertido en una radiografía directa de las mayores preocupaciones sociales del país. Lejos de ser meros ejercicios académicos abstractos, los trabajos elaborados en academias como la UASD, Intec, Unibe, PUCMM y la UCSD abordan desde patologías complejas como el cáncer y la enfermedad renal crónica, hasta la salud mental, la comprensión lectora, la seguridad vial y el impacto de la gestión familiar en el tejido empresarial.

Pese a que diversos centros académicos han diversificado sus modalidades de titulación integrando monográficos, la tesis mantiene su rol como generadora de evidencia. Sin embargo, el principal escollo sigue siendo el mismo: lograr que estos hallazgos salgan de las bibliotecas universitarias y se conviertan en políticas públicas o soluciones aplicables en el ámbito privado.

El reto ético de investigar en la era de la IA

El ecosistema de la investigación universitaria enfrenta además la rápida irrupción de la inteligencia artificial. De acuerdo con docentes y asesores con amplia trayectoria como Jenfri Jiménez Paulino (UASD) y Karina Cruz (UCSD), el reto actual no radica en prohibir estas plataformas, sino en regular su uso responsable.

La IA ha optimizado los tiempos de redacción y la estructuración metodológica, pero también ha generado tendencias hacia el "mínimo esfuerzo" o la generación de datos desligados de la realidad local. Ante esta situación, los educadores hacen hincapié en la necesidad de exigir evidencias contundentes del trabajo de campo, soportes visuales e interacciones directas con las comunidades afectadas, recordando que la herramienta debe ser un apoyo analítico y no un sustituto del criterio humano.

Evaluación y seguimiento: ¿Por qué casi nadie reprueba?

Un aspecto característico del proceso de titulación es la baja tasa de reprobación en la fase final de defensa. Los académicos explican que esto no responde a un rigor laxo, sino a un esquema de acompañamiento continuo. El trabajo pasa por múltiples etapas de revisión y corrección previas a la presentación oral ante el jurado, donde las calificaciones suelen promediar entre los 88 y 94 puntos, dándole al estudiante la oportunidad de subsanar fallas antes de la evaluación definitiva.

El consenso entre la comunidad docente apunta a la necesidad de que tanto las instituciones de educación superior como el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Mescyt) impulsen normativas actualizadas sobre tecnología y ética, promoviendo al mismo tiempo mecanismos que integren las tesis universitarias con pasantías y proyectos reales del mercado laboral.

Testigo del tiempo


Diario Azua / 28 julio 2026.-

Por J.C. Malone

En noviembre de 2006, llegamos al “hambre cero”, porque el presidente George W. Bush sustituyó la palabra “hambre” por “muy baja seguridad alimentaria”, en los informes oficiales. Cuando el presidente Luis Abinader y un burócrata de la FAO declararon que el país estaba en etapa de “hambre cero”, dijeron la verdad, 20 años después.

Acto seguido, la misma FAO dice que el 41 por ciento de los dominicanos sufre “muy baja seguridad alimentaria”, que es el nuevo maquillaje verbal del hambre. Reflexionemos sobre lo siguiente: cuando un gobernante no tiene otra salida que contar historias tan falsas, es porque su gobierno está mucho peor de lo que parece.

Lo que Abinader diga sobre el hambre es irrelevante, importante es que haya escogido decirlo en este momento. El mundo sufre escasez alimentaria, de fertilizantes, e inflación por la crisis de los combustibles, lo que Abinader dice, demuestra que no tiene nada coherente que decir.

Claramente asistimos al inicio de tiempos bastante difíciles, faltan dos años para que termine el mandato de Abinader. Un país sin agua potable ni energía eléctrica, que de manera regular el gobierno lo endeuda con préstamos para todo, incluyendo el esotérico “combate” del cambio climático. Nadie tiene hambre, habitamos la Utopía de Tomas Moro.

Desde que sacaron la palabra “hambre” de los informes oficiales, eso no existe, y lo único que Abinader ofrece es decirnos algo que sabíamos hace 20 años. El gobierno tiene tan pocos recursos que su fábrica de mentiras, eso siempre abunda entre políticos, se agotó. Un politico en el poder, sin mentiras ni creatividad para producir nuevas historias, es un serio peligro público.

En lo adelante, me refiero a los dos años de gobierno que restan; podemos ver cosas sencillamente inimaginables. Como está: el gobierno hace un presupuesto para 12 meses y en seis meses debe hacer otro porque lo gastaron todo, eso desnuda su falta de planificación. Todo esto tendrá serias consecuencias, pero no pagarán “los de arriba”. Gracias a dios, Abinader venció el hambre.


El merengue perdió hace cinco años a uno de sus más grandes embajadores, Johnny Ventura, un artista que dejó éxitos convertidos en clásicos. (FUENTE EXTERNA)


Diario Azua / 28 de julio 2026

SANTO DOMINGO. – Al cumplirse el quinto aniversario del fallecimiento de Juan de Dios Ventura Soriano, conocido universalmente como Johnny Ventura, la República Dominicana recuerda a la figura que redefinió el ritmo nacional y llevó la dominicanidad a escenarios internacionales.

Como parte de los actos conmemorativos, su esposa, doña Fifa de Ventura, y sus familiares oficiarán una misa en su memoria este martes 28 de julio, a las 6:30 p.m., en la parroquia Divina Providencia, situada en el sector Arroyo Hondo.

Un cambio de paradigma en el merengue

La tarde del 28 de julio de 2021, la partida del "Caballo Mayor" a los 81 años conmocionó al país y a la comunidad internacional. Su fallecimiento en Santiago marcó el fin de una era, pero consolidó una herencia musical construida a lo largo de 65 años de trayectoria y más de un centenar de producciones discográficas.

https://youtu.be/nY3W_zAU-Po?si=t_mjtZNJpV0Vj403


Ventura irrumpió en la escena musical en la década de 1960 con la creación del Combo Show, transformando un género hasta entonces estático en una propuesta dinámica. Al incorporar coreografías, vestuario vistoso y una sección de vientos y percusión renovada con influencias del rock y ritmos afrocaribeños inspirado por figuras como Elvis Presley y Benny Moré, logró modernizar el merengue sin alterar su esencia fundamental.

A lo largo de su carrera, acuñó éxitos que continúan vigentes en el repertorio festivo, tales como "Patacón Pisao", "Merenguero hasta la Tambora", "Capullo y Sorullo" y "La Agarradera". Asimismo, su voz se convirtió en un elemento tradicional de las festividades navideñas a través de composiciones emblemáticas como "Salsa pa’ tu lechón" y "Ley Seca".

Trayectoria pública y continuidad de su legado

Más allá de su faceta artística, en la que obtuvo múltiples discos de oro y platino, además del Latin Grammy y el Premio a la Excelencia Musical, Ventura ejerció el derecho y mantuvo una prolongada vida política. Ocupó posiciones como diputado, vicealcalde y alcalde del Distrito Nacional, además de desempeñarse como diplomático.

https://youtu.be/7REAGx4uXD8?si=IaLOY9iCHSwaM5tr

En la actualidad, la preservación de su catálogo y concepto musical está a cargo de su hijo, Jandy Ventura, quien lidera el proyecto "El Legado del Caballo". A través de esta iniciativa, la familia mantiene activas las interpretaciones de sus clásicos y organiza presentaciones homenajes para transmitir su obra a las nuevas generaciones.