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sábado, 14 de febrero de 2026

De protectores a traidores: Los rostros de la CIA y la DEA que vendieron secretos al mejor postor


Diario Azua / 14 de febrero 2026

El reciente arresto de Melitón Cordero, supervisor de la DEA en República Dominicana, ha reabierto una herida profunda en la seguridad nacional de EE. UU. No es un caso aislado; es el capítulo más reciente de un historial oscuro donde agentes de élite cambiaron su placa por maletines de dinero, beneficiando a carteles y potencias extranjeras como China y Rusia.

El mercado de secretos: China y Rusia en la mira

A lo largo de las décadas, la confianza en la CIA ha sido vulnerada por hombres que conocían los secretos más íntimos del Estado:

Aldrich Ames (El traidor histórico): Proporcionó información crítica a la URSS y Rusia, destruyendo operaciones encubiertas. Hoy cumple cadena perpetua.

Jerry Chun Shing Lee y Kevin Mallory: Ambos exoficiales de la CIA fueron seducidos por la inteligencia china. Lee recibió 19 años y Mallory 20 años de prisión tras vender documentos de defensa nacional.

La era de las filtraciones digitales

El caso de Joshua Schulte marcó un antes y un después. Como ingeniero de software de la CIA, ejecutó la mayor violación de datos en la historia de la agencia al entregar a WikiLeaks los documentos "Vault 7". Su sentencia en 2024 fue de 40 años de cárcel. La DEA bajo la sombra de la corrupción

El caso dominicano de Cordero se suma a otros exoficiales que usaron su experiencia para el crimen organizado:

Paul Campo: Retirado de la DEA, fue capturado en una operación encubierta intentando lavar millones y conseguir armas de grado militar para el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Joseph Bongiovanni: Durante 20 años protegió a narcotraficantes que eran sus amigos de la infancia. Al ser condenado a 5 años, declaró con cinismo: "Amaba ese trabajo".

¿Por qué fallan los controles?

Aunque las autoridades federales persiguen activamente estos delitos, estos patrones revelan una vulnerabilidad persistente: el factor humano. La ambición económica y los lazos personales han demostrado ser, en ocasiones, más fuertes que el juramento de lealtad a la seguridad global.

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