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janet baez
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El presidente francés, Emmanuel Macron, señaló intención de solicitar que se active el Instrumento Anticoerción de la Unión Europea ante amenaza de Trump por GroenlandiaDiario Azua
Bruselas / 18 enero 2026.–
La tensión entre Europa y Estados Unidos ha alcanzado un nuevo punto de ebullición. El deseo de Donald Trump de tomar el control de Groenlandia ha dejado de ser una declaración polémica para convertirse en una amenaza económica directa: o hay acuerdo de venta, o habrá aranceles masivos para los aliados europeos.
La respuesta de los líderes del Viejo Continente no se ha hecho esperar. El presidente francés, Emmanuel Macron, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, lideran la resistencia contra lo que consideran una "coerción económica" inaceptable por parte de la Casa Blanca.
El detonante: Militares en el Ártico
La ira de Trump estalló tras el despliegue de un pequeño contingente militar de países como Francia, Alemania y Noruega en Groenlandia, destinado a apoyar maniobras danesas. Trump calificó el movimiento como un "juego extremadamente peligroso" y advirtió sobre la presencia rusa y china en la zona como motivo de seguridad nacional para que EE. UU. adquiera la isla.
El ultimátum de la Casa Blanca:
1 de febrero: Entrada en vigor de aranceles del 10% a los países involucrados.
1 de junio: Las tasas podrían escalar hasta un 25% si no se concreta la "compra íntegra" de Groenlandia.
El "Escudo Anticoerción" de Europa
Ante este escenario, Macron ha solicitado activar el Instrumento Anticoerción de la Unión Europea. Este es un "botón de pánico" económico diseñado para:
Bloquear inversiones estadounidenses en suelo europeo.
Congelar el acceso a mercados públicos.
Responder de forma simétrica a las amenazas externas.
Por su parte, Giorgia Meloni intentó mediar directamente con Trump, calificando de "error" la imposición de nuevas tasas aduaneras a socios históricos. Sin embargo, el presidente estadounidense parece firme en su postura de que Groenlandia es una pieza estratégica innegociable para su administración.
Mientras Dinamarca se niega rotundamente a vender su territorio autónomo, el mundo observa cómo una isla de hielo podría derretir las relaciones transatlánticas y desatar una crisis comercial sin precedentes.

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