Titulares

sábado, 18 de julio de 2026

 Familiares de una de las víctimas durante el sepelio. (FUENTE EXTERNA)


Diario Azua / 18 de julio 2026

Clamor social se intensifica en San Cristóbal y Santo Domingo Este ante la falta de respuestas de las autoridades.

Santo Domingo.– La tensión social vuelve a desbordarse en las calles de la República Dominicana. Apenas dos semanas después del deceso del joven Darlyn Mercado, la indignación colectiva ha cobrado un nuevo impulso. Familiares y comunitarios de San Cristóbal y Santo Domingo Este se movilizaron masivamente para exigir el esclarecimiento de las muertes de Miguel Antonio Lucas Paredes y Rawel Sierra, eventos en los que se señala de manera directa el accionar de agentes de la Policía Nacional.

Tensión en San Cristóbal: Un féretro ante el destacamento

En un acto de profunda impotencia, allegados a Miguel Antonio Lucas Paredes trasladaron su féretro hasta las afueras de la dotación policial de San Cristóbal. Según los testimonios de sus familiares, Lucas Paredes fue arrestado sin orden judicial por un capitán de la Dirección Central de Inteligencia (Dintel), bajo la sospecha de estar vinculado a la venta ilegal de lotería.

El ciudadano permaneció bajo custodia varios días, período en el cual denunció haber sido golpeado y manifestado quebrantos de salud sin recibir la debida atención médica. Tras ser entregado a sus parientes en un estado sumamente delicado, fue ingresado en el Hospital Regional Docente Juan Pablo Pina, donde finalmente falleció.

Por su parte, el vocero del cuerpo del orden, Diego Pesqueira, declaró que la institución se encuentra a la expectativa de los resultados de la autopsia. La versión preliminar de la Policía sostiene que el hombre fue detenido en flagrante delito, despachado posteriormente y que su complicación médica se originó tras abandonar la dotación.

Exigencia de respuestas en Santo Domingo Este

De manera simultánea, la Fiscalía de Santo Domingo Este fue el escenario de otra manifestación. Con pancartas que rezaban "Policía no me mate", los allegados de Rawel Sierra, un joven de 18 años con autismo, exigieron que se identifique y procese al agente responsable de su muerte.

Sierra perdió la vida hace casi un mes tras recibir un impacto de bala en la cabeza mientras salía a comprar comida, en el marco de una protesta por apagones en el sector Brisas del Este. Los familiares denunciaron el preocupante silencio de las autoridades, quienes aún no han presentado avances significativos en la investigación.

Construyen túnel para drenaje pluvial en la Luperón (Fuente Externa)


Diario Azua / 18 de julio 2026

El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones comenzó la ejecución de un ambicioso plan de ingeniería subterránea diseñado para poner fin, de manera definitiva, a los históricos y caóticos encharcamientos que sufre la avenida Gregorio Luperón y sus urbanizaciones periféricas cada vez que llueve en la capital.

La obra consiste en un robusto sistema de drenaje pluvial que tendrá como eje central un túnel de tres kilómetros de longitud y cinco metros de diámetro, perforado a más de 10 metros de profundidad en el subsuelo. Este conducto masivo redirigirá el excedente de agua de lluvia directamente hacia el mar Caribe.

Perforación de alta tecnología sin afectar el tránsito

Durante una inspección técnica de los trabajos, el ministro de Obras Públicas, Eduardo Estrella, detalló que las excavaciones se realizan con una máquina fresadora especializada. La estrategia de perforación se ejecuta desde un extremo opuesto al trazado vial, lo que permite que la maquinaria trabaje a la profundidad necesaria sin romper ni alterar la superficie de la avenida Luperón, evitando así colapsar el tráfico de la zona.

"Es una obra tan demandada por la ciudadanía, tan necesaria para toda esta zona y para las diferentes urbanizaciones cercanas", afirmó el funcionario.

Filtros ecológicos e integración de sectores vecinos

El ministro aclaró un punto clave: el túnel transportará exclusivamente aguas pluviales, no residuos cloacales. Además, en el punto de descarga (en la zona del antiguo Manresa), se instalarán sistemas de retención de desechos sólidos para atrapar plásticos y basura, garantizando que no contaminen el litoral marino.

El diseño del proyecto es modular y contempla el desarrollo en dos grandes etapas:

Primera etapa (14 a 15 meses): Conectará el entorno de la Plaza de la Bandera con el Malecón de Santo Domingo. Incluirá grandes acoples en las intersecciones de las avenidas Anacaona, Sarasota y Bolívar para que los sectores aledaños se sumen a esta red en el futuro.

Segunda etapa: Extenderá el túnel más allá de la avenida 27 de Febrero, con la meta de acercarlo a la John F. Kennedy y ampliar el rango de absorción.

El reto del punto crítico

Aunque el túnel impactará positivamente a todo el corredor, el tramo prioritario a resolver se ubica entre las calles Guarocuya y Caonabo, el punto más vulnerable de la Luperón, donde tradicionalmente se forman lagunas urbanas que paralizan el flujo vehicular.

Esta megaestructura, cuyo monto de inversión final será revelado próximamente por la institución, pretende convertirse en el modelo de referencia para futuras obras de drenaje profundo en otros puntos críticos del Distrito Nacional.

SDE bajo los efectos del Sahara: La silueta de la avenida España se difumina debido a la alta concentración de partículas africanas en el aire, un fenómeno que disparó las temperaturas y redujo la visibilidad en la capital el 12 de julio de 2026.


Diario Azua / 18 de julio 2026

El Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) emitió este sábado una advertencia por la combinación de temperaturas sofocantes en gran parte del territorio nacional y condiciones marítimas de cuidado en la costa caribeña, debido a una densa masa de polvo del Sahara.

El ambiente se mantendrá mayormente brumoso, con cielos opacos y escasas lluvias generales, lo que disparará la sensación térmica durante todo el día.

Calor extremo: Recomendaciones clave para el día de hoy

El termómetro no dará tregua este sábado. Se espera que las temperaturas se comporten de la siguiente manera:

Máximas: Entre 33 °C y 35 °C (con sensación térmica superior).

Mínimas: Entre 23 °C y 25 °C durante la noche y madrugada.

Ante este panorama, las autoridades piden a la ciudadanía extremar las medidas para evitar golpes de calor, especialmente en niños, adultos mayores y personas con condiciones médicas preexistentes. Se recomienda:

Evitar la exposición directa al sol entre las 11:00 a. m. y las 4:00 p. m.

Mantenerse constantemente hidratado (tomar agua aunque no se tenga sed).

Vestir ropa ligera y de colores claros.

¿Dónde lloverá? Chubascos aislados en la tarde

Aunque el polvo sahariano limita las lluvias grandes, el calentamiento del día y la geografía nacional provocarán algunos chubascos dispersos y tronadas aisladas en la tarde y primeras horas de la noche. Las zonas bajo la lupa son:

En la mañana: Lluvias pasajeras en La Altagracia, La Romana, Samaná y El Seibo.

En la tarde: Aguaceros moderados a fuertes en Monte Plata, La Vega, Monseñor Nouel, San José de Ocoa, Santiago, Santiago Rodríguez y Elías Piña.

Gran Santo Domingo: Ambiente muy caluroso en el día, con probabilidad de chubascos aislados al caer la tarde o en la noche.

Alerta marítima en el sur

El Indomet también llamó a la precaución en la costa caribeña. Se exhorta a los operadores de frágiles y pequeñas embarcaciones a navegar cerca del perímetro costero y no aventurarse mar adentro, específicamente al sur de Pedernales (desde Cabo Falso hasta Cayo Pisaje), debido a un oleaje peligroso y vientos anormales.

 Familiares del fallecido (Fuente Externa)


Diario Azua / 18 de julio 2026

La indignación y el dolor embargan a los residentes de San Cristóbal tras confirmarse el fallecimiento de Miguel Antonio Lucas Valenzuela, de 44 años. El deceso ocurrió en el Hospital Regional Juan Pablo Pina poco después de haber sido liberado de un destacamento local, un hecho que ha desatado fuertes cuestionamientos hacia el cuerpo del orden.

Lucas Valenzuela permaneció seis días bajo custodia policial antes de presentar las complicaciones de salud que terminaron con su vida. Aunque las circunstancias exactas que provocaron su muerte aún no han sido esclarecidas, el caso ha vuelto a encender las alarmas sobre el proceder, los protocolos de retención y el respeto a los derechos humanos por parte de los agentes de la Policía Nacional.

Un caso bajo investigación y reclamos de justicia

Hasta el momento, las autoridades no han ofrecido un informe oficial que explique el estado en el que el ciudadano salió del recinto policial ni las causas médicas directas de su fallecimiento.

Por su parte, familiares y allegados de la víctima exigen una investigación profunda y transparente. Este suceso se suma a una lista de casos precedentes que ponen bajo la lupa los métodos de los uniformados durante las detenciones en los cuarteles del país.

El cuerpo médico del Hospital Juan Pablo Pina tampoco ha emitido detalles públicos sobre las condiciones en las que recibieron al paciente, mientras la comunidad de San Cristóbal espera respuestas contundentes que aclaren el misterio que rodea esta tragedia.



Aunque el documento no identifica los sectores que formularon las propuestas acogidas, indica que el análisis se centró en aquellas que aún no habían sido respondidas. (Fuente Externa)


Diario Azua / 18 de julio 2026

Un equipo técnico de tres legisladores de la República Dominicana presentó un informe clave que reduce drásticamente las solicitudes de cambio al proyecto del Código Penal. Tras analizar más de 90 propuestas enviadas por diversos sectores de la sociedad civil, la subcomisión determinó que la gran mayoría ya habían sido contempladas, por lo que solo recomiendan modificar seis artículos específicos.

El documento, elaborado por el senador Pedro Catrain y los diputados Mayobanex Martínez y Rosendy Polanco, se centró en las observaciones que aún no tenían respuesta. Ahora, el informe está en manos de la comisión bicameral, que busca agilizar los consensos para rendir su informe final ante la Cámara de Diputados.

Los cambios sugeridos impactan directamente áreas sensibles como la violencia de género, el perjurio, la ocupación de propiedades y la responsabilidad de las empresas.

1. El giro en la definición de violencia de género

El cambio más notable se propone para el artículo 127. Mientras que el texto actual del proyecto define la violencia de género de forma amplia (cualquier daño físico, sexual o psicológico por razón de sexo), la subcomisión plantea limitar estrictamente este delito a los casos donde la víctima sea una mujer.

Por otro lado, el artículo 124 (violencia doméstica o intrafamiliar) se mantiene intacto, castigando la violencia física con penas de 5 a 10 años de prisión mayor, y las variantes psicológicas, verbales o económicas con 2 a 5 años de prisión menor.

2. Nuevas reglas y penas para las empresas (Personas Jurídicas)

A diferencia del Código Penal vigente, el nuevo proyecto busca establecer un régimen claro para sancionar a las empresas. Las modificaciones sugeridas a los artículos 8 y 11 buscan afinar cómo se atribuye esta responsabilidad:

Cumplimiento normativo: Las empresas podrían mitigar o evitar sanciones si demuestran que implementaron programas eficaces de prevención, cooperaron con las autoridades o repararon el daño.

Empresas matrices: La responsabilidad penal se extenderá a las corporaciones controladoras si se prueba que autorizaron, toleraron o se beneficiaron de los delitos cometidos por sus filiales.

3. Castigos al perjurio y la violación de propiedad

Perjurio (Artículo 207): Mentir bajo juramento tendrá penas diferenciadas. Si el daño es estrictamente económico, la sanción será de 2 a 5 años de prisión y multas de hasta 15 salarios mínimos. Para otros escenarios, la pena baja de 15 días a 2 años de prisión.

Violación de propiedad (Artículo 269): Entrar sin autorización a terrenos o inmuebles (públicos o privados, urbanos o rurales) se castigará con 1 a 2 años de prisión y multas de 3 a 6 salarios mínimos del sector público.

¿Quiénes enviaron las propuestas?

El debate del Código Penal movilizó a todo el país. Según el informe, el 30.3% de las propuestas provino de gremios y ciudadanos particulares; el 21.3% de ONG y fundaciones; seguidos por un 7.9% sometido por legisladores y otro 7.9% por personal médico. Los temas que más pasiones y observaciones levantaron fueron el aborto (artículo 111), la difamación (artículo 208) y el delito de ultraje (artículo 310).

viernes, 17 de julio de 2026


Margarita FelicianoPresidenta de FUNDACETI y Miembro de la Dirección Central del Partido Fuerza del Pueblo


Diario Azua / 17 de julio 2026

Por Margarita Feliciano

La democracia necesita una prensa libre, una ciudadanía informada y una comunicación responsable. Lo que no necesita es que el escándalo sustituya la verdad ni que la difamación se disfrace de libertad de expresión.

En los últimos años, el Gobierno ha contribuido a transformar la comunicación dominicana en un negocio altamente rentable mediante cuantiosas inversiones publicitarias. Esto ha fortalecido a un grupo de influencers y comunicadores cuya influencia muchas veces se mide más por el alcance de sus plataformas que por su preparación, ética o compromiso con la verdad. Mientras tanto, periodistas y profesionales con trayectoria, respeto y credibilidad han quedado relegados frente a un modelo que premia el ruido por encima del contenido.

No apoyo una ley mordaza. Nadie debe ser silenciado por pensar diferente o por ejercer una crítica legítima al poder. La libertad de expresión es un derecho irrenunciable y una conquista democrática que debemos proteger.

Sin embargo, tampoco podemos aceptar que, bajo el amparo de esa libertad, algunos conviertan un micrófono o una red social en un tribunal donde se condena moralmente a ciudadanos sin pruebas, con rumores, historias fabricadas o acusaciones irresponsables. Cuando una mentira se repite ante cientos de miles de seguidores, deja de ser un simple comentario y se convierte en un daño real para la honra, la familia, el trabajo y la vida de una persona.

Más preocupante aún es cuando ese modelo de comunicación termina alimentando una cultura donde el morbo, el irrespeto y el descrédito generan beneficios económicos, influencia y poder. En ocasiones, la difamación deja de ser un exceso para convertirse en un mecanismo de presión, chantaje o negociación. Esa realidad no fortalece la democracia; la degrada.

La República Dominicana no necesita una ley para callar voces. Necesita una legislación moderna que establezca responsabilidades claras para quienes, de manera deliberada, difamen, manipulen información o destruyan reputaciones sin pruebas. Poner límites al abuso no es censurar; es proteger derechos fundamentales.

La libertad de expresión y el derecho al honor no son enemigos. Ambos pueden y deben coexistir. Una democracia madura protege la crítica, pero también protege la dignidad de sus ciudadanos. Porque la verdad nunca debe temer al debate, pero la mentira jamás puede convertirse en un negocio amparado por el silencio de las instituciones.

Diario Azua / 17 de julio 2026

Por Natanael de los Santos

Estimado profesor:

Hay seres humanos muy extraños: capaces, indomables, con estándares morales de altísimo valor. Incorregibles. Que no se dejan doblegar por la codicia, ni por las mieles del poder, ni por la dolce vita, ni por el consumismo y la vana apariencia. Usted fue uno de esos.

Su sólida formación y su regia moralidad hicieron que algunos pensaran que le faltó pragmatismo para trascender a niveles sociales o políticos más altos. Pero no. Usted decidió ser moralmente intachable, y profundo en sus principios y valores.

Su gran aporte y su apoyo incondicional a la gestión de Altagracia Paulino durante su paso por Pro Consumidor fue memorable. 

Todavía recuerdo nuestras discusiones. Y recuerdo también el honor que me hizo al presentar un libro que me tocó publicar. Usted se encargó de destacar las fortalezas de ese texto, que defendía la potestad sancionadora del órgano rector de las relaciones de consumo en el país. En momentos en que el sector empresarial se había propuesto quitarle o negarle esa potestad, usted junto a Altagracia Paulino la defendieron a capa y espada. Junto a la opinión de juristas de nivel internacional como Ricardo Rivero. Por eso, profesor, le estaré eternamente agradecido.

La formación de profesionales como Yvelia Batista, Lissette Rivas, Esmerly D'Oleo, Samuel Vargas, entre otros, fue uno de sus mayores aportes a una sociedad que necesita gente comprometida, ante el gran deterioro moral que sufre la sociedad dominicana.

Nos enseñó a leer y a admirar a Chomsky, a Facundo Cabral, a Silvio Rodríguez y a cualquier artista que cantara la canción comprometida. Nos hizo saber que lo importante no es llegar solos ni pronto, sino con todos y a tiempo. 

Gracias, David. 

Fue usted tan valiente como el David bíblico que, con la onda de la verdad, supo derrumbar a gigantes de la mentira y de la avaricia. 

Que la tierra le sea leve y que el Padre lo reciba amorosamente. 

Hasta siempre, amigo.

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 17 julio 2026.-

“Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto más frecuente y constantemente se ocupa de ellas la reflexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí”.

Immanuel Kant, Crítica de la razón práctica, Conclusión (AA V, 161)

Si la “Crítica de la razón pura” estableció los límites de lo que podemos conocer, dejando la metafísica fuera del alcance de la razón teórica, la “Crítica de la razón práctica” (1788) de Immanuel Kant se erige sobre ese vacío para explorar el reino de la acción humana. Tras clausurar la posibilidad de un conocimiento de la libertad, el alma o la inmortalidad, Kant se enfrenta a la pregunta ineludible: ¿cómo podemos, entonces, justificar la moralidad? Pues bien, el filósofo prusiano no busca aquí describir cómo se comportan los seres humanos, sino prescribir cómo deberían comportarse. Se trata de un giro de lo empírico a lo normativo, de la pregunta “¿qué puedo saber?” a la pregunta fundamental “¿qué debo hacer?”.

La grandeza de Kant en esta obra reside en su intento por fundamentar la moralidad no en la felicidad, el deseo o la autoridad religiosa, sino en la razón misma. Su propósito es construir una ética universal, válida para todos los seres racionales, que no dependa de circunstancias contingentes. La moralidad, para Kant, no puede basarse en un bien externo o en una recompensa esperada, pues tales motivos serían egoístas y, por tanto, carecerían de valor moral genuino. El valor de una acción, en esta perspectiva, no reside en sus consecuencias, sino en la intención con la que se lleva a cabo, y esa intención solo tiene valor moral si obedece la ley.

En este punto, es necesario recordar que el concepto central de la ética kantiana es el “imperativo categórico”. A diferencia de los imperativos hipotéticos (“si quieres sacar buenas notas, debes estudiar”), que dependen de un fin particular, el imperativo categórico es un mandato de la razón que se impone de manera incondicionada. Se trata de una ley que nos dicta cómo debemos actuar, independientemente de nuestros deseos o de las consecuencias. Kant lo formula en su obra de diversas maneras, pero la primera y más conocida es la siguiente: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal” (Kant, 1788, AA V, 30).

Esta fórmula nos obliga a pensar si la norma que guía nuestra acción (la “máxima”) podría ser aplicada por todos los seres racionales sin caer en contradicción. Por ejemplo, la máxima de “mentir para salir de un apuro” no puede ser universalizada, pues si todos mintieran, la mentira perdería su eficacia, y la comunicación misma se haría imposible. Siguiendo el silogismo kantiano, la mentira es, por tanto, moralmente prohibida.

La segunda formulación, igualmente crucial, se centra en la dignidad de los seres humanos y versa así: “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio” (Kant, 1788, AA V, 42). Esta máxima nos impide instrumentalizar a las personas, tratándolas como simples objetos para nuestros fines. El ser humano, en tanto que es racional, posee un valor intrínseco e incondicionado, una dignidad que debe ser respetada en todo lugar y en todo momento. Para Kant, esta capacidad de darnos la ley moral a nosotros mismos es la “autonomía de la voluntad”, la fuente de toda moralidad. Así, desde este enfoque, no obedecemos a una ley externa, sino a la ley que nuestra propia razón nos dicta.

Ahora bien, seguramente en este punto del texto usted, caro lector, se preguntará: “¿por qué me estás sugiriendo leer a Kant hoy?” Excelente pregunta, porque si somos conscientes de que en nuestra era, marcada por la “post-verdad”, donde los hechos objetivos son a menudo suplantados por las emociones, los caprichos y las narrativas personales, la urgencia de retornar a Kant se vuelve evidente. Desde nuestra perspectiva, la post-verdad es una enfermedad de la razón, un nihilismo disfrazado que destruye los cimientos de la verdad compartida y, con ella, la posibilidad de una moralidad universal. Al socavar la objetividad, también se socava la idea de que existen derechos y obligaciones (para todos por igual) que nos vinculan más allá de nuestros gustos, intereses o sentimientos.

La “Crítica de la razón práctica” emerge en este contexto como un antídoto contra la estupidez reinante. Kant nos recuerda que la moralidad no es una cuestión de opiniones subjetivas o consensos sociales, sino que es un mandato de la razón misma. Su imperativo categórico nos exige elevarnos por encima del relativismo y el egoísmo, obligándonos a considerar si nuestras acciones podrían ser una ley para todos. La moral posmoderna nos incita a preguntarnos: “¿Qué es la verdad para mí?”, mientras que Kant, por el contrario, nos confronta con una pregunta mucho más exigente, a saber, “¿Qué es lo correcto para todos los seres racionales?”. Al fundamentar la moralidad en la razón autónoma, Kant nos proporciona una brújula en un mar de confusión, una herramienta para distinguir lo correcto de lo conveniente, y un recordatorio de que la dignidad humana y el deber no son conceptos negociables o deconstruibles. La obra de Kant, en definitiva, nos desafía a reconstruir, desde la razón, el terreno ético que la post-verdad ha dinamitado sigilosa y astutamente.

Y ya que estamos en tiempos en los que se habla mucho de libertad, es fundamental recordar que, en la “Crítica de la razón pura”, Kant había demostrado que la libertad no es cognoscible por la razón teórica. La causalidad opera en el mundo de los fenómenos, donde todo evento tiene su correspondiente causa. Sin embargo, en la “Crítica de la razón práctica”, Kant realiza un movimiento audaz: la libertad, que no pudo ser demostrada como un objeto de conocimiento, es postulada como un “hecho de la razón” (FaktumderVernunft). En pocas palabras: no sabemos que somos libres porque tengamos experiencia de ello, sino porque la conciencia de la ley moral nos lo impone. La ley moral nos dice “debes”, y el “debes” implica que “puedes”. Es decir, si estamos obligados a actuar de cierta manera, es porque todos somos capaces de hacerlo. La libertad, en este sentido, es la condición de posibilidad de la moralidad misma.

Al respecto, el filósofo Karl Jaspers, en su obra titulada “Kant”, hace puntual hincapié sobre este asunto al indicar que “la libertad, de la que no tenemos conocimiento, es la condición para que podamos actuar moralmente. La ley moral es el motivo por el cual sabemos que somos libres, aunque no sepamos qué es la libertad misma” (Jaspers, 1957, p. 110). La razón práctica, al postular la libertad, nos ofrece una certeza a la que la razón teórica no podía acceder. La libertad es la bisagra que une el mundo inteligible (el de las ideas de la razón) con el mundo sensible (el de los fenómenos naturales). Kant no resuelve la dicotomía entre esos dos mundos, pero sí traza un camino para que, a pesar de que nuestros cuerpos están sujetos a leyes de la naturaleza, nuestra voluntad pueda ser el origen de acciones libres y morales.

Pero espere, hay más: la ética de Kant no se detiene en la libertad. La razón práctica tiene la capacidad de postular ciertas verdades que, aunque incognoscibles, son necesarias para que la moralidad tenga sentido. Estos son los “postulados” de la razón práctica: la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. La ley moral nos exige una perfección completa y constante (y sí, era prusiano el muchacho). Dado que esta santidad no es alcanzable en una vida finita, Kant postula la inmortalidad del alma como una garantía de que habrá un tiempo infinito para alcanzarla. La existencia de Dios, por su parte, es postulada como garante de que la virtud (la obediencia a la ley moral) se corresponda, en última instancia, con la felicidad. Esta armonía final entre virtud y felicidad es lo que él llama “el sumo bien”.

La noción del “sumo bien” o summumbonum es uno de los conceptos más debatidos, y a menudo, malinterpretados de la filosofía kantiana. No es un detalle secundario, sino un punto culminante de la moralidad, un postulado que une la virtud con la felicidad y, en última instancia, justifica la fe. Kant introduce este concepto en la segunda parte de la “Crítica de la razón práctica”, en la sección titulada “Dialéctica de la razón pura práctica”. Lo define como la síntesis o la unión de dos elementos que la experiencia a menudo muestra separados: la virtud y la felicidad. Para él, la virtud (obediencia a la ley por el deber mismo) es el bien supremo (supremum), es decir, el bien incondicionado y principal. La felicidad, por su parte, es el bien condicionado, la satisfacción de todos nuestros deseos y necesidades, algo que buscamos por naturaleza, pero que por sí misma carece de valor moral.

El problema que Kant identifica es que la moralidad, tal como la conocemos, nos exige que seamos virtuosos, pero no nos garantiza que seamos felices. De hecho, a menudo parece todo lo contrario: la persona que actúa con rectitud suele sufrir, mientras que el injusto parece prosperar. Si la moralidad nos exige una renuncia a la felicidad en aras del deber, ¿no convierte esto a la razón práctica en algo insosteniblemente trágico, injusto o absurdo? Kant rechaza esta conclusión, porque la razón práctica no puede admitir una contradicción tan profunda. Para ello, postula la necesidad de que exista una conexión entre ser digno de la felicidad y la felicidad misma. Esta “armonía final” entre virtud y felicidad es lo que él llama “el sumo bien”.

Esta conexión no puede ser demostrada en el mundo sensible, donde las leyes naturales y la causalidad operan de forma mecánica. Es por ello que el sumo bien se convierte en un postulado de la razón práctica. Para que el proyecto moral tenga sentido, debemos creer en la posibilidad de esta unión. Esta creencia se fundamenta en la necesidad de que la virtud, al ser el bien principal, sea también el fundamento para merecer la felicidad. Kant explica que, si bien la moralidad no nos enseña a cómo ser felices, sí nos enseña cómo ser dignos de la felicidad. El sumo bien, por lo tanto, no es el motor de nuestras acciones, sino el resultado final de una vida moralmente recta. La búsqueda del sumo bien no es la motivación de la acción moral, sino la esperanza que sostiene a la voluntad de cumplir con el deber. Es, en este contexto, que la existencia de Dios y la inmortalidad del alma se convierten en postulados necesarios para hacer posible el sumo bien en tanto que sólo un ser omnipotente y moralmente perfecto, es decir, Dios, podría garantizar que la virtud sea recompensada con la felicidad en una existencia más allá de la vida terrenal.

En definitiva, el sumo bien es el objeto final de la moralidad y la culminación del sistema ético kantiano. Es la idea de un mundo donde la virtud y la felicidad coinciden, una idea que no es un objeto de conocimiento, sino un objeto de fe racional, necesaria para que el cumplimiento del deber no sea un acto de heroísmo sin sentido. Aún así, la premisa de Kant sigue siendo la misma: la moralidad no es una cuestión de gustos o convenciones sociales, sino un mandato de la razón que nos exige trascender el interés propio para vivir en un mundo donde la dignidad de cada persona sea un fin en sí misma.

En conclusión, queridos lectores, queda claro que si bien la ética kantiana es rigurosa, es también objeto de serias críticas. ¿Es posible aplicar el imperativo categórico en todas las situaciones sin caer en dilemas irresolubles? ¿Qué sucede cuando dos deberes kantianos entran en conflicto, como el deber de decir la verdad y el deber de proteger una vida? Y si la moralidad depende de la libertad, ¿cómo podemos afirmar que somos libres si la razón pura nos dice que no podemos conocer tal cosa? Kant abrió un abismo entre el reino de la necesidad natural y el reino de la libertad moral, un abismo que, sin un puente, parece dejar a la razón dividida. Pero no tema, caro amigo, en nuestra próxima entrega exploraremos si la “Crítica del juicio” ofrece alguna solución a esta fractura dicotómica.

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)
Por Rubén Moreta
Diario Azua / 17 julio 2026.-

Los vínculos entre Puerto Rico y la República Dominicana a lo largo de la historia son sobresalientes. El prócer Ramón Emeterio Betances, sembrador de la semilla de la libertad puertorriqueña, recorrió entre 1861 y 1872 los territorios de Santo Domingo, Cuba, Haití y Saint Thomas, gestionando apoyo para concretar las utopías de la independencia de su patria y la construcción de una Confederación de las Antillas Libres.

Exiliado político en 1861, Betances entabló sólidas relaciones de amistad con dominicanos ilustres como el general Gregorio Luperón, Fernando Arturo de Meriño y con muchos otros liberales de la época. Vivió en suelo dominicano donde adquirió propiedades y llegó a formar una familia. En momentos en que peligraba nuestra independencia, el propio Betances se reunió con Luperón en Saint Thomas para respaldar su lucha contra el caudillo Buenaventura Báez, quien planeaba la anexión de nuestra República a los Estados Unidos.

Otro prócer y luchador abolicionista puertorriqueño que precedió la obra pedagógica de Hostos en República Dominicana fue el brillante educador, político y periodista liberal Román Baldorioty de Castro, quien enseñó Ciencias Físicas y Naturales en Santo Domingo entre 1876 y 1878. Fueron discípulos de este notable boricua José Pantaleón Castillo, Francisco Henríquez y Carvajal, entre otros destacados jóvenes dominicanos.

Un boricua singular fue don Eugenio María de Hostos, el más ínclito de los educadores de América. La obra pedagógica y revolucionaria de este prohombre puertorriqueño es icónica. Su existencia estuvo marcada por la adversidad, lo que lo obligó a vivir en un permanente peregrinar por Estados Unidos, España, Chile, Venezuela, Perú, Argentina y la República Dominicana. En estas naciones, el Maestro concretó un fértil ejercicio pedagógico, filosófico, periodístico, político y patriótico, equiparable al de los grandes próceres latinoamericanos.

El insigne Maestro visitó y residió en cuatro ocasiones en la República Dominicana, erigiéndose en el apóstol de la ilustración dominicana: el pedagogo rebelde, el sociólogo impulsor del cambio político y cultural, y el filósofo del compromiso con la libertad e independencia de los pueblos del Caribe y de toda América.

El autor es Profesor UASD.