Titulares

martes, 28 de julio de 2026


La presidenta electa recibió sus credenciales el 15 de julio y asume el cargo hoy   28 para suceder al mandatario interino José María Balcázar.AFP


Diario Azua / 28 de julio 2026

LIMA, Perú. – Un cuarto de siglo después de la caída del régimen de su padre, Keiko Fujimori asumió formalmente este martes la Presidencia de la República del Perú para el período 2026-2031, convirtiéndose en la primera mujer elegida por las urnas para dirigir los destinos del país andino.

La investidura de Fujimori representa el noveno cambio de mando presidencial en tan solo diez años, una cifra que refleja la profunda volatilidad institucional que ha atravesado la nación suramericana en la última década. La nueva mandataria, que sucede al interino José María Balcázar, llega a la Casa de Pizarro tras una ajustada victoria en segunda vuelta frente a Roberto Sánchez, definida por un margen inferior a los 50,000 votos.

Regreso al poder y gobernabilidad

A diferencia de los ejecutivos recientes marcados por constantes mociones de vacancia promovidas desde el Poder Legislativo, el nuevo Gobierno arranca con una sólida bancada parlamentaria de su propio partido y alianzas que en principio le garantizarían la estabilidad legislativa necesaria para completar su quinquenio.

La llegada de Fujimori consolida el retorno de su corriente política a la administración del Estado, luego de haber enfrentado tres reveses electorales en balotaje (2011, 2016 y 2021) y haber superado procesos judiciales con prisión preventiva. En su primer mensaje a la nación tras recibir la banda presidencial en el Congreso, se prevé que la mandataria trace el rumbo económico y social de su gestión.

Delegaciones internacionales y gabinete

La ceremonia protocolar contó con la presencia de diez jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos el rey Felipe VI de España, así como los presidentes de Argentina, Chile, Ecuador, Panamá, Paraguay y Uruguay, además de delegaciones diplomáticas y expresidentes de la región.

Tras los actos solemnes en el Congreso, la jefa de Estado procederá a la juramentación de su primer Consejo de Ministros, encabezado por el vicepresidente Luis Galarreta como primer ministro, el economista Elmer Cuba en la cartera de Economía y Finanzas, y Carlos Espá en Relaciones Exteriores.


La intérprete de "Bodak yellow", Cardi B, bailó con un traje de baño con la bandera nacional. (FUENTE EXTERNA)

Diario Azua / 28 de julio 2026

SANTO DOMINGO. – La estrella internacional del rap, Belcalis Almánzar, mundialmente conocida como Cardi B, volvió a situar a la República Dominicana en el centro de la conversación digital tras publicar un video en el que posa con un traje de baño diseñado con los elementos de la Bandera Nacional. (@CARDIB)

Acompañada del mensaje "Hmmmm Why Not?" ("¿Por qué no?") y de fondo una pista musical inédita, la intérprete de 33 años despertó de inmediato las especulaciones entre sus seguidores sobre el posible lanzamiento de un nuevo sencillo o un próximo espectáculo en territorio dominicano. El clip, grabado en una playa estadounidense, acumuló en pocas horas cientos de miles de interacciones y comentarios.

Identidad y controversia sobre los símbolos patrios

Hija de padre dominicano y madre trinitense, la artista estadounidense ha reiterado de manera continua su sentido de pertenencia hacia la cultura dominicana. Recientemente, la cantante compartió imágenes de sus hijos disfrutando de unas vacaciones en el municipio de Castañuelas, Montecristi, reafirmando su interés en mantener el contacto de su familia con sus raíces caribeñas.

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No obstante, la vestimenta utilizada en su reciente publicación reabre en el espacio público la discusión sobre el uso de la simbología nacional. De acuerdo con la legislación dominicana sobre el uso de los Símbolos Patrios, existen regulaciones estrictas respecto a la alteración, confección y uso comercial de la Bandera Nacional, estableciendo prohibiciones sobre la modificación de sus colores o su empleo en indumentarias no protocolares.

Hasta el momento, la artista no ha precisado si el audiovisual forma parte de la campaña de expectativa para un proyecto audiovisual de mayor alcance o de una futura colaboración en el país.


Diario Azua / 28 de julio 2026

SANTO DOMINGO. – Las luces del Teatro Nacional Eduardo Brito se encenderán el próximo 12 de septiembre de 2026 para recibir a una de las piezas más célebres del teatro musical internacional: “Chicago: El Musical”. La Sala Principal albergará este montaje ambientado en los deslumbrantes y convulsos años 20, bajo la dirección general de la galardonada María Castillo y la producción ejecutiva de José Llano.

La trama, impregnada del ritmo del jazz y el charlestón, sigue los pasos de Roxie Hart y Velma Kelly, dos mujeres acusadas de homicidio que convierten sus procesos judiciales en un circo mediático para alcanzar la celebridad, con la astuta mediación del abogado Billy Flynn.

Un elenco de peso para la escena local

La versión dominicana estará encabezada por Karla Fatule en la piel de la ambiciosa Roxie Hart, mientras que Robmariel Olea interpretará a Velma Kelly. Por su parte, el rol del perspicaz abogado Billy Flynn recaerá en Javier Grullón.

El reparto principal se complementa con las actuaciones de Luis José Germán como Amos Hart, Laura Cadete interpretando a la icónica Mama Morton, Guille Martín como Fred Casely y Héctor Aníbal en el rol de Anunciador.

“Buscamos ofrecer al público experiencias que marquen un antes y un después en el teatro musical dominicano. 'Chicago' reúne el talento de artistas, músicos y creativos locales que han trabajado con enorme entrega para presentar un espectáculo de clase mundial”, destacó el productor José Llano sobre el montaje.


Música en vivo y puesta en escena

Bajo la dirección musical de Junior Lomba, la producción ofrecerá en directo emblemáticos números musicales del repertorio universal como "All That Jazz", "Cell Block Tango" y "Razzle Dazzle".

Las entradas para las funciones ya se encuentran a la venta a través de la plataforma Uepa Tickets y los puntos de atención de CCN.


Por Ramón Mercedes / Diario Azua
Nueva York / 28 julio 2026.-

El jurisconsulto dominicano Víctor Eddy Mateo Vásquez, Ph.D., explica que la entrada en vigor de la Ley 74-25, prevista para el 3 de agosto, que instituye el nuevo Código Penal dominicano, abre un debate importante sobre el alcance de las disposiciones relativas a difamación e injuria para periodistas y comunicadores que trabajan desde el extranjero.

Señaló que, aunque algunos interpretan que la nueva legislación permitiría perseguir penalmente a cualquiera que publique contenidos sobre República Dominicana desde otro país, la realidad jurídica es más compleja y dependerá de varios factores, como las reglas de competencia, el lugar donde ocurrieron los hechos, dónde se produjo el presunto daño y los mecanismos de cooperación judicial internacional.

Mateo, doctor en Administración, Hacienda y Justicia en el Estado Social por la Universidad de Salamanca, España, y profesor en la Universidad UNIBE, remarcó que por el hecho de que un periodista resida o transmita desde el exterior no significa que quede automáticamente sometido a la jurisdicción penal dominicana, ni tampoco completamente fuera de ella.

Explicó que, si una publicación produce efectos directos en territorio dominicano o afecta derechos legalmente protegidos, podrían surgir controversias sobre la competencia de los tribunales dominicanos, siempre respetando las garantías de la Constitución dominicana, el derecho internacional y la legislación vigente en el país donde reside el comunicador.

Precisa que una posible persecución no depende únicamente de lo que establezca el Código Penal Dominicano. La posibilidad de citar, juzgar o ejecutar una condena estará condicionada por tratados internacionales, acuerdos de asistencia jurídica entre Estados y, en muchos casos, por las garantías constitucionales del país donde reside el comunicador, sobre todo cuando están en juego derechos fundamentales como la libertad de expresión y de prensa.

En consecuencia, más que una amenaza automática, la entrada en vigor de la Ley abre un nuevo escenario de discusión jurídica sobre el equilibrio entre la protección del honor y la libertad de información en un contexto digital donde las publicaciones trascienden fronteras.

Será la interpretación de los tribunales y, cuando corresponda, la cooperación con otras jurisdicciones la que defina el verdadero alcance práctico de estas disposiciones.

Por eso, el desafío principal para periodistas dentro o fuera del país sigue siendo el mismo: informar con apego a la verdad, verificar adecuadamente los hechos y actuar con la diligencia profesional que exige el ejercicio responsable de la libertad de expresión.

Afirmó que el nuevo Código Penal no elimina esas garantías, pero sí refuerza la necesidad de que el debate público se mantenga dentro de un marco de responsabilidad, respeto a los derechos de terceros y observancia del debido proceso.

Mateo Vásquez investiga en Derecho Administrativo, Empresarial, Tributario, Laboral, Propiedad Intelectual y Derecho de la Competencia. Es autor de varias obras, fue subdirector de la Oficina Nacional de la Propiedad Industrial, ONAPI, y asesor del Poder Ejecutivo.

Actualmente dirige el bufete Mateo Vásquez & Asociados (MAVASQ), ubicado en la avenida Defilló, casi esquina Gustavo Mejía Ricart, en Santo Domingo. Para más información, mavasasociados@gmail.com y teléfono 809-829-8463.
Por Ramón Mercedes / Diario Azua
Nueva York / 28 julio 2026.-

Una tintorera gigantesca blanca de 3,6 metros de largo y 450 kilogramos llamada Ernst”, seguida por un tiburon blanco llamado "Contender", fueron vistos recientemente frente a la costa este de Long Island, área donde acuden miles de bañistas semanalmente durante el verano, entre ellos cientos de dominicanos, según el rastreador de tiburones de OCEARCH .

OCEARCH es una organización global sin fines de lucro que lleva a cabo investigaciones sin precedentes sobre los gigantes de nuestros océanos para ayudar a los científicos a recopilar datos marinos hasta ahora inaccesibles.

Se considera este tiburon blanco “Contender” como el más grande jamás descubierto en el Océano Atlántico, con 4,2 metros de longitud, equivalente al tamaños de dos hombres, cada uno con 6 pies 9 pulgadas. Posee un peso de 770 kilos, equivalente a mil 698 libras.

Ambos tiburones parecen estar siguiendo rutas similares desde Florida y viajando hacia el norte a lo largo de la costa este, y es probable que permanezcan por el área de Long Island este verano si los peces siguen el mismo patrón, según muestran los datos del rastreador.

“Los tiburones blancos del Atlántico Norte occidental suelen migrar hacia el norte y pasan el verano y principios del otoño alimentándose en las aguas de Cape Cod o la costa atlántica de Canadá”. Pueden recorrer hasta 2,000 millas (3.219 km) sin parar y sumergirse hasta 4,200 pies (1.280 m).

El macho puede vivir hasta 73 años. La hembra más vieja reportada tiene 40 años. Son tiburones grandes, pero comienzan pequeños: las crías generalmente miden entre 3.9 y 4.9 pies (1,2 a 1,5 m) de largo.

Un adulto puede llegar a medir hasta 20.9 pies (6,4 m) de largo, y la hembra suele ser más grande que el macho, los 23.5 pies (7 m). El peso más pesado reportado de un tiburón blanco es de 7,500 libras.

Por Ramón Mercedes / Diario Azua
Nueva York / 28 julio 2026.-

La actitud asumida por el alcalde de esta ciudad, Zohran Mamdani, de no compactir una misma tarima con líderes de la comunidad dominicana durante la Gran Parada Dominicana en El Bronx, el pasado domingo, ha dejado más interrogantes que respuestas entre los oficiales electos criollos y la propia comunidad.

Y es que por tradición el alcalde de turno sube a tarima y junto a líderes dominicanos se dirige a los asistentes, resaltando la cultura, identidad y orgullo de la comunidad.

Exalcaldes como Bill de Blasio y Eric Adams mantuvieron esa tradición, al igual que anteriores incumbentes.

Consultados por separado, el congresista Adriano Espaillat y la exsenadora estatal por el distrito 72 (Alto Manhattan), Marisol Alcántara, ambos dijeron desconocer las razones.

“Eso tendrá que explicarlo él; son decisiones suyas. Nosotros desfilamos con la comunidad. Cada comunidad merece respeto y debe ser tratada con dignidad. Cualquier alcalde en Gracie Mansion debe extender esa cortesía y respeto a la comunidad dominicana”, dijo el congresista Espaillat.

La respuesta de Alcántara: “no le puedo comentar porque no soy parte de su equipo, no sé lo que pasó, no sé si fue cuestión de logística o qué ocurrió”.

Momentos antes de la presentación de Mamdani habían hablado en tarima el congresista Espaillat, el cónsul Jesús «Chu» Vásquez, el Gran Mariscal Roberto Rojas, el artista Camboy Estévez y el presidente de la Asociación de Bodegueros Unidos de América (UBA), Radhames Rodríguez, entre otros tantos.

Veinte minutos después, cuando se había despejado la tarima y entre abucheos y aplausos, subió el alcalde Mamdani y ofreció un breve mensaje en el que resaltó los aportes de la diáspora dominicana a la ciudad, sin referirse a controversias políticas.

Luego, iniciado el desfile, los líderes dominicanos y las carrozas marcharon por el centro de la ancha avenida Grand Cocourse. El alcalde prefirió hacerlo inicialmente por la estrecha vía lateral o vía de servicio.

Avanzó rápidamente para luego colocarse en la vía central, frente a la primera carroza que dirigía el Consulado Dominicano, la cual tuvo que continuar detrás Mamdani.

Fue notoria la ausencia de Darializa Ávila Chevalier, quien venció recientemente al congresista Espaillat en las primarias demócratas.



Diario Azua / 28 de julio 2026

SANTO DOMINGO.El presidente de la República, Luis Abinader, designó al ministro Víctor -Ito- Bisonó como jefe de la misión especial que representará al Gobierno dominicano en las ceremonias oficiales de transmisión de mando presidencial en la ciudad de Lima, Perú.

En su calidad de jefe de la delegación, Bisonó liderará la representación dominicana en el acto central de toma de posesión y en la agenda protocolar organizada por las autoridades peruanas para los días 27 y 28 de julio.

La designación de Bisonó responde a su trayectoria en la gestión de asuntos internacionales y la representación del Estado dominicano en el exterior. Su nombramiento busca además consolidar los canales de diálogo y cooperación bilateral entre ambas naciones, sustentados en intercambios institucionales y diplomáticos previos.

La delegación oficial dominicana está integrada, además del ministro Bisonó, por el embajador extraordinario y plenipotenciario de la República Dominicana en el Perú, César Herrera Díaz, así como por los empresarios Frank Rainieri y Haydée Kuret de Rainieri. La participación del país en estas actividades protocolares reafirma la política exterior dominicana orientada a consolidar las relaciones con América Latina y promover el entendimiento regional.


 

Por Lisandro Prieto Femenía
Diario Azua / 28 julio 2026.-

«Solo en la comunicación se realiza el ser humano. En la comunicación con el otro, la verdad que hay en mí se revela» Jaspers, 1989, p. 50

Asistimos a una época vertiginosa donde la palabra circula con una abundancia sin precedentes, pero donde la auténtica escucha se desvaneció casi por completo. Se habla en todas partes, a toda hora y a través de múltiples pantallas, mas la proliferación masiva de emisiones verbales dista mucho de constituir un espacio de comunión real. Al contemplar la conversación contemporánea, descubrimos que la noción de diálogo ha sido despojada de su densidad histórica y ontológica, quedando reducida a una simulación ruidosa donde los individuos intercambian monólogos paralelos. Se trata de un espectáculo estridente donde prima la necesidad narcisista de autoafirmación antes que el deseo genuino de comprender. Frente a este escenario de saturación mediática, conviene pausar el ritmo e interrogar la naturaleza misma del hablar compartido, pues en el repliegue del pensamiento crítico y la hipertrofia de las opiniones viscerales se incuba el verdadero síntoma de nuestra decadencia cultural.

Desandar los orígenes de este naufragio nos exige remontarnos a las fuentes del pensamiento occidental, donde la etimología griega nos devela que la palabra remite a un tránsito de la razón, a un discurso que atraviesa a los interlocutores para transformarlos en su trayectoria. Platón elevó esta praxis a la categoría de dialéctica, concibiéndola en sus diálogos tempranos como el itinerario imprescindible para ascender desde la opinión infundada (doxa) hacia la comprensión fundamentada (episteme). El método socrático no pretendía acorralar ni humillar al adversario en el terreno oratorio, sino guiarlo pacientemente mediante preguntas inquisitivas hacia el examen de sus propias certidumbres. Semejante tarea presuponía un coraje ético insustituible, caracterizado por la disposición a asumir la propia finitud intelectual. En la Apología de Sócrates, el filósofo formuló esta conciencia de los propios límites al sostener que «este hombre cree que sabe algo sin saberlo, mientras que yo, así como no sé nada, tampoco creo saberlo» (Platón, 2000, p. 21d). Carecer de esta apertura interior para dejarse interpelar desfigura cualquier intercambio, convirtiendo el espacio común en una tribuna donde la palabra se estanca y languidece.

A la luminosidad ética de la búsqueda socrática es preciso añadir la exigencia formal que el genio aristotélico imprimió a la conversación humana. Para que el intercambio no naufrague en el desborde emotivo ni se degenere en mero espectáculo persuasivo, requiere sostenerse sobre la solidez del razonamiento deductivo. En los Primeros analíticos, Aristóteles definió la estructura formal del silogismo como «un discurso en el cual, establecidas ciertas cosas, resulta necesariamente de ellas, por ser lo que son, otra cosa distinta» (Aristóteles, 1988, p. 24b). Asimismo, en el tratado de la Retórica, distinguió entre el logos —el argumento propiamente dicho—, el pathos —la conmoción afectiva del auditorio— y el ethos —la autoridad moral del orador—. Sin embargo, cuando la búsqueda honesta de la verdad se eclipsa por la vanidad, la arquitectura lógica se prostituye en mera sofística. Arthur Schopenhauer expuso con amarga lucidez esta degradación en El arte de tener razón, al diagnosticar que «la dialéctica erística es el arte de disputar, de modo que uno tenga razón tanto justa como injustamente» (Schopenhauer, 2002, p. 23). Esta corrosiva apreciación retrata la miseria de nuestro debate público: no nos importa la validez del razonamiento ni el esclarecimiento de lo real, sino vencer al antagonista a cualquier precio, utilizando la falacia y el agravio como atajos para enmascarar nuestra propia indigencia argumentativa.

Lejos de amedrentarse ante el desacuerdo, el pensamiento medieval entendió que la confrontación teórica era el fuego donde se purificaba el saber. Durante siglos, las universidades ejercitaron la disputatio, una metodología donde la discrepancia se asumía como una herramienta indispensable para depurar el intelecto. Filósofos de la talla de Santo Tomás de Aquino estructuraron sus magnas obras, entre ellas la Summa Theologiae, bajo la dinámica rigurosa de presentar exhaustivamente las objeciones contrarias antes de fundamentar una solución. En esa misma línea de rigor procedimental, Juan Duns Escoto aseveró en su Ordinatio que «la ciencia humana no alcanza un saber perfecto, sino solo por el ejercicio del intelecto» (Duns Escoto, 1950, prol. q. 3). La confrontación entre tesis e hipótesis demostraba que el conocimiento no es un patrimonio estático ni una iluminación pasiva, sino el fruto de un esfuerzo metódico capaz de superar las resistencias del propio sesgo. Cuestionar las ideas preconcebidas no destruía la fe en el saber; al contrario, constituía la única vía honesta para elevar la inteligencia por encima del dogma ciego.

Durante el apogeo ilustrado, la tarea de someter la opinión individual a la prueba del escrutinio colectivo trascendió los claustros académicos y se erigió en el motor emancipador de la sociedad civil. Immanuel Kant, en su célebre opúsculo ¿Qué es la Ilustración?, argumentó que el progreso civilizatorio exige abandonar la minoría de edad mediante el coraje de pensar de manera autónoma. Al plasmar el célebre imperativo «¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!» (Kant, 2004, p. 83), el filósofo germano no defendía una arbitrariedad individualista, sino la obligación cívica de someter los juicios al debate razonado dentro de una comunidad de lectores libres. La esfera pública nacía así como un ideal donde el argumento mejor construido, y no la autoridad dogmática o la coacción, debía guiar las decisiones colectivas.

No obstante, la promesa emancipadora de la razón pública terminaría sofocada por las tramas invisibles del poder y la hipertrofia de los medios masivos. El orden discursivo dejó de ser un terreno neutral para transformarse en un espacio fuertemente disciplinado y mercantilizado. Michel Foucault, en El orden del discurso, desenmascaró los mecanismos de exclusión y control que operan en las sociedades al sostener que «en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos» (Foucault, 1992, p. 14). La conversación social no fluye libremente, sino que responde a límites invisibles impuestos por instituciones y hegemonías que determinan de antemano qué es admisible pensar y quién tiene la legitimidad para hablar. Esta domesticación del discurso halla su expresión más feroz en la sociedad contemporánea, caracterizada por la sustitución de la experiencia viva por la imagen. En La sociedad del espectáculo, Guy Debord vislumbró esta alienación radical al aseverar que «todo lo que antes era vivido directamente se ha alejado en una representación» (Debord, 1999, p. 37). En un mundo donde la realidad cede su lugar a la escenificación, el diálogo auténtico se disuelve; no dialogamos con seres humanos reales, sino con caricaturas mediáticas, consumiendo consignas simplificadas y reduciendo el debate colectivo a una escenografía de simulacros.

A este tamiz político se añade la quiebra ontológica del concepto mismo de verdad, cuya crisis desembocó en un relativismo cómodo y en un atrincheramiento tribal. Cuando la idea de lo verdadero pierde su anclaje en lo real, las convicciones individuales se sacralizan como dogmas inexpugnables. Friedrich Nietzsche, en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, anticipó de forma mordaz la fragilidad de nuestros constructos conceptuales al definir la verdad como «un ejército en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos» (Nietzsche, 2006, p. 25). Al perderse la conciencia de que nuestros conceptos son ficciones útiles que requieren una constante revisión crítica, el ser humano convierte sus metáforas particulares en trincheras ideológicas. Se renuncia al esfuerzo de someter las premisas al contraste con la realidad, prefiriendo la seguridad cobarde de los prejuicios compartidos. La discusión se torna así en un ajuste de cuentas donde la discrepancia ya no representa una invitación a filosofar, sino una amenaza existencial que debe ser fulminada.

Frente a las cenizas del siglo XX, marcadas por la barbarie totalitaria y el adoctrinamiento de masas, la preocupación por rescatar la palabra viva cobró un matiz de urgencia dramática. Hannah Arendt, en La condición humana, situó la palabra y la acción en el centro mismo de la pluralidad política, manifestando que «con la palabra y el acto nos insertamos en el mundo humano» (Arendt, 2005, p. 201). Para Arendt, la renuncia a hablar significativamente con otros equivale a la destrucción del espacio intersubjetivo, atroz antesala del totalitarismo. En una sintonía complementaria, Jürgen Habermas formuló su Teoría de la acción comunicativa, enfatizando la necesidad de una racionalidad procedimental volcada al entendimiento mutuo. De acuerdo con Habermas, «el concepto de acción comunicativa remite a la interacción de al menos dos sujetos capaces de lenguaje y de acción que entablan una relación interpersonal» (Habermas, 1987, p. 124). La validez de cualquier proyecto democrático depende de la calidad deliberativa de sus ciudadanos y de su disposición sincera a dejarse convencer por la fuerza del mejor argumento, libre de toda violencia o manipulación ideológica.

Ahora bien, restablecer la conversación exige traspasar los límites formales de la lógica para adentrarse en la dimensión hermenéutica y ética de la alteridad, puesto que hablar verdaderamente requiere albergara al otro en su radical diferencia. Hans-Georg Gadamer, en Verdad y método, definió la comprensión interpersonal como una experiencia donde los horizontes individuales se expanden, expresando que «comprender es siempre el proceso de fusión de estos horizontes presuntamente aislados entre sí» (Gadamer, 1993, p. 377). Esta fusión resulta irrealizable si el interlocutor es percibido como un rival a instrumentalizar. La filosofía dialógica de Martin Buber ilumina esta exigencia en Yo y Tú, al afirmar rotundamente que «toda vida verdadera es encuentro» (Buber, 1977, p. 15). Cuando las relaciones humanas se degradan en un vínculo cosificador —un intercambio entre un «Yo» y un «Ello»—, la palabra se vuelve fría y utilitaria. A esta advertencia se suma la voz de Emmanuel Levinas, quien desde Totalidad e infinito apela al imperativo ético de la otredad al sostener que «el rostro me habla y por ello me interpela» (Levinas, 1977, p. 211). La sola presencia del rostro ajeno quiebra la autosuficiencia de nuestro ego, prohibiéndonos reducir la complejidad del ser humano a una mera etiqueta conceptual.

Semejante exigencia ética choca frontalmente contra las dinámicas de la era digital contemporánea, donde el diálogo ha sido devorado por la vorágine algorítmica y el imperativo de la visibilidad inmediata. Las plataformas interactivas, diseñadas bajo la utopía irónica de interconectar al planeta, terminaron levantando muros invisibles de aislamiento y tribalismo. Las cámaras de eco y los sistemas de recomendación procesan nuestros sesgos para alimentarnos únicamente con aquello que halaga nuestro ego, expulsando de la pantalla cualquier matiz incómodo. En La expulsión de lo distinto, Byung-Chul Han retrata con precisión esta patología de la atención al subrayar que «la escucha no es un acto pasivo, sino que requiere una atención activa, una acogida al otro en su alteridad» (Han, 2017, p. 125). Sin el silencio interior que permite albergar el pensamiento ajeno, la interacción digital degenera en una estampida de voces frenéticas donde triunfan la indignación efímera, el eslogan agresivo y el aplauso automatizado. Nos hemos convertido en sordos hiperconectados que gritan en la oscuridad de sus propios espejos.

Frente a este desierto de amplificadores y aplausos cautivos, la filosofía no puede actuar como un sedante ni como una simple espectadora complaciente. El verdadero desafío de nuestra época consiste en romper el hechizo de las certezas prefabricadas y tener la osadía de mirar al otro no como un enemigo a batir, sino como el único espejo capaz de rebelarnos nuestra propia humanidad. ¿Nos resignaremos a languidecer en esta orquestación de monólogos estridentes, celebrando el eco de nuestra propia ignorancia mientras la convivencia civilizada se desmorona en el desprecio mutuo? ¿Seremos capaces de desarmar la soberbia del juicio intempestivo y abrazar la humilde sospecha de que la razón, acaso, habita en la palabra del diferente? Si renunciamos a la fragilidad de dejarnos transformar por la verdad ajena, ¿qué nos queda de humanos en esta era de certezas desalmadas?
Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

· Arendt, H. (2005). La condición humana (Trad. R. Gil Novales). Paidós.

· Aristóteles. (1988). Tratados de lógica (Órganon) I: Categorías, Tópicos, Sobre las refutaciones sofísticas, Primeros analíticos (Trad. M. Candel Sanmartín). Gredos.

· Buber, M. (1977). Yo y Tú (Trad. C. Díaz). Nueva Visión.

· Debord, G. (1999). La sociedad del espectáculo (Trad. V. Gómez). Marca de Agua.

· Duns Escoto, J. (1950). Ordinatio: Prologus. Typis Polyglottis Vaticanis.

· Foucault, M. (1992). El orden del discurso (Trad. A. González Troyano). Tusquets.

· Gadamer, H.-G. (1993). Verdad y método (Vol. I; Trad. A. Agud Aparicio y R. de Agapito). Sígueme.

· Habermas, J. (1987). Teoría de la acción comunicativa (Vol. I; Trad. M. Jiménez Redondo). Taurus.

· Han, B.-C. (2017). La expulsión de lo distinto (Trad. A. Ciria). Herder Editorial.

· Jaspers, K. (1989). Filosofía (Vol. 2: Orientación en el mundo; Trad. J. Gaos). Universidad Nacional Autónoma de México.

· Kant, I. (2004). ¿Qué es la Ilustración? (Trad. E. Ímaz). Alianza Editorial.

· Levinas, E. (1977). Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad (Trad. D. E. Guillot). Sígueme.

· Nietzsche, F. (2006). Sobre verdad y mentira en sentido extramoral y otros ensayos (Trad. L. M. Valdés Villanueva). Tecnos.

· Platón. (2000). Apología de Sócrates (Trad. C. García Gual). Gredos.

· Schopenhauer, A. (2002). El arte de tener razón: expuesto en 38 estratagemas (Trad. F. C. Vevia Romero). Edaf.

El autor es docente. escritor y filósofo
San Juan - Argentina (2026)

EE.UU. tiene la tradición republicana que privilegia la institucionalidad, limita el culto a la personalidad y coloca al ciudadano por encima de los títulos honoríficos.

Por Roberto Valenzuela
Diario Azua / 28 julio 2026.-

Al llegar a sus 250 años de fundación, no podemos regatear méritos a la grandeza de Estados Unidos. Debemos quitarnos el sombrero ante tantas cosas positivas, como su sistema de justicia, el cual, una vez nacieron las 13 colonias, supo desarrollar un derecho moderno, más orientado al comercio, a partir del sistema judicial tradicional inglés llamado common law (derecho común). Denominado así porque seguía los mismos principios y normas jurídicas en todos los territorios controlados por la monarquía inglesa.

Existía —todavía existe— uniformidad, incluso en la forma de vestir de los jueces ingleses. Suelen usar una larga toga negra y, en muchas ceremonias o tribunales tradicionales, una peluca blanca elaborada con cabello artificial. Esta indumentaria conserva un estilo antiguo y solemne que simboliza la autoridad, la imparcialidad y el respeto por la justicia.

La grandeza de aquellas 13 colonias inglesas radica en que supieron tomar elementos tradicionales y adaptarlos a un sistema jurídico más dinámico, capaz de impulsar el comercio de una nueva nación que se expandía por el mundo, pasando de 13 colonias a 50 estados.

No fue solamente el sistema de justicia lo que cambió desde la proclamación de su independencia, el 4 de julio de 1776. Allí se consolidó el primer sistema democrático presidencialista o republicano del mundo. Los ciudadanos votan en elecciones para escoger a un presidente, legisladores y otras autoridades encargadas de gobernar y administrar el patrimonio público. Hasta entonces, la humanidad había conocido principalmente las monarquías, donde los reyes afirmaban recibir su poder de Dios y lo transmitían por herencia familiar.

Aunque son eminentemente cristianos, en su mayoría protestantes, el poder de decisión recae en los votantes. Es el país donde más elecciones se celebran, en muchos estados, incluso los jueces son escogidos mediante votación popular.

Antes de construir una carretera, una escuela, un hospital o cualquier otra obra costosa que implique endeudarse o cobrar más impuestos, se consulta a la población. Son los contribuyentes quienes tienen la última palabra y deciden con su voto si autorizan o rechazan el proyecto.

Para romper con la idea del poder sustentado en Dios y el rey, la nueva nación decidió apartarse de los títulos de nobleza como “Su Majestad”, “Su Excelencia” o “Excelentísimo”, con el propósito de evitar el culto a la personalidad, una práctica que equipara al gobernante con una figura casi divina. Este fenómeno ocurre cuando se presenta a un rey, dictador o líder político como una persona extraordinaria que nunca se equivoca y a quien todo se le debe. Para ello se utilizan retratos, estatuas, discursos y propaganda que exaltan constantemente su figura y desalientan las críticas.

Al presidente estadounidense, a los legisladores, embajadores y demás funcionarios simplemente se les llama “señor”. El principal impulsor de que los gobernantes y servidores públicos fueran tratados únicamente como “señor”, seguido de su nombre o cargo, fue el general George Washington, padre de la patria y primer presidente de la nación. Washington discrepaba en este aspecto con el vicepresidente y también padre fundador John Adams, quien consideraba apropiado utilizar algunos títulos honoríficos.

En Estados Unidos no es necesario acompañar el nombre de los funcionarios o ciudadanos con títulos profesionales como doctor, licenciado o ingeniero.