Diario Azua / 24 de abril 2026
El Salvador – En un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el sonido de la lluvia y el eco de un altavoz, 220 líderes y cabecillas de la Mara Salvatrucha (MS-13) escucharon este jueves los relatos más oscuros de su propio historial criminal. En el cuarto día de un juicio masivo sin precedentes, un testigo protegido desgranó detalles de torturas y ejecuciones ante una audiencia de reos que permanecieron impávidos.
El escenario fue el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la megacárcel símbolo de la administración de Nayib Bukele. Allí, sentados en sillas de plástico y vestidos con el uniforme blanco reglamentario, figuras temidas como el "Diablito de Hollywood" y el "Sirra" comparecieron virtualmente ante el Tribunal Sexto Contra Crimen Organizado.
Relatos que "erizan la piel"
El testimonio fue devastador. El testigo relató cómo, bajo órdenes directas de la cúpula, las víctimas eran conducidas a zonas desoladas donde sufrían vejámenes antes de ser asesinadas. "Le quemamos los genitales", se escuchó en la sala, mientras los "ranfleros" (máximos jefes) observaban las pantallas sin gesticular, a pesar de que se les imputan directamente cerca de 9,000 crímenes.
En total, este macroproceso busca justicia por más de 29,000 asesinatos, una cifra que el Gobierno salvadoreño utiliza para justificar la comparación de estas audiencias con los juicios de Núremberg contra los nazis.
Justicia masiva bajo la lupa
Mientras el director del CECOT, Belarmino García, asegura que estos sujetos solo trajeron "luto y dolor", el proceso no está exento de controversia internacional:
Estado de Excepción: Las capturas masivas (casi 90,000 personas) se han realizado sin órdenes judiciales previas.
Derechos Humanos: Organizaciones internacionales advierten sobre la falta de garantías procesales y el riesgo de condenar a inocentes en juicios colectivos donde la individualización de la pena se vuelve casi imposible.
Control Total: Durante la audiencia, las 32 celdas del pabellón 3 fueron vaciadas para garantizar que nada perturbara el relato de los testigos protegidos.
Con el respaldo de la mayoría oficialista en el Congreso, El Salvador avanza en este experimento judicial que busca desmantelar definitivamente las estructuras de las pandillas, mientras el mundo observa con una mezcla de asombro y preocupación por el debido proceso.

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