El presidente ruso, Vladimir Putin, gobierno con un férreo control, lo que incluye a los medios de comunicación y plataformas digitales. (EFE)
Diario Azua / 11 de marzo 2026
El día a día en Moscú ha cambiado drásticamente. Lo que empezó como una serie de fallos técnicos se ha convertido en una política oficial: el Kremlin ha confirmado que las interrupciones en el internet móvil en la capital y otras regiones son medidas sistémicas que se mantendrán "todo el tiempo que sea necesario".
Bajo el argumento de proteger a la ciudadanía de supuestos ataques cibernéticos provenientes de Ucrania, el gobierno de Vladimir Putin ha restringido el acceso a la red, dejando a millones de ciudadanos sin la posibilidad de realizar tareas cotidianas como pedir transporte, comprar comida o comunicarse con sus familias.
¿"Seguridad" o control absoluto?
Aunque el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, asegura que estas restricciones se ajustan a la ley y son vitales para la defensa nacional, la realidad para los ciudadanos es muy distinta:
La "Lista Blanca": Las autoridades han implementado un sistema de sitios web autorizados que funcionan durante los apagones, priorizando portales gubernamentales, bancos estatales y propaganda oficial, dejando fuera a la mayoría de las plataformas de comunicación independientes.
Impacto diario: Los moscovitas reportan dificultades extremas para trabajar y mantener contacto con el exterior. Ante el bloqueo de apps populares como WhatsApp y Telegram, los ciudadanos se ven forzados a depender de redes Wi-Fi fijas o de una lucha constante contra el bloqueo de VPNs.El costo tecnológico: Sitios especializados como kod.ru han confirmado caídas totales del servicio móvil en los distritos más céntricos de la capital, evidenciando que el "escudo" ruso está golpeando con más fuerza a su propia población que a los agentes externos.
Un pulso digital que se intensifica
Este movimiento marca un punto de inflexión en la censura digital que Rusia ha construido desde 2022. Para los críticos, este es el paso final del Estado para consolidar un control total sobre el flujo de información, convirtiendo el acceso a la red en un privilegio bajo permiso, en lugar de un servicio público. Mientras el Kremlin promete optimizar las "listas blancas", el ciudadano común en Rusia se enfrenta a una realidad cada vez más aislada del ecosistema digital global.

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