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miércoles, 25 de marzo de 2026

La construcción de un orden supranacional: La disuasión nuclear y el ocaso del equilibrio basado en la soberanía.



Diario Azua / 25 de marzo 2026

Por Nelson Reyes Estrella

El sistema internacional moderno encuentra su génesis en la Paz de Westfalia (1648), tratado que institucionalizó la soberanía estatal como el eje gravitacional del orden global. Bajo este paradigma, los Estados se constituyeron como entidades autónomas, jurídicamente iguales y blindadas contra injerencias externas, configurando un equilibrio de poder basado en el reconocimiento mutuo de la autoridad territorial.

No obstante, la arquitectura westfaliana comenzó a mostrar signos de erosión tras las conflagraciones mundiales del siglo XX. Estos conflictos evidenciaron la fragilidad de un equilibrio puramente interestatal, impulsando el fortalecimiento del Derecho Internacional y la creación de organismos multilaterales como la ONU, cuyo fin primordial era garantizar la paz mediante la seguridad colectiva.

La irrupción de las armas nucleares alteró radicalmente esta lógica. La disuasión nuclear introdujo un equilibrio de terror que no descansa en la legitimidad jurídica de la soberanía, sino en la capacidad de aniquilación mutua. Bajo esta premisa, el principio clásico de igualdad soberana se vuelve nominal: las potencias nucleares ejercen una hegemonía que trasciende las normas, redefiniendo la jerarquía del sistema internacional.

La oficina de asunto de desarme de la ONU admite que el sistema se divide entre quienes tienen el derecho legal a las armas y quienes no, rompiendo la igualdad soberana. "El Tratado de No Proliferación (TNP) constituye la única base para el compromiso vinculante de los Estados poseedores de armas nucleares. Sin embargo, el régimen de no proliferación crea una división estructural entre Estados poseedores y no poseedores."

Robert Jervis en un texto titulado “La Revolución Nuclear” explica como: “La tecnología nuclear cambió la naturaleza de la política estatal. "La revolución nuclear ha hecho que el costo de la guerra sea tan alto que las formas tradicionales de soberanía y competencia estatal han sido reemplazadas por la política de la disuasión."

La igualdad de los Estados, ha sido siempre una cortesía jurídica de los Estados grandes, en la era nuclear, se convierte en una imposibilidad física; la soberanía de los pequeños depende enteramente de la autolimitación de los grandes.

Hans J.  Morgenthau en su libro “Politica entre las naciones: La lucha por el poder y la paz”: “La disponibilidad de armas nucleares hace necesario distinguir entre poder aprovechable y poder no aprovechable. Una de las paradojas de la era nuclear, que contrasta con la experiencia de toda la historia pre-nuclear, consiste en que un incremento del poder militar no necesariamente conduce a un incremento del poder político. La amenaza de una violencia nuclear masiva implica la amenaza de destrucción total. Como tal, continúa siendo un instrumento adecuado de política exterior cuando está dirigida a una nación que no puede responder del mismo modo. La nación poseedora de armas nucleares puede ejercer poder sobre la otra simplemente diciendo: “O hacemos como digo o te destruyo”.

De este modo, los Estados no nucleares enfrentan una vulnerabilidad estratégica estructural. Su seguridad ya no emana de su estatus soberano, sino que queda supeditada a regímenes de no proliferación, sistemas de defensa colectiva o al paraguas nuclear de las grandes potencias. El equilibrio contemporáneo, por tanto, no es jurídico, sino una estructura asimétrica de poder.

Dice Morgenthau: “La situación es diferente si la nación así amenazada puede responder: “Si me destruyes con armas nucleares, yo también te destruyo del mismo modo”. En ese caso, las amenazas se anulan recíprocamente. Desde que la destrucción nuclear de una nación puede traer aparejada la destrucción de otra, ambas comprueban que semejante elemento de presión carece de eficacia, en el supuesto de que las dos actúen racionalmente”.

Esto plantea un dilema fundamental para el siglo XXI, ¿es posible sostener la ficción de la igualdad soberana en un orden definido por la desigualdad militar absoluta o nos encaminamos a un orden Supranacional?

Lo que sí es una realidad en el sistema internacional contemporáneo es que los Estados pequeños, aunque jurídicamente soberanos, en la práctica muchas veces se ven obligados a adherirse a los intereses de los Estados grandes. La soberanía formal proclamada desde la Paz de Westfalia se mantiene en el derecho, pero en la realidad política y militar el mundo funciona sobre la base del poder, la tecnología, la economía y la capacidad de disuasión.

En un escenario internacional marcado por armas nucleares, alianzas militares, bloques económicos y zonas de influencia, los Estados con menor poder relativo dependen de acuerdos de protección, cooperación o alineamiento político para garantizar su seguridad y estabilidad. El equilibrio internacional ya no descansa únicamente en la igualdad soberana de los Estados, sino en una estructura de poder en la que las grandes potencias definen, directa o indirectamente, las reglas del sistema internacional.

En conclusión, el gran desafío del siglo XXI no es solo mantener la soberanía jurídica de los Estados, sino construir un orden internacional más equilibrado, en el que la seguridad y el desarrollo de los Estados pequeños no dependan exclusivamente de los intereses estratégicos de las grandes potencias, o bien avanzar hacia la configuración de Estados supranacionales que se equilibren entre sí, teniendo como instrumento de disuasión su complejo militar y nuclear.

Nelson Reyes Estrella

Docente de la Escuela de Ciencias Políticas de la UASD

Doctor en Economía. Politólogo, periodista, abogado y ecologista; con maestría en Derecho y Relaciones Internacionales, Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia y Máster Internacional en Gestión de la Comunicación Política y Electoral.

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