José Roberto Sánchez (de negro), junto a María Peralta Ortiz y Miguel Montaño, los dos rescatados. (Fuente Externa)
Diario Azua / 13 de abril 2026
LOS ALCARRIZOS – En medio del lodo y las pérdidas materiales dejadas por la crecida del arroyo Lebrón, una escena detuvo el tiempo en el sector Brisas del Lebrón. Entre sollozos y un abrazo eterno, María Peralta Ortiz y su esposo Miguel Montaño volvieron a ver a la cara al hombre que los sacó de las aguas embravecidas cuando ya no les quedaban fuerzas: el mayor de los bomberos, José Roberto Sánchez.
Un rescate al límite
La madrugada del pasado miércoles, la vivienda de los esposos se convirtió en una trampa. Tras romperse la soga con la que intentaban escapar, la corriente los separó en la oscuridad. Miguel logró aferrarse a unas ramas mientras llamaba desesperadamente a María, quien, exhausta, ya se despedía de la vida.
"No tengo fuerzas", fue lo último que alcanzó a decir María antes de que Sánchez, utilizando una maniobra de "silla suiza" y desafiando la nula visibilidad, descendiera hasta ella para asegurarla y extraerla del cauce.
El rostro detrás del héroe
El emotivo reencuentro reveló una realidad agridulce. José Roberto Sánchez, el hombre que hoy es llamado "ángel" por la comunidad, es un padre de cinco hijos que vive una situación económica difícil.
Sueldo: Percibe apenas RD$14,000 mensuales.
Realidad familiar: Debido a la falta de espacio en su vivienda alquilada y a sus limitados ingresos, dos de sus hijos deben vivir con su abuela.
A pesar de sus propias carencias, Sánchez no dudó en arriesgar su vida, una vocación que comparte con otros brigadistas y jóvenes del barrio que, según la junta de vecinos, lograron rescatar a unos 20 niños utilizando poncheras como botes improvisados.
"Gracias, mi hijo, nos salvaste la vida"
Al ver al rescatista llegar a lo que queda de su hogar, doña María rompió en llanto. "Fue él quien me rescató", afirmaba mientras mostraba las laceraciones en su cuerpo, aún convaleciente por la fiebre.
El encuentro no solo dejó evidencias del horror del arroyo Lebrón, sino que puso de manifiesto la solidaridad humana en su estado más puro y la necesidad urgente de valorar a quienes, con muy poco, lo dan todo por los demás.





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