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domingo, 22 de febrero de 2026

El retorno a la cocina: La vida en Rusia bajo el nuevo Telón de Acero digital y social

 

El aumento de la xenofobia, la represión policial, la censura en internet y las dificultades para viajar al extranjero han obligado en los últimos años a los rusos a cambiar muchos de los hábitos occidentales adquiridos desde la caída de la Unión Soviética. En la imagen, un mural del escritor y disidente Alexandr Solzhenitsin (autor de Archipiélago GULAG) en la ciudad de Tula. (EFE/ IGNACIO ORTEGA)

Diario Azua / 22 de febrero 2026

Moscú .-La Rusia de 2026 presenta un panorama que evoca los capítulos más restrictivos de su historia siglo XX. Lo que comenzó como una adaptación a la pandemia de 2020 se ha transformado en un sistema de control estatal totalitario, donde la censura tecnológica y el aislamiento internacional han forzado a la ciudadanía a retomar hábitos de la era soviética para preservar su libertad individual.

El apagón digital y el fin de la inmediatez

La vida cotidiana en las regiones rusas está marcada hoy por la inestabilidad. Aproximadamente la mitad del país enfrenta cortes diarios de internet y telefonía móvil. Aunque el Kremlin justifica estas caídas por la supuesta amenaza de drones, el efecto real es una involución en la economía del día a día:

Regreso al efectivo: Ante el colapso de los sistemas de pago digitales, las transacciones han vuelto al dinero físico o a transferencias telefónicas rudimentarias.

Censura de mensajería: Tras el bloqueo de redes sociales en 2022, la restricción alcanzó este año a WhatsApp y Telegram. Muchos ciudadanos, imposibilitados para usar llamadas por apps o costear VPNs funcionales, han vuelto a los teléfonos analógicos de botones.


Aunque la mayoría de rusos vive a cientos o miles de kilómetros de la guerra, la presencia permanente de la propaganda de la guerra en sus vidas ha duplicado en estos cuatro años el consumo de antidepresivos como Prozac.En la imagen, el Kremlin. (EFE/ IGNACIO ORTEGA)


El "Contrato Social" roto por la inflación

Durante décadas, el gobierno de Vladímir Putin mantuvo un pacto implícito: estabilidad económica a cambio de pasividad política. Sin embargo, el encarecimiento de productos básicos y la desaparición de marcas occidentales (sustituidas por versiones locales de menor calidad o vehículos de fabricación china) han desgastado este acuerdo.

A pesar de que las cifras oficiales de aprobación se mantienen altas, el malestar es visible en la salud mental de la población. El consumo de antidepresivos se ha duplicado en los últimos cuatro años, reflejando el agotamiento de una sociedad que vive entre la propaganda bélica constante y el miedo a la movilización militar.

Una sociedad fragmentada por la guerra

El conflicto en Ucrania ha redibujado la pirámide social rusa. Por un lado, surge una "nueva clase" favorecida por la industria militar; por otro, crece el número de veteranos que regresan con secuelas físicas y psicológicas, terminando frecuentemente en colas de beneficencia ante la falta de apoyo estatal real.

La libertad de expresión, mientras tanto, ha buscado refugio en la privacidad del hogar. Al igual que antes de 1991, los rusos "se encierran en la cocina" para hablar con franqueza, lejos de los oídos del Estado y de un espacio público donde las manifestaciones están prohibidas desde hace seis años.


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