The Washington Post
Diario Azua / 7 de febrero 2026
La histórica cabecera que derribó a Nixon con el caso Watergate enfrenta su hora más oscura: despidos masivos, cierre de corresponsalías clave y un silencio sepulcral de su dueño, Jeff Bezos, en plena era Trump.
WASHINGTON D.C. – El lema del The Washington Post es una advertencia: "La democracia muere en la oscuridad". Hoy, sin embargo, son los propios trabajadores del diario quienes denuncian que es su dueño, el magnate Jeff Bezos, quien está empezando a apagar los interruptores.
Tras una fría videoconferencia de apenas 12 minutos el pasado 4 de febrero, el director del diario, Matt Murray, confirmó lo que muchos temían: una reestructuración salvaje que, según informes de The New York Times, habría dejado en la calle a unos 300 periodistas de una redacción de 800. Un recorte que roza el 30% de la plantilla y que desmantela secciones enteras.
Un desierto informativo en zonas de conflicto
Lo que para la directiva es una "reestructuración financiera", para los analistas es una amputación editorial. El rotativo ha decidido prescindir de sus enviados especiales en Ucrania y Oriente Medio, eliminando de un plumazo la cobertura de primera mano en los focos más calientes del planeta.
Además, desaparecen secciones emblemáticas como la de Libros, Deportes y el pódcast diario “Post Reports”. La información local la misma que dio origen al caso Watergate en los años 70 se ha visto drásticamente reducida.
¿Negocios o política? La sombra de Trump
La pregunta que recorre los pasillos del edificio One Franklin Square es si estos despidos responden a una crisis de ingresos o a una estrategia de "apaciguamiento".
Marty Baron, exdirector ejecutivo del Post, ha sido tajante al señalar que Bezos está tomando decisiones "mal concebidas", recordando la polémica orden de no respaldar a ningún candidato presidencial en 2024. Para muchos, esto no es más que un intento de "congraciarse" con la administración de Donald Trump.
"La destrucción del Post es parte de un plan", sentenció la periodista Ashley Parker en una columna para The Atlantic, reflejando el sentir de una redacción que se siente traicionada.
"No asesinen al Post"
El pasado jueves, bajo un frío polar, cientos de periodistas se manifestaron frente a la sede del diario. Entre camisetas rojas y pancartas que rezaban "Don’t murder The Post", reinaba un silencio tenso.
"Este periódico es una defensa esencial contra cambios aterradores en nuestra política. Estamos al borde de dejar de ser una democracia libre", confesaba bajo anonimato un veterano reportero con décadas en la redacción. Mientras tanto, Claire Tran, exeditora de redes sociales, lanzaba el dardo final: "Bezos está apagando las luces".
Por ahora, el hombre que prometió una "nueva era dorada" al comprar el diario en 2013 permanece en silencio. Pero en una capital que depende de la fiscalización del poder, la pregunta no es cuánto dinero pierde el Post, sino cuánto pierde la democracia cuando el vigilante se retira.

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